sábado, 13 de enero de 2024

FILOSOFÍA: ¿DEL MITO AL LOGOS?

 

FILOSOFÍA: ¿DEL MITO AL LOGOS?

Por

Gustavo Flores Quelopana

 

¿Por qué filosofamos? ¿Por curiosidad? ¿Por asombro? ¿Por buscar el principio de las cosas y el mundo? Y si lo hacemos ¿por qué lo hacemos? Además, ¿somos los únicos que lo hacemos? ¿Qué condición ontológica nos impulsa a filosofar? ¿Es la filosofía el paso del mito al logos? ¿Tiene el mito su propio logos? ¿Es el mundo occidental, especialmente Grecia, el origen del filosofar? ¿Existen otras formas de filosofar? ¿Es la filosofía homogénea y unívoca o multívoca y multiforme? No es acaso nuestra pregunta una interrogación que exige una ontología de la condición humana. ¿No es acaso la propia vocación metafísica de la condición humana lo que nos aboca al filosofar? ¿No es la constitución originaria no sólo del hombre sino también del Universo de índole filosófica? ¿No es el despliegue de todo lo existente una realización de la verdad?

 

Es más, ¿Acaso el logos filosófico no nos remite más allá del ámbito antropológico para llevarnos hacia una Razón Cósmica de la divinidad en la Creación? En otras palabras, ¿no es el filosofar humano una pequeña fracción de la Razón Universal? ¿No encontramos en el ajuste fino de las cuatro grandes fuerzas cósmicas (fuerza nuclear débil, fuerza nuclear fuerte, gravedad, electromagnetismo) y en el Gran Diseño del Universo una muestra de aquella Razón Universal? El filosofar nos lleva hacia preguntas que sobrepasan el límite de su mera expresión antropológica para conducirnos hacia dimensiones metafísicas insondables en su totalidad.

 

Es archiconocida la anécdota de Pitágoras de Samos (I,12), contada por Diógenes Laercio[1], al responder con modestia a los sabios egipcios que él apenas era un amante de la sabiduría mientras ellos eran los realmente sabios. En su respuesta hay dos cosas que han permanecido a lo largo de la historia de la filosofía occidental, a saber, la primera que concierne a la convicción de que la verdad es inabarcable y por consiguiente inalcanzable. De modo que su posesión no es humana, sino divina. Y lo segundo que corresponde a la forma misma del saber filosófico no como una posesión de la verdad, sino como un amor al saber, es decir es una aspiración, un desiderátum. Esto ha llevado a la graciosa situación que dice que los filósofos son los únicos que se entienden en asuntos que los demás no comprenden. Pero hasta aquí el quid de la cuestión es que la filosofía occidental, o sea, guiada por la razón, instaló la certeza de que una gran filosofía es la que en vez de establecer una verdad definitiva es la que produce inquietud.

 

Sin embargo, la figura de Pitágoras nos ilustra dos formas contrapuestas de sabiduría filosófica y la situación existencial de la inquietud. Tendríamos una filosofía instalada en la duda racional y otra en la revelación divina. Además, habría una forma de filosofía que parte de la inquietud y otra que parte de la serenidad. El testimonio recopilado por Diógenes Laercio es valioso tomando ciertas precauciones. Primero, él no es un filósofo ni un historiador, sino un humanista que narra mezclando lo biográfico con lo doxográfico. Segundo, es un erudito del primer renacimiento del clasicismo helénico que pertenece al siglo III después de Cristo. Es decir, es un ciudadano de la Antigua Roma que la actualidad filosófica no le preocupaba, es un anticuario que no le preocupaba ni el cristianismo ni el neoplatonismo. Así, sólo llega hasta Sexto Empírico y Epicuro es al único al que dedica una apología. Todo esto ha sido destacado por sus especialistas J. Mejer y por M. Gigante[2].

 

Pero lo que aquí interesa reparar es en las dos formas de filosofía que consigna el mismo Diógenes Laercio cuando por un lado dice que la filosofía empezó entre los griegos (I,4), y por otro cuando habla de la filosofía de los bárbaros para referirse a los gimnosofistas, druidas, caldeos (I, 6, 7), Zoroastro (I,9), egipcios (I, 9). En otras palabras, a pesar de su aticismo grecocéntrico que lo hace pensar que la filosofía empezó entre los griegos (I,4), no deja de mencionar que la filosofía de los bárbaros estaba relacionada con la magia (I, 1), la cosmogonía (I,4), el mito (I, 5), la astronomía, la adivinación, las revelaciones sobre el origen y esencia de los dioses (I, 6), la geometría, la astrología y la aritmética (I, 10). Sobre la relevancia de estos aspectos en otros orbes culturales de índole filosófico-religioso lo hallamos en los nombres de varios emperadores Incas. La palabra quechua Yupay significa “contar”, Yupana es el nombre del ábaco inca, Yupanki sería el cargo o título de la persona especializada en contar, y siguiendo al Inca Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León y Antonio Vázquez de Espinoza dicha partícula nominal se encuentra en los nombres de los siguientes reyes incas: Yoque Yupanqui (1117-1145), Cápac Yupanqui (1176-1228), Yahuar Huaca Yupanqui (1277-1298), Inca Yupanqui (1408-1438), Túpac Yupanqui (1438.1481)[3]. Lo que significa la gran importancia que tuvo el conocimiento matemático en una civilización teocéntrica y agrocéntrica como la andina precolombina. No descartando que sus reyes hayan sido hombres sabios, astrónomos, astrólogos o expertos matemáticos. Lo cual no debe llamar la atención, pues por lo menos son siete mil años de matemáticas que acompañan al hombre, aportando a la civilización dos cosas puntuales: el razonamiento deductivo y la descripción numérica del cosmos[4].

 

En matemáticas fue donde primero se desarrolló juntas el pensamiento deductivo y la descripción matemática de la naturaleza. Pero el pensamiento deductivo es muchísimo más antiguo y puede ser remontado sin problemas hasta la industria lítica de la prehistoria del homo habilis, el cual se dio cuenta que pulir piedras de determinadas formas y características reportaba una mejor cacería, alimentación y subsistencia. Esa etapa protohistórica de las matemáticas no puede ser desestimada y debe ser tomada en cuenta para reparar que antes de la etapa empírica de las matemáticas en Egipto y Babilonia existió una etapa intuitiva y otra intuitiva-deductiva que se retrotrae en la noche de los tiempos. De modo que el razonamiento deductivo precede a la descripción matemática del mundo, pero unida a la intuición. Y esto se puede decir sin merma del gran y gravitante papel que jugó antaño el método intuitivo y visionarismo de magos, chamanes, místicos y profetas.

 

En buena cuenta, mientras que la filosofía bárbara incidía en el origen divino del saber, concebido por el hombre como una revelación o un don; la filosofía griega lo hacía en su origen humano como una adquisición o producción humana. La primera alternativa es más antigua y prevalece tanto en las filosofías orientales como en las occidentales de sesgo teológico (Filón de Alejandría, neoplatonismo, filosofía islámica, filosofía judía, patrística, escolástica, ocasionalismo, inmaterialismo, derecha hegeliana, espiritualismo, neoescolástica). Mientras que la segunda es la surgida en Grecia y cuya heredera real es el mundo secularizado e inmanentista de la modernidad occidental[5].

 

La filosofía como revelación tiene como características centrales: 1. es un saber elitista, propio de ciertos reyes o sabios iluminados, no siendo accesible a los mortales comunes. 2. Explica el origen del saber por la unión de una esfera ontológica superior y divina. En este sentido es un saber de salvación. 3. Se trata de una filosofía oracular, horoscópica, escatológica, mántica, iniciática, intuitiva y revelada. 4. De manera que no busca combatir la tradición sino conservar hasta cierto límite las creencias establecidas. De lo contrario no se tendrían los sistemas filosóficos que no aceptan la tradición de los Vedas o darsanas nástikas (charvaka, budismo, jainismo)[6]. Incluso en el seno de las darsanas ástikas o sistemas filosóficos ortodoxos hay discrepancias centrales. Por ejemplo, mientras que el Yoga cree en un dios personal, el Sankya es ateo, mientras el Mimansa es ritualista-teológica, el Nyaya es analítico y lógico-epistemológico, mientras el Vaisesika es atomista y físico-psicológico, la Vedanta sostiene que el mundo es apariencia del Brahmán.  5. Son filosofías religiosas donde predomina no el pensamiento conceptual, sino el pensamiento simbólico, mientras el pensamiento conceptual busca expresar lo que la cosa “es”, el pensamiento simbólico expresa lo que la cosa “quiere decir”. 6. De ahí que la filosofía religiosa sea en el fondo una teoría del destino, que interpreta el cosmos como una totalidad viviente o animada. Todo sucede por la voluntad de los dioses y hay que realizar sacrificios para lograr su favor. Los sacrificios humanos generalizados están relacionados con esta concepción religioso-filosófica.

 

Es más, se puede afirmar que el canibalismo presente en las religiones de integración prehistórica y primitiva (hombre prehistórico, pueblos primitivos, siberianos, amerindios, indígenas brasileros, pueblos primitivos de Indochina, pueblos oceánicos, australianos, africanos) está relacionado con el sacrificio humano ritual de las religiones de servicio de las civilizaciones antiguas (antiguo Egipto, antigua Mesopotamia, Indo-europeos, eslavos, germanos, antiguos griegos, romanos, semitas, cananeos, antigua China, antiguo Japón, aztecas, mayas, incas). Cosa que tenderá a desaparecer en las religiones de liberación (gnosticismo, hinduismo, budismo, jainismo, taoísmo) y a eliminarse completamente en las religiones de salvación (mazdeísmo, judaísmo, cristianismo, islamismo)[7].

 

O sea, lo que se observa es un perfeccionamiento ético en el desarrollo de la pedagogía divina. Lo cual es importante destacarlo ante las tendencias neo-animistas contemporáneas que preconizan un revival de la religión de integración primitiva como una manera de contraponer al antropocentrismo destructivo actual una tendencia cosmocéntrica. La modernidad materialista, incrédula y hedonista resalta el valor antropológico del curanderismo, olvidando lo más importante: su significado espiritual. Y es aquí donde no pasa desapercibida la activa presencia del demonio. Es por ello que la solución animista, desde todo punto de vista, resulta anacrónica, regresiva y desfasada[8]. No obstante, hasta en las religiones de servicio lo que prevalece es un necesitarismo cósmico. Aunque cosa singular se aprecia en la filosofía de la religión de salvación islámica del siglo XIII, donde predomina un estricto causalismo cósmico, un necesitarismo universal.

 

 

ESQUEMA TIPOLÓGICO DE LAS RELIGIONES

 

RELIGIÓN DE INTEGRACIÓN: religiones prehistóricas

                                                   religiones de pueblos primitivos

                                                   religiones de siberianas, Indochina y Oceanía

                                                   religiones africanas, amerindias y amazónicas

 

RELIGIÓN DE SERVICIO:        Antiguo Egipto y Mesopotamia

                                                   Religiones indoeuropeas y celtas

                                                   Eslavos, celtas, germanos

                                                   Griegos, romanos, semitas

                                                   China, Japón, Aztecas, Mayas, Incas

 

RELIGIÓN DE LIBERACIÓN:    Maniqueísmo, gnosticismo

                                                   Hinduismo, budismo, jainismo

                                                   Taoísmo, confucianismo

 

RELIGIÓN DE SALVACIÓN:     Mazdeísmo

                                                   Judaísmo

                                                   Cristianismo

                                                   Islamismo

 

 

De ahí que se entienda por qué E. Bréhier[9] afirme que recién con la filosofía cristiana arriba una filosofía de la libertad, porque incluso la filosofía greco-árabe arrastró el necesitarismo metafísico, el cual niega toda posibilidad y todo sucede por necesidad cósmica divina. 7. Predomina la narración mítica presidida por el concepto imagen en vez del concepto puro de la lógica. No es que el hombre del mundo mítico tenga otros principios lógicos (identidad, no contradicción, tercio excluso y razón suficiente), sino que su configuración lógica sea distinta, haciendo que la armonía de los contrarios o contradicción sea predominante o funcione como razón suficiente. 7. Ello incide en que su forma de comunicación preferente sea alegórica, metafórica, poética, analógica, simbólica y figurativa. 8. Es por ello que la filosofía simbólica como revelación supera la oposición metafísica entre el ser y el aparecer, porque ve el aparecer como una epifanía del ser[10].

 

Esta apreciación de Iberico es de naturaleza escolástica en la medida que sirve para acercar al hombre a un saber inmutable. La filosofía entendida como revelación puede ser entendida como una escolástica que se sirve de la razón autónoma para defender la fe. El propio Tomás de Aquino confiere a la filosofía humana cierta autonomía, aunque considere imposible que pueda contradecir las afirmaciones de la fe cristiana, la cual es regla del correcto proceder de la razón (Contra Gentiles, II, 4, I, 7). No obstante, ha sido Paul Ricoeur[11] quien ha visto con claridad no sólo que la filosofía simbólica, que une al hombre con lo sagrado, tiene una dimensión ontológica donde se asocia la finitud con la culpabilidad, sino que una ontología de la finitud y del mal lleva a los símbolos al nivel de conceptos existenciales.

 

Es algo así como si al hombre se le hiciera patente su inclinación o labilidad hacia el mal, lo que lo llena de culpa. La lectura metafísica de la relación entre finitud y culpabilidad la hizo también Leibniz en su Teodicea (1710), allí distinguiendo tres tipos de mal (metafísico, físico y moral) dice que el mal metafísico es el origen de todos los males y se advierte en lo incompleto de la finitud. A lo que añadimos que, sin embargo, es el hombre la única criatura que percibe lo incompleto de la finitud. La dimensión antropológica de esta incompletud ontológica es la base que está detrás del asombro filosófico y que se enlaza con la dimensión ontológica del ser infinito.

 

En ese contexto son los mitos, ritos y símbolos los medios catárticos encargados de hacer la vida más soportable. Pero lo más importante que está detrás de todo ello es el notorio avance de la conciencia moral desde la primitiva concepción religioso-filosófica de la religión de integración hasta la neolítica religión de servicio del mundo mítico, la misma que pone un peldaño para el avance hacia la religión de liberación. Integración, servicio, liberación y salvación resultan siendo conceptos claves para categorizar el despliegue del filosofar unido a la religión. Si el impulso religioso-filosófico del hombre de la Edad de Piedra era de integración con el cosmos y la naturaleza mediante el mago, el de la Edad de la revolución agrícola era de integración-servicio mediante el chamán, el de la Edad de Bronce era de liberación mediante el gurú y el de la Edad de Hierro era de salvación mediante el sacerdote. Lo cual sólo es aplicable al Asia y a las Américas con marcos cronológicos flexibles y no rígidos.

 

Por lo demás, el Mito cumple una cuádruple función cultural: 1. Universaliza la experiencia, 2. Establece una tensión entre un principio y un fin, 3. Investiga las relaciones entre el original y lo histórico, el arquetipo y el prototipo, y 4. Prepara la especulación al explorar la ruptura entre lo ontológico inmutable y lo histórico en devenir. En una palabra, hay que percibir que el hombre es capaz no sólo de revelación natural, sino también de revelación sobrenatural. El hombre prehistórico-numinoso es anterior al hombre histórico-narrativo y éste es anterior al hombre epistémico-deductivo. Lo metafísico no se halla entre lo mítico y lo científico, sino que vive inserto en cada uno de ellos. Lo previo a toda distinción entre lo óntico, lógico y ontológico también supone una metafísica.

 

El hombre protohistórico se expresaba mediante sugestiones y metáforas, intuiciones a-conceptuales que revelaba lo arcano, inmutable e intemporal. Era un poeta natural en quien la realidad se bifurcaba entre lo imaginativo y lo lógico. En su logos participativo lo arcano invade el cosmos. Esto nos lleva a pensar que la lógica natural de la razón tiene etapas: poética, mística y lógica. En todas se manifiesta lo sagrado y lo divino. Lo extraordinario es que la razón natural no agote la dimensión de la razón humana, la cual alcanza nuevas cimas con la razón sobrenatural de la fe, la cual empieza con el Verbo encarnado que se hace hombre. Pero el logos humano no sólo es conceptual y vislumbra lo divino en el logos participativo o analógico. La explicación del mundo no sólo requiere de la ratio, sino también de la fe, es un primigenio asunto de confianza. Cosa que ni el más consumado empirista ni el evidentismo neopositivista podría negarlo. En una palabra, no todo conocimiento humano es producto de lo dado. Lo cual tampoco nos debe llevar a afirmar necesariamente que los enlaces metasensibles que hay en el conocimiento fáctico sean prueba de la actividad apriórica del sujeto trascendental kantiano.

 

Que lo metasensible no observable sensorialmente está presente hasta en la propia ciencia moderna lo tenemos en el concepto de “singularidad”, utilizado para no hablar de “Creación”, el cual es un concepto misterioso no basado en la experiencia. El hombre de todas las edades tiene que sentir confianza ante el mundo para poder vivir, de lo contrario la vida se vuelve invivible. Y la confianza no es un asunto de experiencia, sino de fe en lo que no se ve. De modo que junto a la lógica natural de la razón existe la lógica sobrenatural de la fe. Pero es una confianza acompañada de asombro y misterio. La fe supera al mito dentro del plan pedagógico de Dios en la progresión de la revelación, pero en el mito se capta la polivalencia significativa del logos. El logos puede ser religioso o conceptual. Así, el mito es una visión de lo no-humano o sobrehumano. De manera que es misterio participante en lo sagrado.

 

Es por ello que la filosofía mitocrática es también vivencia participativa en lo sagrado. Es decir, señala una categoría esencial de la existencia humana, es un hecho real que señala el arcano mismo. El cual es descrito en lenguaje metafórico, analógico y simbólico. No es través de conceptos lógicos como se expresa, sino de conceptos intuitivos, fenomenológicamente diferente al concepto emocional y al concepto lógico. El universal intuitivo avanza hacia el universal conceptual, es su antecedente. En la propia inconmensurabilidad del mundo comienza a percibir la inconmensurabilidad de lo sagrado y divino, la cual rebasa toda comprensión y, más bien, sugiere veneración. Razón y logos participativo están imbricados porque el mundo y lo sagrado lo están previamente. Su dinámica y relación dialéctica siempre ha acompañado el logos humano y ello se puede afirmar sin negar que llega un momento en que la Fe supera al Mito, libera de las restricciones de la racionalidad y señala un camino donde la transformación por la fe se completa más allá de esta vida. Bien señala Wagner de Reyna[12] que el mito es verdad por participación fundado en el símbolo y lo que se vive actualmente en el Occidente moderno es la fatiga de fe. Cuando Fedro pregunta a Platón si el mito es verdadero éste rechaza la explicación naturalista-racionalista y relaciona el mito con las esencias, las ideas. El mito no transmite conocimiento al basarse en la creencia, pero su velación revela el Ser, lo trascendente, el cosmos en su aspecto esotérico y recóndito que se traduce en metáfora. Jung[13] supuso que el mito es función del inconsciente y no advirtió que el mito es palabra de verdad y confianza.

 

 

CORRESPONDENCIA RELIGIÓN-FILOSOFÍA[14]

 

RELIGIÓN DE INTEGRACIÓN         FILOSOFAR NUMINOCRÁTICO

                                                    

RELIGIÓN DE SERVICIO                 FILOSOFAR MITOMÓRFICO 

 

RELIGIÓN DE LIBERACIÓN            FILOSOFAR MITOCRÁTICO

 

RELIGIÓN DE SALVACIÓN             FILOSOFAR MITOCRÁTICO

 

FIN DE CORRESPONDENCIA /      FILOSOFÍA LOGOCRÁTICA GRIEGA

 

No es inútil indicar que esta forma de filosofar ha devenido en el mundo moderno como algo equivalente a una desfasada metafísica quietista del ser eterno frente a la vorágine del devenir en medio de la orgía de pragmatismo, tecnicismo y nihilismo. No vamos a entrar en el debate sobre el sesgo nihilista de la modernidad, porque lo que nos interesa subrayar es que la indicación de otra forma de filosofar está presente en la primera gran narración de la filosofía antigua, como es la obra de Diógenes Laercio. Y la importancia de ello reside en que permite reparar en la naturaleza multiforme y multívoca del filosofar. O sea, se ha filosofado de distintas formas y con diverso sentido.

 

La filosofía no es homogénea en su expresión cultural ni en su significación, aunque lo permanente en ella sea el asombro. La búsqueda del saber filosófico sin compromisos y sin prejuicios no ha sido siempre la nota característica. Por lo menos no lo podía ser en la filosofía entendida como revelación. No hay duda que la palabra “filosofía” es de origen griego en su significación de “amor a la sabiduría”. Pero ello no significa que como fenómeno cognoscitivo no haya estado presente en otros orbes culturales y civilizacionales.

 

En otras palabras, no sólo occidente ha filosofado porque el asombro filosófico no es patrimonio de una cultura o civilización determinada, sino atributo de la condición humana. La humanidad ha filosofado siempre, aunque de otras maneras y persiguiendo otros objetivos. Aun cuando W. Jaeger[15] se ha encargado de demostrar la poderosa presencia de la teología en los primeros filósofos griegos, sin embargo, ello no niega que en Grecia se originó la filosofía separada de la religión y que Platón junto a Aristóteles sean los inauguradores de la teología natural. Para Ortega y Gasset[16] este protagonismo de la razón humana fue posibilitado por una “época de libertad”, cuando la vida crece y se enriquece.

 

Para Arnold Toynbee[17] lo esencial de la civilización helénica fue el culto al hombre o el humanismo, que se plasmó en la ciudad-estado y la centralidad de la razón humana. Para Heinz Heimsoeth[18] en Grecia lo finito tiene un valor sobre lo infinito. Y para R. Mondolfo[19] la mente poliédrica helena sin ser refractaria a lo infinito captó más matizadamente lo finito. Ante lo cual es necesario afirmar que es indudable que la mente griega no se limitó a pensar lo finito y el apeiron o lo indeterminado de Anaximandro así lo demuestra[20], pero lo finito tuvo una atención superior en el genio griego, influyendo en su giro humanístico. Si este giro fue o no expresión de una época de libertad puede ser puesto en discusión si recordamos no sólo la muerte de Sócrates, la acusación de impiedad contra Protágoras, Fidias, Aspasia, Anaxágoras, Aristóteles y otros. Aquella imagen idílica que hace corresponder la filosofía y la democracia no es más que un mito.

 

La razón centrada en el hombre alumbra con los griegos y su forma intelectualista, pero todavía no es la razón autónoma en la forma que adopta en la modernidad con su matiz racionalista y empirista[21]. Aparte del tema de la causa del protagonismo de la razón humana de la filosofía logocrática frente a la razón revelada de la razón mitocrática, se ha venido diciendo dentro del magisterio occidental de la filosofía que ésta es el paso del mito al logos. Es decir, el magisterio occidental de la filosofía se irroga la inauguración de la filosofía como filosofía logocrática y desconoce en el mito alguna forma de filosofar. Subrayar este punto es sumamente importante porque se comprende que el colonialismo europeo se basó sobremanera en la negación de la capacidad racional de los pueblos aborígenes para ser dominados, sometidos a esclavitud y ser tratados como inferiores.

 

Todos recordamos aquí los remordimientos de conciencia que le asaltaron al emperador Carlos V[22] cuando convocó a una polémica entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas para determinar qué trato se le debían dar a los naturales de América a partir de la determinación si eran o no seres con uso de razón. Muchos cortesanos temieron que la conquista se detendría, pero del debate salieron las Leyes de Indias que supuestamente debían proteger la vida de los autóctonos sobre la base de su reconocimiento como seres con uso de razón. No obstante, como estamos viendo ello no es cierto o sólo lo es dentro de un estrecho universalismo etnocéntrico occidental. La enseñanza tradicional de la filosofía afirma que su origen es el paso del mito al logos. Lo cual es un profundo error. El paso del mito al logos es apenas el surgimiento de otra forma d filosofía, pero no el origen del filosofar mismo.

 

El mito como explicación del mundo encierra profundas explicaciones filosóficas de origen divino. La filosofía mitocrática se expresa en cosmogonías y teogonías. Hay filosofía en el mito y lo hay en gran estilo, la diferencia estriba en que la filosofía mítica no se guía por el principio de no contradicción, ni de identidad, sino por el de la armonía de los contrarios. mientras que en la filosofía del logos sucede a la inversa. Incluso se puede hablar del logos metafórico y analógico en la filosofía mítica. Pero esta diferencia entre filosofía logocrática y filosofía mitocrática nos conduce, como veremos más adelante, hacia el sentido multívoco y polimórfico del filosofar, porque en el fondo se trata de la situación existencial de la condición humana.

 

En síntesis, el pensamiento mítico contiene un logos complejo que no presenta inconvenientes para presentarse como otra forma del pensamiento filosófico, analógico y simbólico. De manera que lo mítico en sentido peyorativo es seguir afirmando que la filosofía es el paso del mito al logos. El logos del mito contiene un pensar teleológico, escatológico, causal y existencial que le da contenido filosófico a su especular mitocrático. Esto da lugar para hacer un interludio prestando atención a la ruptura mítica entre lo ontológico y lo histórico en el ámbito precolombino como lo característico del filosofar mitocrático.



[1] Diógenes Laercio, Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, I, 12, pág. 46. Alianza editorial, Madrid, 2019.

[2] J. Mejer, Diogenes Laertius and his hellenistic Background, Wiesbaden, 1978; M. Gigante, Diogene Laerzio, storico del pensiero antico, Nápoles, 1986.

[3] Dhavit Prem, Yupana Inka. Decodificando la matemática inka. Método Tawa Pukllay, Asociación Yupanki, Lima, 2023. Dhavit Prem es el descubridor-inventor del método Tawa Pukllay, se trata de un algoritmo que no siguiendo el pensamiento arábigo decodifica la matemática inka hasta decimales y un aproximado al número pi. Si la Yupana permite dicho cálculo no es improbable que los Inkas lo hicieran. Expone que se trata de un modo de pensar no lineal, no deductivo e intuitivo. Lo cual indicaría que los Inkas y su matemática fueron adelantados de la matemática intuitiva y no deductiva. Su propuesta llega más lejos de los planteamientos de especialistas como Hugo Pereyra, Carlos Hernández, Andrés Chirinos, Gary Urton y Williams Burns.

[4] E. T. Bell. Historia de las matemáticas. FCE, México, 2010. Para Bell la historia de las matemáticas tiene siete etapas y la primera, que aparece en Babilonia y Egipto, es empírica. Lo cual estimo limitante y que no se condice con las evidencias líticas, pictográficas y de arte rupestre de la prehistoria. Resulta interesante cómo Bell señala que, desde la teoría de la probabilidad, el método estadístico, la incertidumbre y los números irracionales se derrumba la matemática deductiva, arrastrando a Pitágoras, Aristóteles y Kant. La matemática futura se encamina hacia un pensar menos deductivo y más intuitivo, cualitativo e imaginativo. Será -pienso- una vuelta a los orígenes intuitivos de la prehistoria, pero en una versión cualitativamente diferente y enriquecida. Ha vuelto el antiguo tirano: el azar. Pero, quizá, el mayor misterio siga siendo que el hombre haga matemáticas.

[5] Nicola Abbagnano, Diccionario de Filosofía, FCE, 1993, p.538.

[6] Jesús Mosterín, El pensamiento de la India, Aula Abierta Salvat, Barcelona 1985.

[7] Pe. Waldomiro O. Piazza, SJ. Religiones de la humanidad (en portugués), Edición Loyola, Sao Paulo, 1995.

[8] Una propuesta animista fue presentada durante el XI Congreso Regional del Norte del Perú, realizado en la ciudad de Trujillo, el pasado mes de noviembre del 2023, por el profesor sanmarquino Zenón Depaz presentando el cosmocentrismo animista como la base para una cosmopolítica andina. Considero que la gravedad de destrucción ecológica es un factor que precipita incurrir en soluciones regresivas y antihistóricas como la de la resurrección del animismo cosmocéntrico.

[9] E. Bréhier, Historia de la filosofía desde la Antigüedad hasta el siglo XVII, dos tomos Tecnos, 1988.

[10] Mariano Iberico, La Aparición. Lima, Imprenta Santa María, 1950.

[11] Paul Ricoeur, Finitud y culpabilidad, Taurus, España, 1982.

[12] Wagner de Reyna. La poca Fe. ISPEC, Lima, 1993. Lo fascinante de esta su última obra es que aborda coherentemente una variedad de temas fundamentales. No duda en afirmar que hay que restaurar lo mítico en su dignidad lógica, pero tampoco tiene reparos en sostener que la razón es importante y el racionalismo es dañino al excluir la fe. Su conclusión es categórica: el hombre de hoy no sólo está afectado de poca fe, sino también de poca razón.   

[13] Carl G. Jung. El hombre y sus símbolos. Paidós, Barcelona, 1985. Que el inconsciente crea símbolos es poco cuestionable, pero es exagerado que a Jung se le considere indebidamente como el rescatador de la realidad del alma para el hombre moderno. Pues en realidad, su alma no remite a ningún mundo trascendente, ni a un Dios que no se reduzca a la realidad de la psique. En este sentido, Jung a pesar de todo el esoterismo de sus dos mentes -consciente e inconsciente- se mantiene en el horizonte moderno de la imagen del mundo inmanentista y secularizado.

[14] Esta correspondencia sólo puede ser aproximativa y nunca exacta.

[15] W. Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, FCE, México, 1952.

[16] José Ortega y Gasset, Origen y epílogo de la filosofía, Revista de Occidente, Madrid, 1972.

[17] Arnold Toynbee, La civilización helénica, Emecé editores, Buenos Aires, 1960.

[18] Heinz Heimsoeth, Los seis grandes temas de la metafísica occidental, Revista de Occidente, Madrid, 1974.

[19] Rodolfo Mondolfo, El Infinito en el pensamiento de la Antigüedad clásica, Ediciones Imán, Buenos Aires, 1952.

[20] W. Jaeger, Paideia. FCE, México, 2015.

[21] Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea, Alianza editorial, 1988.

[22] Hugh Thomas, Imperio español de Carlos V y la Conquista de América, Editorial Crítica, España, 2013.

jueves, 11 de enero de 2024

LOS AYAR (Reseña)

 



Este libro es un estudio fascinante que siguiendo la pista de Ziólkowski, quien sostuvo la iniciación religiosa de los Inkas, lo aplica a la interpretación del ciclo mítico de los Ayar y el resultado es una teoría sobrenatural del poder andino.


En esta obra Rodolfo Sánchez Garrafa presenta desde la antropología simbólica una interpretación del mito de los hermanos Ayar como una teoría andina del poder político-chamánica, cuando el poder político se basaba en el orden sobrenatural. Por ello, pertenecen a la etapa de los Reyes sacerdotes. Los hermanos Ayar son demiurgos en vez de guerreros.

Son héroes fundadores de la etapa pre-Pachacútec que en su condición de sacerdotes principales y filósofos místicos encabezan la fundación de un nuevo eje del mundo: Cuzco. Los vincula a los sacerdotes astrónomos de la extinta Tiahuanaco. Con esto cuestiona las ideas que lo han visto como una gesta militar, una alegoría agrícola, alimentaria y culinaria.

El ciclo de los Ayar evoca un contexto chamánico, con poderes sobrenaturales, uso de plantas psicotrópicas e invocaciones a espíritu peligrosos. Además, cada uno se distingue por sus dones. Ayar Kachi tiene el don de la adivinación, Ayar Uchu de la sanación, Ayar Auca del vuelo y la confesión, y Ayar Manco de la introspección profunda. Los cuatro son hijos míticos del rayo, lo cual consagra la prerrogativa del poder asociado a la religión.

El posible origen tiahuanaquense de los Inkas es confirmado y el registro idiomático puquina lo reafirma. Los Ayar serían sacerdotes supremos herederos de la espiritualidad chamánica tiahuanaquense.

La obra nos deja ante varios desafíos, a saber, 1. evaluar la distinción que hace Rudolf Otto entre lo sagrado y lo divino en la propia tradición andina.; 2. en el chamanismo hay distinción entre dioses y demonios, lo que exige identificar los demonios en la religión andina; 3. la tesis chamánica llevaría a reconocer fuerzas demoníacas en los Andes; 4. en caso contrario los Ayar no serán chamanes, sino figuras transicionales entre el chamán y el sacerdote, o sea, sacerdotes mitocráticos, con poderes sobrenaturales, elevada posición social y clara misión política; 5. la psicología tímida del chamán no se ubica en los Ayar, sino la del sacerdote imperativo y dueño de un bagaje mítico de elevada cultura; 6. el libro trata los dones chamánicos como sobrenaturales, pero ello es un error al no diferenciar entre lo sobrenatural, lo preternatural y lo paranormal. Por todo ello, los Ayar sugiere en vez de la figura del chamán la de los sacerdotes mitocráticos de elevadas civilizaciones fundadoras. Serían sabios mitocráticos en vez de chamanes. Lo cual no altera la teoría sobrenatural del poder andino pero lo precisa en el marco mitocrático.

sábado, 6 de enero de 2024

MUERTE Y MUNDO SUBTERRÁNEO EN LOS ANDES (Reseña)

 

Dos son los objetivos fundamentales de esta obra iluminadora del insigne antropólogo sanmarquino Rodolfo Sánchez Garrafa, a saber: comprender la concepción de la Muerte en el mundo andino y mostrar que con ello se puede contrarrestar la tanática cultura de la muerte del mundo moderno.
Efectivamente, la cultura andina concibe la Muerte como continuidad de la vida en otro plano de la existencia -el Ukupacha- y una vez en él el tiempo corre al revés, se llega viejo y se sale recién nacido nuevamente hacia el mundo de aquí o Kaypacha bajo el poder animador o Kama del mundo de arriba o Hanaqpacha.
El Ukupacha no sólo está habitado por los muertos que siguen viviendo en otro plano de la vida, incluso se casan, pero pierden la memoria de la vida anterior, sino que hay multitud de seres subterráneos, incluso animales, enanos o duendes, muchos de ellos seres monstruosos que lo habitan. Unos son benéficos otros maléficos.
En el Ukupacha están las semillas, la vida se manifiesta en la superficie de la tierra y en el Hanaqpacha está el poder fecundante del supramundo. Hay dos espacios básicos del universo (Hanaqpacha y Ukupacha) y de su encuentro o tinkuy aparece el Kaypacha o mundo de aquí. El Kaypacha nace del concurso de las fuerzas estelares y del inframundo.
El significado cosmológico del Zorro es que anuncia un eterno devenir cíclico donde se alterna la vida y la muerte. Su misión arquetípica es preservar el mundo. La serpiente Muru aparece como soga cósmica y conectora entre los mundos. También es vista como constelación.
En las Wakas se va al encuentro con los seres ordenadores del mundo. Tienen función oracular y comunican con el Ukupacha. Representan la convivencia de mundos complementarios. Por otra parte, la papa viene el inframundo y el maíz del supramundo. Diferente a Occidente en el mundo andino lo orgánico y lo inorgánico están conectados. Incluso los humanos se convierten en animales y plantas. El propio espíritu humano está amarrado con los otros espíritus del universo.
La Chakana es la escalera cósmica para viajar entre los mundos. El tiempo corre del futuro al pasado, ese es el sentido parental andino donde cobra importancia el fundador del linaje, representado por el árbol fundador. Las Pacarinas son agujeros blancos de origen de la vida, y las Chinkanas son los agujeros negros de la muerte.
El Ukupacha no representa las fuerzas del Mal opuesta a las fuerzas del bien, sino que bajo el principio de complementariedad de los opuestos es simplemente otra forma de vida en el ritmo cíclico del cosmos.
En suma, la muerte en el mundo andino es un viaje largo y peligroso, descaminarse es volverse un alma en pena, al llegar al mundo de los muertos (Upaymarka) su memoria se borra, llevan vida social hasta volver a nacer.
En este sentido el mundo andino no es una cultura de la muerte sino de la vida, la vida y la muerte se encuentran en un eterno devenir cíclico, y por ello sirve para oponerlo al sesgo tanático y angustioso del mundo moderno secularizado, materialista, ateo y hedonista.
No obstante, en la obra se echa de menos una reflexión sobre el significado ético del Ukupacha. Una cosa es que no cobije solamente el mal sino también el bien y otra cosa es que la vida moral exige el predominio del bien sobre el mal. En todo caso el principio de complementariedad de los opuestos no puede presidir la vida moral, e implica otro principio de no complementariedad. Si el hombre andino prehispánico veía la muerte como una repetición inversa de la vida en otro plano, entonces la muerte está desprovista de sentido moral. Es decir, de todas formas, se vuelve a nacer, así se haya sido malo o bueno en la vida. Los dioses precolombinos no son un dechado de bondad, sino como los humanos se lían, tienen amigos, acometen actos buenos y malos. En eso se parecen a los griegos. El equivalente andino del Tártaro heleno era el Ukupacha, pero la diferencia es que no se registra mito que relate algún juicio de los actos buenos o malos en vida del Kaypacha. Lo cual sí había en la religión faraónica. El sueño del pongo de Arguedas da a entender una especie de juicio por los actos malos cometidos, lo cual parece plausible y hasta necesario para la vida moral. Se puede pensar que Arguedas haya deslizado un elemento cristiano en la cosmovisión religiosa andina, pero sigue siendo problemático pensar que los actos malos en el kay Pacha serían simplemente olvidados en la vida de ultratumba. Dicho olvido hasta podría alentar el mal comportamiento moral en el Kaypacha, haciendo la vida moral muy frágil e insostenible.

Después de todo el Ukupacha sería un lugar de castigo no sólo para Arguedas, sino que para el andino precolombino en general. En los mitos andinos todo vuelve a comenzar cíclicamente, la vida sólo cambia de plano, pero no se extingue. Aparentemente el eterno retorno cíclico de la vida estaría libre de la culpa moral. Se trataría del soñado limbo nietzscheano: más allá del bien y del mal. Todo vuelve a comenzar, se trata de una nueva oportunidad para cumplir con el servicio de los dioses y los hombres. Así, en la religión de servicio prehispánica resultaba malo no cumplir con los rituales exigidos por los apus, la Pachamama, y demás deidades que lo exigían, y hacerlo resultaba algo bueno en sentido personal y comunal. Sobre este punto hay que reparar en la diferencia ética en el desarrollo religioso en general. Lo bueno y lo malo no se vive de la misma manera en las religiones de integración de la prehistoria y pueblos primitivos, las religiones de servicio de las civilizaciones antiguas, las religiones de liberación de Oriente y las religiones de salvación del monoteísmo judeo-cristiano-islámico.

En segundo lugar, la obra da la impresión de que el hombre andino sigue concibiendo el Ukupacha al estilo precolombino, sin dar las satisfacciones necesarias sobre la nueva manera de concebirla bajo la evangelización cristiana incluso en los Andes. Este asunto es sumamente importante porque representa examinar cómo una religión de servicio puede evolucionar hacia una religión de salvación. Los dioses andinos no son omnipotentes como el del monoteísmo cristiano, y esto significa que la muerte es vencida definitivamente en la segunda mientras que en la primera la muerte se perpetua en un eterno retorno cíclico universal. Ahora se entiende mejor las palabras del indio Tomás, que asistió al extirpador Francisco de Avila y fue responsable de la mayor parte de la recopilación de los mitos de Huarochirí, cuando dice que los dioses andinos han sido vencidos por una huaca más poderosa, refiriéndose al cristianismo. es evidente que no se le pasó de vista que la Muerte -de tanta importancia para la cosmovisión andina- era definitivamente vencida por Cristo.

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EPISTEMOLOGÍAS ANDINAS Y AMAZÓNICAS (Reseña)

 

Este libro aspira a analizar el quechua y el shipibo desde una mirada filosófica y no sólo antropológica o lingüística. Busca establecer conceptos indígenas de conocimiento, sabiduría y comprensión que permitan hablar de epistemologías andinas y amazónicas.
Naturalmente que el resultado no es homogéneo puesto que en él intervienen diversos autores y enforques. Así, por ejemplo, mientras que para unos se trata de un conocimiento y saber práctico, para otros es también altamente reflexivo. De igual forma, mientras hay quienes sostienen que se trata de mera cosmovisión, hay quienes lo niegan para afirman que se trata de verdadera filosofía. De ahí que en el significado de los términos Yachay y Musyay no haya consenso. Ciertamente que es un acierto que se consigne en uno de los trabajos, que la lengua no es determinante y sólo es condicionante del conocimiento.
La atención prestada en la obra al ámbito amazónico es escaso y casi marginal. Si bien se recoge el testimonio de nativos amazónicos, no obstante, no se profundiza en el significado epistémico que tienen los sueños y las visiones a través de las plantas sagradas. Otro aspecto que se echa de menos es que no se aborda el estatus epistémico del mito.

En suma, el esfuerzo por construir una epistemología no occidental, multicultural y multilinguística está aún en sus inicios. En todo caso es un valioso primer intento que reanima el debate al respecto. Pero lo que el conjunto del texto deja en evidencia es que es muy dificultoso construir una epistemología no occidental sin discutir previamente lo que es filosofía y la condición filosófica del mito.

HUMANISMO Y REVOLUCIÓN (Reseña)

 

En estos momentos de quiebre de la institucionalidad democrática en el país, crisis política profunda, y corrupción generalizada en los tres poderes del Estado viene bien reseñar la obra de Francisco Miro Quesada HUMANISMO Y REVOLUCIÓN (1969).
Este libro lo escribe Francisco Miro Quesada a los 51 años, refleja su pensamiento maduro y es una respuesta al momento transformador que se vive en el Perú bajo el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada encabezado por el General Velasco Alvarado.
La publicación de la obra no pasó desapercibida. Entre el rechazo de su empingorotada familia y clase oligárquica que lo vieron como una traición, la condena desde la izquierda por su crítica al marxismo y la dialéctica, la adhesión de amigos y admiradores por defender el socialismo, la democracia, la revolución y el humanismo al mismo tiempo, y la polémica con políticos e intelectuales de derecha por defender el humanismo revolucionario y el socialismo a pesar de no estar de acuerdo con el gobierno de Velasco por dictador, se hicieron presentes.
Una gran parte de intelectuales y filósofos de las clases medias apoyaron al Gobierno de Velasco por verlo como una esperanza a las urgentes reformas estructurales que requería el país. En suma, la derecha lo repudió, la izquierda lo condenó y sólo una pequeña parte de la clase media lo respaldó. Por ese entonces Augusto Salazar Bondy ya estaba en su etapa desarrollista revolucionaria y en 1969 publicaría ENTRE ESCILA Y CARIBDIS. REFLEXIONES DE LA VIDA PERUANA. Todavía en 1974 el gobierno expropiaría el diario El Comercio.
El capítulo primero define la ideología como ciencia de la acción política y concepción del mundo de una determinada clase.
El capítulo segundo sostiene que vivir es teorizar, pero la libertad no es teoría sino lo impredecible. Así, la historia es la sucesión de falsas teorías. El hombre puede renunciar a teorizar sobre sí mismo, se trata de prescindir de las teorías con fines de conocimiento, postulando tan sólo la solidaridad entre los otros.
El capítulo tercero trata sobre la ideología humanista. Existe el humanismo como actitud y como ideología que postula el principio de autotelia -el hombre es un fin en sí mismo-. La meta de la praxis revolucionaria es la sociedad justa y libre, hay que aceptar la democracia y rechazar la dictadura.
El capítulo cuarto sostiene que la filosofía ha mostrado que la razón tiene sus limitaciones intrínsecas y problemas insolubles. El drama de la cultura racional es verse frustrada por la no realización del ideal racional. Pero hay dos principios políticos que permiten encauzar la praxis política: la no arbitrariedad y autotelia.
El capítulo quinto afirma que la meta de la revolución es el humanismo y no el orden jerárquico de las clases. El socialismo democrático es la alternativa de libre asociación y creación.
El capítulo sexto trata sobre ideología y teoría, concluyendo que las teorías no son ideologías sino ideologizables. Por ello, la verdad de una teoría es independiente de los fines ideológicos perseguidos.
El capítulo séptimo sobre dialéctica, lógica y humanismo busca probar que la filosofía dialéctica es falsa e inoperante para la revolución. El humanismo y la lógica formal bastan para fundamentar la praxis revolucionaria. La dialéctica es un método refutado por las ciencias naturales y no da cuenta de los procesos sociales. El humanismo es el único sentido de la historia.
El gobierno de Velasco también se declaró humanista, socialista y revolucionario, pero no restauró la democracia. El socialismo humanista de FMQ se parece más al capitalismo avanzado que al socialismo, cosa ya abordada por Marcuse, con una alta distribución de renta y propiedad. Sobrevilla señala que su concepción de revolución es formal porque no aborda los elementos reales de la producción social. Su humanismo abstracto no toma en cuenta los elementos reales para su realización.

En suma, el socialismo humanista mesocrático de FMQ era en solitario la propuesta más avanzada de la alta burguesía peruana ante la honda crisis estructural que sacudía el país.

FILOSOFÍA ANDINA: ¿COSMOVISIÓN O FILOSOFÍA EN SENTIDO PROPIO? (revista Wllakuy)

 


FILOSOFÍA ANDINA: ¿COSMOVISIÓN O FILOSOFÍA EN SENTIDO PROPIO?

Gustavo Flores Quelopana[1]

 

V

oy a abordar el carácter filosófico de la filosofía andina acudiendo a una refutación al enfoque intercultural de Estermann, porque considero que encierra una concesión grave el eurocentrismo. El enfoque intercultural del filósofo y teólogo Josef Estermann expuesto en su celebrado libro Filosofía Andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina (1998) tiene un aspecto positivo y otro negativo.

Lo positivo es que se opone a la definición occidental de la filosofía como pensar racional, crítico y sin supuestos, y con ello es partidario del sentido multívoco de la filosofía. Lo negativo es que define la filosofía como “experiencia vivencial” o “inculturada”, con lo cual identifica lo filosófico con la primacía de lo “vivido” o cosmovisión, en este caso mítica. La comprensión de esta “metafísica vital”, mítica, no conceptual es llamada por Estermann “filosofía”.

Pero esta solución es profundamente errónea, porque al identificar el sentido multívoco de la filosofía con la cosmovisión no está aportando nada nuevo y no avanza hacia la reconceptualización misma de la esencia de la filosofía. Ya Julián Marías en su Historia de la Filosofía había señalado que para hablar de una tradición filosófica no occidental “…lo más problemático es el sentido de la palabra misma filosofía” (Ibid. Alianza Universidad, pág. 10).

Efectivamente, tomando la filosofía como “metafísica vital del mito” Estermann no está descubriendo la “filosofía andina” sino que la está rebajando a nivel de la Weltanschauung o visión del mundo. Y esto no es debido a que el mito sea concebido como algo inferior, sino como asociado a lo inculturado y vivencial. En rigor la Weltanschauung no es filosofía sino imagen objetiva del mundo con carácter de verdad relativa y que refleja un nivel históricamente determinado del proceso cognoscitivo. Por eso la cosmovisión es el impacto psicológico-emotivo del mundo que no reclama un valor objetivo y es una guía pragmática para el vivir. En cambio, la filosofía es una concepción del mundo que reclama para sí objetividad y verdad.

Estermann rebaja la filosofía andina al nivel de cosmovisión, lo vivencial e inculturado. Pero nos preguntamos, ¿Acaso la construcción de impresionantes acueductos, monumentales construcciones megalíticas, impresionantes pirámides, la fina orfebrería, su compleja religión, su delicada vida moral, sus impresionantes calendarios astronómicos y sus convicciones filosóficas son simple cosmovisión, mero impacto psicológico-emocional del mundo? ¿Acaso los simples runas eran los filósofos andinos en vez de los Amautas y sus equivalentes? Por supuesto que no. Esto equivaldría a caer en el reproche que le hacía Hegel a Schelling al recordarle que la sustancia no sólo existe como absoluto, sino también como sujeto. Y, por tanto, estaríamos cayendo en la noche en que todos los gatos son negros.

Y esto vale tanto en los dos modos de entender la filosofía, esto es, como ciencia y como modo de vida. Estermann lo que hace es borrar incorrectamente la diferencia que hay entre filosofía y cosmovisión para hablar de la filosofía andina, sin captar que el esfuerzo fenomenológico va por el camino distinto de la reconceptualización misma de la filosofía. Ese es el camino que seguí por mi parte, hasta arribar a lo que denominé filosofía mitocrática[2], o uso de la razón mítica para explicar los fundamentos del mundo.

Los presupuestos hermenéuticos y metodológicos de Estermann ocultan cuidadosamente que no sabe ver en lo preconceptual otra forma de filosofar. En realidad, su análisis gnoseológico es tan pobre que no distingue entre concepto-imagen y concepto-puro de la lógica. El primero se atiene a la armonía de los contrarios, mientras el segundo al principio de no-contradicción y de identidad. Tampoco advierte que, si el filósofo moderno arranca de la historia, el filósofo medieval de la nada y el filósofo griego del ser, el filósofo ancestral tiene su punto de partida en lo divino. O sea, se trata de una filosofía religiosa, mántica y espiritual. Y no podía ser de otro modo, porque la filosofía mitocrática es hija de una forma anterior de filosofar, llamada filosofía mitomórfica del chamanismo. Si las categorías básicas del filósofo griego son: teoría, logos y ser; la del filósofo occidental cristiano: creación, nada y persona; la del filósofo moderno: tiempo, historia y vida; la del filósofo no occidental andino son: revelación, símbolo y vida. Es decir, las formas conceptuales de la filosofía ancestral no son lógicas sino estético-religiosas.

Por todo ello, lo más descaminado del planteamiento intercultural de Estermann es que estaría negando la existencia de la filosofía misma en un sentido distinto al occidental. Y con ello su ataque a la definición monocultural occidental de filosofía fracasa. Otro punto controvertible en su planteamiento es que lo quechua andino monopolizaría la filosofía andina como cosmovisión, ignorando el acervo cultural Jacaru, Aymara y de otras lenguas pertenecientes a culturas muy distintas a la inca, como los moches, chimúes, chachapoyas, y culturas anteriores como la Tiahuanaco, Chavín, Caral, entre otras.

En una palabra, al negar la posibilidad de la filosofía real, aunque en un sentido diferente a la tradición eurocéntrica, y no asumiéndola como mera cosmovisión, termina haciendo fracasar el sentido multívoco de la filosofía y fortaleciendo su sentido eurocéntrico, que prejuiciosamente sostiene que no existe un sentido de filosofía distinto al que nació en Grecia.

En otras palabras, Estermann deja incólume el falso supuesto de que Grecia es la medida de toda filosofía posible. Por lo demás, explicar la racionalidad andina es explicar su visión del mundo y no necesariamente explicitar su propia filosofía.



[1] Gustavo Flores Quelopana (Lima, 1959). Filósofo, poeta y escritor, peruano de frondosa obra y ágil pluma. Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, Presidente tres veces en la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA-Perú). Disertante en universidades de Colombia, Panamá, México y Perú. Sus aportes filosóficos se traducen en varias categorías: lo “Numinocrático”, aplicado a la filosofía prehistórica; “Mitomorfico” para entender el filosofar arcaico; “Mitocrático”, para comprender la filosofía ancestral; lo “Anético”, para categorizar la crisis moral y antropológica de la posmodernidad; la Justicia como “Copertenencia”; el “Hiperimperialismo”, como lo característico y esencial de la globalización neoliberal actual; la “Cibercracia”, régimen político hacia el cual marcha el capitalismo digital; y el “Ciber Deus”, como realidad posible de la Inteligencia Artificial Fuerte, y la “paradoja antrópica”, como categoría clave para entender la destrucción ecológica por la modernidad objetivante y antimetafísica.

 

[2] Véase mis obras: Filosofía mitocrática y mitocratología (2010), Corpus filosófico andino (2019) y Filosofía Ser, Historia (2023).