miércoles, 27 de enero de 2021

NIHILISMO COMO IDEOLOGÍA

 

NIHILISMO COMO IDEOLOGÍA

Gustavo Flores Quelopana

  

Cuando el nihilismo ha dejado de ser un lujo de intelectuales para encarnarse en las masas, entonces ha sonado la hora en que los factores objetivos y subjetivos coinciden en el pútrido miasma de la burguesía póstuma.

 

Su conciencia falsa como fin de los ideales y negación de los valores realzan la Nada a una significación engañosa que no corresponde con la realidad del ser. Marx materializa, Freud psicologiza, Jung arcaíza y Heidegger hace diletantismo metafísico convirtiendo la angustia en el sentir fundamental del hombre. Todos reflejan una sociedad decadente que camina hacia su ocaso nihilista.

 

El nihilismo es ideología dominante de la burguesía exangüe y catafáltica. Es el pensamiento y el sentimiento más hondo de una clase que se siente a su gusto con su descompuesta alienación. Lo risible es que a aquella alienación la llamen “gozosa libertad sin dogmas ni dioses”.

 

Pero lo peor de todo no es precisamente eso, sino que nos hemos quedado sin imagen futurible y correctora. La función utópica ha sido devorada por un caos de símbolos y alegorías fantasiosas, sin significación histórico-constructiva. Nos hemos quedado sin función utópica porque el pensamiento técnico está eliminando por todos los resquicios planetarios el excedente espiritual.

 

El nihilista de hoy es más parecido a la astilla cadevérica de catafalco porque no lleva su tragedia con angustia, sino con loca y cínica alegría dionisíaca. La indecente tranquilidad de la conciencia nihilista es robustecida por la sociedad del consumo masivo. Pero vivir en el placer narcisista, la libertad sin límites, individualista, consumista, desocializado, hedonista de la ideología nihilista, no es ejercer la función utópica, sino que es pervertirla.

 

En el panorama actual no hay clases sociales en ascenso, lo único que está en ascenso son las máquinas. Y así predomina la cultura objetiva sobre la cultura subjetiva. La hora presente de la sociedad burguesa-individualista culmina en la más barata sustracción de lo humano de las propias fuerzas motrices que impulsan la historia.

 

El hombre se ha vuelto prescindible, sustituible y reemplazable. El triunfo de la economía dineraria en la modernidad ya lo había anticipado y hoy la vemos como una de las principales fuerzas motrices que impulsan su culminación. ¿Cómo salir del atolladero histórico? ¿Pero, acaso, habrá salida concreta y no como mero ejercicio intelectual? ¿Se podrá revivir la función reconstrucitva del pensamiento utópico, más ligada a la esperanza que a la fantasía humana?

27 ENERO 2021

SOPA DE PIEDRA

 

SOPA DE PIEDRA

Gustavo Flores Quelopana


 

Después de la pandemia del Covid, se han encendido las alarmas por el incremento de la pandemia del hambre. En España y Perú, Estados Unidos y la India sucede lo mismo, el hambre azota. Se calcula que 150 millones de seres humanos padecen hambruna. Esto es como decir que el Mundo se ha vuelto en un inmenso campo de concentración.

 

Ante esto, morir de amor es un lujo, mientras que morir de hambre no. Por eso, la compasión por el hambriento es universal pero incómoda. La pandemia está mostrando de modo descarnada la enorme crisis de misericordia que se padece globalmente. Incluso las vacunas, el Primer Mundo supuestamente civilizado trata de acaparlas dejando sin opción a los países pobres.

 

Mirando la epidemia de obesidad del Primer Mundo se suele olvidar la pandemia de hambre que azota todavía a la humanidad, especialmente en el Tercer Mundo. Así, el primer plano de los venales medios de comunicación se lo suelen llevar, con indecencia y sin pudor, las inmensas fortunas de los multimillonarios del planeta y no se dedica ni media línea al mayor fracaso de la modernidad hipertecnológica, a saber, el hambre en el mundo.

 

Según la OMS al día mueren de hambre 8,500 niños. Pero también, más del 90% de los suicidios tienen por causa la necesidad económica, y sólo el resto las desilusiones amorosas. Entonces, ¿No es acaso una pandemia el hambre actual?

 

La hipocresía de la buena sociedad suele ignorar el hambre. Schiller decía que el mundo se pone en movimiento por el hambre y por el amor. Se oye decir que en el capitalismo decadente el impulso por comer ha amainado con la anorexia y la bulimia. Y en esa orgía dionisiaca del narcisista hombre posmoderno, que se siente gozoso por su libertad sin dogmas ni dioses, el hambre ocupa el último lugar de sus sicalípticos pensamientos.

 

Pero eso, el hambre en el Primer Mundo es un lujo sedicente de la burguesía tardía, narcisista, hedonista y egoísta. El hambre es un impulso fundamental que nos impulsa a vivir, pero en la fenomenología pequeñoburguesa de Heidegger es la angustia. El pútrido subjetivismo de la modernidad pequeñoburguesa se ha olvidado del hambre. Todo surge del pensar. Los afectos han sido remitidos al asilo de la insapiencia y por ello son eliminados.

 

Bajo el predominio del pathos abstracto se olvida del hambre. Ya el Transhumanismo sueña con ciborgs que nunca sienten hambre. Pero el hambre se renueva y resulta inextingible. Hay hambre en la riqueza y en la pobreza, pero resulta liquidadora en la miseria.

 

Cierta vez, sorprenden al filósofo Diógenes el cínico, en plena masturbación, y ante el reproche responde: "No puedo engañar a mi estómago, pero al menos puedo hacerlo con el sexo". Efectivamente, es hambre es abrupto, imperioso e impostergable. Su saciedad es lo más ligado a la vida que tenemos. Por eso, no satisfacer el hambre apaga la esperanza en el alma.

 

La sopa de piedra no es el ayuno del místico, ni la frugalidad del hombre light, sino la pesadilla diurna de un mundo luciferino que se solaza en la pura inmanencia y extravió la caridad junto con la misericordia.

27 de enero 2021

IDEAS Y REFUTACIONES -contra el Nihilismo-


IDEAS Y REFUTACIONES

Gustavo Flores Quelopana


 

Todo comenzó cuando un martes 26 de enero por la mañana -hora de Lima- estampé en un link mi reflexión sobre la burguesía y el nihilismo en la plataforma del Foro de Filosofía, Artes, Ciencias y Letras “La Serpiente de Oro”, que dirige mi amigo y destacado físico teórico Enrique Alvarez Vita, amicalmente Kiko. Rezaba dicha meditación en tenor siguiente:

 

NIHILISTA BURGUESÍA DEGENERADA

En los tiempos de ascenso revolucionario de la burguesía, Kant llamaba al filósofo el maestro del ideal. En cambio, en los actuales tiempos de la burguesía decadente, el filósofo se ha convertido en el maestro del nihilismo. Sentirse libre, sin Dios, ni ideales, sin imperativos morales, vivir en la nada, porque se asume que la realidad es en realidad nada, es la nueva farsa y embuste dominguero de la burguesía decadente de la posmodernidad. El nihilismo es la patología global de nuestro tiempo. Pensar y sentir el ser desde la Nada es la utopía inmanente del estancamiento espiritual. La mayor mentira vital del nihilismo es que todo se somete a la transitoriedad del devenir, todo corre de la nada a la nada. Esto es olvidar que el ser no sólo tiene un sentido multívoco -lo finito-, sino también un sentido unívoco -lo Absoluto-. En el fondo se trata de una hipocresía consubstancial de un luciferino resentimiento metafísico hacia la trascendencia y el hundimiento en la ciénaga del delirio prometeico de la modernidad.

 

Ante lo cual, se produce el breve, pero significativo, diálogo virtual siguiente, con el filósofo español Isaasc Rosler (las transcripciones son literales).

 

Isaac Rosler

Wow, ¡cuánta amenaza y tormento elocuente para que uno no se atreva a pensar libre de dogmas y sin dioses! Supongo que me espera la nada, el nihilismo, el vacío... Sólo me atrevo a rememorar lo que un filósofo dijo, "si el hombre debe llegar un día a la proximidad del ser debe antes aprender a existir en lo que no tiene nombre". Saludos cordiales.

 

Gustavo Flores Quelopana

El dogma de nuestro tiempo sin Dios es vivir en la dictadura del puro relativismo. Enaltecer la asunción de la nada como un pensar libre es el último embaucamiento sedicente de la decadente burguesía degenerada. Lo que se aquí se trata en el fondo no es "atreverse a pensar libre y sin dioses", sino caer en la última pesadilla degenerada del mundo burgués. El posmodernismo dionisíaco no entiende la utopía, ni siquiera la propia. Y así va a la deriva encerrándose en el más puro inmanentismo del deseo sin trascendencia.

 

Isaac Rosler

Gustavo, parece que decidiste ignorar el pensamiento que propuse, así que aquí va de nuevo, planteado de otra manera. El peor "pecado" podría ser, quizás, no intentar vivir sin Dios, o al menos, como si no existiera (su nombre) . Y así, ir por la vida pensando, pensando realmente, pensando en decidir hacer el bien sin mirar a quien, pensando con responsabilidad, sin religiones ni dioses. Ese momento, pienso, es siempre ahora, desde este instante, ya que la justicia (que aún no tiene el nombre que deseamos darle) no espera. Saludos.

 

Gustavo Flores Quelopana

Apreciado Isaac, percibo tu digna y justificada preocupación por el bien. No obstante, pienso que se contribuye muy poco o casi nada en ello si nos basamos solamente en las virtudes morales y se da la espalda a las virtudes teologales. El hombre no sólo es admirable, sino también idólatra, abyecto y vil. Con gran facilidad se desliza hacia la vanidad y la soberbia basándose solo en las virtudes morales inmanentes desvinculadas con las virtudes teologales trascendentes. Por eso, la tragedia del actual hombre sin Dios es vivir en la pura inmanencia desvinculada de la verdadera trascendencia que es Dios.

 

Isaac Rosler

Gustavo quizás lo que tú llamas "la tragedia del actual hombre" es que él ya no quiere dejarse definir por el fin teleologico u ontológico que se le adjudica con todo amor, compasión y condescendencia.

 

Gustavo Flores Quelopana

Es verdad, el hombre actual ya no se define por alguna entelequia teleológica, sino por la autodeterminación de su libre voluntad. Ese es el mito de la modernidad. Mito que se muestra fracasado en el Antropoceno que va hacia el despeñadero en todos los órdenes de cosas. Pero dicha humanidad no se así porque "quiere", sino porque esa es la atmósfera espiritual que le tocó vivir en la era nihilista.

 

Isaac Rosler

Tu palabra favorita, recurrente y reverberante: El nihilismo. Creo que ahí lo dejo. Suerte con tu cruzada.

 

Gustavo Flores Quelopana

De la misma forma.

 

Considero que este diálogo es interesante porque representa varias cosas: 1. La agenda ideológica mundial -el nihilismo- que trata de impulsar la élite global sobre el planeta, y en la que tiene secuestrada a buena parte de la intelectualidad europea continental y anglosajona; 2. El imperio que ejerce el nihilismo en la médula del pomodernismo dionisiaco, que con la cacareada y sedicente excusa de la libertad ilimitada no hace más que hundirse en el narcisismo moral y metafísicamente disolvente; y 3. La naturaleza ideológica de la dictadura relativista de la Nada, que no va más allá del sentido multívoco del ser -la finitud- y elude su sentido unívoco -lo Absoluto-.

 

27 de enero 2020, en plena segunda ola de la pandemia del Covid

miércoles, 20 de enero de 2021

REFLEXIONES

REFLEXIONES

Gustavo Flores Quelopana

 


1

ELOGIO DE LA VEJEZ

Lo propio de la vejez es ver lo importante y olvidar lo insignificante. El gusto por la novedad ya no seduce. Hasta la sordera del viejo ayuda a que su pensamiento no sea interrumpido por el parloteo sin sentido y la charla superflua. La vejez es deseo y capacidad de vivir sin apresuramientos miserables y corporeizar sólo lo esencial. En la vejez el hombre se despoja del último traje que le queda de la vida banal, a saber, la vanidad. Por ello, la vejez no es el invierno sino la vendimia de la tranquilidad. Es el momento supremo en que se agudiza el sentido de eternidad. La vejez es esperanza, tranquilidad y espera del último sueño liberador. Si en la niñez y en la juventud se sueña despierto y en la madurez se sueña en la acción, en la vejez se sueña dormido. La vejez es el último sueño del que no se despierta jamás en esta vida. La era actual es narcisista y hedonista y no comprende el sentido de la vida de la vejez. De ahí nacen sus utopías de revertir la vejez mediante la ciencia y la tecnología. Pero un mundo sin reconocimiento de la vejez es un mundo sin madurez ni tranquilidad como el actual.

 

2

INTELECTUAL AUTÉNTICO

El verdadero intelectual siempre está en exilio permanente, porque su actitud crítica y cuestionamiento permanente no es bienvenido por las masas, los políticos, la universidad, ni los sacerdotes. Pero en el actual imperio de lo instantáneo los intelectuales han entrado en un proceso de extinción, porque el pensador ha dejado paso al especialista y el pensamiento disidente fue sofocado por el experto-asesor en imagen de políticos ambiciosos y empresarios inescrupulosos.

 

3

CIBER DEUS

Leer el libro de Harari “Homo Deus” me hace arribar a la conclusión de que no se equivoca en sus pronósticos, pero yerra en lo más profundo, porque se queda muy corto. En realidad, no vamos hacia el imperio de una élite privilegiada y reducida de superhumanos llamada HOMO DEUS -sustituta del homo sapiens-, sino que vamos hacia la brevísima batalla entre el homo deus y el CIBER DEUS. Al final será la IA (Inteligencia Artificial) la que se impondrá sobre la humanidad sin contemplaciones ni misericordia.

 

4

La mujer es el sueño del hombre, pero también su pesadilla.

 

 

5

La mujer en su vejez retorna a su matrimonio, en cambio el hombre viejo regresa a su infancia.

 

6

La luz navideña es la que primero se enciende en el corazón.

 

7

Por el arte bello el hombre respira eternidad en el tiempo.

 

8

Para el político la vida social prima sobre la vida personal, para el intelectual la vida personal predomina sobre la vida social. Por eso para el primero, le es indispensable el trato con los hombres. Mientras que para el segundo le resta humanidad.

 

9

Aprender filosofía es fácil. Vivirla es lo difícil.

 

10

Enriquece tu vocabulario. Sólo las personas estúpidas no se aburren de las mismas palabras.

 

11

El genio es el que halla soluciones sencillas para asuntos complicados.

 

12

La cultura crea hombres la civilización masas.

 

13

La vanidad siempre consuela poca cosa.

 

14

Hay dolores de pecho que no son del corazón sino del alma.

 

15

Cuando de una pareja se trata, uno más uno no es dos, sino que es infinito cuando prima el amor.

 

16

La vida biológica es el tiempo volcado en la materia. La vida sobrenatural es la eternidad volcado en el espíritu.

 

17

Quien no ama no cambia.

 

18

No basta con saber las cosas buenas, hay que querer hacer el bien.

 

19

Es en la vejez cuando se aprende a no estorbar.

 

20

El que mucho habla piensa poco, y el que mucho piensa habla poco. 

miércoles, 13 de enero de 2021

ACOTACIONES METAFÍSICAS

 

ACOTACIONES METAFÍSICAS

Gustavo Flores Quelopana

 


1

Para Heidegger el origen de la obra de arte es la verdad. Y la verdad no es adecuación sino desocultamiento. Lo bello es una de las formas en que se desoculta la verdad. Por eso lo bello no es algo relativo al gusto sino al ser. El arte es un poner ontológico de la obra a la verdad del ser. Si para Hegel el arte no es el modo supremo en que la verdad se procura existencia, es porque no vio la verdad como desocultamiento sino como ciencia y conocimiento. Pero el origen de la obra de arte es un acontecimiento de la verdad.

 

Ahora bien, en los tiempos nihilistas que vivimos donde el arte se ha desubstancializado, ¿sigue siendo un acontecimiento de la verdad? Sí, pero no como desocultamiento sino como encubrimiento. El arte decadente del hombre narcisista es el encubrimiento del ser. O sea, para Heidegger el arte sin belleza es arte, pero como ocultamiento del ser. En lo personal discrepo de Heidegger. Y escribí un libro al respecto: "Arte como incumplimiento del ser", donde sostengo que el arte sin belleza no es arte, porque no se puede sustituir la esencia estética del arte por su supuesta esencia metafísica. Más aun, la verdadera esencia metafísica del ser supone su unidad con la verdad y la belleza. Por tanto, el arte sin belleza no es arte. Es traición a la estética y al ser.

 

2

Heidegger era un gran lector de poesía. En esta conferencia de 1946 (¿Y para qué poetas?) sostiene que Hölderlin es le precursor de los poetas en tiempos de penuria y Rilke es un poeta en tiempo de penuria que responde a la pregunta ¿Para qué ser poeta? Ser poeta en tiempo de penuria significa prestar atención al rastro de los dioses huidos. La poesía pensante de Hölderlin se impone sobre el ser poético. En Rilke el tiempo es de penuria porque falta el desocultamiento de la esencia del dolor, la muerte y el amor. Ante esto no es lo americano lo que nos amenaza, sino la esencia de la técnica que vuelve al hombre sujeto y al mundo en objeto. El hombre que se autoimpone es funcionario de la técnica. Y esa autoimposición es lo que amenaza de muerte a su esencia. Con la técnica el mundo pierde el carácter sagrado. La huella hacia lo sagrado ha sido borrada. Y sólo los poetas en tiempos de penuria son los que se arriesgan a seguir la huella de los dioses. Por eso son necesarios. Los más arriesgados son los rapsodas. Los que arriesgan más arriesgan el decir.

 

En el abordamiento de lo poético por la filosofía que hace Heidegger no se trata de un simple rescate de lo poético como tema de la filosofía, sino que se trata de una recuperación de lo poético porque viene legitimado por un fundamento divino o sagrado. En este esencialismo de las ideas de Heidegger sobre poesía y verdad puede rastrearse una singular aceptación del esencialismo platónico por influjo de su formación católica. Pero hay algo más, la poesía pensante no es imponerse sobre el ser poético, no es ontología que desplaza lo estético, y no lo es porque simplemente el ser es un trascendental que es al mismo tiempo unidad, belleza y verdad.

 

3

En este trabajo de 1943 Martín Heidegger interpreta la frase de Nietzsche “Dios ha muerto” como un ejemplo más, de cómo se impone y consolida una metafísica como imagen del mundo, que se ha alejado del ser, y se presenta como un subiectum que se independiza guiado por la “voluntad de poder”. Así, explica que la frase no es el fin del valor sino la sustitución por otros valores. Su "nihilismo completo" es una metafísica de los valores. La esencia de la voluntad de poder es principio de transvaloración. La voluntad de poder se convierte en la esencia íntima del ser. Su concepción es ontológica y no psicológica. Para Nietzsche la verdad es un valor. Al final el ser ha caído en la metafísica al nivel del valor. Para Heidegger pensar según valores es el puro nihilismo y la esencia del nihilismo es el olvido del ser. En su esencia la metafísica es nihilismo.

 

Que el nihilismo es el olvido del ser es muy plausible, pero remitir dicho olvido a la metafísica de Platón y Aristóteles es como remontar el crimen a la invención del cuchillo. No hay tal poder destructivo de la racionalidad nacida en los griegos, como cree Heidegger. Pues, la metafísica griega no nace de la teología, sino de la búsqueda de la verdad ante el relativismo de los sofistas. Y dicha verdad reside en el mundo suprasensible. Nihilismo es: todo es nada, pero el ente en su totalidad no es la nada sino participación en el ser. El propio ente es el ente en la verdad del ser. De ahí que pensar según valores no sea puro nihilismo, como cree Heidegger. El valor no es una negación del ser, sino un enriquecimiento de su ser. Por ello el pensar axiológico no es decadencia del pensar metafísico. El radicalismo metafísico de Heidegger lo conduce a equiparar todo lo que no sea pensar el ser como pensar nihilista. Lo cual es erróneo. Y todo el problema heideggeriano radica en que su concepción del ser está previamente secularizada. Es decir, el ser no es un trascendental que sea al mismo tiempo unidad, verdad, bien y bondad. El descuartizamiento metafísico del ser por Heidegger lo arrastra hacia el unilateralismo ontológico.

 

4

En este trabajo de 1946 (La sentencia de Anaximandro) afirma Heidegger que lo griego es el inicio de la época del ser, es la aurora del destino del ser a partir del ser. ¿Pero llega un rayo de luz hasta nosotros para comprender la sentencia de Anaximandro -los entes en su ser-? Teofrasto dice que Anaximandro habla poéticamente. Y Burnet tiene razón contra Diels cuando sostiene que hay ideas en la sentencia que Anaximandro no tuvo que usarlas en términos conceptuales -sólo fijados desde Platón y Aristóteles-. Qué significa ente y ser como términos no conceptuales. Significan la presencia de lo presente. Algo que sólo tiene sentido para el vidente. Afirma Heidegger que la lógica desde Parménides tapó la riqueza del ser. Antes el logos era divisar la presencia del ser. El olvido del ser es el olvido de la diferencia entre ser y ente. Pero el olvido es parte del destino del ser y comienza como develamiento de lo presente en su presencia. Pero este olvido es un enriquecimiento de la metafísica. En suma, el ente es lo presente en la presencia del ser. Pero el hombre de hoy que conquista el mundo es incapaz de decir qué es eso que una cosa sea. La simplicidad del ser ha sido sepultada y el pensar tendrá que hablar poéticamente del enigma del ser para su rescate.

 

Ante lo interpretado por Heidegger nos preguntamos si divisar la presencia del ser no es precisamente lo característico del pensar mítico. ¿Acaso pensar el ente desde la presencia del ser no es lo característico de la imagen mítica del mundo? Pensamos que lo es. Pero el mito es revelación natural, mientras que también hay la revelación sobrenatural. En ésta última no es el ente presente sino el ser divino en su presencia el que habla. Es el logos mismo en su presencia como ser, que nos ha recatar del olvido. El hombre de hoy no puede hablar del ser porque perdió, junto a la fe, a la trascendencia misma. Y de ello no habla Heidegger. Elude mencionar a Cristo cuanto le sea posible. Así quedan oscurecidos los misterios de la Trinidad, la Encarnación y la Resurrección en su significación metafísica. Simplemente los remite al cajón de sastre llamado clave “onto-teológica”. Su visión presocrática del ser lo debería llevar hacia la comprensión del mito, la fe, lo religioso y del pensar participativo o mitocrático, pero no es así. Al contrario, lo aleja. En eso es un pensador comprometido con la esencia de la modernidad.

 

5

Para Hegel la experiencia es el movimiento dialéctico de la conciencia sobre sí misma, tanto en su saber como en su objeto. Heidegger analiza aquí (El concepto de experiencia en Hegel, 1942/43) los dieciséis párrafos de la Introducción de la Fenomenología del Espíritu. Afirma que la esencia de le experiencia es la esencia de la Fenomenología, allí lo absoluto está junto a nosotros en y para sí. Es decir, es una parusía de lo absoluto. De este modo, para Heidegger la Fenomenología del Espíritu es teología de lo absoluto, allí muere lo absoluto, mientras que la Ciencia de la lógica es ciencia de lo absoluto. Considera a Hegel como la consumación de la metafísica onto-teológica, porque la verdad es entendida como certeza y la substancia deviene sujeto. Así, el espíritu es fundamento onto-teo-lógico. La ciencia como saber absoluto es el movimiento que la conciencia ejerce en ella misma, es la confirmación de la verdad de la conciencia: del saber finito como conciencia al saber infinito como espíritu. Esta confirmación es la presentación del espíritu. La Fenomenología es la manera en que el saber absoluto se lleva a sí mismo hacia sí mismo, y por eso ella misma es ciencia onto-teo-lógica.

 

La principal crítica que los hegelianos le hacen a la interpretación heideggeriana es que da la espalda a la dialéctica de la conciencia y a la vitalidad del movimiento. Es decir, detiene el movimiento de la conciencia, no presta atención a la negación superadora, y lo reduce a un modo de ser metafísico sin reparar que éste es parte del movimiento mismo. Lo cual es cierto, pero no es lo fundamental. Lo fundamental es que al pensar que la experiencia hegeliana es la parusía del Absoluto deriva en ciencia ontoteológica. Y ahí reside su reproche: Hegel no pensó el ser en cuanto ser. El resto no le molesta ni le perturba (panteísmo, panlogismo, ateísmo). Su obsesión por el ser puro no le permite reparar que la dialéctica hegeliana no alcanza el conocimiento de Dios o lo absoluto sino sólo el movimiento de su creación. O sea, el método dialéctico expone el derrotero inmanente del ser en el ente, pero no el ser en cuanto ser trascendente. El mérito de la crítica heideggeriana estriba en denunciar el sesgo subjetivo de la metafísica hegeliana que entiende la verdad como certeza y la substancia deviene sujeto. Su demérito radica en caer en una nueva metafísica abstracta al buscar pensar el ser en cuanto ser al margen del contenido divino y revelado. El resultado es un pensar el ser desde una clave pagana-secularizada.

 

6

Conferencia dictada en 1938 (La época de la imagen del mundo). La época de la imagen del mundo significa que el ser del ente no es la presencia presente, sino que se encuentra en su representación. Y esto acontece en la época Moderna con su juego alternante de subjetivismo y objetivismo. O sea, el hombre se convirtió en fundamento antropológico de todo ente. En el mundo mítico el mundo no es imagen, porque el mundo es ente creado, es presencia presente. De ahí que el ente no accede al mundo por el hombre, sino por el ser. De modo que solamente hay imagen del mundo donde el hombre es esencialmente sujeto. Allí surge el humanismo. Con la interpretación del mundo como imagen el mundo se arraiga en la antropología. La Modernidad es el mundo como imagen. La antigüedad presocrátrica es el mundo como presencia. El hombre moderno convirtió el mundo en imagen. En Protágoras no hay subjetivismo porque el ser es presencia y la verdad desocultamiento. Es el cartesianismo el que crea el fundamento metafísico de la libertad como autodeterminación con certeza de sí misma. Pero pensar representando es una forma de cálculo, donde el ente ya no es lo presente. En la ontología del sujeto que se da hoy en el imperialismo planetario del hombre técnico, la libertad se sume por completo en la objetividad. Pero el ser sujeto de la humanidad no es la única posibilidad que se abre a la esencia del hombre histórico. Pero cuando se fusiona la esencia moderna con lo evidente surge la posibilidad del cuestionamiento originario del ser, donde se decidirá si el ser volverá a ser capaz de un dios o si la esencia de la verdad del ser exigirá la esencia del hombre de manera más originaria.

 

En este contexto heideggeriano surge la pregunta: ¿Qué es, entonces, la era nihilista posmoderna con la libertad ilimitada del hombre hedonista y narcisista, dentro de la imagen del mundo de la Modernidad? Ese subjetivismo del hombre que alcanza su cima más alta en el egoísmo subjetivo es su descenso más profundo en la uniforme objetividad organizada. El desafío planteado de su interpretación es: ¿Cómo superar el subjetivismo moderno, que, a su vez, sume por completo al hombre en la objetividad? ¿Cómo salir de la imagen del mundo como representación? Volver al mundo mítico, donde la imagen del mundo no es representación sino presencia presente, no es posible. Tratar de hacerlo mediante el pensar poético también resulta un recurso extrafilosófico. ¿Salir del fundamento metafísico de la libertad como autodeterminación con certeza de sí misma, será posible? ¿Pero acaso es necesario salir del mundo como imagen y volver a entrar al mundo como presencia, en una especie de eterno retorno de lo mismo? Parece que nos encontramos en un callejón sin salida.

 

CODA

Reflexionar sobre lo pensado por un gran pensador es tarea indispensable del filosofar. Sobre todo, porque el contexto histórico cambia y exige nuevas perspectivas. En este sentido, insistir en la recuperación del horizonte metafísico presocrático del ser nos conduce a un callejón sin salida. Más aun, retrotraer la verdadera esencia metafísica del ser, al margen de su unidad con la verdad, el bien y la belleza, equivale a empobrecer la misma historia del ser. Por tanto, la secularización presocrática del ser por parte de Heidegger es traición a la misma esencialidad del ser. La limitación fundamental de Heidegger es que opera con una noción de ser que no sale de la temporalidad y la inmanencia. Así descarta la idea del ser como un trascendental junto al bien, la belleza, la verdad y la unidad. Ese es su yerro más profundo que no le permite ver que la esencia de los entes es por participación.

No será saliendo del ser como representación o imagen del mundo, que se operará un nuevo fundamento metafísico que supere el subjetivismo y objetivismo de la modernidad. Será entrando en el fundamento suprarracional de la razón, el concepto, la imagen y la representación donde se podrá conciliar el logos humano con el logos de la vida, que es Dios. 

El nihilismo no palpita desde que el ser empieza a desocultarse en la verdad del ente, como piensa Heidegger. El nihilismo exige pensar el destino de la razón no necesariamente como el ocaso de los inmutables, sino el triple reconocimiento que el ser es y no puede no ser, la nada no es y no puede ser, mientras que lo finito no viene de la nada y va hacia la nada, sino que viene del ser y va hacia el ser. Entonces, la occidental creencia nihilista en el devenir de los entes hacia la Nada se basa en una opción por la nada que no es de carácter lógica sino ideológica. Se trata de una convicción contradictoria de que los entes son nada.

 

13 de enero 2021