Veía suficiente reconocer la propia nada, abandonarse como niño y confiar en Dios.
Se le increpó que su espiritualidad era sentimental e inmadura, pero sus defensores aducen que desarrolló un enfoque espiritual adaptable a la vida cotidiana y entendible por todos.
Anteponer la misericordia divina ayuda a entender que Dios llega a los más débiles, pequeños y limitados. La confianza nos conduce al amor de Dios. "Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a ese fuego divino: ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en los brazos de su Padre", nos dice.
Se anticipó al Concilio Vaticano II que proclamó que todos estamos llamados a la santidad. Santidad no es búsqueda de perfección personal, "es amar como Dios nos amó". Con escasos 24 años dejó una gran devoción en el mundo.
"Lo único nuestro es el pecado. Todo lo positivo es un don de Dios. Podemos amar como Jesús" T. L.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.