miércoles, 21 de enero de 2015

COMPLEJA REALIDAD DEL FENÓMENO OVNI

LA COMPLEJA REALIDAD DEL FENÓMENO OVNI
(Continuación)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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EXISTENCIA RELATIVA DEL FENÓMENO OVNI

El fenómeno ovni no es un mero fenómeno de la conciencia, pues dicha aparición tiene trascendencia y existencia, pero sobre lo que aparece está en discusión lo que sea la realidad objetiva del fenómeno y, más aun, su cosa en sí. En este sentido el ser del ente-ovni es relativo a determinadas propiedades y al puesto en el cosmos del otro ente (el hombre) que participa en él. Es decir, aquello que llamo ovni puede tener diferentes grados de relatividad de existencia en relación con: el hombre que de algún modo participa en su ser-así; el contorno en el que aparece o desaparece sin que por ello su identidad sea destruida; y también se puede considerar la relatividad de su existencia con el conjunto de nuestra cosmovisión natural o de nuestros conocimientos psicológicos, astronómicos, astrofísicos y astrobiológicos.

Esto último es puesto de relieve por Carl Gustav Jung al estudiar el fenómeno ovni en su libro Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo (1956), tanto en el Fenómeno celeste de Núremberg de 1561 como el Fenómeno celeste de Basilea de 1566. Subraya que los observadores del momento hayan interpretado la escena con una gestalt conocida: cruces, balas de cañón, tubos de cañón, lanzas y color sangre como anuncio de una desgracia divina. Para Jung lo importante no es lo que representa el fenómeno ovni sino cómo se los representan los seres humanos. Mientras que desde el ámbito científico se lo explica desde un Halo o Parhelio, desde la ufología se alude como un avistamiento renacentista del fenómeno ovni. En realidad, para Jung fue una preocupación constante  explicar el fenómeno ovni, además de interesarse por la precognición y la parapsicología. Así deja sentada su posición en los siguientes términos: “He formulado mi posición ante la cuestión de la realidad de los ovnis con la frase: La gente ve algo, pero no sabemos qué es. Esta formulación deja abierta la cuestión del “ver”: se puede ver algo material, pero también se puede ver algo psíquico. Las dos cosas son realidades, pero de tipos diferentes.” [1] 

Lo mismo ocurre con los aparentes obeliscos en la Luna, que los creyentes ufolátricos afirmaban convencidos y apresurados que pertenecían a la raza extraterrestre denominada reptilianos, pero que en realidad los análisis de la NASA arrojaron resultados que afirmaron que se tratan de formaciones rocosas. Pero esto no desanimó a los partidarios de la hipótesis extraterrestre que muy prestos pensaron que se trata de una conspiración para ocultar la verdad. Pero las evidencias decían otra cosa muy distinta. La fotografía tomada por el Lunar Orbiter 2 –que los teóricos de la conspiración acusan con testimonios contradictorios de falsificación a la NASA- a una altitud de 23 millas sobre la superficie lunar en el Mar de la Tranquilidad, muestra ocho supuestos capiteles. Se dijo que "los científicos rusos que examinaron las relaciones geométricas entre los objetos encontraron que los números 3, 4 y 5 son la réplica de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino en Gizeh, Egipto". Pero una simple comparación lo desmiente. El "obelisco" más alto, el número 7, no tiene una altura de un edificio de 15 pisos, sino de en 13,2 metros, compatible con formaciones rocosas halladas en la Luna. Nuevamente aquí hallamos otro caso de Gestalt o imagen proyectada por el inconsciente, muy parecido al caso de los supuestos canales de Marte.

Al respecto cabe citar lo escrito por el astrónomo Carl Sagan: “Durante la época de los aterrizajes lunares del Apolo, muchos aficionados -propietarios de pequeños telescopios, defensores de los platillos volantes, escritores para revistas aeroespaciales- estudiaron detenidamente las fotografías aportadas en busca de anomalías que hubieran pasado inadvertidas a científicos y astronautas de la NASA. Pronto hubo informes de letras latinas gigantes y números árabes inscritos sobre la superficie lunar, pirámides, caminos, cruces, ovnis resplandecientes. Se hablaba de puentes en la Luna, antenas de radio, huellas de enormes vehículos reptantes, y de la devastación provocada por máquinas capaces de partir los cráteres en dos. Cada uno de esos fenómenos, sin embargo, resulta ser una formación geológica lunar natural mal interpretada por analistas aficionados, reflejos internos en la óptica de las cámaras Hasselblad de los astronautas y cosas así. Algunos entusiastas lograron discernir las largas sombras de misiles balísticos... misiles soviéticos, decían en inquieta confidencia, dirigidos hacia Norteamérica. Resulta que los cohetes, descritos también como «agujas», son las montañas bajas que proyectan una larga sombra cuando el Sol está cerca del horizonte lunar. Con un poco de trigonometría se disipa el espejismo.” [2] 

Los grados de relatividad de existencia, por tanto, están en conexión también con el grado de civilización humana y con cada esfera de existencia (físico, anímico, psíquico, espiritual, ideal, irreal). Lo cual no quiere decir que el problema de los grados de relatividad de existencia sea reducible, como en Kant, a una teoría del conocimiento. Pues, en principio, en ontología es posible distinguir algunos grados más de relatividad de existencia de los considerados por Kant (cosa en sí,  objetiva realidad del fenómeno y el mero fenómeno). Pero lo importante aquí es destacar la necesidad de plantear estos problemas  en su dimensión metafísica, porque se trata de un problema ontológico que no puede ser reducido ni confundido con los problemas gnoseológicos.

El caso es que el fenómeno ovni presenta un alto grado de relatividad de existencia pero ello no justifica reducirlo en contenido del saber ni en contenido de conciencia o algo perteneciente a la esfera anímica. El ovni que es visto surcar el cielo es como la cuchara quebrada en el agua, esto es, no puede ser tomado como un contenido de conciencia o siquiera psíquico. Por eso la explicación de Jung aunque valiosa es limitada, porque si bien constata un contenido de saber o interpretación humana en el fenómeno ovni, sin embargo decirnos algo sobre lo que representa el fenómeno ovni al margen de su representación. De allí que sea cuestionable explicar todo el fenómeno ovni bajo el rótulo de “mito moderno”, lo cual explica sólo una parte del mismo, a saber, la que corresponde a su respectiva objetivación humana. Es necesario deslindar en el fenómeno ovni el problema ontológico del problema gnoseológico, para determinar no solamente su existencia sino su verdadera realidad.

Pues, como ya hemos visto, el ser-así inmanente es separable de la existencia trascendente. Tampoco se debe confundir el ser del objeto con el ser-objeto, el ente real y el ente intencional. Además, el saber es una relación de ser, con algo real que está dado antes que la conciencia. Ello exige distinguir la trascendencia del objeto y la conciencia de la trascendencia, pues no todo lo trascendente es real. Esto lleva a comprender que el ser tiene esferas inconfundibles pero no todo lo que es externo es real. Y ahora hay que tomar en cuenta que la relatividad de la existencia del ser es un problema ontológico que no debe ser confundido con lo gnoseológico.

Por lo pronto y bajo estas consideraciones se puede sostener que el fenómeno ovni tiene existencia trascendente, no es un ente intencional, está dado antes de la conciencia, es algo externo y tiene un alto grado de relatividad de ser. ¿Pero es real? Veamos.

La psicopatología ofrece tres casos extremos de cuestionamiento del sentido de lo real: el  esquizofrénico, que ve y oye seres ficticios como objetos significativos que no puede manejar; el paranoico, que ofrece objetos significativos de extrema coherencia lógica pero a partir de la afirmación ficticia de una existencia (delirio de persecución); y el afásico, que puede manejar cosas reales pero no puede aprehenderlas como objetos significativos. Salvo los dos primeros, que están en el grado de la ilusión metafísica patológica, el afásico se maneja en un mundo muy parecido al animal, es decir, está casi totalmente en el grado del ser. La parapsicología, que concitó la atención de filósofos como Broad, James, Bergson y Marcel, y que es considerada por la comunidad científica como pseudociencia, por no ser los fenómenos paranormales demostrables empíricamente, es otro caso de cuestionamiento del sentido de lo real, donde sus adeptos quieren verla como un indicio muy fuerte sobre la vida postmortal, la acción extracorporal del alma y la existencia de una fuerza psíquica de origen desconocido. No obstante, sus detractores subrayan la gran carga alucinatoria que implica, la mala interpretación de fenómenos simplemente naturales y, cuando no, engaños de artilugios mecánicos. En otras palabras, los fenómenos paranormales existen pero resulta muy problemático establecer su realidad. De modo similar, en Derecho penal se llama “duda razonable” cuando no se puede establecer la responsabilidad penal del imputado, ni un veredicto por falta de pruebas. Esto hace que la realidad de la imputabilidad resulte ambigua e insuficiente. También la regularidad de las leyes de la naturaleza no excluye lo impredecible en muchos de sus fenómenos. Así, por ejemplo, los científicos no pueden calcular cuándo ocurrirá un terremoto, y, también, aunque estiman que cada millón de años se produce una inversión magnética en la tierra, sin embargo no pueden predecir, con la exactitud de un eclipse, cuándo ocurrirá el cambio de los polos. Esto es, su realidad temporal no es posible precisar.

Al mismo tiempo decía el escritor francés del siglo diecinueve, Stendhal, sobre el sentido común: “Un hombre poco claro no puede hacerse ilusiones, o se engaña así mismo o trata de engañar a los otros”. Y finalmente, la Sagrada Escritura describiendo situaciones sobrenaturales de ocultamiento y velamiento de lo real, representa al Maligno como el gran Engañador, que al propio Jesucristo busca tentar en el desierto ofreciéndole todos los reinos de la tierra (Mt. 4:1-11) y, por último, calificando en Eclesiastés (12:8-14) al mundo y sus preocupaciones como vanidad de vanidades. Algo parecido a todo lo mencionado acontece con el sentido de lo real del fenómeno ovni. Es innegable su existencia pero resulta muy difícil explicar lo que es.

La ilusión metafísica no patológica no es una ilusión de adecuación o una ilusión de los sentidos, sino que corresponde a un fantasma metafísico que surge al violar el orden de la relatividad de la existencia en un orden que no le corresponde. Como, por ejemplo, hacer valer los límites del orden físico-matemático como explicación de todos los órdenes de la realidad. Se trata aquí de una flagrante violación categorial de los niveles autónomos de la realidad. De este modo, decir que el sol “no se pone” porque el sol astronómico no puede salir ni ponerse, sería un juicio absurdo y falso porque está confundiendo niveles distintos de realidad. Esto ilustra que el traslado de un ente por los grados de la relatividad de la existencia no lesiona su mismidad ontológica.

Parecida violación categorial acontece con el fenómeno ovni cuando se hace valer una perspectiva óntica sobre su explicación ontológica. El Dhammapada dice, por ejemplo: “Es la mente lo da a las cosas su realidad. Quien obra con mente impura, el pesar le sigue”. El aserto no se refiere más que a la realidad de los actos morales y no puede hacerse valer para realidades de otras esferas del ser. Entonces, se comprende que la aparición del ser es revestida de una apariencia que no corresponde a su aparecer. Esto no significa que la perspectiva óntica sea apariencia y la perspectiva ontológica sea realidad. Al contrario, la perspectiva óntica es ya un grado de determinación objetiva de la perspectiva ontológica. Lo que caracteriza a la perspectiva ontológica es la relación total de su consideración objetiva, mientras que la óntica es de carácter parcial. Esto es, que se debe levantar la explicación del fenómeno ovni en el plano objetivo de las diferentes experiencias sin tratar de dar primacía a un determinado tipo de realidad, considerando así tanto la experiencia externa como la experiencia interna y otros tipos de experiencia.

Esto no quiere decir que identifiquemos la Apariencia con la Realidad, como ocurre con el protagorismo, escepticismo de Pirrón y Sexto Empírico, el neoplatonismo antiguo, la filosofía moderna con Hobbes, el empirismo de Locke, Berkeley y Hume, en Kant, Hegel y Heidegger; ni que se asuma una relación simétricamente opuesta entre ambas, como acontece con Parménides y Platón; ni que se reconozca como Aristóteles la neutralidad de la apariencia sensible como punto de partida de la investigación científica; sino que sin afirmar el carácter engañoso de la apariencia ni el carácter opuesto a la realidad se afirma, por el contrario, que la apariencia es un grado y medida de la realidad misma.

De modo que en el fenómeno ovni tenemos en el alto grado de relatividad de su existencia algo que se llega a configurar como realidad pero que, por lo mismo, impide esclarecer su sentido como símbolo, se tiene su realidad de modo tan ambiguo que dificulta esclarecer su imagen. Por ejemplo, yo ya he contado en otro trabajo (Signos del Cielo, 2011) una experiencia personal ovni, pero hasta el presente no le puedo dar una interpretación coherente sobre su realidad. La pluma es la lengua del alma, decía Cervantes. Pero, como reclamaba Byron, no hay que rebajarla volviéndola en el poderoso instrumento de los hombres insignificantes. En consecuencia, tratar de establecer la relación entre el fenómeno objetivo ovni y su sentido significativo es la tarea.

De manera, que el fenómeno ovni existe innegablemente, pero su realidad es vista desde diferentes, y hasta contrapuestas, perspectivas ónticas: platillos volantes extraterrestres (hipótesis ufológica), fantasía consciente e inconsciente (Jung), mito de trasfondo religioso en la era espacial (Sagan), fenómenos lumínico-plasmáticos y ángeles demoníacos con apariencia astronáutica. La misma vertiente ufológica presenta varias hipótesis no coincidentes: intraterrestres (civilización más avanzada que habita en una tierra hueca), interdimensional (civilizaciones que provienen de otras dimensiones del multiverso), intertemporal (civilizaciones que viajan por el espacio-tiempo), proyectos secretos (nuevas armas furtivas e hipersónicas de las potencias).

Esta última versión constituye la más seria amenaza a la hipótesis extraterrestre de los ovnis y robustecería la hipótesis jungiana. Todo lo cual ha vuelto a cobrar fuerza desde que en su cuenta de Twitter, del 30 de diciembre del 2014, la CIA volvió a reconocer que todos los ovnis avistados por numerosos testigos desde los años cincuenta eran aviones de reconocimiento estadounidenses que formaban parte de un programa secreto. Por ende, sin duda el gobierno norteamericano estuvo involucrado en alimentar el mito ovni extraterrestre por propósitos geopolíticos. Es por eso que a la CIA también se le imputa secuestros, hipnosis, implantación de recuerdos, borrado selectivo de memoria, mutilación de ganado, implantación de microchips, para robustecer el ocultamiento de programas secretos por medio del mito ovni. Pero la ovnilogía se ha tornado en ovnilatría, o inexpugnable delirio, y éstos no renunciarán a su creencia extraterrestre. A pesar de todo, hay un núcleo ínfimo y duro de casos de avistamientos que no se pueden explicar como programas secretos y exigen otra explicación, quizá natural. Uno de los últimos, es el avistamiento del 28 de enero del 2011 sobre el monte del templo de la ciudad de Jerusalén. Pero partir de este dato para justificar la existencia de mundos ocultos, ciudades intraterrenas, civilizaciones perdidas y seres multidimensionales, es una distancia tan grande que solo puede deberse a una imaginación afiebrada o a una conspiración bien organizada. Bien dice un fragmento del Hadit en la colección de sentencias del Corán: “El ciego no es el que carece de vista, sino quien tiene ciega su mente”.

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LA REALIDAD DEL OBJETO OVNI

Derivar la realidad del objeto ovni del hecho de que subsista independientemente de todos los actos del saber parece un procedimiento legítimo, sin embargo, es erróneo. En primer lugar, un objeto no es real porque subsista independientemente del observador, sino, al contrario, la independencia del ser se deriva del ser real. Esta cuestión es de gran importancia, porque a la independencia del saber le corresponde no sólo una realidad en sí, sino también porque el ser real trae como consecuencia la independencia de lo real. En otras palabras, lo real no se puede derivar de la condición de ser independiente, como lo hace N. Hartmann, porque independiente también lo son los seres irreales y los seres ideales y no sólo los seres reales. Así, la independencia de un ente no define su realidad sino tan sólo su existencia. Por tanto, la realidad del objeto llamado ovni no puede establecerse a partir de su subsistencia independiente, la cual sólo define su existencia.

Recién en este grado de la problemática ontológica ovni se plantea el problema de una teoría integral sobre los criterios del conocimiento del mundo.

Para Platón es válida aquella teoría que establece como criterio de conocimiento una coincidencia unilateral del pensamiento con la imagen, y en la época moderna de la imagen con el pensamiento. Así, sensualistas como Hume hacen derivar todas las intuiciones (incluso las categoriales, v. gr., sustancia, causalidad) de la percepción sensible; y Husserl que propone las intuiciones no sensibles. En el lado opuesto está el neokantismo, que considera todo el material intuitivo como un no-ser (μη όν) totalmente desorganizado donde unidades del pensamiento introducen alguna organización.

Pero en realidad todo conocimiento se efectúa en estrecha correlación entre imagen y significación, que se refiere al ser-así del ser de la cosa misma. Esto implica que la realidad no es trans-inteligible, como supone N. Hartmann, pues la realidad no anda rechazando el conocimiento de sí misma. Al contrario, las formas del pensamiento y de la intuición del espíritu humano surgen  del ente mismo por medio la intelección de la esencia. Por eso, conocimiento es unidad de coincidencia de algún correlato de intuición, de una imagen con algo pensado. Conocer es un saber “de” algo (saber por intuición) “como algo” (saber por pensamiento). Conocer es introducir una imagen en una esfera de significación (concepto, juicio, inferencia). En una palabra, es recíproca unidad de coincidencia entre la imagen y el pensamiento.

Es por esto mismo que la teoría anti-representacionista de Richard Rorty es un anti-esencialismo profundamente erróneo, porque al considerar que la mente y el lenguaje no contiene ninguna representación de la realidad sino simplemente elementos lingüísticos, convierte el acto cognoscitivo en una entidad con una lanza en la mano con la cual rechazara todo contacto con la realidad misma. Empero, que el objeto intencional pueda devenir en “ser-in-mente” no significa que no exista como “extra mentem”. Rorty [Objetividad, relativismo y verdad, 1991] encarna en filosofía el soliloquio solipsista de un neoliberalismo que pierde contacto humano con lo real y sus semejantes. Es cierto que esta enfermedad epistémica es heredada del último Wittgenstein, que duda que existan elementos no-lingüísticos que vuelvan verdadero o falso al enunciado o representación. Ambas tesis se derivan de un nominalismo psicológico, el cual depende de un nominalismo ontológico (no hay nada para conocer salvo enunciados). Más lejos llega Davidson en el intento de disolver la ontología y la gnoseología en la omnívora filosofía del lenguaje, al disolver la idea de lenguaje como entidad, y reducirla a “teorías momentáneas” de conducta estratégica ocasional. Aquí vemos triunfante en su plenitud el ideal utilitario burgués, donde hasta el lenguaje queda negociado. La ontología nihilista de G. Vattimo [Más allá del sujeto] disuelve antropológicamente la esencia del mundo y se queda con la libertad del hombre como la única esencia existente. Esta forma de urbanizar la antropología heideggeriana, por parte de Vattimo es profundamente falsa, porque hace que del ser real sólo se pueda hablar con sentido cuando se refiere únicamente al hombre y no al mundo.

Contra todas estas falsas teorías hay que reivindicar que el ser-así o la esencia del ente puede ser a la vez in mente y extra mente, y no como afirma el pragmatismo rortyano ni la hermenéutica idealista posmoderna in mentem. A mi parecer estas teorías retroceden a una de las formas más primitivas de la teoría del conocimiento, a saber, la teoría de la imagen. Y se supone que la imagen es una ilusión porque de existir una “esencia” tiene que ser tan sólo imagen. Pero esta proposición es refutable ya que el concepto de “ilusión posible” supone la intelección de la cosa misma. En consecuencia, el anti-esencialismo es insostenible y se basa en una carencia de un fino análisis fenomenológico.

En consecuencia, para interpretar con sentido integral el problema de la realidad del fenómeno ovni hay que asumir una teoría de los criterios del conocimiento donde se reconozca la unidad de coincidencia entre una imagen y algo pensado, la intuición y el símbolo; donde es totalmente insuficiente considerar que las imágenes sólo son inmanentes a la conciencia y no tengan correlato en la cosa misma y sin lo cual el conocimiento sería incontrastable con elementos del ser independientes de todo saber posible. Las imágenes ovnis no son meramente inmanentes sino trascendentes y por eso exigen una postura gnoseológica coherente. Conocer no es duplicar el mundo en otro material, sino en hacer participar la intuición y el pensamiento del espíritu humano en intelecciones de esencia que surgen del ente mismo.

De manera que la realidad del fenómeno ovni no es trans-inteligible, sino que es inteligible para todo espíritu cognoscente posible. Otra cosa es que en que en su entorno se hayan tejido toda clase de ideas que no tienen correspondencia intuitiva e impiden un verdadero acto de saber. Por lo pronto, es posible afirmar que el fenómeno ovni es objetivo, está dado en la existencia, es independiente y es susceptible de ser objeto significativo. También es posible sostener que su interpretación extremadamente multívoca se deba a factores ajenos al propio fenómeno ovni y obedezcan a razones militares, políticas, estratégicas, míticas, inconscientes, etc. En consecuencia, conocer el fenómeno ovni es introducir una imagen en una esfera de significación (concepto, juicio, inferencia) que se corresponda con la cosa misma y no extienda su significación más allá de sus límites de unidad de intuición y pensamiento. En una palabra, se trata de una intelección en unidad de coincidencia entre la imagen y el pensamiento que debe surgir del ente mismo.

¿Puede corresponder al ser del ente ovni que su realidad consista en la existencia de mundos ocultos, ciudades intraterrenas, civilizaciones perdidas, once razas distintas de aliens y seres multidimensionales? ¡Jamás, sin evidencias concretas imposible! Pues, la falsa teoría de la datitud de quienes sostienen contactos telepáticos, se desmorona al advertir la falta de sentido que no exista  contacto con autoridades o científicos. Si la humanidad no está preparada, como argumentan sus apologetas, entonces qué sentido tendría que se comuniquen con los más impreparados y legos. O por lo menos como una prueba de su existencia efectiva podrían dar los alienígenas, por intermedio de un lego terrícola, solución a algunos de los problemas matemáticos irresueltos hasta hoy. Son siete los problemas del milenio elegidos por el Instituto privado Clay de Matemáticas de Cambridge, Massachusetts (EE. UU.), cuya resolución sería premiada, según anunció el  Institute en el año 2000, con la suma de un millón de dólares por cada uno. El inventario es la siguiente:

-La conjetura de Poincaré (resuelta por Gregory Perelmán en 2002).
También hay problemas irresueltos en la teoría de los números primos (conjetura de números primos gemelos, la existencia de infinitos números primos de Mersenne, número de Fermat compuesto para n > 4, el problema de Sierpinski,  la conjetura de Goldbach fue resueltas en 2012 por Harald Helfgott) el álgebra (el problema inverso de Galois) y la combinatoria (número de cuadrados mágicos). Y la enumeración de problemas irresueltos puede seguir en las diversas áreas del conocimiento.

En cambio, ninguna solución ha sido proporcionada por la supuesta inteligencia alienígena que absurdamente prefiere la cháchara telepática insubstancial en vez de dar una prueba irrefutable de su existencia proporcionando una respuesta irrefutable a uno de estos problemas. Todo esto lleva a pensar en la gran propensión a crear ídolos por parte de la mente humana, que enturbia el conocimiento del fenómeno ovni. La imagen del fenómeno ovni resulta tan ambigua que se presta a muchos pensamientos que deben surgir del ente mismo. Cosa comprensible si vemos que la ciencia tiene poco tiempo estudiando dichas extrañas luces.

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IDENTIDAD EQUÍVOCA Y FALSA REALIDAD

Así como no se puede derivar la realidad del objeto ovni del hecho de que subsista independientemente de todos los actos del saber, del mismo modo, la independencia del ser nos puede llevar a problemas de identidad equívoca que se deriva propio del ser real. Esta cuestión es de gran importancia, porque no sólo una realidad en sí mal identificada es capaz de producir falsas imágenes y equívocos significados. sino también porque el ser real queda sepultado sobre toneladas de falsas versiones. En otras palabras, establecer una identidad equívoca sobre un fenómeno lleva directamente hacia el reconocimiento de una falsa realidad como si fuese verdadera.

De este modo, muchos ingenios militares y aeronáuticos secretos no identificados por el mundo civil aumentaron considerablemente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y, como es natural, fueron confundidos, con el fenómeno ovni, cuando no lo provocaron. Ante el peligro de que la URSS dispusiera de aparatos desconocidos hasta el momento o que se pudiera estar violando de alguna forma el espacio aéreo estadounidense con gran impunidad, la administración de Truman(1945-1953) inició una serie de investigaciones secretas para esclarecer los hechos. Lo más probable es que tales investigaciones hayan sido operativos de inteligencia y encubrimiento montados para que la opinión pública creyera en los “platillos”, mientras el gobierno proseguía con el desarrollo intensivo de globos, aviones y toda clase de tecnología furtiva. Uno de los participantes en aquellas investigaciones y director del posteriormente llamado Proyecto Libro Azul fue el astrónomo J. A. Hynek (1977). Fue él quien tomó la decisión de cambiar el término "platillo volante" por el más genérico "Objeto Volador No Identificado. Y con ello quedó sellada exitosamente un problema de identidad equívoca y otorgamiento de falsa realidad.

No hay que olvidar que la disciplina que estudia o simplemente recoge los casos de ovnis presenta numerosos fallos en la recopilación y difusión de los casos, como publicar un avistamiento sin haberlo verificado. En la era de las videocámaras la identificación ufológica a lo más que llega es un simulacro de investigación científica. En la mayoría de los casos estudiados por ufólogos empleando el método científico se descubrió un conocido origen terrestre. Cuando se ha estudiado el expediente y no se ha sido posible ofrecer una explicación, se considera un caso positivo. Por el contrario, cuando se puede dar una explicación se denomina caso negativo.

Con el objeto de determinar si se trata de un caso positivo o negativo o de identidad equívoca con falsa realidad, echemos una somera mirada a los diez casos considerados como los mejores avistamientos ovni de la historia. Los casos los hemos tomado del medio ruso RT noticias y éste a su vez se basa en archivos desclasificados sobre ovnis por el Reino Unido. La lista corresponde al blog 'A sideways look at the news' del diario británico 'The Guardian' que ha compilado los 10 avistamientos de ovnis más conocidos. A cada caso le añadiremos un comentario de nuestra parte.

1. Roswell, 1947
Este famoso incidente ovni ocurrió en Nuevo México  EE.UU., en julio de 1947, cuando un supuesto objeto volador no identificado se estrelló en un rancho cerca de Roswell. La teoría más popular apunta a que el objeto era una nave espacial con vida extraterrestre. Desde finales de los 70, el incidente de Roswell ha sido objeto de mucha controversia, lo que hizo que surgieran teorías conspirativas en torno a este fenómeno. 

Comentario: Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial la inteligencia de los Estados Unidos sabía que los soviéticos estaban tratando aceleradamente de obtener su primera bomba nuclear, cosa que lo lograron el 22 agosto de 1949, por lo cual era prioritario conseguir nueva tecnología para monitorear y espiar el programa nuclear soviético. De ahí que el famoso  ovni de Roswell y su encubrimiento respondan al desarrollo de tecnología de espionaje secreta para vigilar a los soviéticos y cuyo sigilo necesariamente provocó toda una oleada de teorías conspirativas que fueron alentadas intencionadamente. Los americanos probaron desde globos aerostáticos, maniquíes hasta nueva aviónica.

2. Bélgica, 1989-1990
Durante más de cinco meses, alrededor de 13.500 personas afirmaron haber visto grandes y silenciosos triángulos negros que volaban bajo. Alrededor de 2.600 testigos presentaron declaraciones escritas. Los escépticos lo atribuyen a  helicópteros o delirios masivos causados por el consumo de patatas fritas con mayonesa.
Comentario: Los triángulos negros volantes son considerados por la mayoría de los investigadores como aeronaves terrestres furtivas secretas de carácter experimental pero secretas para el mundo civil. Nuevamente aquí tenemos otro caso de identidad equívoca y falsa realidad.

3. Westall, 1966
Más de doscientos estudiantes y profesores de dos escuelas de Melbourne vieron un platillo volador que descendió en un campo de hierba y luego ascendió sobre un suburbio local. No existen imágenes, pero los testigos todavía se reúnen para hablar de ello. 

Comentario: Tiene los indicios que se trata de una prueba secreta de hipnosis colectiva realizada por la CIA para hacer ver lo que se quiere que se vea. No se descarta tecnología furtiva para provocar grandes destrucciones sin responsabilizar a ninguna potencia en particular. Lo más extraño es que se trata de un relato exclusivamente oral sin imagen alguna. Durante la Segunda Guerra Mundial los británicos recurrieron a un mago ilusionista para engañar a los nazis haciendo “desparecer” el puerto de Alejandría. Jasper Maskelyne (1902-1973) fue el mago que venció al temible Afrika Korps de Rommel y propició la victoria del General Montgomery en El Alamein. Con un juego de luces nocturno creó una falsa ciudad a 3 millas de la Alejandría real y la ilusión funcionó a la perfección. Con falsos tanques inflables también se engañaría a los alemanes para posibilitar el desembarco de Normandía. Lo más sensato es pensar que la CIA aprendió la lección de los británicos y como era de prioridad nacional ocultar los proyectos de los aviones negros, entonces alimentar el mito de los ovnis resultaba necesario con el fin mantener la identidad equívoca y la falsa realidad aprovechando el delirio ovni.

En consecuencia, si hombres de mucho ingenio y gran imaginación fueron capaces de engañar a uno de los más grandes estrategas militares del siglo XX, con cuánta menos dificultad será embaucar a un grupo de estudiantes y profesores incautos. En la actualidad el término mago conserva aun el significado ancestral de sacerdote con poderes ocultos, pero en la sociedad moderna hiperracionalista predomina el significado de artista que practica el ilusionismo.

La seducción de la magia radica en que produce asombro ante la realización aparente de lo imposible, pero en el fondo se trata de la arraigada aspiración de alcanzar lo sobrehumano e increíble, más propio de los dioses que de los hombres. La magia sería parte del afán por trascender la condición humana, entrando en empatía con fuerzas naturales y sobrenaturales que serían manipulables por el mago. Pero más seductor para la mente humana resulta ocultar el carácter mágico del fenómeno producido y aun más suponerlo. Esto último está presente como mecanismo mental en la interpretación del fenómeno ovni. Así, Frazer [La Rama Dorada] llamó a la magia “la hermana bastarda de la ciencia” y en la cosmovisión natural del desespiritualizado hombre moderno encontramos un retroceso o revival hacia formas de pensamiento mágico, como compensación hacia su pobre sentimiento religioso. En la teoría de Frazer el pensamiento mágico es más antiguo que el pensamiento religioso y éste último se impone cuando el hombre reconoce su absoluta dependencia respecto a lo divino. Pero desde la modernidad el horizonte de lo trascendente religioso se ha venido eclipsando hasta quedar bien perfilado un hombre sin Dios y que vive bajo el imperio totalitario de lo inmanente. Esto permite explicar en el fenómeno ovni la adhesión a la hipótesis extraterrestre, llena de la primordial visión dramática de la magia.

4. Kenneth Arnold, 1947
La prensa acuñó el término 'platillo volador' después de que un piloto de Idaho afirmara haber visto una serie de nueve objetos brillantes con forma de platillo volando a velocidades supersónicas cerca de Mount Rainier, en Washington. 
Comentario: Se conocen nubes lenticulares de todo tamaño, aunque estáticas, y de no tratarse de un fenómeno natural sería, por la fecha de la guerra fría con la URSS, una nueva arma espía que se estaría probando. A propósito, desde 1900 se conoce el cañón Gauss electromagnético, que son básicamente idénticos al proyector de masas. Desde 1934 trabajaron para convertirla en un arma utilizable con disparo de plasma, artilugio mortífero capaz de atravesar cualquier blindaje. En el 2013 se dio a conocer que la armada estadounidense probó con éxito el cañón electromagnético y pronto estará en servicio. El caso es que un experimental proyector de masas probado sobre el desierto a gran velocidad podría ser origen de las veloces luces brillantes en el cielo.

5. Bracknell par pub, 2013
Hace unos días, a principios de este mes, dos discos brillantes fueron fotografiados flotando cerca de Bracknell, Berkshire, Inglaterra, en el cielo por encima de un pub. 
Comentario: Se trata de dos luces en forma lenticular que viajan a velocidad hipersónica pero también pueden ir muy lentamente. Cabe una primera versión de que se trata de una nueva tecnología experimental secreta y furtiva. Una segunda que afirmaría ser un fenómeno de energía lumínica de origen conocido en la atmósfera (centellas) aunque insatisfactoriamente explicado. Y una tercera, y menos plausible, que sostiene la tesis de naves extraterrestres. 

6. Ronald Reagan, 1974
Los presidentes Jimmy Carter y Ronald Reagan afirmaron haber visto ovnis. Carter se ganó la burla de la gente por su avistamiento en 1973, pero el hombre que finalmente le sucedió en la Casa Blanca también vio un misterioso objeto en 1974 por encima de Petersfield, California.
Comentario: La experiencia resultó aleccionadora puesto que demostró que políticamente era inconveniente que un presidente anduviese relatando sus propios avistamientos ovnis. Además, los programas secretos y presupuestos negros son muchas veces desconocidos por los propios presidentes norteamericanos con el fin de evitar complicaciones con el Congreso y su fiscalización presupuestal. Además, de tratarse de tecnología secreta furtiva es mejor que la presidencia sólo lo conozca en la hora oportuna.

7. Levelland, 1957
Conductores de Texas informaron que sus motores se pararon después de encontrarse con un objeto brillante en forma de huevo, y que solo volvieron a ponerse en marcha después de que el supuesto ovni pasara volando. Una investigación concluyó que se debía a una tormenta eléctrica y una centella. 
Comentario: Efectivamente una tormenta y una centella explica el fenómeno descrito. Este es un típico caso de confusión de identidad atmosférica con el fenómeno ovni. La centella es un fenómeno natural relacionado con las tormentas eléctricas y su manifestación es un rayo en forma esférica o bola luminosa. Este rayo de bola o centella es confundido frecuentemente con ovnis y lo cierto es que existen numerosos efectos ópticos y atmosféricos que por su rareza son poco entendidos incluso por la ciencia, identificándoseles como ovnis. Lo cual significa que hay fenómenos naturales poco explicados que son tomados por ovnis y persistirán como tales mientras la teoría científica no sea capaz de un total y coherente esclarecimiento. La mecánica de los rayos globulares o centellas, los hologramas solares y los sprites deberán ser reproducidos en laboratorios para confirmar definitivamente que esas luces no son ovnis.

8. Phoenix, 1997
Varios testigos vieron en los cielos de Arizona una nave en forma de V con cinco luces esféricas venida "de otro mundo", como afirmaban algunos testigos.
Comentario: nuevamente se trata de naves triangulares terrestres de carácter experimental desconocidas para el mundo civil. Serían los ovnis norteamericanos TR-3B, vistos en el área 51 y sobre los cielos de Moscú. Los aviones X tienen una larga historia de confusión con ovnis. Lo cual hace pensar en el largo periodo de experimentación con la tecnología tipo ovni y de los drones y que serían confundidos con ovnis.

9 Sao Paulo, 1986
Veinte ovnis que fueron avistados y detectados por radar en Brasil desaparecieron cuando aviones militares acudieron a la zona para interceptarlos. Los expertos atribuyen el avistamiento a escombros eyectados por la estación espacial soviética Salyut-7. 
Comentario: Es valedera la explicación sobre los escombros de la nave Salyut-7. Otra posibilidad es que sean rayos esféricos cuyo comportamiento aleatorio todavía se intenta explicar por la ciencia.

10 Teherán, 1976
Un supuesto ovni pasó zumbando sobre la capital de Irán, inutilizando el instrumental electrónico de dos aviones F-4 Phantom II y bloqueando el equipo de control de tierra. Generales iraníes afirmaron que el objeto no les pareció de origen terrestre.

Comentario: La Lockheed viene desarrollando por décadas aviones de vigilancia de gran altitud, un incidente con sus aviones ocurrió en plena guerra fría el primero de mayo de 1960. Era un avión supersónico estratégico y actualmente la inteligencia rusa habla de tecnología hipersónica en la Lockheed. De manera que no sorprende que aviones de guerra de países con tecnología convencional queden atónitos por tecnología desconocida de avanzada. En los años 60, la compañía Lockheed Martin creó un avión supersónico el SR-71, más conocido como Blackbird. Hoy, el mismo equipo que creó aquel pájaro negro presenta los diseños de su sucesor, un nuevo avión espía que surcará los cielos a Mach 6 desde 2018. La nueva aeronave tiene el nombre de Lockheed SR-72, aunque su perfil futurista no tardará en ganarse está pensado para reconocimiento estratégico en países cuyo espacio aéreo es demasiado peligroso para el reconocimiento con drones, y cuya orografía hace difícil la exploración con satélites. A diferencia del Blackbird, el SR-72 también dispondrá de medios de ataque aún sin especificar.

Pero la verdad es que la velocidad de Mach 6 ya se había alcanzado en 1967 y ahora se registran vuelos no tripulados donde se alcanza la increíble velocidad de Mach 10. Incluso, en la actualidad ya se están probando motores Mach 12. Si a todo esto le añadimos que no sólo EEUU y Rusia, sino también China, India y otras potencias espaciales, experimentan con naves y misiles hipersónicos, velocidades Mach 10, increíbles motores Mach 12, cañones electromagnéticos, proyectores de plasma, armas láser, barcos invisibles, misteriosas naves espaciales no tripuladas como el X-37 B o el ovni norteamericano TR-3B, de espionaje espacial cada vez más sofisticado y masivo, robots-androides militares y tecnología furtiva, entonces es fácil imaginar la multiplicación de casos de identidad equívoca y falsa realidad ovni reportados.

Los ovnis triangulares del Área 51 tienen su antecedente en el ovni Avrocar, desarrollado en los primeros años de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia. La intención del proyecto militar secreto era convertirlo en el caza más avanzado y avión táctico de combate. Su forma de platillo de volador no resolvieron los problemas de empuje y estabilidad. Aparentemente el programa fue cancelado en 1961. Hubo un segundo prototipo en forma de ala delta comprimida y la enorme inversión de los norteamericanos en el proyecto es la razón por la que se piensa que el programa prosiguió hasta lograr el ovni triangular de tercera generación TR-3B. Más de cincuenta años en búsqueda de la mejor tecnología furtiva hace pensar que potencias como Rusia y China también posean ovnis propios. No es casual que el espacio aéreo soviético se vio invadido de ovnis desde fines de los años 80 y comienzos de los 90 del siglo veinte justamente sobre la ciudad de Krasnoyarsk de Siberia, justamente la localidad a la que fueron trasladadas sus industrias pesadas durante el avance nazi. Actualmente es sede del Instituto de Física Kirensky y del Instituto de modelización computacional. En el cosmódromo militar secreto de Kapustin Yar se registra el Roswell ruso, como la versión soviética de encubrimiento de sus propias investigaciones ovnis. Aparentemente la tecnología extraterrestre cayó casi intacta y, si fuese verdadera, no se comprende por qué no contaba con un mecanismo de autodestrucción o, de lo contrario, por qué los supuestos ET buscarían que sus ingenios tecnológicos cayeran en manos humanas.

Como nada de esto tiene sentido, lo que cobra mayor fuerza es el origen humano de tales tecnologías. Es decir, se impone la necesidad metodológica de diferenciar entre el problema del fenómeno ovni y el problema de las tecnologías ovni. La segunda economía mundial, China, ya ha hecho público en 2014 su primer avión Stealth o caza furtivo J-20 de quinta generación y muestra su decisión sumarse al selecto grupo de tecnología ovni. En otras palabras, los platillos voladores hechos por el hombre dejaron de ser materia de la ciencia ficción y son parte de nuestra realidad. Por ello, es de mayor credibilidad la versión de que los platillos voladores son fruto originalmente de la carrera armamentista entre EEUU y Rusia. Otras potencias como la India, Brasil y Sudáfrica consideran seriamente impulsar armas de quinta y hasta sexta generación.

Es más, con el desarrollo de armas de sexta generación la tecnología ovni humana cobrará nuevo impulso. Rusia, por ejemplo, lleva a cabo veintitrés proyectos armamentistas de sexta generación y cosa similar ocurre con EEUU y China. La creación de laboratorios militares como el DARPA norteamericano se está proliferando. Las armas de sexta generación incluyen armas de energía dirigida (cañón láser), armas hipersónicas (aviónica, misiles, drones), la mortífera infantería robótica, fabricación de armas y municiones con impresoras tridimensionales, misiles y municiones que eligen su blanco en el trayecto, entre otros. Es casi seguro, y por ello más peligroso, que las armas del futuro no demandarán capacidades especiales para usarlas.

En conclusión, con todo esto no estamos afirmando que el fenómeno ovni se identifique con un programa de encubrimiento de la carrera armamentista, sino que el fenómeno ovni existe pero que ha sido utilizado en los últimos tiempos para encubrir el desarrollo de tecnologías secretas de origen terrestre. Por eso se debe distinguir entre el fenómeno ovni –origen natural- y la tecnología ovni –origen humano-. Así, la evidencia muestra que la mayor parte de casos se trata de problemas de identidad errónea que produce una falsa realidad a partir de estrellas brillantes, satélites, meteoros, centellas de tormentas eléctricas y tecnología súper-secreta furtiva de origen terrestre, todo lo cual es más coherente y plausible que la hipótesis de que se trata de visitantes ET. La carrera armamentista entre las potencias después de la Segunda Guerra Mundial avivó el mito extraterrestre sobre la base del fenómeno ovni con fines diversionistas y de encubrimiento tecnológico.

Pero el fenómeno ovni es antiguo, se vincula más con los extraños y raros fenómenos naturales atmosféricos y ópticos, como el rayo en forma globular que puede permanecer estacionario, moverse lenta o rápidamente, desaparece con un fuerte fogonazo o ser silencioso, descrito por vez primera por Nikola Tesla en 1904 y que fueron llamados por los pilotos de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial foo fighters.

Algunas características difíciles de explicar del rayo globular son la longevidad de su existencia y la flotación casi neutral en el aire. Su flotación casi neutral ha hecho pensar en su antigravedad o ausencia de gravedad, y su duración sugiere que se trata de un tipo de plasma con una recombinación y conducción térmica aun no aclarada. Se han hecho muchos intentos para crear rayos globulares en laboratorio, y algunos han resultado superficialmente similares, pero no hay demostraciones convincentes de que el fenómeno natural haya sido reproducido. Pero al menos su presencia en la naturaleza permite descartar que se trate de materializaciones psíquicas desconocidas. Lo que sí no se descarta en estas manifestaciones desconocidas de la naturaleza es que coincida sincrónicamente con la humanidad que proyecta sobre ella sus propios contenidos conscientes e inconscientes, dándoles un significado que no les corresponde en absoluto (Hermanos mayores extraterrestres, civilizaciones ocultas del universo, civilizaciones interdimensionales, etc.).

La explicación popular postula que el rayo globular es un plasma altamente ionizado contenido por campos magnéticos autogenerados. Pero un plasma caliente, incluso combinado con un campo magnético, no sobreviviría el tiempo que duran los rayos globulares, debido tanto a la recombinación como a la conducción térmica. No obstante, puede haber formas especiales de plasma compuesto por iones positivos y negativos, en lugar de iones positivos y electrones. Así la recombinación puede ser bastante lenta, incluso a temperatura ambiente. Una de estas teorías involucra hidrógeno cargado positivamente y una mezcla de nitritos y nitratos cargados negativamente.

No obstante, existe una compleja casuística que da a pie a especular sobre el origen no natural de estas esferas luminosas [Ballester y Fernández, Enciclopedia de encuentros cercanos con ovnis, Plaza Janés, Barcelona, 1987, 239-279; G. Creighton, Some thoughts on “Thinking Globes”, Flying Saucer Review, 18 (3), 23-24; M. Morey, Rayo en bola. Diccionario temático de Ufología, Fundación Anomalía, Santander, 1997, 321-323] con gran variedad de aspectos, movimientos, tiempos y efectos producidos, tras los cuales se oculta la manifestación de una centella o rayo en bola. El origen más probable del real fenómeno ovni son esta clase extraña de fenómenos naturales atmosféricos (Fuego de San Telmo, Halo Solar, Fuegos Fatuos, Rayo Globular, Rayo Verde, Nubes Lenticulares, Maelstrom, Nubes Mammatus, y destellos super-atmosféricos).

Ahora se explica, por un lado, el interés decreciente de los gobiernos al no encontrar nada especialmente raro ni misterioso en los fenómenos ovnis; y, pese a la total ausencia de pruebas, por otro lado, el ascenso inaudito en la literatura popular del tema ovni en su versión de antiguos carros de los dioses, astronautas ancestrales, civilizaciones interdimensionales, supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos perpetrados por los tripulantes de dichos objetos. El fenómeno ovni como mito-espacial, cobró impulso desde 1947 con la ufología popular, comercial y acientífica, alentando decididamente la hipótesis extraterrestre, íntimamente vinculada a los medios de comunicación y a la guerra fría, y actualmente el tema se mantiene en debate mantiene por las especulaciones de la astrobiología, exobiología, exopolítica y ufología pro-científica preconizan manejar el asunto rigurosamente usando el método científico. Pero a pesar de no existir ninguna prueba irrefutable de la existencia de seres extraterrestres que visiten la tierra, una gran parte de la población mundial cree en la veracidad de los llamados testigos.

Lo cual no es extraño en una era sin Dios. La humanidad moderna con su espíritu inmanentista, secular, materialista, nihilista y hedonista, no puede colmar el vacío de lo trascendente y busca creer en mitologías inmanentes, mágicas, que le den consuelo ante los desatinos de la antropolatría actual. La Guerra de los mundos de H. G. Wells y la saga de literatura mágica moderna (Harry Potter es lo útlimo en la lista de magos) es parte de la esta carencia de fe en lo trascendente, donde el hombre arreligioso encuentra gran atracción por historietas sobre hombrecillos verdes, humanoides, aliens grises, encuentros del tercer tipo y expedientes x, todo lo cual ayudan a espiritualizar un poco más la vida en medio de una deplorable pobreza espiritual. En la cultura popular la hipótesis extraterrestre es un socorro para suplir las necesidades religiosas inhibidas del hombre moderno sin Dios y dicha creencia encuentra su estímulo objetivo en los programas psicosociales de las agencias de inteligencia encargadas de encubrir proyectos negros.

Lima, Salamanca 21 de Enero 2015




[1] Cfr. Carl Gustav Jung, «Tomo XI. Civilización en transición (OC 10)». Obra completa de Carl Gustav Jung. Volumen 18/2. La vida simbólica. Madrid: Editorial Trotta,. 2009, p. 196,  § 1445.
[2] Cfr. Carl Sagan, El mundo y sus demonios, Editorial Planeta, 1967, pp. 68-69. Sagan siempre rechazó la explicación extraterrestre del fenómeno ovni. Cuando organiza y publica las posiciones del célebre Simposio de 1969 reafirma su escepticismo al sostener la existencia de un trasfondo religioso en el fenómeno ovni. En 1980 emprende su última arremetida temática para expresar que era muy pequeña la posibilidad que naves extraterrestres visitasen la Tierra en el pasado o presente. Bregó por la desclasificación de los archivos ovnis.

EL PROBLEMA DE LO REAL EN EL FENÓMENO OVNI

EL PROBLEMA DE LO REAL EN EL FENÓMENO OVNI
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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IDEALISMO-REALISMO OVNI

La mayor antítesis en la ontología y en la teoría del conocimiento ovni se basa en opuestos puntos de vista, que podemos designar bajo el nombre de idealismo y de realismo. Esta antítesis ha adoptado dos subformas especiales entre el llamado idealismo de conciencia y el realismo crítico. La tendencia de la evolución seguida ha sido muy diversa, tanto que el realismo crítico ha ganado terreno en el saber popular y el idealismo de conciencia predomina en el saber científico y saber culto.

El objetivo de este capítulo es doble: primero, demostrar que es falso optar por uno de los miembros de esta antítesis; segundo, que tanto el realismo crítico como el idealismo de conciencia reposan sin excepción sobre tres errores. Esto es: 1° sobre falsos planteamientos del problema; 2° sobre insuficientes distinciones de los problemas concretos; 3° sobre un falso supuesto común a ambos puntos de vista, que conduce a la definitiva superación de ambos puntos de vista.

Como esclarecer el falso supuesto común es piedra de toque para comenzar el análisis lo ponemos al principio de las explicaciones.

Este falso supuesto consiste en aceptar que lo que llamamos existencia o realidad ovni y aquello que llamamos su ser-así ovni (forma apariencial) son inseparables en relación con el problema de si son o no inmanentes al saber reflexivo. Ahora bien, una de mis tesis fundamentales es que todo ser-así (accidental y esencial) está representado no sólo por una idea o imagen representativa o percepción sino que es fundamentalmente inmanente al saber y a la conciencia. Esto es, puede morar en la conciencia y en un grado diverso también habita más allá de la conciencia respecto a la existencia y organización del sujeto sapiente. En cambio su existencia sigue siendo por su esencia necesariamente trascendente, independiente y ajena a la conciencia y al saber. Es decir, el ser-así y la existencia del fenómeno ovni es separable con el posible ser en la mente. El ser-así puede ser mental y lo es en el conocimiento evidente, pero la existencia nunca. La existencia ovni es tan trascendente al pensamiento como toda intuición y percepción, y de toda cooperación de ambas en el conocimiento, lo cual siempre es una coincidencia de intuición y pensamiento.

Coligo entonces que todo idealismo de conciencia y realismo crítico del fenómeno ovni surge porque el ser-así y la existencia son considerados inseparables con la inmanencia en el saber y la conciencia. Por ejemplo, los partidarios de la “teoría del ocultamiento conspirativo de pruebas” como el ingeniero aeronáutico Donald Keyhoe y el astrónomo Josef Allen Hynek, para no mencionar a la legión de escritores adeptos a la “teoría de los antiguos astronautas” encabezada por Erik von Daniken, J.J. Benítez, Jacques Fabrice Vallée y Wilding-White, o sea todos los representantes del realismo crítico juzgan rectamente que toda existencia del objeto ovni es siempre y por esencia necesariamente trascendente a toda conciencia posible (incluso divina), pero de esta tesis formalmente exacta, pero materialmente falsa, extraen la conclusión de que el ser-así ovni tiene que ser la prueba de la existencia de una civilización  inteligente Extraterrestre (en adelante ET). Por su parte todos los idealistas de conciencia, desde el psicoanalista Carl Gustav Jung hasta el astrofísico Carl Sagan, o sea los partidarios de la “teoría del mito de la era espacial con trasfondo religioso”, juzgan verdadera y rectamente que el ser–así del objeto ovni puede ser de naturaleza mental, es decir inmanente a la conciencia, pero sacan la errónea conclusión de que su existencia no es trascendente a la conciencia y, por ello es en esencia, una ilusión, un mito.

Por consiguiente ambos puntos de vista parten de un primer error común, a saber, considerar inseparable el ser-así y la existencia del fenómeno ovni, ya sea para afirmarlo o para negarlo. Si para los realistas críticos el fenómeno ovni es trascendente y existe fuera de la mente, para los idealistas de conciencia existe en la mente y es inmanente a la conciencia. El falso supuesto en ambos es considerar la ontología y la gnoseología del fenómeno ovni como inseparables en relación con el problema de si son o no inmanentes al saber. Uno afirmando que en dicho fenómeno ovni no existe nada trascendente a la conciencia (idealismo de conciencia) y el otro sosteniendo que no hay nada inmanente al saber (realismo crítico), no logran superar la antítesis inicial.

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SER DEL OBJETO Y SER-OBJETO OVNI

El mayor error de los intentos para solucionar la dicotomía Idealismo-Realismo Ovni es la defectuosa ordenación de los problemas que preceden a la cuestión de la realidad.

Ya Leibniz había advertido que el acto del pensar no está en correlación con el ser, sino con aquella clase de ser llamado ser objetivable. Por ello los escolásticos partían de la distinción de entre un “ente intencional” y un “ente real” y sobre esta diferencia establecieron otra distinción entre “acto intencional” y “ser de la cosa”. Confundir el “ser del objeto” con el “ser-objeto” de un ente, en este caso el ente ovni, es el error fundamental del idealismo de la conciencia. Cuando por el contrario, el ente real queda fuera de toda posible relación de saber humano. Lo que entra en una relación de saber es la relación de ser entre dos entes. Un ente A sabe de un ente B, sin que por esa participación la esencia de B sufra ninguna alteración. El saber objetivo se circunscribe al ser objetivable, pero la participación entre estos dos entes es más amplia que el del saber objetivo. Por eso la existencia de B jamás entra en una relación de saber, sino tan solo su ser objetivable. Dicha participación es posible tanto frente al ser objetable como frente al ser de actos. B se convierte en objeto cuando B es ser objetivable y A participa en él. El idealismo de la conciencia supone que el ente ovni, el ser del objeto, no es independiente de su ser-objeto. De esta forma, omitiendo los problemas que preceden al problema de la realidad descuida que un “concepto” es posterior del “acto intencional” y más ulterior aun al “yo ejecutor de actos”. Pues a través del acto intencional del ente A éste participa en el ser-así o esencia de B. En el fondo se trata de determinar, por intermedio del “concepto del saber”, un concepto que es anterior a la conciencia y entrar a una relación real entre el “saber de la cosa” y el “ser de la cosa”, el portador del saber y el ente real.

En este sentido, una cosa es el ser del objeto ovni y otro es el ser-objeto ovni. Lo primero corresponde a su realidad, mientras que el segundo está en relación con el acto intencional. Nuestro posible saber sobre el ser-objeto ovni jamás altera el ser del objeto ovni, pero sí afecta a su comprensión del mismo. El saber objetivo del ser-objeto ovni debe dar cuenta de su ser objetivable, pero su existencia no entra en relación con su saber sino tan solo su ser objetivable. En el fondo se trata de saber sobre la relación de ser entre dos entes: el hombre y el fenómeno ovni. Ahora bien, el saber objetivo del ser-objeto ovni puede estar viciado por un falso saber que no corresponde al ser del objeto ovni y que se relaciona más con ilusiones, fantasías, esperanzas e incluso fenómenos naturales mal comprendidos y programas de armas secretas.

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LA CONCIENCIA OVNI

El problema del saber de algo como piedra de toque para diferenciar entre el “ser de la cosa” y el “saber de la cosa”, nos conduce al problema de la conciencia. Así, el idealismo de la conciencia piensa que el fenómeno ovni es un mito con trasfondo religioso de la conciencia moderna.

El concepto del saber es una relación de ser que tiene que ver con la clase de ser del “ser consciente”, punto de partida del principio de la inmanencia de la conciencia. Pero la conciencia misma supone justamente el concepto de saber. En otras palabras, es erróneo definir el saber como una forma especial de conciencia. La conciencia es ya saber. Hay contenidos de saber anteriores a la conciencia, sub o supra-conscientes, como en el animal, el niño, el primitivo y ciertas patologías, que no viven el mundo como un “objeto” sino que viven inmersos en el mundo. En cambio, el hombre consciente es el ser que hace que el ser real, que está dado extáticamente antes de la conciencia, se vuelva en ser objetivable mediante un acto reflexivo llamado autoconciencia. Es decir, es falso lo que piensa Kant cuando afirma que un “yo pienso” acompañan todos los pensamientos del hombre. De modo que la conciencia no es un hecho originario, antes bien, es construida, va remontando de grado en grado de reflexión. Esto es, la conciencia es una clase de ser que posee contenidos reflexivos y los cuales constituyen el ser consciente. En todo caso el acto de ser consciente implica una relación ontológica entre dos entes.

En consecuencia, la conciencia no tiene ni al yo como condición esencial de todos los procesos del saber, ni todos los actos psíquicos van acompañados de conciencia. Incluso en el muy avanzado grado histórico de civilización urbana e híper-reflexiva puede la conciencia asumir formas sub o supra-conscientes en su originaria forma extática, que se caracteriza por el simple tener de cosas, sin saber de ese tener o, en el otro extremo, tratando de convertir en “ser objetual” un incompresible “ser de la cosa”, lo que sucede muy a menudo con el fenómeno ovni.

Es más, la actual conciencia ovni está atravesando por una complejización que es producto, entre otros factores, del empeño de las principales potencias armamentistas por encubrir la conquista de la tecnología terrestre ovni. El fin de la guerra fría nunca amainó la verdadera carrera de armamentos y en dicha competencia el logro de la tecnología ovni ha ocupado un lugar de privilegio como arma furtiva y proyecto negro. El interés por ocultar dichas nuevas armas está asociado con el incentivo de las agencias de inteligencia por implementar agresivamente programas psicosociales que difunden la creencia de la conexión ovni-extraterrestre.

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OVNI: OBJETO TRASCENDENTE

A todo acto intencional le caracteriza la conciencia de la trascendencia. Es decir, la aprehensión del objeto mediante significaciones, la aprehensión del contenido objetivo, la percepción, la representación, el recuerdo, el sentir del valor, la posición de fines y objetivos, toda intención en general, señalan más allá del acto, a algo ajeno al acto, a algo trascendente. Esta trascendencia es común a todo objeto, ya sea real, ideal o irreal. Todas estas clases de objetos cumplen el principio de la trascendencia. Precisamente por esto la conciencia de la trascendencia no resuelve el problema de la realidad. Tener la conciencia de la trascendencia de un objeto no lo vuelve en objeto real.  La vivencia de la trascendencia simplemente señala un más allá que no se agota en el acto intencional de la conciencia. Así, si decimos que el ente ovni es trascendente a la conciencia no estamos decidiendo sobre su tipo de realidad, sino únicamente sobre su ser que está más allá del acto intencional de la conciencia.

Justamente ignorar este hecho lleva hacia el idealismo subjetivo de Berkeley, quien afirmando que ser es percibir desconoce que la característica de la conciencia de la trascendencia es propia del acto intencional. Afirmar que lo pensado no existe independientemente del pensar equivale a desconocer que no sólo el pensar sino todo acto intencional significa apuntar hacia algo que uno no tiene. Junto a Berkeley, los empiristas Locke y Hume haciendo del psicologismo el fundamento de la teoría gnoseológica convierten la sensación en sustancia y también terminan confundiendo el ser del objeto por el ser objeto del ser.

Por otra parte, la trascendencia del objeto es totalmente independiente de la existencia del objeto, o sea, si es producido por la conciencia o es independiente de ella. Por ejemplo, también trascendentes son los objetos irreales, los cuales no  son sólo los personajes de la literatura universal, como Simbad el marino y la Caperucita roja, sino también objetos imposibles, como un triángulo esférico. La misma forma trascendente corresponde a los objetos de la fe, el arte, el mito. Razón tiene, entonces, N. Hartmann al señalar que la diferencia entre objeto intencional y contenido de conciencia no puede decidir sobre el problema de su realidad. A un objeto intencional le puede corresponder o no realidad. Por ello, el problema de la realidad está más allá de la trascendencia del objeto, no obstante la trascendencia de un objeto no excluye la realidad del objeto.

Para nuestro caso es muy importante advertir que la trascendencia del ovni no es de ningún modo un contenido originario de toda conciencia que indique realidad. En la vivencia inmediata de un ovni, el llamado avistamiento o encuentro del primer tipo, se experimenta con gran fuerza el problema de su realidad, desde que aparece como la resistencia de una X contra la explicación racional. El Proyecto Libro Azul dirigido por Hynek en 1972, describe hasta seis clases de avistamientos o contactos (2° huellas, 3° tripulación, 4° abducción, 5° contacto telepático y 6° señales radiales o radioastronómicas). No obstante, estos dos últimos no son fenómenos ovnis sino fenómenos psíquicos y físicos. Además, la psicopatología ovni tiende a señalar la existencia de muchos casos de psicosis espontáneas ovnis, donde hay visiones de abducción por alienígenas, y también cuadros esquizoides ovnis, donde es frecuente escuchar voces o mensajes.  Sin embargo, el hecho de que hasta el momento no hayan contactos extraterrestres inequívocos, ni siquiera por el Proyecto Seti, indican que la trascendencia del fenómeno ovni nada define sobre su realidad.

Es cierto que la conciencia del objeto precede a todo juicio y no es creada por el juicio, pero el objeto intencional puede no ser real ni ideal, sino ficticio e irreal. Incluso se puede suspender la existencia del mundo real sin suspender la conciencia intencional, pero lo que no se puede suspender es el mundo de la trascendencia de la conciencia y sus objetos. Si la realidad del fenómeno ovni no depende de la conciencia intencional, sino que es previo a ella, entonces se trata de determinar la realidad de su ser. Pero la realidad de un ser puede estar velada por diversas circunstancias naturales e incluso artificiales, y, por tanto, deslindar ambas es el cometido.

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LA EXISTENCIA OVNI NO DETERMINA
 SU REALIDAD

Que algo exista en el mundo externo no significa que sea real. El azul del cielo, el arco iris, los colores de las superficies, un espejismo, la sombra, son sin duda fenómenos del mundo exterior que involucran fenómenos ópticos del mundo interior, empero aun cuando se dan en el mundo externo no se les puede atribuir realidad. Hay espejismos físicos que pueden ser vistos por muchas mentes y espejismos mentales que sólo pueden ser apreciados por el alucinado. No se descarta que entre estas dos apariencias puedan darse formas intermedias donde el espejismo físico sólo pueda ser apreciado por algunas mentes (sustancia fantasmagórica) y espejismos mentales que puedan ser aparentemente distinguidos como físicos (c0mo el ectoplasma que segregan los médiums).

En este sentido el fenómeno ovni puede incluso ser un caso especial de existencia mixta entre lo físico y lo mental, donde interviene con mayor fuerza la esfera real de lo cultural como intermediario entre la esfera del mundo exterior y la esfera del mundo interno. Las formas de la cultura proyectan indudablemente la forma de descifrar y conformar la comprensión y producción de fenómenos que tienen existencia sin realidad. Nuestra civilización tecnológica e hipercrítica genera en este sentido sus propios mitos y la proyección de uno de éstos puede ser el fenómeno ovni. De ahí provienen los variopintos tipos de contactos ufológicos sin prueba irrefutable de su realidad.

Por consiguiente, no se puede aceptar la vinculación que establece la expresión “realidad del mundo exterior”, porque no todo lo que existe en el mundo externo es real. En el mundo exterior se dan muchos fenómenos que carecen de realidad. Lo cual nos lleva a distinguir entre el problema de la realidad respecto al problema de las esferas de lo real: mundo exterior, mundo interior y mundo divino. Hay esferas intermedias como el mundo psíquico y el mundo cultural. Pero lo importante es que se tratan de esferas del ser irreductibles. Por ello, no se puede aceptar la subsunción del mundo externo al mundo interno como ocurre en Descartes, Berkeley, Fichte y el convencionalismo logicista. Además, ya Scheler indicaba que el ser de cada esfera es independiente de todos los objetos individuales que contiene. Lo real se da en cada esfera y la misión de la ciencia positiva es determinar qué objeto es efectivamente real.

En otros términos, hay que distinguir el problema de la realidad del de la existencia del mundo externo. Un ovni puede existir en el mundo externo sin ser necesariamente real. De ahí que sea falso hacer valer como orden lógico que lo que aparece primero en el mundo externo implique una prueba de su realidad, como ocurre erróneamente en N. Hartmann. Ya Kant distinguía rigurosamente el problema de la realidad del de la existencia del mundo externo, a pesar que terminó negando falsamente la realidad absoluta de todo el mundo exterior accesible a nuestra experiencia posible.

Se puede considerar sin inconveniente la independencia del mundo exterior y su cierta anterioridad con respecto al mundo interior y al mundo cultural. Pero lo que nosotros descubrimos no es el ser del mundo exterior, ni la realidad misma en la esfera del mundo externo, sino tan sólo una determinada ordenación fenoménica del ser-así. Así, se puede considerar la independencia de los fenómenos de luz y movimiento ovni en el mundo exterior sin remitir estos fenómenos a conceptos reales necesariamente. Del mismo modo aquel que ha probado la independencia de la esfera del mundo exterior en que se da el fenómeno ovni, tampoco está probando de algún modo la realidad del fenómeno ovni. A lo sumo lo que se experimenta es una determinada ordenación del ser-así acorde al contexto cultural, el cual media como un filtro de certidumbres accesibles en una época determinada. De manera que si en la antigua Grecia se daba la presencia de seres mitológicos en el mundo exterior, de esto no se puede colegir necesariamente la realidad de los mismos. Grifos, hipogrifos, arpías, esfinges, sátiros, titanes, ninfas, entre otros, son un índice no sólo de la evolución cultural, temas de inspiración de la poesía, escultura, pintura, y explicación de fenómenos naturales, sino también una muestra de que el ser de los objetos ideales y de sus legalidades es independiente y está dado antes que el ser de los objetos reales. Además, la vigencia del ser de dichos objetos ideales sucumbe solamente cuando se hunden los ideales junto con la civilización misma que la cobijó.

Esto plantea el problema de no confundir el problema de las esferas de lo real con el problema mismo de la realidad. De modo que el fenómeno ovni puede ser el objeto ideal propio de la civilización moderna tecnológica, científica e hiper-racionalizada. Interpretación que llega a su extremo más radical con la teoría de los astronautas ancestrales de la literatura popular.

Es más, así como no se puede alcanzar la esfera del mundo exterior por algún dato inmediato de la conciencia (supuesto contacto alienígena telepático), tampoco el ser del mundo interior se puede alcanzar por medio de objetos y ordenaciones del mundo exterior. Esta teoría elaborada por el empiriocriticismo de Mach y Avenarius es sin duda errónea al confundir el ser de las diversas esferas de lo real. Pero algo similar acontece desde que fueron vistos los fenómenos Foo fighters, bolas incandescentes o fantasmas combatientes durante la Segunda Guerra Mundial, tanto por pilotos de las potencias del eje como por parte de los aliados. Eran luces pequeñas aparentemente con masa, que no eran detectables al radar y que atravesaban los aviones. Estos rayos globulares fueron tomados como inteligencias ET. Otras formas presentadas son la de esferas luminosas, translúcidas, rígidas o flexibles, discos planos con brillo metálico, cigarro cilíndrico opacos o luminosos, forma tubular con movimiento similar al de los gusanos, y la triangular con luces en los vértices, considerada de carácter experimental o secreto terrestre pero desconocidas para el mundo civil. En todos estos casos se da una especie de proyección cultural científico-tecnológica para comprender un fenómeno incomprendido y misterioso, se proyecta el ser ideal de una era tecnológica para interpretar lo dado. Aquí se trata de alcanzar la esfera del mundo real a partir del dato inmediato de la conciencia, tomándose por real lo que existe en el mundo externo.

No obstante, si los objetos ideales están dados antes que el ser de los objetos reales es natural, entonces, que la esfera del mundo ideal esté primariamente llena de contenido antes que se dé ninguna otra esfera. De manera que desde el punto de vista objetivo el mundo exterior está dado antes que el mundo interior, y el mundo social antes que el mundo individual, pero desde el punto de vista lógico no sucede así. De ahí, que sólo en la era moderna el idealismo de la conciencia haya podido establecerse hegemónicamente al abandonar la cosmovisión organológica y panvitalista que daba cuenta de la problemática realidad del mundo inanimado.

Bajo estas consideraciones se puede sostener que la hipótesis extraterrestre, cuyo interés por los gobiernos ha decrecido en sentido inversamente proporcional al crecimiento del interés popular, se caracteriza esencialmente por tomar lo que existe en el mundo externo (en este caso el fenómeno ovni) por realidad en el mundo exterior, y, aun mas, envolver dicha realidad con una narrativa que carece de pruebas extraordinarias que la demuestren. Los supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos perpetrados por los tripulantes de dichos objetos, pertenecen a la esfera del mundo interno y cuya existencia no constituye prueba decisiva sobre su efectiva realidad. No todo lo que existe es real ni todo lo que es real tiene que darse necesariamente en la existencia. De ahí, que sea totalmente inaceptable el alcance limitado que tiene la categoría de la existencia en el existencialismo, como vida humana caracterizada por la libertad y de ahí que sea cuestionable que constituya su verdadero ser. La existencia alcanza a todo tipo de entes, ya sean reales, ideales e irreales, está presente en las esferas del mundo exterior, interior, físico, psíquico, espiritual y divino. Pero no es la existencia lo que define la realidad, las ficciones, alucinaciones, espejismos y apariencias existen pero no tiene realidad. De ahí, que la idea de Dios no implique en primer lugar su existencia sino su realidad, a partir de la cual se define su existencia. Esto ha sido visto con claridad por el nominalismo lógico, según el cual se toma lo ficticio por lo real. Solamente que su falsa conclusión es que la categoría de realidad queda subsumida a la de coherencia lógico-semántica. Antes bien, hay que hacer notar que lo real está más allá de lo lógico-semántico, e incluso estar más de los datos sensoriales. Incluso no todo lo que existe es lógico y expresable, y no obstante no tiene que ser necesariamente real. Esto suele acontecer con los fenómenos paranormales.

De manera que no es necesariamente real todo aquello que puede presentarse a la conciencia en la experiencia, porque pueden presentarse fenómenos que existen pero que no tienen realidad. Ni tampoco es real aquello que como objeto puede expresarse algo. Ni el criterio empirista ni el lógico-semántico satisfacen lo que es la realidad. Todo lo cual indica que la comprensión del problema de la realidad transita por el grado de plenitud de ser, no equiparable a la existencia, a lo percibible, ni a lo expresable con sentido. No todo lo que existe es real, pero sí reclama realidad todo lo que tiene esencia.

El fenómeno ovni interpretado bajo la hipótesis extraterrestre confunde el fenómeno que existe con la realidad del fenómeno y encima es hipostasiado con una lectura de contenido de conciencia que tiene en común la total carencia de pruebas. En otras palabras, se trata de un fenómeno que existe pero la existencia del fenómeno ovni no determina su realidad. Que existan versiones falsificadas sobre un fenómeno no determina la existencia real de dicho fenómeno, e incluso un fenómeno real puede ser enturbiado por interpretaciones falsas. Así, en 1969 la USAF sobre 40 mil casos dio como resultado: 27% eran estrellas, planetas y objetos astronómicos, otro 27% eran globos y aviones, un 23% meteoritos, satélites artificiales y tan sólo quedó un 23 % inexplicado por insuficiencia de datos. Mediciones posteriores de científicos de la Universidad de Tel Aviv incluyen en aquel 23% inexplicado los rayos globulares, sprites (destellos de luz por descargas eléctricas) y hologramas solares. El sprite es luz sin masa que realiza movimientos curiosos y se oculta tras las nubes emitiendo destellos. Y en 1997 el ingeniero alemán Theo Diedrich, del Laboratorio para Técnicas de Alta temperatura, sugirió que los hologramas solares son tomados por ovnis. Se tratan de rayos polarizados en el cielo nocturno cuya trayectoria zigzagueante origina una imagen tridimensional que pasa veloz debido a la rotación terrestre.

Como vemos en estas últimas interpretaciones se busca evitar la confusión entre la existencia del fenómeno con la realidad del fenómeno, sin interpolarlo con un mito de la era espacial (inteligencia extraterrestre) o un mito arcaico (espíritu de los ancestros y de los dioses).


Lima, Salamanca 21 de Enero 2015

FENÓMENO OVNI: MITOIDE DE LA MODERNIDAD TECNOLÓGICA

LA PREGUNTA FILOSÓFICA DEL FENÓMENO OVNI
(Prólogo del libro “FENÓMENO OVNI: MITOIDE DE LA MODERNIDAD TECNOLÓGICA”)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía

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El fenómeno ovni es un terreno tan minado por la histeria colectiva, la charlatanería, el fraude, la mentira  y la impostura que podría pensarse su escaso o nulo interés para la filosofía. Sin embargo, el fenómeno ovni plantea una crucial pregunta filosófica: ¿Puede el hombre seguir siendo el centro metafísico-moral del cosmos?

Esta pregunta tiene un alcance ontológico, antropológico y ético, que tiene ver con su destino y con su lugar en el universo. Esto es, no solamente se vincula con una reacción del conglomerado humano ante determinados estímulos científicos, artísticos o psicológicos, sino que atañe a la hora más honda de desconfianza que experimenta el hombre consigo mismo. Y es porque hemos aprendido a conquistar el espacio pero no hemos aprendido a conquistarnos a nosotros mismos.

La facilidad con que la mente humana puede perder momentánea o permanentemente el sentido de la realidad quedó demostrada en la adaptación para la radio que hizo Orson Welles de “La Guerra de los mundos” en 1938, la tragedia se repitió esta vez a cargo de Radio Quito en 1949, y otras adaptaciones con el mismo resultado acontecieron con motivo del 60° aniversario de la histórica transmisión de “La guerra de los mundos” en Portugal y en México, y en 2013 con Radio Bio Bio de Chile. En todos los casos el poder de los medios de comunicación desató la histeria colectiva y demostró lo manipulable y frágil que es la mente humana para perder el sentido de la realidad. Lo que ha variado actualmente es que ya no se siente temor hacia los extraterrestres sino que, más bien, se busca su contacto de modo desesperado. De la fobia a la obsesión hay tan sólo un pequeño paso. Lo cual evidentemente no debe extrañar, pues todas las personas normales del mundo disfrutan asombrarse en los actos magia a sabiendas que no es real.

No obstante, el fenómeno ovni existe y no debe ser confundida con aquella ciega fe en aliens, por tanto no es una ilusión, y el problema ontológico que plantea a la mirada filosófica, teológica y científica es establecer su realidad. No todo lo que existe de modo trascendente a la conciencia es real, y el fenómeno ovni es real porque la certidumbre de su existencia en el mundo brota de la vivencia extática de su resistencia como objeto independiente de la conciencia. Cuando decimos que el carácter fundamental de la realidad es la resistencia aludimos al orden de esencias, valores, por un lado, y realidades, por otro. Pero no todo lo que aparece en la esfera del mundo exterior es real, lo mismo sucede en la esfera del mundo psíquico y en la esfera del mundo de lo sido (pasado). A lo que es real le es inherente la vivencia de la resistencia, de la cual brota la certidumbre de la realidad. Tal certidumbre está presente en el fenómeno ovni y por ello pertenece a este último orden real. No obstante, de la certidumbre de su existencia no se deriva un saber determinado sobre el mismo. Así, en tiempos arcaicos esas enigmáticas luces voladoras eran vistas como “espíritu de los ancestros o de los dioses”, y hoy la cultura popular la toma como “naves de inteligencias intergalácticas”. Pero esto es un error, porque de la resistencia primariamente vivida de una forma extática de realidad no se deduce un saber determinado de su esencia. Al contrario, para verificar el contenido esencial en fenómenos reales del mundo exterior tenemos la ayuda valorable del saber científico. Esto no supone ningún cientificismo, en tanto que se reconoce que la ciencia es representación parcial de lo real por su formalismo matemático inintuíble. Tampoco significa ninguna infravaloración de la metafísica. Por el contrario, la metafísica es un saber legítimo sobre relaciones metaempíricas y metasensibles de carácter substancial y su inteligibilidad se da en el discurso. Pero este no es el caso con el fenómeno ovni. Como objeto exterior real es susceptible de ser analizado por la ciencia, la teología y la filosofía. Y todas las pruebas y análisis apuntan que se trata de una variopinta gama de fenómenos terrestres y naturales (hologramas solares, sprites, rayos globulares, meteoros, estrellas, planetas, objetos astronómicos, globos, aviones, drones y satélites artificiales, fraudes humanos y demoníacos, alucinaciones) que nada tiene que ver con naves extraterrestres de inteligencias siderales. Todo lo cual conduce a una estricta diferenciación entre tres problemas distintos: el problema del fenómeno ovni, el problema de la tecnología ovni y el problema de la inteligencia extraterrestre. La mezcla, intencional e inintencional, entre los tres es lo que ha producido el “mitoide” ovni de la modernidad tecnológica.

Pero ello, al lado de la dilucidación ontológica se da justamente otra vertiente de la investigación filosófica, a saber: la dilucidación antropológica o el carácter religioso con el que se le ha revestido al fenómeno ovni. En realidad la antropología filosófica está imbuida de ontología, porque trata de determinar el afán de trascendencia a partir de la condición finita del hombre. Y en este sentido se constata que, al compás de la honda arreligiosidad del hombre pragmático, nihilista, hedonista consumista y utilitario de nuestro tiempo, la ufología se ha convertido en ufolatría llevado por ese afán de alcanzar lo transhumano aun dentro de un horizonte meramente inmanente. Obviamente que la ufolatría es expresión de una sociedad moderna que ha reducido a un  mero formalismo vacío la experiencia íntima de lo trascendente y ha exacerbado, junto a la deplorable ignorancia científica de la gente, una gran atracción por los misterios. Todo lo cual no logra satisfacer sus necesidades religiosas inhibidas pero que lo compensa con el culto de la ovnilogía que refleja una patética pobreza espiritual. Situación que nos traslada hacia la sequía de espiritualidad que habla el Evangelio: “Cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?” (Luc. 18-8). Pero ese es otro tema que no abordaremos aquí.
 Al escribir este libro he sido motivado, ayudado e instruido en diversos sentidos por varios colegas y amigos. Nombro primero atendiendo al orden de las conversaciones  al cosmólogo y creador de la teoría del neutrovacío, Enrique Álvarez Vita, que durante varios años mantuvimos polémicas sobre las implicancias científicas y teológicas de la posible existencia de civilizaciones extraterrestres y nuestras conversaciones dieron origen a mi primera reflexión sobre el fenómeno ovni en el 2011. A Kiko, como afectuosamente lo llamamos entre amigos, lo noté particularmente preocupado, con toda razón, por el tema de la Redención. Tengo razones íntimas para compartir las enormes repercusiones que significarían para la teología el tema de la Inteligencia Extraterrestre. Pero por aquel tiempo yo solamente reparaba en las graves implicancias teológicas que me llevaban a una discrepancia con el Padre Funes, pero todavía no distinguía aquellos tres problemas distintos: el fenómeno ovni, el problema de la tecnología ovni y el problema de la inteligencia extraterrestre y simplemente me negaba a admitir la existencia de los dos últimos. Pero este enfoque incompleto se prolonga y se conecta, en segundo lugar, a dos amigos más, me refiero al empresario, abogado, escritor y católico carismático, Jorge Chávez Feijoó, director del cenáculo teológico de la calle Ruté en Magdalena, que junto con el historiador y biblicista, Sebastián Ponce de León, supieron dar cabida al tema ovni para su serio examen casi fines del 2014.

El verdadero desarrollo de mis ideas sobre el fenómeno ovni están vinculadas, en tercer lugar, con el sociólogo, filósofo, connotado pensador de la exopolítica y miembro de la norteamericana Fundación para la Investigación del Encuentro Extraterrestre (FREE), Giorgio Piacenza Cabrera, cuya larga trayectoria teórica y de campo en el fenómeno ovni aunado con la continua y generosa comunicación de sus inquietudes, lecturas, conferencias, cuestionarios, documentos académicos y ensayos, me permitieron poner a prueba mis propias doctrinas y constituyó para mí un acicate en el abordamiento de la cuestión. Reconozco que sin este  incentivo las tesis del presente libro hubiesen tardado mucho más en surgir. Aunque ahora la novedad de mi posición consiste en que distingo claramente entre los tres problemas (fenómeno ovni, tecnología ovni e inteligencia extraterrestre), ello no significa que acepto su mezcla ni su consistencia interna. Mi escepticismo se mantiene especialmente en el tercer problema a través del ajuste de la ecuación de Drake y el desarrollo de la Paradoja de Fermi. Taxativamente sostengo que no hay evidencias concretas sobre la existencia en inteligencias siderales que nos hayan visitado ni que nos visiten en el futuro.

Si doy una mirada de conjunto a todos ellos debo decir que doy las gracias, tanto a los críticos como a los partidarios de la conexión ovni-extraterrestre, porque de todos he aprendido. Unos y otros me transportaron a indagar y buscar ayuda experta tanto en literatura científica como popular, examinar filmaciones, fotografías, testimonios y sondear las diversas hipótesis interpretativas con la mayor serenidad posible. Levantar el velado Secretum Secretorum, sobre un tema tan ardorosamente debatido, no es tarea fácil pero sí sumamente grato, por cuanto, en lo personal, despeja una serie de dudas y confusiones y, en lo general, contribuye a echar luces sobre un fenómeno tan descaradamente manipulado.

Ahora bien, este libro examina el fenómeno ovni desde un punto de vista teológico y filosófico. Resulta imposible pasar desapercibido la pululante teología ufológica que en los últimos tiempos ha sido promovida por los sacerdotes Balducci, Funes, Consolmagno y O´Meara. La discusión teológica busca precisar, por mi parte, si inteligencias alienígenas extraterrestres tienen cabida en la revelación. Siendo mi respuesta negativa al respecto.  La discusión filosófica se plantea en la medida en que busca determinar el estatus de la realidad ovni y si el hombre sigue siendo el centro metafísico-moral del cosmos. Sobre lo teológico quisiera solamente añadir que se puede afirmar que no se puede soslayar el examen de la naturaleza ontológica de la supuesta existencia de otras criaturas inteligentes en vez de apresurarse a admitir su existencia como se hace con la teología ufológica[1], y con las investigaciones astrobiológicas y exoplanetarias donde impulsa la reflexión ufológica de la filosofía. Sin embargo, los resultados de la presente investigación no refrendan dichas tendencias y van en sentido contrario de la entusiasta ovnilogía que mezcla los tres problemas mencionados. Créaseme que ingenuamente emprendí con interés este libro esperando hallar otro resultado, pero la reflexión serena y la documentación al alcance me condujeron hacia un refutación terminante de la hipótesis de la inteligencia extraterrestre. Yo mismo tuve que volver a pensar la experiencia personal ovni que tuve en la primera mitad de los años ochenta.

Efectivamente, en el primer capítulo se refutan las afirmaciones ufológicas del padre dominico Thomas O´Meara, cuyos argumentos me fueron dados a conocer por mi amigo e investigador Giorgio Piacenza, y los rebato porque su base teológica sobre la inteligencia extraterrestre contradicen abiertamente la consistencia de la revelación. El segundo capítulo es una breve exposición de las hipótesis extraterrestres. Y en el tercer capítulo, el más extenso, realizo el análisis del fenómeno ovni tratando de determinar su realidad y el deslinde de las tres dimensiones del problema: el fenómeno ovni, la tecnología ovni y la inteligencia extraterrestre. Las conclusiones son positivas para el fenómeno ovni y la tecnología ovni, pero negativas para la hipótesis extraterrestre, no sólo por la constante ausencia de pruebas, sino porque se clasifican las seis fuentes de su sostenimiento, a saber:

1.         Búsqueda de vida inteligente en el espacio
2.        Astrobiología
3.        Exoplanetología
4.        Proyectos negros de carrera armamentista
5.        Fenómenos atmosféricos
6.        Cultura popular
7.        Fraudes y engaños

Curiosamente es una lamentable paradoja que en la sociedad moderna dominada por la ciencia, la tecnología y la barbarie de la especialización, siga la mayoría de la gente sin acercarse como es debido a las ideas científicas, filosóficas y teológicas. La susodicha “era del conocimiento” ha resultado ser la “era de la barbarie cultural” y, en consonancia, sea más afecta a seguir las simplificadas ideas de la pseudociencia y los prejuicios del ambiente. Pero hay otro motivo más poderoso, aparte de la ignorancia científica, para que el hombre de nuestro tiempo abrace con obsesión el mitoide extraterrestre de la era espacial -que conecta el fenómeno ovni con la inteligencia extraterrestre-, y este motivo es el siguiente. La ufología se ha convertido en ufolatría, en nueva religión, no solamente por creer sin pruebas en la idea de que los ovnis son naves extraterrestres, sino porque el hombre sin Dios de la modernidad secularizada encuentra en los ET un sustituto inmanente a su deplorable pobreza espiritual. La avidez por lo misterioso y oculto, como lo destacaba Mircea Eliade, es constitutivo de la condición humana.

En otras palabras, el clima arreligioso de la cultura contemporánea favorece la adhesión irracional a esta clase de misterios que no tienen que ver con lo trascendente, sino con lo meramente inmanente, como posibilidad de vida inteligente interestelar que ayude a nuestra salvación. Esto es, el contenido salvífico y mesiánico de la creencia ufolátrica haría pensar que la mayoría de la gente busca una esperanza de fe en algo tangible, en ídolos de carne y hueso o hasta de la inteligencia artificial ovni. Sin embargo, su contenido llama la atención, porque no es meramente un mitoide moderno con un tipo de arquetipo inconsciente de carácter técnico, como pensaba Jung, sino que se trata de algo de índole antropológica más que psicológica, muy propio de la situación humana, y que tiene que ver con la indesarraigable experiencia existencial de la religación de la condición humana. Y ésta es mi tesis ontológico-antropológica. La modernidad despojó al hombre del horizonte de la trascendencia y lo redujo a la experiencia anfibia de la pura inmanencia. El reduccionista cambio metafísico resultó traumático para su experiencia existencial.

De esta manera, la ufolatría brinda una forma de religación espúrea al hombre arreligioso de la actual modernidad secularizada y sin Dios. Con las necesidades religiosas inhibidas creer en la conexión ovnis-extraterrestres ayuda un poco a espiritualizar la vida drásticamente desespiritualizada de la civilización científico-técnica. Y por último, insisto como criterio metodológico y orgánico en la diferenciación estricta entre los tres ámbitos: el problema del fenómeno ovni, el problema de la tecnología ovni, y el problema de la inteligencia extraterrestre. Evitando su mezcla y confusión se puede aprehender objetivamente el asunto.

Lima, Salamanca 21 de enero 2015



[1] Mis discrepancias con el padre José Gabriel Funes las expresé en mi libro Signos del Cielo (2011). En aquel escrito no abordo si el fenómeno ovni es mito o realidad, sino sobre las conclusiones del responsable del Observatorio Vaticano que afirmaba la posibilidad de vida inteligente en el Coloquio sobre astrobiología realizado en 2009. En mi opinión el padre Funes daba un paso equívoco de la tesis angelológica hacia la tesis tecnológica, y temeraria porque en el fondo equivalía a negar la extraordinaria condición del hombre en el plan divino.