UNA PROPUESTA FILOSÓFICA
DESDE EL CENTRO DEL SER
LA KÉNOSIS COMO NÚCLEO ESENCIAL
Por Gianmarco TORRES PARRA
La kénosis al centro de la ontología, como propuesta
original, dinamiza al ser. El vaciamiento del ser es posibilitador de apertura
y superador de estructuras dogmáticas.
Para comentar la obra reciente: Ontología kenótica
de Gustavo Flores Quelopana, quisiera antes referirme a su persona, como
filósofo. El filósofo L. Gustavo es, desde mi punto de vista, un pensador
peruano contemporáneo que muy recelosamente recurre a las bases más sólidas
sobre el análisis del ser para sus argumentos filosóficos. Y dentro de su
sólida, profunda, pero rápida búsqueda de verdad, invita y sin dudar a los
principios cristianos, pero la del mismo Jesucristo.
En más de una centena de obras que giran en torno a la
vuelta al cristianismo, pero sin dejar de hacer filosofía, con argumentos
realmente profundos, deja claro que el puro inmanentismo lleva a un fracaso
nihilista. Al respecto, considero que lo más importante de sus planteamientos
es la recurrencia a la Ontología, pues varias de sus obras la incrustan desde
su título. Por ejemplo: Ontología de la alteridad (2021), Filosofía
como onto-ética (2021), Algoritmo ser y Dios. Un análisis ontológico y
teológico del dataísmo y la Inteligencia Artificial (2025), Ontorrealismo
(2025), Ontologías del sur en la encrucijada (2025), Ontología
intermedia integral (2025). Y principalmente, esta última: Ontología
kenótica. Hacia una nueva Teoría del ser. Se trata pues de una obra que
aparte de su propuesta central, el autor va integrando los aportes de sus obras
anteriores.
Antes de todo, considero que la relevancia de su
robusto quehacer filosófico consiste en el análisis libre y acucioso partiendo
de la realidad que le preocupa profundamente por la autosuficiencia del hombre
contemporáneo. Pues siente y defiende la fe racional como verdadero cristiano.
No he visto filósofo como él. Su pensamiento es original. Considero que se
encuentra en una etapa madura dentro del fenómeno evolutivo de su pensamiento.
Otros filósofos, también con seriedad y madurez, han
analizado mayormente de forma abstracta o puramente racional; en cambio Gustavo
ha partido de realidades peruanas y globales tan reales como sus afecciones o
consecuencias. Entonces, si por mucho tiempo se ha debatido sobre la existencia
de una filosofía peruana, Gustavo, sin detenerse en este debate, ha hecho y
sigue haciendo filosofía viva porque denota su preocupación, como demuestra en
sus escritos y a través de las varias tertulias que mantuvimos con él. Este es
otro punto realmente valioso, como la del filósofo que no solo piensa, sino
vive en coherencia con su pensamiento filosófico. En ese sentido, es como otro
Sócrates. Y al apelar a los valores y virtudes (principios cristianos), es otro
como Aristóteles. Y al apelar a otro plano (trascendental), es otro como Platón.
Coincidentemente, los tres filósofos originarios del sustento ontológico.
Ahora, si bien el filósofo Juan Chocce hace con su
libro: Gustavo Flores Quelopana. Filósofo del abismo y profeta de la
tragedia de la civilización actual, un reconocimiento al quehacer
filosófico del autor en mención, ubicándolo en un escenario contextual por
medio de una lista de autores como Juan Abugatás Abugatás, David Sobrevilla,
Ricardo Paredes Vassallo y Víctor Samuel Rivera porque todos ellos, desde su
punto de vista, coinciden en la preocupación por una nueva alternativa
civilizatoria por todos los problemas (económicos, ecológicos, político,
sociales, etc.) en que nos encontramos zanjados en los últimos siglos. Es
importante sí valorar el reconocimiento que hace Chocce a Gustavo Flores
Quelopana por su descripción al problema civilizatorio actual, por la condición
anética que presenta el hombre desde la modernidad lamentablemente con mayor
intensidad. Frente a la denominación de Filósofo del abismo y profeta de la
tragedia de la civilización actual, debemos decir que el mayor interés del
análisis filosófico que Gustavo Flores realiza es, ante todo, volver y edificar
desde las bases sólidas de la ontología para un reconocimiento puro del ser del
ser humano y luego más bien presentar con cierta esperanza la propuesta del
cristianismo ya que él está convencido de que esta, es el mejor estilo de vida
para hacer frente al “nihilismo estructural”, que consiste en “la negación
radical de todo fundamento último del ser, de la verdad y la moral” en el
contexto de la civilización actual.
Por ello, aparte de entender la descripción de Luis
Gustavo como filósofo del abismo y profeta de la tragedia de la civilización
actual es cierta, pero que necesita un comlemento, por quedarse solo en la
revisión del estado perverso de la civilización actual, pues considero que el
alcance del autor mencionado llega hasta el núcleo filosófico, me refiero al
ámbito ontológico ya que es indudablemente el centro de su atención del a
través de sus obras por las que atraviesa esa vuelta al ser.
***
Ahora, al leer el libro: Ontología kenótica, confirmo
que el autor Flores es un filósofo profundo porque retorna al ser mismo. Pues,
traslada un término (kénosis) de la teología paulina a la filosofía que
ya no depende de la teología ni cristología, sino que se trata de un acto
intencional de todos ser, que proporciona sentido y finalidad.
La neutralidad en la filosofía me parece un factor
necesario en la medida que presenta la libertad de crítica y argumentación.
Dicho de otra forma, considero que no puede abandonarse a un extremo y ¿cómo
nos podemos dar cuenta de ello? Siempre que una idea se pueda argumentar con
profundidad y seriedad. Esto sucede con la ontología desde la kénosis. La
apertura que presenta esta ontología radica en la integración en un solo
sistema: lo real, lo ideal y lo suprarreal. Además, hay una secuencia y
desarrollo que se va gestando desde el núcleo kenótico: vaciamiento que
apertura, donación que otorga soporte y comunión que proporciona. Se puede
hablar también de apertura porque libera al hombre del encasillamiento en el
inmanentismo y en la cerrazón cientificista, tal como indica el autor. En sí,
la idea de kénosis permite superar dos extremos: reducir el ser a
sustancia o elevarlo a sujeto absoluto. Se trata más bien de una entrega sin
retención.
En el texto bíblico al cual se hace mención,
específicamente dice: ἐκένωσεν (ekénōsen, "se vació"). En teología,
se entiende por kénosis al acto de autodespojo voluntario del Hijo de
Dios en la encarnación. κενόω (kenóō) lo cual significa: vaciar, dejar sin
contenido, hacer inútil, privar de fuerza o anular. En Fil. Tiene un sentido
cristológico único. Autores como N. T. Wright y Joseph A. Fitzmyer sostienen
que Pablo describe una renuncia al privilegio, no a la naturaleza divina.
De hecho, en la perspectiva filosófica el alcance es
mayor. Desde esta noción la ontología cobra otro perfil, se trata del acto de
desposesión. Esta propuesta se puede relacionar con la de otro filósofo, poco
estudiado, me refiero al Hno. Noé Zevallos, para quien también la
posibilitación del ser habilita la transtemporalidad. Es decir, el ser humano consciente
de sus límites y de su finitud, lejos de paralizarnos por esa condición, le sirve
de resorte para impulsarnos en nuestras vidas, intentando que cada acción
trascienda estas limitaciones. De igual forma Gustavo considera que con su
propuesta la filosofía deja de ser un sistema cerrado y torna más bien en un
hecho de real apertura en donde cabe la libertad y la expresión de amor. Aquí
la kénosis, es una categoría fundamental que explica la génesis del ser.
En palabras del mismo autor (de quien comento su
obra): “La ontología kenótica se presenta como respuesta porque afirma
que el vaciamiento no es negación, sino plenitud compartida; no es pérdida,
sino comunión; no es clausura, sino apertura”. (p.14) Esto quiere decir que el
vaciamiento no es anulación del ser, no significa no-ser o el vacío. Pero ¿cómo
entender ello? Inclusive, sobre la propuesta de logos de Heráclito para algunos
intérpretes como Rodolfo Mondolfo, es posible comprenderlo como develamiento para
conocer el ser por medio de la fuerza motriz que es el logos.
Ya se ha mencionado que esto se trata de una propuesta
original, es por ello que inevitablemente se realiza una crítica a propuestas
ontológicas precedentes. Surge esta postura tras una discusión a los
planteamientos de Hartmann, Jaspers, Heidegger, Balthasar y Marion al respecto.
Es que ninguno de estos autores acierta con el ser como posibilitador de
apertura y comunión. Todos ellos, de algún modo u otro no trascienden la
dependencia al inmanentismo o a una fenomenología exacerbada. De la misma
forma, no podía faltar en esta obra también una crítica a Nietzsche, como lo
hace constantemente en varias de sus obras, sobre todo por la presentación del
ser de forma reduccionista a la interpretación olvidando que la objetividad
permite y sostiene la posibilidad de conocer el ser. Aquí la filosofía no se
puede ver como un juego lingüístico, o juego de palabras, al modo subjetivo
relativista, sino se trata de una consciencia crítica que busca transformar el
nihilismo contemporáneo. Frente a todo esto, una síntesis sería, en las
palabras del mismo filósofo peruano: “El vaciamiento no es un hecho histórico
singular, sino la condición universal de la existencia”. (p.35) Nuevamente,
para Noe Zevallos la posibilidad es la condición del ser, de similar forma,
para nuestro autor, “…la kenosis es la condición singular del ser”.
(p.35)
Y ahora es válida la pregunta: ¿Entonces, ¿cuál sería
el efecto o alcance de tal renovación fundante de la ontología desde la
kénosis? Gustavo Flores al final postula, con la profundidad y claridad que le
caracteriza, unos horizontes y proyecciones al respecto. En primer lugar, en el
recorrido histórico que hace del ser solo se ha transitado desde lo numinoso
hasta lo logocrático. En cambio, era tiempo de una propuesta ontológica de la kénosis,
me parece interesante y revelador las implicaciones éticas que apertura su
propuesta, pues al vaciarse el ser genera la posibilidad de verdad, justicia y
esperanza, mientras que, acrisolado el ser, no haría más que reducirse a
experiencia individual o egolátrica. Incluso, su alcance es mayor que la de
Aristóteles al considerar la verdad como correspondencia entre pensamiento y
realidad. Aquí el ser se da, se entrega, se abre, y en esta apertura se
posibilita la verdad.
En pocas palabras, esta propuesta se abre en dos
direcciones fundacionales. Primero, en el ámbito de la fe permite el
reconocimiento de una donación originaria como revelación divina. Y segundo, en
el ámbito de la razón, coincido con el autor que la normatividad no depende de
lo que se denomina como preceptos morales o imperativos formales, sino de lo
que está al interior de la estructura propia del ser. El ser no se encuentra
sin sentido o arraigada al nihilismo contemporáneo, sino que es plenitud que
gesta una verdad universal, una justicia radical y una esperanza trascendente.
Son palabras del mismo autor.
Otro alcance importante es la proyección política,
pero de verdadera política, es decir a favor del bien común, ese servicio a la
polis o sociedad. En este sentido, desde la ontología kenótica se fundamenta la
convivencia a base de la apertura y comunión. En pocas palabras, la política no
puede identficarse con una cerrazón como enfermedad de autorreferencia egoísta,
sino debe percibirse como apertura originaria del ser.
Finalmente, el autor va concluyendo su análisis
profundo con la presentación del estilo de vida de San Francisco de Asís al
vivir desde la libertad que no se ancla en la inmanencia, sino que
reconociéndola supera la autonomía cerrada entendida como ese necesitarse solo
a sí mismo. Esto se contrasta con la lucha de poderes que hasta la actualidad
existe. En síntesis, desde la amore mensura, que es otra idea del autor,
que lo había desarrollado antes. Esa medida que es el amor sustenta la pobreza
radical del santo de Asís que desarticula el abandono a la materia y abre el
espacio a la libertad como don que coincide con la característica dinamizadora
del logos.