lunes, 13 de junio de 2016

LÓGICA Y CIVILIZACIÓN LIBERAL

LÓGICA Y CIVILIZACIÓN LIBERAL
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Siempre me ha intrigado la sugerente idea de Morris R. Cohen, doctorado en filosofía en Harvard y fue profesor del College de la ciudad de  Nueva York, de identificar la lógica –ya sea formal o lo matemática- con la sociedad liberal y la libertad de pensamiento. En su Introducción a la Lógica afirma que la lógica nos enseña humildad porque no se puede demostrar la verdad de los supuestos fundamentales y nos muestra que el mundo fenoménico es más amplio que el conocimiento. Así, la lógica nos inculca tolerancia, previene contra el fanatismo y es elemento necesario de toda civilización liberal.

Esta correspondencia suya entre lógica y civilización liberal no deja de ser incitante pero a la vez es problemática en un doble sentido temporal.

Pues, si la lógica nace en Grecia con Aristóteles entonces lo primero que debemos preguntarnos es si en ella está ínsita la moderna civilización liberal misma. Y en segundo lugar, nos asalta la interrogante por la lógica de las culturas ancestrales. Con ello aludimos a las sociedades antiguas teocráticas de Babilonia, Egipto, los hebreos, la India, Persia, Asiria, los hititas, China, Mayas, Aztecas, Chibchas, las culturas preincas y la incaica. Más aún, nos interrogamos por la sociedad tribal del hombre primitivo. Si en ellos no hubo lógica, qué hubo entonces. Y si estuvo presente un tipo de lógica, ¿se puede suponer la presencia de algún impulso hacia la libertad de pensamiento?

Pienso que ambas interrogantes ya han recibido respuestas parciales. Por un lado, en Occidente se suele reconocer que sin la lógica aristotélica hubiera sido muy difícil alumbrar la ciencia moderna, por más que frunzan el ceño los seguidores de F. Bacon y Mill. Pues la inducción, como dice Russell, no es más que una deducción mal comprendida, y además la ciencia no parte de los hechos sino hipótesis de indagación. Además, la nueva lógica viene a ayudar a pensar en la lógica de la probabilidad, lo contingente y estocástico. Con ello se hace lógico no sólo las ciencias físicas sino también las matemáticas y las ciencias humanas. Es cierto, la lógica peripatética del silogismo ocupa un lugar muy reducido dentro de una lógica de la deducción de mayor amplitud.

En otras palabras, la lógica siempre será lógica de la deducción ya sea ésta formal o no. Es verdad que los dilemas de la libertad no se alimentan de los problemas de la lógica sino de situaciones reales y fácticas, pero la lógica ayuda a pensarlos correctamente. Pero qué es lo correcto. Pues lo lógico no se desprende del todo de la realidad existente y del marco civilizacional presente. Lo cual significa que la racionalidad humana es constante en el fondo pero variable en la forma. Su contenido racional es unívoco pero su manifestación epocal es multívoco.

Esto es lo que nos permite afrontar el segundo problema: ¿hubo lógica y de qué tipo en las culturas primitivas y las civilizaciones ancestrales, donde imperaba el mito? Esta pregunta también ha recibido respuestas desde la etnología, antropología y filosofía.

Podemos dividir las repuestas en dos grandes grupos: los que afirman que hubo lógica y los que sostienen que fueron ilógicos. En el primero hallamos a Frazer, Tylor y Boas. Mientras que en el segundo está Lévy Bruhl. Los tres primeros defienden la existencia en el animismo de una ciencia y filosofía de la religión. El último habla del filósofo primitivo como elemento no discursivo ni dialéctico sino intuitivo, emocional e irracional. Posteriormente a ambos grupos se vino añadir un tercero. El que habla del mito como patología del lenguaje falaz y ambiguo (Max Müller y H. Spencer). Cassirer intenta un camino intermedio concibiendo el mito como la expresión simbólica de la emoción, objetivación de la experiencia social, que responde a cuestiones existenciales insoportables (como la muerte). La postura estructuralista de Claude Lévi-Strauss sobre que no hay jerarquía de sociedades y culturas, fortaleció el polimorfismo cultural de Boas y Lowie, en el sentido de que en toda filosofía coexiste el razonamiento mítico con el razonamiento deductivo.

En buena cuenta, la visión ilustrada del mito lo ha reducido a algo opuesto a lo racional. Esta perspectiva peca de limitante y reduccionista, porque equivale a decir que los pueblos míticos fueron irracionales y los pueblos lógicos fueron racionales. Afirmación que se desmorona ante la conclusión de la nueva lógica. La cual demuestra que no existe lógica privilegiada, sino que la razón humana en diferentes situaciones emplea diferentes lógicas.

Esto significa que es un prejuicio intelectualista afirmar que el totémico hombre primitivo y el mítico hombre ancestral han sido irracionales porque han abrazado tabúes y leyendas. Al contrario, ambos han sido lógicos porque el tótem y el mito tienen su propia lógica. Tanto el tótem como el mito siempre son lógicos y no prelógicos. Otra cosa es que la configuración de los principios lógicos se haya organizado en cada etapa histórica de distinta forma.

En este sentido, y sólo en éste –pues Hegel fue un etnocéntrico-, tiene la frase de Hegel plena razón cuando dice: “La historia es el progreso de la conciencia de la libertad”. Efectivamente. La lógica totémica fue un paso adelante respecto al desvalido homínido que ni tenía rituales mortuorios –recordemos que el hombre de Neandertal rendía culto a los muertos-. A su vez, la lógica mítica fue un liberarse de los temores totémicos. E igualmente, la lógica proposicional parmenídea-aristotélica fue un emanciparse de los dioses del politeísmo. Aquí nace el concebir al ser más allá de dios, como espíritu puro que inicia el movimiento del universo, aunque no ama.

El cristianismo y las otras grandes religiones mundiales no han prolongado en nuestro tiempo de fría lógica conceptual, sino la creencia, la fe, lo sobrenatural, la epifanía y la hierofanía del pensar mítico. Y con las nuevas lógicas la llamada lógica del corazón obtiene su propia lectura lógica.

En otras palabras, hay tres términos que exigen ser reconocidos en toda su extensión histórica. A saber: lo lógico, lo civilizacional y lo liberal. Quizá todos confluyen en la conclusión de que la aventura intelectual humana es conciencia en la lógica de la libertad. Desde tiempos remotos la lógica libera pero también aprisiona, de lo contrario no se explicarían el surgimiento de nuevos paradigmas lógico-civilizacionales.

En síntesis, cualquiera sea su forma –totémica, mítica, proposicional, matemática- la lógica es una herramienta que fortalece la liberación de la condición humana en todos los tiempos y en todas la culturas


Lima, Salamanca 13 de Junio del 2016 

MÁNTICA DEL DESTINO EN CULTURAS ANCESTRALES MITOCRÁTICAS

SABIDURÍA ESCATOLÓGICA, HOROSCÓPICA Y MÁNTICA DEL DESTINO EN LAS CULTURAS ANCESTRALES
Antikythera: La máquina del destino
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Por culturas ancestrales aludimos a las sociedades antiguas teocráticas de Babilonia, Egipto, los hebreos, la India, Persia, Asiria, los hititas, China, Mayas, Aztecas, Chibchas, las culturas preincaicas y los Incas. En todas ellas hubo filosofía pero no al modo occidental. O sea, no bajo el imperio del frio concepto de la lógica pura, sino bajo el concepto de lo metafórico, analógico y simbólico.

En otras palabras, en las civilizaciones ancestrales hubo filosofía en sentido mitocrático. Es decir unido al mito, lo religioso, la tradición, la mántica, lo horoscópico, escatológico, oracular e iniciático.

Cuando apenas yo había empezado el ensayo me llegó un interesante intercambio de ideas con el amigo y filósofo Omar F. Salazar Calderón Galliani, a través de su página “Chaupi Atop: el zorro del encuentro”. Por tanto, muchas ideas que siguen a continuación son parte de la reflexión que me provocó el breve pero valioso debate.

Pienso, en primera instancia, que el prurito por reconocer la presencia de la filosofía en el pensar ancestral tiene dos fuentes. A saber, una fuente es el punto de vista eurocéntrico o la postura que sostiene que la filosofía es de origen griego y por consiguiente todo los demás saberes son meramente cosmovisión, filosofía en sentido laxo o mito. Y otra fuente la constituye aquella posición que cavila que ni en la filosofía griega hubo tal ruptura entre logos y mytho.

Sobre la primera pesa un fuerte legado racionalista e intelectualista, combinado con el prejuicio de la superioridad de la cultura occidental. Su principal defecto es no percibir la distinción entre noema (contenido objetivo del pensamiento) y noesis (acto psíquico individual del pensar) en la esencia de la filosofía. El noema de la filosofía siempre es el mismo en todos los tiempos y civilizaciones, a saber, dar cuenta de los fundamentos del mundo. Y la noesis no es intercultural sino individual y sujeto a los condicionamientos culturales. Dicho más llanamente. El nombre de “Filosofía” es de origen griego pero su contenido es universal y transcultural. Así, la filosofía no es un accidente acaecido al hombre en su historia sino que es parte de la misma condición humana.

Sobre la segunda existe una exageración sobre la presencia del mito en la filosofía griega. Aquí hay que puntualizar que una cosa son los presocráticos, otra los filósofos sistemáticos y otra los pensadores de la crisis helenística romana. Los presocráticos están más cerca al pensar participativo del mito, su postura es ambivalente. No ocurre lo mismo con Platón ni con Aristóteles. En el primero el mito es opinión probable o sea doxa y nunca episteme, y en el peripatético el mito tiene que ver más con la poética que con la verdad. La ruptura de la filosofía con la religión es la senda que recorren estos dos pensadores recogiendo el legado de Jenófanes y Parménides. Los mitos en Platón no carecen de todo valor. Pero él fue mucho más allá de lo mítico. No fue un mitógrafo sino un filósofo. Nunca identificó el demiurgo con la idea de Bien. El demiurgo es dios, pero es un ser derivado y subordinado a las Ideas situadas fuera del cielo. El soberano Bien es simetría, belleza y verdad. En Platón predomina el logos sobre el mytho.

Es cierto que, con excepción del humanismo sofista, el epicureísmo y el fenomenismo escéptico, todo el pensamiento antiguo griego estuvo transido de preocupaciones religiosas, en clave racional hasta el periodo sistemático y en clave más religiosa en el periodo helenístico romano. En éste último el tránsito de la razón a la fe estaba preparado por la crítica escéptica y ecléctica y la atmósfera de creciente religiosidad incitado por el declive del imperio macedónico y el surgimiento del imperio romano. Retorna el mito con las religiones orientales y el misticismo alejandrino, el cual penetra rápidamente en Occidente donde se produce un sincretismo pagano (neopitagóricos, platónicos pitagorizantes y neoplatónicos) y otro judeo-cristiano (Filón hebreo). Ya sabemos que el neoplatonismo terminó perdiendo la batalla contra el cristianismo porque su dios-Uno era indiferente al mundo que retornaba a él de todos modos.

El cristianismo no niega el mito sino el paganismo. Al contrario, reconoce al mito como horizonte ontológico de lo sagrado y del misterio. La Revelación sólo es antimitológica en este sentido y no en sentido absoluto. Mito es revelación natural, y la Palabra es revelación sobrenatural. En ambos hay mito como horizonte de lo divino.

Por eso pienso que la antinomia se resuelve cuando se distingue entre filosofía logocrática (imperio del concepto puro de la lógica) y filosofía mitocrática (imperio del concepto imagen del mito). En ambas formas de filosofar hay ontología, pero bajo distinto predominio de los principios lógicos. Bajo el principio de identidad en el filosofar logocrático y bajo el principio de armonía de los opuestos en el filosofar mitocrático.

Filosofía es indagación sobre los fundamentos del mundo. En el mundo ancestral se indagó filosóficamente unido al rito, la religión, lo mántico y horoscópico. Era teoría del destino. Desde Jenófanes en Grecia se filosofa divorciando la razón de su sustento mítico y bajo el principio de identidad y no contradicción. Pero ambas son formas legítimas de ejercer el filosofar.
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El camino de Occidente fue el cercenamiento de lo mítico y la sobrevaloración del concepto frío de la lógica pura. Este rumbo logocrático o del imperio del concepto se ha derrumbado con las crisis de las guerras mundiales, la destrucción de la naturaleza y el exterminio de los pueblos ancestrales en nombre del progreso.

En suma, es cierto hubo continuidad entre mito y logos en la tradición griega pero hay que verlo con matices. Dicha continuidad acontece después del periodo sistemático (Platón y Aristóteles) y llega a su cumbre con Plotino. Cierto, Platón fue más sensible al mito, pero no era episteme sino doxa (opinión probable). Los presocráticos andan a galope sobre la mentalidad participatoria del mito. No están tiranizados por el principio aristotélico-parmenídeo de identidad. Por eso filosofan más unidos al mito.

Sobre el filosofar mítico ancestral siempre me resulta iluminador releer las profundas páginas de Mariano Iberico de su libro La Aparición (1950), específicamente el capítulo IV sobre “La simbólica del aparecer y el sentimiento del destino”. Allí brinda todo un esquema de categorial de la mentalidad arcaica que yo llamo filosofar mitocrático. Interpreta el aparecer como “totalidad viviente”, lo cual a muchos analistas del pensar andino y ancestral no lo advierten como un distingo metafísico frente a Grecia. Con un universo poético, estético, mántico, onírica y como sabiduría del destino.
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Ahora bien, todo lo examinado sirve como introducción previa echar luz sobre la noticia que nos llega sobre el parecer de los científicos que han estudiado la llamada “primera computadora del mundo” de hace dos mil años. Lo más llamativo es la conclusión a la que arriban: la máquina se usaba para ver el futuro. Por su importancia reproducimos la nota periodística de RT publicado el 11 de junio del 2016.

Un equipo internacional de científicos ha anunciado esta semana que finalmente ha resuelto los secretos del Mecanismo de Antikythera, famoso en los círculos de la arqueología, informa el portal PhysOrg. Descubierto en un naufragio frente a la costa de Grecia en 1901, el Mecanismo de Antikythera ha fascinado y desconcertado a los estudiosos desde hace más de un siglo. El dispositivo intrincado parecía ser una reliquia de alta tecnología de una época antigua, un mecanismo de relojería utilizado para calcular los eventos astronómicos y celestes. Construido en el 150 a.C., el artefacto ha sido denominado como 'el equipo mecánico más antiguo del mundo'. Después de más de 10 años de estudio intensivo usando equipo vanguardista de exploración, el equipo de investigadores presentó nuevos conocimientos sobre la famosa reliquia. Los científicos han sido capaces de decodificar unos 3.500 caracteres de un texto explicativo escrito en 82 fragmentos sobrevivientes del artefacto con el uso de las máquinas de rayos X y otras tecnologías de exploración. De acuerdo con los investigadores, las letras pequeñas, de 1,2 milímetros, fueron grabadas en paneles en el interior y el exterior del dispositivo, que originalmente fue encerrado en una caja de madera con docenas de engranajes de bronce enclavados entre sí. El lenguaje descifrado más o menos confirma lo que los arqueólogos han sospechado desde el principio: el Mecanismo de Antikythera fue diseñado como un calendario-reloj que mostraba las fases de la luna, la posición del sol y los planetas, y hasta el momento de los eclipses previstos. Pero mientras que el dispositivo tenía un propósito astronómico definitivo, los científicos también suponen que la máquina se utilizaba para 'ver' lo que deparaba el futuro, de acuerdo con algunas de las inscripciones en el dispositivo que se refieren al color del próximo eclipse. No ha sido una herramienta de investigación, algo que un astrónomo usaría para hacer cálculos, o incluso un astrólogo para hacer pronósticos, sino algo que se usaba para enseñar sobre el cosmos y nuestro lugar en el cosmos", dijo el investigador Alexander Jones en la conferencia de prensa. "Es un 'libro de texto' de la astronomía como se entendía entonces, que conecta los movimientos del cielo y los planetas con la vida de los antiguos griegos y su entorno".

El mecanismo de Antikythera es otra prueba tangible que la motivación fundamental del saber filosófico ancestral fue la intuición del destino. Interpretando el universo como totalidad viviente o animada el fenómeno más importante resultaba ser revelar el destino. Lo singular del caso es que el mecanismo sea una demostración de tiempos difíciles donde se precisaba conocer el futuro con exactitud. Ya no resultaban suficientes los oráculos, los brebajes, el éxtasis, la comunicación onírica, ni los ritos iniciáticos. Se recurrió a la invención de una máquina del destino. Esta búsqueda de horoscopía profética es una nota característica y constante del pensar simbólico-metafórico. Sus formas conceptuales más estéticas que lógicas remiten a una dimensión profundamente creativa del hombre y del cosmos.

Lo escatológico como conocimiento de las cosas últimas, la muerte, el Juicio Final, el cielo y el infierno, lo que ha de venir, es un mirar al futuro porque reconoce que en el mundo presente hay verdades escatológicas que tendrán su realización en el mundo de más allá. La sabiduría filosófica mitocrática de las civilizaciones ancestrales vivían obsedidas por el destino, el más allá y lo sobrenatural. Dimensión que la orgía de empirismo, escepticismo, cientificismo, tecnicismo y pragmatismo el hombre moderno ha extraviado.


Lima, Salamanca 13 de Junio del 2016

viernes, 10 de junio de 2016

AUGE DE ESTUPIDEZ HUMANA

AUGE PELIGROSO DE LA ESTUPIDEZ HUMANA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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El tratamiento de lo estúpido puede resultar aparentemente banal. Pero contra lo que parece lo estúpido es un asunto de lo más serio. Pues, si tenemos en cuenta las poderosas armas de exterminio masivo con que cuenta la civilización actual, la cosa deja de ser baladí para concitar la atención en un mundo que a todas luces se ha frivolizado, donde triunfa la sociedad sin ética del capitalismo y en el que se ha perdido el sentido de la vida. 

Por todas partes constatamos que hay más gente que ríe sin motivo o se ríe de todo o ríe cuando no debe hacerlo. Y para hacer nuestra disquisición más precisa y menos extraviada hay que diferenciar al distinguido estúpido respecto del pobre idiota y del inocente imbécil. Además, el idiota y el genio son los dos extremos en cuyo centro se coloca el ubícuo estúpido. En el arte cómico tenemos ejemplos típicos de lo que decimos. Así, Chaplin encarna al genio que hace reir; Laurel, de el Gordo y el Flaco. encarna al imbécil; y Mr. Bean al estúpido egoísta. Se dice que un estúpido necesita de otro para que lo aplauda. Pero esto será válido en el arte escénico más no en la vida real. 

Lo más misterioso es que todos, inclusive el genio, goza de lo estúpido. Esto es un problema digno de ser asumido por la filosofía en una teoría integral de la razón. El común de los humanos son mediocres y la socioculturología subraya que esto es manipulado desde el Estado para vaciar la educación de contenido espiritual y llenarlo de meros tecnicismos. En otros términos, el desprecio por el talento y la inteligencia desde las élites oligárquicas alimentan a políticos amorales y desnohestos, para que el hombre mediocre no siga a los genios sino a los estúpidos. Con mucha razón Erich Fromm se refería a la inexistencia de medios masivos de comunicación social y su reemplazo por los medios masivos de estupidización social.

Estas graves palabras y clasificaciones no tienen el menor ánimo ofensivo. Hay que tomarlas con la aséptica inocencia científica. Y efectivamente. El idiota, según las ilustrativas indicaciones de la psicología y la psicopatología social, es el oligofrénico o el que padece de retraso mental. Aunque para defender el honor del oligofrénico hay que reconocer que tiene en común con el orgulloso estúpido que juntos no reirán de un chiste alemán. Por ejemplo éste: "-Otto, qué sucede con el futbolista que no puede ver bien. -Muy sencillo Fritz, sencillamente se dedica a árbitro".  

En este sentido llama poderosamente la atención el auge que tiene en los últimos tiempos el estudio de la estupidez humana. Y como veremos la variedad de interpretaciones se ha enriquecido considerablemente. Es como si los intelectuales de todas las trincheras se esforzaran en advertirnos de una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas. Pero vayamos con calma y diacrónicamente.

Antiguamente la estupidez fue abordada en el estudio de la comedia. Así, para Aristóteles la Estupidez equivale a lo equivocado (Poética). En el Renacimiento Erasmo de Rotterdam lo aborda como lo disparatado (Elogio de la Locura). Durante la Edad Moderna el enfoque se enriquece. Hobbes psicológicamente identifica lo estúpido con lo inesperado (De homine, XII, parágrafo 7). Kant lo aborda más lógicamente como lo absurdo (Crítica del Juicio, parágrafo 54). En la Ilustración Shaftesbury lo ilumina políticamente como un correctivo contra el fanatismo (Letter on Enthusiasm). En el Romanticismo Hegel lo vuelve espiritualistamente como la manifestación del sentirse superior (Estética, III). Y en la filosofía del siglo veinte Bergson lo describe desde su filosofía vital como automatismo, equívoco y solución irracional (La Risa).

Sin embargo, llama la atención la multiplicación de los estudios sobre la estupidez humana desde fines del siglo veinte y comienzos del siglo veintiuno. Es decir, justo cuando después de medio siglo de los acontecimientos trágicos de la segunda guerra mundial se levantaran de nuevos los fantasmas del exterminio de la civilización occidental. Y razón no falta. A un mundo que aspira a una ética sin religión le ha venido a suceder una antropología posmoderna de la utilidad del prójimo, una sociedad global de la insolidaridad y el egoísmo, la malignización del bien y la desmalignización del mal. El sentido del amor luce extraviado, reina el hombre estético instintivo, el Estado se declara neutral ante la ética misma, y en este contexto la cultura luce roída y estrangulada.

En una palabra, el mundo material, científico-técnico ha crecido a pasos asombrosos, pero las personas están involucionando éticamente a un nivel más que alarmante. La estupidez está reinando como nunca antes visto en ninguna época de la historia humana. La cosificación y enajenación alcanzan cimas dramáticas bajo el imperio de la civilización capitalista actual. Nos preguntamos también en qué medida las sociedades del bienestar -material solamente- han contribuido a la creciente estupidización humana. Una dosis de sufrimiento parece ser necesaria al aparato psíquico del hombre para que alcance profundidad e intensidad. Ya en la década de los 60 el sociólogo norteamericano David Riesman en su libro Abundancia ¿para qué? -y anteriormente ya había llamado la atención con otro libro La muchedumbre solitaria (1950)- subrayaba que la estabilidad crea satisfacción y conformidad, conducta grupal y renuncia de la individualidad.

Así, autores como Tabori Paul (Historia de la Estupidez Humana) y Gabriel Sala (Panfleto contra la estupidez humana) han destacado la estupidez como Necedad. El filósofo español José Antonio Marina (Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades, 2015; y La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez. 2013), el historiador económico italiano Carlo M. Cipolla (Las leyes fundamentales de la estupidez humana, 2013) y el escritor y periodista mexicano José Luis Trueba Lara (La tiranía de la estupidez, 2012) pusieron énfasis en la estupidez como retroceso intelectivo.

Por su parte investigadores como el escritor barcelonés Tucho Balado (Tesis doctoral de un extraterrestre. ¿Y si fuese cierto que los humanos somos genéticamente imbéciles?, 2013) junto al periodista y escritor italiano Pino Aprile (Elogio del imbécil, Prólogo de Tonino, 2011) son representantes de la interpretación de la estupidez genética.

Incluso aquí podemos considerar al francés Pierre Bourdieu (Homo Academicus, 1984; La distinción, 1979) como la variante de la interpretación de la estupidez académica. Efectivamente, para Bourdieu la clase dominante en la sociedad capitalista se impone a través del homo academicus, el cual con el prestigio de erudito compone la fracción dominada de la clase dominante y es portador de un capital simbólico que justifica los estúpidos privilegios económicos, políticos y culturales de la clase dominante.

Mientras que el escritor milanés Giancarlo Livraghi (El poder de la estupidez, 2010), el escritor sevillano Antonio Real (Manifiesto contra la estupidez, 2013), Margarita Riviere (Lo cursi y el poder de la moda, 1992), el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky (El imperio de lo efímero, 1990), y el escritor y cineasta Guy Debor (La Sociedad del Espectáculo, 1999), son representantes de la interpretación de la estupidez como el poder de lo banal.

La famosa escritora argentina Esther Vilar (El encanto de la estupidez, 1987) es exponente de la interpretación de la estupidez como belleza. Por su lado, el coach ejecutivo Enric Llado (La estupidez de las organizaciones, 2014) y el ex director de Greenpeace en España Juan López de Uralde (El planeta de los estúpidos, Madrid 2010) destacan la Estupidez en el Marketing consumista. Últimamente, el escritor estadounidense Nicholas Carr (¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales, 2010; y La amoralidad en la web 2.0, 2005) ha destacado la Estupidez como superficialidad en la blogosfera.

Por mi parte he propuesta el análisis de la estupidez como problema lógico y metafilosófico (Lógica metateórica, 2015). El problema lógico concierne al proceso cómo funciona el razonamiento estúpido. Muchas veces irrumpe suspendiendo alguno o varios de los tres principios de la lógica aristotélica, y otras veces respetando meticulosamente a los mismos. Su versatilidad para pasar de la lógica proposicional a las lógicas heterodoxas constituye todo un desafío explicativo y ratifica lo demostrado por la nueva lógica en el sentido de que el hombre maneja al mismo tiempo diversos tipos de lógicas.

Asimismo, el problema metafilosófico tiene varias aristas. Una de ellas es elaborar una teoría de la razón más amplia, capaz de explicar no sólo a las ciencias físicas y matemáticas, sino también lo estético hasta lo estúpido. Es como si la racionalidad del hombre abarca por igual la coherencia y la incoherencia, lo verdadero y lo ficticio, lo real y lo irreal. Como efectivamente sucede.

Otra arista corresponde al comportamiento de lo estúpido en diferentes épocas, ya sean éstas épocas espirituales o épocas materialistas. Otro punto es la relación entre estupidez e inteligencia, a mayor grado de una le corresponde un mayor refinamiento del otro.

Y por último, el misterioso asunto del carácter indesarraigable de la estupidez de la condición humana, por lo menos en esta vida. Así que no cabe ni la estupidofobia ni la estupidofilia. Por supuesto, sin olvidar que sociológicamente es preocupante cuando las condiciones sociales favorecen la hegemonía social del estúpido y del mentecato sobre el hombre de genio y de talento. Justo lo que sucede hoy en día.

En suma, soy de la opinión –parafraseando la frase bíblica “donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia”- que donde crece la estupidez también crece la sensatez. Y por ello hay que ser optimistas, que no hay mal que dure cien años, aun cuando el botón rojo del exterminio termonuclear pueda ser apretado por algún estúpido.


Lima, Salamanca 10 de Junio del 2016 

jueves, 9 de junio de 2016

OBSERVACIÓN MORAL SOBRE RESULTADO ELECTORAL PERUANO

OBSERVACIÓN MORAL SOBRE EL RESULTADO ELECTORAL PERUANO
Por
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Claridad, universalidad e idealismo social se revelan en los resultados de las elecciones en el Perú. Se ha potenciado la voluntad ciudadana, se ha manifestado la primariedad de la inteligencia, ha salido derrotado el personalismo caudillista, se respiran nuevos aires de decoro en el estilo y en la vida, y nuestra plutocracia está ante la hora de ser más nacionalista. 

Y aunque el país da un giro hacia la derecha, sin embargo, la reacción de la segunda vuelta dio una poderosa muestra de que el alma nacional no está aletargada. Ha sido la radicalización de la democracia lo que dio el triunfo en segunda vuelta a Kuczynski. Se revitalizó la utopía democrática, la senda de su radicalización se abre inevitablemente y hará falta fantasía política para transformar la sociedad existente en una sociedad libre. La verdadera praxis revolucionaria será llevar adelante una revolución social profundizando la democracia. Ahora que nos encaminamos hacia el Bicentenario del Perú, de la costa a la sierra, de la sierra a la montaña, se escucha estruendosamente un desiderátum unánime: ¡Queremos Patria! 

Ya la Patria no se hace con vanidad y retórica. El Perú es rico en abundancia y ya cuenta con capital humano y financiero. Es cierto que nos hace falta controlar la responsabilidad de los capitales extranjeros con el tributo público. Pero eso no es difícil subsanar. La tarea más seria es producir técnica y ciencia. Y para ello hace falta convertir a la educación en una verdadera fuerza de progreso respetando el medio ambiente. Nuestra educación ha sido desnacionalizada y debe ser renacionalizada. Se debe impulsar la creación cultural y científica en sus más altos niveles. Talento hay de sobra en el Perú. El primer lugar mundial en emprendorismo así lo demuestra. Sólo que hay que convertirlo con apoyo financiero en grandes proyectos realizados en ciencias y humanidades. Hasta el momento ha prevalecido la imitación pero debemos impulsar la creatividad.

El presidencial triunfo decimal en el Perú de Pedro Pablo Kuczynski sobre su contendora Keiko Fujimori puede ser visto como un triunfo de la virtud sobre la corrupción, del bien sobre el mal, de la responsabilidad experimentada sobre la demagogia improvisada y la tan esperada derrota del adagio cuasi vernáculo “no importa corrupto pero trabaja”. En una palabra, se trata de un triunfo moral.

Sin embargo, sería ridículo pensar que todos aquellos que votaron por un bando u otro se reparten maniqueamente en buenos y malos. La verdad es que se puede votar contra la corrupción en un acto de contrición y arrepentimiento. Y esto es así porque los seres humanos no son buenos o malos de forma absoluta, sino que muy pocos pueden seguir el ejercicio de la moral de forma total. Somos generalmente una combinación particular de ambas cosas.

No obstante, hay algo políticamente novedoso en el resultado electoral. Se trató de una opción de principio y por tanto es un signo de madurez cívica. Esto es digno de atención porque significa algo nuevo.

En primer lugar, no triunfó el acostumbrado caudillo –claro que el JNE fue eliminando con reglas extrañas a varios caudillos-, ni un partido sin programa que deambula tras un líder, cosa desacostumbrada en el país. Ganó el candidato que aglutinó al final a ciudadanos que defendían lo democrático. Por eso se trata, antes bien, de un triunfo ciudadano. En segundo lugar, se ha hecho ganar al candidato que no cuenta con mayoría parlamentaria. O sea no importó votar contra el imperante “absolutismo presidencial”, tan común en nuestra vida republicana. En tercer lugar, el Presidente sin mayoría parlamentaria fue impulsado por el voto antisistema, cuyo importante caudal viene del sur del país. Esta vez el voto antisistema perdió un importante porcentaje en el estrato D y E en la costa norte del Perú, cuya opción fue el fujimorismo.

Este último dato nos lleva hacia el siguiente análisis. Aparentemente han sido las clases medias, que en los últimos veinte años han crecido, las que dieron el triunfo a PPK. Pero también han sido los estratos D y E del sur del Perú las que dieron su contribución. Por tanto, aquel principio que sostiene que la plebe sin elevación intelectual y moral es incapaz de votar por principios y sólo lo hace por prebendas populistas, debe ser tomado matizadamente. Gente virtuosa y vil hay en todas las clases y estratos sociales.

Además, el Perú es un país de transformaciones rápidas y explosivas. Esto es lo que le quita el sueño al gran imperio del Norte. Sabe de la situación geopolítica estratégica del Perú y teme cualquier influjo de nuestra parte contra sus intereses. De ahí que en la pleamar reaccionaria que se manifiesta en América Latina con el giro derechista en Argentina, la defenestración en el Brasil, la sumisión incondicional de Colombia y Chile, el sueño integracionista de Bolívar vuelve a ser desintegrado por la potencia anglosajona norteña y tratará de involucrar al Perú en la campaña por el derrocamiento del bolivarianismo en Venezuela, primero, y Bolivia y Ecuador, después. Aunque este intento llega muy tarde para detener en la subregión a la impetuosa China, la recia Rusia y la enigmática Irán. Debemos evitar ser el patio trasero de la diplomacia yanqui, tal como vergonzosamente se ha convertido la Unión Europea actualmente. En este sentido, debe primar la tradición autónoma de nuestra diplomacia y cancillería durante el gobierno democrático de Kuczynski. 

Pero hay algo más. El enorme caudal electoral del fujimorismo indica las enormes frustraciones sociales y educativas del sector D y E. Esa será la tarea primordial de un buen gobierno en el Perú, atender sus necesidades en salud, educación y trabajo. En otras palabras, sacarlos de su condición y convertirlos en clase media.

¿Pero este objetivo es acaso realista y sensato considerando la realidad nacional e internacional? Tomemos en consideración solamente dos hechos. El primero indica el gigantesco retraso en infraestructura, cuya brecha asciende a 160 mil millones de dólares. Por tanto se requiere atraer inversiones extranjeras y la inversión nacional –la cual tiene un monto importante en los paraísos fiscales-. Lo cual a su vez supone comprometer a nuestra oligarquía con un Programa de Desarrollo Nacional. El segundo hecho, esto significa que ante la disminución mundial del trabajo y el aumento estructural de la desocupación, la única esperanza de contrarrestar dicha tendencia es atender los programas de inversión en todos los sectores. Esto significa que la visión antisistema tendrá ante sí el espectáculo de una posible combinación de neoliberalismo con keynesianismo, que puede provocar una saludable revolución social. Y tercero, se refiere al nivel de madurez política que deberá mostrar el fujimorismo con su mayoría parlamentaria para hacer posible la gobernabilidad y desarrollo del Perú, en vez de promover un virtual golpe de Estado.

Para concluir esta breve observación afirmo que el triunfo de PPK es un hito que señala el ascenso autónomo de las clases medias y de su mentalidad en el escenario político del Perú. Ya V. A. Belaunde señalaba que el país requiere de clases dirigentes –y no meramente dominantes, como gustaba decir Pablo Macera- comprometidas con la visión de país, clases medias autónomas y un pueblo ilustrado.

Y por el momento, corregir los desvíos de la conciencia nacional dependerá del fortalecimiento de estos factores presididos por un ideal. Y aquí mencionamos al meollo fundamental del asunto, a saber, el ideal. El problema del ideal no es un asunto meramente nacional, sino de dimensión civilizacional. En medio de la cultura posmoderna, sin las verdades fundantes y la muerte de las utopías, plantear un ideal superior resulta contrafáctico y todo un desafío.

Pero la verdad es que con un ideal economicista y meramente materialista, secular y consumista estamos moral y definitivamente perdidos. Pues necesitamos no de una Patria ventral sino espiritual. Y para ello se necesita beber del ethos superior de la cultura cristiana, tan alicaída en nuestros tiempos de incredulidad. Como se ve, el desarrollo de una nación trasciende los capillismos y caciquismos de los partidos porque se trata de velar por la salud espiritual y no sólo material de la humanidad y de la civilización en su conjunto.

Por todo lo dicho me reafirmo en mi esperanza de un socialismo propio para el Perú, como era el deseo de Mariátegui, sin calco ni copia. Además es notorio que el socialismo no es en primer lugar -como lo hicieron notar Ernesto Che Guevara y Alberto Flores Galindo- un problema teórico ni material, sino eminentemente moral. Sólo las auténticas revoluciones cambian moralizando la vida cotidiana. Y esto lo podemos ver en Cuba. En Cuba no hay indigentes, delincuentes, carteristas, marcas, lustrabotas, mendigos, locos en la calle, no hay robos ni asaltos, no hay inseguridad ciudadana, ni el atosigamiento con lo letreros de neón. Es otra dimensión de la libertad y un cambio bueno de la vida cotidiana que solamente se consigue con una auténtica revolución. Pero todo esto es incomprensible para nuestra mentes capitalistas, llenas de lucro y egoísmo. Si queremos seguridad ciudadana, alfabetización, mínima mortalidad infaltil y mayor esperanza de vida, entonces hagamos la revolución verdadera de Túpac Amaru y de Cristo. 


Lima, Salamanca 09 de Junio del 2016