domingo, 8 de diciembre de 2024

ARGUEDAS Y LA MUERTE

 

 

ARGUEDAS Y LA MUERTE

Gustavo Flores Quelopana

 

Si Arguedas fue criado en una familia católica y era de formación católico entonces sabía que suicidarse era un pecado grave. Es una ofensa a la santidad de la vida, al quinto mandamiento – “No matarás”-, una negación de la esperanza y la redención, y una renuncia de cuidar de sí mismo. Y, sin embargo, si sabía todo esto por qué se suicidó.

No en vano Dante Alighieri coloca a los suicidas en el séptimo círculo del Infierno. Es un círculo reservado para los violentos contra sí mismos y la naturaleza, donde son transformados en árboles retorcidos y espinosos, y sólo pueden hablar cuando sus ramas son quebradas, lo que les causa un dolor similar al que experimentaron al quitarse la vida.

A Arguedas tampoco le faltaron amigos sacerdotes, como el padre Miguel Delgado, comprometido con las comunidades indígenas e interesado por la cultura andina. También conoció al padre Gustavo Gutiérrez y ambos se tenían admiración mutua. De manera que su relación con el cristianismo no puede negarse.

Ahora bien, qué tipo de cristianismo tenía Arguedas. El padre Manuel Marzal explica el cristianismo andino como un sincretismo de la espiritualidad andina con la doctrina cristiana. El cristianismo andino es único porque conserva la veneración a la Pachamama y a los Apus junto a la adoración de Cristo Jesús. Lo extinto de la espiritualidad andina es el culto las estrellas, a las constelaciones, a los mallkis o momias y a otros fenómenos naturales.

Por su parte, el antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa (Apus de los cuatro Suyus, IEP, 2014) describe a los Apus como seres espirituales de poder que han sobrevivido a la sociedad prehispánica junto a la Pachamama como seres de intermediación cósmica entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Cosa que Arguedas también tomó en cuenta en sus novelas y en su trabajo antropológico.

En la tesis doctoral de Juan Gerena Ortiz se habla de mezcla de panteísmo y cristianismo en Arguedas. Pero deja la impresión de una confusión en Gerena entre sincretismo y panteísmo. ¿Puede haber acaso sincretismo entre una postura que identifica a Dios con la naturaleza -panteísmo- y otra que establece una diferencia nítida -cristianismo y demás monoteísmos-? Eso es como mezclar el agua con el aceite. Es una combinación imposible. Arguedas no era ingenuo y lo sabía.

Otra cosa es que Arguedas, como Juan Escoto Erígena, vea la creación como la manifestación de Dios y otra cosa es que identifique dicha creación con Dios. Efectivamente, estando en Europa le escribe a su amigo Alberto Escobar que mire todo lo que ha hecho el hombre para quitarle el rostro a Dios y no lo ha conseguido. Que Arguedas perciba que la transformación humana del mundo no puede borrar la presencia de lo sagrado no es necesariamente una confesión de fe panteísta. Y esto vale aun cuando el ambivalente Arguedas precise que a Escobar “Y eso, que yo no creo en Dios”.

Lo que se advierte en Arguedas es una religiosidad conflictuada entre cristianismo sincrético, escepticismo y ateísmo.

Qué quiere decir esto. ¿Acaso que al momento de su suicidio ganó la partida su lado ateo y escéptico sobre su lado sincrético cristiano? Nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero los hechos hablan por sí mismo; se suicidó. Por lo demás, ¿Qué tienen en común el ateísmo con el panteísmo? El sentido unívoco del ser. Todo sale de la naturaleza y va hacia la naturaleza.

La verdad es que la postura religiosa de Arguedas es tan ambigua que su visión de la creación como manifestación de Dios no está lejos del panteísmo ateo.

En un libro anterior (Arguedas como filósofo, Lima, 2021) escribí que para Arguedas lo divino sólo se puede conocer en lo finito. Esto sucede así en Escoto Erígena en virtud de la división del Primer Principio en las Ideas, pero al utilizar conceptos neoplatónicos, como las gradaciones de la realidad, se hizo sospechosos de panteísmo. En Arguedas no hay nada de ello, hay simplemente la visión directa de la manifestación de Dios en la naturaleza.

Si la postura oscura de Arguedas la quisiéramos interpretar cristianamente también es posible, pues le ve en la Naturaleza una inmensa manifestación de la esencia divina. Sólo que hay un detalle, a saber, dijo “no creo en Dios”. Y al decirlo se refería al Dios cristiano creador, providente y omnipotente.

Sólo esta tajante negación explicaría su solución expeditiva de suicidio. Al no haber el Dios trascendente cristiano el panteísmo ateo no queda excluido y el suicidio deja de ser un pecado grave, no es una transgresión contra una divinidad externa a la naturaleza, sino flujo natural de la existencia.

Naturalmente si esto es así entonces significa que su religiosidad no asumió el sincretismo religioso de la espiritualidad andina, sino la espiritualidad pagana prehispánica.

El suicidio en el paganismo precolombino es visto dentro de la cosmovisión del tiempo cíclico, donde la muerte no es el final, como muerte ritual, honor o deshonor de la comunidad o transición a otra forma de existencia.

Rodolfo Sánchez Garrafa (La muerte y el mundo subterráneo en los Andes, Bisonte, 2022) esclarece que en la cultura andina se concibe la muerte como continuidad de la vida en el plano del Uku Pacha o mundo de abajo, y luego ha de retornar a la vida del Kay Pacha o mundo de aquí bajo el poder del Hanan Pacha o mundo de arriba. En este sentido, la espiritualidad andina precolombina no es una cultura de la muerte sino de la vida.

En suma, cómo se procedió a suicidar Arguedas. No lo pudo hacer bajo el cristianismo sincrético andino, entonces ¿lo hizo bajo el ateísmo o el paganismo precolombino? Me inclino a pensar que lo hizo bajo el ateísmo y no tanto bajo el paganismo precolombino. Más aun, no lo podía hacer bajo el paganismo precolombino porque no admite a Dios, ni a dioses, pero sí la sacralidad de la naturaleza. Sin fe en Dios o en dioses pensaría que al suicidarse se insertaba en el flujo natural de la existencia antes que ir a parar en el Uku Pacha precolombino.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

ARGUEDAS: EL CÍNICO

 

ARGUEDAS: EL CÍNICO

Gustavo Flores Quelopana

 

El paralelismo entre Arguedas y Diógenes es tan atrevido como exacta. Es parte del papel de Arguedas en el cinismo burgués. Con su suicidio Arguedas ha viajado al punto medio cínico de no existir. El suicidio de Arguedas fue tan meticulosamente planificado y teatral que parece todo un engaño, y, sin embargo, no lo fue. El semejante aparato trágico al que me refiero tiene que ver con detalles de su muerte.

Ya antes del definitivo suceso Arguedas había tenido anteriores intentos de suicidio. Su propia novela Yawar Fiesta está arrastrada por una vorágine de autodestrucción. Había en él una obsesión con el suicidio. Ya en 1962 en una carta del 23 de febrero a Pierre Duviols le dice: “Todo mi problema es psíquico…no podría seguir viviendo”. Duviols (Carmen María Pinilla, editora, Itinerarios Epistolares. La amistad de José María Arguedas y Pierre Duviols en dieciséis cartas, pág. 13, Fondo editorial PUCP, Lima 2011) advertía en Arguedas una tenaz subvaloración de sí mismo.

Veamos lo detalles teatrales. Primero, la carta de despedida del 28 de noviembre de 1969 dirigida a los estudiantes y profesores de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Allí manifiesta su novela inconclusa, un profundo apego a la universidad y de ser acogido por la comunidad académica. Segundo, la carta a su esposa Sybila Arredondo, donde se despide de ella y de su hija Carolina.

Lo tercero es lo más interesante y significativo. Dejó instrucciones muy precisas para su entierro: 1. Que su cuerpo fuera acogido por su comunidad universitaria, 2. Que no hubiera pena sino indulgencia, 3. Que lo acompañaran al lugar donde debía de quedar definitivamente, 4. Que no se interrumpieran las actividades académicas, 5. Pidió la presencia de dos conjuntos de música folklórica para su entierro en homenaje a su amor a la cultura y a la preservación de las tradiciones andinas, 6. Escogió a María Rosas Salas, a quien la había impartido sus últimas lecciones de canto quechua, para que interpretara música tradicional en su ceremonia fúnebre, y 7. Además solicitó la presencia de bailarines de tijeras para tal ocasión.

Todo lo cual se interpreta como su compromiso por la preservación de las tradiciones peruanas. Lo cual no se discute. Lo que llama la atención es la dosis de frialdad, para un depresivo, para convertir su muerte en una fiesta folklórica. Así como en su novela lo estético y lo social se fusionan, en su entierro la pena y la alegría se mezclan. Las instrucciones señaladas no indican indignación ni nostalgia, sino reivindicación.

¿Pero acaso el rasgo del espíritu cínico es la reivindicación? Claro que sí. Diógenes de Sinope y su maestro Antístenes reivindicaron lo natural contra los convencionalismos sociales. Arguedas reivindica al Perú profundo contra el Perú oficial. ¿Pero acaso desde 1968 el Perú profundo no estaba siendo reivindicado por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada del General Velasco Alvarado con sus profundas reformas estructurales? ¿Su reivindicación no guarda un cierto aire desfasado? ¿No era motivo de celebración, más bien, que su depresión se amenguara ante la reivindicación del indio por el proceso velasquista?

Es como si su suicidio acontecido en 1969 fuese un esfuerzo para no dejarse arrebatar la aureola de reivindicación de la cultura andina por una revolución iniciada en el 68 y que desaparecía para siempre a la brutal y opresora oligarquía latifundista. ¿Al suicidarse no sustituyó lo malo por lo peor? Tenía motivos suficientes para sentirse contento y ditirámbico por la realización de la ansiada Reforma Agraria y ser coronado como el novelista del neoindigenismo. Pero prefirió, como Napoleón, colocarse él mismo la corona neoindigenista con su suicidio.

Y es aquí donde atisbo el cariz de cinismo burgués, individualista, que cae atrapado en un círculo desesperante donde la inmanencia lo resuelve todo. Vargas Llosa (La utopía arcaica, FCE, México, 1996) señala que lo mágico es lo esencial de Arguedas y a esa visión le llama “utopía arcaica”. Pero Arguedas no se suicida en un puritano rechazo de la modernidad o por plegarse a la versión radical del indigenismo de Valcárcel.

Aquí no se discute que en sus novelas está su intimidad, sus traumas y miedos inconscientes. Lo que se pone en duda es que la Mesa redonda del 65 haya sido el detonante de su pérdida del sentido de la vida y de su suicidio. Lo cual es absurdo. Lo del 65 no es comparable a la Revolución del 68. Si lo del 65 lo deprimió, lo del 68 lo debió llevar a lo exultante.

Pero extrañamente no fue el caso. En vez de amainar su depresión se agudiza con el proceso revolucionario del 68. Su última novela, dice Vargas Llosa, es la de un suicida que no quiere aceptar la extinción del pasado quechua. Y así, su infierno interior se trasluce pintando una novela infernal, donde abunda la destrucción y lo deja sin fuerza creativa. Pero es muy dudoso que se suicidara porque el mundo quechua estuviese en “extinción”. Si no lo está ahora en 2024, menos lo estaba en 1969.

Si seguimos la distinción que hace Sloterdijk (Crítica de la razón cínica, Siruela, España, 2003) entre cinismo antiguo -al que llama quinismo- y cinismo moderno, lo primero que se advierte en el segundo es la carga nihilista y negadora que trae consigo. Un cínico antiguo no se suicida, como que nunca aconteció. En cambio, un cínico moderno sí. No en vano el siglo veinte fue protagonista de dos guerras mundiales, el lanzamiento de dos bombas atómicas y otras atrocidades normalizadas.

Y es aquí donde al suicidio de Arguedas cobra significación. Se suicida por cínico moderno, o sea, por nihilista. Y su mayor acto nihilista es suicidarse en pleno proceso revolucionario que reivindica al indio que él tanto representó y defendió en su novelística.

Arguedas no es un cínico nihilista horizontal, sino vertical y complejo. El cínico nihilista horizontal moderno es aquel que sabiendo de las desigualdades e injusticias sociales es conformista con el mundo. El cínico vertical y complejo moderno es aquel que a sabiendas que se ha iniciado el proceso de supresión de la conformidad social él quiere ser el primero en reclamar su representación. Y para lograrlo en su imaginación se autoinmola. Arguedas con su suicidio se inmoló a destiempo por la reivindicación del mundo andino.

lunes, 2 de diciembre de 2024

POLPETTA IGNOTA (entrevista)



ANIMALISMO: UNA MIRADA CULTUROLÓGICA

 

 

ANIMALISMO: UNA MIRADA CULTUROLÓGICA

Gustavo Flores Quelopana

 

Pienso que el animalismo no sólo es parte de la profunda crisis de la Ilustración y una protesta cínica contra ella. El animalismo no es solamente una burla contra aquella filosofía de la razón, seria, idealista, absoluta, demasiado estirada en su antropocentrismo, que toma muy poco en cuenta lo emocional y afectivo, y que ha llegado al extremo de reemplazar lo malo por lo peor. No, no sólo es eso, sino que es la culminación de algo que estaba profundamente oculto en la racionalidad burguesa de la modernidad misma, a saber, la disolución de la esencia humana y todo tipo de esencias.

Es decir, el animalismo es la consecuencia natural de una imagen del mundo raigalmente antimetafísica y antiesencialista. Claro, cuando lo absoluto, lo natural, lo esencial y lo trascendente divino queda abolido las compuertas del infierno “trans” quedan abiertas de par en par. Así, el hombre nada tiene de esencialmente humano, todo es cultural, y puede determinar lo que quiera ser por la voluntad de poder que lo caracteriza.

En la modernidad tardía del occidente neoliberal se vive no sólo un malestar de la cultura, sino una verdadera neurosis cultural que altera todo orden de cosas. Y en medio del zarandeo de la decadente civilización occidental insurge la neurosis del género, donde cada persona se siente con el derecho de elegir ser lo que quiere ser. En el fondo esta neurosis del género se inscribe dentro de una psicosis de índole cultural donde lo humano luce desvencijado, minimizado al nivel de lo animal y lo animal exaltado por encima de lo humano.

Pongo un ejemplo insólito sobre “lo peor” del asunto animalista. Y no me voy a referir a sepelios solemnes de animales y todo tipo de mascotas, con esquela funeraria y todos los ritos concomitantes. No, no me voy a referir a esas excentricidades de gentes de buen corazón que están dispuestas a hacer grandes gastos por la muerte de sus animales, pero que no son capaces de acordarse de millones de niños que mueren al día por hambre en el mundo. ¡Bah, eso no importa! Después de todo es un humano menos que no estorba más. Sin dejar de notar que se trata del aumento morboso y pervertido del sentimiento de caridad hacia los animales y de la disminución alarmante del mismo hacia la humanidad.

Pues bien, a lo que quería referirme era al movimiento transespecie. En un templado día de septiembre del 2023 en Alemania un grupo de personas marcharon para reclamar su derecho de ser reconocidos como perros. Para el caso los insignes protestantes se manifestaron mediante inteligentes aullidos y ladridos. ¡No, no! Ninguno se había fugado de un manicomio, en ningún sanatorio habían sonado las alertas, eran personas sanas y normales, sin oligofrenias, no eran psicóticos ni discapacitados mentales. Aquí estamos ante un fenómeno cultural que podemos llamarlo la “banalización de la irracionalidad” humana. Abiertamente admitieron ser considerados como animales y no como humanos. Cada vez más personas se identifican como animales y no como humanos dentro de un movimiento conocido como transespecie y que no excluye y que no excluye la orientación sexual, o sea el animalismo, el bestialismo y la zoofilia. Y es que en la cultura de la irracionalidad la norma es normalizar lo anormal. Y en esta vesania cultural hay personas que se casan con aviones, árboles, vacas, etc. Según un estudio el 95 por ciento de las personas trans sufrió violencia o discriminación a su identidad de género.

En primer lugar, hay que decir que las personas, a diferencia de las cosas, no tienen género sino sexo, decir lo contrario es equiparar a las personas con cosas. Cosa muy natural dentro de la enajenación de la cultura que diluye la esencia humana dentro de la civilización occidental neoliberal y cosifica al hombre. El hombre sin Dios de nuestra era arreligiosa, atea, escéptica y nihilista de la civilización occidental moderna tenía que disolver el humanismo en mero hominismo de la naturaleza. Y en semejante pantano malsano y maloliente tenían que desarrollarse estas flores del mal.

¡Dónde se ha visto que los animales puedan tener la misma dignidad que los humanos!, decía mi abuelita trujillana que disfrutaba de sacrificar ella misma a las aves de su corral para los cumpleaños y las navidades. Y eso que ella era toda una doña urbana de solera pequeñoburguesa, aunque bastante pequeña. La cosa es que nosotros, sus nietos, preferíamos girar la cabeza y mirar hacia otro lado. Nuestra sensibilidad no era la de su generación, aunque apenas teníamos mucha consideración hacia las mascotas.

En cambio, ahora, desde los tiempos postmodernos, cuando el carnaval de la irracionalidad, el irracionalismo y el antihumanismo se ha acentuado, vemos que han proliferado peluquerías, funerarias, modas de vestir, hasta tortas y fiestas de cumpleaños para los animales. Hasta se condenan los insultos animales que usamos: ¡No seas un cerdo!, ¡Hablas como perro!, ¡Eres un buitre!, etc. Qué es lo que ha pasado, cómo nacen estas exageraciones ridículas con los animales. La respuesta no es compleja ni alambicada, sino trágicamente sencilla, a saber, el hombre de la hegemónica civilización occidental moderna se ha deshumanizado hasta límites inconcebibles.

Y lo peor de todo es que quiere hacerla valer para las demás civilizaciones mundiales, me refiero a la china, la ortodoxa rusa, la islámica y la india. En la India muchos animales se consideran sagrados y se los venera, pero no dejan de ser animales. En cambio, en Occidente el animal queda enaltecido sobre lo humano y lo humano denigrado por debajo de lo animal. Sin duda, no se trata de que aquí algo no anda bien en la tutuma de los occidentales, sino que el espíritu civilizacional de occidente viró de lo racional a lo irracional -cosa ya vista y denunciada por Lukács, Adorno y Horkheimer-, pero viró porque se terminó de desenvolver por completo la esencia nihilista del espíritu occidental. Efectivamente, el animalismo se corresponde con el nihilismo del occidental moderno neoliberal. Y si insisto en el término “neoliberal” es porque encarna en su médula la instrumentalización de la libertad humana como objeto de consumo y producción.

No obstante, ello es insuficiente para una completa explicación, porque el neoliberalismo ya no es productivo sino especulativo, ha convertido el planeta en un casino global. Ahí tenemos a la sociedad de inversión transnacional BlackRock, como administradora de capital más grande del mundo. Es decir, el capitalismo imperialista hegemónico ya no se expresa en capitalismo productivo sino como capitalismo especulativo. Y aquí el hombre se ha vuelto más prescindible que nunca. El nihilismo ha cobrado nuevas profundidades infernales, surge el transhumanismo con su sueño de “homo deus” como ciborg superinteligente y fuerte, pero en el fondo se trata de la capitulación de la realidad humana, porque el fortalecimiento de la IA -inteligencia artificial- no redunda en beneficio del hombre sino de la máquina, del Ciber deus que prescindirá del hombre.

En medio de todo este jolgorio de la irracionalidad nihilista de la civilización occidental moderna es comprensible que brotara con fuerza el animalismo. No es casualidad que la primera tesis sobre la que se asiente el animalismo es concebir al hombre como realidad y continuidad biológica. Luego le sigue el rechazo del dualismo mente-cuerpo, todo es una continuidad biológica. De manera que establece una continuidad entre conciencia y cuerpo.

Estas ideas biologistas y materialistas han sido adoptadas por el movimiento animalista para considerar que los animales no humanos deben ser considerados con derechos y dignidad y no simplemente como recursos para el uso humano. A partir de ello rechaza la superioridad de lo humano, promueve el derecho animal, promueve compasión con los animales, luchar contra la explotación animal y cuestiona el especismo que posiciona lo humano sobre lo no humano. Todo esto suena como muy racional y aparentemente no tendría nada que ver con las fiestas de cumpleaños, los sepelios y demás excentricidades ya mentadas. Pero no es así, hay una fuerte ligazón entre todo ello. Un destacado defensor del animalismo es Peter Singer con su obra “Liberación animal”. En síntesis, lo que sostiene es que no hay razón lógica para tratar a los animales de modo diferente a los humanos porque ambos pueden sufrir. Lo que supone dar por sentado que ambos sufren de forma igual.

Lo que vemos aquí es que la razón moderna occidental cayó en el juego sublevante de la razón subjetiva y el sentimiento, y con ello puso de cabeza el racionalismo, empirismo, la objetividad científica, los derechos humanos y el primer secularismo. ¿Pero se ha traicionado totalmente a la Ilustración dieciochesca? No lo creo, porque se puede ver un segundo secularismo que extiende la separación entre Iglesia y los animales -incluidos humanos-. Todo es biológico, todo es animal, no hay Creación ni trascendencia. Todo ha sido nivelado, el nihilismo ha triunfado. Es el triunfo decadente de la Nada, de una civilización que menos mal se dirige a su punto omega.

domingo, 1 de diciembre de 2024

EPÍSTOLA DE LOS HEBREOS: SU IMPORTANCIA FILOSÓFICA

 

EPÍSTOLA DE LOS HEBREOS: SU IMPORTANCIA FILOSÓFICA
Si se me preguntase qué es lo que más me ha impresionado de la lectura de la Epístola de los Hebreos, diré que han sido dos cosas: (1) Cristo como mediador del Nuevo Pacto, y (2) la definición de la Fe.

Efectivamente, sobre la supremacía de Cristo se señala que Dios habló por su Hijo, la Superioridad del Hijo -incluso sobre los ángeles y a Moisés- está dada por ser el autor de la salvación y ser el mediador del nuevo pacto. Y sobre la definición de la Fe nos brinda la hermosa y simple definición de ser la certeza de lo que se espera y no se ve.

Filosóficamente lo primero significa que la trascendencia no está separada de la inmanencia o su creación, sino que está unida por un amor divino. Es decir, no implica una teología de la separación de Dios con sus criaturas, sino presente en ellas sin confundirse con ellas. Lo cual es tomar distancia del panteísmo al asumir un sentido no unívoco sino multívoco del ser. Tampoco lo trascendente es algo impersonal, que no ama y indiferente al cosmos, como el Uno de Plotino, sino paternal y providente. Todo ello plantea una metafísica donde lo trascendente y lo inmanente están unidos, pero no confundidos. Muy distinto a la teología protestante y a la teología de la crisis de Kierkegaard y Barth, que dejan al hombre solo con su pecado.

Sobre lo segundo es una ruptura frontal contra el intelectualismo griego y el racionalismo moderno que desestima la fe para quedarse exclusivamente con la razón. La Fe es necesaria porque en la realidad hay dimensiones que se revelan ante ella.

Con ello la religión cristiana insurge como una racionalidad no instrumental y al servicio de la vida no sólo eterna

sábado, 30 de noviembre de 2024

CRÍTICA DE LA RAZÓN CÍNICA (Comentario)

 

El mensaje de Sloterdijk es éste: Hoy todos sabemos que el mundo se volvió malo, pero somos conformistas con él. O sea, nos volvimos perversos. Vivimos la época del cinismo nihilista. Hay que oponer al cinismo el quinismo, para reconciliar lo público con lo privado.
Tenía que ser alemán para escribir una "Crítica de la razón cínica" (1989/42 años) en un grueso volumen de casi 800 páginas. Y, sin duda, hay que tener cierto masoquismo para llegar al final de sus páginas.
Sloterdijk (1947) afirma cosas muy ciertas: "Desde hace un siglo, la filosofía está muriendo"; "Allí donde no pereció convirtiéndose en una mera administradora de pensamientos"; todos sus grandes temas "sólo son sustantivos"; "Su tiempo ya ha pasado". Y la culpa la tiene la consigna Ilustrada: "Saber es poder". La cual terminó politizando el pensamiento y subsumiendo la verdad al juego por el poder.
Del cadáver de la filosofía ha emergido la hegemonía del espíritu pragmático. Una primera ola nietzscheana tuvo un ropaje fascista. Una segunda ola tiene un ropaje cínico -yo la llamo posmoderna-.
Sloterdijk confiesa que busca resucitar la agonizante filosofía. Y para evitar su muerte propone la crítica de la razón cínica. Pues la filosofía cínica surge burlándose de aquella filosofía seria, idealista, metafísica, absoluta, que se aleja de la vida. El riesgo es que el realismo cínico en su pragmatismo estratégico reemplace lo malo por lo peor.
La modernidad ha quebrado la unión clásica entre reflexión y vida, convirtiendo lo subjetivo en algo objetivo. La razón moderna cayó en el juego cínico de domesticar la razón subjetiva. Y el mito de que la razón científica es hija legítima de la razón se desmorona. La razón práctica fracasó porque se olvidó que lo más alto de la acción es la inacción.
El cinismo es falsa conciencia ilustrada. La Ilustración dieciochesca fue traicionada. Para Sloterdijk una mejor reacción ante la vida es el quinismo en vez del nihilismo. El hombre moderno es cínico porque sabiendo de las desigualdades sociales es conformista con el mundo. Por eso cinismo es falsa conciencia y parálisis de la razón. Su contrario es el quinismo, que busca la coherencia entre lo privado y lo público.

Sin rubor afirma que su crítica es un intento de salvación de la Ilustración, que subestimó lo emocional, y la Teoría Crítica de Adorno, que sobrestimó lo irracional y derivó hacia un poder que no fuera poder. En medio de la decadencia de occidente se propagó una cultura neopagana y neurótica, cuyo impulso irracionalista conduce todo al vacío y cree estar más allá del bien y del mal. La filosofía occidental se volvió estrafalaria. Así distingue entre el cinismo actual del cinismo antiguo o quinismo como un liberarse de las convenciones sociales.

viernes, 29 de noviembre de 2024

LIBRO DE HOMENAJE AL DR. PIERRE FOY VALENCIA

 


PIERRE FOY VALENCIA

Gustavo Flores Quelopana

 

En nuestro tiempo nihilista, narcisista, hedonista y egocéntrico Pierre Foy Valencia está lejos de ser un cadáver light vegetativo y semoviente, sólo capaz de cavar fosas profundas, erigir sepulcros y profesar incertidumbres. Todo lo contrario. Con su ferviente convicción ecologista defiende la plenitud de la vida y del medio ambiente. Su espíritu burgués es de índole espiritual y cultural, donde la libertad se impone a las barreras autoritarias y destructivas.

En el fondo de su postura hay una agitación contra el capitalismo digital, la modernidad gaseosa, la masificación de la positividad, el cinismo de la razón subjetiva y el vacío existencial. Esos son temas que han tratado últimamente Zuboff, Bauman, Han, Sloterdijk y Lipovetsky. Y Foy Valencia encuentra una respuesta con aroma de achicoria y fragancia de jazmín en los jardines del ambientalismo y el animalismo. ¿Serán estas posturas una respuesta correcta a la crisis presente? Eso no cabe dilucidarlo aquí, basta señalarlo.

Pierre Foy Valencia tiene el mérito de haber creado el curso universitario de derecho animalístico, publicado importantes libros de derecho ambiental y ser un impulsor académico de nuevas generaciones de esta disciplina jurídica interdisciplinaria. Es un connotado maestro universitario, riguroso investigador y meticuloso escritor. Especialmente destaca su mastodóntico volumen “Tratado de Derecho ambiental”. Además, es un ferviente defensor de la ideología liberal y un bibliómano empedernido.

Y como procedo del ámbito de la filosofía y no del Derecho nos conocimos a través de nuestro buen amigo y también abogado, natural de la primaveral ciudad de Trujillo, Santiago Gutiérrez Rodríguez, quien es miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía.

Fue Santiago el que nos puso en contacto a través del hábito bibliómano de Foy. En una palabra, le recomendó a Pierre algunos de mis libros y así comenzó nuestra amistad, que no es añeja, apenas contará con dos años. Desde entonces nuestras reuniones han girado en torno a libros y más libros, temas de los más diversos y preocupaciones polémicas. Generalmente nos reunimos en el Club Miraflores, amenizando nuestro encuentro con excelentes almuerzos o lonches.  Y a pesar de no coincidir en muchas posturas la amistad sigue indemne.

Su curiosidad intelectual es vasta y pródiga, la facilidad que tiene para crear términos clasificatorios es pasmosa, siendo un gran conversador es ameno y risible. Con gran capacidad de humor no deja de ser entretenido. Pero cuando se pone serio tampoco pierde la traviesa y jocosa chispa criolla. Eso lo advertí cuando escribió su opinión sobre mi pensamiento y el cual lo publiqué en mi libro “Caleidoscopio intelectual” (Lima, Iipcial, 2024). Tiene la sorna de un Ricardo Palma y la minuciosidad de un Immanuel Kant.

Cierta vez me invitó a su casa y conocí su biblioteca y a sus canes. Justo había una simpática señora de aspecto cajamarquino que hacía el aseo de su casa. Pude observar que si bien sus libros son numerosísimos mayor es la cantidad de libros fotocopiados que se resisten a ser ordenados e ir a los anaqueles. Efectivamente, el maremágnum de información y bibliografía que maneja Pierre lo hace estar en lucha constantemente con el orden. Y esto a tal punto ocurre que tiene un hermoso estudio tecno-espacial que no luce por estar invadida de bibliografía por ordenar.

No es el primer caso donde la creatividad se asocia el desorden. Beethoven, Edison, Faraday, Picasso, Einstein, Jobs y Twain son algunos de los casos más conocidos. Hay mentes que requieren de un supuesto caos para crear. Quizá mi primera impresión sea fallida, pero no deja de ser interesante. Siempre he estado intrigado por el misterio de la creatividad. Por mi parte sucede todo lo contrario. Necesito del orden para crear. Tal es el caso de Tchaikovski, Newton, Kant.

Otro aspecto que me llama la atención es cómo nuestra amistad pudo salir incólume a pesar de mantener puntos de vista tan diferentes en tantos aspectos. Creo que no es mérito mío sino suyo. Su bonhomía facilitó las cosas. Nuestras discrepancias siempre fueron alturadas y cordiales. No obstante, no se me pasa desapercibido que no sea yo un “caviar”, a pesar de mi socialismo. Ese término lo repite hasta la saciedad, pero como lo hace en tono divertido evita la pesadez cargante.   

La verdad es que en nuestros encuentros no evitamos la confrontación dialéctica. No son encuentros de salón ni tampoco tertulias chocarreras de cantina. Prima el intercambio libre de ideas. En ufología discrepamos. En metafísica, religión y política también. Estoy seguro que eso es lo que hace interesantes nuestros encuentros. Yo soy creyente católico, él agnóstico. Pienso que los aliens son demonios, él que son extraterrestres.

Considero que en política China demostró la efectivad del comunismo en el poder y el capitalismo en la economía para lograr una efectiva distribución de la riqueza, él defiende el capitalismo en su versión neoliberal. Él es un animalista, yo un humanista. Hasta nuestras concepciones de justicia y del animalismo son distintas. Tantas son nuestras discrepancias que salgo admirado de su amistad. Pero al final sale prevaleciendo la amistad. El mérito es suyo, no mío.  

Esto me lleva a reflexionar sobre la amistad. “Florián” afirmaba: “Amigos míos, los amigos no existen”. Por su parte, el peripatético Aristóteles decía que hay amigos de tres clases: de diversión, negocios y desinteresadas. Pero a la amistad desinteresada la consideraba la verdadera amistad. Para los chinos el verdadero amigo enriquece el alma. Para los hindúes el tiempo es la verdadera prueba de la amistad. Y el cristianismo enfatiza lo incondicional, el sacrificio y la lealtad como pruebas de la amistad. En última instancia sale a nuestro encuentro la sentencia de George Herbert: “Vivir sin amigos, morir sin testigos”. Aunque desde su tumba Voltaire nos repite: “¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De mis enemigos ya me libro yo”.

Pues bien, Pierre destaca por brindar una amistad que nutre el alma. No es una persona perfecta, como nadie lo es, pero sus méritos son mayores que sus defectos, como en muchos lo son.

LAS GUERRAS DE RELIGIÓN



Importante volumen de la colección "Descubrir la historia" donde se abarcan los ochenta años de guerras de religión y donde la guerra de los treinta años (1628-1648) fue apenas el episodio final de la contienda que terminó con la Francia borbónica como la nueva potencia europea en lugar de la España Habsburgo, el triunfo del principio de libertad religiosa y el nuevo orden internacional de secularización política.

España agotó toda su arca imperial conseguida en las Indias de la Nueva España con estas guerras europeas. Después de la contienda Europa no volvió a ser la misma. La política imperial cedió paso a la monarquía absoluta centralizada de los Borbones.

Las guerras religiosas (1555-1648) cambiaron la mentalidad de la modernidad occidental. Fue el factor decisivo que afianzó el Regnum hominis del hombre secularizado, el pensamiento científico, el mundo económico, político y social secular.

En una palabra, las guerras de religión catapultaron la visión inmanentista, sepultó la visión trascendente del mundo, robusteció la era del antropocentrismo, racionalismo, visión científica, que desembocó en la libertad de culto, la razón autónoma, y la separación entre política y religión.

Las guerras religiosas terminaron con la profunda derrota de los Habsburgo y un nuevo orden internacional marcado por el absolutismo político liderado por el venidero Luis XIV, el Rey Sol. Francia sustituyó a España como la nueva potencia europea.

Encuentro Intercivilizatorio Post-occidental

SUMARIO

El Encuentro Intercivilizatorio Post-occidental es lo característico del momento geopolítico de la primera mitad del siglo veintiuno. Las civilizaciones de China, Rusia ortodoxa, Islam e India se han visto en la encrucijada de unirse ante la embestida belicista de la decadente civilización del occidente neoliberal.

La guerra en Ucrania ha sido el punto de inflexión y el catalizador que ha mostrado que el Hegemón imperialista estadounidense está dispuesto a degradar la economía europea hasta límites insospechados para mantener una gobernanza global sobre la base de sanciones, bloqueos y guerras proxi que, sin embargo, no le dan resultado.

Lo que tienen en común las distintas civilizaciones y que facilita el encuentro cohesionado es el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, el respeto del libre comercio, la libertad de expresión, el respeto a la soberanía nacional, la defensa del acervo cultural, religioso y tradicional de sus culturas. En otras palabras, no abrazan la cultura disolvente del nihilismo del occidente neoliberal. Y es justamente la degradación nihilista lo que espolea a Occidente a la confrontación nuclear.

Ante ello, se ha fortalecido la unión estratégica entre China y Rusia -algo que Brezinski y Kissinger desaconsejaban- por el belicismo de la rusofobia desatada por el partido demócrata con Obama y Biden. Ha surgido un mundo multipolar fortalecido con las recientes incorporaciones de nuevos países a los BRICS. El dólar pierde su protagonismo y la deuda junto a la inflación se yergue amenazante sobre las economías occidentales.

Ante la creciente pérdida de la gobernanza global la civilización del occidente liberal sacude el espantajo de la rusofobia y de la provocación del Armagedón nuclear. Pero los 500 años de dominio de Occidente llegan a su término y en vez de choque de civilizaciones a lo Huntington lo que vemos es Encuentro de civilizaciones.

Antes de la guerra de Ucrania el mundo iba hacia la integración energética continental y económica de Europa y Asia con los gasoductos Nord Stream, comandados por la Rusia de Putin, la China de Xi y la Alemania de Merkel. Pero la salida de la canciller Merkel facilitaron las cosas para los planes de la élite del estado profundo para desbaratar dichos planes integracionistas y de paz, para instaurar un clima belicista, rusófoba y de delirante mayor expansión de la OTAN, incluso creando una OTAN asiática contra China.

El mundo está avisado. El imperialismo estadounidense comandado gestionado por el partido demócrata va hacia la demencial confrontación nuclear. Y la reciente elección del republicano Trump es una luz de esperanza de que se instaure la distensión mundial y la tragedia global pueda ser evitada.



martes, 26 de noviembre de 2024

PSICOANÁLISIS DEL ATEÍSMO MODERNO

 

El número creciente de intelectuales y apreciados amigos que con ligero orgullo se declaran ateos me hizo volver sobre las páginas del libro de Ignace Lepp "Psicoanálisis del ateísmo moderno". Libro publicado en 1963 pero que mantiene una actualidad palpitante.
Para Lepp el ateísmo moderno es historicista, inmanentista, empirista, racionalista y cientificista. Y aunque reconozca la universalidad de la creencia religiosa no cree en ninguna realidad que trasciende el orden empírico. Distingue entre ateos neuróticos y psíquicamente enfermos, y ateos psíquicamente sanos (marxista, racionalista, existencialista, empirista, ético y práctico). En suma, para Lepp el ateísmo sería dos formas (enfermo y sano) y tres tipos (neurótico, teórico y práctico).
Lepp señala que lo común entre los diversos tipos de ateísmo es el de conducirse como si no existiese una realidad trascendente de lo empírico y material. La cultura secular de nuestro tiempo bloquea la fe, empobrece la afectividad religiosa y lleva a la razón al ateísmo.
Por mi parte concluyo que el ateísmo moderno refleja la hemorragia de subjetividad que caracteriza a la modernidad nihilista actual, que terminó reemplazando el absoluto trascendente por la nihilista multiplicidad de mónadas individuales subjetivas.

Ante la ola de creciente ateísmo es necesario abandonar no sólo el estilo de vida consumista e individualista, materialista y hedonista, que exagera el papel de lo racional dentro de la lógica terrenalista imperante, sino que hay que reconocer la importancia de la afectividad para ver desde ahí lo religioso como una racionalidad no instrumental, una necesidad psíquica sana, que hermana a los hombres y que reconoce que somos criaturas con vocación de trascendencia.

ASPECTOS FILOSÓFICOS RELEVANTES DE LA EPÍSTOLA DE SANTIAGO

 

ASPECTOS FILOSÓFICOS RELEVANTES DE LA EPÍSTOLA DE SANTIAGO
En primer lugar, se trata de una carta relevante por su fe en Dios y por su elevación moral. Se suele pensar que se trata del documento menos teológico del NT, referido a la vida práctica y no a la doctrina. Pero nada más lejos de la verdad, "porque si la fe no es nada sin obras" se debe a que Dios es bueno y reside en el prójimo.
Al enfatizar que "la fe sin obras está muerta" desbarata la elitista ataraxia individualista y egoísta de epicúreos, estoicos y escépticos. De modo que ridiculiza a los cristianos que creen ser salvos diciendo simplemente que creen en Dios. El diablo también cree en Dios, pero no hace su voluntad. La fe sin obras es vacía, y equivale a la incredulidad del creyente, a un ateísmo práctico.
Este poderoso mensaje es consecuente cuando contra los ricos opresores dice: "Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polillas". "Habéis condenado y daros muerte al justo, sin que él os haga resistencia".
En realidad, el paso de la razón a la fe estaba preparado por la crítica ecléctica y escéptica de los siglos IV y II A.C. y la atmósfera de creciente religiosidad por el declive del imperio macedónico y el auge del imperio romano. Del siglo II A.C. al siglo IV D.C. el pensamiento filosófico se desenvuelve en una atmósfera de predominio del problema religioso.
Así, las religiones orientales -entre ellas el cristianismo- y el misticismo alejandrino penetró rápidamente en Occidente, donde se produjo el sincretismo pagano -neopitagóricos, platónicos pitagorizantes y neoplatónicos- y el sincretismo judeo cristiano -Filón Hebreo-.
Para Filón la liberación es por gracia de Dios, para los neopitagóricos y platónicos neopitagorizantes el alma se libera no por gracia sino por su virtud y esfuerzo personal. En contraste la Epístola de Santiago insiste en la ides del "hombre vano".
Por su parte, el neoplatonismo terminó perdiendo la batalla ante el cristianismo porque su inefable dios-Uno es indiferente al mundo, mundo que retornaba al Uno de todas maneras.

Otro problema es quién escribió la carta. Algunos exégetas creen que corresponde a un judío precristiano por la intensidad de la literatura sapiencial que resuena en sus líneas. Sabiduría que, por lo demás, insiste en conducirse con rectitud. Sólo una vez se menciona a Jesucristo. Lo que sí se sabe es que su autor dominaba el griego con maestría. O sea, se trata de un hebreo palestino con evidente formación helenística y escrito para los que vivían en la diáspora después de la destrucción de Jerusalén en el año 70.

sábado, 23 de noviembre de 2024

FILOSOFÍA, ANGELOLOGÍA Y DEMONOLOGÍA

 

FILOSOFÍA, ANGELOLOGÍA Y DEMONOLOGÍA


 

1. En la teología cristiana la angelología estudia diversos tipos de seres espirituales creados que sirven y adoran a Dios. La demonología es la rama teológica que estudia a los demonios y sus relaciones.

2. Ángeles y demonios son seres espirituales sin cuerpo. Unos deciden por su propia voluntad e inteligencia permanecer junto a Dios y los otros alejarse de Él.

3. En relación al hombre los ángeles actúan como mensajeros, guardianes y protectores de Dios preservando a las personas del daño. Los demonios no teniendo cuerpo no sienten inclinación a ningún pecado corporal, pero sí intelectual. Pueden tentar a los hombres a pecar con el cuerpo y con el pensamiento.

4. Ángeles y demonios saben que Dios es su creador, pero sólo los primeros penetran en la esencia divina y así el pecado pasa a ser imposible para ellos, En cambio los demonios buscando convencerse que Dios no era Dios empezaron a odiarle, se deformaron en ángeles caídos y entablaron un combate contra Dios mediante su voluntad e inteligencia. En una palabra, los demonios son seres espirituales deformados en su inteligencia y voluntad.

5. El demonio como criatura espiritual piensa mucho en filosofía y teología. Pero sufre al arribar intelectualmente a Dios. Pero no está sufriendo todo el tiempo. Simplemente piensa.

6. El lenguaje de los demonios es telepático, pensamiento en estado puro, tienen diálogo entre ellos y se trasmiten razonamientos, imágenes, sentimientos, etc. Los cuales con permiso de Dios pueden trasmitirlos al hombre por influencia interna o influencia externa para tentarlo.

7. De entre todas las actividades intelectuales humanas son los filósofos los que más expuestos se encuentran al influjo intelectual de los demonios. La razón autónoma cae en el engaño del Maligno.

8. Sócrates habló de su daimon, Suárez habló del dios engañador, Descartes del genio maligno, Hobbes del Leviatán, Nietzsche se expresó como un poseso y la mayor parte de los filósofos contemporáneos van por la senda del ateísmo.

9. Sin duda, hay filosofía cristiana y filosofía no es sinónimo de incredulidad y ser enemigo de Dios. Razón y fe se complementan.

viernes, 22 de noviembre de 2024

IMPORTANCIA FILOSÓFICA DE EPISTOLAS JOANINAS

 

IMPORTANCIA FILOSÓFICA DE EPISTOLAS JOANINAS
Las Epístolas del apóstol San Juan son un conjunto de tres cartas escritas entre los años 80 y 100 que revelan la temprana lucha de la iglesia primitiva contra el gnosticismo, llamados "anticristos" porque negaban la fe en Jesucristo "venido en carne".
El gnosticismo cristiano y en general identificaba la materia con el mal, es un dualismo que siente repugnancia por la materia, y por ello sostenía que Jesucristo sólo había venido en espíritu.
Para los gnósticos lo importante es lo intemporal, no el tiempo cíclico del mito, ni el tiempo unilineal del cristianismo.
En ese sentido, el gnosticismo es un tipo distinto de religiosidad que busca la salvación no en la fe en Jesucristo, sino en el conocimiento extático que los regenera y diviniza.

En el siglo III de nuestra Plotino defendería el logos griego (reflejado en lo multiple que deviene) frente al logos cristiano (encarnado en la historia y el tiempo) y al logos gnóstico (espíritu desencarnado e intemporal).