lunes, 4 de noviembre de 2024

La Metafísica de la luz. Claves del primer filósofo mestizo Inca Garcilaso de la Vega

 


Reseña a 

La Metafísica de la luz. Claves del primer filósofo mestizo Inca Garcilaso de la Vega

de 

Gustavo Flores Quelopana

Luis Enrique Alvizuri,

24 de setiembre del 2005.

 

Quisiera iniciar mi comentario con una figura metafórica. Dicen que el hombre andino es como el cóndor, que cuando empieza a bajar hacia la costa se lo va viendo cada vez más pequeño, hasta el punto que pareciera que va a desaparecer; pero, cuando ya casi no se lo ve, su figura vuelve a crecer lentamente mientras sube hacia el lugar de donde partió.

 

Esta bella figura quizá ilustra aquello que algunos creemos que es lo que está sucediendo hoy en día en el mundo andino. Muchos pensaban que estaba muerto, que había sido desaparecido por efecto de la invasión occidental, que solo sobrevivían sus restos en forma de arqueología, antropología, etnología o folclor. Pero cuando pensábamos estar ante un cadáver, resulta que, como en el poema Masa de Vallejo, ante el clamor de todos los que lo amamos, éste se levanta y empieza a andar. Y qué mayor prueba de ese caminar que la obra profunda y académica de Gustavo Flores Quelopana La metafísica de la Luz, claves del primer filósofo mestizo Inca Garcilaso de la Vega.

 

Flores Quelopana, un pensador salido de las canteras tradicionales de la filosofía occidental, impartida en nuestras parametradas instituciones de enseñanza, ha dado el salto cualitativo que pocos se atreven a dar por temor a ser considerados poco duchos, o resentidos, o desviados, sino subversivos. Ha puesto su mirada en un mundo por siempre visto como inferior, atrasado, salvaje, ignorante, incapaz ¾y todos los epítetos que el lenguaje castellano nos pueda dar¾ pero no con la intención de lucrar con la fama que las miradas antropológicas de laboratorio suelen dar a quienes se dedican a esta “curiosidad del pasado”, sino con el objetivo rebelde de no aceptar la ceguera intencionada, arrastrada desde la conquista, de no querer ver lo que es obvio: que el mundo andino era y es una civilización superior, viva y renaciente, con sus propios valores, sus estructuras y su forma de ser y de pensar.

 

¿Y de qué manera patentiza ese interés para algunos descabellado? Pues poniendo sus ojos en aquel que, a su entender, viene a ser el primer filósofo mestizo ¾que nosotros llamamos andino¾ como lo fue Gómez Suárez de Figueroa, más conocido como el Inca Garcilaso de la Vega. Flores Quelopana, sin temor de aplicar los instrumentos provenientes de distintas canteras del pensamiento universal, y con el único objetivo de llegar a la luz de la verdad, nos demuestra que nuestro ilustre antepasado no solo era, como siempre se ha pensado, un simple relator o cronista, un narrador de historias de su pasado con el fin de distraer o de exaltar su origen real, para así ser considerado alguien de alcurnia en una Europa aristocrática, sino que era en verdad un filósofo.

 

¿Por qué? Porque sencillamente solo un filósofo podría atreverse a abordar con éxito la traducción de un libro de filosofía del latín al castellano. Nos referimos a la obra Diálogos de amor de León Hebreo. ¿Creemos acaso que es una empresa fácil? ¿Podría alguien que no conoce la especialidad osar hacer dicha tarea? Eso, como todos sabemos, no ocurre en ningún caso ni en ningún campo. Por eso Flores Quelopana, conocedor de lo que es la filosofía en su sentido estricto, detecta esta gran omisión. He aquí entonces una de los primeros méritos de la obra en cuestión: hacerle ver a los andinos que nuestro primer filósofo contemporáneo fue el Inca Garcilaso de la Vega, quien no en vano se cambió el nombre puesto que así se sentía, un Inca, un ser que formaba parte de un mundo que no podía negar, a diferencia de la mayoría de los actuales que intentan por todos los medios rechazar su origen y asimilarse a Occidente de cualquier manera. Pero Garcilaso no solo reconocía públicamente su cuna en un medio donde ello podía significarle una desventaja, o sea, admitir que era proveniente de una supuesta raza inferior ¾al decir de la mayoría de los europeos¾ sino que también se reconocía como parte de Occidente, a través, no solo de su sangre, sino de la religión. Fue en esto donde Garcilaso encontró la piedra de toque para elaborar su genial y anticipatoria teoría: el hecho que ambas civilizaciones, la occidental y la andina, tenían como máxima sublimación de la fe y el pensamiento a la figura de la luz.

 

Garcilaso no solo es un historiador o un escritor humanista, sino que es el primer filósofo neoplatónico peruano, pero cuya obra escrita se articula ¾y esto no fue advertido¾ por medio de una metafísica de la Luz, que concibe a Dios como una realidad superior privilegiada y que le sirve de fundamento para su interpretación histórica: providencialismo neoantropocéntrico. Pág. 182.

 

En el caso de Occidente, esto se manifestaba a través de una importante cantidad de referencias que vinculaban a Dios y a toda manifestación de lo divino con la luz, la luz divina, la luz que ilumina a los hombres y que les entrega la revelación. Innumerables pasajes bíblicos y evangélicos nos relatan acontecimientos donde es la luz la portadora del espíritu divino. Igualmente, en el caso de la civilización andina; para Garcilaso la adoración al sol, como punto principal de donde parte la luz, es una demostración clara de que los andinos reconocían la divinidad de la misma, no en su forma material, como la luz del día, sino en su aspecto sublimado, espiritualizada, que desempeña un papel primordial en la vida de todos los seres de la naturaleza.

 

Pues la divinidad solar incaica representa un acercamiento de la noción de sabiduría a la de la luz o conocimiento perfecto de lo divino. La teología incaica está transida por una metafísica pagana de la Luz que sirvió de hilo conductor a Garcilaso para compenetrarse con la teología de la Luz del cristianismo católico. Pág. 165.

 

Esta es para Garcilaso la conexión y la demostración de que Dios está en estos dos mundos y por eso, y a aquí viene el planteamiento revolucionario ¾aun para nuestra época¾ es que plantea la idea de que el mundo andino posee la suficiente madurez y capacidad para autogobernarse a sí mismo, ya que tiene la revelación divina sin haber conocido siquiera la religión cristiana; pero habiéndola conocido, no había entonces necesidad de una dominación ni de una colonización, sino solo el reconocimiento de que la obra de Dios se había extendido hacia el nuevo mundo. Garcilaso quería decirles a los españoles, en especial a sus gobernantes, que dejaran a los andinos como independientes en su gobierno ¾demostradamente efectivo, como relató en sus Comentarios reales¾ puesto que eran parte del plan de Dios, que estaba por encima de los de los hombres.

 

Por ello el providencialismo renacentista de Garcilaso era neoantropocéntrico y eurocéntrico, es decir, el hombre peruano, ¾sin perder el vínculo con lo divino ¾bautizado en la fe cristiana¾ estaba en incomparables condiciones para construir con autonomía de los españoles e Imperio Universal Cristiano. Pág. 80.

 

Como vemos, esta estrategia conceptual garcilasiana era sumamente elaborada, inteligente y astuta, pero peligrosa; tanto así que, muchos años después, a consecuencia de la rebelión de Túpac Amaru, fue prohibida su obra. Y decimos peligrosa porque debemos considerar que el ambiente en el cual vivía no era propicio a ver en los recién conquistados unos iguales, sino más bien instrumentos de creación de riqueza. Si Garcilaso no hubiese empleado la sutileza en el escribir para decir cosas que parecen pero que en el fondo son ¾sin incomodar a la mayoría de los que leían su obra¾, si hubiera dicho directamente lo que pensaba y creía, es muy probable que hubiese terminado en la cárcel o tal vez en la horca por subversivo o hereje.

 

Y la encontró creando un nuevo género de expresión filosófica: el comentario histórico, en el que se permite deslizar conceptos sobre la naturaleza de lo histórico (plan providencial de Dios) estrechamente unido a lo que acontecía en el Perú. Pág. 82.

 

Estamos entonces, gracias a la obra de Flores Quelopana, ante un nuevo Garcilaso; un filósofo rebelde que se siente andino y no reniega de ello, y que quiere, con un atrevimiento singular, enmendarle la plana a España y a su política de colonización diciéndole que debe dejar libres a los habitantes del nuevo mundo porque ellos tienen el derecho divino y la capacidad para autogobernarse y seguir, por su propio camino, las grandes disposiciones de Dios.

 

Nuestro provecto escritor asimiló lentamente el panorama intelectual de Occidente no sin tomar postura; por el contrario, fue una asimilación crítica. De ahí su decisión de entregar sus fuerzas a una obra aparentemente histórica pero que se encontraba basada en sólidos fundamentos filosóficos-metafísicos que demostraban que la luz de Dios llegaba a los peruanos para un designio que haga honor a su ilustre historia. Pág. 84.

 

Esto no se ha vuelto a plantear hasta nuestra época. El enfoque de Garcilaso es sorprendentemente actual puesto que él ya se concebía a sí mismo, no como un indígena, no como un nativo puro ¾tal como no lo son actualmente el noventa por ciento de nuestra población andina¾ sino como integrante de una realidad distinta, de una sociedad que a partir de allí debería admitir el hecho histórico contundente: la presencia de Occidente como un nuevo factor que conformará la esencia de lo andino. Démonos cuenta que Garcilaso no planteó el retorno al Imperio de los Incas. No clamó porque todo volviese al lugar en que estaba antes de la llegada de Pizarro. Como filósofo que era, formado en renombradas escuelas europeas y con maestros de prestigio, sabía que hechos de esa naturaleza son irreversibles, tal como la llegada de los Incas al valle de Urubamba, erradicando y dominando a sus anteriores habitantes. Lo que Garcilaso avizoró fue que solo mediante nuevas estructuras mentales podemos encontrar el punto de equilibrio para poder vivir con dignidad, sin ignorar que estamos en un mundo multivalente, formado por muchos seres distintos y de diferente potencialidad. Garcilaso es un revolucionario, insistimos, porque es un independentista, porque fue el primero en elaborar un proyecto civilizatorio para el mundo andino sin ignorar la presencia y los aportes de Occidente.

 

Él no pensaba que el mundo andino debía ser una cola dependiente de Europa; él veía al nuevo mundo lo suficientemente maduro y capaz de decidir su destino. Quiere decir que tomó partido, pero no por lo que más le convenía, que era convertirse en un europeo más ignorando su origen ¾cosa que demostró no serle difícil¾ sino por ser un andino, un nuevo representante de esa nueva realidad que se venía conformando.

 

Como Atenágoras, Taciano y Orígenes lo hicieron respecto a las doctrinas de Platón y Aristóteles Garcilaso se convierte en un apologeta prolongado haciendo lo mismo con la doctrina religiosa, moral y política incaica. Pág. 93.

 

Existen muchos méritos más en la obra de Gustavo Flores Quelopana, pero quizá el más importante sea éste: el de darnos a conocer el primer intento por resolver el drama de la conquista sin renunciar a ser lo que somos. Porque tanto para Garcilaso como para nosotros, está claro que nunca llegaremos a ser europeos, norteamericanos ni occidentales: seremos andinos querámoslo o no; con piel marrón, negra o blanca; con quechua, castellano o aimara; viviendo en la sierra, en la selva o en la costa. Seguiremos siendo andinos muy a nuestro pesar. Pero para que ello no nos pese, Garcilaso ideó ya el primer proyecto andino pos hispánico: la revalorización de nuestra cultura, de nuestras propias capacidades y de nuestros propios valores. Garcilaso le dijo al mundo que los andinos eran lo suficientemente capaces de gobernarse y de ser. Siguiendo entonces esa huella de luz, a la que se suman ilustres voces como las de Mariátegui y su creación heroica, debemos asumirnos ya como una nueva identidad, con capacidad para conformar nuestro mundo a nuestra manera. Creemos que la obra de Flores Quelopana nos deja principalmente ese mensaje:

 

Pero lo que se debe hacer en cada verdadera obra maestra es tratar de aprisionar su espíritu, lo único que en verdad resume su propósito fundamental y sobrevive a lo largo de los siglos en los repliegues de la intrahistoria. Pág. 79

 

Se me quedan otros elementos de juicio más en el tintero; como, por ejemplo, la propuesta del autor de demostrar que Pachacámac es la clave para entender que los andinos desarrollaron el pensamiento abstracto al más alto nivel, pues concebían a un dios como una entidad por encima de los intereses humanos;

 

Por último, en la intención de los indios de dar el nombre Pachacámac al sumo Dios que da vida y ser al Universo es posible rotular lo consecutivo: 1. La presencia de un conocimiento de la naturaleza de Dios como la vida misma, pero no como Persona divina 2. La admisión de que la existencia y los atributos de Dios son naturalmente cognoscibles, ello no significa que Dios sea conocido en sí mismo. 3. Vivificación como actividad pura o fecunda que está frente a una materia preexistente a la cual anima. 4. Su comunicación vital es un bien a la criatura, como semejanza de irradiación de la luz divina. 5. Guarda una correspondencia, como divinidad de la vida, con la Persona del amor, es decir, con la Persona del Espíritu Santo que tiene que ver con la fecundidad del amor divino. Pág. 112.

 

Sin embargo, será con el dios Pachacámac incaico donde éste se presenta ya no como una divinidad astral, ni como una divinidad agrícola, ni como una divinidad subterránea, sino que está sobre todas las demás deidades, es el dispensador de la vida del Universo, parecido al aperion o lo indeterminado de Anaximandro o al logos de Heráclito, no es un principio físico o material cósmico, como en los milesios llamados por Aristóteles los filósofos físicos, es un principio inmaterial, benéfico, desconocido, carente de representación (y esto es una reveladora diferencia con al imagen tiahaunaquense) sin sacrificios ni residencia espacial, su ubicuidad solo encuentra límite en la materia preexistente a la cual anima, todo lo cual señala un grado de espiritualización más elevado, de mayor abstracción y complejización, desconocida hasta entonces en el pensamiento andino. Pág. 117.

 

También el proponer que el pensamiento andino no es como el occidental, que se basa en el uso y ejercicio de la razón, sino que interviene el componente mítico como factor determinante, sin lo cual el andino no puede llegar a establecer conjeturas correctas, válidas para su mundo.

 

El hombre prehispánico no es un hombre que se plantee solo vivir con el uso de la pura inteligencia, instaurando¾como en los griegos¾ una pura fe en la razón, sino que, por el contrario, no pierde contacto con lo numinoso y desrealizador del pensamiento metafórico. Su horizonte mental no es el imperio logocrático del concepto, muy propio de la civilización occidental, sino el imperio mitocrático del plurisigno. Su actitud filosófica no vive sujeta al principio lógico de identidad sino como en Heráclito y Pitágoras, por ejemplo, se mueve en la no-identidad, en la armonía de los contrarios. Por lo que sus características, como discursiva, explicativa y racional, no serán enteramente lógicas, y tendrán mucho de poéticas, que, a fin de cuentas, es otro modo de tener contacto con la realidad. Aquí no se da un racionalismo que reduzca el conocimiento a la razón, antes bien, la vida prehispánica está rodeada de misterio, enigma alteridad y contradicción. La piedad no será en ella una virtud del hombre, es más bien una relación viva del hombre con lo sagrado. Pág. 125.

 

Con esto Flores nos trata de decir que, como ya sabemos, el ser humano no es todo razón, sino una suma de factores como los sentimientos, las creencias, las pasiones, los deseos, etc., lo cual se demuestra fácilmente si pensamos que la mayoría de las personas vivimos casi siempre sin emplear el juicio, lamentablemente.

 

La filosofía de la metáfora es la que vive el traspaso de lo conceptual a lo metafórico y la filosofía occidental es la que traspaso lo metafórico a lo conceptual. La filosofía mitocrática es la que pone el acento en el plurisigno de la metáfora que desrealiza lo real, vive en la no-identidad, reside en la armonía de los contrarios, su lenguaje¾en el que están tanto el logos y el mythos ¾ prioriza en grado superior a las metáforas que a las conceptualizaciones. Pág. 132.

 

Conjuntamente, utilizando la clasificación de Walter Schubart, no hay en ella un ascetismo que anhele la huida del mundo como la hindú, ni un sentido armónico de contemplación como la China, ni un sentido heroico de dominio del mundo como la occidental, ni un sentido revelado y mesiánico de alcanzar el Reino de Dios como la hebrea, sino un sentido vivificador, no revelado, que busca divinizar el mundo y la historia. Finalmente, al hablar sobre el sentido del filosofar prehispánico estamos haciéndolo sobre lo que lo distingue respecto del filosofar occidental: su sentido mitocrático ¾tradición religiosa como base principal de su reflexionar filosófico¾ frente al sentido logocrático de Occidente ¾la pura razón teórica como base del pensar filosófico, atención al empirismo circundante y el desarrollo de la idea de ciencia como infinidad de tareas. Pág. 176.

 

En fin, Garcilaso al final del siglo XVI se encontró en el Perú con un filosofar que estaba unido a la teología y religión, lo que percibió como una base común entre los filósofos del incario, no sin dejar de señalar sus diferencias. Las diferencias serán más culturales y espirituales que propiamente filosóficas entre los distintos orbes civilizacionales. Pág. 179.

 

La obra la Metafísica de la Luz de Gustavo Flores Quelopana es un punto referencial importante para todos aquellos que quieran abordar con seriedad el fenómeno andino desde una perspectiva filosófica. En mi opinión personal, abre la puerta a toda una serie de conjeturas sobre este controvertido tema. Y una obra se hace importante, no solo por lo que dice, sino por aquello de bueno es capaz de generar.

Los Amautas Filósofos

 


Reseña a

Los Amautas Filósofos

Un ensayo de filosofía prehispánica

de Gustavo Flores Quelopana,

Luis Enrique Alvizuri

Los amautas filósofos es un libro insólito, nuestro prolífico autor ya nos había sorprendido anteriormente con otro texto no menos especial, como fue el de La metafísica de la luz en el Inca Garcilaso, un tratado de contenido sorprendente que expone a nuestro ilustre mestizo como el primer filósofo de la historia moderna del Perú. Pero en Los amautas se retrotrae la indagación filosófica hacia más atrás, se pregunta por qué el Inca Garcilaso llamó a los amautas “filósofos” y la respuesta cree hallarlo en la traducción garcilasiana de la palabra “Pachacamac”. Los dos ensayos reunidos en esta obra, y que fueron primitivamente ponencias en el último congreso nacional de filosofía realizado en el Cusco, encuentran su punto de inflexión en la teología de Pachacamac.

Según Flores, la clave hermenéutica para comprender la razón que tuvo el Inca Garcilaso para llamar a los amautas filósofos se halla en la cerrada defensa que hizo de la traducción de la palabra Pachacamac como “animador” en vez de “creador”, todo lo contrario de la intención cristianizante, aunque distorsionada, de la mayoría de cronistas españoles e indios.

A partir de aquí Flores emprende la tarea de extraer todas las consecuencias implícitas en la afirmación garcilasiana, asumida como auténtica debido a que se trata de la única aseveración que defiende el verdadero sentido y significación de la traducción quechua. Los amautas fueron platicantes de cosas sutiles, tomados con la máxima consideración por el Inca, su figura humana correspondía a la del sabio que indagaba tanto los asuntos prácticos como teóricos, pero en lo teórico tuvieron como saber supremo al conocimiento religioso.

Ahora bien, Pachacamac no es creador del mundo sino animador, no hace el mundo, pero da vida al universo. Esto supone cuestionar que los antiguos peruanos conocieron la concepción cristiana de la creación ex nihilo, pues el dios Pachacamac es fuerza y vida incesante que transforma, pero no forma a plenitud la cosa, su dación de vida es sobre una realidad preexistente, no hay auténtica creación ex nihilo, lo que hay es una ordenación desde una nada que es algo en sentido privativo o negativo. El ser o mundo universo adviene a la vida no desde una nada absoluta, como en el cristianismo, sino desde una nada que es algo. El mundo o la Pacha no surgen en consecuencia por un acto de pura y radical creación de Pachacamac. Mas aun, Pachacamac o el dios vivificador y la Pacha o el mundo informe son eternos y la ordenación metafísica impide una identificación radical entre dios y el mundo. Por eso, lo que en realidad eternamente existe es una dualidad metafísica en la mentalidad inca. Este dualismo tripartito inca impide hablar de un panteísmo, que es consecuencia de un monismo. No hay coincidencia ni con el panteísmo ateo, que identifica dios y mundo, ni con el panteísmo acosmista, donde dios es la realidad y el mundo su emanación. La teología inca no se resuelve en un panteísmo sino en un henoteísmo, donde lo divino prevalece desde una base dualista que no le resta realidad al mundo. Pachacamac como primera causa ontológica de animación y no de creación encarna la verdadera metafísica inca, la cual exige trascender el universo profano y acceder a otro universo sagrado sólo accesible para los amautas dedicados al conocimiento de la divinidad. Pues Pachacamac como luz procreadora no deja brillar en el interior mismo del hombre, y es probable que haya sido percibida como la luz mística de la trascendencia. De este modo Flores añade que el principio de la luz divina, asociada también a la divinidad solar, buscada por amautas-sacerdotes y filósofos anacoretas, mencionados por el cronista Murúa, fue un fenómeno muy extendido, según las iconografías y monumentos, en el mundo andino.

Desde este punto de vista Flores plantea que el horizonte mental del hombre andino e inca no está delimitado por el imperio logocrático del concepto, muy propio de Occidente, sino por el imperio mitocrático del plurisigno y la armonía de los contrarios, que encuentra en la tradición religiosa la base principal de su reflexión. El amauta no es sólo el maestro o profesor sino el pensador, sabio y taumaturgo que puede hablar con los dioses. Pachacamac no sólo es algo sagrado descubierto por la religión inca, sino que también es idea alumbrada por la reflexión filosófica. Y es que las filosofías no sólo tienen una intención mítica, sino que la filosofía misma antes de ser ordenación de conceptos fue comprensión de imágenes y símbolos. Pues hay metafísica primera en las mitologías, el pensamiento mítico no puede escapar a la filosofía. De ahí que el dios Pachacamac sea concebido desde aquel privilegiado instante en que la poesía, la religión y la filosofía se encuentran fusionadas en uno solo. Así el filosofar mitocrático se da en continua transferencia entre lo conceptual-lógico y lo intuitivo metafórico.

De este modo, para Flores Quelopana la filosofía no una “golosina intelectual” fruto de la hibridación cultural acaecida desde la Conquista, no es transposición de una tradición cultural heterogénea, es más bien parte de nuestra ancestral naturaleza americana. Por ello puede decirse que atribuir el pensar filosófico al mundo precolombino no es resultado de dejarse llevar por el prestigio de la palabra “filosofía”, ni por razones de la antigüedad de la civilización andina, sino que, obedece a la constatación de que Grecia no es la medida de toda filosofía posible si tomamos en cuenta la diferente profundidad del anhelo metafísico de las altas culturas premodernas. Anhelo metafísico que preformó en la India la filosofía metacósmica, cuyo ascetismo anhela la huida del mundo y busca traspasar el ser; en la China la filosofía intracósmica, que se afana en armonizar la vida con el rito del cosmos; en Grecia la filosofía microcósmica, que busca la claridad conceptual del universo delimitado; en Occidente la filosofía macrocósmica, que escudriña la conquista del cosmos y el dominio heroico del mundo; y en los Andes prehispánicos la filosofía mesocósmica, la cual indaga en el mundo la vivificación incesante del mundo-universo.

Hacia un nuevo mundo

 

Prólogo

Hacia un nuevo mundo

de Luis Enrique Alvizuri

En el verano de 1999 conocí a Luis Enrique Alvizuri durante un concurrido café filosófico. No recuerdo qué tema en aquella ocasión se trataba, pero mi memoria guarda nítidamente la impronta de un preclaro espíritu, cuya palabra cristalina y cadenciosa desenvolvía argumentos con soltura, los cuales iban engarzados en elevados ideales. A partir de allí se inició una amistad que el tiempo ha ido madurando como el vino. Tuve ocasión de paladear su poemario El cancionero del presbítero y su ensayo Andinia, ambos de 1997. Su poesía estremece por su realismo vital, versos tensos, naturales, transidos de robusta esperanza por un mañana mejor. Su ensayo expone con ardor y fiereza una utopía andina antioccidental. Ambos trabajos estaban ya preñados con el sueño legítimo de un futuro mejor para la humanidad. Pero él, que no necesita de elogios vulgares, es primigeniamente un trovador, con guitarra y todo; es un artista de raras cualidades como ejecutante y compositor. Quedará para el piadoso culto de sus amigos la admiración de tantas excepcionales capacidades, de la simplicidad, rectitud y bondad que solo pertenecen al hombre creador. Sí, es un artista verdadero, y como el arte no reproduce lo visible, sino que lo crea, siempre se hará notorio, en cada página que escribe, que también es un pensador que entrega su alma proteica para dar lugar a una obra heteróclita, esto es, escribe como un esteta que tiene el corazón pleno por una utopía. Por tanto, amigo lector, el valor de sus ideas no pueden medirse por el aparejo de conocimientos que exigen sus temas, sino por las intuiciones profundas en los diversos tópicos que aborda. De esta manera, quiero decirles a los fieles lectores algunas de las razones que justifican la lectura atenta del libro Hacia un nuevo mundo, el cual fue elaborado en casi un año, lapso en que se sustrajo monacalmente a todo contacto y no se dejó ver. Ahora, reaparece como el ave fénix, renovado y con una nueva utopía bajo el brazo, pero que vibra desde su corazón.

I

Primera razón: es un elogio de la necesidad de una vida creadora, lo cual nos hace exclamar al unísono con Romain Rolland: “Solo existe una dicha, la de crear. Solo vive aquel que crea. Los demás son sombras que deambulan en la tierra, ajenas a la vida. Toda la alegría de nuestra vida es la alegría de la creación”. Para Alvizuri la mejor y más grata manera de vivir es creando, solo así nos acercamos a la felicidad completa. Naturalmente, esta vida creadora está unida a una forma superior de existencia, más espiritualizada, articulada a lo bello y a lo bueno. No es un secreto que este ideal, así concebido, colisiona frontalmente con nuestra moderna sociedad industrial y postindustrial, la cual en la era de la globalización deja a las tres cuartas partes de la humanidad en la pobreza, en la lucha por la supervivencia, las perturbaciones nerviosas, la despersonalización, la xenofobia, el hambre, la desesperación y la alienación. Escribía el apóstol Pablo que debe haber herejías para que se descubran los que tienen una virtud probada. Es en este sentido que, si Alvizuri nos parece admirable, no es tanto por enaltecer la creación cuanto porque lo hace en medio de una generación sibarita, muelle y consumista, que vive del puro usufructo sin ser creativa.

II

Segunda razón: El hombre nuevo es el que prefiere el bien a lo útil. La creatividad, a la que hacer referencia, no es primordialmente la creación científico-técnica; no podría serlo, pues esta solo da cuenta de una manipulación de la realidad. La creación es sobre todo de índole moral; es la preferencia de lo bueno sobre lo conveniente y ventajoso. Y cree que la humanidad está en condiciones de hacerlo. Resueltamente afirma que ya existe la base técnico-industrial para solventar las necesidades básicas de la población del planeta entero, pero que aún falta la base moral para ejecutar tal plan de justicia. Esta segunda razón es una nueva herejía alvizuriana, en medio del ultraliberalismo luciferino que instaura una sociedad transaccional sin valores superiores. En realidad, colisiona con el núcleo del principio utilitarista de la globalización, a saber: reemplazando lo útil social por lo útil individual. Su verbo rechaza así el hedonismo especulativo de las elites transnacionales y por ello reacciona ante la destrucción desquiciada de la lógica de fines para reemplazarla por la lógica de medios.

III 

Tercera razón: la voluntad de servir es superior a la voluntad de poder. Si ha existido en la modernidad un telos más nefasto que otro, ese sería el da la voluntad de poder. Sus monstruosas manifestaciones llegaron al paroxismo durante el holocausto, las guerras mundiales, la saturación del planeta con armas de exterminio masivo, la guerra fría, el peligro del exterminio atómico y la prepotencia del hegemonismo norteamericano en un mundo unipolar. Entonces, cómo no admirar el valor de Alvizuri de enfrentarse con un ídolo que aún arrastra a mayorías alucinadas por el poder, y que nos retrotrae a insignes figuras de la santidad cristiana que dieron ejemplo vivo de un espíritu de servicio y sacrificio. Es más, esta voluntad de poder tiene actualmente su más grosera manifestación con la arrolladora economía global de las megacorporaciones privadas, las cuales imponen la dictadura del sanchopancesco materialismo consumista del hombre sin trascendencia, y que barren del planeta todo viso de espiritualidad en las culturas locales.

IV

Cuarta razón: sin amor al prójimo no puede germinar un nuevo mundo. El amor es la única base que hace el bien, nos lo recuerda el autor, imbuido de un cristianismo profundo. Y con ello pone el dedo en la llaga pestilente del mundo moderno, el cual ha reemplazado la caridad y la piedad por el saco de oro, el condumio, las comisiones, las tasas y el porcentaje. No en vano dice el Evangelio: “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”. Bien podríamos creer con Nietzsche que lo que triunfa hoy es la moral de esclavos, de aquellos que privilegian los bienes materiales sobre los espirituales y que no son conscientes de cuán pobres los han convertido sus riquezas. Así se labra la ruina del mundo moderno mediante la ruina moral del hombre; sin duda, el más triste espectáculo de la posesión por la posesión.

V

Quinta razón: solo actuando a contracorriente se puede crear un mundo mejor. Alvizuri es optimista, cree en la posibilidad de cambio. No es que alimente un ciego heroísmo, no es que ambicione que todos seamos héroes, no, sino que su nuevo sentido de heroísmo consiste en que cada hombre debe hacer lo que puede o esforzarse hacia lo que no puede, porque la historia es un incesante volver a empezar.

VI

La inmortalidad consiste en trabajar en una obra inmortal, como son los nobles ideales. Estas obras son de todos los tiempos, y no es requisito ser un sabio consumado ni un aburrido doctor. Basta la honesta claridad, la sincera inquietud y un esfuerzo denodado, como la que muestra el autor en este libro, para que mediante el renacer de nuevas utopías estas puedan dar al hombre nuevas esperanzas por un mundo nuevo y mejor. Alvizuri, con esta obra, nos demuestra que tiene un destino, y que lo sigue como un faro de irradiación interior. Acompañémosle, a partir de las pocas razones que acabo de señalar ¾entre las muchas que existen¾ en una travesía emocionante y digna de extraordinarias posibilidades teórico-prácticas. Como a él, a mí también me parece que este mundo se ha tornado caduco y decadente, como la Babilonia rica y prepotente que no conocía al verdadero Dios. Entonces ¿por qué no hemos de buscar la nueva Jerusalén, aprisionada ahora en las cadenas de su cautiverio?

 

Gustavo Flores Quelopana

Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

Salamanca 2000

 

viernes, 1 de noviembre de 2024

LA COARTADA DE LOS ALIENS

LA COARTADA DE LOS ALIENS



¿Qué hace posible la creencia en aliens? 

La creencia en aliens se encuentra facilitada por la imagen del mundo secularizada, materialista y atea de la modernidad inmanentista. Mientras más se asienta la imagen del mundo nihilista de la modernidad entonces se fortalece la creencia en aliens porque se descarta la realidad del mundo sobrenatural. Al descartarse la realidad del mundo trascendente, entonces la presencia de dichas entidades son interpretadas como seres intergalácticos o aliens y no como criaturas espirituales malignas.

¿Y por qué los aliens serían demonios? 

En primer lugar, porque su comportamiento viola las leyes del mundo físico, imposible de realizar por criaturas biológicas. Por tanto, no son seres físicos, sino seres espirituales. En segundo lugar, estos seres espirituales no son benignos sino malignos porque su presencia traumatiza psíquicamente a los que las padecen. En tercer lugar, violan la libertad humana al recurrir siempre a abducciones o secuestros. O sea, no respetan la dignidad humana. En cuarto lugar, simulan practicar experimentos científicos porque saben que la ciencia es la nueva idolatría del mundo moderno y por resultar más convincente proceder de ese modo. En quinto lugar, en muchas de esas abducciones los supuestos aliens se muestran obsesionados por el ultraje sexual. En sexto lugar, también en muchos casos trasmiten mensajes religiosos claramente anticristianos para interpretar a Dios como una energía cósmica y no como un Padre omnipotente y misericordioso, y se refieren a Cristo como un astronauta cósmico y a la Virgen María como parte del plan para poblar planetas. Por último, es muy extraño que en muchos casos la abducción se detiene cuando se pide ayuda Dios y se hace la señal de la cruz. Si realmente existieran los aliens como seres físicos cumplirían las leyes del universo como todos los seres biológicos. Pero no lo hacen y por ello no son sino seres espirituales, y no son seres espirituales benignos sino malignos. Son ángeles caídos, son demonios, si no lo fueran no harían tanto daño y no dejarían traumas en sus víctimas. Es por ello que es legítimo pensar que la ufología es una rama de la demonología. El demonio se aprovecha del vacío espiritual de las gentes de nuestro tiempo nihilista haciendo aparecer luces en el cielo e induciendo experiencias de abducción.

¿Pero existe algún sustento bíblico para pensar que los aliens son demonios?

En primer lugar, no hay por qué creer en las interpretaciones literalistas de los ufólogos que ven una abducción en el caso de Henoc (Hebreos 11:5) y una legión de visitantes del espacio en la alusión de carros de fuego en el que fue llevado Elías (2 Reyes 2: 9-13). Los ufólogos quieren ver ovnis (Mateo 11: 7-15; Marcos 9: 4) en estos arrebatos de Elías y Moisés y una nave espacial en la nube que vio Ezequiel (Ezequiel1: 15-21). Sin duda, que el Demonio se presenta desde antiguo en la historia humana en las más diversas formas, pero ello no es óbice para imponer una interpretación literalista en los textos de la Biblia. La hermenéutica ufológica adolece de forzamiento interpretativo para ver extraterrestres en las Sagradas Escrituras. Y si Dios permite que el demonio haga señales en el cielo es para probar la fe del hombre porque sin la prueba de fe no hay mérito en la salvación. Porque la prueba de fe es en última instancia amor gratuito a Dios.

¿Existen otras evidencias que respalden que la creencia en ovnis es engaño del demonio?

Sí, tenemos el testimonio de la religiosa y mística católica María Simma, que recibió el don de presenciar las almas del Purgatorio y de una de ellas recibió la respuesta negativa sobre la existencia de los aliens. El reputado exorcista el Padre Amorth advierte que Satanás siempre está activo, es tentador desde el principio y quiere la muerte de la Iglesia. Y siguiendo la lógica de otro gran exorcista de nuestro tiempo, el Padre Fortea, los ovnis serían el gran maleficio de nuestra época. De ahí se deduce que la creencia en los aliens son una excelente coartada y el engaño más complejo para cumplir sus propósitos. Y a ello responde que la NASA informe de un aumento dramático en el avistamiento de ovnis. Lo cual se relaciona con el Fin de los Tiempos descrito en el Apocalipsis. El demonio sabe que su tiempo se acaba y está dispuesto a recurrir a cualquier engaño. Y los aliens y los ovnis son una farse demoníaca de gran elaboración. El gran engaño diabólico es hacer creer a la humanidad de que los extraterrestres existen y que deben ser adorados como dioses. Por ello presentan a Jesucristo como un alienígena, a Dios como una energía cósmica, a la Virgen como hibridada por un extraterrestre, no mencionan el Cielo, el Purgatorio ni el Infierno, huyen al rezar y oír el nombre de Jesús, su presencia causa terror y trauma, buscan hacer creer que civilizaciones galácticas hacen experimentos genéticos con nosotros. Es por ello que es correcto pensar que la ufología es una rama de la demonología.

¿Pero la NASA y el Pentágono lo investigan como algo real?

Es que son fenómenos reales, pero no son aliens de civilizaciones extraterrestres. Esa perspectiva se ve favorecida por nuestra era secular, escéptica, atea, materialista, nihilista y arreligiosa.  No se puede descartar que en su interpretación física tengan la esperanza de conseguir tecnología avanzada para operar tecnología inversa. Pero ello no es más que caer en el engaño del Maligno. Si se interpreta a los ovnis como aliens super avanzados, entonces tiene sentido que se busque tecnología nueva intergaláctica para fines militares. Pero la evidencia científica no abona en ese sentido. Además, existe una red muy bien organizada de sectas ufolátricas que convirtieron a los ovnis y a los aliens en una religión. Se ha desarrollado toda una neurosis alienígena en nuestro tiempo que favorece el desarrollo y extensión de este tipo de creencia. 

¿Puede precisar el sustento bíblico?

Sí, no sólo encontramos los conocidos versículos de San Pablo en Efesios 6, 11-12 que señala que "las fuerzas espirituales del mal están en el aire", y Efesios 2, 2 donde llama al Diablo "el jefe de la autoridad del aire", sino que encontramos en Apocalipsis 13, 13-14 que Dios permitirá a los demonios hacer prodigios y hechos extraordinarios, y esto es lo que vemos que acontece con los ovnis. Los ovnis no son aliens, sino demonios que no sólo están en el Infierno sino también en los aires, porque ya estamos en los tiempos de la Gran Apostasía y el final de los tiempos, y porque aprovechan la mentalidad científico-técnica y la era espacial para camuflarse como seres venidos del espacio e inculcar "doctrinas que provienen de demonios" (1 Timoteo 4, 1-12).

¿Si los aliens son demonios puede darnos alguna muestra de ello? 

Sí, puedo citar a dos sacerdotes. Uno teólogo, el Padre Ángel Peña O.A.R., con su libro "Extraterrestres. El Gran Engaño Diabólico" y el demonólogo y reputado exorcista el Padre José Antonio Fortea. 

El Padre Peña llega a la conclusión sobre la base de testimonios, estudios y casos reales que el gran engaño diabólico es hacer creer que la humanidad de que existen los extraterrestres y que deben ser adorados como dioses. Por ello hablan de Jesús como un alienígena, de Dios como una energía cósmica, no mencionan el Cielo, el Infierno ni el Purgatorio, se refieren a la Virgen María que fue hibridada por un alien, y huyen al rezar y al oír el nombre de Jesús. Por ello concluye que la ufología es una rama de la demonología. 

Por su parte, el Padre Fortea en su libro "Summa Daemoniaca. Tratado de demonología y manual de exorcistas" (2012) consigna en el Capítulo IV, Caso 6, pp. 157-158, el caso de un demonio que se presentaba como extraterrestre a un grupo de jóvenes que hacían espiritismo y que les enseñaba a hacer viajes astrales. El médium se salvó de ser poseído por tener un gran amor a la Virgen María, la cual había sido su escudo. A la advertencia del Padre Fortea de que si seguía acabaría el chico poseso decidió interrumpir para siempre las sesiones.

sábado, 26 de octubre de 2024

LA LUCHA CONTRA EL DEMONIO

 

El prolífico escritor austríaco Stefen Zweig (1881-1942/60 años) con una prosa brillante, su característico estilo fulgurante y penetrantes apreciaciones psicológicas examina a tres autores trágicos que lejos de ser amos de su demonio interior tendieron al caos por convertirse en sus siervos. Hölderlin y Nietzche sucumben en la locura tras perseguir algo más allá de lo humano, y Kleist se suicida en un arrebato apasionado por alcanzar el Infinito. Tres figuras ignoradas en su tiempo y reconocidas al principio del siglo XX portan el sino de aquellos a quien el demonio ha mirado tan profundamente que los deja ciegos para siempre.

Sweig se suicidó con su esposa ingiriendo barbitúricos en la convicción de que el nazismo se extendería por todo el planeta. No he podido hallar la fecha de la obra reseñada, pero en cualquier caso permite su título contraponerla al libro "Mi Lucha", de otro poseído, como fue Adolf Hitler, a quien Zweig detestó profundamente. Además, la obra cobra actualidad ante el torbellino geopolítico que vivimos en medio de la resistencia luciferina del mundo unipolar para dejar pacíficamente la gobernanza global.

Epílogo al libro EL IMPULSO FILOSOFANTE de Alvizuri

 

Epílogo

por

Gustavo Flores Quelopana

 




Lo que el elocuente, punzante y polémico periodista Federico More dijo una vez de Manuel González Prada, “un griego extraviado entre zambos”, puede decirse parafraseando de Luis Enrique Alvizuri, “un artista extraviado entre filósofos”. Lo cual no es de ninguna forma un demérito, ni una observación peyorativa, al contrario, es un verdadero mérito en medio de la ola de erudición, gélida conceptuación y pesada sistematicidad en que ha sido aprisionada la filosofía racionalista hasta convertirla en un páramo yerto y momificado.

Con Alvizuri se vuelve a sentir correr por nuestros rostros ese antiguo y tibio viento de la filosofía de los tiempos del mito, la protohistoria, y el comienzo del pensar humano. En sus líneas se yergue nuevamente la alborada de aquellos tiempos en que la filosofía era poetizar y poetizar era pensar filosóficamente. No es casual que Alvizuri sea cantautor y poeta al mismo tiempo que filósofo. Pero todo ello en armonía con su estro artístico, porque el hombre fue en sus orígenes un artista para lograr sobrevivir en medio de la hostilidad existencial. Alvizuri es un alma artística, impelida por el impulso creador, la inusitada espontaneidad y el espíritu intuitivo.

Y aquí sale a nuestro encuentro Heidegger cuando dice que el origen del arte es la poesía, porque la belleza es una forma de manifestación del ser. Lo que no dijo es que tal manifestación es una manera primigenia de filosofar, porque el filósofo primitivo o el filósofo artístico no se queda inmóvil en la contemplación, sino que avanza hacia la intuición reflexiva. Y esto es lo que hallamos en la base del planteamiento de Alvizuri. No es casual que Alvizuri rechace toda filosofía sistemática, y sus pensamientos caigan como aerolitos en la cantera terrestre.

Indudablemente que Alvizuri termina elaborando una teoría, pero ello no significa que abandone la filosofía artística e intuitiva. ¿Cómo podría hacerlo cuando cimienta el pensar filosófico en un impulso filosofante que nace de la condición existencial del hombre? El impulso es pasión que, en vez de esterilizar la espontaneidad, la fortalece. Lo peculiar de su filosofía unido al arte, a lo espontáneo y al impulso existencial es que tiene el suficiente vigor para no refugiarse en la ciencia, ni en espumosos silogismos, ni encadenarse a la rigidez del pensar lógico, ni forzar su naturaleza bajo el muro de los conceptos racionalistas.

Pero su alma artística no lo lleva a rechazar el mundo sensible, no es un filósofo artístico maldito reñido con el mundo, su alma es más compatible con un Dante, un Petrarca o un Boccaccio, o con un Zaratustra, un Plotino, o un Bergson, que, con el atormentado Miguel Ángel, y los suicidas Cesare Pavese o Paul Celan. Su enfoque es metafísico, no cabe duda, pero de una metafísica que no se divorcia del mundo para extraviarse en añoranzas infinitas ni patrias invisibles.

Al respecto, se puede decir que todo creador tiene su demonio, pero mientras en unos el demonio los domina separándolos del mundo, llevándolos hacia la locura o el suicidio -como Hölderlin, Kleist o Nietzsche-, en otros -como Leonardo, Goethe, Schiller y Shelley-, son amos de su demonio interior, no pierden la mesura, y evitan caer en el caos y el desorden. Es decir, en Alvizuri el arrebato de su alma artística no es contenida en la moderación por su amor a la filosofía, sino que su propio estro poético-filosófico no es esclava de exigencias trascendentales que lo arrebatan todo.

Para Alvizuri se filosofa por impulso, como erupción volcánica de alucinado el hombre se ve impelido a filosofar. Esta ontologización de la filosofía sólo se la puede comprender cabalmente desde el frescor iridiscente de la torre del poseso. No es que el hombre se eleve para filosofar, sino que ya está elevado para hacerlo. Sólo debe cumplir su destino. Pero qué sucede cuando se rompe el resorte del impulso filosófico. Interrogante que no se plantea Alvizuri, y que da la impresión que tal cosa no se puede dar, más sí ocultar. En mi ensayo Filosofía como onto-ética (2021) abordo el tema desde la consideración de que lo ontológico no es una fatalidad y está en interacción con lo histórico. De lo contrario se caería en una especie de fatalidad ontológica del impulso filosófico como ley cósmica que instaurara un nuevo necesitarismo.

Es por ello, que celebro la publicación de su obra, encerrada por varios años en la incuria de lo inédito y al que ha ido puliendo con cincel de escultor a lo largo del tiempo, porque nos trae una potente bocanada de aire fresco en medio de la floresta envenenada de la filosofía occidental, extraviada en el escepticismo, el posmodernismo y el nihilismo y que todavía se cultiva en nuestros medios académicos enfermos de medianía, opacidad y mimetismo. La tragedia de Alvizuri era hasta poco que nadie hablaba de él, salvo el reducido grupo de filósofos de lo andino, pero tal hechizo se ha roto cuando el antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa le dedica una sección especial al análisis de su pensamiento andino en su libro Qankunapas Noqaykupas/Ustedes y Nosotros (2024). Ahora ya hay alguien que lo ha escuchado.

Pero todavía su público es escaso a pesar de las cabriolas de sus frases y estridentes arlequinadas de sus pensamientos. Este solitario actor del pensamiento filosófico mantiene a su pesar un aislamiento profundo, que se rompe de tiempo en tiempo con un baño de público con su actividad de cantautor. Pero en el orden del pensamiento ni siquiera adversarios reconocidos, salvo los ocasionales impugnadores que se le presentan en las redes sociales. Sin público, sin mayor eco en lo intelectual, nadie se molesta en dirigirle una mirada, casi nadie reconoce lo extraordinario de su espíritu, salvo unos cuantos amigos. Es por eso que este espíritu, furioso por su destino, despotrica cuanto puede, muchas veces con acierto y justicia, contra la miopía y estrechez de la filosofía de la academia, el alambicado pensamiento de salón de las aulas universitarias que lo ignoran y no se compadecen de su originalidad. Pero ese ardor que lo devora no capitula, arranca su túnica de Neso en jirones sangrientos para aparecer desnudo ante la verdad, su verdad. Más, ¡qué silencio alrededor de ese grito del espíritu!, ¡qué frío glacial alrededor de esa desnudez!, ¡qué cielo siniestro se cierne sobre ese asesino de la miopía académica!, que, a falta de enemigo con quien combatir, se precipita sobre sí mismo, sin piedad, como quien se conoce a sí mismo y es su propio verdugo. Arrebatado por su demonio que pugna controlar, se dibuja el perfil de un pensador trágico, sombrío y terrible, sacudido por fiebres extrañas e impelido por un impulso tan grande que lo sumerge en el extremo éxtasis de la embriaguez de sí mismo y así cumple su destino.

Un épico panorama sin cielo, un admirable espectáculo casi sin espectadores, un extenso silencio que rodea al solitario pensador: tal es la cumbre, mérito y tragedia de Alvizuri. Se debería abominar la estupidez del destino, ante la cual Alvizuri de cuando en cuando se subleva. Pero con olfato trágico supo edificar voluntariamente esa “vida particular” en su segura existencia. Con gran fortaleza de ánimo supo desafiar a los dioses para experimentar el mayor grado de riesgo y a la hora de sus demonios supo arrojar por la ventana sus vasos llenos de vino a una de las calles tranquilas de San Borja. Pero las potencias de la noche han escuchado su invocación y van en busca de quien las reta y logran que Alvizuri no logre escabullirse de los terribles hierros que rebotan en la masa de su voluntad predestinada. Desde los arcanos ignotos de la historia parecen oírse las palabras nietzscheanas sobre “Soportad lo fatal”. Es un canto ferviente arrojado sobre el que se devora a sí mismo sin disimulo y sin amargura. Al contrario, siempre reclama lo máximo que puede resistir. Resulta siendo inocultable la soledad profunda de un espíritu que siente el llamado de su destino a destiempo. Siendo el único actor de su tragedia resulta que toda acción procede irremediablemente de él.

Trazar un retrato de Alvizuri no es cosa trivial. Resulta siendo asunto de la mayor importancia como en todo pensador. Una cabeza fuerte, de héroe, levantada con orgullo; de cabellera leonina; frente elevada, surcada por peligrosos pensamientos; bajo sus delgadas cejas, una mirada de cernícalo; los músculos de su rostro no ocultan su tensión interior; con un mentón prominente y robusto que recuerda al de un guerrero inca. Bajo esa forma de superhombre antiguo se envuelve un espíritu de fama indiscutible en el arte del canto, pero de dudosa reputación en el orden del pensamiento. No siendo mezquina su producción bibliográfica, sin embargo, la fama le ha sido esquiva en lo intelectual. No en vano se ha incidido en que la humanidad no está muy llena de fe en el reconocimiento de los grandes espíritus solitarios. Su soledad hay que entenderla bien. No es la soledad del egoísta e individualista, ni del misántropo. Es un hombre con mujer, tuvo un hijo con otra pareja y como artista goza del aplauso del público. Es la soledad del creador de ideas, un habitante solitario en su cumbre. Pero hay algo más significativo en su retrato espiritual. Y es que aún cuando su exterior nos aturda pareciendo un antiburgués, sibarita y dionisíaco, al contrario, como apuntaría Werner Sombart, la disposición apolínea de su espíritu burgués no se lee en su rumbo económico antiliberal y el sesgo político crítico de la democracia, sino en compartir el cambio moderno de lo celeste a lo terrestre.

Efectivamente, el impulso filosofante, aunque pueda parecerlo, no es una ruptura con el espíritu burgués de la modernidad, y no lo es porque está firmemente establecida sobre una ontología inmanente de lo empírico, justamente la misma ontología que engendró al capitalismo y a la ciencia moderna. En otras palabras, el resorte del impulso filosofante alvizuriano es del mismo cariz del que está hecho la modernidad. No por presentar el impulso filosofante como una tendencia innata deja de ser moderno. Las ideas innatas no sólo son de Platón y el empirismo de Aristóteles, también hay ideas innatas en Descartes, Locke y Leibniz. Pero lo que lo emparente con la gnoseología y metafísica de la modernidad a Alvizuri es su inmanentismo y empirismo. Si esto es así, entonces su ruptura con la modernidad no es tan radical como pudiera parecer con su giro ontologista, y no lo es porque mantiene intacto el cordón umbilical inmanente de la metafísica moderna. Dicho paradero no es desconocido en la filosofía occidental y una de sus más elaboradas expresiones la presenta la ontología inmanentista de Nicolai Hartmann. Otra cosa sería estudiar cómo en Alvizuri se concilia este ontologista inmanente con su comprensión de lo andino, asunto que excede estas páginas y serán motivo de reflexión en otro momento.

miércoles, 23 de octubre de 2024

EL CRUZADO POR LA JUSTICIA SOCIAL

 

EL CRUZADO POR LA JUSTICIA SOCIAL
El último gran cruzado por la justicia social en la Iglesia Católica el Padre Gustavo Gutiérrez O. P. ha muerto (1928-2024).

Su genio radicó en que lejos de marxistizar el cristianismo, lo que hizo fue cristianizar el marxismo. Por eso a Gustavo Gutiérrez, el creador de la Teología de la Liberación, hay que leerlo en clave Patrística más que en clave marxista.

Es cierto que la teología de la liberación tiene un antecedente crucial en el pastor protestante suizo Karl Barth con su Iglesia Confesante y opuesta al régimen nazi, según el cual "Dios está contra los encumbrados, y a favor de los humillados".

Pero no es menos cierto que la teología de la liberación hunde sus raíces en la Encíclica Rerum Novarum de León XIII publicada en 1891, en el Concilio Vaticano II de 1962-1965, y la Conferencia Episcopal de Medellín de 1968.

Especialmente a estos dos últimos acontecimientos el ala reaccionaria, fascista y derechista de la Iglesia, que siempre estuvo al lado de los ricos, de la oligarquía, el fascismo, el latifundio, el gamonalismo y que careció de sentido de justicia social, le dedicó toda su fobia y repelencia ideológica junto a la satanización de la teología de la liberación. Pero con esta obtusa postura ultramontana rechazaban ocho siglos de pensamiento cristiano decisivo.

Efectivamente, hace poco el Padre y teólogo Johan Leuridan Huys me obsequió una obra suya intitulada "Justicia y explotación" (CEP, 1973), en la que basado en la Patrología del famoso Jacques Paul Migne demuestra que la Patrística batalló de manera incansable por 800 años contra la injustica social, la avaricia y la riqueza sin caridad.

La Patrística es heredera directa del pensamiento de Jesucristo cuando afirma que "más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre al Reino de los Cielos" (Mateo 19: 24).

Esto a mí me emociona y me hace hervir la sangre de indignación santa, porque demuestra que el mensaje de que la Iglesia está con los pobres y desvalidos viene del propio Jesucristo, su gran valedor. Y no como dicen los decimonónicos y ajados católicos que eso viene del marxismo. Ya sabemos que ese el pensar del fariseísmo o de los sepulcros blanqueados infiltrados en la iglesia.

Bueno mejor controlo mi santa ira y sigo con lo de la Patrística, porque consideró como superior el bien común sobre el bien individual y pugnó por cambiar las injustas estructuras socioeconómicas imperantes. Y esto no es utopía arcaica, el decir del nobel Mario Vargas Llosa, porque no hay nada más arcaico, inhumano y retrógrado que defender la injusticia y no comprender la sed de justicia social.

Como vemos la teología de la liberación es heredera directa no del marxismo, cuyo lenguaje recoge, sino de la patrística con su mensaje totalmente válido para la actualidad. No es casual que Gustavo Gutiérrez muera en medio del tránsito histórico desde el imperialista e injusto mundo unipolar, hegemonizado por el satánico imperialismo norteamericano, hacia el mundo multipolar de los BRICS.

Sin duda, en el seno de la patrística no todos pensaron igual y hubo diferencia de opinión especialmente sobre la propiedad privada. Unos la atacan (San Juan Crisóstomo, Orígenes, Tertuliano, Basilio, Ambrosio, Cirilo, Teodoreto) y otros la defienden (Agustín, Lactancio, Hilario, Jerónimo, Isidoro). Pero en su obra final -La ciudad de Dios- Agustín ataca la propiedad privada.

Por otro lado, lo más conspicuo y acabado de la escolástica, me refiero a Santo Tomás de Aquino, no condena la propiedad privada, pero es clarísimo en su teoría de la justicia al diferenciar la justicia distributiva -guiada por el principio de gratuidad y caridad- y la justicia conmutativa -regulada por las leyes del mercado-, y al proclamar la superioridad de la primera sobre la segunda.

Pero no quiero dejar la Patrística sin recordar que uno de sus mejores argumentos es: nadie nace rico o pobre por naturaleza, sino por injusticia; cuando el poder político se somete a la riqueza se genera la sociedad injusta; Dios es el único propietario de todo y el hombre es sólo su administrador; no hay justicia sin sentirse igual a los demás; la propiedad privada nos desune; no es la riqueza sino la avaricia la causa del mal; el dinero es rey de iniquidad; sin justicia no hay paz.

No hay duda de que estos pensamientos medulares de la patrística son cauterizantes en llaga viva para los clasistas y racistas sepulcros blanqueados en la Iglesia. Pero no se preocupen demasiado, pues a su tiempo Dios los vomitará.

Volviendo al Padre Gutiérrez y a su justa comprensión en clave patrística hay que destacar que la teología de liberación supera a la teología de la crisis en un punto definitivo: lo crístico. Me explico. Mientras la teología de crisis de Kierkegaard, Barth, Brunner, inciden en la separación absoluta de Dios y el mundo, lo eterno y lo temporal, por su parte la teología de la liberación -y este es su aporte metafísico- destaca la unión de lo trascendente y lo inmanente sin confundirlos. Y esto está representado por la Encarnación y la Resurrección de Cristo.

A partir de este principio es posible deducir que: 1. Dios es inseparable del prójimo, 2. el amor al prójimo es inseparable de la lucha revolucionaria por cambiar el mundo, 3. el cambio del mundo debe hacerse en la perspectiva del reino, 4. no hay anuncio del reino de Dios sin solidaridad con los pobres, los oprimidos y los débiles, 5. la Iglesia es el pueblo de Dios, 6. es necesaria la opción preferencial por los pobres, 7. la opción preferencial por los pobres es practicar la justicia y el amor real al prójimo porque santidad es luchar por el bien en este mundo creado por Dios.

Ahora se entiende por qué los ricos se entregan al ateísmo, hedonismo, nihilismo y combaten ceñudamente a la Iglesia. No olvidemos que problema de la Iglesia es también el rico que olvida a Dios. Así, en el escándalo de los Papers Panama hemos visto cómo América Latina creció materialmente, pero se empobreció espiritualmente, creció la apostasía general.

Teología de la liberación no es teocentrismo es cristocentrismo, Dios hecho carne y hueso en el prójimo. Algo que siempre incomodó en demasía a la ideología individualista del neoliberalismo del capitalismo salvaje.

No podemos olvidar que Juan Pablo II en plena lucha contra el comunismo se alertó contra la politización de la teología de la liberación por su excesivo interés por lo temporal y el marxismo. Incluso Ratzinger o Benedicto XVI consiguió en Roma que Gutiérrez renegara del marxismo. Si así fue, eso no repercutió aquí. En nuestro país Gutiérrez no abjuró del marxismo.

Para mí este hecho tiene poca importancia, porque lo decisivo de su pensamiento se entronca con la Patrística y el mensaje de Cristo.

Personalmente apenas intercambié algunas palabras con él. Una fue en un Congreso Nacional de Filosofía en San Marcos y curiosamente cuando fui dos veces presidente de la Sociedad de filosofía Tomás de Aquino (SITA-Perú) no se dio la ocasión.

Finalmente, considero que la tarea que nos deja la teología de la liberación del padre Gustavo Gutiérrez es desarrollar en filosofía la síntesis metafísica entre lo inmanente y lo trascendente. Y esto es urgente debido al nuevo mundo que está naciendo, requerido de una nueva imagen del mundo y porque la modernidad divorciándose de la trascendencia se empantanó en la inmanencia que se convirtió en un muladar de pecados e injusticias.

Que Dios a nuestro cruzado por la justicia social lo reciba en el Cielo con sus ángeles y santos y le de descanso eterno.

martes, 22 de octubre de 2024

LA UTOPÍA ARCAICA

 

El ensayo más esclarecedor sobre la obra de Arguedas publicada por Vargas Llosa en 1995.
Según MVLL lo mejor del Perú para Arguedas es la cultura mágica del indio, la cual se ve amenazada por la modernidad capitalista e industrial. A esta visión arguediana le llama la "utopía arcaica".
La utopía arcaica tiene como ejes centrales: andinismo, pasadismo, inmovilismo social, puritanismo, rechazo de la modernidad y de la sociedad industrial. O sea, Arguedas se adscribe a la versión más radical del indigenismo, a saber, el del primer Luis E. Valcárcel.
Arguedas en sus novelas vierte su intimidad, sus miedos y traumas infantiles. Única mejor novela es "Los ríos profundos" por su maestría estilística que no volverá a alcanzar después. En todas sus demás novelas declina en ideologismo que distorsiona la realidad del Perú.
Cuando la mesa redonda en 1965 con especialistas de izquierda del IEP le hacen ver sus errores etnológicos, ideológicos y sociológicos se deprime y pierde el sentido de la vida.
Quiso hacer novela realista, pero hizo novela de su propia alma. No se comprendió a sí mismo, fue víctima de sus propios demonios. Pero fue un gran escritor porque creó grandes ficciones. El Perú después de Arguedas es un mundo desindianizado, alejado de la utopía arcaica y asimilado a la lógica del mercado.

MVLL al criticar el mundo mítico de Arguedas no advierte que queda incólume el otro mito al que él se adhiere: el mito de la modernidad. El fracaso nihilista de la modernidad encarnado en el mundo unipolar del occidente liberal permite vislumbrar un nuevo mito que se yergue en la historia y que cabalga a medias entre el capitalismo y el comunismo, la economía de mercado y el colectivismo, el mito y la razón. Cosa en que en algo se deja ver en el fenómeno de China y el mundo multipolar de los BRICS.

lunes, 21 de octubre de 2024

EL INCA GARCILASO Y LA INVENCIÓN DEL PERÚ

 

Para Mazzotti (1961-2024/63) la visión del Perú del Inca Garcilaso surge del ideal caballeresco y aspiración encomendera de su padre junto a la sangre real inca de su madre.
De modo que se trata de una visión elitista, aristocrática y monárquica del encuentro entre dos culturas -la española y la inca-, antes que una visión mestiza.
Pues, la visión del Inca Garcilaso no es exactamente mestiza porque no preconiza la fusión de dos razas, sino de dos castas reales. Lo cual se condice con su defensa de la utopía arcaica inca antes que de la utopía indigenista.

El Inca Garcilaso intentó inventar un nuevo Perú monárquico fruto de la fusión de dos estirpes monárquicas, la española y la inca.

Con este libro Mazzotti pone el último clavo en la tumba del Inca Garcilaso.

miércoles, 16 de octubre de 2024

ELITE FASCISTA

ELITE FASCISTA


La plutocracia occidental se ha tornado claramente fascista imponiendo a los países del mundo una sostenida guerra contra la población mundial a través de la degradación de la democracia en votocracia, de la economía capitalista de productiva en especulativa y de la agenda Arco Iris (eutanasia, eugenesia, ideología de género, derechos LGTB, criminalización de la masculinización, libre consumo de drogas, reproducción in vitro y transhumanismo).

Esta guerra elitista y plutocrática sostenida contra la población mundial es el epítome de la secularización del mundo moderno, que comenzó vociferando con Nietzsche la muerte de Dios y hoy termina consagrando la muerte del hombre con el "homo deus" del gurú de los multimillonarios Yuval Harari.

A estas alturas del terremoto geopolítico que vivimos, a mediados de la primera mitad del siglo veintiuno, entre el mundo unipolar, cada vez más agresivo y guerrerista con EEUU y los OTANAZIS, y el mundo multipolar, encabezado por China, Rusia y los BRICS, no es un secreto para nadie que detrás de las multinacionales está la voluntad de los grandes capitanes del capitalismo occidental, que ha involucionado de productivo en especulativo. De ahí que sociedades de inversión multinacionales como Black Rock tengan la voz cantante en un planeta convertido en un casino global.

Si entendemos el fascismo como la imposición por la fuerza a la sociedad de una agenda inconsulta y antipopular, entonces la élite mundial resulta fascista. Se trata de un fascismo blando de un totalitarismo intrademocrático que se lleva adelante en el occidente moderno mediante el contubernio de la plutocracia internacional y los estados del Primer Mundo. 

El desmontaje y la traición a la democracia ha ido de la mano con la desestructuración del capitalismo de bienestar y la imposición del capitalismo salvaje que se implementó en el mundo desde los años 90 del siglo veinte tras la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la URSS y la expansión global del neoliberalismo. 

En su momento Francis Fukuyama lo celebró con su obra de 1992 "El fin de la historia y el último hombre", más tarde, en 2007, Ralf Dahrendorf lo refutaba con su libro "El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak". 

Dahrendorf desde las mismas trincheras del pensamiento liberal daba en el clavo señalando que la tragedia del recomienzo de la historia era la creciente tensión entre libertad económica y la justicia social. Con esto no sólo retornaba al pensamiento original de Adam Smith -que en su afamado libro "La riqueza de las naciones" cerraba su pensamiento con la afirmación idílica y tajante de que el capitalismo no era para servir a los capitalistas sino al pueblo-, sino que denunciaba que quedaba roto el pacto social y se erigía un mundo unipolar que consagraba la desigualdad en proporciones jamás vistas ni en tiempos del más furioso colonialismo del siglo diecinueve. 

Desde entonces el nuevo orden mundial unipolar quedó consagrado como una era de recesión democrática donde las transnacionales contaban con soberanía propia e imponían su agenda sobre los países sojuzgados a su ominoso dictado. Las democracias degeneraron en votocracias gracias a la dictadura del neoliberalismo, teniendo a su principal impulsor a los EEUU como Hegemón de la gobernanza global. 

Salía nuevamente a la luz la vieja verdad sostenida por Marx, a saber, que el gran problema del capitalismo no era la producción de la riqueza sino su distribución social. Al respecto hay quienes piensan que China, sacando a 800 millones de compatriotas de la pobreza hacia la clase media, demostró que es posible resolver la contradicción del capitalismo combinando capitalismo en economía y comunismo en política. 

En su momento a este fenómeno del imperialismo lo llamé "Hiperimperialismo", como la fase del capitalismo monopólico en el que éste se desinteresa totalmente del equilibrio social y da rienda suelta a un mundo de libertad sin justicia. La ley de la selva en la economía retornaba en dimensiones que superaban largamente los peores momentos del capitalismo industrial del siglo diecinueve. Y en la galería todo este espectáculo impúdico, grotesco y deshumanizante recibía las rabiosas palmas de los fanáticos irracionales del capitalismo fundamentalista que se autodenominaban obscenamente "libertaristas".

Y así, las ocho personas más ricas del planeta no sólo resultaron juntas poseyendo la riqueza de los 3,600 millones de personas más pobres de la Tierra (Informe Oxfam), sino que se sintieron con patente de corso para imponer al mundo y a los países del orbe lo que ellos creen que debe ser la humanidad y el Orden Mundial. Se ahondó entonces la guerra contra la población mundial sustituyendo en la estrategia el control de la natalidad por la desmasculinización, la inclusión y la reproducción in vitro.

Ya no se trataba solamente de la vieja guardia de los Rothschild, Morgan, Rockefeller, sino de los nuevos rostros de Bezos, Musk, Gates, Zuckerberg, Bin Salman, Soros, Murdoch, Fin, Page-Brin, conformando una verdadera legión demoníaca contra la verdad, la anulación del pensamiento crítico, la manipulación de las conciencias. La moderna plutocracia se entronizó como el verdadero poder mundial occidental

A la degradación de la democracia le acompañó una sostenida guerra contra la población mundial a través de la agenda Arco Iris: eutanasia, eugenesia, libre consumo de drogas, aborto, derechos LGTB, ideología de género, destrucción de la familia nuclear, tecnociencia y transhumanismo. Pero las caretas han caído, y se hace cada vez más evidente que el transhumanismo con su cháchara tecnocientífica no es sino la coartada clasista, secularizada y atea del viejo sueño de los hombres ensoberbecidos de poder y riqueza que sueñan con volverse dioses. No es casual que Bezos, Soros, Musk, Gates y compañía inviertan millones en conquistar Marte, la inmortalidad y la inteligencia sin más esfuerzo que implándose chips o algún aditamento tecnológico.

En una palabra, la élite fascista occidental no es sino la expresión del imperante nihilismo del hombre prometeico de la modernidad, la cual ha conquistado el mundo, pero se ha perdido a sí mismo. No nos engañemos, se está llevando a cabo la inversión de los valores y para ello la plutocracia occidental necesita liquidar por completo a la Iglesia católica, cosa que lo está consiguiendo en Europa. Y lo hace porque la Iglesia ve en la familia el núcleo espiritual de la humanidad. Y ese obstáculo necesita borrarlo no sólo con la educación atea y secularizada, sino con la promoción de la llamada "familia democrática" y la ideología de género. 

Ahora se comprende el auge del animalismo o la marcha de los "hombre-perros" en Alemania, del matrimonio de seres humanos con árboles, aviones o cualquier género de cosas. Con la ideología de género -que sirve perfectamente a los intereses de la guerra contra la población- cualquier persona se siente con el derecho de construir su identidad sexual y personal y procede a identificarse con el género de cualquier cosa que elija ser.

El mundo occidental está en profunda decadencia espiritual y en su desquiciamiento vive actualmente una "neurosis de identidad". Lo que lo está llevando por la ruta del desvarío en las relaciones internacionales y poniendo al planeta al borde del Apocalipsis nuclear. 

Mientras la civilización moderna occidental luce neurótica, desvaída e imponiendo sanciones ilegales a cuanto país que no se someta su dictado, otras civilizaciones en el mundo -China, ortodoxa rusa, islámica, hindú- ascienden vigorosas al primer plano de la historia defendiendo la tradición, la religión, la nacionalidad, el libre comercio y la soberanía. 

En este contexto hay quienes piensan que al final se impondrá la sensatez pragmática en las élites plutocráticas occidentales y se plegarán a las nuevas reglas de juego del orden mundial multipolar. Es posible que ello ocurra, pero no debemos olvidar que el Reich Bilderberg también está compuesto por los potentados ajenos a la diplomacia y partidarios de la demencial guerra termonuclear.

Nos ha tocado vivir en momentos claves de la historia que pone a la humanidad al borde de su supervivencia. Y lejos de confirmar el pensamiento de Samuel Huntington en su libro "El choque de civilizaciones", lo que vemos es la colaboración de las cuatro grandes civilizaciones del mundo colaborando para salvar al mundo del desastre al que nos quiere llevar la única civilización que luce desquiciada y descontrolada: la occidental moderna y su plutocracia reñida con la Verdad.