miércoles, 30 de agosto de 2017

DIOS PRECOLOMBINO Y ESPIRITUALISMO CHAMÁNICO

DIOS PRECOLOMBINO
 Y ESPIRITUALISMO CHAMÁNICO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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El Dios Ordenador precolombino es un Absoluto dinámico por cuanto se presenta como un tejedor de todas las formas de vida. Es el Camac o Animador, inteligente y providente. Invisible y poderoso, pero personal. Es un Principio generador de vida al cual se le rinde preces y se le ora. Esta consideración se desprende de la “Oración al Hacedor” de Cristóbal de Molina, González Holguín, Betanzos, Cieza, Polo de Ondegardo, Santacruz Pachacuti, Inca Garcilaso, Guamán Poma y Blas Valera. Por tanto, no es un Kamaqen impersonal o energía vital de carácter panteísta sino una deidad ordenadora, personal de índole henoteísta, enmarcado en un dualismo metafísico de la paridad primordial Animador-Viracocha y lo Caótico-Inanimado.

Ahora bien, ¿Qué relación guarda este tejedor cósmico con los mundos sutiles del chamanismo arcaico?

En primer lugar hay que tener presente que el chamanismo es una religión de integración, donde lo primordial de estos pueblos recolectores, cazadores, con agricultura incipiente, capaces de arte y culto, es integrarse a los ritmos de la naturaleza para asegurar su sobrevivencia. En segundo lugar, la deidad ordenadora precolombina pertenece a las llamadas religiones de servicio, donde lo esencial de estas civilizaciones de cultura agraria, con agricultura sistematizada, comercio activo, urbes prósperas, aparato estatal teocrático, desarrollado, burocrático y servil, que promueve un sacerdocio hierático, da origen a cosmogonías y teogonías –Manuscrito de Waruchirí-, donde aparecen grandes señores del cielo, la tierra y del inframundo, un dios supremo criador y trascendente –Wiracocha-, al cual se debe servicio y homenaje para recibir beneficios inmediatos, responsable del orden cósmico y de otras potencias cósmicas divinas, y donde el hombre es una figura pasiva de los grandes ciclos cósmicos –ciclo Pachacuti-.

Así las cosas entre chamanismo y la deidad ordenadora precolombina reina una distancia considerable. No obstante, en el chamanismo y las religiones de integración se halla el punto de partida de la reflexión religiosa mitomórfica, de la existencia del alma –primeras sepulturas de hace 70 mil años-, la preocupación trascendente por la inmortalidad, la sacralidad sideral, el culto al Señor de la Vida, la reflexión sobre el misterio de la vida, la técnica de éxtasis para viajar a mundos sutiles con propósitos escatológicos, manejo de sustancias psicoactivas en plantas consideradas sagradas, el manejo de seres primarios y amorales, espíritus comunican arte –el kene en los shipibos-, la creencia en divinidades, espíritus y demonios, la abstinencia sexual y el dietar, la formación de ritos iniciáticos y sociedades secretas, donde ciencia, religión, magia y filosofía se confunden. El chamán amazónico tiene a Nete Ibo como Dueño de todo lo existente hasta el día de hoy, como un resabio arcaico que dio origen a Wiracocha.

En otras palabras, la dialéctica del tejedor cósmico con el tejido cósmico tiene su origen en las prácticas chamánicas porque el propósito curativo y escatológico chamánico se extiende ahora de modo más abstracto a la ontología y cosmología de la deidad ordenadora de la religión de servicio. Es decir, sirviendo y adorando a la deidad principal se aseguran los beneficios del orden cósmico. Con el servicio al divino ordenador se asegura la sanación no sólo del cuerpo del enfermo, como acontecía en el chamanismo, sino al cuerpo entero del cosmos. No obstante, el cosmos tiene sus propios ciclos destructivos que dan inicio a una nueva vida. El ciclo del eterno retorno es la idea característica que se ha visto perfeccionada en la religión de servicio. El chamán al participar de la propia sabiduría de los seres sutiles implica una mística de unidad con identidad, la misma que se conserva en el alto sacerdocio de las culturas teocráticas.

En el chamanismo hay animales hechiceros –en el Amazonas son la nutria el delfín y la boa- y se asume que los propios animales tienen sus chamanes. Esto ha hecho decir que en el chamanismo lo central no es la identidad personal que separa del cosmos sino la alteridad que une al cosmos. No obstante, lo cierto es que la identidad es fundamental puesto que el acuerdo con todos los seres se basa en la preservación de la propia identidad. Esto significa que las religiones de integración como el chamanismo y las religiones de servicio como la precolombina expresaban una mística de unidad con identidad. Esto es, en la mística mágica primitiva del chamanismo hay unión con los seres espirituales sutiles, y en la mística precristiana precolombina hay unión con la deidad vitalizadora dentro de un esquema dualista. La diferencia con la mística oriental, que también es unión con lo Uno, es que no comparte el monismo metafísico ni la disolución en el absoluto del hinduismo ni la absorción en la Nada del budismo. Esto último es de suma importancia porque hace que en la mística precolombina no se descarte el sentido real de la trascendencia, el mundo y la historia. La Cruz del Sur y sus cuatro puntas rigen el cielo austral andino no como ente astronómico sino como deidad. De ahí que el Sol, la Luna y las Estrellas –Qoyllur- sean considerados como dioses, como consigna G. Taylor.

En el fondo todo esto significa que si bien la mística primitiva del chamanismo y la mística precolombina de las culturas desarrolladas era una mística de unión con identidad, sin embargo el eje de unión cambió de los seres sutiles espirituales a los seres divinos del cielo. La Cruz del Sur simbolizada en el símbolo de la Chakana –que está en toda América- también es la representación de las deidades del mundo en un sentido cuatripartito: el mundo de arriba o Hanan Pacha, el mundo de acá o Kay Pacha, el inframundo o Ukhu Pacha y el misterioso mundo de afuera o Hawa Pacha. En el enigmático mundo de afuera o Hawa Pacha está expresado con más nitidez la Trascendencia del principio generador de la vida, el orden y el cosmos, del cual incluso dependen las deidades del cielo. La Trascendencia es una dualidad metafísica que genera el cosmos con el Animador-Viracocha y lo Caótico-Inanimado.

Este complejo dualismo metafísico es lo ausente en las religiones de integración del chamanismo. Este sentido de Animador está presente en la observación filológica del Inca Garcilaso en discusión con Cieza de León sobre la traducción del término Pachacamac como Vivificador y no como Creador o Hacedor. Este fue el sentido original precolombino, porque la idea de Creador supone la idea metafísica de Creatum ex nihilo o Creación desde la Nada, categoría conceptual que estaba ausente en el horizonte ideológico andino hasta la llegada de los españoles. En su lugar se manejaba la idea de Nihil ex nihilo o nada viene de la Nada, que se corresponde con una concepción Ordenadora y no Omnipotente de la divinidad. La idea del dios omnipotente que crea el cosmos de la nada es de raíz cristiana y no precristiana. Fue necesaria la Revelación para llegar a una concepción superior de la Trascendencia divina.

En otras palabras, lo que el provecto religioso católico Inca Garcilaso nos dice es que los antiguos peruanos no pensaron a Pachacamac como Hacedor sino como Vivificador. Y esto es lo más acorde con la interpretación estructural-fenomenológica e histórica de las religiones.

Ahora bien, este Dios Ordenador precolombino que da ánima o vida al mundo es de una complejidad metafísica que supera el animismo espiritualista del chamanismo. El chamán viaja en las regiones del Ser, el sacerdote precolombino se remonta al principio del Ser. En otras palabras, las cosmogonías y teogonías mitocráticas andinas se plantean el problema peliagudo, inadvertido por el mitomorfismo chamanista, de explicar el origen de los seres a partir del principio de que nada viene de la nada. Es decir, el pluralismo de espíritus sutiles del chamanismo se reordena en la religión de servicio andino en un politeísmo Henoteísta, donde la deidad principal se responsabiliza del orden cósmico.

Sólo mediante una hermenéutica remitizante que rompe con los estrechos criterios cientistas y empiristas de las filosofías modernas, es posible reconstruir el universo metafísico del hombre ancestral precolombino y del hombre arcaico. Y esto nos conduce al reconocimiento que el Animador precolombino del mundo conserva una común forma espiritualista con el chamanismo pero un contenido metafísico mucho más elaborado, dualista y más complejamente trascendente. Comparten la misma mística de unión de identidad, pero con diferente inspiración y profundidad.

Para ambos el cosmos es animado o Kama, pero mientras en el chamanismo el énfasis está puesto en el Ser como un interactuar bueno o mundo bueno –Jakon Nete en lengua shipiba- , en la religión de servicio precolombino está puesto sobre el Ser como Ordenamiento. El diálogo primordial que exhiben las deidades en el Manuscrito de Waruchirí justifica una ontología del Ser como Ordenamiento del mundo. No se trata de la primacía ontológica del Interactuar sino de la primacía ontológica del Orden. Orden que los hombres deben acatar y mantener.  Y es lo que hace el Inca Túpac Yupanqui para congraciarse con el dios Pariacaca, después de haber exigido bruscamente a los dioses para que colaboren en la guerra contra los yungas.

Georges Gusdorf había subrayado la existencia de una metafísica primaria en la conciencia mítica y de la intención mítica en todas las grandes filosofías. Y K. Jaspers había defendido la universalidad de la filosofía sosteniendo que la filosofía está en todas partes, tanto en el pensar metódico (Occidente) como en el pensar mítico (Oriente). En otras palabras, se trata de advertir el vínculo entre mytho y logos, de enlazar el universalismo filosófico con una hermenéutica remitizante, de operar un giro copernicano mitocrático para  afirmar la existencia de la filosofía en un nuevo sentido, tanto al interior del chamanismo arcaico como de la religión de servicio precolombina.

La confusa equivalencia entre “ordenador” y “creador” en la teología andina es atribuible a la trasposición cristiana de los cronistas Bartolomé de las Casas, Cieza de León, Betanzos, Cobo, Sarmiento de Gamboa, Molina el cuzqueño, Acosta, Santacruz Pachacuti y Ramos Gavilán. Al referir a Wiracocha como Hacedor en vez de ordenador del mundo se procede desprolijamente a eliminar injustificadamente la sutil y crucial diferencia metafísica existente entre cristianismo y religión precolombina. Lo cual impide también captar su vinculación con el esquema ontológico metafísico del chamanismo.

Finalmente, la expresión más madura en la teología incaica está contenida en la idea de Pachacamac como deidad ignota del Hawa Pacha, que se yergue soberanamente sobre todas las deidades menores como Gran Ordenador del Universo. Asi, mientras la teología del Manuscrito de Huarochirí trasmite una teología milenaria, la teología del dios ignoto de los Incas es más elaborada y abstrusa. Esa deidad ignota es en Blas Valera Luz Eterna o Illa Teqse que reina en las tinieblas o lo inanimado. En el chamanismo lo inanimado es la muerte, el mal, la enfermedad o el secuestro del alma por algún espíritu. En otros términos, el emanatismo –orden emana de Teqse-, dualismo –Animado e Inanimado- y dinamismo –vivificación sin término y cíclica- no provienen directamente de la religión de integración del chamanismo sino que son creación de la religión de servicio precolombina.

En una palabra, la filosofía mitomórfica del chamanismo brinda sólo el impulso y algunos elementos primordiales en la filosofía mitocrática de la religión precolombina. Pero lo substancial de su especulación metafísica –la teogónica y cosmogónica paridad primordial arquetípica- es su aporte original.

El gran enigma es que si el chamanismo es arcaico y antecede a todas las formas religiosas entonces cómo se explica que sirviera de punto de partida para concepciones contrapuestas que derivaran unas hacia la desvalorización del devenir, lo múltiple y el mundo –filosofía oriental y filosofía griega- y otras hacia la revalorización del mundo, el devenir y la vida –filosofía mitocrática precolombina-. Y esto atañe a una diferencia profunda al interior de las mismas filosofías mitocráticas.

30 de Agosto 2017

viernes, 25 de agosto de 2017

CHAMANISMO Y MANTICA

CHAMANISMO Y MÁNTICA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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El chamanismo viene de la noche oscura de los tiempos y por ello es mucho más antiguo que las culturas ancestrales de las sociedades antiguas teocráticas de Babilonia, Egipto, hebreos, la India, Persia, Asiria, hititas, China, Mayas, Aztecas, Chibchas, las culturas preincaicas y los Incas. Es más, no sólo las penetra sino que les sobrevive.  De todas sus funciones (rescate del alma, viaje a otros mundos, curación, exorcismo, etc.) hay una de especial interés y que concierne al oráculo y discernimiento del destino. La mántica es también el arte de la adivinación o ver el futuro.

El ocultismo, clarividencia, materializaciones, levitación, mediumnismo, precognición, bilocación, profecías, visiones y oráculos tienen su origen con el chamanismo. El chamán o visionario recrea el universo de lo paranormal testimoniando la existencia de una dimensión trascendente, un mundo postmortal  misterioso.

La decadencia del tiempo chamánico prehistórico trajo como consecuencia la disgregación de los dones paranormales en especialistas. Asi, el oráculo y la pitonisa encarnan solamente el don profético.  Esto fue lo más común en las culturas antiguas (Oráculo de Amón, oráculo de Dodoma, oráculo de Delfos, oráculo hebreo Urim y Thummim, I Ching, Runas, pallares moches, hoja de coca en los Andes, etc.). Pero el chaman de los tiempos primordiales era a la vez curandero, viajero de mundos sutiles y visionario. Esta integración de dones paranormales aun se preservan en las comunidades nativas de la Amazonía, pero está en vía de extinción por el avance de la modernidad.

No obstante, los dones manifiestos en el chamán no son espontáneos como en las personas con ciertos poderes paranormales sino habituales e inducidos a través de una técnica de éxtasis arcaico –así lo denomina Mircea Eliade- que también lo lleva a trascender el tiempo y el espacio. En realidad, los fenómenos paranormales siempre han sido normales a lo largo de la historia humana y se han presentado de modo involuntario en las personas comunes. Es el caso de la esposa de Julio César que soñó con el asesinato de su marido.

Así, los fenómenos de percepción extrasensorial de telepatía, psicoquinesia, clarividencia, precognición y retrocognición están presentes en el chamanismo, siendo fuente del mito y de una incorporación a la eternidad por inspiración de lo sagrado. Especialmente la retrocognición como clarividencia del pasado es una fuente del mito cosmogónico y teogónico arcaico prehistórico. Para Vasíliev los fenómenos paranormales no tienen un origen físico y para el padre de la parapsicología moderna, Rhine, su fuente está en una energía espiritual. En cambio K. Jung interpreta los fenómenos ocultos como estructuras no causales de la psique, una manifestación del inconsciente, que está entre lo real y lo irreal, lo racional e irracional, conformando un reino intermedio que se manifiesta en símbolos. No obstante, el chamanismo demostraría la existencia del mundo espiritual que no es meramente de origen mental y subjetivo, sino, todo lo contrario, objetivo y real.

El chamán no sólo efectúa labor curativa sino que en su propósito sanador invoca e incorpora espíritus, viaja a geografías sagradas, rescata el alma de seres malignos, transita por los diversos cielos, incursiona en la situación límite de la condición humana, desciende a los infiernos, asciende al cielo, domina los elementos y revela lo transhistórico. Nuevamente aquí es donde se debe subrayar que el chamán no es el especialista en lo divino sino en lo sagrado.

Lo demoniaco trivializa lo sagrado cuando lo sagrado está hegemonizado por la Revelación de Cristo, así es más fácil eliminar lo sagrado y destruir la fe, imponiendo una era de apostasía. Pero en tiempos de pre-revelación lo demoníaco campea en lo sagrado y no necesita eliminarlo ni destruir su creencia. Su modus operandi cambió. Su ataque antes era frontal, ahora es indirecto. La profanación de lo sagrado radicaba antes en la mentira oracular sistemática y en la promoción del trato directo con los espíritus malignos. Ahora, la profanación reside en la desvinculación con todo lo sagrado convirtiéndolo en profano.

Pero debemos preguntarnos si acaso esta desvinculación con lo sagrado también se da en las actuales manifestaciones de chamanismo. Aquí la estrategia cambia porque se trata de confundir al parroquiano mezclando las invocaciones a Dios y a Cristo con las de infinidad de seres intermedios, brebajes y amuletos que la mayor parte de las veces tienen el papel principal. Al final el resultado es el mismo, acabar con la religión revelada y con la salvación del hombre. Es otra forma de profanación y de tergiversar lo sagrado en tiempos de Redención.

En el chamanismo es fácil que el demonio y sus huestes de intelectos puros saquen ventaja de la naturaleza humana y poca comprensión a través del conocimiento superior de nuestras debilidades y medios para tentar. Y por más que en nuestro tiempo actual el chamanismo aparezca en un estado de desintegración y decadencia, y que no sea considerado un fenómeno aberrante para la etnografía moderna, sin embargo es un fenómeno aberrante desde el punto de vista de la fe.

Y lo es porque su efecto sobre la razón es pernicioso, dado que en vez de purificarla de la superstición la engolfa en ésta. En otros términos, en vez de reforzar la fe en la razón iluminada por Dios lo seduce en lo irracional. Pero el chamanismo no solo seduce a los simples sino también a los estudiosos sin fe y con fe. Lo cual es natural. Ya Santa Teresa de Jesús nos describe cómo las almas contemplativas que se encuentran incluso en la quinta mansión, caracterizada por la oración contemplativa de unión con Dios, son también tentadas con artimañas ingeniosas con apariencia de bien pero cuyo objetivo es aumentar el amor propio y retirarlo del amor a Dios.

El chamanismo no es religión ni demonología, trata con espíritus celestes, espíritus de chamanes, muertos y enfermos, demonios y semidioses, espíritus auxiliares y protectores, incluso logra la visión del mundo paradisíaco, pero ello no lo hace inmune a los engaños y astucias del diablo. Si éste falsifica a Dios y se disfraza de falsas apariciones de santos por qué no va a poder confundir al chamán con quiméricos mundos sutiles y quiméricos seres sagrados.

Esto significa que si el chamanismo es también mántica del destino y filosofía mitomórfica que opera bajo el concepto de lo metafórico, analógico y simbólico, ello no significa que la afectación de los poderes psicosomáticos humanos  provenga necesariamente de Dios. En la doctrina teológica es conocida la influencia diabólica a través de los sentidos, especialmente internos como la memoria y la imaginación. Si esto ocurre con espíritus contemplativos avanzados por qué no ha de ocurrir con el chamán.

En otras palabras, su contenido mitomórfico, la palabra performativa,  la mántica, lo horoscópico, escatológico, oracular e iniciático son de dudoso origen, por decir lo menos. El cristianismo no niega el mito sino el paganismo. Al contrario, reconoce al mito como horizonte ontológico de lo sagrado y del misterio. La Revelación sólo es antimitológica en este sentido y no en sentido absoluto. Mito es revelación natural, y la Palabra es revelación sobrenatural. En ambos hay mito como horizonte de lo divino. En el mito hay también semillas del Verbo divino.

Esto no es contradictorio con afirmar que el éxtasis chamánico es una nostalgia del Paraíso. Pero también en el diablo hay dicha nostalgia. El chamanismo es el capítulo inicial de la historia de la mística. El chamán es el asesino de demonios, defensor de la salud, la fecundidad y el mundo de la luz. Contribuye al conocimiento de la muerte y de otras zonas sutiles del cosmos. Es fuente de poesía universal. Incluso entrevé la humanidad paradisíaca, experimenta la caída humana por un alejamiento con el Ser Supremo y puede buscar la condición humana anterior a la Caída.

Hay dos tipos de chamanismo, según Eliade, el chamanismo arcaico y el chamanismo aberrante. El primero que no ingiere alucinógenos y le basta su energía espiritual, y el segundo que ingiere alucinógenos para experimentar en un plano carnal lo que ya no es posible experimentar en el plano espiritual. Pero en ambos la lucha contra lo demoníaco se da y los subterfugios del diablo están presentes. El esquema filosófico chamánico es realista y carece de la complicación filosófica del simbolismo budista, tántrico y lamaísta. Mientras que el chamán viaja por el cosmos, éstos últimos salen del cosmos. Por tanto, lo que ve el chamán en su mántica clarividente tiene que ver con lo que existe en este cosmos. Su mántica del destino concierne a una totalidad viviente y presente. La filosofía arcaica del chamanismo es visionarismo que conoce del destino del hombre en el más allá del tiempo y espacio presente. Es un conocimiento último de la situación humana en el mundo y su destino final con el fin de preservar la armonía del cosmos. Por eso es una religión de integración cosmológica. La sabiduría se obtiene tras la iniciación que constituye el descenso a los Infiernos. Se trata de una metafísica de integración universal.

Esto lleva a pensar que no basta la distinción entre la filosofía logocrática (imperio del concepto puro de la lógica) y la filosofía mitocrática (imperio del concepto imagen del mito). Y más bien lleva a introducir una tercera forma más arcaica y que corresponde a la filosofía mitomórfica del chamanismo (imperio visionario del éxtasis).

En las formas de filosofar hay ontología, metafísica y filosofía, pero bajo distinto predominio de los principios espirituales y lógicos. Bajo el principio de identidad en el filosofar logocrático, bajo el principio de armonía de los opuestos en el filosofar mitocrático y bajo el principio del éxtasis visionario en el filosofar mitomórfico. Filosofía es indagación sobre los fundamentos del mundo. En el mundo ancestral se indagó filosóficamente unido al rito, la religión, lo mántico y horoscópico. Pero en el mundo arcaico se indagó filosóficamente viajando por el cosmos espiritualmente. Por ello, es la forma primordial de la teoría del destino.

Esto explica que una vez que predomina el chamanismo aberrante en medio del filosofar mitocrático se recurra a construir la llamada “primera computadora del mundo” de hace dos mil años: la máquina se usaba para ver el futuro. La Antikythera, descubierto en un naufragio frente a la costa de Grecia en 1901, es un mecanismo que ha fascinado y desconcertado a los estudiosos desde hace más de un siglo. Construido en el 150 a.C., el artefacto ha sido denominado como 'el equipo mecánico más antiguo del mundo'. Después de más de 10 años de estudio los científicos han sido capaces de decodificar unos 3.500 caracteres de un texto explicativo escrito en 82 fragmentos sobrevivientes del artefacto con el uso de las máquinas de rayos X y otras tecnologías de exploración. El lenguaje descifrado más o menos confirma lo que los arqueólogos han sospechado desde el principio: el Mecanismo de Antikythera fue diseñado como un calendario-reloj que mostraba las fases de la luna, la posición del sol y los planetas, y hasta el momento de los eclipses previstos. Pero además del uso astronómico, los científicos también suponen que la máquina se utilizaba para “ver” lo que deparaba el futuro. No ha sido una herramienta para hacer pronósticos, sino algo que se usaba para enseñar nuestro lugar en el cosmos.

La Antikythera es una prueba de lo lejano que se encontraban los tiempos arcaicos en que el chamán con su solo poder espiritual podía viajar por el cosmos y ver el futuro. Ya lucen extintas las eras en que el chamán omnipotente con solo extender su mano y tocar podía provocar la muerte. Este mecanismo sería un testimonio de la degradación de los poderes chamánicos. Y otra prueba tangible que la motivación fundamental del saber filosófico arcaico y  ancestral era la intuición del destino. Así, se opera la transformación de la historia en categoría mítica y sagrada. Lo transhistórico será tema primordial del chamán, nigromante, poseso, hechicero, profeta, sacerdote y jefe religioso.


25 de Agosto 2017

miércoles, 23 de agosto de 2017

CHAMANISMO SALVIFICO Y DEMONICO

CHAMANISMO SALVIFICO Y DEMONICO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Como si el chamanismo careciese de pensamiento sutil, como si los ikaros, el manejo de las plantas maestras y el trato con el mundo suprasensible no reflejasen la existencia de una intención salvífica, se suele pensar que esa mística primitiva de éxtasis carece de intención mesiánica. Lo tuvo en sus orígenes, pero ya caducó. Con Cristo se inauguró una nueva creación. Más, si el rescate del alma y la sanación es una forma de salvar el equilibrio cósmico entonces las religiones de integración no están desprovistas de intención salvífica. Al contrario, son su expresión primigenia.

Para la comunidad primitiva el chamán es un mesías que restablece el equilibrio entre el mundo de aquí con la pluralidad de geografías sutiles. Con ello evita desgracias y todo tipo de daño. Por ello la misión salvífica del chamán tiene un contenido más cosmológico que antropológico. Todo lo existente no es sino un componente del equilibrio cósmico a mantener y preservar. El cosmos está vivo y es sutil, es un gran espíritu de cuya alteración o apartamiento se origina el mal.

El visionario es un médium con otros mundos. Pero a diferencia del médium del espiritismo no se limita a trasmitir sino que extrae conocimiento del mundo sutil e incluso obliga a los espíritus a obrar de manera determinada. Es especialmente en el visionario, que despierta sus sentidos espirituales, ingresa a las geografías sutiles y se conecta con los otros mundos espirituales de los antepasados, naciones y dioses, donde se manifiesta el carácter salvífico de las religiones de integración chamánica. O sea se apela a los buenos espíritus para promover y proteger la depredación racional de los recursos naturales.

En cambio, el brujo o el chamán especializado en el trato con los malos espíritus o demonios incentivan la depredación, la discordia y la muerte. En esta depredación no se existe desvinculado con otros mundos espirituales malignos. Bien se señala que si el visionario que actúa con los espíritus benignos actúa con amor y compasión, el visionario que obra con los espíritus malignos lo hace por ira, venganza o complacencia de un poder.

Esto significa que se dan dos formas del actuar chamánico. Una, el chamanismo salvífico, especializado en el trato con los espíritus benignos, y la segunda, el chamanismo demonista, especializado en el trato con los espíritus malignos.

Pero hay un aspecto sumamente relevante. Y es que se considera que todos pueden brujear sin necesidad de ser un iniciado. Esta fuerza que las naciones jíbaras llaman “pasuk” al parecer está en todos. De modo que los dardos de materia sutil llamados “virotes” los pueden producir por distintas pasiones no sólo los brujos sino toda persona e incluso todo ser vivo. El famoso y universal “mal de ojo” sería uno de esos casos.

Esto plantea varias interrogantes. Primero, si existe una energía para maldecir también debe existir una energía para bendecir. Segundo, si todas los seres vivientes poseen dicho poder entonces lo poseen por ser algo inherente al ser espiritual o por influencia de espíritus externos. Y tercero, si al ser espiritual le es propio el pasuk entonces su buen uso depende en última instancia de la educación de las pasiones. Pero el respeto mutuo es un valor que abarca a todos los seres vivos y cuando se le trasgrede, el pasuk produce virotes. Al final todo el bienestar material, natural, físico e inmanente se reduce a un respeto de la energía espiritual presente en toda la geografía sutil.

Para los pueblos ancestrales la conservación del cuerpo era condición básica para la conservación del alma. De ahí la importancia de los entierros desde hace ochenta mil años en el Neandertal hombre prehistórico. Este dualismo cuerpo-alma debía conservarse para la preservación de la armonía cósmica. Pero ¿y los poderosos brujos ancestrales que hacían daño con virotes y alteraban la integración cósmica recibían castigo más allá de esta vida? No es peregrina la idea que afirma que el Gran espíritu por encima de todos los espíritus se encargaba de propinar un merecido a cada alma por sus acciones.

Los que han vivido con odio, mezquindad y transgredido los tabús subsisten mal en un universo que se multiplica en mundos sutiles de materia y espíritu. Esto es, la idea del espíritu desvinculado de la materia o del cuerpo todavía pertenece a otra etapa del pensamiento humano. La idea de la vida más allá de la muerte para el hombre prehistórico no implica la desencarnación del alma sino su preservación junto al cuerpo en otras geografías sutiles.

De modo que el rescate, la recuperación y la sanación del alma en el chamanismo implican la idea de un avance ético y racional de la conciencia. La conducta buena está asociado a mudos sutiles buenos. El basamento metafísico de esa idea es un pampsiquismo donde todo se concibe animado. El poli-espiritualismo chamánico ancestral y actual es una búsqueda de equilibrio espiritual sobre la base de concebir la realidad como pluralidad de mundos con materia y espíritu. Incluso los otros seres vivientes son personas y conforman naciones. De ahí que mantener la armonía cósmica es muy importante es un universo donde la alteridad se prodiga ilimitadamente.

Pero el pampsiquismo chamánico es de naturaleza muy distinta del pampsiquismo de los primeros jonios, del hilozoísmo científico de Haeckel y del pampsiquismo de Leibniz. Y la diferencia se basa en la idea de la realidad espiritual. No se trata aquí de un espíritu monoteísta, henoteísta o politeísta. Menos aun consiste en la pura realidad de espiritus demonológicos. Más bien, consiste en concebir la realidad espiritual en una pluralidad de mundos sutiles, con dualidad de materia y espíritu. Así, por ejemplo, en las religiones del África negra se sigue creyendo como hace 40 mil años en la sangre sagrada de la Gran Madre Tierra, y entre los pueblos de la amazonia creer en el Dueño de todo lo existente o Nete Ibo, del cual viene incluso la fuerza curativa. Pero incluso Nete Ibo tiene su casa, sus mujeres, su ciudad, su mundo. Es decir, el dualismo espíritu-materia es lo característico en el ideario de las religiones de integración.

Los visionarios no sólo beben las llamadas plantas sagradas y entran en contacto con seres suprasensibles para efectos de curanderismo sino también deseando la sabiduría. Aunque se trata de un saber de salvación, donde la materia no representa el mal ni el Caos original de la cosmogonías míticas de las religiones de servicio. Más bien, el caos y el mal provienen del ámbito de las pasiones humanas y suprahumanas. Aquí el desorden cósmico no proviene de la existencia de demonios, espíritus malignos o mundos del mal, sino de sus hechizos o de acudir a estos para obrar mal. Es también el brujo lleno de soberbia u odio es el que recurre a espíritus malignos para producir mal. De ahí que lo moral tiene una fuerte connotación cosmológica. Y en esta primigenia actitud filosófica de índole mitomórfica se desbroza la idea de todo el cosmos como realidad plural animada. Pero no reduce la materia al alma como en el hilozoísmo sino que mantiene la dualidad.

El curandero visionario tiene ansia de sabiduría, pero no considera su origen de carácter humano. Con toda propiedad se puede decir que al concebir la sabiduría como resultado del trato con toda clase de espíritus su forma de filosofía es mitomórfica y de carácter revelado. La filosofía como revelación o iluminación espiritual metasensible ha recaído en el chamán. Por lo tanto, no es accesible a los mortales sino a través de los visionarios extáticos. En el fondo se trata de un saber de salvación útil y benéfico prescrito por revelación o iluminación de lo sagrado. El trabajo filosófico de acercarse a la verdad revelada se fusiona con la creencia y con la tradición. Se trata de una filosofía extático-mítico-religiosa que vincula al hombre con lo sagrado. Su ámbito está estrictamente limitado a su vínculo con lo sagrado.

La diferencia con una filosofía escolástica (Filón de Alejandría, neoplatónicos, filosofía islámica, judaica, patrística, escolástica y espiritualismo contemporáneo) reside en que no se trata de una filosofía autónoma que se emplea para la defensa de una verdad religiosa, sino que se identifica con la creencia establecida. El visionario chamán no busca renovar la creencia sino mantenerla. Por ello su sabiduría filosófica no es autónoma. Se trata de una filosofía que defiende el origen no humano del saber fundamental.

Otra característica del chamanismo salvífico o demónico es que la nula destrucción absoluta de la unidad cuerpo-alma significa la ausencia de la idea de la Nada absoluta. Y más bien la presencia poderosa una Nada relativa, en el sentido de privación o ausencia. La muerte no es la extinción completa sino el paso de la unidad alma-cuerpo a otra geografía sutil. No hay el dios Creador de las religiones de salvación, ni hay el dios Ordenador de las religiones de servicio, ni hay el dios Legislador de las religiones de liberación. Lo que hay es una pluralidad de geografías sutiles, donde la unidad alma-cuerpo pasa de un mundo a otro. Tampoco hay noción de eternidad sino de tiempo interminable. De manera que la idea de la muerte y la destrucción se asocia a la idea de la Nada como carencia o ausencia pero no como Nada absoluta.

De modo que el chamanismo o curanderismo precolombino y actual es una evidencia poderosa que la historia de la religión en el Perú actual y ancestral no puede restringirse solamente al panteón andino de hace 5 mil años y hace posible retrotraer la paridad primordial Animador-Viracocha y lo Caótico-Inanimado –señalada por Urbano y Zuidema- a una paridad más primigenia y ancestral que retrotrae al chamanismo paleolítico de fines del Pleistoceno con el hombre la Pacaicasa y Lauricocha hace 15 mil años. Es decir, la paridad dualidad primordial andina está precedida por la unidad paridad chamánica curanderil alma-cuerpo.

Esto supone tres cosas. Primero, en la dualidad unidad primordial curanderil no hay acto ordenador, legislador ni creador sino potencia armónica cósmica que se confunde con los seres suprasensibles y dioses. Segundo, no hay tres mundos (atmosférico, telúrico y subterráneo) sino de una pluralidad de mundos sutiles y suprasensibles. Y tercero, los muertos no moran en el mundo subterráneo o Uccu pacha sino en otras geografías sutiles. 

Y es aquí donde se revela el meollo y peculiaridad del carácter mesiánico del chamanismo curanderil. La salvación que opera el curandero no implica grandes ciclos cósmicos o Pachacuti, ni arribo al Cielo, ni morar con la Luz Eterna o Illa Teqse. No hay apartamiento del tiempo y del espacio. Lo que hay es la continua participación en la armonía cósmica imperecedera. Esto significa que es un mesianismo cósmico, antes que antropológico. No es extraño que el chamanismo haya permanecido más duradero y parecido a su forma primigenia en aquellos lugares con menos cataclismos geográficos –polos, trópicos-. Las grandes modificaciones climáticas, plagas y demás desastres en regiones más expuestas pondrían en cuestión la suficiencia del trato chamánico con los espiritus para preservar la armonía con el cosmos. Lo que produjo su abandono y modificación hacia otras formas religiosas fue la ineficacia del trato con los espíritus para mantener dicha armonía cósmica.

Todo este análisis refleja que el asedio por lo trascendente y metaempírico en el hombre, especialmente en el chamanismo, no es un recurso a lo irracional, sino que bien visto, es una revalorización de la razón y de las verdades suprarracionales. La mística extática no es un abandono de la razón en brazos de lo irracional sino una reafirmación que lo suprarracional trasciende la razón humana pero no la racionalidad misma. El reconocimiento de la razón de las verdades suprarracionales no significa el imperio de lo irracional sino la limitación de la razón humana.

De ahí que la razón humana en los límites de lo sagrado tenga que recurrir al mito, al símbolo, a la metáfora, la alegoría y el razonamiento analógico. El visionario curandero puede visitar y conocer los mundos sutiles, pero la esencia de los mismos siempre queda ignota. Ya bastante distante se halla uno de concebir al hombre ancestral del chamanismo como dominado por la racionalidad empirista y pragmática, como supone el dogma positivista empirista. Por el contrario, éste recurre al lenguaje poético, metafórico y alegórico, según las reglas de la analogía, para describir lo vivenciado en sus trances. 

Los símbolos no son conceptos lógicos sino existenciales, que expresan el afán de trascendencia de la condición humana. Son el signo más ostensible de que el hombre no está conforme con su ser en el mundo y ansía la completud ontológica con lo sagrado. Los símbolos ponen al descubierto que la humanidad tiene la vivencia de lo profano envuelta en lo sacro. El símbolo mítico es la respuesta originaria de un ser que se siente suspendido entre el Ser y la Nada, el bien y el mal. Y es que en el corazón de todo hombre late el anhelo de trascendencia.

Las ideas de mesianismo, salvación o santidad lejos de ser un injerto de las ideas católicas son parte de toda cultura humana. En realidad, la condición humana tiene sed de desarrollo espiritual. Y en general lo Salvífico se presenta como tendencia permanente del hombre, que en el mundo ancestral está presente como impulso para salvar la armonía del cosmos desde este mundo. Los llamados pueblos bárbaros o semibárbaros por el monismo naturalista diacrónico, son en realidad gente con una especial sensibilidad espiritual dentro del pluralismo culturalista.


Reconocer el carácter mesiánico del chamanismo arcaico no es cerrar los ojos a la nueva situación espiritual que se abre desde el cristianismo. Por el contrario, es admitir su valor para un determinado periodo de la historia. Pero insistir en su vigencia sería un grave error espiritual. Creer en lo sobrenatural y lo espiritual no nos debe llevar a apartar la mirada de Jesús. En la cruz murió Jesús pero también allí surgió el lugar de nuestro nuevo nacimiento. Y no hay retroceso espiritual posible. Jesús es la misma eucaristía, él es el único que cura y da los dones curativos, los cuales para que no se resequen deben ir siempre acompañados de oración. No hay curación verdadera sin invocación de Dios. Es el Espíritu Santo el que continúa la obra de Jesucristo y la restauración universal que será obra de Cristo. Vivimos en la era del Espíritu Santo y sin él no seríamos lo que somos. En la nueva realidad espiritual toda ayuda espiritual hay que pedírselo a María, no a las plantas maestras ni a los sortilegios del chamán.

23 de Agosto 2017