viernes, 6 de junio de 2014

EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGUE

REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGUE

Gustavo Flores Quelopana

Sociedad Peruana de Filosofía

(Conversatorio en Universidad La Cantuta el 04 de Junio 2014)

Agradezco a la Dra. Papa y al profesor Ricardo carranza por la gentil invitación a reflexionar sobre la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) en el Perú dentro de un especia de tiempo muy preciso en el seno de la comunidad académica de la Universidad Enrique Guzmán y Valle-La Cantuta.

Es muy sintomático constatar que el Perú es una nación de vocación intercultural desde su remoto pasado precolombino. Culturas regionales e imperios se fueron sucediendo en diálogo intercultural fecundo y constante hasta formar lo que se conoció como la gran civilización andina. Y cuando los españoles vinieron a estas tierras se inicia la transculturización y el proceso de inculturación al mismo tiempo. De manera que el Perú ha sido epicentro histórico de diversos procesos culturales, los mismos que han enriquecido nuestra cultura y que todavía esperan mayor desarrollo.

Pero quizá lo más decisivo que constatar la extinción de las lenguas (120 en la década de los 70 y ahora apenas 46) es al servicio de qué tipo de lógica civilizatoria se pone la sobrevivencia de una lengua.

Esto significa que los propios hechos históricos desmienten que la mera conservación de una lengua significa la conservación de su cultura. Por el contrario, una lengua puede ser conservada con fines comerciales y para cambiar los valores de la propia cultura.

Lo que nos debe importar no es cuántas lenguas se enseñan y se conservan sino en función de qué lógica civilizatoria se lo hace. Si ponemos las lenguas al servicio de la expansión de los valores del mercado, el culto del dinero y la idolatría del exitismo, entonces de poco a nada servirá habrá conservar dicha lengua porque se muestra incapaz de cambiar al hombre y de humanizarlo.

En otras palabras, de poco sirve reconocer que el Perú es un país multicultural, multiracial y multilingüístico si todo esto se pone al servicio de una civilización que deshumaniza al hombre con los pseudo valores del individulaismo, egoísmo, espíritu de lucro, y la lógica del beneficio.

Requerimos con urgencia retomar nuestra conciencia nacional, defender la identidad nacional desde una plataforma política de un sano nacionalismo capaz de oponerse a la hedonista globalización neoliberal mercantilista y a la nihilista y relativista cultura posmoderna. Es necesario volver a los valores absolutos. De lo contrario las diversas lenguas a lo único que contribuirán es a la deshumanización del hombre.

Y en la tarea de recuperación de los valores nacionales hace falta una universidad humanista y no la universidad mercantilista y deshumanizada que impera hoy en día. La universidad debe ser uno de los faros desde los cuales de contrarreste la lógica instrumental de la modernidad, encabece la renovación espiritual y enfrente las deformaciones posmodernas de la cultura nacional y humanística.

En síntesis, la educación intercultural bilingüe no debe perder de vista el marco cultural y civilizatorio que requiere para no convertirse en herramienta deshuamnizadora de la lógica del capital.

Muchas gracias

martes, 3 de junio de 2014

REFLEXIONES SOBRE EL PERU RUMBO AL BICENTENARIO

EL PERU RUMBO AL BICENTENARIO

Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
(Festival de las Humanidades-PUCP-La Cantuta/ Mayo 2014)

Agradezco esta invitación para particpar en la presente Mesa Redonda con tan insignes catedráticos y en un espacio de tiempo estrictamente fijado. El primer punto preocupante respecto al Perú rumbo al bicentenario es la desviación mercantilista de la educación universitaria. Me explico.

Una universidad que vive de espaldas a la idea de país, que ha perdido su espíritu humanístico y que se ha convertido en un mero apéndice del aparato económico del lucro, está incapacitada de llevar a la Nación hacia un destino superior.

Dicha desviación mercantilista universitaria es grave porque al operar sin una idea de país y comportarse simplemente como el proveedor de mano de obra calificada para el mercado lo que hace es envilecer el espíritu universitario, la cultura, la investigación y el espíritu humanístico que la debe presidir.  Su comportamiento mercadólatra fortalece la alienación económica y la cosificación humana, y lo que es más grave aun, deviene en cadena de reproducción de la pérdida de la identidad nacional.

Y este es el segundo punto. La conservación del espíritu anatópico en la vida universitaria, o sea el imperio de la imitación y modas extranjeras, debilitan el desarrollo y fortalecimiento de la conciencia nacional. La globalización neoliberal que idolatra el mercado y homogeniza el mundo necesita de suyo eliminar la conciencia nacional para mejor provecho de los negocios internacionales.

Esto tiene que ver con el actual crecimiento material del Perú, que ya lleva más de una década, pero que no va acompañado de un crecimiento espiritual. La historia ya ha demostrado que las civilizaciones que no supieron convertir su riqueza material en riqueza espiritual enfrentaron la inevitable decadencia. Por eso Roma nunca será superior a Grecia, y el Perú nunca será superior a su pasado precolombino si no sabemos convertir nuestra riqueza material en riqueza espiritual.

Pero para ello hace falta reconquistar nuestra autonomía intelectual, romper con el anatopismo ambiente como requisito indispensable para afrontar la crisis moral y espiritual que nos asedia. Para ello es indispensable subrayar que la riqueza material no es en un fin en sí mismo y sólo es un medio para el crecimiento espiritual.

Efectivamente, lo que nos hace falta es una renovación espiritual y rescatar la conciencia nacional. Ello significa responder con éxito a la hedonista globalización neoliberal y a la cultura relativista y nihilista de la posmodernidad. Hace falta la reacción de las élites pensantes, de los filósofos y pensadores, de los hombres guía. Pero justamente de lo que adolecemos hoy es de una abundancia de profesionales y de una carencia de maestros.

Pero nunca es tarde para reaccionar y revertir las cosas de un sistema que pone a las cosas sobre el hombre y lo único que asegura es la deshumanización creciente y la robotización galopante.

De nada le servirá al Perú llegar al bicentenrario sin plantearse estos problemas de fondo, sin responder qué tipo de país queremos, y sin responder a nuestra milenaria tradición e historia.

Muchas gracias

lunes, 2 de junio de 2014

LA NADA Y EL CRISTIANISMO

LA NADA Y EL CRISTIANISMO
(Breve apunte para el Cenáculo Teológico)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
La Nada tiene dos grandes concepciones: como no-ser o la Nada absoluta o concepto vacío sin objeto (Parménides, Gorgias) y como alteridad o privación (Platón). Ambas son concepciones metafísicas.

COMO NO-SER.-
-La teología negativa a la Nada absoluta le da un uso teológico, definiendo a Dios como lo más heterogéneo al mundo, no es el ser sino un supra-ser, una nada super presente (Escoto Erígena, Eckhart, Boehme, la Cábala).
-El neoplatonismo a la Nada como privación le da un uso metafísico, aspiración a la existencia, la materia es el no-ser.
-La filosofía moderna le da un uso en el devenir, el ser que deviene es el ser y el no-ser, fundamento de la negación (Hegel).

COMO PRIVACIÓN.-
-No existe la Nada absoluta, sólo es privación de algo, lo infinitamente potencial, es un concepto de algo pero no es algo real, es la exclusión de una determinada posibilidad (Platón, Aristóteles, Bergson, Carnap). Por ejemplo, los bosones apenas duran milisegundos y apenas tienen existencia, pero son reales.

EN EL CRISTIANISMO.-
-Están presentes ambos conceptos: como no-ser y como privación.
-Como No-ser: la omnipotencia divina creó el universo desde la nada, la Nada nada es por obra del amor divino (Creatum ex nihilo) y se opone al principio griego Nihil ex nihilo.
-Como privación: se alude a la nada de las cosas, la vanidad del mundo, librarse de las formas para hallar a Dios; negarse a sí para hallar a Dios; en la oración presentar la propia nada a Dios; para que Dios entre en uno nada han de ser el tiempo, las cosas y el cuerpo; todo vuelve a la nada salvo Dios que es vida eterna; el privarse de Dios por amor a Dios (San Pablo); sólo Dios es porque su creación está suspendida en la nada; la salvación llega mostrando que la nada es vencida por la vida eterna dada por Dios; etc.
-La alusión simultánea del cristianismo al problema de la Nada como no-ser absoluto y como privación es una paradoja que se resuelve en razón de la omnipotencia e infinita caridad divina.
-Por la omnipotencia Dios testimonia que la Nada absoluta es vencida en la Creación.
-Por la caridad Dios salva a sus criaturas de su privación ontológica para darles vida eterna.
-Antropológicamente la nada tiene una connotación moral como uso del libre albedrío sin uso de la virtud.

CODA FINAL.-
-El pensamiento mítico ancestral no tuvo un concepto abstracto de la nada sino concreto. Es decir, no concibió a la Nada ni como nada absoluta, ni como Nada relativa. Más bien le adjudicó existencia a través de la idea del Caos, opuesto al Orden o cosmos.
-El pensamiento griego despojó de existencia a la Nada Absoluta, como hemos visto, pero admitió a su vez un tipo de nada diferente, a saber, la nada como PRIVACIÓN.
-El pensamiento cristiano admite las dos formas de nada de los griegos (no-ser y privación) y rechaza totalmente la idea mítica de la nada como algo existente.
-Si la Nada fuese algo existente junto Dios tendría que ser causa sui o causa de sí misma y sería otro dios junto al Dios creador. Como tal situación repugna a la razón y a la realidad, resulta de este modo impensable considerar a la Nada como algo que es. 
-Sencillamente la Nada no es, sólo Dios "es" en sentido absoluto y su creación "es" en sentido relativo, o sea dependiente de su fuente que es Dios mismo.
-En la Creación la Nada como privación tiene presencia a través de la muerte, el vacío, el pecado, entre otros.



Lima, Salamanca, 02 de junio 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

CHAMANISMO PACHACUTISTA Y ABSOLUTO DINÁMICO EN EL PERÚ ANTIGUO

CHAMANISMO “PACHACUTISTA” Y EL ABSOLUTO DINÁMICO EN EL PERÚ ANTIGUO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 

Las huacas del Sol y de la Luna son grandes pirámides consagradas a ceremonias chamánicas. El chamán moche inicia su viaje extático ayudado por bebidas alucinógenas para venerar al Sol y a la Luna. Los altos terraplenes de las monumentales pirámides sirven para que el chamán moche logre una experiencia extática espontánea observando en una visión a los planetas y otros astros. También el espíritu de los poderosos chamanes muertos acuden para exteriorizar la vocación chamánica del chamán vivo y relacionarlo con los espíritus que lo llevan al Cielo.

Dichas huacas y sus alto relieves no se explican por fines astronómicos sino por fines mánticos y de comercio con los seres celestes, semidioses y el espíritu de los muertos. Lograr ver con ojos místicos el destino del pueblo moche era sólo uno de los elementos simbólicos centrales que hablaban de su triunfo sobre la condición de la vida profana. Dichos asentamientos fueron abandonados porque el mensaje del destino sagrado de los moches estaba cumplido. Esta interpretación chamánica es también aplicable a los geoglifos de Nazca.

Se trata de una época de auge del chamanismo en América del Sur. Época en que los chamanes obtenían el derecho divino directamente de los espíritus celestes. Dichos poderes mágicos fueron la base del apoyo de la comunidad para la edificación de pirámides monumentales. El chamán no era el sacerdote, ni el chamanismo era la religión. El chamán es el especialista en la relación con los espíritus, el dominio del fuego, el vuelo mágico, el descenso al infierno y el ascenso al Cielo. Su gran influencia se debe a que alcanza una perspectiva transtemporal, es el receptáculo del mensaje de los dioses y es un especialista en la manipulación de lo sagrado. El elemento esencial de sus sueños y sus éxtasis es el diálogo final con el Ser celestial.

Las representaciones del muro complejo de la huaca de la Luna son visiones de sueños y revelaciones chamánicas, que hablan del éxodo del espíritu sagrado de los moches desde una dimensión temporal hacia otra dimensión transtemporal. Es la revelación extática de un ascendente viaje cósmico por el vuelo mágico del chamán, con ayuda de espíritus principales y espíritus auxiliares, hacia la morada del Ser divino celeste.

Las figuras animales y de plantas del muro complejo de la huaca de la Luna son espíritus auxiliares y espíritus protectores que preparan al chamán moche para el viaje extático a los cielos o a los infiernos. Las figuras de las olas del mar es la invocanción por el chamán del ser divino o semidivino del gran Señor del Mar. Las estrellas y planetas tienen también el mismo rango. El chamán dispone de todo un panteón de seres divinos o semidivinos, espíritus auxiliares, espíritus custodios, espíritus de plantas, de animales y de astros para obtener una visión poderosa.

Una metafísica de la visión preside el éxtasis chamánico, que no es otra cosa que una muerte ritual o rebasamiento de la condición humana profana.

El éxtasis místico del chamán moche corresponde a la forma extática ancestral. La mística superior excluye la posesión del espíritu de plantas, animales, astros, semidioses, espíritus de los muertos o seres del inframundo, para consistir en la comunicación directa con el Creador o Dios Supremo. En el mundo moderno conviven ambas formas de mística y señalan el mismo rebasamiento de la condición humana profana.

La presencia de pájaros y la serpiente en el Muro complejo de la huaca de la Luna representa el don de profetizar. La serpiente y las aves son animales mágicos, receptáculo del alma de los muertos o de la epifanía de los dioses. El chamán al hablar el lenguaje de los animales en palabras incomprensibles restaura la situación paradisíaca en el albor de los tiempos antes de la catástrofe primordial, cuando el hombre podía hablar con los animales, volar, no morir, y transformarse en animal. Hablar el lenguaje secreto de los animales es lo que le permite transitar libremente en las tres zonas cósmicas: Cielo, Tierra e Infierno y obtener profecía.

Lugar muy importante en toda huaca es el lugar donde el chamán debe entrar en trance extático o debe dormir. Es en sueños la vía regia por donde llega la vida sagrada por excelencia y es donde se establecen relaciones directas con los dioses, los espíritus y las almas de los antepasados. En el sueño queda abolido el tiempo histórico y restablecido el tiempo mítico, lo que permite al chamán presenciar el comienzo del mundo, a la cosmogonía y a la teogonía primordial.

Las figuras de las líneas de Nazca representan los dioses, espíritus auxiliares y seres mágicos que ayudan al chamán en su viaje al Cielo para alcanzar la cima del mundo cósmico. Todas las figuras de la pampa de Nazca son un puente entre el Cielo y la Tierra para efectuar el rito de abolición del tiempo profano y restauración del tiempo mítico y de la época paradisíaca antaño accesible a todos los humanos.

El tema fundamental del chamanismo andino y amazónico es el mismo al del chamanismo universal ancestral, a saber, la ascensión celeste y la resurrección simbólica del hombre.

El enorme tamaño de los geoglifos de Nazca pueden estar relacionados con el poder de volar que adquieren los chamanes poderosos. El vuelo chamánico está asociado con el rito mágico de ascensión al Cielo y comunicación con los dioses. Además se atribuye visión a los espíritus del Cielo, ellos también debían ver dichas figuras desde lo alto. De ahí el enorme tamaño de los geoglifos. Sin una visión mística, iniciática y sacra es imposible comprender el mundo ancestral precolombino.

También hay que incluir el beneficio curativo del contacto con los dioses. Seres sobrenaturales descienden en la ceremonia chamánica, seguido de un dios que lleva al chamán hasta el cielo. Tras largas danzas y cantos se cae en trance, se visitan regiones del más allá, ven el alma de los muertos, a distintos espíritus, a semidioses o al ser del cielo, con el fin de recuperar la situación primordial y abolir la decadencia actual del universo.

Los geoglifos de Nazca y las huacas del Sol y la Luna, como todas las demás huacas-pirámides, no son observatorios astronómicos sino centros ceremoniales chamánicos donde se ejercita la técnica de integración mágica con el mundo de los espíritus y en donde se opera la transustancialización del chamán en un ser sobrehumano capaz de volar y ser la encarnación de un ser mítico (antepasado, animal, dios).

Al parecer entre los siglos I y siglo VIII de nuestra era en el antiguo Perú se vivió un gran apogeo del chamanismo, podemos decir que fue su edad dorada, y a esa época pertenecen la cultura Nazca y la cultura Moche, las más chamánicas que por estos lares se han conocido. Fue el tiempo de la edificación de imponentes conjuntos piramidales, se esculpió el hombre volador en la puerta de Tiahuanaco y del trazado de las líneas de Nazca.

No se puede descartar un contacto religioso entre ambas culturas y, al contrario, hay que suponerlo. Si es así entonces el clima chamánico-místico era panandino y en la cual también estaban insertas las culturas Recuay, Cajamarca, Lima, Vicus y la enigmática Tiahuanaco. Todo lo cual no sería sino la culminación de un potente proceso religioso que se retrotrae hasta tres milenios a.n.e. con las pirámides y el altar del fuego de Caral y al templo de la cultura Chavín.

El chamán moche, nazquense o tiahuanaquense es sólo un conducto místico por el cual se restablece la solidaridad cósmica entre el Cielo y la Tierra. En los tiempos míticos primordiales cada miembro del clan o la tribu podía convertirse en un modelo ejemplar, pero perdida aquella edad semejante relación íntima está reservada exclusivamente a los chamanes. En el fondo se trata de la recuperación de la condición humana cuando hombres y dioses vivían en solidaridad.

En el Muro complejo Moche de la huaca de la Luna se observa una figura humana central encerrado en una línea oval u ovoide. La alusión es tremendamente significativa porque simboliza que el fin de la experiencia mística del chamán es trascender el tiempo y el espacio para metamorfosearse en el éxtasis ascensional en un aninal-antepasado como espíritu auxiliar, trascender la condición profana y recuperar la existencia paradisíaca del tiempo mítico. Todo el simbolismo es una hierofanía, una cosmografía aérea de contacto con el mundo espiritual.

La forma oval de dicha figura central simboliza al huevo, el cual significa la idea de morir para nacer, muerte en el mundo profano y resurrección en el mundo sagrado. Cada una de los demás dibujos representan objetos mágicos que poseen un simbolismo particular y desempeñan su cometido en la preparación del viaje extático del chamán. El Muro mismo representa un microcosmos, límite mágico que separa la Tierra del infierno y del Cielo. Todo resume el itinerario y la aventura del chamán.

Sin embargo, dicho viaje tuvo su repercusión en este mundo profano porque las evidencias arqueológicas arrojan el resultado que dichas ciudades fueron abandonadas más o menos al mismo tiempo a lo largo de todo el territorio del Perú antiguo. Esto es casi como afirmar que se esperaba un gran acontecimiento cósmico que revelara el mensaje de los dioses. El tiempo se cumplió, todas estas culturas colapsaron repentinamente. Pero no se trató de un colapso sino del cumplimiento del tiempo profano y la realización de las profecías chamánicas, a saber, la unión del Cielo y la Tierra y el inicio de una nueva era. Un gran Pachacútec o cambio del mundo tuvo lugar, la horoscopía, la mántica, la magia y el oráculo así lo decían. No fue un Apocalipsis o destrucción del mundo sino un Pachacútec o reforma del mundo.

Todo indica que en el Perú precolombino las culturas regionales tempranas heredaron el Periodo arcaico Tardío (8 mil al 3 mil a.n.e) y del Periodo Formativo (1,800 a.C. al 200 d.C.) la representación del mundo en tres zonas cósmicas separadas entre sí por límites fronterizos que sólo los podía atravesar el chamán, a saber, el Infierno, la Tierra y el Cielo. Todo este largo tiempo es de especialización en la ascención extática del chamán. Huacas y chamanes eran los instrumentos para establecer contacto con el mundo de los espíritus (dioses, espíritus, demonios, antepasados, muertos, animales míticos).

Durante el Incario no se edificaron pirámides pero sí muchos templos con varias categorías de ministros religiosos, que llevan a la convicción que los chamanes no desaparecieron. Así el jesuita chachapoyano Blas Valera en su crónica "Las costumbres antiguas del Perú" enumera a los siguientes: el gran Vilahoma, religioso juez supremo, era hombre sabio o amauta que vivía en abstinencia, pobreza y soledad; los Adivinos o huatuc, agoreros célibes que entraban en trance con furor diabólico para dejar oir al oráculo; y el hechicero o humu, especialista en sacrificar animales, adivinar en sus entrañas, casados y computistas del año.

Y además de todos éstos había una enorme cantidad de indios religiosos o penitentes, llamados así por su vida anacoreta y solitaria, muchos se castraban para reverenciar mejor a sus dioses. No hay que olvidar a las Acllas o Vírgenes religiosas.

Es decir, era un mundo profundamente religioso, lleno de sentido de lo sagrado y lo místico. Pues bien, el chamán en esta clasificación se identifica con el adivino que con furor diabólico oía al oráculo. El huatuc es el especialista en el trance místico, realiza el viaje cósmico, vive la hierofanía de la vida sagrada, trasciende la condición profana, visita el mundo de los espíritus y su simbolismo está insuflado de cosmografía espiritual. A este tipo de chamanismo andino presente en las culturas evolucionadas del Perú precolombino las denomino pachacutismo chamánico o chamanismo pachacutista.

Cómo podemos caracterizar el anhelo espiritual del mundo precolombino. A este respecto es interesante la filosofía histórica de Walter Schubart, quien habla de los eones metafísicos de la historia, eones que engendran arquetipos históricos: heroico, ascético, armónico y mesiánico (Europa y el alma de Oriente, 1947). La cultura china, afirma, es armónica y predomina la contemplación del mundo, la hindú es ascética y prevalece la huída del mundo, la hebrea es mesiánica y despunta la santificación del mundo, mientras la cultura occidental es heroica y prepondera el dominio del mundo. La cultura occidental es heroica y tiene una fase gótica y otra prometeica y a éste le sobrevendrá la era del arquetipo mesiánico (amor y fraternidad). Pero para que llegue la casa ecuménica, concluye Schubart hará falta una guerra universal.

Es tentador aplicar el esquema de Schubart al desarrollo cultural del Perú antiguo y en lo cual se puede decir que la cultura precolombina es armónica como la china, con una fase ascética a partir de Caral y que se prolonga hasta Chavín; una fase armónica con los desarrollos regionales de Moches, Nazca, Tiahuanaco, Recuay, Lima; una fase, una fase heroica con los grandes estados regionales como el imperio Wari; y una fase mesiánica con el imperio incaico, la cual aspiraba a una casa ecuménica panandina. Sin embargo, todo esto puede ser una trasposición arbitraria y esquemática de una realidad más rica y compleja.  No obstante es útil, no sólo porque ofrece un criterio orientador sino porque señala el sentido metafísico de cada cultura, lo cual subsiste a pesar que la presente era de globalización económica y tecnológica-científica.

Efectivamente, ya se ha señalado que el esquema de Schubart no sólo defiende exageradamente a la cultura oriental, a la que atribuye profundidad pero le falta dinamismo, sino que además confiere al hombre de occidente un pesimismo cósmico y metafísico que le hace sentir miedo al universo. Lo cual se confirma en la presente era nihilista de la posmodernidad, donde el hombre occidental presenta un casi irremediable pesimismo metafísico y cósmico que aniquila la veneración a Dios.

Ahora bien, siempre ha habido un anhelo de interpretar racionalmente el mundo, incluso lo religioso no excluye lo filosófico que es innato al espíritu del hombre. En este sentido todas la culturas han tenido pensamiento filosófico de diversa índole: intracósmica en China, metacósmica en la India, inmortalidad en Egipto, Sumeria, Babilonia, Irán, racional en Grecia. ¿Y en el mundo precolombino? Veamos.

El hinduismo llega al absoluto por el camino insondable de la Nada, el nirvana, la desvalorización del cosmos. En cambio la China y el Occidente llegan al absoluto valorando el cosmos, los seres contingentes y finitos. Cierto que el occidente se inserta en el cosmos pero también en la nada no sólo con la teoría del salto quántico sino también con el nihilismo.

Todo esto nos lleva a la constatación de una profunda antítesis entre Oriente y Occidente. Son dos almas de distinta profundidad metafísica. El de Occidente es antropocéntrico, tiene sed de inmortalidad (ya sea sagrada o profana), asume la vida como única, y tiene sed de ser. En cambio el de oriente tiene sed de no-ser, cree en la reencarnación, aspira a la nada y es cosmocéntrico. El alma china es armónica, la hindú es ascética, la occidental heroica. Llegarán algún día a la gran síntesis. No lo sabemos. Pero si tomamos en cuenta lo señalado por Mariano Iberico (“El arte en el Perú prehispánico” en: La aparición histórica, pp. 119-131, Lima 1971) la profundidad metafísica precolombina es más vital. Según Iberico, las estilizaciones geométricas y zoomórficas del antiguo arte peruano no cantan a la muerte, como en los egipcios, sino a la vida fluyente y dinámica como en los babilonios. No es una aspiración a la inmovilidad sino a la movilidad universal. El peruano antiguo tiene una actitud, un sentido cósmico y una noción de lo Absoluto más vital y dinámica.

La cosmografía religiosa del chamanismo precolombino así lo testimonia. En la base del chamanismo está la actualización de la “Vida Total” de las realidades espirituales. Huesos y esqueletos simbolizan la regeneración de la vida. El restablecimiento de la unión entre el cielo y la tierra, entre el tiempo histórico y el tiempo primordial indican la restauración de la plenitud de la vida. El chamán al alcanzar la visión del origen supera la muerte y se retrotrae a ese momento de identificación del hombre con la fuente de la vida. De ahí que Pachacamac signifique literalmente “mundo viviente” y mitológicamente “Ordenador del mundo”, Illa teqsi wiracocha sea “divinidad suprema de la luz” y Pachacútec signifique “transformador del mundo” (Diccionario Quechua Español Simi Taqe, Gobierno Regional del Cusco), todos simbolizan una metafísica vital. Los grandes líderes del Perú antiguo empujaban a los hombres hacia la transformación del mundo, concebida como la obra de una voluntad divina: Pachacútec.

Esto lleva a sostener que la cultura precolombina no desvaloriza el cosmos como la hindú y más bien presenta maravillosos puntos de contacto con la cultura china, egipcia y la occidental. Como la china valoriza el cosmos, como la egipcia cree en la inmortalidad, como la occidental busca dominar su medio ambiente y con ello tiene ese valor de eternidad que sopla a través de los siglos. Pero en oposición a la cultura de Oriente no es estática ni quietista, sino dinámica y fluyente. De ahí que su predominancia armónica tenga rasgos peculiares: es mesiánica y busca la edificación de la casa ecuménica. Las sublimaciones metafísicas y místicas de sus clases directoras estaban presididas por el principio de la armonía de los opuestos, y no por el occidental principio de contradicción. Ese era el elemento común con el universo mitocrático de India, China y Egipto.

En una palabra, el chamanismo pachacutista del Perú antiguo se inserta en un cosmos lleno de vida, dentro de un pensamiento filosófico-religioso vitalista, todo lo cual se traduce en el afán de superar la muerte insertándose en un Absoluto dinámico.


Lima, Salamanca 24 marzo 2014

martes, 11 de marzo de 2014

CRÍTICA DE LA RAZÓN MÍSTICA (Prólogo)

Prólogo

 

Llamo razón mística a la facultad de conocimiento por principios preternaturales, o sea que excede las capacidades de la naturaleza humana. Y denomino Crítica de la razón mística a la investigación de la posibilidad y límites de dicho conocimiento.

El tema no está planteado dentro de los marcos de una filosofía trascendental sino, más bien, dentro de la necesidad de una hermenéutica remitizante. Es decir, dentro del programa filosófico de recuperación del horizonte de lo trascendente.

No obstante, hay que reconocer que la facultad de representar, tal como la dejó Kant, exige esclarecer la relación de la Revelación con la filosofía pura. Esta tarea desborda el propósito de la presente obra. Para Kant sentir a Dios como existente dentro de nosotros implica juicio teleológico referido al sujeto, y sentirlo fuera de nosotros es referido al juicio teleológico en su uso teórico. En cambio, el éxtasis místico no es sentir a Dios ni dentro ni fuera de nosotros, por el contrario, es sentirnos en Dios. Por tanto, muestro tema es distinto.

Lo más desconcertante de esta tarea es que debe afrontar el investigador la naturaleza inexpresable y supralógica del éxtasis místico. En otros términos, se trata de una facultad de conocer que no es provocada por el hombre, no es vertible a lenguaje y, por tanto, no es comunicable. Y sin embargo, implica una forma única de conocimiento.

Esto representa varios desafíos de largo alcance. En primer lugar, va contra la doctrina generalmente admitida que dice que lo real y la verdad tienen que ver siempre con el juicio y el discurso. En segundo lugar, que lo inteligible implica lo expresable. Y en tercer lugar, que lo inexpresable es sinónimo de lo ininteligible.

El presente ensayo responde a tales problemas llegando a conclusiones precisamente opuestas y aplicables específicamente al fenómeno místico. Las tesis a que se arriban en este libro sostienen varias cosas, entre ellos: que los tres tipos de sentido lingüístico (conceptual, emocional e intuitivo) son insuficientes para dar cuenta del éxtasis místico; junto al universal intuitivo, al universal conceptual y al universal emocional se da el universal místico; el universal místico trasciende el moldeamiento lingüístico y es ejemplo paradigmático de sentido significativo   incomunicable;   y, en consecuencia, el éxtasis místico no busca proscribir la noción de sujeto y predicado y las otras categorías enlazadas a la sintaxis, lo que sucede es que está sobre esta forma lingüística de inteligibilidad. La inteligibilidad supraidiomática de la mística muestra que hay condiciones más fundamentales al de la coherencia y adecuación. Es Dios el que alimenta la verdad del sujeto y no a la inversa.

Esta postura no es nueva, lo nuevo es su forma de fundamentación, mediante una teoría realista del lenguaje y del símbolo. Muchos filósofos, desde Pitágoras pasando por Platón y Plotino hasta llegar a Bergson y Marcel, advirtieron que el lenguaje humano no alcanza la verdadera realidad. La diferencia fundamental con ellos estriba en que aquí no lo disponemos a la metafísica, la cual recurre legítimamente a un lenguaje metafórico y analógico para describir los entes suprasensibles, sino que nos referimos exclusivamente a la mística.

En este ensayo se diferencia nítidamente la inteligibilidad idiomática de la ciencia, la inteligibilidad metaidiomática de la metafísica y la inteligibilidad supraidiomática de la mística.

En la mística el problema no es cuán perfecta es la estructura idiomática, sino, que el desarrollo idiomático no alcanza a expresar la visión mística. De Dios se puede hablar simbólica y metafóricamente. Pero el principio del simbolismo será válido en la teología más no en la mística. La experiencia mística es cognoscitiva pero, al mismo tiempo, es irreductible a todo discurso. Su inexpresabilidad representa la metáfora suprema y el símbolo trascendental por excelencia. Esta intelección sin comunicación señala algo que se presenta no como problema sino como misterio, porque en el éxtasis místico de lo que se participa es del ser de Dios.

El hombre moderno se concibe como un ser exclusivamente histórico, viviendo en un universo desacralizado. Pero los fenómenos místicos siguen ocurriendo indiferentes a las veleidades narcisistas del antropocentrismo descreído. Esta recurrencia es altamente demostrativa porque señala que no se trata de una obsesión in illo tempore o una alucinación psicológica subjetiva, sino de un prodigio ontológico del régimen existencial humano que testimonia la presencia del sentido significativo de la inexpresable trascendencia de lo divino.

Gustavo Flores Quelopana

(Prólogo del libro “Crítica de la Razón Mística”, IIPCIAL, Lima 2014)