domingo, 27 de noviembre de 2016

EL IDEOLOGISMO ESTÉTICO DE MARIÁTEGUI

EL IDEOLOGISMO ESTÉTICO DE MARIÁTEGUI
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Es indudable que Mariátegui, junto con Vallejo y Cossío del Pomar, fueron los exiliados que más promovieron en sus escritos el arte vanguardista en la conservadora Lima. Y en este punto Mariátegui fue en arte un vanguardista.

Pero cuando promueve la figura del costumbrista indigenista Sabogal como lo más representativo del arte peruano y el primer pintor peruano, no procede como vanguardista estético sino como esteta ideologizado.

Más aun, su error es más evidente cuando en El artista y su época augura un triunfo al plástico de lo autóctono. Pero Sabogal fracasa en su exposición pictórica de la cosmopolita Buenos Aires. Sabogal no representaba lo más excelso del vanguardismo pictórico peruano. En ese caso se tenía la figura acabada de Carlos Quizpez Asín.  

La clave de este desvarío no es su marxismo sino su nacionalismo. Su marxismo heterodoxo no era capaz de promover a Sabogal sin su acendrado nacionalismo antiimperialista.

El Perú artístico de los años veinte está en búsqueda de un lenguaje estético contestatario al tema del casacón representado por Teófilo Castillo y que encarnaba el espíritu del arte oligárquico. El arte burgués buscaba abrirse paso mediante el lenguaje vanguardista, siendo más atrevido que el postimpresionismo del pintor Carlos Baca Flor.

Pero Teófilo Castillo dio pasos firmes en la defensa del impresionismo y de esta forma colaboró en la disolución del arte oligárquico. No obstante, el gusto conservador limeño persistía en su rechazo del arte de vanguardia y se aferraba al gusto afrancesado.

Aquí la pregunta es si la reivindicación pictórica de lo indio y del paisaje serrano por Sabogal –cosa ya hecha en la literatura por Riva Agüero en Paisaje Peruanos resultado de un viaje efectuado en 1912 (publicado póstumamente en 1944) y que más tarde lo haría la filosofía con Mariano Iberico (Notas sobre el paisaje de la Sierra, 1937)- realmente representaba la nota más sobresaliente de la estética nacional de entonces.

Eran los años en que Pablo Picasso se hacía universal con su propuesta cubista, sin explorar en la identidad española y retrotrayéndose al arte primitivo. O sea apelaba a la vocación estética de la condición humana.

Pero aquí Mariátegui defendía y promovía lo vanguardista como apología de la idea sobre la forma, pero de modo incongruente consideraba como el primer exponente pictórico al indigenista Sabogal cuando, por el contrario, lo más congruente hubiese sido que revalorara a Carlos Quizpez Asín como el pintor peruano más representativo del arte vanguardista.

El conspicuo historiador del arte Fernando Villegas Torres señala que los críticos españoles habían reprochado al pintor arequipeño Domingo Pantigoso su influencia vanguardista y que debía encontrar un lenguaje distinto al europeo. De entonces data el desarrollo de su propuesta el Ultraorbicismo que se acerca al estudio del arte precolombino (Vínculos artísticos entre España y Perú (1892-1929). Elementos para la construcción del imaginario nacional peruano. Fondo Editorial del Congreso de la República Lima 2016. Pág. 505).

Al abrirse camino la revalorización de la raza indígena y del paisaje de la sierra en un contexto oligárquico de desprecio de lo nacional y de inhumana opresión social, no es extraño que en el rechazo del arte oligárquico cobrara más peso no el arte burgués vanguardista sino el arte indigenista-nacionalista.

Pero saldar una cuenta estética pendiente con el mundo oligárquico no justificaba tomar a Sabogal como lo más representativo del arte nacional. Sin duda, esta vertiente fue importante en la construcción nacionalista del imaginario nacional –así lo testimonian Camilo Blas, Julia Codesido, Enrique Camino Brent y Teresa Carvallo- pero no representaba lo estéticamente más avanzado del arte nacional.

El corazón del arte vanguardista mostraba un alejamiento del contexto local o nacional, es el cosmopolitismo por excelencia, pero también es abrir un boquete para que entre la luz universal de la condición humana.

En cambio, el meollo del arte indigenista era la reivindicación sociocultural de una raza oprimida, de una nacionalidad vernácula despojada de su propia historia. La tensión ideológico-cultural en el pathos de la historia peruana se cruzaba de manera poderosa como una tarea previa en la realización de un lenguaje estético propio que pugnaba por liquidar el arte oligárquico.

Pero un ismo vinculado al pensamiento andino iba directamente contra la estética y el pensamiento del mundo oligárquico pero no iba hacia la realización de un lenguaje estético libre de lo ideológico.

El llamado indigenismo al no ser capaz de abandonar el tema de lo indio estrechó el lenguaje estético a lo étnico y fue un retroceso en la expresión de “todas las sangres” de la identidad peruana. En cambio el Ultraísmo buscaba plasmar primeramente un nuevo lenguaje estético y no tanto expresar la identidad peruana. Así, Quizpez Asín es el primer auténtico vanguardista peruano que trató aglutinar Futurismo y Cubismo para edificar una mirada pictórica desde su propia problemática y sin interferencias nacionalistas ni ideológicas.

No hay duda que Mariátegui fue inconsecuente con su defensa del vanguardismo, se dejó llevar por la imperiosa necesidad de derrotar el orden oligárquico mediante el lenguaje nacionalista, confundió la autonomía estética con las necesidades ideológicas.

Mariátegui confiaba que su apoyo a Sabogal representaba el inicio de una revolución cultural. Pero se equivocó. Conocedor del carácter revolucionario del arte vanguardista no obstante optó por la subordinación de la creación artística a la política.

Tomar conciencia ahora de esta dicotomía es importante porque estando a las puertas del Bicentenario del Perú aun no hemos pensado estéticamente esta celebración.

Leguía lo hizo en la celebración del Centenario con patrones afrancesados. ¿Acaso lo haremos hoy en día con patrones norteamericanizados?

De una cosa sí debemos estar seguros de haber aprendido la lección: una cosa es el arte y otra cosa es la ideología. Confundir ambas cosas nos ha afeado, ha impedido embellecer nuestra realidad. El exceso de ideologismo nos ha embrutecido estéticamente. Hace falta hacer algo profundo para salvarnos.

Si algo nos falta de modo imperioso es amar la belleza por la belleza, amar el arte por el arte, sin anteojeras ideológicas ni políticas. Nos hace falta embellecer nuestro entorno. Hacen falta grandes muralistas. Nos faltan monumentos. Nos faltan grandes escultores. Nos faltan fuentes de agua. El ser humano no puede vivir sin belleza, de lo contrario empobrece su realidad y su entorno se embrutece. En una palabra, nos hace falta un Renacimiento del alma y para el alma. El arte es la contemplación de lo eterno en lo fugaz. El arte perenniza lo bello en lo fugitivo. En esto no sólo radica su hechizo y cura de la realidad, sino que nos remonta a la verdadera condición humana unida a la belleza, al bien  a lo verdadero.

Quizá no sea la hora histórica para ello, pero bien vale dejarlo apuntado para la memoria histórica de los peruanos.


Lima, Salamanca 27 de noviembre del 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

MILICIANO EN EL CIELO (FIDEL CASTRO HA MUERTO)

UN MILICIANO EN EL CIELO
(Poema necrológico)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Se lo llevó Dios y no una bala del imperio.
Símbolo de la libertad antimperialista
rescató la soberanía para el oprimido pueblo.
Fidel Castro ha muerto.

Con los bolsillos vacíos como un Cristo
dio educación, salud y dignidad,
a pesar del oprobioso embargo de sesenta años.
Fidel Castro ha muerto.

Resistió y venció.
Y la rosa libertaria que sembró
Rebrotará con fe revolucionaria.
¡Fidel Castro vivirá por siempre!


Lima, Salamanca 26 de noviembre del 2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

FILOSOFÍA COMO CÁLIZ DEL SABER UNITIVO

FILOSOFÍA COMO CÁLIZ UNITIVO DEL SABER
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
(Resumen de la intervención en la Facultad de Humanidades/18 de noviembre 2016)
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A Lily Montenegro por su angustia filosófica
Y a Ximena Goretty por su saber sincero

La Filosofía es el cáliz unitivo de la comunión de los saberes. Pero desde la modernidad y bajo el influjo del empirismo y del positivismo, la unidad del saber humano se ha ido desgajando en una multiplicidad de especialidades inconexas que han desembocado en la barbarización del saber. Es por ello que la interdisciplinariedad de la Filosofía para el desarrollo integral de la persona humana es imposible de emprender si antes no se toma conciencia de la profunda necesidad de reestructurar las bases metafísicas de nuestro tiempo basado en la eliminación del horizonte ontológico-epistémico de la trascendencia. Sin superar el inmanentismo mefistofélico que reduce al hombre a mero hominismo naturalista no es posible devolver el humanismo a la persona humana, la cual es parte del reino del espíritu (Dios, ángeles y hombre).

En este IV Congreso Regional de Filosofía del Norte que nos acoge la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo (USAT) en la ciudad de Chiclayo-Lambayeque, bajo el acápite de la “Interdisciplinariedad de la Filosofía para el desarrollo integral de la persona”, expreso mi profunda sospecha de la interdisciplinariedad de la filosofía no es expresión de un desarrollo auspiciador del saber sino que es síntoma de una profunda enfermedad de nuestro tiempo, a saber la disgregación del saber.

Debo confesar que la noche anterior de mi ponencia sufrí la interrupción del sueño debido a que mi espíritu no conciliaba la efectiva realidad de la interdisciplinariedad de la filosofía como algo positivo. Con escepticismo guardaba el tema no llegando a resolver lo que sospechaba como una enfermedad de nuestro tiempo. Hasta que unas palabras de mi amigo Raúl Pastor, que hablaba antes que yo, -la palabra era “comunión”- estalló en mi mente para dar una respuesta provisional a la cuestión que me acechaba.  

Efectivamente, lejos de su carácter celebrativo la interdisciplinariedad de la filosofía es en el fondo consecuencia de la pérdida del sentido unitivo del saber y un eco epistémico de la disolución de la fe. Para ilustrar esta idea con alguna claridad meridiana debo expresar que sirve de mucho concebir la filosofía como el cáliz unitivo de la comunión del saber humano.

Y este cáliz unitivo de la comunión del saber humano se dio tanto en la forma occidental griega como en la forma oriental-americana del filosofar.

Me explico. La filosofía en Grecia fue la cuna de muchas disciplinas científicas. Incluso la matemática estaba subsumida en Pitágoras y en Platón a la filosofía, mucho antes que con Arquímedes se desligara de las preocupaciones filosóficas. Cuando la filosofía aparece en Grecia sólo la acompañan el arte y la religión. Y aun más, cuando la filosofía griega desde Jenófanes y Parménides rompe lanzas con la religión lo hace con la religión politeísta pero no con el sentido unitivo de la religión en cuanto tal.

Es así que el eleatismo abre camino al monismo filosófico. La cual sirve de base a las especulaciones metafísicas sobre el primer principio ordenador de Platón y Aristóteles como padres de la teología natural. Pero incluso, a pesar del carácter crítico de la filosofía griega frente a la religión politeísta, no deja de reflexionar sobre los presupuestos metafísicos de la divinidad y las bases fundamentales del arte.

Este carácter unitivo del filosofar también está presente en la filosofía ancestral de Mesopotamia, India, China y América Precolombina. Aquí no hay aquel enfrentamiento crítico con la religión, sino una profunda reflexión por los fundamentos de la existencia y del universo desde posiciones místico-míticas.

Esto quiere decir que si Grecia reflexiona filosóficamente desde la hegemonía del principio del concepto lógico de identidad, en cambio en el mundo ancestral se filosofa desde la hegemonía del concepto simbólico de la armonía de los contrarios. Pero en ambos casos se trata de auténtica filosofía.

Si esto es justo y cierto entonces estamos ante una serie de hechos incontrovertibles. Primero, Grecia no es la medida de toda filosofía posible. Segundo, la historia demuestra la existencia fáctica del principio de la universalidad de la filosofía. Tercero, dicho principio permite deducir la multivocidad de la filosofía y su no univocidad. Cuarto, la estructura de la razón humana se compone de la dualidad dialéctica del logos de la ratio y el logos del mytho. Quinto, el hombre filosofía no sólo bajo la hegemonía del logos de la ratio sino también bajo el logos del mytho. Sexto, el filosofar bajo el logos de la ratio es eminentemente identitario mientras el filosofar del logos del mytho es predominantemente de armonía de los opuestos. Séptimo, si el hombre ancestral también filosofó ello significa que la filosofía, como la arte y la religión, son manifestaciones de la condición humana.

Bajo estas aseveraciones nos preguntamos si el desarrollo del saber humano significa de por sí la pérdida del sentido unitivo del saber o al contrario su conservación.

La pregunta es compleja y su respuesta aun más. Porque el paso del filosofar mitocrático o unido a la razón mítica al filosofar logocrático o unido a la razón lógica, representa de por sí una revolución teórico-espiritual dentro de la estructura dialéctica de la razón misma.

No obstante, dicho paso no representa la quiebra del esquema metafísico fundamental que mantiene la presencia de la dimensión de lo trascendente. Lo cual de alguna manera garantiza la unidad del saber expresada en la filosofía epocal griega y ancestral. Incluso la enseñanza en la Edad Media de las artes liberales heredado de la antigüedad clásica conserva la presencia hegemónica de la dimensión trascendente.

En realidad, mundo ancestral, mundo griego y mundo medieval están unidos por el denominador común de la presencia simultánea del horizonte metafísico de la inmanencia y de la trascendencia. Y esto es lo que conserva el sentido de la filosofía como cáliz unitivo de la comunión del saber humano.

Lo dicho no equivale a negar las sutiles diferencias metafísicas entre lo ancestral, lo griego y lo medieval. De ninguna manera. La filosofía ancestral es simbólica, se plasma en una teoría del destino y su metafísica está presidida por la experiencia de la aletheia o develamiento del ser. La filosofía griega es lógico-racional, se plasma en una teoría de la verdad y su metafísica está presidida por la experiencia de la esencia. Y la filosofía cristiana culmina en una unidad entre razón y fe, se plasma en un saber de salvación y su metafísica está presidida por la experiencia de la persona o de la existencia.   

Todo lo cual no significa que en el seno de las tres grandes expresiones civilizacionales de la filosofía no hayan existido corrientes divergentes (el materialismo charvaka en la antigua India; el materialismo de Mozi en la antigua China; atomistas, sofistas, cínicos en Grecia; nominalismo en Edad Media). Pero estas son ilustraciones no sólo de la naturaleza dicotómica de la propia razón humana sino de la propia realidad.

Entonces la pregunta que cae por su propio peso es: ¿cuándo acontece  el más dramático desgarramiento de la unidad del saber? De alguna forma esta interrogante fue respondida por Paul Hazard en su explicación de la crisis de la conciencia europea. Al margen de lo cronológico considero que el acierto fundamental de su estudio estriba en señalar que dicha crisis se caracteriza por el hundimiento del fundamento absoluto de la razón humana.

Efectivamente. Desde entonces la razón se vuelve autónoma, celebrada por la Ilustración y lanzada a principio cósmico-espiritual en Hegel. De esto al diosecillo terrestre o deus in terris que pulula en la modernidad solamente hay un pequeño paso. La disolución de la fe y la erección de una sociedad postmetafísica del hombre sin absolutos aceleró la desintegración de la unidad de los saberes, el vaciamiento del cáliz filosófico de la comunión de los saberes, la diáspora de las disciplinas, el nihilismo epistémico y la destrucción de las bases de toda ontología fuerte. En realidad, los primeros mentores (Hume, Compte y Marx) de esta desintegración –ya advertida nítidamente por Vico y Leibniz- quedan modestos ante la avalancha contemporánea de postestructuralistas y posmodernos. Los cuales decretando la muerte del hombre, la verdad y de los valores abren las puertas a la desintegración absoluta del saber y la instrumentalización completa de la filosofía como mera bisagra narrativa entre los diversos saberes.

Este triunfo actual de la interdisciplinariedad oculta este derrotero metafísico-espiritual y cultural. Por ello mismo, no lo celebro y lo miro con profunda sospecha de lo que se trata es de una profunda enfermedad espiritual.

Lo que tenemos actualmente es la barbarización del saber y la trivialización de la filosofía. Y ante hecho no es posible restablecer el sentido unitivo del cáliz filosófico. Solamente en la comunión del cáliz filosófico puede encaminarse el saber humano a una jerarquización ordenada. Pero bajo el espíritu del empirismo y del cientificismo positivista que niegan el horizonte de la trascendencia ello es imposible.

Esto significa que las bases metafísicas de la misma civilización actual deben ser reformuladas por la propia filosofía. En la hora presente donde predomina el bárbaro civilizado, el hombre anético, el especialista estrecho, el ateo práctico y el creyente gélido, se hace necesario más que nunca ir a la raíz del problema mismo de la interdisciplinariedad para reconocer que en medio de un horizonte cultural relativista, historicista, nihilista y empirista no es posible la interdisciplinariedad misma si antes no se procede a rescatar el horizonte de la trascendencia en medio de la inmanencia.


Lima, Salamanca 20 de noviembre del 2016

sábado, 29 de octubre de 2016

TUNUPA: EL VENERABLE

TUNUPA: EL VENERABLE
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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La vida espiritual es el verdadero nervio de toda civilización. Acabar con ella es arrasar a la civilización misma. Y en las civilizaciones conocidas hasta la modernidad dicho nervio estaba representado por la religión. Cuando los españoles efectúan la conquista el Perú se convirtió en necesidad imperiosa neutralizar y eliminar la religiosidad autóctona. Era una cuestión de Estado para la Iglesia romana de aquella época. Tunupa era una deidad muy venerada entre los aymaras, Collas, Lupacas y Carangas. O sea gozaba de gran predicamento en todo el Alto Perú e incluso más allá. Y durante los Incas se confundió con el culto a Wiracocha. Enterado de los detalles sobre Tunupa, los evangelizadores del Collao trataron con gran empeño de identificarlo con el apóstol San Bartolomé. Ahora veamos su genealogía.

"Tras la enorme devastación terrestre por la caída de un cometa, que provocó terremotos, maremotos, la ocultación de la luz del Sol y la oscuridad completa, sobreviviendo había salido de las cuevas del cerro Condorcanqui junto a otros tres sabios, para dirigirse cada quien a un distinto punto cardinal. Su nombre era Tunupa. Portaba la sabiduría de su civilización destruida y andaba por la Pachamama decidido a recomenzar el tiempo. Ahora más que nunca estaba convencido de la importancia de estudiar las divinidades que brillan en el firmamento para prevenir otra futura catástrofe...".  

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Se me ha ocurrido este breve relato como introito para formular la interrogante: Quién o qué fue realmente Tunupa, Tuapaca, Taguapaca o Tonapa. Qué hay detrás de su imagen mitológica como deidad andina del rayo y los volcanes actualmente venerada en el altiplano boliviano. A la luz de estos relatos catastróficos no resulta extraño constatar la existencia de un inmenso templo sumergido con murallas de setecientos metros de largo y a 50 metros de profundidad en el Lago Titicaca. Expertos han calculado que la ciudad debió tener por lo menos 4 mil años de antigüedad. Si esto es así, entonces por su antigüedad nuestro legendario héroe-sabio Tunupa no fue ni puquina, ni lupaca ni pacase, ni de ningún grupo aymara, ni protoaymara, ni protopuquina, ni protouruquilla, ni protoaru. Y su origen étnico e idiomático se pierde en la noche oscura de fines del neolítico.

Por qué lo evangelizadores españoles en su tarea de predicación en el Collao pusieron gran empeño en identificarlo con la imagen de San Bartolomé, rodeando el monte Tunupa con veinte capillas, todas dedicadas el mencionado santo cristiano. No hay duda que este lugar debió tener una gran irradiación espiritual en todo el orbe andino, decidiendo la acción firme de los curas evangelizadores para desterrar de la memoria este enigmático personaje.
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Voy a adelantar la tesis que Tunupa fue un poderoso chamán, sabio, iluminado del periodo neolítico, cosmógrafo, gran astrónomo, creador del Qhapaq Ñam o Ruta de Wiracocha, tenido como hombre sagrado por su gran conocimiento. Se calcula que el hombre en América tiene 30 mil años. Es muy probable que llegaran a pie o en embarcaciones a lo largo de milenios bordeando el Océano Pacífico por Behring. Pero también es muy probable que estas bandas paleolíticas arribaran con sus viviendas flotantes del mar, provenientes de las costas de Asia y Oceanía por el azar de los movimientos marinos, ríos y vientos. Por indicios arqueológicos se piensa que hace 12 mil años los viejos pobladores cerraron el paso a los nuevos pretendientes que venían a competir por el espacio y los recursos. 
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A lo largo de todo el final de la era glacial seguirían arribando hacia América una gran cantidad de bandas paleolíticas, dentro de una gran variedad de pueblos e idiomas. Y esto es rastreable en la gran variedad idiomática antes de la Conquista española, cerca de 2 mil lenguas. Sólo como dato anecdótico del proceso de extinción idiomática menciono que en 1975 en el Perú sobrevivían cerca de 200 lenguas nativas, en el 2016 están registradas apenas 45. Los cruces marítimos pensados por Paul Rivet, los rasgos tipológicos idiomáticos entre continentes y subcontinentes explicados por la lingüísta norteamericana Johana Nichols y la relación entre condicionamiento sociohisórico y migraciones lingüísticas hacia América abordadas por el lingüísta Alfredo Torero, dan razón de la gran variedad idiomática observada en Sudamérica.
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Esto coincide con la extinción de la megafauna del Pleistoceno o periodo de las últimas glaciaciones (Mamuts, megaterios, tigre dientes de sable, rinoceronte lanudo, ciervo gigante). Científicamente los geólogos opinan que al terminar la era glacial aumentaron el nivel de los océanos causando inundaciones catastróficas por todo el planeta y no es extraño que este acontecimiento coincidiera con el impacto de un asteroide provocando un cataclísmico tsunami atlántico. Los paleontólogos están cada vez más de acuerdo en considerar que la fauna del Pleistoceno junto con cultura Clovis se extinguieron por el impacto de un meteorito. Lo cual se registra en los restos de iridio desperdigado entre los troncos de árboles de hace 11 mil años. El catastrófico tsunami causada por la explosión acabó con la megafauna. Los mitos sobre el Diluvio Universal se encargarían de fusionar todas estas catástrofes con el estallido del volcán de Santorini que destruyó la civilización Minoica hace 3,500 años y hasta con la teoría de la catástrofe de Toba hace 70 mil años que provocó un invierno volcánico de seis años. En realidad, no hay una sola historia sobre el diluvio universal sino varias historias que abarcan diferentes fechas y diversos pueblos (Mesopotamia, Hebreos, China, India, Grecia, América).
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Incluso el descubrimiento de civilizaciones sumergidas bajo el océano está cambiando nuestro conocimiento de la prehistoria humana. Es el caso de la sumergida ciudad hindú de Dwarka noticiada en el Mahabarata, las misteriosas ruinas bajo el mar de Yonaguni en Japón. En otras palabras, se calcula que hace 10 a 8 mil años no sólo existían sociedades de cazadores y recolectores, sino que en algunos lugares del planeta ya existían sociedades complejas en pleno tránsito del paleolítico al neolítico, o sea en el llamado periodo mesolítico. No es extraño que estas singulares sociedades complejas mesolíticas enviaran emisarios a los cuatro puntos cardinales con un fin civilizatorio y que incluso algunos de sus sabios sobrevivieran a la catástrofe del diluvio universal fundando escuelas de sabiduría. Uno de aquellas escuela estaría al pie del salar de Uyuni, más cerca del Lago Poopó que del Lago Titicaca. Lo que quizá explique en parte la presencia temprana (hace 5 mil años) de ciudades estado y civilizaciones en distintas partes del globo antiguo (Sumeria, Egipto, Caral, Bandurria).
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Justamente en la mitología andina Viracocha aparece como la deidad que reordena el mundo con una gran inundación y vuelve a poblar la Tierra. Luego reaparece como un gran sabio llamado Tunupa-Viracocha que recorre los pueblos para civilizarlos hasta desaparecer en el mar. En el mito andino la figura divina se fusiona con la figura humana. No es casual que el Observatorio astronómico de Paramonga -mal llamado Fortaleza- y la ciudad del Cuzco tengan respectivamente el diseño zoomórfico de la Llama Sagrada y del Puma Sagrado, pero en ambos la mirada está orientada hacia el Nor-Oeste, o sea justo la Ruta de Wiracocha. Tunupa sería el creador de la deidad Ordenadora Viracocha y sus sucesores adoptaron su nombre en reverencia de sus conocimientos, elevación espiritual y sabiduría. De ahí que su imagen se hace borrosa al remitirse a un tiempo primordial y auroral donde acaece el nuevo comienzo de la civilización, antes destruida por el dios Viracocha que se hallaba disconforme con su ordenación.

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En otras palabras, el Qhapaq Ñam sigue el trazo de la proyección en tierra de las Constelaciones Negras que acompañan a la Cruz del Sur en el firmamento austral. También sería este extraño personaje taumatúrgico y su escuela de amautas el que concibió un universo dividido en tres Pachas (Hurin, Kay y Uccu), y que Santacruz Pachacuti lo representa como tres discos invisibles contenidos en el óvalo alargado central de la figura del Ordenador (Teqse, Teolt) en el dibujo del altar del Coricancha. 

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Pero según cuenta Santacruz Pachacuti este Ovalo Sagrado es quitado del Coricancha por Huáscar para poner en su lugar el disco solar. Con esto quedaba consumada la revolución religiosa de los astrónomos diurnos incas sobre los inmemoriales astrónomos nocturnos estelares de sus abuelos. El sacrilegio desató la guerra terrible entre los dos incas, los partidarios de Wiracocha contra los partidarios del Sol. Cuzco versus Quito. En la lucha cruenta entre Huáscar y Atahualpa las vírgenes del Sol son sacadas a la plaza pública para ser violadas brutalmente por los más feroces guerreros chancas. Luego Huáscar es secuestrado por los quiteños y ganan la guerra.

A propósito del Ovalo Sagrado mi amigo cusqueño el ingeniero Hugo Chacón me cuenta que en el Coricancha hay una piedra en forma de ovalo que se conserva al interior del Convento de Santo Domingo. Es curiosa la información porque el Proyecto Koricancha dirigido por Anselm Pi Rambla descrubrió un túnel o chinkana que se extiende hasta el observatorio de Sacsaywaman y a donde se cree que en uno de sus laberintos todavía se oculta el tesoro de los Incas que no podía salir de la sagrada ciudad imperial. Pero da la causalidad que la piedra en forma de ovalo no fue ocultada. Lo que confirmaría la versión de Santacruz Pachacuti sobre su sustitución por el culto al disco solar. 

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O sea ya antes de que fuese ejecutado Atahualpa el reino de los incas era un caos total. Justo en ese momento llegan los invasores españoles y bien noticiados del mito de Tunapa Viracocha recorren triunfales la Ruta de Viracocha como supuestos portadores de la paz y el nuevo orden. En medio del alboroto y la confusión la orden imperial por consejo de los Amautas es no hacerles daños a los Viracochas arribados. No tomaron en cuenta la predicción de Viracocha al advertir que antes que él nuevamente llegase, gentes venidas del mar se harían pasar en su lugar y que ppor eso no les creyesen. Pero cuando se dan cuenta del error ya es demasiado tarde. Pero una nueva pesadilla estaba por comenzar. 

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La alianza hispano-curacal (Waldemar Espinoza) -que determinó la caída y destrucción del imperio- ya estaba en plena marcha. En este punto hasta hoy se discuten dos tesis, a saber, la tesis de la "conquista violenta" y la tesis de la "conquista aceptada". Quizá la verdad esté en el justo medio. Pues es cierto que se debe tomar en cuenta las "capitulaciones de Cajamarca" como tratado de Paz entre incas y españoles, la coronación de Manco Inca en el Cuzco por los españoles, y la aceptación de la conquista española por los incas a cambio de la restitución política del reino, y tampoco se puede ignorar el proyecto político de Carbajal de instaurar una nueva dinastía en el Perú de índole mestiza. Proyecto separatista que colmó la paciencia del emperador hispano y decidió su aplastamiento absoluto con el astuto Pedro La Gasca y el nuevo orden colonial con el Virrey Toledo. Pero esto es ya parte de otra historia que comprende la extinción del saber de los amautas.   

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Según las crónicas españolas nuestro personaje es un ordenador del mundo, con poderes sobre las aguas, la lluvia –hacía llover como un yatiri-, control de huaycos y rayos, y por ello confundido con la divinidad Ticsi Wiracocha. Pero de carácter tan levantisco, discutidor e iracundo que destruyó con fuego la deidad del poblado de Cacha (Fray Alonso Gavilán) y tan afrentoso que fue ejecutado mediante empalamiento en una vara de chonta para ser echado al lago Titicaca en una balsa para desaparecer velozmente empujado por el viento en el río desaguadero, donde se hundió en las entrañas terrestres.

Santacruz Pachacuti describe otro episodio antes de su triste final. Dice que Tunupa llegó predicando al altiplano –no se sabe de dónde, aunque Gavilán lo hace proceder de la selva del Paraguay llegando al Cusco atravesando Chachapoyas- con ropas muy humildes, pero también fue expulsado del pueblo de Yamquesupa. Malquistado convirtió al pueblo en una laguna. Después llega al poblado Cachapucara en donde existía una mujer oráculo, decidido a derribar a los que consideraba ídolos  discutió fuertemente con ella. Al parecer también fue echado de allí y en venganza pueblo y montaña fue destruido con fuego. En Carabaya no le fue mejor, pues fue atado de pies y manos y echado al río, pero se desató y navegó hasta el Titicaca, pasó por Tiahuanaco y se dirigió al mar por el río Chacamarca en donde desapareció.

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El dato de Gavilán que hace proceder a Tunupa de la selva paraguaya resulta ser muy sugerente. Hay que recordar que los primeros calendarios Helio-Lunares en nuestro continente se inician al Este, en la selva amazónica (Chavín, Chankillo). Como describiendo un proceso geográfico cultural que sube hacia los nevados para asentarse en los valles rocosos al pié de las montañas. No es casual que en noviembre del 2013 se descubriera en plena selva amazónica entre Brasil y Bolivia 300 grandes estructuras y enormes círculos con dos milenios de antigüedad sólo comparables con las pirámides de Egipto.

En otros dos cronistas Tunupa es remitido a un tiempo mucho más remoto. Así, Cieza de León recoge relatos que aseguran que existía antes que los Incas. Pero añade el dato curioso –que hace pensar a algunos sobre su origen Vikingo y la llegada de éstos a tierras americanas en el siglo X- que era un hombre blanco de gran estatura y con un gran poder. También Pedro Sarmiento de Gamboa lo hace aparecer luego del diluvio y mucho antes de la existencia del sol y la luna. Lo presenta entonces como acompañante de Viracocha Pachayachachic, quien ordena por desobediencia ser atado y abandonado en una balsa sobre el río Desaguadero.
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En suma, las crónicas presentan a Tunupa como una deidad pre-Tiahuanaco y pre-puquina, e incluso mucho más antigua. Quizá sea norteño por la presencia más antigua de la Cruz Cuadrada en el Complejo Arqueológico de Ventarrón de 4 a 5 mil años de antigüedad. Si es así su origen no sería aymara y modificaría la procedencia relatada por el cronista Gavilán. Más misterioso sería aun su lengua nativa dado que no hay modo de determinar cuál de las lenguas pre-quechuas de la sierra norte peruana le correspondería: Den, Chacha, Culle, Cat (según la lista de Alfredo Torero). 
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Por la técnica de la glotocronología léxicoestadística se puede establecer que el quechua y el aru andinos, al igual que el maya en Mesoamérica, son lenguas con una antigüedad de tres a dos mil años, el proto-chibcha centroamericano, el proto-maya mesoamericano, el proto-arahuacos de las cuencas amazónicas y el Caribe se remontan de 4 a 5 mil años, pero más allá de esta cifra crítica o sea de 6 a 8 mil años es bastante inseguro establecer la identidad lingüística. Entonces, qué idioma habló el o los Tunupas diluvianos. Puede haber sido cualquiera perteneciente al indicado periodo intermedio. 
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Histórica y etnológicamente se sugiere que su culto alcanzó auge durante el periodo de los reinos aimaras y su origen es más antiguo a Tiahuanaco aunque su influjo se extiende hasta el periodo inca. Otros autores (María Rostworowski y Teresa Vergara) asocian a Tunupa con un dios dual, propio de la bipartición de la cosmovisión andina, correspondiente al mundo de arriba y al mundo de abajo.

Sobre la base de todos estos elementos mi hipótesis es que el Tunupa original –tan antiguo como Caral, es decir 5 mil años- fue un sabio, un filósofo mitocrático, un iluminado de su época, ideó la moral de reciprocidad y colectivismo andina sobre la base de su labor como cosmógrafo, astrónomo, creador del Qhapaq Ñam o Ruta de Wiracocha. Tenido como hombre sagrado por su gran conocimiento.
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Luego su nombre se convierte en escuela de ciencia y sabiduría espiritual, cuyo jefe adopta el nombre ya mítico del maestro –Tunupa- y encarnan la sabiduría espiritual, moral, astronómica, matemática y geodésica de su tiempo. Se distinguieron como estudiosos de la Cruz del Sur, el cielo austral con sus constelaciones, los planetas y el astro Rey, elaborando sobre la misma una explicación simbólica, ritual y observacional del cosmos y de la sociedad. Esto es lo que se observa también en la famosa Placa de Echenique o Calendario Inca, que muestra con claridad el ángulo intersosticial de 42° correspondiente al año 1374 d.C. (Carlos Milla). Por entonces reina Inca Roca, justamente el sexto gobernador del curacazgo, que inicia la dinastía de los Hanan Cuzco y da comienzo a la diarquía, donde el gobierno era retenido por la dinastía Hanan y el sacerdocio a la dinastía Hurín.
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Tunupa deviene así en el nombre del conocimiento semidivino de los amautas. Los cuales desde una sabiduría que se remonta al periodo precerámico intentan plasmar el orden celeste en un orden terrestre. Para ello les sirve de pauta la Cruz del Sur (Scholten, Taylor, Illescas, Milla), la cual con las demás constelaciones sirven de modelo ordenador para el mundo humano de reciprocidad o Ayni. 

Uno o varios de aquellos Tunupas habría tenido su centro astronómico ritual en Tiawanako, y en Puma Punku, con sus tan características cruces cuadradas o chakanas representativas multidimensionales de la relación entre lo celeste y lo terrestre. El Thunapa que relata el agustino Ramos Gavilán vivió en las faldas del cerro del mismo nombre y dirigía en la aldea del soledoso Salar de Uyuni una escuela de sabiduría llamada Ch´ekka Ch´ekka o "La Suprema Verdad". Allí en medio del silencio más completo y en donde el firmamento día y noche asombra por su nitidez, los antiguos amautas veneraban las divinidades estelares y estudiaban los ángulos intersolticiales con el mayor detalle. No resulta casual que de dicha zona sea famoso el quehacer curanderil de los herbolarios callahuayas. 

Torero consigna que el antropólogo francés Thierry Saignes comenta la conjetura que los curanderos callahuayas sean los herederos de los sacerdotes, médicos y magos de Tiahuanaco. Y es muy significativo que en la famosa lámina de la obra de Murúa que muestra al inca Huáscar conducido en andas por cuatro personajes, el cuarto suyo se lea "callavaya". Esta era una región de habla puquina, famosa por sus grandes hechiceros, razón por la cual cuenta Garcilaso que mereció graves castigos al entrar allí el poder inca. Efectivamente, lo que más llama la atención de estas plazas astronómicas prodigadas por toda América es su completo aislamiento, sin restos cerámicos ni estructurales ceremoniales, dedicadas exclusivamente a la observación estelar. 
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No es casual que desde Bandurria o Caral hasta los Incas, o sea en un lapso larguísimo de cuatro mil quinientos años, los astrónomos nocturnos y los astrónomos diurnos hayan medido meticulosamente el ángulo de la estrella ritual, la cual va de 14° hace 5 mil años a 43° en 1446 D.C. por el ciclo de Precesión terrestre. Tampoco es sorprendente que cuando el ángulo de 42° puso tan alto la estrella ritual ecuatorial, que la vuelve prácticamente obsoleta, se produce la revolución o cisma ritual-religioso por Manco Cápac y consagrada por Pachacútec colocando al Sol en lugar central. De ahí que la famosa varita o bastón de Manco Cápac sea en realidad un instrumento arqueométrico (Milla) ya utilizado por los antiguos peruanos y representado en la iconografía Paracas, Pucará, Tiawanaku y que servía para medir la variación angular del movimiento de Precesión, tan importante para el control estacional y evitar las hambrunas. 
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No obstante, intriga mucho por qué los Incas lunarizaron el observatorio de Pachacamac y dieron mayor importancia a la Constelación de Escorpio (Pinasco Carella) si impusieron el culto solar. El Sol ya era una divinidad preinca popular pero los Incas añadieron muros hacia la Constelación del Amaru. O sea, los incas no solarizaron el santuario, más bien lo lunarizaron añadiendo la Plaza de la Luna y con el Akllahuasi. Lo cual llama la atención porque -según informa Molina- el Inca era el "hijo del Sol" y la segunda persona del Inca era el Vilaoma o "esclavo del Sol". El culto de la Luna enfatizó la importancia de la mujer. Y es Inca el descubrimiento preciso de las declinaciones angulares del Ciclo Lunar. 

Pero cómo se explica la importancia de la Constelación del Amaru. Además, el Sanctum Sanctorum del Observatorio son los muros interiores que señalan hacia la Gran Serpiente Celestial, que era de acceso restringido y de carácter mítico frente a otros muros exteriores y de carácter político. Yo pienso que la importancia de la Sierpe Cósmica está relacionada con las profecías, presagios y pronósticos sobre la caída del Imperio de los Incas y la llegada de Wiracocha. En otras palabras, el tiempo tardío del Imperio Inca está relacionado con la idea dramática del destino providencial de su gran civilización al cumplirse un nuevo Pachacuti de 500 años y la Serpiente Cósmica lo anunciaba.
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Estos cálculos astronómicos se efectuaban desde los famosos Observatorios circulares hundidos mediante la técnica de los espejos astronómicos (formas cóncavas en piedra o ceramios llenas de agua, o de metal bruñido que no requería líquido). Los cuales están desperdigados por toda América desde los Anasazi hasta la estructura calendárica San Nicolás en Argentina. El asunto es que el Sol, la Luna y las estrellas son tomados como divinidades –y esto fue visto con claridad por los extirpadores de idolatrías- pero las mismas eran puestas en movimiento y orden por el dios ignoto e invisible Viracocha o Pachacamac.

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Aquí viene a cuento una situación de trascendental importancia. Y se refiere a: ¿El soberano Pachacuti depuso efectivamente la soberanía de Viracocha por la del Sol? ¿Qué significó esta revolución teológica para el régimen teocrático inca y para todo el territorio andino? Como es en los Cielos será en la Tierra. Y la Cruz del Sur en tiempos de los Incas había dejado su ángulo observacional estelar privilegiado y ya no era visible por el astro Rey. Este hecho significó la revolución de los astrónomos diurnos sobre los astrónomos nocturnos y su capitalización socio-política por el nuevo imperio inca en auge. Así como el Sol tenía primacía en el Cielo, del mismo modo el Inca, como hijo del Sol, era el rey de reyes que tenía jurisdicción sobre todos los demás cacicazgos y señoríos del territorio andino.
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Finalmente, por qué esta obsesión por estudiar los astros en las diversas civilizaciones ancestrales del planeta. Esta obsesión pudo deberse no sólo por su utilización como brújula, reloj y calendario, sino a una catástrofe estelar -hipótesis del controvertido Velikovsky en su obra Mundos en colisión- sucedida hace más de cinco mil años y registrada en diversas tradiciones en documentos antiguos. 

Esto es, no sólo replicaron la Vía Láctea o Amaru (Gran Serpiente Celestial) en las Pampas (Nazca) o en los Cerros (Huánuco Pampa) por razones astronómicas, climáticas y ritualidad, sino motivaciones escatológicas o de salvación. Otorgar un significado metafísico a la existencia humana -vida más allá de la muerte- dentro del drama del universo era el objetivo principal. Si esta especulación fuese cierta resultaría que la ciencia astronómica antigua se configuró como una teoría del destino, donde un lugar primordial era "atar los astros" para evitar o hacer menos traumática la siguiente catástrofe terrestre. 

Lima, Salamanca 29 de Octubre del 2016