UNA CRÍTICA Y SU RESPUESTA
CRÍTICA AL COLOFÓN DE FLORES QUELOPANA
Por:
Eduardo Esquerre
Lo primero que llama la atención es el título que
pone a su artículo: “Colofón demonológico sobre la movilidad aérea bíblica”.
De entrada nos damos cuenta que a Gustavo Flores
Quelopana no le interesa el tema puntual en estudio, “IDENTIFICACIÓN CRÍTICA DE
MOVILIDAD AÉREA EN LA BIBLIA”, al que se le ha invitado a opinar, y, por lo
tanto, no asume la responsabilidad de mostrar su acuerdo o desacuerdo puntual
con las cuatro conclusiones con que el autor termina su trabajo. “Se va por las
ramas” dice un dicho popular.
¿Existe o no existe movilidad aérea en la Biblia?
¿Se muestran o no se muestran con claridad las evidencias textuales de que sí
existen, en diversa modalidad en las historias de la Biblia, en las citas
correspondientes? El libro que se estudia es la Biblia, no ningún otro libro
especializado sobre demonios, ovnis o teologías o filosofías interesadas de
Flores Quelopana. Es la Biblia. Si cree que los versículos citados de la Biblia
no dicen lo que dicen, debe honestamente fundamentar, cada caso, puntualmente,
sin evadir hacerlo, escudándose en generalidades no verificables, fuera de
texto. Ejemplo:
“En conjunto,
estas citas muestran cómo la interpretación propuesta absolutiza el sentido
literal frente a la riqueza simbólica, tecnifica los signos bíblicos
transformándolos en vehículos voladores y se desconecta de la tradición
hermenéutica eclesial que ha discernido en ellos manifestaciones de la gloria
divina.”
El autor del libro en comentario no tecnifica nada,
ni tiene algún poder, ¡qué atrevimiento al afirmar eso!, de transformar los
signos bíblicos en vehículos voladores. Los responsables de lo que se dice en
la Biblia son los autores que escribieron sus textos: Mateo, Lucas, Marcos,
Juan, Pedro, Pablo de Tarso, el autor de los Hechos de los Apóstoles, el autor
del Pentateuco, de Números, Isaías, Deuteronomio, Nehemías, Salmos, Ezequiel,
Jeremías, Reyes, Job, Nahum, Zacarías, Habacuc, y Juan, el autor del Apocalipsis. Citamos fielmente lo que escribieron,
literalmente, tal como fue traducido. Consideramos que en la interpretación de
los versículos se debe respetar siempre el sentido literal de lo que escribió
el autor del texto y basar lo alegórico o simbólico sobre aquél sin tratar de
sustituir lo literal por la interpretación alegórica, ocultando lo literal
original. Como decía el padre jesuita Ben-Ezra (citado en las referencias
bibliográficas) “La alegoría es buena
cuando se usa con moderación y sin perjuicio de la letra, la cual se debe
salvar en primer lugar. Asegurada ésta, alegorizad cuanto quisiereis, sacad
figuras, moralidades, conceptos predicables que puedan dar edificación a los
que leyeren, con tal que no se opongan a algún otro lugar de la escritura,
según su propio y natural sentido”.
Se estudia, en el libro que se comenta, el tema de
vehículos voladores en la Biblia, no el tema de los vehículos voladores en el
mundo, sean estos moralmente buenos o malos, angélicos o demoniacos; si se
mencionan a los ovnis son solo una referencia para mostrar el tema principal:
los vehículos voladores en la Biblia.
¿Ha examinado realmente, Flores Quelopana, ¿el
contenido del libro para criticarlo?
Solo comenta aspectos periféricos del mismo: ideas de la introducción y
datos de la bibliografía final. Entre estos dos extremos, un vacío: no hay
comentarios críticos o valorativos, no hay nada.
Sobre los subtemas 1, 2 y 3, del CAPÍTULO I, que
trata sobre la abducción de Jesús, la abducción colectiva del arrebato, y el
comentario detallado de la “nube” bíblica como vehículo volador, ¿qué comenta?
NADA.
Sobre el subtema 4, que trata de nombres de
vehículos voladores en el Perú y el mundo y otros utilizados en la Biblia, ¿qué
opina? NADA.
Sobre el subtema 5, que se ocupa de vehículos
voladores en la Biblia con clave “Gloria”, ¿qué manifiesta? NADA.
Sobre el subtema 6, que examina los vehículos
“Torbellino”, “Caballos de fuego”, “Carros de fuego”, “Carros de Dios”, “Carros
de victoria”, “Bronce refulgente”, “Rollo que vuela”, “Caballo blanco”, ¿qué
dice? NADA.
Sobre el subtema 7, un vehículo volador en el
“comienzo” del mundo, ¿qué analiza? NADA.
Sobre el subtema 8, la gran ciudad voladora que
desciende del cielo, ¿qué aprecia? NADA.
Sobre el CAPÍTULO II, titulado Cualquier semejanza
con la realidad es pura coincidencia, ¿qué compara? NADA.
Sobre el CAPÍTULO III, titulado Actividad psíquica
paranormal en la Biblia similar a la de los ovnis, ¿qué identifica? NADA.
Sobre el CAPÍTULO IV, titulado Conclusiones, ¿qué
discierne? NADA.
En la introducción del libro hemos escrito: “No
olvidemos que mucho más importante que el vehículo es el pasajero o los
pasajeros que lleva el vehículo, por la influencia profunda ejercida en la
humanidad”. Por ello las conclusiones giran en torno a las dignidades y no en
torno a los vehículos que son el tema en análisis.
ESTAS SON LAS CONCLUSIONES DEL LIBRO:
Teniendo en cuenta las
evidencias textuales relatadas en los libros de la Biblia, debidamente citadas
en el capítulo uno y tres de este volumen, para verificación de quien lo desee,
concluimos lo siguiente: PRIMERA CONCLUSIÓN: Presencia de vehículos
voladores al servicio de Jesús. Los vehículos voladores, con diversas
menciones, están presentes en la vida de Jesús en su nacimiento, en el
desarrollo de su vida, en su ascensión y hasta después de su ascensión. En el
Nuevo Testamento se les alude con los términos “Estrella”, “Gloria del Señor”,
“Gloria de Jesús”, “nube”, “nube de luz” y “la nueva Jerusalén” que desciende
del cielo, y la simbólica mención como “Caballo blanco”. SEGUNDA CONCLUSIÓN: Presencia
de vehículos voladores al servicio de Jehová. Los vehículos voladores
tienen una importante presencia en el accionar de Jehová sobre el pueblo de
Israel, en el control que ejerce sobre él, a través de los cuales regula su
vivir y gestiona con ellos las guerras que emprende. En el Antiguo Testamento
se les menciona como “Columna de nube”, “Columna de fuego”, “Nube”,
“Torbellino”, “Carros de fuego”, “Caballos de fuego”, “Bronce refulgente”,
“rollo volador”, “Gloria de Jehová” y con las distinciones alusivas de “Carros
de Dios” y “Carros de victoria”. TERCERA CONCLUSIÓN: Presencia de vehículos
voladores desde tiempos muy remotos sobre el mundo. La Biblia muestra la
presencia de un vehículo volador en el inicio de una etapa de la historia del
planeta tierra, desordenado, vacío y en tinieblas en sus orígenes, sobre el que
sobrevuela con la mención “Espíritu de Dios” (Génesis 1, Vers. 1 y 2). Lo que indica que la presencia de
estos vehículos viajeros es más antigua de lo que pudiéramos imaginar en el
espacio-tiempo del universo. CUARTA
CONCLUSIÓN: Presencia de aspectos parapsicólogicos en la Biblia con diversa
mención. Los vehículos voladores en la Biblia están asociados a hechos que
hoy llamaríamos fenómenos parapsicológicos: clarividencia, visiones, telepatía,
psicofonías, sueños visionarios, recepción de mensajes telepáticos, viaje
astral, a través de los cuales se comunican profecías y órdenes que influyen
profundamente en el psiquismo humano, individual y grupalmente. Parecidos
fenómenos se registran en personas que han contactado con los tripulantes de
determinados ovnis. Sobre el
CAPÍTULO VI, titulado Referencias bibliográficas, ¿Qué especula Flores
Quelopana? Se explaya sobre el tema bibliográfico, como si este fuera lo más
importante del libro y no los temas de fondo al que no les ha dedicado espacio
crítico valorativo alguno, como debió ser, si es que quiere que se le aprecie
como alguien que opina con seriedad y con alguna autoridad de opinión sobre el
contenido principal de un libro y no sobre su información periférica. Un
párrafo ilustrativo de lo que escribe comentando la supuesta “bibliografía” del
libro, dice:
“El análisis
de la bibliografía de Eduardo Paz Esquerre constituye otro indicador de la
orientación sesgada de su obra. La selección de fuentes revela una marcada
omisión de aquellas interpretaciones que no coinciden con su clave literalista
y tecnológica. En lugar de dialogar con la tradición patrística, con la
exégesis alegórica, con la hermenéutica simbólica o con la interpretación
demonológica del fenómeno FANI, su aparato bibliográfico se limita a reforzar
su propia postura, sin abrirse al contraste crítico. “ [¿?] Pareciera que Flores Quelopana no tiene
claro, o circunstancialmente no lo recuerda, cuál es la diferencia entre poner
“Referencias bibliográficas” y poner “Bibliografía” al final de un trabajo de
investigación. “Referencias bibliográficas” significa que los libros que se
listan a continuación de esta denominación, al final de un trabajo, están
referidos, es decir, han sido utilizados como cita, paráfrasis o comentario
dentro de los capítulos desarrollados, para lo cual se indica, en la mención,
el apellido del autor, el año de publicación del libro y el número de página de
donde se ha tomado la referencia, ya sea cita o paráfrasis. Paz, el autor, usa el conocido sistema de
referencias bibliográficas APA, y no tiene por qué mencionar otros libros, así
los hubiera leído, si no están citados en la línea de desarrollo del tema que
está escribiendo.
En “Bibliografía”, en cambio, suelen colocarse,
muchas veces, una gran cantidad de títulos de libros relacionados con el tema,
pero no es garantía de que el autor de un libro siquiera los hubiera leído, si
no los cita. Hay quienes ponen una gran cantidad de autores en “Bibliografía”
sólo para impresionar. Pura vanidad intelectual. No lo estoy haciendo. Lo
siento. No quiero impresionar a Gustavo Flores Quelopana. En mi biblioteca
tengo muchos libros impresos y digitales relacionados con el tema y otros afines,
acumulados desde hace muchos años, más de 50 años, que no me interesa
mencionarlos en una Bibliografía si no los cito. Pero él, si quiere, puede
citar y comentar a los autores que estime conveniente para reforzar su punto de
vista, si considera que el suyo no es suficientemente sólido.
Una cita para finalizar este comentario:
“Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas
cosas? Ellos respondieron: Sí, señor. Él les dijo: por eso todo escriba docto
en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su
tesoro cosas nuevas y cosas viejas”. (Mateo, 13: 51-52).
[Respuesta] Estimado Eduardo:
Agradezco la dedicación con la que has
elaborado tu crítica. Es evidente tu esfuerzo por defender la literalidad de
los textos bíblicos y por subrayar la importancia de las referencias
explícitas. Permíteme, sin embargo, precisar algunos puntos con claridad, pues
considero que tu lectura de mi colofón no refleja con justicia la intención de
mi argumentación.
1.
Sobre el objeto del estudio Mi propósito no fue evadir el tema de la movilidad aérea en la Biblia,
sino situarlo en un horizonte hermenéutico más amplio. La pregunta no es
únicamente si existen “vehículos voladores” en los textos, sino cómo se
interpretan esos signos dentro de la tradición teológica y simbólica.
Reducirlos a un registro técnico o literal es una opción legítima, pero no la
única ni la más fecunda.
2.Sobre la literalidad y la alegoría Coincido contigo en que la letra debe ser
salvada. Pero la tradición cristiana —desde los Padres de la Iglesia hasta la
exégesis contemporánea— ha insistido en que la letra se abre a sentidos
espirituales y simbólicos. No se trata de “ocultar lo literal”, sino de
reconocer que la Escritura, como Palabra viva, desborda la mera descripción
material.
3.Sobre la acusación de vacíos Dices que no he comentado los subtemas de tu
libro. En realidad, mi crítica se dirigió a la clave interpretativa que los
atraviesa: la absolutización del sentido literal y la tecnificación de los
signos. No era necesario repetir cada capítulo para señalar que el problema
está en el método. Mi silencio sobre cada subtema no es desinterés, sino
concentración en lo que considero el núcleo del debate.
4.Sobre las referencias bibliográficas No cuestioné tu uso del sistema APA, sino la
orientación de las fuentes. Señalé que tu aparato crítico refuerza tu postura
sin dialogar con otras tradiciones hermenéuticas. Esto no es un reproche
técnico, sino metodológico: toda investigación se enriquece cuando se abre al
contraste.
5.Sobre la teología de la participación La diferencia entre tu enfoque y el mío es
clara: tú defiendes que la literalidad basta para afirmar la existencia de
vehículos voladores en la Biblia; yo sostengo que esos signos deben leerse como
manifestaciones de la gloria divina, en continuidad con la tradición simbólica.
No niego tu derecho a la literalidad, pero sí advierto que esa opción corre el
riesgo de empobrecer la riqueza del texto.
En conclusión: mi crítica no pretendió
descalificar tu trabajo, sino invitar a un diálogo más profundo sobre la
hermenéutica bíblica. La caridad exige reconocer tu esfuerzo y tu convicción;
la claridad exige señalar que la interpretación no puede reducirse a la letra
sin abrirse al símbolo.
En
una palabra, el núcleo de tu libro no está en las conclusiones que presentas,
sino en el método literalista que empleas para desentrañar el
sentido de las Escrituras. Ese método, además de ser reductivo, resulta abortivo,
porque interrumpe la riqueza simbólica y espiritual del texto sagrado,
impidiendo que se despliegue su sentido pleno en continuidad con la tradición
hermenéutica. No es que ignore tus conclusiones, sino que considero que ellas
derivan de ese presupuesto equivocado: la reducción del texto bíblico a un
registro técnico-material, cuando su verdadera fecundidad exige apertura al
símbolo y a la trascendencia.
Con estima y respeto
G.F.Q.