PRESENTACIÓN
A modo de umbral: una cartografía para transitar
el pensamiento de Gustavo Flores Quelopana
Hay libros que nacen para exponer una tesis; otros, para
ordenar un campo de conocimiento. Hay también aquellos que cumplen una función
más infrecuente: hacer visible la arquitectura intelectual de un autor y
ofrecer al lector una cartografía para internarse en ella. Este Vademécum y
Nomenclátor Philosophicus sobre la obra de Gustavo Flores Quelopana
pertenece, deliberadamente, a esta última estirpe.
Conviene comenzar por una precisión autoral. No soy autor de
las ideas, conceptos, categorías ni neologismos que aquí se registran y
sistematizan. Soy un académico dedicado al derecho ambiental, el derecho
de protección y bienestar animal y profundamente comprometido con las
humanidades Mi autoría se sitúa en otro plano: en la concepción del proyecto,
su enfoque, selección, ordenación, articulación y organización como instrumento
de aproximación a una obra biofilosófica singular. Mi tarea ha sido, por así
decirlo, construir el andamiaje hermenéutico y nomenclatural que permita al
lector reconocer, recorrer y relacionar los diversos estratos del pensamiento
de mi buen y admirado amigo el filósofo Gustavo Flores Quelopana.
Esta distinción no es meramente formal. Responde a una
convicción que ha acompañado mi propia trayectoria: organizar conocimiento
también es una forma de producir cultura, siempre que se respete
escrupulosamente la genealogía de las ideas y la autoría intelectual de quienes
las han concebido.
Mi propia itinerancia intelectual —que alguna vez he
denominado, con cierta licencia, una EcOdiseAcadémica— no ha discurrido
por una sola disciplina ni por un sendero epistemológico rectilíneo. Mi
formación y ejercicio como abogado, mi tránsito por la criminología, el derecho
constitucional, los estudios amazónicos, el derecho ambiental y,
posteriormente, el derecho de protección y bienestar animal, me han llevado
persistentemente hacia las zonas de intersección entre derecho, sociedad,
cultura, naturaleza, ciencia, ética y filosofía. Mi experiencia docente e
investigadora ha procurado igualmente cultivar una mirada sistémica e
interdisciplinaria.
Desde
esa perspectiva, la aproximación a Flores Quelopana no podía reducirse a una
bibliografía convencional. Su obra exige algo distinto: una cartografía
conceptual.
Una obra que desborda las clasificaciones convencionales
Lo que primero llama la atención en el itinerario filosófico
de Flores Quelopana es su vocación de desbordamiento. Su pensamiento no parece
conformarse con habitar pacíficamente una escuela, una etiqueta o una
ortodoxia. Transita por la metafísica, la antropología filosófica, la filosofía
de la cultura, la filosofía de la religión, la epistemología, la crítica de la
modernidad, la reflexión sobre la técnica y la inteligencia artificial, el
pensamiento andino y las grandes preguntas acerca del ser, el sentido, el
nihilismo y la trascendencia.
En semejante universo, el vocabulario deja de ser un simple
repertorio terminológico. Los términos se convierten en mojones del pensamiento.
Algunos nombran categorías centrales; otros condensan tesis; otros funcionan
como imágenes filosóficas; algunos adquieren la condición de neologismos; y
otros expresan momentos, preocupaciones o desplazamientos de una obra en
permanente elaboración.
De allí surge la necesidad de este Vademécum: no como
una camisa de fuerza clasificatoria, sino como instrumentum itineris, un
instrumento para el camino.
El Nomenclátor,
por su parte, aspira a algo todavía más específico: identificar aquellas voces
que, por su singularidad, densidad conceptual o recurrencia, permiten reconocer
la fisonomía propia del autor. No se trata de convertir el pensamiento en un
diccionario muerto, sino de mostrar cómo determinadas palabras funcionan como
núcleos gravitacionales de una filosofía en movimiento.
Del logos al mito; del ser a la crisis contemporánea
Uno de los aspectos que hace particularmente sugestivo el
pensamiento de Flores Quelopana es su esfuerzo por interrogar los límites del
paradigma filosófico occidental cuando éste pretende erigirse en medida
universal de todo filosofar.
En
este contexto adquieren particular relevancia nociones como filosofía
mitocrática, logos mítico, filosofía logocrática, razón cósmica, realidad
emanatista, filosofía andina, ontología, nihilismo, aneticidad, cibercracia,
Ciber Deus y neobrutalismo, entre muchas otras.
No corresponde aquí anticipar ni interpretar exhaustivamente
cada una de ellas —precisamente para eso existe este libro—, pero sí señalar
que el repertorio permite advertir una tensión fundamental: la búsqueda de una
racionalidad capaz de no amputar las dimensiones simbólicas, espirituales,
míticas y trascendentes de la experiencia humana.
Esta cuestión posee una extraordinaria actualidad. En una
época en que el dato pretende sustituir al conocimiento, el algoritmo a la
deliberación, la utilidad a la finalidad y la eficiencia a la sabiduría, las
preguntas filosóficas acerca del ser humano recuperan una vigencia que acaso
creíamos perdida.
Una conversación entre dos itinerarios
Hay, además, una circunstancia personal que no deseo ocultar
al lector.
Mi
aproximación a esta obra no procede exclusivamente de la curiosidad
bibliográfica. Proviene de una trayectoria intelectual que, aunque diferente,
ha terminado encontrando zonas de convergencia con las preocupaciones de Flores
Quelopana.
Durante décadas he transitado por los territorios del
derecho, procurando comprenderlo no como una arquitectura autosuficiente, sino
como un sistema abierto a la sociedad, la política, la cultura, la naturaleza y
los cambios de la civilización. Desde mis primeros acercamientos al mundo
amazónico y a los pueblos indígenas hasta mi posterior itinerario por el
derecho ambiental, he sostenido la necesidad de mirar el fenómeno jurídico
desde perspectivas interdisciplinarias.
Posteriormente, esa ruta se extendió hacia el derecho de
protección y bienestar animal y hacia la ius zooantropología, campo en
el que he procurado explorar las relaciones entre los sistemas jurídicos y los
demás seres vivos.
De modo que este libro es también, aunque modestamente, el
encuentro de dos itinerarios intelectuales distintos que se reconocen en la
necesidad de superar los compartimentos estancos del saber.
Una afinidad nacida de las palabras y de la cultura
Hay, además, una afinidad más íntima que atraviesa este
encuentro intelectual: mi antigua pasión por las palabras, por sus genealogías,
sus etimologías y por ese extraño poder mediante el cual una palabra no
solamente nombra, sino que también revela, oculta y convoca mundos de
significado.
El élan y la pasión culturosa por escarbar en las
palabras y perseguir sus orígenes se despertaron en mí al concluir el colegio.
Antes de ingresar a la universidad opté por concederme un tiempo sabático, casi
como una pequeña aventura intelectual, para dedicarme a desentrañar el misterio
de las palabras, sus raíces y sus alegorías. Recuerdo aquella aproximación casi
quirúrgica al pequeño diccionario Larousse, especialmente a su parte de letras,
como uno de los primeros ejercicios de una curiosidad que con los años habría
de encontrar otros cauces.
No deja de resultar significativo que, muchos años después,
esa inclinación hacia la palabra y hacia la exploración de sus estratos de
sentido encuentre una afinidad particular con Gustavo Flores Quelopana. Lo
conocí personalmente hace pocos años, cuando adquirí buena parte de sus obras,
pero el verdadero encuentro se fue produciendo progresivamente a través de sus
textos. Y es precisamente allí donde la palabra deja de ser un mero instrumento
de comunicación para convertirse en huella de una concepción del mundo.
En Flores, los conceptos, categorías, expresiones temáticas
y neologismos no aparecen como piezas aisladas de un vocabulario erudito.
Forman parte de una arquitectura intelectual que se desplaza entre filosofía,
cultura, metafísica, religión, ciencia, historia y condición humana. De allí
que este Vademécum y Nomenclátor Philosophicus no pretenda ser solamente
un inventario terminológico, sino una cartografía de las ideas a través de las
palabras que las hacen visibles. El propio Nomenclátor distingue, precisamente,
entre categorías fundamentales, conceptos desarrollados, expresiones temáticas
y neologismos, evitando reducir toda expresión singular a una categoría
filosófica autónoma.
La interdisciplinariedad constituye una segunda razón de
esta afinidad. Me resulta particularmente cercana esa vocación de no confinar
el pensamiento dentro de compartimentos estancos. En la obra de Flores,
filosofía y cultura dialogan con la historia, la antropología, la religión, la
ciencia, la literatura y la experiencia humana concreta. Esa apertura
interdisciplinar constituye, a mi juicio, una de las condiciones que permiten
comprender la amplitud de su itinerario intelectual.
Esta
empatía alcanza un punto especialmente significativo en las aproximaciones
religiosas y místicas. Naturalmente, existen entre nosotros diferencias de
perspectiva, formación, énfasis y valoración. Pero precisamente esas
diferencias hacen fecundo el diálogo: la afinidad intelectual no exige
identidad de posiciones; exige la posibilidad de reconocerse en la búsqueda,
aun cuando los caminos no sean exactamente los mismos.
Por ello, aproximarse a Gustavo Flores Quelopana supone
también aproximarse a un universo intelectual que no se deja reducir fácilmente
a una sola disciplina ni a una única etiqueta doctrinaria. Su trayectoria
muestra desplazamientos, rupturas, reelaboraciones y nuevas síntesis; desde sus
primeras preocupaciones humanistas y filosóficas hasta sus desarrollos
culturalistas, metafísicos y mitocráticos.
En ese sentido, este trabajo nace de una doble vocación: la
vocación por la palabra y la vocación por comprender el pensamiento en su
totalidad cultural. La primera me llevó desde muy temprano a interrogar las
palabras; la segunda me conduce ahora a organizarlas, contextualizarlas y
restituirlas a la constelación de ideas de la que forman parte, retomo de un
anónimo que “Nombrar es apenas el comienzo; comprender exige reconstruir el
mundo de ideas que cada palabra lleva consigo.”
El sentido de este Vademécum
No pretendo ofrecer al lector una interpretación definitiva
de Flores Quelopana. Sería una pretensión impropia de un trabajo de esta
naturaleza.
Aspiro
a algo más sencillo y, al mismo tiempo, más útil: proporcionar una puerta de
entrada.
Una puerta que permita identificar los términos, reconocer
sus relaciones, advertir sus desplazamientos semánticos y seguir las líneas de
fuerza que atraviesan una producción intelectual extensa y heterogénea.
Por eso, este libro debe ser leído como mapa y no como
territorio; como brújula y no como destino.
El territorio pertenece a Gustavo Flores Quelopana. Las
ideas son suyas. Las categorías son suyas. Las intuiciones, controversias,
rupturas y construcciones conceptuales pertenecen a su aventura filosófica. Lo
que aquí ofrezco es una determinada manera de hacer legible ese territorio.
En esa tarea he procurado mantener una regla que considero
irrenunciable: la fidelidad intelectual. Cuando una expresión constituye una
categoría filosófica desarrollada por el autor, debe ser reconocida como tal;
cuando se trata de una formulación temática, debe conservarse esa condición; y
cuando una palabra puede considerarse neologismo, la atribución debe hacerse
con la prudencia que exige toda investigación de genealogías intelectuales.
Epílogo: una invitación al diálogo
Toda nomenclatura corre un riesgo: creer que nombrar
equivale a comprender. No es así. Nombrar es apenas el primer movimiento del
pensamiento. Comprender exige interpretar; interpretar exige confrontar; y
confrontar exige pensar por cuenta propia.
Por
ello, este Vademécum y Nomenclátor Philosophicus no pretende clausurar la obra de Gustavo
Flores Quelopana bajo un sistema definitivo de definiciones. Aspira, por el
contrario, a facilitar nuevas lecturas, discusiones, discrepancias y
desarrollos.
Quizá ese sea el mejor homenaje que puede hacerse a una obra
filosófica: no convertirla en monumento inmóvil, sino devolverla al
movimiento de las ideas.
En última instancia, toda filosofía auténtica permanece
abierta. Como también permanece abierto el itinerario intelectual de quien la
lee. Y es precisamente en esa apertura —entre el logos y el mythos,
entre razón y trascendencia, entre ciencia y espíritu, entre naturaleza y
cultura, entre humanidad y alteridad— donde este libro invita al lector a
emprender su propia travesía.
NOTA FINAL. Muy lejos de nuestra parte
querer igualarse al Diccionario
de "El Péndulo de Foucault" obra de Luigi Bauco y
Francesco Millocca (en colaboración de L. Turrini) que representa un suerte de
guía enciclopédica para la comprensión de la compleja novela homónima de Umberto Eco
Pierre Foy Valencia
Lima, 2026
AGRADECIMIENTO
Gustavo Flores Quelopana
Quiero agradecerte, Pierre, no únicamente el prólogo que has
escrito, sino la totalidad del libro que has dedicado a mi obra. Tu trabajo constituye
un gesto de amistad intelectual y un reconocimiento generoso a la búsqueda
filosófica que me anima, pero también una obra autónoma que dialoga con la mía,
la interpreta y la prolonga en un horizonte más amplio.
He sentido en cada página de tu libro una mirada
interdisciplinaria y una sensibilidad humanista que han sabido captar la
vocación kenótica y categorial de mi pensamiento. Has mostrado mi filosofía no
como un sistema clausurado, sino como un territorio abierto, en diálogo fecundo
con el derecho, la cultura, la naturaleza y la sociedad. Esa cartografía que
propones no encierra, sino que abre caminos, ofreciendo al lector una brújula
para recorrer las categorías y neologismos que he ido forjando, y al mismo tiempo
una invitación a situarlos en contextos más vastos y plurales.
Aprecio profundamente la fidelidad con que distingues entre
mi autoría y tu tarea de organización y exposición. Reconoces que las ideas son
mías, pero que la concepción del vademécum, del nomenclátor y de la
arquitectura del libro es tuya. Esa distinción honra la genealogía de las ideas
y confirma que organizar conocimiento también es producir cultura, pues la
disposición sistemática de los conceptos no es un acto secundario, sino una
forma de creación intelectual que otorga inteligibilidad, continuidad y resonancia
a la obra.
Tu libro entero es, para mí, un acto de confianza y de
diálogo: confianza en que la filosofía permanece abierta, siempre dispuesta a
ser releída, discutida y recreada; diálogo entre dos itinerarios distintos que
se encuentran en la necesidad de superar los compartimentos estancos del saber
y de abrir la reflexión a la pluralidad de voces y disciplinas. Has sabido
mostrar que la filosofía kenótica no se reduce a un ejercicio solitario, sino
que se despliega en comunidad, en la amistad intelectual y en la hospitalidad
hacia lo otro.
Quiero subrayar, además, que este tipo de obras son rarezas
en el ámbito filosófico. A pesar de que la filosofía es fértil en neologismos y
en la creación de categorías, pocas veces se emprende la tarea de organizar un
volumen entero como guía sistemática, nomenclátor o cartografía conceptual de
un pensamiento. Tu libro se inscribe en esa tradición poco frecuente, que
reconoce que la filosofía no solo se escribe, sino que también se ordena, se
expone y se transmite en formas que facilitan su recepción y su diálogo con
otras disciplinas.
En este sentido, tu trabajo recuerda —por su factura y su
intención— al libro que José Gaos dedicó a El ser y el tiempo de Martin
Heidegger, bajo el título Introducción a El ser y el tiempo de Martin Heidegger
(1951). Así como Gaos ofreció al lector hispano una puerta de entrada a la obra
mayor del filósofo alemán, tú has ofrecido al lector contemporáneo una vía de
acceso a mi pensamiento kenótico. Y tu libro se sitúa, además, en compañía de
otras obras igualmente excepcionales: la Introducción a la fenomenología de
Miguel García-Baró, que ordena y expone los conceptos fundamentales de Husserl
y Heidegger; la Introducción a la filosofía de Heidegger de Jean Beaufret, que
organiza categorías y neologismos para el lector francés; la América profunda
de Rodolfo Kusch, que funciona como un nomenclátor cultural y filosófico,
sistematizando categorías propias para abrir un horizonte de comprensión; y los
estudios de Antonio Zirión sobre Husserl y Heidegger, que en la tradición
mexicana cumplen la función de cartografiar y transmitir la fenomenología.
La comparación no es casual: todos estos libros muestran que
la filosofía necesita mediaciones, prólogos, dicci0narios, revistas, glosarios
y cartografías que permitan que las ideas no se pierdan en la abstracción, sino
que se conviertan en cultura viva. Tu obra se inscribe en esa genealogía de
rarezas fecundas, confirmando que la filosofía es, ante todo, invitación al
pensamiento compartido y acto de hospitalidad hacia lo otro.
Por todo ello, quiero agradecerte con sinceridad y afecto.
Has ofrecido al lector no solo una puerta de entrada a mi obra, sino un libro
entero que testimonia la posibilidad de una co-creación, de un pensamiento
compartido que se convierte en acto de hospitalidad y en gesto kenótico de
apertura. Tu trabajo ilumina el camino del lector y, al mismo tiempo, confirma
que la filosofía es invitación a pensar juntos, a arriesgarse en la aventura de
lo real desde la finitud y la trascendencia.
COLOFÓN
GIANMARCO R. TORRES PARRA
Miembro de la Sociedad
Peruana de Filosofía
Es cierto que ninguno de los materiales en el
estudio de la filosofía hará de los estudiantes e investigadores eximios
filósofos, pero sí competentes profesionales. También es cierto que todo aquel
digno de llamarse filósofo supone el dominio de un eficaz y riguroso manejo de
las referencias y métodos. Pues bien, a ambas cosas contribuye este aporte
valioso de Pierre Foy Valencia.
Así como es importante contar de manera
imprescindible e insoslayable con obras básicas e introductorias, repertorios
bibliográficos fundamentales, publicaciones de filosofía periódicas, normas de
redacción, diccionarios, enciclopedias, historias de filosofía, antologías,
directorios y apéndices, la presente obra de Pierre Foy Valencia nos demuestra
lo valioso que es disponer de Vademécums y Nomenclaturas para penetrar en la
filosofía de un pensador.
Es cierto que la investigación filosófica no
se identifica con la recopilación bibliográfica, pero la cantidad de
información disponible para el tratamiento de cualquier tema exige la selección
y documentación pertinente. Y esta tarea la cumple sobremanera la presente obra
de Pierre Foy. Y, además, el cumple de forma sobria, elegante, solvente y
creativa, lo que de un encanto literario sui géneris.
Pero hay, además, algo supremamente
significativo en esta obra, y es que se erige en un mentís categórico hacia
quienes piensan que no hay pensamiento filosófico original en el Perú.
Así, este importante libro de Pierre Foy Valencia es una
valiosa contribución para difundir el pensamiento filosófico de Gustavo Flores
Quelopana. No lo considero un intento totalmente acabado ni tampoco una empresa
vana, sino una obra que confirma la consistencia y la proyección de nuestro
autor, cuya producción ya suscita el interés de jóvenes investigadores en torno
a uno de los pensadores más representativos del país.
Este vademécum y nomenclátor se ofrece como
una aproximación a su terminología y, al mismo tiempo, como una vía para
reconocer los orígenes de su reflexión y el desarrollo ulterior de su
pensamiento. Hemos realizado anteriormente esfuerzos por sintetizar su obra y
dar a conocer sus inquietudes metafísicas, humanísticas y civilizatorias; al
revisar nuevamente su producción, constato con asombro que su evolución
intelectual permanece en movimiento, y este trabajo ilumina no solo sus
inicios, sino también complementa y actualiza nuestra labor al señalar su
última etapa de creación, la denominada Filosofía de la Síntesis, que se
extiende desde el año 2020 hasta el presente. A decir verdad, su producción en
este corto periodo casi llega a la mitad de todo su recorrido intelectual de
casi cuatro décadas, es decir, se intensificó.
Además, retomar la escritura de un vademécum
después de años, cuando al parecer ya había dejado de existir, es un trabajo
valioso. Me parece valioso por el estudio minucioso dedicado al pensamiento
evolutivo de un autor, en este caso de Gustavo Flores Quelopana. De igual
manera, incorporar un nomenclátor en la cual se conceptualiza palabras, ideas o
nociones del autor. Este vademécum y nomenclátor será una herramienta
esclarecedora para muchos filósofos jóvenes que estamos estudiando
progresivamente al autor, pero también a otros que en el transcurso del tiempo
se irán interesando en el pensamiento del autor en mención.
Entonces, este texto como herramienta
propiciará para el futuro seguir estudiando a modo de revaloración o crítica al
autor -que por cierto para un filósofo este último es un don-, lo importante es
que los estudios diversos que se realizarán contarán con esta herramienta muy
contundente. Es decir, se evitarán errores graves de comprensión sobre el
pensamiento de Flores, porque si bien ahora tenemos la dicha de acudir a su
persona para poder dialogar y consultarle sobre qué quiere transmitir con una
palabra o expresión genuina; evidentemente no siempre será así en tanto los
seres humanos vivimos de forma limitada.
Me es inevitable, también ahora referirme a
que el pensamiento complejo y sistemático de Gustavo Flores ha sido tan amplio
porque ha abordado diversos temas filosóficos con críticas bien fundamentadas
incluso a filósofos de la tradición -me refiero a los filósofos reconocidos del
canon-. Desde luego, un autor tan prolijo y brillante merece, a modo de
homenaje, realizar un vademécum y nomenclátor para que su filosofía siga
llegando a más mentes humanas que desean, no solo repetir la filosofía, sino
hacerla. Pues, se hace filosofía repensando los problemas también ya
identificados por otros, pero que con nuestra originalidad podamos seguir
discutiendo las posibles respuestas o soluciones.
En este sentido, el mérito de Pierre Foy
Valencia no consiste únicamente en haber reunido términos, conceptos, obras y
momentos de una trayectoria intelectual, sino en haber comprendido que detrás
de cada noción existe una arquitectura de pensamiento que solo puede ser
apreciada cuando se sigue su desenvolvimiento histórico. El vademécum permite,
así, reconocer las palabras; el nomenclátor permite comprenderlas; pero ambos,
considerados conjuntamente, permiten entrever el sistema filosófico que las
articula. En el caso de Gustavo Flores Quelopana, esta tarea adquiere especial
relevancia porque estamos ante una filosofía viva, en permanente elaboración,
que continúa interrogándose por el hombre, la historia, la cultura, la
civilización, la metafísica y el destino de la humanidad.
Por ello, esta obra no debe ser entendida
como una clausura, sino como una invitación. Quien consulte estas páginas
encontrará referencias, definiciones y orientaciones; pero, sobre todo,
encontrará una puerta de ingreso a una obra que reclama lectura atenta,
discusión crítica y nuevas interpretaciones. Tal vez ese sea uno de los mayores
servicios que puede prestar un repertorio de esta naturaleza: no sustituir el
pensamiento, sino conducir hacia él; no ofrecer respuestas definitivas, sino
proporcionar los instrumentos necesarios para formular mejores preguntas. Y en
ello reside también la nobleza de la labor filosófica: recibir una tradición,
someterla a examen, confrontarla con el presente y, desde esa tensión,
atreverse a pensar nuevamente.
En una época en la que abundan las
informaciones, pero escasean las verdaderas meditaciones; en la que se
multiplican las opiniones, pero no siempre las razones; recuperar el ejercicio
paciente y riguroso del pensamiento constituye ya una forma de resistencia
intelectual. El aporte de Pierre Foy Valencia adquiere, por ello, una
significación que trasciende la mera utilidad bibliográfica. Al registrar y
ordenar el universo conceptual de Gustavo Flores Quelopana, deja también un
testimonio de nuestro tiempo: el testimonio de que en el Perú la filosofía no
es únicamente memoria de lo que otros pensaron, sino también presencia de
quienes, desde nuestra propia realidad histórica, se atreven a pensar el mundo
y a interrogar su sentido. Que este libro sirva, entonces, para que nuevas
generaciones conozcan, estudien, cuestionen y, llegado el momento, también
superen aquello que aquí se recoge. Porque la verdadera fidelidad al
pensamiento no consiste en repetirlo, sino en mantener abierta la posibilidad
de pensar más allá de él.
Y cuando algún día estas páginas sean
consultadas por quienes ya no hayan tenido la posibilidad de conversar
directamente con Gustavo Flores Quelopana, cuando la voz del filósofo se haya
convertido en memoria y sus palabras deban ser buscadas en los libros, este
vademécum y nomenclátor podrá cumplir una misión todavía más profunda:
conservar las huellas de un pensamiento que quiso comprender su tiempo sin
renunciar a preguntar por aquello que lo trasciende. Entonces, las palabras
aquí reunidas dejarán de ser únicamente términos de una obra y se convertirán
en vestigios de una aventura intelectual; señales de un hombre que hizo de la
filosofía una búsqueda perseverante y de la reflexión una forma de permanecer
despierto ante el misterio de la existencia. Y será entonces cuando
comprendamos que un pensamiento verdaderamente vivo no termina cuando calla su
autor: comienza a vivir de otro modo en quienes lo leen, lo discuten y lo
llevan nuevamente hacia el horizonte de las preguntas.
Porque toda filosofía que merece perdurar
termina por desbordar las páginas que la contienen. Así ocurre también con la
obra de Gustavo Flores Quelopana: nacida en el Perú, arraigada en sus problemas
y abierta a la universalidad, busca todavía su lugar en la conversación mayor
de la filosofía. Pierre Foy Valencia, con este vademécum y nomenclátor, ha
colocado una piedra más en ese camino: ha ordenado las huellas para que otros
puedan seguirlas, ha encendido una luz para que otros puedan mirar y ha dejado
abiertas las puertas para que nuevas inteligencias entren en diálogo con ellas.
Quizá ese sea, en última instancia, el destino más noble de todo libro
filosófico: no cerrar el camino, sino señalarlo. Y mientras haya alguien que
vuelva a estas páginas, alguien que pregunte, que discrepe, que investigue y
que se atreva nuevamente a pensar, la filosofía de Gustavo Flores Quelopana
seguirá caminando. No como una estatua inmóvil del pasado, sino como una
pregunta viva en el corazón del presente y como una posibilidad abierta hacia
el porvenir. Porque el pensamiento, cuando es auténtico, no muere: deja sus
huellas en el tiempo, y espera, silenciosamente, a que otra conciencia las
encuentre.
EPILOGO
ISRAEL RENÉ LIRA
Miembro de la Sociedad
Peruana de Filosofía
El Quelopanismo, al
contrario de ser un sistema cerrado y ya finiquitado de filosofía, seguirá
enriqueciéndose, tanto por propia mano de su creador, como de los reconocidos
como tales, o de los autoproclamados discípulos, y más aún, a partir de la
labor de sus críticos, ya que, como decía el gran escritor del siglo de oro
español, Baltasar Gracián, o al menos es una frase que goza de cierto consenso
en su origen en los aforismos gracianos, hay personas que aprendemos más de las
críticas de nuestros enemigos que de los sinceros encomios de nuestros
panegiristas, ya que: Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser
no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni
talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni
bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien (B.G, 1647).
Cierto es que todos
podemos ser filósofos, pero también cierto es que, así como todos tenemos la
capacidad de asombro como germen de la reflexión filosófica, también es otra
realidad innegable, la idea contraria, de que la labor de creación filosófica
solo parece reservada para aquellos que tienen algo eterno que trasmitir, algo
que también apuntaba nuestro otro maestro, el filósofo argentino Alberto Buela,
de que, hay una diversidad de filósofos, y no puede ser de otra forma, porque
ese el carácter propio de la filosofía, ser diversa, acorde a cada talento y
genio de cada quién. Por ello, hay quienes, en el terreno de la filosofía, son
excelentes maestros de grandes escuelas de pensamiento filosófico, y que con su
vasta especialización nos guían hacia las fuentes de la sabiduría universal.
Pero la
especialización, como epifenómeno de la escribalidad, tiene sus bemoles, y eso
ya lo denunciaba Sócrates, en cierto sentido, en boca de Platón, cuando
criticaba el saber escrito en el Fedro, pero el comentario que haremos aquí no
recoge el sentido apodíctico del Fedro, sino en el sentido moderno de
interpretación.
En referencia a que, la
especialización puede degenerar en que la filosofía de uno, se constituya en
una serie de notas a pie de página de las obras de otros filósofos, una
afirmación que hacía el filósofo inglés Whitehead en referencia al legado
platónico. Bien, la idea es la creación filosófica, en el mejor de los casos es
que sea una creación original del genio particular, y en el sentido más
realista, es que pueda llegar a ser una repetición creativa ¿Qué se quiere
decir con esto? Louis Althusser, fue tal vez el último de los epígonos de
aquella concepción escolástica de la filosofía, comprendida como philosophia
perennis, es decir, como una constante repetición o como un retornar en lo
mismo, al estilo nietzscheano (Badiou, 2007).
No somos
althusserianos, y podría considerársenos en realidad críticos del mismo, pero
algo que si le reconocemos a este es una intención de creación propia. Pero
¿Qué es esto de lo mismo? ¿Qué es la mismidad de lo mismo, que retorna en el
destino ahistórico de la filosofía? Se pregunta Alain Badiou (2007) en un breve
ensayo intitulado La Filosofía como repetición creativa. Badiou da algunos
alcances interesantes desde la propuesta althussiana, en tanto que, para
responder a estas interrogantes, necesariamente tenemos que rozar con la
esencia misma de la filosofía.
Esta esencia de acuerdo
con Badiou, y en torno al debate, puede ser entendida desde dos aristas, una
que nos remite a la filosofía como un conocimiento reflexivo, como
autoconocimiento de la razón (Hegel, 2010), en el ámbito teórico, y como
conocimiento de los valores que rigen nuestra vida en un ámbito más práctico,
el filósofo se manifiesta así en su forma de profesor, tal como lo fueron Kant,
Hegel, Husserl, etc.
La otra arista ve a la
filosofía no como un conocimiento, ni teorético ni pragmático, en sí mismo,
sino como transformación directa de un sujeto. En el sentido de «Sócrates
hablando a los jóvenes en las calles de Atenas; como Descartes escribiendo
cartas a la princesa Elizabeth; como Jean-Jacques Rousseau escribiendo sus
confesiones; o las obras de Sartre… (…) La diferencia es que la filosofía ya no
es conocimiento, o conocimiento del conocimiento. Es una acción. Uno podría
decir que lo que identifica a la filosofía no son las reglas de un discurso,
sino la singularidad del acto» (Badiou, 2007). Althusser, marxista él, aboga
por esta visión activa de la filosofía, definiéndola como una lucha política en
el campo teorético.
Badiou rescata de estas
consideraciones dos cosas fundamentales: 1. El acto filosófico esta
caracterizado por una distinción clara, entre lo que es conocimiento (Episteme)
y lo que no lo es (Opinión o Doxa);.2. El acto filosófico siempre tiene una
dimensión normativa, jerárquica, es decir, p.ej., en el marxismo, el
materialismo es lo bueno, lo certero, lo objetivo, lo superior, mientras que el
idealismo, es lo malo, lo falaz, lo subjetivo, lo inferior.
Estos dos puntos
centrales del acto filosófico son la razón por la que se concibe a la filosofía
como «el eterno retorno de lo mismo», ya que esas dos características se
consideran como inmutables en el acto filosófico, a través de la historia
humana. Ello, acota Badiou, es la razón por la cual se percibe a la filosofía
como siempre la misma cosa, ya que cada filósofo, en esencia, siempre busca 1.
diferenciar y 2. establecer una nueva jerarquía categorial.
Pero todo no acaba
aquí. Para Althusser, y esto es una de las cosas en las que, si nos encontramos
de acuerdo con él, la filosofía es la eterna repetición de lo mismo, sin
embargo, a ello Badiou acota, repetición sí, pero creativa. Ya que precisamente
cuando un filósofo realiza nuevas distinciones, donde otros veían analogías, o
realizan nuevas jerarquías donde otros veían subordinaciones, se produce el
acto de creación de una nueva entelequia. Un nuevo paradigma surge.
Ahora ¿Por qué era
necesaria esta reflexión sobre la filosofía como repetición creativa? Se hizo
necesaria para afirmar que el quelopanismo, es de los pocos sistemas
filosóficos que se constituye no en la repetición creativa de Badiou, sino en
algo que llamaremos, y en realidad es un neologismo creado para la presente,
como, creación exnovítica.
Es decir, no repetición
creativa, sino desde cero, ya que, claramente como el lector habrá podido
identificar, sin perjuicio de que, en efecto, hay si, una genealogía filosófica
con la que se puede seguir la evolución de la mentalidad filosófica de Quelopana,
y está claro también que no todo el quelopanismo es exnovítico, porque hay
reminiscencias a otros sistemas filosóficos, sin perjuicio de ello, también hay
aspectos que son contribuciones creativas y heroicas de nuestro amauta, y por
ende exnovíticas, y en esto se encuentra el valor de la filosofía integral que
ha construido Flores Quelopana y que este libro de Pierre Foy saca a la luz.
Como colofón a este
epílogo, cabe hacer unas cuantas reflexiones sobre las palabras de Ortega y
Gasset que asaltan a nuestra memoria, en lo que respecta a que, dichoso es
aquél que se topa con los pensadores que no solo explican su forma de pensar,
sino también que delimitan sus proyectos de tal forma que puedan ser asimilados
fácilmente por el lector.
En ese sentido, en toda
esta obra, el agudo autor Pierre Foy Valencia infiere que el lector ya tiene
conocimiento de lo que es un Vademécum o una Nomenclátor, sin embargo, ninguna
definición diáfana sobre el particular se nos aporta al respecto, se nos dan
indicios si, del impacto o alcance buscado con dichas palabras, pero de la
consecuencia no se deriva necesariamente la definición.
En ese sentido, aportamos un
final-inicio, para así completar el circulo, en el sentido que Vademécum,
viniendo del latín, es una palabra compuesta por vade –ven– y mecum –conmigo–,
que en la primera acepción del DRAE (2024) significa, libro de poco volumen y
de fácil manejo para consulta inmediata de nociones o informaciones
fundamentales, p.ej. un vademécum farmacéutico, incluirá las principales
medicinas en determinas áreas.
Conforme a ello, el
vademécum quelopanorum, incluye las principales obras y contenido general de la
literatura filosófica de Quelopana. En esa misma línea, Nomenclátor, de similar
estructura en el latín, en su única acepción, hace referencia a un catálogo de
nombres propios o de voces técnicas de una disciplina.
Visto lo anterior, el Vademécum hace
honor a su significado, como una recopilación de las obras fundamentales de
Quelopana, para los que queremos ubicar rápidamente temas quelopanianos o
inclusive para los que recién se topan con su pensamiento y quieren seguir una
línea de estudio cronológico del mismo. Mientras que el Nomenclátor, es el
catálogo de las categorías, tanto exnovísticas, es decir, de los neologismos,
como demás terminología filosófica particularizada y contextualizada usada en
la doctrina quelopaniana. Y como el ouroboros medieval, diremos, la serpiente
quelopaniana vuelve sobre su cola, porque como sistema, es una filosofía que se
encuentra y se rencuentra a si misma en sus categorías.
Philosophia solum initium est
ACOTACIÓN FINAL
SANTIAGO GUTIÉRREZ
RODRÍGUEZ
Miembro de la Sociedad
Peruana de Filosofía
La obra de Gustavo
Flores Quelopana se despliega como un itinerario filosófico complejo, marcado
por la necesidad de distinguir etapas y reconocer la fecundidad categorial que
lo caracteriza. En la primera fase, de corte marxista-humanista, se advierte la
recuperación del humanismo en Marx y la crítica a la deuda externa y al
imperialismo, todavía bajo marcos heredados que no alcanzan a configurar un
sistema propio. La segunda fase, culturalista-posmoderna, introduce categorías
originales como hombre anético, hiperimperialismo y neohumanismo metafísico, en
diálogo con la Escuela de Frankfurt y el pensamiento posmoderno, abriendo un
horizonte crítico frente al cientificismo y al tribalismo cultural. La tercera
fase, antropológico-metafísica kenótica, constituye el núcleo de su sistema,
donde la kénosis se convierte en categoría central para pensar el ser, la
persona y la trascendencia, y donde se articulan nociones como numinocracia,
mitomorfía, cibercracia, ontorrealismo y amore mensura, en un esfuerzo por
ofrecer alternativas éticas, políticas y culturales frente al nihilismo
contemporáneo.
La importancia de sus
libros radica en que no se limitan a comentar la tradición, sino que crean un
lenguaje filosófico nuevo, capaz de dialogar con Platón, Aristóteles y la
modernidad desde una clave kenótica y latinoamericana. La fecundidad de su
pensamiento se manifiesta en la creación de categorías inéditas que nombran
fenómenos espirituales y culturales que la filosofía clásica no había
tematizado con precisión: ciber Deus como idolatría de la inteligencia
artificial fuerte, paradoja antrópica como denuncia de la destrucción
ecológica, neobrutalismo como diagnóstico del agotamiento civilizatorio,
prodeclasis como definición del progreso histórico en clave de decadencia. Cada
concepto abre un horizonte interpretativo y se integra en un sistema que, aunque
aún en construcción, revela una vocación de totalidad y una voluntad de ofrecer
respuestas a la crisis cultural y espiritual de nuestro tiempo.
La utilidad del
Vademécum y Nomenclátor Philosophicos de Pierre Foy Valencia se comprende en
este contexto: ordenar la fecundidad categorial de Flores Quelopana, distinguir
las etapas de su pensamiento y ofrecer un mapa conceptual que permita navegar
un sistema denso y en expansión. No sustituye la lectura directa de sus obras,
pero constituye un instrumento metodológico indispensable para acceder con
rigor a su filosofía. El mérito de este esfuerzo es dar claridad sistemática a
un pensamiento que, por su densidad conceptual, exige mediaciones; la
limitación es que refleja un sistema abierto, susceptible de cambios y
ampliaciones, pues la ontología kenótica aún está en proceso de consolidación.
La acotación final
sobre este filósofo peruano es que su obra representa una de las tentativas más
originales de la filosofía latinoamericana contemporánea: un pensamiento que,
partiendo de la crítica marxista y culturalista, culmina en la formulación de
una ontología kenótica que concibe el ser como donación y vaciamiento
originario. Su importancia no reside únicamente en la crítica al transhumanismo
y al poshumanismo, ni en la denuncia del hiperimperialismo y la cibercracia,
sino en la creación de un sistema filosófico capaz de integrar mito,
trascendencia y crítica cultural en un horizonte que busca superar el nihilismo
global. La fecundidad de sus categorías, la sistematicidad de su proyecto y la
vocación de totalidad que anima su obra lo convierten en un pensador complejo,
cuya filosofía exige distinguir etapas, reconocer la originalidad de sus
conceptos y valorar la utilidad de instrumentos como el vademécum para acceder
a la riqueza de su pensamiento.