lunes, 24 de agosto de 2026

La campana de cristal de López Soria

 


La campana de cristal de López Soria

¿Es posible analizar la anatomía de la alienación moderna ignorando los andamios de los totalitarismos que moldearon el siglo XX? ¿Puede un concepto filosófico sobrevivir al escrutinio del tiempo si se le confina en un laboratorio hermético, blindado contra los embates de la historia y las mutaciones de su propia matriz teórica? Más aún, ¿qué clase de pulsión exegética empuja a un intelectual latinoamericano a escribir sobre la cosificación a partir de un texto de 1923, fingiendo que las décadas posteriores —con sus tanques en Budapest, sus primaveras trituradas en Praga y sus desgarros dictatoriales en el Sur— jamás ocurrieron?
¿Es la monografía filosófica un ejercicio de desvelamiento radical o, por el contrario, un refugio monacal donde la fidelidad al dogma sustituye a la confrontación con lo real? Estas interrogantes no son meros adornos retóricos; constituyen el umbral inevitable para abordar La categoría de cosificación en Lukács de José Ignacio López Soria. La obra se presenta con las credenciales de un análisis exhaustivo y sistemático: una estructura tripartita que rastrea pacientemente la genealogía, despliega la mecánica y defiende la vigencia del andamiaje conceptual que György Lukács erigió en su célebre Historia y conciencia de clase. Sin embargo, detrás de la pulcritud de su prosa académica y de la precisión de su reconstrucción filológica, se percibe una atmósfera enrarecida. 
El estudio de López Soria produce la incómoda y fuerte impresión de haber sido redactado dentro de una campana de cristal ideológica. Un espacio pulcro donde el concepto de cosificación se conserva intacto, puro y fundamentalmente incontaminado por el aire de la autocrítica, replicando, acaso de manera inconsciente, los rígidos esquemas de la escolástica soviética.
Para comprender la dimensión del desfase, es justo restituir primero el núcleo de la argumentación de López Soria. Sostenemos que la cosificación es el proceso central y vertebrador de la experiencia capitalista. A través de una lectura minuciosa de Lukács, en las páginas de este ensayo se expone cómo la universalización de la forma-mercancía penetra hasta los capilares más profundos de la vida social. No se trata de un simple fenómeno económico de intercambio, sino de una mutación ontológica donde las relaciones entre seres humanos pierden su carácter intersubjetivo, directo y comunitario, para transformarse en relaciones impersonales entre objetos comercializables. El sujeto, despojado de su capacidad de agencia y de su autonomía, queda reducido a una mera cosa, un engranaje calculable y mecanizado dentro del gran autómata de la producción de valor.
López Soria organiza este despliegue en tres estaciones teóricas que abarcan la delimitación conceptual de la cosificación basada en el fetichismo de la mercancía de Marx, el examen del impacto subjetivo de esta fragmentación en la conciencia del trabajador, y una reivindicación del potencial de este marco interpretativo para evaluar las patologías del presente. La reconstrucción es impecable en términos de fidelidad textual. El autor opera como un devoto exegeta que desentraña el misterio del enigma de la estructura de la mercancía tal como el pensador húngaro lo formuló originalmente. El problema, sin embargo, no radica en lo que el libro muestra con tanto esmero, sino en lo que decide callar con sospechosa tenacidad.
La gran limitación que atraviesa el estudio de López Soria es su absoluta falta de distancia crítica respecto a Lukács. Al asumir los presupuestos de Historia y conciencia de clase de forma casi axiomática, heredamos el punto ciego original de la obra de 1923: la ingenua convicción de que la cosificación es un subproducto exclusivo y unívoco del capitalismo de mercado. Hay una ironía trágica en este reduccionismo. Al equiparar el origen de la alienación únicamente con la propiedad privada y el libre juego mercantil, tanto el Lukács primitivo como su comentarista peruano se vuelven ciegos ante un hecho histórico contundente, pues el comunismo burocrático de tipo soviético no eliminó la cosificación; la nacionalizó, la centralizó y la elevó a la categoría de política de Estado. 
En los regímenes del socialismo real, el trabajador no dejó de ser un engranaje subordinado a una maquinaria ajena. La abolición formal de la burguesía no disolvió la parcelación abstracta y racionalizada del trabajo humano, sino que simplemente sustituyó al gerente de la corporación privada por el planificador del Partido Único. La vida cotidiana del ciudadano soviético, lejos de recuperar la transparencia comunitaria prometida, quedó sometida a una rigidez burocrática sin precedentes. El ser humano fue transformado, una vez más, en una cifra estadística, en un objeto administrable por la planificación centralizada del Plan Quinquenal. Al omitir que la centralización extrema de las decisiones y la pérdida total de la individualidad florecieron con alarmante vigor en el bloque del Este, la monografía de López Soria deja de operar como una crítica de la enajenación social para convertirse en una apología por omisión de las estructuras totalitarias.
El anacronismo metodológico de la obra se profundiza de manera insalvable cuando constatamos que López Soria no confronta la categoría de cosificación con los decisivos desarrollos de la Escuela de Frankfurt. Resulta intelectualmente incomprensible defender la vigencia de Lukács clausurando los debates teóricos que sus propios continuadores lógicos entablaron a partir de la década de 1930. Al ignorar la transición hacia el pensamiento de Max Horkheimer, Theodor W. Adorno o, posteriormente, Jürgen Habermas y Axel Honneth, la monografía de López Soria pierde de vista las transformaciones más agudas del concepto. 
Si bien Lukács en 1923 se enfocaba estrictamente en la mercancía capitalista, López Soria omite cómo la Escuela de Frankfurt extendió esto hacia una crítica a la razón instrumental que afectaba tanto al capitalismo como al comunismo, y cómo la disidencia del grupo de la revista Praxis construyó una crítica al fetichismo del Estado soviético. En Dialéctica de la Ilustración, Adorno y Horkheimer demostraron que la cosificación de la sociedad moderna no dependía exclusivamente de las fluctuaciones de la bolsa de valores o de la propiedad de las fábricas. La técnica, la ciencia aplicada a la administración de los hombres y la racionalidad instrumental orientada al control de la naturaleza y de la sociedad constituían un principio de dominación en sí mismo. Esta racionalidad burocrática operaba con igual deshumanización tanto en el capitalismo corporativo norteamericano como en el totalitarismo estatal estalinista. Al quedarse atrapado en el espacio físico de la fábrica del siglo XIX, López Soria no advierte cómo la cosificación mutó hacia las esferas del ocio, el consumo masivo y la cultura. No analiza cómo el aparato cultural coloniza la subjetividad de los individuos, convirtiendo sus deseos más íntimos en productos empaquetados. 
La obra permanece ajena a la reformulación de Habermas —donde la cosificación se entiende como la colonización del mundo de la vida por los subsistemas político y económico— y a la teoría de Axel Honneth, quien redefine la cosificación como el olvido sistemático del reconocimiento intersubjetivo previo. Evitar estos debates condena a la monografía a comportarse como un fósil teórico: impecable en su preservación, pero inútil para morder la complejidad de las dinámicas de dominación contemporáneas.
¿Por qué este empeño en mantener las categorías lukácsianas a salvo de la historia y de la crítica dialéctica? Es aquí donde emerge, con la fuerza de un síntoma, la filiación de López Soria con los esquemas de la escolástica soviética. Durante décadas, el materialismo dialéctico oficial de la Unión Soviética (el dogmático Diamat) operó mediante un método exegético muy preciso que consistía en aislar los textos sagrados, decretar que el origen del mal social residía única y exclusivamente en el enemigo exterior (el capitalismo) e inmunizar las estructuras propias contra cualquier sospecha de alienación interna. 
López Soria reproduce esta estructura mental al tratar el texto de Lukács como un cuerpo dogmático cerrado. Al blindar la categoría de la cosificación de las mutaciones políticas del estalinismo, el autor actúa bajo el viejo manual de la ortodoxia: si la teoría dice que la cosificación solo brota de la mercancía privada, la opresión ejercida por un Estado sin propiedad privada no puede llamarse cosificación. Se trata de una argucia semántica que sacrifica la experiencia empírica de millones de seres humanos en el altar de la coherencia de los textos. Es la sustitución de la dialéctica viva por el catecismo filosófico.
El carácter insular del texto resulta doblemente agravado si se considera el contexto de su producción y el panorama de la filosofía marxista global de la segunda mitad del siglo XX. López Soria decide ignorar dos frentes de debate indispensables que habrían enriquecido —o demolido— su mirada exegética. Por un lado, se encuentra la mutación del concepto frente al estalinismo europeo. Mientras la ortodoxia callaba, una pléyade de intelectuales en Europa continental se vio obligada a reformular con urgencia la teoría de la alienación para dar cuenta del horror burocrático. Encontramos aquí al propio Lukács de 1967; en el famoso prólogo a la reedición de su obra, el propio György Lukács revisó críticamente sus posiciones juveniles, advirtiendo los peligros del mesianismo proletario y el reduccionismo económico que poblaban sus páginas de 1923. 
López Soria parece ser más lukácsiano que el propio Lukács maduro, ignorando las advertencias de su propio mentor. Asimismo, nos topamos con el humanismo marxista de la Escuela de la Praxis; pensadores yugoslavos como Gajo Petrović y Milan Kangrga, u teóricos franceses como Henri Lefebvre, acuñaron la categoría del fetichismo del Estado, demostrando de forma rigurosa que las instituciones que debían encarnar la emancipación del hombre se habían independizado de la sociedad, convirtiéndose en fuerzas ciegas, opresivas y profundamente cosificadoras. 
Tampoco podemos olvidar a Karel Kosík y su Dialéctica de lo concreto de 1963; desde el corazón de la Checoslovaquia socialista, Kosík denunció el mundo del pseudoconcreto, que implicaba la alienación de la rutina burocrática y de la manipulación ideológica ejercida por el aparato estatal estalinista, sentando las bases críticas de la Primavera de Praga. Por otro lado, presenciamos la insularidad de López Soria en su desatención a las tradiciones críticas de su propio suelo geográfico y cultural, donde diversos intelectuales latinoamericanos contemporáneos demostraron que era perfectamente posible adoptar un marxismo creativo, riguroso y profundamente distanciado de las recetas de Moscú o de los manuales del dogmatismo. Recordamos a José Carlos Mariátegui, el pionero que definió el marxismo regional como una creación heroica, integrando las especificidades comunitarias indígenas y rechazando el calco y copia de los dogmas europeos. 
Nos detenemos también en Adolfo Sánchez Vázquez, quien en su obra fundacional Filosofía de la praxis combatió el determinismo económico del Diamat soviético para restituir al sujeto humano su capacidad creadora, libre y transformadora. Observamos a Bolívar Echeverría, quien desarrolló la crítica de la forma-mercancía a través del concepto del ethos barroco, desmarcando su propuesta crítica tanto del capitalismo global como de la rigidez burocrática estatal. Finalmente, recuperamos a los teóricos de la dependencia, como Ruy Mauro Marini y Theotônio dos Santos, quienes desafiaron las etapas mecánicas del desarrollo histórico dictadas por la escolástica soviética para pensar las asimetrías reales del mercado mundial desde la periferia. Al ignorar estas vertientes vivas y continentales, la monografía de López Soria renuncia deliberadamente a dialogar con la heterodoxia y se encierra en una torre de marfil eurocéntrica y formalista.
Llegamos así a conclusiones contundentes que es necesario asentar con firmeza. La monografía de José Ignacio López Soria sobre la cosificación en Lukács constituye un ejercicio de anacronismo intelectual voluntario. Al blindar el texto de 1923 frente a las lecciones históricas del siglo XX, reduce la potencia de la crítica de la alienación a una estéril exégesis de manual. El estudio padece de un reduccionismo ideológico severo, puesto que al sostener que la cosificación es patrimonio exclusivo de la economía de mercado, se vuelve incapaz de identificar los mecanismos deshumanizantes y fetichistas que se institucionalizaron bajo el amparo de la burocracia estatal estalinista. 
La omisión deliberada de los debates de la Escuela de Frankfurt y de las corrientes del marxismo heterodoxo latinoamericano delata una adscripción metodológica a los vicios de la escolástica soviética, caracterizada por tratar la teoría como un dogma autoinmune a la historia. Aunque los esfuerzos tardíos del autor por actualizar sus premisas hacia el capitalismo digital representen un intento de rescate conceptual, el vacío original de su análisis sobre el totalitarismo estatal permanece como una mancha ciega insalvable en la cartografía de su pensamiento crítico originario. El libro queda, pues, como el testimonio de un pensamiento bajo campana de cristal: impecablemente resguardado del polvo exterior, pero trágicamente desprovisto de oxígeno.
Bibliografía
Adorno, T. W., y Horkheimer, M. (1998). Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos. Editorial Trotta.
Echeverría, B. (1998). Valor de uso y utopía. Editorial Siglo XXI.
Honneth, A. (2007). Reificación: Un estudio de la teoría del reconocimiento. Editorial Katz.
Kosík, K. (1967). Dialéctica de lo concreto: Estudio sobre los problemas del hombre y el mundo. Editorial Grijalbo.
López Soria, J. I. (2021). El joven Lukács: Filosofía, literatura y política. Editorial Ande.
López Soria, J. I. (2024). La categoría de cosificación en Lukács. Editorial Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos / EDUNI.
Lukács, G. (2021). Historia y conciencia de clase: Estudios sobre dialéctica marxista. (M. Sacristán, Trad.). Editorial Siglo XXI Editores.
Mariátegui, J. C. (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Minerva.
Sánchez Vázquez, A. (2003). Filosofía de la praxis. Editorial Siglo XXI Editores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.