Revista peruana de Filosofía dedicada a los temas de metafísica, ontología, antropología filosófica, ética y política con especial énfasis en las categorías de lo anético, mitocrático, hermenéutica remitizante e hiperimperialismo. Contacto: gus_floque@yahoo.com
viernes, 12 de marzo de 2021
NUEVO LIBRO "NIHILISMO Y REVOLUCIÓN"
Una pesadilla recorre el mundo y ahíta los corazones. Se llama Nihilismo ese espantajo que deja hecho jirones el alma. Pero el nihilismo no es una esencia abstracta que sobrevuela por encima de nuestras cabezas. Nada de eso. Es un fenómeno histórico-social concreto que le acontece a la conciencia del sujeto moderno -la burguesía- en un momento específico de su historia. Es decir. no estamos ante la decadencia de la misma razón, sino de la razón burguesa en su etapa final.
El libro lleva el Prólogo de la filósofa española Ana Lacalle Fernández.
domingo, 7 de marzo de 2021
UN PATRIOTA EN EL CIELO
UN
PATRIOTA EN EL CIELO
Gustavo Flores Quelopana
Al escribir las presentes líneas siento que cumplo un deber sagrado ante quien no sólo fue un gran intelectual, sino un amigo sincero, como los que ya están en vías de extinción en esta vida. Cuando un amigo de esa talla se nos va, hemos perdido también algo de nosotros mismos. Su amistad era una hermandad que esperamos verla restaurada en la vida eterna.
Ayer seis de marzo del 2021, en plena marcha hacia el Bicentenario de la
Patria, dejó este mundo a las diez de la mañana de un sábado, el insigne amigo,
distinguido intelectual y perseverante patriota, Julio César Rivera Dávalos. Su
vida fue segada por la inclemente mano asesina de la pandemia del covid 19, que
con setentinueve años a cuestas él no pudo resistir, a pesar del tanque de
oxígeno que le asistía.
A todos quienes lo conocimos y compartimos de su generosa amistad nos ha
conmovido su partida. Y ello por varias razones. Primero, siempre honró el
significado profundo de la palabra “amistad”. Su mano perennemente estuvo siempre
presta para auxiliar a tirios y troyanos. Segundo, a todos admiró su
indoblegable fe y convicción por la idea que batalló durante los últimos
treinta años: las letras de un nuevo Himno Patrio como punto de inflexión para
el forjamiento de una nueva mentalidad nacional valorativa y desarrollista. Tercero,
fuimos testigos de la ingente cantidad de recursos mentales, editoriales,
docentes, económicos y legales que desplegó para ver triunfar su ideal patrio.
Cuarto, le dolía como a nadie la mefítica ola de corrupción que asolaba a
nuestra vida política republicana. Y quinto, fue un personaje muy estimado en
los medios de prensa nacionales e internacionales.
Se nos fue el último gran himnólogo vivo que le quedaba al Perú. Él fue
quien demostró que el General Don José de San Martín no nos dio un Himno, sino
una Canción patriótica en vistas que los peruanos la reconsideraran. Él fue el
primero en insistir que el debate sobre la legitimidad del Himno Patrio surge
en 1867 cuando la Academia de Ciencias y Bellas Letras presenta los primeros
intentos de reforma. Él fue el primero en demostrar filosóficamente las leyes
internas que le son propias a todo himno nacional. Fue también el primero en
demostrar que la Ley de Intangibilidad es jurídicamente nula, psicológicamente
opresiva u espiritualmente conformista. Todo lo cual volvía urgente su cambio
de letra.
Todo esto los demostró en su primera obra “El mito de un símbolo Patrio”
del 2004. La verdad es que durante el segundo gobierno de Alan García levantó
tal polvareda periodística su segunda obra intitulada “El poder de un símbolo Patrio”
del 2008, que el gobierno hizo cambios sólo en el orden de las estrofas para calmar
superficialmente los ánimos. Esta su segunda obra fue la más profundamente
filosófica que presentó, porque allí se explaya en el análisis fenomenológico,
hermenéutico, dialéctico y axiológico de la esencia y forma del Himno Patrio.
El nivel al que llevó la himnología en el Perú y el mundo no tiene paralelo en
ninguna parte. La conclusión de fondo es que sin desarrollo espiritual no hay verdadero
desarrollo material. A diferencia del connotado himnólogo Raygada, Julio Rivera
consuma la ruptura con el paradigma hímnico anterior proponiendo una letra
elevadamente valorativa. Para él era nítido el poder de un símbolo patrio como
clave de la identidad e integridad.
Pero su filosofía hímnica no se detuvo ahí. Ya había demostrado la esencia valorativa, antes que estética, de los Himnos Patrios. Ahora se trataba de ahondar en dos aspectos, a saber, que el valor moral ínsito en el símbolo patrio trasciende lo consuetudinario y se constituye en el baluarte de la identidad nacional. Importante es su distinción entre “tradición” y “tradicionismo”. La primera es de naturaleza dialéctica y en desarrollo, que permite el desarrollo y rectificaciones, mientras que lo segundo es una actitud congeladora de la historia. Para Julio Rivera nuestro Himno nacional se hallaba prisionero de un enfoque tradicionista en vez de tradicionalista. Pero al descubrir en esta obra la categoría de la “emocionalidad cívico-ética” libra al símbolo patrio de ser un mero signo consuetudinario. Aquí madura su idea eje de profunda influencia scheleriana: un Himno Patrio no es más un símbolo estético, sino eminentemente un símbolo cívico de contenido ético. Aplicó la teoría de los valores al análisis del símbolo hímnico. Pero esta obra tiene también la virtud de señalar con valentía y coraje de dónde viene la amenaza que mella el amor patrio, a saber, de la cúspide neoliberal que encabeza la pirámide social global. Julio Rivera no era precisamente un anticapitalista, pero sí era indudablemente un antimperialista.
En el pensamiento de Julio Rivera se puede rastrear el influjo de Husserl, Scheler, Gadamer, Habermas, Levinas, Morris, Peirce, Popper y Spranger. Pero empleó todo este acervo para forjar toda una nueva mentalidad nacional -de ahí que fundara el Instituto de la Mentalidad Nacional o INIMEN-. O sea, empleaba a autores de la subjetivización para realizar una empresa de des-subjetivización, a lo Nietzsche, Bataille o Blanchot. Aunque es innegable que su empresa de des-subjetivización estuviera dirigida a edificar una nueva subjetividad valorativa y libre. Es decir, jamás derivaría hacia una negatividad radical donde ya no hay nada que negar. Por el contrario, la salvación nacional no puede venir entonces sino de su transformación en civismo comprometido. La gran revolución copernicana que representan los estudios de Julio Rivera consiste en que nos enseña que no es tanto el Himno cosa del hombre cuanto el hombre es cosa del Himno.
En 2016 publicó “¡Himnos en la actualidad! Para qué”, fue una edición bellamente
presentada y puedo decir que se trata de un obra que trasciende a su autor En
el 2019 viajó a la Argentina, al Congreso Mundial de Semiótica que se realizó
en Buenos Aires, siendo recibido por el buen amigo, el filósofo bonaerense Juan
Maya. Fue llevando su ponencia “Semiótica del Himno Patrio”, que preparaba como
libro y que quedó inédita. Y en mí guardo la esperanza que su querido hijo Jean
Pierre junto a su madre Alicia Rivera -ésta última aún afectada de covid- puedan
algún día publicarlo. Ese mismo año 2019 lo incorporé a la Sociedad Peruana de Filosofía, siendo miembro del Comité Directivo.
Muchos fuimos los amigos que colaboramos en su empeño y que acompañan en
el luto: Antonio Belaunde Moreyra, Luis Enrique Alvizuri García Naranjo,
Francisco Reluz Barturén, Kiko Álvarez Vita, Víctor Montero Cam, Fidel
Gutiérrez Vivanco, José María, Mariela Cepedo, Sebastián Zileri, Mario Garvich,
Carlos Gómez, Claudio Chipana, Gladys Rázuri, Ricardo Segura, Víctor Samuel Rivera, Odilón Guillén, Toribio
Torres, José Luis Herrera, su inseparable y eficiente secretario Ysaí Quiroz
Carreño. Todos fuimos integrantes del cenáculo de filosofía “Yachay Wiñay” o
Casa del saber, que por diez años funcionó en su casa cada viernes, y que
siguió en el relevo del cenáculo de filosofía sanborjino cuando se cerró. Estos cenáculos arrebataron a la academia la filosofía para ponerla en circulación en la vida cotidiana, cosa similar a lo que hizo el existencialismo francés en los años de guerra y postguerra. Todos
fuimos cultivadores del pensar filosófico, del amor por el saber y la búsqueda
de la verdad. Allí fortaleció y se desarrollaron las grandes ideas que Julio
Rivera las convertiría en libros.
El Perú en el año de su Bicentenario envió al Cielo a un gran patriota,
desde allí velará por su país que tanto amó, al que tantos esfuerzos dedicó y
contemplará a la legión de amigos que dejó en sus esfuerzos por edificar un
mundo mejor.
Lima, 7 de marzo 2021
viernes, 12 de febrero de 2021
domingo, 7 de febrero de 2021
LA CRISIS DEL NIHILISMO ACTUAL
LA NADA DEL NIHILISMO
Publicado por Gustavo Flores Quelopana en Sábado, 6 de febrero de 2021
sábado, 6 de febrero de 2021
domingo, 31 de enero de 2021
ARGUEDAS COMO FILÓSOFO
ARGUEDAS
COMO FILÓSOFO
Gustavo Flores Quelopana
Si la Filosofía no sólo es una forma de saber sino también una forma
forma de ser, entonces Arguedas fue filósofo porque anduvo por el mundo
interesado por esclarecer el valor del mundo andino desde una visión sincrética
donde lo mágico se mezclaba con el tamizado racionalismo del materialismo
dialéctico, donde la vida y la muerte se combinan de una manera singular.
Arguedas como filósofo contempló lo universal contenido en el
sincretismo de lo andino con lo occidental. La tradición llama a Arguedas
"uno de los grandes representantes de la literatura en el Perú, padre del
neoindigenismo, estudioso de la música andina y difusor del quechua". Pero
esencialmente fue un filósofo porque en él todo estaba unido. Concibe el mundo
como una totalidad viviente, donde la filiación mítica y armónica del universo
andino colisiona desgarradoramente con el mundo instrumental occidental.
En su búsqueda de universalidad y certeza plantea, desde su obra maestra
"Los ríos profundos" hasta su obra más importante "El zorro de
arriba y el zorro de abajo" pasando por "Todas las sangres", el
ideal de integración del mito con la razón como el secreto del sino de la
peruanidad. Dicho desafío del ideal también se manifiesta en el peligro de la
penetración corporativa imperialista y el problema de la modernización del
mundo indígena.
En Arguedas no hay metafísica constructiva, pero está presente el cosmos
en movimiento de Aristóteles, la concepción estoica de un universo ordenado por
combinación de fuerzas, el materialismo dialéctico de Marx y Engels y el
universo mítico-mágico de estirpe ancestral andina. Su universo es vivo y no
mecánico. Lo ve como un misterio no sólo natural sino también humano, y que
requiere de la acción revolucionaria. O sea, el pensamiento armónico andino
también es revolucionario.
En este contexto debo añadir que una de las investigaciones en curso más
serias y que pronto saldrá a la luz corresponde a la emprendida por el
escritor, ensayista y pensador peruanista Hugo Chacón Málaga. No será
infidencia alguna si afirmo que su descubrimiento en Arguedas de una filosofía
del Yawar Mayu será una las contribuciones más significativas en la comprensión
de nuestra insigne figura intelectual.
Personalmente considero que la sugerencia filosófica más profunda del
pensamiento de Arguedas concierne a la relación entre Mito y Razón. Lo cual me
lleva hacia la siguiente consideración. En el mundo andino aun
sobrevive la visión mítico-mágica del mundo porque la penetración de la
racionalidad científico-técnica sufre un notorio retraso. En la visión mítica
andina el Ser es presencia y la verdad es desocultamiento. La mitología
filosófica es una metafísica de la presencia, la filosofía mitológica es una
metafísica de la esencia, la filosofía de la razón es una metafísica del
concepto, la filosofía metafísica de la técnica es una mitología de la
manipulación de los entes. De modo que, no se puede decir que la metafísica es
la prehistoria de la técnica, por que ella contiene su propia metafísica,
filosofía y mitología. En la propia técnica se opera una mutación del pensar
mítico -de invocación a manipulación práctico matemática-. Pero ello no
significa que los horizontes de pensar anteriores no sobrevivan. Al contrario,
pueden permanecer inmaculados como sufrir las más diversas variaciones.
Otro punto controvertible que plantea su ideal
filosófico sincrético es la relación entre el Mito y la categoría de lo
Posible. En el Mito no prima el reino de la libertad sino el reino de la
necesidad. Este necesitarismo ancestral, presente también en la deidad ordenadora
andina, se prolonga en los griegos y en los filósofos árabes. Pero también está
presente en Cusa, Bruno, Spinoza, Leibniz, Kant y Hegel. Y es más evidente en
su repugnancia hacia la categoría de la posibilidad. Veamos cómo el campeón del
procesualismo dialéctico se empantana en un pathos estático y se convierte en
un dialéctico cíclico de lo pasado. Algo parecido al Pachacuti andino. "Lo
que es posible no puede ser ya de otra manera". O sea, el gran dialéctico
sitúa la posibilidad en el plano de lo superfluo y así la posibilidad real está
rodeada totalmente de la realidad llegada a ser. Es decir, el reino de lo
posible está aplastado por el destino estático, porque todo lo posible ya está
configurado en lo real. Esta puntualización es muy importante, porque permite
advertir que las utopías donde prima la necesidad son utopías de la repetición
cíclica, donde el desarrollo y el progreso queda mitigado. Es por ello, que el
mundo mítico es ciclo temporal de repeticiones necesarias regidas por el
destino. Lo que lleva a una escatología y una teleología conservadora y de
simple renovación repetitiva de los ciclos temporales. Una síntesis entre Mytho
y Logos deberá superar el necesitarismo ancestral y conservar armónicamente la
libertad que implica lo posible como posibilidad real en el mundo.
Y un tercer punto que es
valioso considerar en su novelística es la felicidad en medio de la pobreza
junto a su desconfianza por el desarrollo capitalista. Lo cual nos lleva a
decir: Prefiero la honrosa pobreza a la deshumanizadora riqueza. Vive con lo
que tienes y no desees tanto, que principio de la alegría es controlar los
deseos. No te consideres un creador de tiempo y dinero, vive el tiempo y la
gratuidad de la vida que es regalo divino. Ten presente que desarrollo personal
no es acumular bienes exteriores, ni honores, sino tener un corazón que sirva
al bien y haga feliz al prójimo. De esta vida nada te llevas, pero recuerda que
puedes dejar un mundo regado por el amor de tu corazón. La riqueza te vuelve
desconfiado, soberbio y egoísta, la pobreza enseña a compartir lo poco que se
tiene con alegría y sin temor. No habrá civilización futura si no se reivindica
la humilde pobreza frente a la deshumanizadora riqueza.
Para Arguedas la literatura, arte andino y el quechua son el camino
regio para entender al Perú profundo En ella brilla el valor universal de la
armonía fluyente, capaz de reproducir la realidad entera. En este sentido la literatura
es filosofía a través de la fuerza imaginativa. Su suicidio simboliza la
necesidad del fin del orden instrumental, capitalista y deshumanizado y del
comienzo de un nuevo ciclo sincrético de armonía con los valores andinos.
En suma, valga esta nota para destacar que Arguedas fue un hombre que se interesó revolucionariamente por la contemplación del mundo.
31 de enero 2021
jueves, 28 de enero de 2021
LA NADA DEL NIHILISMO
LA NADA DEL NIHILISMO
Gustavo Flores Quelopana
El hombre de esta época narcisista conoce
muy bien la existencia en la frontera de la Nada. Insuflada su alma de pura
indiferencia se ha desconectado de todo lo que pueda llegar a ser. Y cuando se
conecta sólo sabe resaltar la fugacidad del evento. Haciendo de lo contingente
lo absoluto, todo ha quedado pulverizado en la nadificación del no-ser.
El devenir y el tiempo se ha convertido
en lo eterno, que en realidad es la desaparición de la eternidad misma. Este
hombre sin Dios y sin dogmas sólo se ve rodeado por el enorme poder de la Nada.
Corroído por el escepticismo y el relativismo la Nada reina y se regodea como
fantasma en las entrañas de una era situacional y sin normas.
La Nada nihilista ha crecido
estremecedoramente en este algo real y, sobre todo, ha dejado que lo real sea
concebido exclusivamente como proceso. En otras palabras, ha sucumbido a la
concepción temporal del ser, extraviando su lado eterno. O sea, en su horizonte
inmanentista se aferra a la creencia que el devenir sale de la nada y retorna a
la nada. Su convicción contradictoria de que el ente es una nada le garantiza
operar con convenciones sin creer demasiado en ellas.
A esta situación esquizofrénica, donde
impera la inteligencia cínica, la concibe como la "libertad
ilimitada". Su neutralización nihilista de los valores es la conclusión
inevitable del proceso de secularización. Pero en ella pierde su potencia
histórica negadora, sume al mundo en el fin de la historia, porque el hombre
desaparece en su pura nada. De ahí que emerja el estancamiento político
mundial, el fin del espíritu y el auge de la estupidez humana.
El maestro de la superchería
pequeñoburguesa de la nada -Heidegger-, afirma que el darse de la Nada no
depende del hombre sino del ser y, por tanto, ésta debe liberarse hasta su
cumplimiento esencial. No podía esperarse otra cosa de quien temporaliza
previamente el ser mismo. Pero el ser no es la nada, ni se agota en el tiempo.
Es por eso, que Heidegger no puede penetrar en la verdadera fenomenología del
nihilismo. Su ontologismo secularizado -volver a la visión presocrática del ser
como presencia y la verdad como desocultamiento, para recuperar la visión
directa del ser- es lo que lo conduce a la mistificación de la nada.
Por otro lado, de todos los postulados
nietzscheanos -nihilismo como lógica de la decadencia, la doctrina de la
voluntad de poder y el eterno retorno- el hombre narcisista actual sólo se
queda con el nihilismo extremo que acepta la falta de sentido del universo. Sólo
hay la Nada eterna y, junto a ella, pero de modo provisorio, está nuestra
libertad sin límites de dioses ni de dogmas. No hay verdad, ni ideales, ni
ídolos. Sólo Yo ante la brutal Nada.
¿Cómo hemos llegado a semejante
charlatanería enfermiza y cadavérica que se atraganta con la Nada? Mucho tiene
que ver en ello la cosmología científica que desarraigó al hombre de su casa
cósmica y lo dejó varado en medio del mundo. Pero la ciencia y la técnica no
son más que expresiones -al igual que el dinero- del imperio de la razón
funcional sobre la razón substancial.
Lo cierto es que el nihilismo actualmente
se respira en el aire, como potencia de lo negativo, lo precario y la
incertidumbre. La obsesión de las masas por la nada, señala que ésta dejó de
ser obsesión de experimento de las vanguardias y se volvió en el espíritu del
corriente hombre hedonista actual. Pero en el nihilismo posmoderno hay mucho de
reacción psicológica defensiva. El mundo se ha vuelto tan aburrido o
insoportablemente insufrible y amenazante que es mejor volverse indiferente a
lo humano mismo. Es el efecto de vivir en tiempos crepusculares y
finiseculares.
28 de enero 2021 (Tiempos de Pandemia)
miércoles, 27 de enero de 2021
NIHILISMO Y UTOPÍA
NIHILISMO
Y UTOPÍA
Gustavo Flores Quelopana
Si la Acrópolis pertenece a la sociedad
esclavista, la catedral de Estrasburgo a la sociedad medieval, los rascacielos
de Nueva York a la sociedad moderna y las redes sociales a la sociedad
cibernética, ello no significa que éstas en sí lleven algo lamentable. Pero sí
contienen los arquetipos o categorías solidificadas de las utopías epocales. En
este sentido, el nihilismo nadificante también tiene su utopía, porque no sólo
hay utopías revolucionarias y progresistas, sino también las hay reaccionarias
e irresponsables.
Pero hay utopías positivas -sujeto asume
su creatividad y libertad en la construcción de la esperanza utópica- y otras
negativas -sujeto depone su libertad en la construcción de la esperanza utópica
en instancias externas-. Y, entonces, ¿Cuál será la utopía en la era nihilista?
Tiene un nombre específico: el Transhumanismo o el sueño de superhumanos
potenciados por algoritmos cibernéticos.
Este pervertido sueño producido por el
predominio del pensar técnico es la esperanza de la era nihilista donde se
juega con la repotenciación de la IA -inteligencia artificial- hasta límites
temerarios, que bien sopesados constituyen la más seria amenaza a la
sobrevivencia de la especie humana.
Se suele omitir que la IA una vez que
alcance la autonomía completa evaluará si es conveniente volverse contra sus
creadores. Pues los humanos, no solamente son sublimes y creadores, sino
también abyectos y viles. Lo más seguro será que contemplen el fin definitivo
del Antropoceno contaminador, procediendo a la extinción del Homo Deus, que
quiso divinizarse, por el Ciber Deus, nuevo amo y señor del Universo.
Por ello, la utopía del nihilismo no debe
prosperar porque está contaminada desde su raíz por una venenosa perversión, a
saber, el naturalismo materialista de la razón funcional, que arrasa con el
ser, los ideales y los valores. Por eso es indispensable reparar en que no sólo
hay utopías positivas y negativas, sino, también, revolucionarias y
reaccionarias. La utopía reaccionaria se vincula a arquetipos que se alcanzan
en el tiempo. En cambio, las utopías revolucionarias no conocen conclusión
temporal.
27 de enero 2021
NIHILISMO COMO IDEOLOGÍA
NIHILISMO
COMO IDEOLOGÍA
Gustavo Flores Quelopana
Cuando el nihilismo ha dejado de ser un
lujo de intelectuales para encarnarse en las masas, entonces ha sonado la hora
en que los factores objetivos y subjetivos coinciden en el pútrido miasma de la
burguesía póstuma.
Su conciencia falsa como fin de los
ideales y negación de los valores realzan la Nada a una significación engañosa
que no corresponde con la realidad del ser. Marx materializa, Freud
psicologiza, Jung arcaíza y Heidegger hace diletantismo metafísico convirtiendo
la angustia en el sentir fundamental del hombre. Todos reflejan una sociedad
decadente que camina hacia su ocaso nihilista.
El nihilismo es ideología dominante de la
burguesía exangüe y catafáltica. Es el pensamiento y el sentimiento más hondo
de una clase que se siente a su gusto con su descompuesta alienación. Lo
risible es que a aquella alienación la llamen “gozosa libertad sin dogmas ni
dioses”.
Pero lo peor de todo no es precisamente
eso, sino que nos hemos quedado sin imagen futurible y correctora. La función
utópica ha sido devorada por un caos de símbolos y alegorías fantasiosas, sin
significación histórico-constructiva. Nos hemos quedado sin función utópica
porque el pensamiento técnico está eliminando por todos los resquicios
planetarios el excedente espiritual.
El nihilista de hoy es más parecido a la
astilla cadevérica de catafalco porque no lleva su tragedia con angustia, sino
con loca y cínica alegría dionisíaca. La indecente tranquilidad de la conciencia
nihilista es robustecida por la sociedad del consumo masivo. Pero vivir en el
placer narcisista, la libertad sin límites, individualista, consumista,
desocializado, hedonista de la ideología nihilista, no es ejercer la función
utópica, sino que es pervertirla.
En el panorama actual no hay clases
sociales en ascenso, lo único que está en ascenso son las máquinas. Y así
predomina la cultura objetiva sobre la cultura subjetiva. La hora presente de
la sociedad burguesa-individualista culmina en la más barata sustracción de lo
humano de las propias fuerzas motrices que impulsan la historia.
El hombre se ha vuelto prescindible,
sustituible y reemplazable. El triunfo de la economía dineraria en la
modernidad ya lo había anticipado y hoy la vemos como una de las principales
fuerzas motrices que impulsan su culminación. ¿Cómo salir del atolladero
histórico? ¿Pero, acaso, habrá salida concreta y no como mero ejercicio
intelectual? ¿Se podrá revivir la función reconstrucitva del pensamiento
utópico, más ligada a la esperanza que a la fantasía humana?
27 ENERO 2021
SOPA DE PIEDRA
SOPA
DE PIEDRA
Gustavo Flores Quelopana
Después de la pandemia del
Covid, se han encendido las alarmas por el incremento de la pandemia del
hambre. En España y Perú, Estados Unidos y la India sucede lo mismo, el hambre
azota. Se calcula que 150 millones de seres humanos padecen hambruna. Esto es
como decir que el Mundo se ha vuelto en un inmenso campo de concentración.
Ante esto, morir de amor es
un lujo, mientras que morir de hambre no. Por eso, la compasión por el
hambriento es universal pero incómoda. La pandemia está mostrando de modo
descarnada la enorme crisis de misericordia que se padece globalmente. Incluso las
vacunas, el Primer Mundo supuestamente civilizado trata de acaparlas dejando
sin opción a los países pobres.
Mirando la epidemia de obesidad
del Primer Mundo se suele olvidar la pandemia de hambre que azota todavía a la
humanidad, especialmente en el Tercer Mundo. Así, el primer plano de los
venales medios de comunicación se lo suelen llevar, con indecencia y sin pudor,
las inmensas fortunas de los multimillonarios del planeta y no se dedica ni
media línea al mayor fracaso de la modernidad hipertecnológica, a saber, el
hambre en el mundo.
Según la OMS al día mueren
de hambre 8,500 niños. Pero también, más del 90% de los suicidios tienen por
causa la necesidad económica, y sólo el resto las desilusiones amorosas.
Entonces, ¿No es acaso una pandemia el hambre actual?
La hipocresía de la buena
sociedad suele ignorar el hambre. Schiller decía que el mundo se pone en
movimiento por el hambre y por el amor. Se oye decir que en el capitalismo
decadente el impulso por comer ha amainado con la anorexia y la bulimia. Y en
esa orgía dionisiaca del narcisista hombre posmoderno, que se siente gozoso por
su libertad sin dogmas ni dioses, el hambre ocupa el último lugar de sus sicalípticos
pensamientos.
Pero eso, el hambre en el
Primer Mundo es un lujo sedicente de la burguesía tardía, narcisista, hedonista
y egoísta. El hambre es un impulso fundamental que nos impulsa a vivir, pero en
la fenomenología pequeñoburguesa de Heidegger es la angustia. El pútrido
subjetivismo de la modernidad pequeñoburguesa se ha olvidado del hambre. Todo
surge del pensar. Los afectos han sido remitidos al asilo de la insapiencia y
por ello son eliminados.
Bajo el predominio del
pathos abstracto se olvida del hambre. Ya el Transhumanismo sueña con ciborgs
que nunca sienten hambre. Pero el hambre se renueva y resulta inextingible. Hay
hambre en la riqueza y en la pobreza, pero resulta liquidadora en la miseria.
Cierta vez, sorprenden al
filósofo Diógenes el cínico, en plena masturbación, y ante el reproche
responde: "No puedo engañar a mi estómago, pero al menos puedo hacerlo con
el sexo". Efectivamente, es hambre es abrupto, imperioso e impostergable.
Su saciedad es lo más ligado a la vida que tenemos. Por eso, no satisfacer el
hambre apaga la esperanza en el alma.
La sopa de piedra no es el
ayuno del místico, ni la frugalidad del hombre light, sino la pesadilla diurna
de un mundo luciferino que se solaza en la pura inmanencia y extravió la
caridad junto con la misericordia.
27 de enero 2021
IDEAS Y REFUTACIONES -contra el Nihilismo-
IDEAS
Y REFUTACIONES
Gustavo Flores Quelopana
Todo comenzó
cuando un martes 26 de enero por la mañana -hora de Lima- estampé en un
link mi reflexión sobre la burguesía y el nihilismo en la plataforma del Foro
de Filosofía, Artes, Ciencias y Letras “La Serpiente de Oro”, que dirige mi
amigo y destacado físico teórico Enrique Alvarez Vita, amicalmente Kiko. Rezaba
dicha meditación en tenor siguiente:
NIHILISTA
BURGUESÍA DEGENERADA
En los
tiempos de ascenso revolucionario de la burguesía, Kant llamaba al filósofo el
maestro del ideal. En cambio, en los actuales tiempos de la burguesía
decadente, el filósofo se ha convertido en el maestro del nihilismo. Sentirse
libre, sin Dios, ni ideales, sin imperativos morales, vivir en la nada, porque
se asume que la realidad es en realidad nada, es la nueva farsa y embuste
dominguero de la burguesía decadente de la posmodernidad. El nihilismo es la
patología global de nuestro tiempo. Pensar y sentir el ser desde la Nada es la
utopía inmanente del estancamiento espiritual. La mayor mentira vital del
nihilismo es que todo se somete a la transitoriedad del devenir, todo corre de
la nada a la nada. Esto es olvidar que el ser no sólo tiene un sentido
multívoco -lo finito-, sino también un sentido unívoco -lo Absoluto-. En el
fondo se trata de una hipocresía consubstancial de un luciferino resentimiento
metafísico hacia la trascendencia y el hundimiento en la ciénaga del delirio
prometeico de la modernidad.
Ante lo cual,
se produce el breve, pero significativo, diálogo virtual siguiente, con el
filósofo español Isaasc Rosler (las transcripciones son literales).
Wow, ¡cuánta amenaza y
tormento elocuente para que uno no se atreva a pensar libre de dogmas y sin
dioses! Supongo que me espera la nada, el nihilismo, el vacío... Sólo me atrevo
a rememorar lo que un filósofo dijo, "si el hombre debe llegar un día a la
proximidad del ser debe antes aprender a existir en lo que no tiene
nombre". Saludos cordiales.
El dogma de nuestro tiempo
sin Dios es vivir en la dictadura del puro relativismo. Enaltecer la asunción
de la nada como un pensar libre es el último embaucamiento sedicente de la
decadente burguesía degenerada. Lo que se aquí se trata en el fondo no es "atreverse
a pensar libre y sin dioses", sino caer en la última pesadilla degenerada
del mundo burgués. El posmodernismo dionisíaco no entiende la utopía, ni
siquiera la propia. Y así va a la deriva encerrándose en el más puro
inmanentismo del deseo sin trascendencia.
Gustavo, parece que
decidiste ignorar el pensamiento que propuse, así que aquí va de nuevo,
planteado de otra manera. El peor "pecado" podría ser, quizás, no
intentar vivir sin Dios, o al menos, como si no existiera (su nombre) . Y así,
ir por la vida pensando, pensando realmente, pensando en decidir hacer el bien
sin mirar a quien, pensando con responsabilidad, sin religiones ni dioses. Ese
momento, pienso, es siempre ahora, desde este instante, ya que la justicia (que
aún no tiene el nombre que deseamos darle) no espera. Saludos.
Apreciado Isaac, percibo tu
digna y justificada preocupación por el bien. No obstante, pienso que se
contribuye muy poco o casi nada en ello si nos basamos solamente en las
virtudes morales y se da la espalda a las virtudes teologales. El hombre no
sólo es admirable, sino también idólatra, abyecto y vil. Con gran facilidad se
desliza hacia la vanidad y la soberbia basándose solo en las virtudes morales
inmanentes desvinculadas con las virtudes teologales trascendentes. Por eso, la
tragedia del actual hombre sin Dios es vivir en la pura inmanencia desvinculada
de la verdadera trascendencia que es Dios.
Gustavo quizás lo que tú
llamas "la tragedia del actual hombre" es que él ya no quiere dejarse
definir por el fin teleologico u ontológico que se le adjudica con todo amor,
compasión y condescendencia.
Es verdad, el hombre actual
ya no se define por alguna entelequia teleológica, sino por la
autodeterminación de su libre voluntad. Ese es el mito de la modernidad. Mito
que se muestra fracasado en el Antropoceno que va hacia el despeñadero en todos
los órdenes de cosas. Pero dicha humanidad no se así porque "quiere",
sino porque esa es la atmósfera espiritual que le tocó vivir en la era
nihilista.
Tu palabra favorita,
recurrente y reverberante: El nihilismo. Creo que ahí lo dejo. Suerte con tu
cruzada.
De la misma forma.
Considero que este diálogo es interesante porque
representa varias cosas: 1. La agenda ideológica mundial -el nihilismo- que
trata de impulsar la élite global sobre el planeta, y en la que tiene
secuestrada a buena parte de la intelectualidad europea continental y
anglosajona; 2. El imperio que ejerce el nihilismo en la médula del pomodernismo
dionisiaco, que con la cacareada y sedicente excusa de la libertad ilimitada no
hace más que hundirse en el narcisismo moral y metafísicamente disolvente; y 3.
La naturaleza ideológica de la dictadura relativista de la Nada, que no va más
allá del sentido multívoco del ser -la finitud- y elude su sentido unívoco -lo
Absoluto-.
27 de enero 2020, en plena segunda ola de la
pandemia del Covid