domingo, 22 de abril de 2012

ESTUDIO AL POEMARIO "AMATORIUM"


ESTUDIO PRELIMINAR



1
AMOR Y TRASCENDENCIA
Diana Maceda/PUCP

Me complace comentar el nuevo libro de Gustavo Flores Quelopana, Amatorium,  porque dentro del Colectivo interdisciplinario TXT, al cual pertenezco, siempre hemos sido suspicaces frente a las ideas y teorías posmodernas, y además siempre queremos conocer a personas que enfrenten con coherencia estas ideas, y Flores Quelopana  es un escritor  que propone una fuerte crítica contra esta corriente.

ESTILO MODERNISTA
Ahora, yendo directamente al poemario, debo confesar que la primera vez que lo leí  me extrañó un tanto la forma en que se expresaba en sus poemas ya que no me parecía un estilo muy actual, sino que más bien  me recordaba más al estilo modernista. Y tuve como primera impresión que no había tomado mucho en cuenta los aportes de la vanguardia a la poesía, luego tuve la oportunidad de consultarle esta duda y efectivamente, la vanguardia no es su etapa preferida de la historia del arte. Más bien, me confesó que para él Rafael Alberti había sido una gran influencia, y creo que, en general, los de la Generación del 27 de España, como Pedro Salinas, Jorge Guillén, García Lorca, entre otros.
En Amatorium, a pesar de que cada poema no encaja en una forma poética determinada o de no existir rima en cada verso, cada poema tiene un ritmo y una musicalidad propia, en cada poema se puede percibir un ritmo propio, se puede aprehender una estructura que ha sido construida con esmero, con cuidado de cada verso y palabra que se emplea para darles una adecuada intensidad.

BELLEZA CLÁSICA
Flores Quelopana busca, en cada poemario que escribe, la belleza de las palabras,  la belleza de la expresión, para esto él se aleja de nuestra habla llana, de las palabras coloquiales, pero no por eso es un escritor oscuro, para nada, no se va a un extremo, creo más bien que se expresa claramente, y esa belleza que busca lo consigue al colocar determinadas palabras en un orden preciso escogido por él. La belleza que se busca es una belleza relacionada con lo armónico, es una belleza clásica. Pero, como dije antes, su búsqueda de la belleza de la expresión no oscurece las palabras y mucho menos les quita su sencillez.

TEMÁTICA
Este conjunto de poemas le canta, obviamente,  al amor, y si queremos hablar con más precisión, diría que le canta al amor erótico, al amor de pareja, al amor de los amantes. Aunque, el amor a la divinidad, reflejado en los poemas como “Deo Gratia” o “Misterio Grato”, también impone su presencia. Otro de los temas es su propia vida, el autor pretende comprender en unos pocos versos toda su vida, como en “Corazón”, en el que se figura un tábano valiente, o como en “En este vuelo terrenal”, donde expresa “mi corazón late duro como tambor”. No puedo dejar de anotar que también es perceptible la tensión entre la vida y la muerte muy presente en estos poemas de corte biográfico, pero de eso trataré más adelante. Asimismo, el tema del sueño también ronda en varios de los poemas, a través del sueño se expresan visiones con un poder anunciador que puede causar pavor en el soñador, como en “Ángel exterminador”, pero también se puede soñar con algo hermoso como el amor como en “Sueña eternidad” pero, a pesar de soñar  con amar, el sueño no deja de ser lo desconocido e incomprensible, y por lo tanto, peligroso.

CELEBRACIÓN DEL AMOR ERÓTICO
Ahora, volviendo al tema amoroso, al amor erótico. Toca preguntarnos qué es el amor en estos poemas. Recordemos que para algunos poetas el amor es entendido como una enfermedad, aquí podría mencionar a Safo, o, en otros casos, el amor se comprende como algo que no se puede expresar, solo sentir. Para el autor, el amor no es como una enfermedad ya que en sus poemas celebra el amor y nos invita a disfrutarlo como algo placentero; y si bien, en Amatorium el amor es lo irracional, se intenta expresarlo a través de la poesía, ya que por medio de un lenguaje estándar no le sería posible. Entonces, para el poeta de Amatorium el amor es lo que embriaga, es lo que lleva al éxtasis, es la pasión y la locura, no es para nada algo racional.

MUJER Y NATURA
En estos poemas de amor erótico, los amantes son los protagonistas, pero, sobre todo, lo es la amada. La mujer amada está siempre dotada de una belleza comparable a la beldad de la naturaleza, ya que muchas de las figuras que compone aluden a escenas de la naturaleza, como señalar  “el olor a violeta” de la amada o asemejarla a “una rama silvestre”, o comparar su voz con la de un jilguero, así como llamarla “ninfa” u “ondina”, que si bien estos personajes pertenecen a una categoría cultural son conocidos como seres divinos muy relacionados con los bosques y con lo natural. La belleza de la amada no es fugaz, sino más bien trascendente, es una belleza que va más allá de la muerte, que vence a la propia muerte, como se puede apreciar en “Tu urna” o en “Con piedad y celo”, al igual  que el amor que canta el amante, que tampoco termina con la muerte, sino que la trasciende y va más allá. 

El mismo lugar donde se aman los amantes nos recuerda a un paisaje de ensueño, como los modernistas, pero en algunos poemas, más bien se podría asimilar el espacio de encuentro de los amantes a un locus amoenus, a un paisaje natural y armonioso. Por supuesto, el amante es el admirador de la belleza de la mujer y a través de él somos partícipes de cada escena amorosa, él es nuestro guía, a través de quién conocemos el amor que atraviesa estos poemas; sin embargo, en estos poemas la amada no es siempre un ente estático que solo está ahí para dejarse admirar, sino que también es parte de un diálogo, y el poeta le da voz para expresar su sentir, ya sea su rechazo o aceptación de los halagos del amante.

Claro está que si bien los versos de Amatorium celebran el amor erótico, en algunas ocasiones este amor se torna oscuro, como en “Mustio corazón”, en el que se expresa  un desamor por desilusión, en el que la bella amada pasa de ser lo más bello de la naturaleza a ser “espina” y “borrasca”, y poseedora de una gran insensibilidad. Aunque esta situación se da en muy pocos poemas.
AMOR A LO DIVINO
No quiero dejar de comentar acerca de los poemas relacionados con el amor a la divinidad.  El dios del que nos habla el poeta, es un dios creador de todo lo terrenal, así como creador del propio  hombre, y esta creación es entendida como un misterio, pero como un misterio grato, tal como reza el título de unos de sus poemas. La figura de Dios es utilizada en estos poemas para representar, para exponer la mortalidad del hombre por contraposición de la eternidad de Dios, en esta comparación lo efímero de la vida se nos presenta con horror, los seres humanos son descritos como seres  “breves y falsos” en su poema “Misterio grato”, y es por eso que se le reclama fortaleza a lo divino para aprovechar la finita vida y  no ser tentado, para a pesar de ser breve, no ser tan falsos.

LA MUERTE
Junto con la tensión entre lo eterno y lo efímero, se halla representada en los poemas la tensión entre la vida y la muerte, que ya mencioné más arriba. Pero ahora quiero profundizar un poco más hablando sobre el tema  biográfico, como en los poemas “En este vuelo terrenal”, “Corazón” y “Presentimientos”, en los que el poeta pretende dar una mirada a toda su vida desde su finitud, y expresa pasajes de su vida, al mismo tiempo que hace hincapié en que su vida es efímera, pero a pesar de esa limitación intenta  exponernos su vida y la muerte futura en conjunto. Sin embargo, en estos poemas la muerte no es un futuro que aterroriza totalmente, y tampoco es lo que deja sin esperanza al ser humano, sino que hay algo que la suaviza, o en otras palabras, hay algo que da fuerza al ser humano para enfrentarla sin temor y con esperanza, ese algo es el poder de trascender la muerte, y  para el poeta es el amor el que alcanza trascender la muerte, como en “¡Salve espíritu!”, dice “nuestro amor no irá al sepulcro jamás”, y yendo más allá, en los versos de Amatorium el amor se muestra tan eterno como Dios, soñar con el amor es soñar con la eternidad, el amor es comparable con Dios en tanto que ambos son eternos, el amor no ha tenido que ser creado sino que es algo tan divino que ha estado ahí desde siempre.

AMOR Y TRASCENDENCIA
Entonces, Amatorium es un libro de poemas llenos de musicalidad, que reflejan una búsqueda de la belleza armónica de la expresión a través de la poesía, en el que recorren los temas del amor erótico, el amor divino y el tema biográfico, estos tres principalmente, aunque se puede hallar otros como el tema del sueño o el consejo a sus lectores como en “Admonición”. Sin duda, el amor es el protagonista de esta obra cargada de elementos de la naturaleza que compara con la figura femenina de la amada, aquí el amor es lo que se celebra, a lo que cantan los amantes desde su experiencia terrenal; pero, también, el amor está dotado de una categoría divina, es precisamente la acción del ser humano que puede trascender.
PUCP, 19 de abril del 2012

2
UN POEMARIO A CONTRACORRIENTE
Luis Enrique Alvizuri

NEO-ROMANTICISMO
El filósofo y escritor Gustavo Flores Quelopana nos vuelve a presentar otra de sus obras en su ya vasto bagaje literario tratándose esta vez de un poemario al que ha intitulado Amatorium. Tal como se señala en la reseña, este trabajo pretende ser “…un tránsito hacia un neo romanticismo que sintetiza el alma introvertida y nostálgica del indio taciturno con la pasión desbordante y galante del hispanoamericano, alma a su vez angustiada por la apocalipsis moral y climática de la posmodernidad”.

MÁS ALLÁ DEL DESEO CARNAL
Esta misma presentación nos anuncia un eje temático que no necesariamente se circunscribe al interés hacia el sexo femenino sino que esencialmente se centra en las más hondas preocupaciones del ser humano, algo que abarca aspectos que van más allá del drama personal del deseo carnal.

Toda creación es la huella en el caminar de un ser, es su firma por la cual es posible descifrar un mundo interior siempre cerrado y desconocido a los sentidos. En el caso de Flores Quelopana, este poemario nos revela una vez más al hombre que desde un principio se ha dado a conocer como un profundo pensador y analista, típica actitud que caracteriza a los filósofos. Porque Flores Quelopana es un filósofo, y aún cuando haga una poesía que intenta dirigirse aparentemente a la mujer, no puede desligarse de su esencia natural que es la filosofía. Quien escribe estas líneas comparte con él este mismo oficio por eso le es más asequible entenderlo. Bastaría con comparar alguna de sus líneas con lo que comúnmente se entiende por poesía para vislumbrar que su estro no se agota en solo la perecedera carne o en los recuerdos sensoriales de lejanas caricias sino que se entrecruzan con los principales hilos que mueven su espíritu: la mística y reflexión.
PASION, FE Y DESTINO
Cada uno de los 54 poemas insertos en este libro contienen una mezcla peculiar de estos tres orígenes: la pasión humana y personal, la búsqueda de una trascendencia mediante la fe y la preocupación permanente por el desarrollo y destino de toda la especie humana.

Esta clase de expresiones nos remite de algún modo a la poesía mística española del siglo XVII con San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús donde el objetivo de las ansiedades y esperanzas son siempre Dios como iluminación y anhelo pero por intermedio de la experiencia mundana. El mismo vocablo Amatorium que sirve de título nos advierte que el poeta intenta ubicarse en un plano que no es precisamente el moderno sino, todo lo contrario, uno más cercano a un romanticismo tardío.

REBELION AL MINIMALISMO ACTUAL
A un lector contemporáneo puede resultarle extraña o hasta obsoleta esta actitud pues se nota claramente que se retoman los valores del pasado premoderno donde aún no había calado el pragmatismo y el uso de la palabra llana, casi vulgar, para la manifestación sublime. Aún más, la poesía actual justamente se esmera en negar todo tipo de elevación puesto que se agota en el consumo inmediato del placer terrenal y rechaza todo aquello que se proyecte más allá de la utilidad. Lejos de la mirada vallejiana o la dimensión de Eguren, los poetas del siglo XX y XXI, influenciados por el ritmo y los horizontes de la sociedad de mercado y sus parámetros, sobredimensionan su propio ser, que toman como centro para su sentir, y se abocan desesperadamente en transmitir su individuismo muchas veces carente de la mayor profundidad puesto que de allí está erradicada la proyección ultraterrena y metafísica. Se puede decir que la poesía moderna se indefendió de la agresión del sistema y se enconchabó en sus propios miedos y frustraciones sin lograr sacar la cabeza más allá de la realidad que el mundo material del consumo permite. Los intentos socialistas del siglo pasado quedaron en el olvido en medio de un triste convencimiento que poetizar es solo sufrir lánguidamente de impotencia.

Flores Quelopana pareciera rebelarse ante ese desencanto y minimalismo de hoy, en donde prima lo crematístico y comercial en desmedro de las manifestaciones del espíritu, y recurre a un pasado que para él estuvo pleno de contenido, de ahí se desprende el que encontremos términos que nadie ahora se atrevería a emplear por temor a la calificación de “arcaico”.

Palabras como bermejo, céfiro, áureo, bergamasco, prístina, brezo, arrobada, inmarcesible, vesperal, zarzal, oráculo, argénteo y muchas más por el estilo navegan sin pudor por sus versos, haciendo caso omiso a los posibles críticos dispuestos a ubicarlo en el gabinete de lo pasatista y falto de originalidad. Es cierto que al lector del siglo XXI tales voces le sonarán a palimpsesto, más apropiado para exégetas que para personas atareadas y atosigadas por los medios masivos y estupidizantes actuales, pero habría que preguntarse si no existirá detrás de esto una forma sutil de protesta ante un sistema que ha deshumanizado al humano y ha desacralizado a lo sagrado.

Mientras que para el pensamiento oficial, propio de Wall Street, la realidad es res, cosa, en Flores el Universo retoma sus antiguas vestiduras y se plaga de dioses y luces expulsadas por las nociones cartesianas y por el agiotismo fenicio de los anglosajones y banqueros judíos. Se podría incluso semejar a la última gran marcha anti moderna habida en el siglo XX cuando un grupo de intelectuales propuso el retorno a la naturaleza como cura para esta enfermedad creando el frustrado movimiento hippie.

MÍSTICA
Los aires místicos con los que se arropa el erotismo del poeta se rebelan desde los mismos títulos de los poemas como: Ángelus, En este vuelo terrenal…, Ángel exterminador, Misterio grato, Se lo di al cielo, ¡Salve espíritu!, Deo gratia, Sueña eternidad, Alma herida, Con piedad y celo, Cielo silente, Milagros. Y si hablamos del estilo nada extraño le será éste para quien esté acostumbrado al manejo de la Biblia encontrar un claro ritmo salmódico que se repite con frecuencia en muchos de los poemas. Se puede citar Cielo silente cuando dice:
“En los límites del cielo silente,/ pienso en ti, Marta mía./ Atesoro cuando ensortijabas tu cabello/ al advertir que te miraba./ Y mis ojos te hacían toda mía,/ y yo existía porque tú lo sentías. En los límites del cielo silente, / pienso en ti, Marta mía.”
O también Corazón:
“He vivido al galope, / de querencias y pasiones. / Descarnando mundos sin posesiones, / como tábano valiente/ amé volando la vida, / pegando tenazmente/ mi prolongada nariz, / donde de incienso y pólvora/ se enciende la poderosa frente. He vivido al galope, / de querencias y pasiones.”

Y siguiendo con las ineludibles menciones teológicas podemos referirnos a Impureza pura, en el que convergen la simbología cristiana y la ansiedad corporal:

“¡Oh impureza pura, de manos santas!/ Y en aquella hora fría,/ de lujuria, bacanal y vergel,/ vi aquella mujer enclavada en su cruz,/ ocultando en su seno un cirio de luz.” También lo hallamos en ¡Muerte! ¿Dónde está tu corazón?: “¡Muerte! ¿Dónde está tu corazón?/ Yo comprendo tu maléfico veneno, / más, serán rotas las cadenas de tu cieno,/ cuando la Eternidad te haya besado.”

Una más sería Misterio grato: “Dame Señor, las cosas temporales para usar/ y las celestiales para desear, porque/ sólo visitados por ti, vivimos y somos levantados. / Es un misterio grato, que Dios haya amado/ la idea de la existencia del hombre.”

EFECTO DE CONTRASTE
Como se ve, la presencia del complejo mundo de la fe se inmiscuye entre las miradas, los perfumes y los balcones que son materia tradicional de la poesía romántica y finisecular de los inicios de la modernidad. Podría objetarse que se trata de una obra calcada de viejos libros novecentistas españoles parodiando esto a un febril Quijote que se embriaga de ciertas lecturas hasta hacerlas suyas. Quizá. Pero viniendo de un escritor de ensayos de filosofía acostumbrado a la crítica profunda y al detalle escondido es imposible creerlo, por lo que es más que seguro que esa ha sido la intención del autor: la utilización de figuras literarias en desuso para causar el efecto de contraste, yendo en contra de las modas y los convencionalismos para los que en la poesía lo más importante es la libertad total del verso al punto que ha devenido en caótica, dispersa e incomprensible.

Al perder todos los referentes absolutos (Dios, la belleza, la reflexión filosófica, la armonía) la poesía moderna se ha desvanecido en las aguas turbulentas del ruido y el apurado frenesí de los compromisos laborales que no dan tiempo más que para ver televisión para coger el sueño. Flores Quelopana pareciera haberse enviado a sí mismo al pasado, cual novela de ciencia ficción, y con levita y pañuelo estuviese al pie de una ventana señorial engalanando a una dama cuyos únicos atributos son el ser fémina y estar en edad de merecer.

EL INGREDIENTE FILOSÓFICO
Pero un tercer elemento que completa la trilogía de ingredientes en este poemario es el filosófico en donde, junto con el halago y la exultación de la belleza física, se entremezclan reflexiones y pensamientos obviamente muy necesarios para el propio autor aunque probablemente no tanto para la supuesta receptora de sus versos. Como muestra se puede citar un fragmento de Presentimientos:
“La soñé como mi único tesoro y desde/ Mis adentros digo: ¡Eso es vivir para no morir! Que la única eterna juventud/ Es la que ganamos con el oro de las ilusiones. Amén.” También en Bella Taylor encontramos: “No indagues el secreto, ni busques la verdad, Porque desde los hondos valles hasta la altas cimas/ La fuente más pura encuentra siempre légamo al pie,…” Y en Con piedad y cielo: “Yacía bella, angelical en el funeral, / con sus hermosos ojos cerrados, / en contrito réquiem ritual, / dulce descansaba mi amada.”

Igualmente no se puede ignorar que existen toques clásicos que hacen recordar a poetas como Shakespeare en el caso de Alma herida: “¿Qué conducta es digna para un alma herida?/ Sufrir los dardos sórdidos y tiros del desamor, / un breve mes, un breve día, / luego me buscas con amorosa hambre,…” O en el de Epitafio: “¡Nadie ose perturbar esta tumba! Aquí yace con las cuencas vacías/ un cráneo de selvas foscas, / un corazón que ardió como fuego, / dos manos que se extendieron como garras, / un cadáver que sorbió el fragante veneno”. También hay pasajes logrados que tienen un peso significativo propio como en La soledad: “Yo lo sé, y lo digo con lagrimones, / Tú partiste antes, / porque la soledad/ era más mi compañera, Y es cierto.” O en el mismo poema: La vida es como un sueño, / un día llegamos sin saber ni prever, / y al otro levantamos velas sabiendo/ menos de lo que creemos.”

VERSOS LOGRADOS
Pero si hubiera que destacar un poema, entre varios, podría resaltarse el titulado No te quiero. “Si me buscaba, mañana tarde y noche/ la suave ninfa de los bosques, / me preguntaba yo si su aroma a violeta/ sentía atracción por un viejo roble. / Terminé queriéndola como bestia irracional, / sin concretos y vibrando a puro sentimiento, / sin reparar que un diente de sierpe, / se hundía sin cariño en mi agreste añoranza. / Sus piececitos hechiceros/ dejaron el rosal deshecho, ella/ como criatura errante, amarga doncella, me espetó con rostro indecible: / “Uf, no te quiero ¡Vejete!/ Mi débil corazón perdió sus compás./ ¡No más!… ¡Oh, nunca más!”

Tampoco se puede desdeñar lo logrado en materia netamente erótica, como en el titulado Tu cabello: ¡Ay de mi —repuso ella—/ Y con su mano de nácar/ accedió a mi ruego,/ con el meñique dio un capirotazo,/ y el moño deshecho dejó llover/ en cascada hasta la espalda,/ una lisa y radiante cabellera negra”.

Por otro lado, a pesar de lo reseñado en la contratapa es muy poco lo que de raíz andina se puede encontrar en el poemario; apenas algunas expresiones como ayacuchana, amaranto o Ande. Abundan más bien las de claro origen hispánico, razón por la cual ciertas palabras hacen recordar a las obras clásicas del llamado Siglo de Oro. Y si de poesía peruana se trata en el poema titulado Lleno de años se hace una clara referencia a Eguren: “Cual Diana trépida de albos lirios / como guirnalda festiva, / alegre vive la fugitiva, / derrochando rutilante juventud. /”

INTERROGANTES
Amatorium es una obra que suscita justificables preguntas en el lector quien de primera intención puede pensar que está ante un texto extemporáneo, pero al leerse con el debido detenimiento que toda poesía requiere se entenderá cuáles han sido las causas de su existencia y entre ellas parecen estar, como ya se dijo, una modernidad en vías de extinción incapaz de reflejar con palabras algún atisbo de belleza, lo que ocasiona en espíritus sensibles como el de Flores Quelopana, un rechazo asqueado por la manera cómo se ha privado a la vida y al mundo de su valor intrínseco para dárselo todo a la ley de la oferta y demanda, convirtiendo la existencia en un proceso de compra y venta.

Flores Quelopana, con Amatorium, hace caso omiso a estos cantos de muerte y crea su propio mundo donde el pasado y el presente se hacen uno cohabitando en un mismo momento atemporal. Es por ello que su lectura no es fácil para ojos acostumbrados a la literatura de poca exigencia. 

  PUCP, 19 de abril del 2012

ESTUDIO PRELIMINAR



1
AMOR Y TRASCENDENCIA
Diana Maceda/PUCP
Lic. Literatura

Me complace comentar el nuevo libro de Gustavo Flores Quelopana, Amatorium,  porque dentro del Colectivo interdisciplinario TXT, al cual pertenezco, siempre hemos sido suspicaces frente a las ideas y teorías posmodernas, y además siempre queremos conocer a personas que enfrenten con coherencia estas ideas, y Flores Quelopana  es un escritor  que propone una fuerte crítica contra esta corriente.

ESTILO MODERNISTA
Ahora, yendo directamente al poemario, debo confesar que la primera vez que lo leí  me extrañó un tanto la forma en que se expresaba en sus poemas ya que no me parecía un estilo muy actual, sino que más bien  me recordaba más al estilo modernista. Y tuve como primera impresión que no había tomado mucho en cuenta los aportes de la vanguardia a la poesía, luego tuve la oportunidad de consultarle esta duda y efectivamente, la vanguardia no es su etapa preferida de la historia del arte. Más bien, me confesó que para él Rafael Alberti había sido una gran influencia, y creo que, en general, los de la Generación del 27 de España, como Pedro Salinas, Jorge Guillén, García Lorca, entre otros.
En Amatorium, a pesar de que cada poema no encaja en una forma poética determinada o de no existir rima en cada verso, cada poema tiene un ritmo y una musicalidad propia, en cada poema se puede percibir un ritmo propio, se puede aprehender una estructura que ha sido construida con esmero, con cuidado de cada verso y palabra que se emplea para darles una adecuada intensidad.

BELLEZA CLÁSICA
Flores Quelopana busca, en cada poemario que escribe, la belleza de las palabras,  la belleza de la expresión, para esto él se aleja de nuestra habla llana, de las palabras coloquiales, pero no por eso es un escritor oscuro, para nada, no se va a un extremo, creo más bien que se expresa claramente, y esa belleza que busca lo consigue al colocar determinadas palabras en un orden preciso escogido por él. La belleza que se busca es una belleza relacionada con lo armónico, es una belleza clásica. Pero, como dije antes, su búsqueda de la belleza de la expresión no oscurece las palabras y mucho menos les quita su sencillez.

TEMÁTICA
Este conjunto de poemas le canta, obviamente,  al amor, y si queremos hablar con más precisión, diría que le canta al amor erótico, al amor de pareja, al amor de los amantes. Aunque, el amor a la divinidad, reflejado en los poemas como “Deo Gratia” o “Misterio Grato”, también impone su presencia. Otro de los temas es su propia vida, el autor pretende comprender en unos pocos versos toda su vida, como en “Corazón”, en el que se figura un tábano valiente, o como en “En este vuelo terrenal”, donde expresa “mi corazón late duro como tambor”. No puedo dejar de anotar que también es perceptible la tensión entre la vida y la muerte muy presente en estos poemas de corte biográfico, pero de eso trataré más adelante. Asimismo, el tema del sueño también ronda en varios de los poemas, a través del sueño se expresan visiones con un poder anunciador que puede causar pavor en el soñador, como en “Ángel exterminador”, pero también se puede soñar con algo hermoso como el amor como en “Sueña eternidad” pero, a pesar de soñar  con amar, el sueño no deja de ser lo desconocido e incomprensible, y por lo tanto, peligroso.

CELEBRACIÓN DEL AMOR ERÓTICO
Ahora, volviendo al tema amoroso, al amor erótico. Toca preguntarnos qué es el amor en estos poemas. Recordemos que para algunos poetas el amor es entendido como una enfermedad, aquí podría mencionar a Safo, o, en otros casos, el amor se comprende como algo que no se puede expresar, solo sentir. Para el autor, el amor no es como una enfermedad ya que en sus poemas celebra el amor y nos invita a disfrutarlo como algo placentero; y si bien, en Amatorium el amor es lo irracional, se intenta expresarlo a través de la poesía, ya que por medio de un lenguaje estándar no le sería posible. Entonces, para el poeta de Amatorium el amor es lo que embriaga, es lo que lleva al éxtasis, es la pasión y la locura, no es para nada algo racional.

MUJER Y NATURA
En estos poemas de amor erótico, los amantes son los protagonistas, pero, sobre todo, lo es la amada. La mujer amada está siempre dotada de una belleza comparable a la beldad de la naturaleza, ya que muchas de las figuras que compone aluden a escenas de la naturaleza, como señalar  “el olor a violeta” de la amada o asemejarla a “una rama silvestre”, o comparar su voz con la de un jilguero, así como llamarla “ninfa” u “ondina”, que si bien estos personajes pertenecen a una categoría cultural son conocidos como seres divinos muy relacionados con los bosques y con lo natural. La belleza de la amada no es fugaz, sino más bien trascendente, es una belleza que va más allá de la muerte, que vence a la propia muerte, como se puede apreciar en “Tu urna” o en “Con piedad y celo”, al igual  que el amor que canta el amante, que tampoco termina con la muerte, sino que la trasciende y va más allá. 

El mismo lugar donde se aman los amantes nos recuerda a un paisaje de ensueño, como los modernistas, pero en algunos poemas, más bien se podría asimilar el espacio de encuentro de los amantes a un locus amoenus, a un paisaje natural y armonioso. Por supuesto, el amante es el admirador de la belleza de la mujer y a través de él somos partícipes de cada escena amorosa, él es nuestro guía, a través de quién conocemos el amor que atraviesa estos poemas; sin embargo, en estos poemas la amada no es siempre un ente estático que solo está ahí para dejarse admirar, sino que también es parte de un diálogo, y el poeta le da voz para expresar su sentir, ya sea su rechazo o aceptación de los halagos del amante.

Claro está que si bien los versos de Amatorium celebran el amor erótico, en algunas ocasiones este amor se torna oscuro, como en “Mustio corazón”, en el que se expresa  un desamor por desilusión, en el que la bella amada pasa de ser lo más bello de la naturaleza a ser “espina” y “borrasca”, y poseedora de una gran insensibilidad. Aunque esta situación se da en muy pocos poemas.
AMOR A LO DIVINO
No quiero dejar de comentar acerca de los poemas relacionados con el amor a la divinidad.  El dios del que nos habla el poeta, es un dios creador de todo lo terrenal, así como creador del propio  hombre, y esta creación es entendida como un misterio, pero como un misterio grato, tal como reza el título de unos de sus poemas. La figura de Dios es utilizada en estos poemas para representar, para exponer la mortalidad del hombre por contraposición de la eternidad de Dios, en esta comparación lo efímero de la vida se nos presenta con horror, los seres humanos son descritos como seres  “breves y falsos” en su poema “Misterio grato”, y es por eso que se le reclama fortaleza a lo divino para aprovechar la finita vida y  no ser tentado, para a pesar de ser breve, no ser tan falsos.

LA MUERTE
Junto con la tensión entre lo eterno y lo efímero, se halla representada en los poemas la tensión entre la vida y la muerte, que ya mencioné más arriba. Pero ahora quiero profundizar un poco más hablando sobre el tema  biográfico, como en los poemas “En este vuelo terrenal”, “Corazón” y “Presentimientos”, en los que el poeta pretende dar una mirada a toda su vida desde su finitud, y expresa pasajes de su vida, al mismo tiempo que hace hincapié en que su vida es efímera, pero a pesar de esa limitación intenta  exponernos su vida y la muerte futura en conjunto. Sin embargo, en estos poemas la muerte no es un futuro que aterroriza totalmente, y tampoco es lo que deja sin esperanza al ser humano, sino que hay algo que la suaviza, o en otras palabras, hay algo que da fuerza al ser humano para enfrentarla sin temor y con esperanza, ese algo es el poder de trascender la muerte, y  para el poeta es el amor el que alcanza trascender la muerte, como en “¡Salve espíritu!”, dice “nuestro amor no irá al sepulcro jamás”, y yendo más allá, en los versos de Amatorium el amor se muestra tan eterno como Dios, soñar con el amor es soñar con la eternidad, el amor es comparable con Dios en tanto que ambos son eternos, el amor no ha tenido que ser creado sino que es algo tan divino que ha estado ahí desde siempre.

AMOR Y TRASCENDENCIA
Entonces, Amatorium es un libro de poemas llenos de musicalidad, que reflejan una búsqueda de la belleza armónica de la expresión a través de la poesía, en el que recorren los temas del amor erótico, el amor divino y el tema biográfico, estos tres principalmente, aunque se puede hallar otros como el tema del sueño o el consejo a sus lectores como en “Admonición”. Sin duda, el amor es el protagonista de esta obra cargada de elementos de la naturaleza que compara con la figura femenina de la amada, aquí el amor es lo que se celebra, a lo que cantan los amantes desde su experiencia terrenal; pero, también, el amor está dotado de una categoría divina, es precisamente la acción del ser humano que puede trascender.
PUCP, 19 de abril del 2012

2
UN POEMARIO A CONTRACORRIENTE
Luis Enrique Alvizuri
Filósofo y poeta

NEO-ROMANTICISMO
El filósofo y escritor Gustavo Flores Quelopana nos vuelve a presentar otra de sus obras en su ya vasto bagaje literario tratándose esta vez de un poemario al que ha intitulado Amatorium. Tal como se señala en la reseña, este trabajo pretende ser “…un tránsito hacia un neo romanticismo que sintetiza el alma introvertida y nostálgica del indio taciturno con la pasión desbordante y galante del hispanoamericano, alma a su vez angustiada por la apocalipsis moral y climática de la posmodernidad”.

MÁS ALLÁ DEL DESEO CARNAL
Esta misma presentación nos anuncia un eje temático que no necesariamente se circunscribe al interés hacia el sexo femenino sino que esencialmente se centra en las más hondas preocupaciones del ser humano, algo que abarca aspectos que van más allá del drama personal del deseo carnal.

Toda creación es la huella en el caminar de un ser, es su firma por la cual es posible descifrar un mundo interior siempre cerrado y desconocido a los sentidos. En el caso de Flores Quelopana, este poemario nos revela una vez más al hombre que desde un principio se ha dado a conocer como un profundo pensador y analista, típica actitud que caracteriza a los filósofos. Porque Flores Quelopana es un filósofo, y aún cuando haga una poesía que intenta dirigirse aparentemente a la mujer, no puede desligarse de su esencia natural que es la filosofía. Quien escribe estas líneas comparte con él este mismo oficio por eso le es más asequible entenderlo. Bastaría con comparar alguna de sus líneas con lo que comúnmente se entiende por poesía para vislumbrar que su estro no se agota en solo la perecedera carne o en los recuerdos sensoriales de lejanas caricias sino que se entrecruzan con los principales hilos que mueven su espíritu: la mística y reflexión.
PASION, FE Y DESTINO
Cada uno de los 54 poemas insertos en este libro contienen una mezcla peculiar de estos tres orígenes: la pasión humana y personal, la búsqueda de una trascendencia mediante la fe y la preocupación permanente por el desarrollo y destino de toda la especie humana.

Esta clase de expresiones nos remite de algún modo a la poesía mística española del siglo XVII con San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús donde el objetivo de las ansiedades y esperanzas son siempre Dios como iluminación y anhelo pero por intermedio de la experiencia mundana. El mismo vocablo Amatorium que sirve de título nos advierte que el poeta intenta ubicarse en un plano que no es precisamente el moderno sino, todo lo contrario, uno más cercano a un romanticismo tardío.

REBELION AL MINIMALISMO ACTUAL
A un lector contemporáneo puede resultarle extraña o hasta obsoleta esta actitud pues se nota claramente que se retoman los valores del pasado premoderno donde aún no había calado el pragmatismo y el uso de la palabra llana, casi vulgar, para la manifestación sublime. Aún más, la poesía actual justamente se esmera en negar todo tipo de elevación puesto que se agota en el consumo inmediato del placer terrenal y rechaza todo aquello que se proyecte más allá de la utilidad. Lejos de la mirada vallejiana o la dimensión de Eguren, los poetas del siglo XX y XXI, influenciados por el ritmo y los horizontes de la sociedad de mercado y sus parámetros, sobredimensionan su propio ser, que toman como centro para su sentir, y se abocan desesperadamente en transmitir su individuismo muchas veces carente de la mayor profundidad puesto que de allí está erradicada la proyección ultraterrena y metafísica. Se puede decir que la poesía moderna se indefendió de la agresión del sistema y se enconchabó en sus propios miedos y frustraciones sin lograr sacar la cabeza más allá de la realidad que el mundo material del consumo permite. Los intentos socialistas del siglo pasado quedaron en el olvido en medio de un triste convencimiento que poetizar es solo sufrir lánguidamente de impotencia.

Flores Quelopana pareciera rebelarse ante ese desencanto y minimalismo de hoy, en donde prima lo crematístico y comercial en desmedro de las manifestaciones del espíritu, y recurre a un pasado que para él estuvo pleno de contenido, de ahí se desprende el que encontremos términos que nadie ahora se atrevería a emplear por temor a la calificación de “arcaico”.

Palabras como bermejo, céfiro, áureo, bergamasco, prístina, brezo, arrobada, inmarcesible, vesperal, zarzal, oráculo, argénteo y muchas más por el estilo navegan sin pudor por sus versos, haciendo caso omiso a los posibles críticos dispuestos a ubicarlo en el gabinete de lo pasatista y falto de originalidad. Es cierto que al lector del siglo XXI tales voces le sonarán a palimpsesto, más apropiado para exégetas que para personas atareadas y atosigadas por los medios masivos y estupidizantes actuales, pero habría que preguntarse si no existirá detrás de esto una forma sutil de protesta ante un sistema que ha deshumanizado al humano y ha desacralizado a lo sagrado.

Mientras que para el pensamiento oficial, propio de Wall Street, la realidad es res, cosa, en Flores el Universo retoma sus antiguas vestiduras y se plaga de dioses y luces expulsadas por las nociones cartesianas y por el agiotismo fenicio de los anglosajones y banqueros judíos. Se podría incluso semejar a la última gran marcha anti moderna habida en el siglo XX cuando un grupo de intelectuales propuso el retorno a la naturaleza como cura para esta enfermedad creando el frustrado movimiento hippie.

MÍSTICA
Los aires místicos con los que se arropa el erotismo del poeta se rebelan desde los mismos títulos de los poemas como: Ángelus, En este vuelo terrenal…, Ángel exterminador, Misterio grato, Se lo di al cielo, ¡Salve espíritu!, Deo gratia, Sueña eternidad, Alma herida, Con piedad y celo, Cielo silente, Milagros. Y si hablamos del estilo nada extraño le será éste para quien esté acostumbrado al manejo de la Biblia encontrar un claro ritmo salmódico que se repite con frecuencia en muchos de los poemas. Se puede citar Cielo silente cuando dice:
“En los límites del cielo silente,/ pienso en ti, Marta mía./ Atesoro cuando ensortijabas tu cabello/ al advertir que te miraba./ Y mis ojos te hacían toda mía,/ y yo existía porque tú lo sentías. En los límites del cielo silente, / pienso en ti, Marta mía.”
O también Corazón:
“He vivido al galope, / de querencias y pasiones. / Descarnando mundos sin posesiones, / como tábano valiente/ amé volando la vida, / pegando tenazmente/ mi prolongada nariz, / donde de incienso y pólvora/ se enciende la poderosa frente. He vivido al galope, / de querencias y pasiones.”

Y siguiendo con las ineludibles menciones teológicas podemos referirnos a Impureza pura, en el que convergen la simbología cristiana y la ansiedad corporal:

“¡Oh impureza pura, de manos santas!/ Y en aquella hora fría,/ de lujuria, bacanal y vergel,/ vi aquella mujer enclavada en su cruz,/ ocultando en su seno un cirio de luz.” También lo hallamos en ¡Muerte! ¿Dónde está tu corazón?: “¡Muerte! ¿Dónde está tu corazón?/ Yo comprendo tu maléfico veneno, / más, serán rotas las cadenas de tu cieno,/ cuando la Eternidad te haya besado.”

Una más sería Misterio grato: “Dame Señor, las cosas temporales para usar/ y las celestiales para desear, porque/ sólo visitados por ti, vivimos y somos levantados. / Es un misterio grato, que Dios haya amado/ la idea de la existencia del hombre.”

EFECTO DE CONTRASTE
Como se ve, la presencia del complejo mundo de la fe se inmiscuye entre las miradas, los perfumes y los balcones que son materia tradicional de la poesía romántica y finisecular de los inicios de la modernidad. Podría objetarse que se trata de una obra calcada de viejos libros novecentistas españoles parodiando esto a un febril Quijote que se embriaga de ciertas lecturas hasta hacerlas suyas. Quizá. Pero viniendo de un escritor de ensayos de filosofía acostumbrado a la crítica profunda y al detalle escondido es imposible creerlo, por lo que es más que seguro que esa ha sido la intención del autor: la utilización de figuras literarias en desuso para causar el efecto de contraste, yendo en contra de las modas y los convencionalismos para los que en la poesía lo más importante es la libertad total del verso al punto que ha devenido en caótica, dispersa e incomprensible.

Al perder todos los referentes absolutos (Dios, la belleza, la reflexión filosófica, la armonía) la poesía moderna se ha desvanecido en las aguas turbulentas del ruido y el apurado frenesí de los compromisos laborales que no dan tiempo más que para ver televisión para coger el sueño. Flores Quelopana pareciera haberse enviado a sí mismo al pasado, cual novela de ciencia ficción, y con levita y pañuelo estuviese al pie de una ventana señorial engalanando a una dama cuyos únicos atributos son el ser fémina y estar en edad de merecer.

EL INGREDIENTE FILOSÓFICO
Pero un tercer elemento que completa la trilogía de ingredientes en este poemario es el filosófico en donde, junto con el halago y la exultación de la belleza física, se entremezclan reflexiones y pensamientos obviamente muy necesarios para el propio autor aunque probablemente no tanto para la supuesta receptora de sus versos. Como muestra se puede citar un fragmento de Presentimientos:
“La soñé como mi único tesoro y desde/ Mis adentros digo: ¡Eso es vivir para no morir! Que la única eterna juventud/ Es la que ganamos con el oro de las ilusiones. Amén.” También en Bella Taylor encontramos: “No indagues el secreto, ni busques la verdad, Porque desde los hondos valles hasta la altas cimas/ La fuente más pura encuentra siempre légamo al pie,…” Y en Con piedad y cielo: “Yacía bella, angelical en el funeral, / con sus hermosos ojos cerrados, / en contrito réquiem ritual, / dulce descansaba mi amada.”

Igualmente no se puede ignorar que existen toques clásicos que hacen recordar a poetas como Shakespeare en el caso de Alma herida: “¿Qué conducta es digna para un alma herida?/ Sufrir los dardos sórdidos y tiros del desamor, / un breve mes, un breve día, / luego me buscas con amorosa hambre,…” O en el de Epitafio: “¡Nadie ose perturbar esta tumba! Aquí yace con las cuencas vacías/ un cráneo de selvas foscas, / un corazón que ardió como fuego, / dos manos que se extendieron como garras, / un cadáver que sorbió el fragante veneno”. También hay pasajes logrados que tienen un peso significativo propio como en La soledad: “Yo lo sé, y lo digo con lagrimones, / Tú partiste antes, / porque la soledad/ era más mi compañera, Y es cierto.” O en el mismo poema: La vida es como un sueño, / un día llegamos sin saber ni prever, / y al otro levantamos velas sabiendo/ menos de lo que creemos.”

VERSOS LOGRADOS
Pero si hubiera que destacar un poema, entre varios, podría resaltarse el titulado No te quiero. “Si me buscaba, mañana tarde y noche/ la suave ninfa de los bosques, / me preguntaba yo si su aroma a violeta/ sentía atracción por un viejo roble. / Terminé queriéndola como bestia irracional, / sin concretos y vibrando a puro sentimiento, / sin reparar que un diente de sierpe, / se hundía sin cariño en mi agreste añoranza. / Sus piececitos hechiceros/ dejaron el rosal deshecho, ella/ como criatura errante, amarga doncella, me espetó con rostro indecible: / “Uf, no te quiero ¡Vejete!/ Mi débil corazón perdió sus compás./ ¡No más!… ¡Oh, nunca más!”

Tampoco se puede desdeñar lo logrado en materia netamente erótica, como en el titulado Tu cabello: ¡Ay de mi —repuso ella—/ Y con su mano de nácar/ accedió a mi ruego,/ con el meñique dio un capirotazo,/ y el moño deshecho dejó llover/ en cascada hasta la espalda,/ una lisa y radiante cabellera negra”.

Por otro lado, a pesar de lo reseñado en la contratapa es muy poco lo que de raíz andina se puede encontrar en el poemario; apenas algunas expresiones como ayacuchana, amaranto o Ande. Abundan más bien las de claro origen hispánico, razón por la cual ciertas palabras hacen recordar a las obras clásicas del llamado Siglo de Oro. Y si de poesía peruana se trata en el poema titulado Lleno de años se hace una clara referencia a Eguren: “Cual Diana trépida de albos lirios / como guirnalda festiva, / alegre vive la fugitiva, / derrochando rutilante juventud. /”

INTERROGANTES
Amatorium es una obra que suscita justificables preguntas en el lector quien de primera intención puede pensar que está ante un texto extemporáneo, pero al leerse con el debido detenimiento que toda poesía requiere se entenderá cuáles han sido las causas de su existencia y entre ellas parecen estar, como ya se dijo, una modernidad en vías de extinción incapaz de reflejar con palabras algún atisbo de belleza, lo que ocasiona en espíritus sensibles como el de Flores Quelopana, un rechazo asqueado por la manera cómo se ha privado a la vida y al mundo de su valor intrínseco para dárselo todo a la ley de la oferta y demanda, convirtiendo la existencia en un proceso de compra y venta.

Flores Quelopana, con Amatorium, hace caso omiso a estos cantos de muerte y crea su propio mundo donde el pasado y el presente se hacen uno cohabitando en un mismo momento atemporal. Es por ello que su lectura no es fácil para ojos acostumbrados a la literatura de poca exigencia. 

  PUCP, 19 de abril del 2012

lunes, 9 de enero de 2012

LA CATEGORÍA DEL FILOSOFARE


LA CATEGORÍA DEL FILOSOFARE
EN TORNO A LA LÓGICA FILOSÓFICA Y PREGUNTABILIDAD DE LA FILOSOFÍA
Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
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Resumen
No hay cultura humana prelógica, los hombres de todos los tiempos han sido lógicos. Pero cabe preguntarnos si el aparato lógico ¿siempre ha funcionado del mismo modo? La antropología cultural y estructural ha subrayado la existencia de una verdadera lógica en el pensamiento salvaje, un saber mágico y simbólico que es un modo de conocimiento bien articulado y coherente. En este sentido es plausible plantearse la pregunta por la existencia de un modo de pensar no basado en la lógica formal clásica formulada por Aristóteles, sino por un pensar que no se haya desenvuelto bajo el patrocinio de la lógica de la identidad, y sin embargo, no fue obstáculo para sostener toda una inmensa gama de pensamientos y aforismos sobre los fundamentos del mundo, formulados antes de los griegos por otros pueblos no occidentales. A esta forma de pensar distinta a la lógica clásica y que se formuló la pregunta por los fundamentos del mundo la llamo filosofía mitocrática y a su estudio Mitocratología.
Si el filosofare es un preguntar radical que posibilita al mismo tiempo el preguntar radical y la interpretación misma, entonces nos debería a llevar a reconocer que no es ni con el arte ni con la filosofía con lo que la historia humana comienza, sino que fue la condición ontológica del filosofare lo que hizo que ese homínido, entre los millones de especies que nacieron para extinguirse, diera el salto metafísico que designa el inicio de la historia en general. O dicho en una formulación fuerte: la fuerza motriz que llevó a la especie humana a ser tal no fue ni el sexo, la guerra, el clima, la caza, ni una forma especial de evolución o co-evolución de gene-cultura, sino la condición metafísica del filosofare, como posibilidad experiencial radical de vivir su desgarramiento existencial. Así lo decisivo en la historia universal es el filosofare universal. El sentido de nuestro ser como trágico es el fundamento de nuestro existir filosofare.

En mi investigación sobre la Filosofía Mitocrática hay dos temas que se imponen con acuciante prevalencia: ¿Qué forma lógica corresponde al pensar no-occidental que no es objetivador ni identitario?, y ¿Qué forma asume la pregunta filosófica en un pensar abierto al Mito?

I. Lógica filosófica y configuración de los principios lógicos
Lógica filosófica y configuración de los principios lógicos
Como gustaba decir a Popper, el conocimiento no es un estado de la mente (state of mind), sino más bien, en sentido objetivo, es “un sistema de proposiciones”. Efectivamente, el conocimiento como conjunto de proposiciones forman parte de una forma de lógica definida, cualquiera que ésta sea debe tener una expresión lógica. De manera que es lícito que nos preguntemos por la forma lógica en que están insertos los pensamientos de una forma de filosofar distinta a la occidental. Puede servir en nuestro auxilio la llamada lógica filosófica.

Cuando advertí, a contrapelo de la crítica al paradigma “conceptolátrico” de Occidente, de los pensadores postestructuralistas, que se podía formular el término de lo “mitocrático”, como un filosofar unido al mito y a la religión, fue entonces que se me presentó en toda su significación una forma de filosofar arcaica que plantea sus desafíos a la lógica filosófica. La lógica filosófica moderna se perfila con los problemas filosóficos planteados por el desarrollo matemático de la lógica y el descubrimiento de las paradojas. Con los trabajos de Gödel, Tarski, Church y Quine comienza a tomar impulso como disciplina. Su campo temático es enorme y complejo: la noción clásica de verdad, estructura y función de los lenguajes formales, la evidencia de principios lógicos y matemáticos evidentes, la lógica de los lenguajes naturales, la relación del conocimiento lógico con la razón, etc.

Sin embargo, hay un tema sumamente importante que no ha sido tratado en forma sistemática: la relación de la racionalidad lógica con las épocas de la humanidad. En otras palabras, ¿en qué forma lógica se relacionó el hombre primitivo, el hombre antiguo y el hombre occidental con la realidad? Debe existir algún tipo de racionalidad lógica que los explique. Las primeras discusiones sobre el tema vienen del campo de la antropología cultural y del estructuralismo. Pero además existe otro punto y es que podemos preguntarnos sobre ¿cuál es la forma lógica de formas de pensar tan diferentes como la magia, el mito y la religión?

En el antiguo racionalismo clásico se pensaba que el hombre primitivo era prelógico. Este era el parecer de Lévy Bruhl, en Las Funciones mentales en las sociedades inferiores de 1910. Allí pretendía demostrar que la mentalidad primitiva sustituye los fundamentos de la lógica por potencias irracionales y mágicas. En 1922 publica La mentalidad primitiva, en donde sostiene que los primitivos tienen un modo de pensar que difiere absolutamente del racionalismo, el mismo que podría ser considerado de pre-lógico y que se ordena en torno al principio de participación. Sólo en su vejez y en sus famosas Cartas abandonaría la radical heterogeneidad de las mentalidades primitiva y moderna, considerando al hombre de todos los tiempos como un ser lógico.

Este punto de vista peyorativo sería superado por Claude Lévi Strauss. En su famoso texto El pensamiento salvaje (1962) defiende la existencia de una verdadera lógica en el pensamiento salvaje, que el pensamiento de esas gentes que nosotros llamamos primitivos tienen un saber mágico y simbólico que es un modo de conocimiento “bien articulado y coherente”, es un saber sistemático que no está orientado exclusivamente hacia un saber práctico. De allí saca una conclusión de largo alcance, a saber, no hay jerarquías de sociedades y culturas.

Un segundo frente que contribuye a la dilucidación de la relación del hombre antiguo no occidental con la realidad, viene de las contribuciones de la semiótica. Umberto Eco que enfatiza que la vida social y cultural es compleja red de códigos y subcódigos abiertos y dinámicos, Ferdinand de Saussure al demostrar que el lenguaje es el que forma a los individuos, Louis Hjelmslev al subrayar que el lenguaje es una totalidad abierta y autónoma, Roland Barthes y su teoría del mito como un producto del habla, Charles Sanders Peirce al destacar con su teoría del signo que el hombre piensa en signos, y Julia Kristeva con su teoría de la poesía como lo no formalizable, heterogéneo y que interrumpe el significado.

Pero aquí nos vamos a limitar a discutir las implicancias de dicha relación desde el terreno de la lógica filosófica. Y se puede decir que si el filosofar logocrático de Occidente está presidido por la lógica la identidad, que deriva especialmente de Aristóteles y que en palabras de Bertrand Russell, comprende como rasgos esenciales la Ley de la identidad: lo que es, es; la Ley de la contradicción: Nada puede ser y, al mismo tiempo, no ser; y la Ley del medio excluido: Todo debe ser o no ser; leyes del pensamiento que presuponen no sólo coherencia lógica, sino que están relacionadas con el hecho de que existen en la realidad esencial algo al que están referidas dichas leyes. Entonces, como indica Derrida, dichas leyes implican la exclusión de ciertas características, a saber: la complejidad, la mediación y la diferencia, es decir, rasgos que aluden lo complejo, paradójico, absurdo e impuro. Este proceso de exclusión acontece sobre todo en el plano metafísico y definirá el desarrollo del pensamiento occidental.

En el seno mismo de la modernidad con el principio de incertidumbre estalló en el rostro de la racionalidad científica objetivista una situación lógica incomprensible que se resume en que la imagen de la física actual todavía se debate en la crisis de la concepción mecanístico-materialista del Universo y la asunción de las leyes de la probabilidad. Tan sólo pensemos en el doble comportamiento de la luz como onda-partícula, cuya comprensión es un desafío que rebasa la conformidad a las tres leyes de la lógica clásica. Lo que encontramos aquí es la armonía de los contrarios, la contradicción misma enrostrada a la ciencia moderna.  El caso de la física atómica a través de la teoría de los cuantas se ha ido alejando del determinismo causal para asumir la regularidad estadística.

El propio  Werner Heisenberg llegó a afirmar que en la física actual lo que tenemos no es una imagen de la naturaleza, sino la imagen de nuestra relación con la naturaleza (La imagen física de la naturaleza en la física actual, Seix Barral 1957). Y recientemente el celebrado físico matemático Roger Penrose ha sostenido que el camino matemático griego hacia la realidad nos ha servido de mucho, pero no hemos encontrado todavía el verdadero camino hacia la realidad. Quizá necesitemos un cambio sutil de perspectiva, algo que todavía todos hemos pasado por alto (El camino de la realidad. Una guía completa de las leyes del universo. Debate, México 2008, pp. 1398).

A lo que vamos, es que estas situaciones paradójicas son lo común en la magia, el mito y la religión, como formas de pensamiento en las que se impone la comprensión metafórica y alegórica, pero que a la luz de la lógica clásica revisten un comportamiento arbitrario, insostenible y contradictorio. A estas alturas se impone la pregunta ¿A qué estructura lógica corresponde esta forma de pensamiento tan comúnmente entendidas por el racionalismo occidental como aberraciones lógicas? ¿Cuál es la lógica de lo sagrado?

El pensamiento ancestral hizo filosofía bajo el imperio del mito y la religión, el paradigma dominante era lo mitocrático, el hombre ancestral como el hombre arcaico no occidental y de todos los tiempos eran lógicos, no eran pre-lógicos, sólo que los principios lógicos se configuraban bajo otra estructura ideatoria, haciendo que en vez que se rigiera por el principio de identidad, lo hiciera por el principio de contradicción. Lo que variaba era la configuración diacrónica y no los sincrónicos principios lógicos mismos. Saussure había demostrado que el lenguaje, en su forma más general, podía entenderse como un sistema de diferencias, sin términos positivos. Derrida valoró la idea de la “diferencia” sin términos positivos, como aquello que no puede conceptualizarse. Nosotros decimos que la “diferencia” se convierte en el prototipo  de lo que está aun fuera del alcance del pensamiento metafísico en cada forma de filosofar. La diferencia anunciada por Saussure que no puede se conceptualizada tiene que ver con las distintas formas de relacionarse con la trascendencia, experiencia que es muy humana, pertenece a la estructura del existir y que, sin embargo, no siempre reviste la misma forma.

Toda filosofía incluye presupuesto, hipótesis y una “diferencia”, en el sentido de aquello no conceptualizable, que es parte cultural de toda tradición. Pero este es un primer sentido de la “diferencia”, pues existe otro nivel de la “diferencia”, no valorado por Derrida, que ya no alude a lo no conceptualizable en toda tradición, sino que hace referencia a la búsqueda y persecución deliberada de lo no conceptualizable como tal, esto es, la existencia de una “lógica de la diferencia”, en el sentido de buscar la experiencia en su propio ser la armonía y unión mística con la totalidad universal inexpresable e innombrable.

Esto significa que el hombre pudo avanzar a través de milenios sin regirse por la lógica de identidad y ayudado por la “lógica de la diferencia”, y al hacerlo demostró que al pensamiento humano le es más esencial una lógica no clásica, que la lógica de la identidad. Es más, no ha sido la “lógica de la diferencia”, que está a la revelación del ser, sino la “lógica de la identidad” que rigió Occidente durante 2,500 años la que ha hecho desembocar a la humanidad en la racionalidad cientificista y objetivador, que manipula y asegura la explotación de la naturaleza y del hombre.

Pero afirmar esto es sorprendente, porque supone que las condiciones  necesarias de la logicidad no son las tres notas clásicas, o no lo fueron por mucho tiempo para la humanidad. Sin embargo, F. Miró Quesada afirma que, cuando los sistemas lógicos heterodoxos se analizan son condiciones necesarias la naturaleza deductiva y el carácter apodíctico de la deducción. Es decir, todas incluyen axiomas y reglas de inferencia. Toda la inmensa gama de sistemas heterodoxos no es sino, una variación de una misma melodía. La razón lógica es más flexible de lo que se pensó que fuese, puede funcionar de diferentes maneras (Cf. Las lógicas heterodoxas y el problema de la unidad de la lógica, en: Lógica. Aspectos formales y filosóficos, PUCP 1978, pp. 13-44). En cambio, Piscoya Hermoza insiste en la necesidad de no confundir la lógica matemática con otras formas de lógicas, como del pensamiento oriental indio y chino, por diferir sustancialmente del racionalismo occidental (Lógica general, UNMSM 2007, pp. 313-314).

Aquí es bueno recordarle a Piscoya que el sentido de la lógica, como lo demostró Saussure, se deriva del habla  común y no de la matemática. Y su crítica a la pretensión miroquesadiana de descubrir principios universales y necesariamente verdaderos que justifiquen el pensamiento racional son considerados por Piscoya como un retroceso de la discusión al ámbito metafísico (véase Los trabajos sobre Lógica de FMC., en: Lógica, razón y humanismo, Universidad de Lima, 1992, pp.25-39). Sin embargo, contra esto último se puede afirmar que es falso afirmar que una teoría que exige necesidad y universalidad sea metafísica, pues hay hasta metafísica probabilista; además, la necesidad y la universalidad se da en los diferentes sectores de la realidad y la experiencia.

En este sentido es plausible suponer que aun cuando el filosofar mitocrático no se haya desenvuelto bajo el patrocinio de la lógica de la identidad, sin embargo, no hay obstáculo para sostener que toda la inmensa gama de pensamientos y aforismos sobre los fundamentos del mundo, formulados antes de los griegos por otros pueblos no occidentales, pudiendo suprimir el principio de no contradicción y funcionar  armonizando los contrarios, ninguno de ellos deja de ser por ello coherente ni significativo. Suprimir el principio de no contradicción no significa caer en un sistema completamente contradictorio, porque el logos humano no se puede permitir que todas sus tesis sean contradictorias.

Es necesario rehabilitar por medio de la lógica filosófica el concepto de la totalidad del logos humano a lo largo de toda su historia, desde la remota Edad de Piedra hasta la Edad Contemporánea. Sólo así se puede justificar no sólo que hubo razón desde los griegos, sino que siempre la razón humana operó pero bajo otras formas lógicas, desde otro funcionamiento de la razón lógica, o mejor desde los mismos principios lógicos pero con distinta interrelacionalidad entre los principios lógicos. ¿Qué significa que el sistema de la razón opere con una tipología distinta a la lógica clásica? Significa que existen formas de racionalidad a las cuales les falta por lo menos una de los tres principios clásicos. Estas son conocidas como lógicas heterodoxas de primera especie, las cuales se subdividen: Alolingüística y Anómica. No obstante, se dan lógicas heterodoxas de segunda especie, a las que les faltan dos notas clásicas, que se dividen en Thética y Athética; y lógicas heterodoxas de tercera especie que carecen de las tres notas, como las llamadas lógicas libres. Además, existen las lógicas cuasi-heterodoxas: Combinatorias y Parciales.

Pero en todas las lógicas heterodoxas, como hemos indicado, incluyen axiomas y reglas de inferencia, con lo cual devienen  evidentes. Con lo cual se puede sostener que el criterio de evidencia es la condición suficiente de logicidad, por cuanto sin ella sería imposible razonar algunas inferencias como válidas y otras como inválidas. Las condiciones heterodoxas son siempre evidentes, por ello el fundamento último de la consecuencia lógica es la naturaleza estructural de las proposiciones. Esto no significa proponer una lógica nuclear a partir de la cual todas las demás serían complementarias, pues cada lógica se relaciona con un sector de la realidad.

De ahí que el mayor mérito de F. Miró Quesada haya sido insistir en que la razón tiene una estructura básica que se manifiesta en sus diversos dinamismos. Lógica y ontología se imbrican mutuamente, en tanto que cuando la razón capta una nueva región de objetos, capta el tipo de lógica que debe utilizar para estudiar teóricamente dicha región. Pero hay algo más. Él señala que la lógica jurídica no es clásica sino paraconsistente y que incluso la lógica del sentido común no es un calco sobre la lógica clásica, sino que es desconcertante porque salta de un sistema ortodoxo a otro heterodoxo y viceversa.

Sin lugar a dudas uno de los grandes desafíos de la lógica filosófica es encontrar a partir de la existencia de patrones invariantes en los sistemas clásicos y heterodoxos un criterio para definir entre la evidencia genuina y la evidencia provenida del hábito. Y obviamente esto no es posible lograrlo con los criterios de la filosofía lingüística o filosofía analítica, la cual conduce a la eutanasia de la filosofía con su reducción de la problemática filosófica a malentendidos y sinsentidos lingüísticos. Esta filosofía que invita a respetar los límites del lenguaje fáctico para no caer en el sinsentido, se debate en el formalismo vacío y en el solipsismo de mi experiencia.

Por su parte, Ernst Tugendhat sostiene en sus Lecciones introductorias a la filosofía analítica (1976) que la filosofía como semántica formal es superior a la filosofía como metafísica y como teoría trascendental de la experiencia, pues toda referencia al ser o a los objetos implica una mediación lingüística; y por ello la semántica formal es la base tanto de una filosofía teórica como práctica, porque la pregunta por la posibilidad de la razón halla respuesta en una semántica de las proposiciones asertóricas. Pues bien, contra la opinión de los analistas del lenguaje, Popper había afirmado que la filosofía era capaz de plantear genuinos problemas sobre cosas, no sólo dentro del campo de la ciencia positiva empírica, sino también fuera de él (La lógica de la investigación científica, Tecnos, 1992, p. 15).

En resumen, la distinta configuración diacrónica de unos principios lógicos sincrónicos en la relación de la humanidad con la realidad, muestra la extrañeza del espíritu del tiempo para que el ser, que se oculta y desoculta, vaya suscitando las distintas formas del logos humano, las cuales constituyen las grandes épocas de la historia de la humanidad, como aquello que al espaciarse se han vuelto incomprensibles. La forma lógica del pensar filosófico mitocrático en el mito y la religión rebasan la hegemonía del principio de identidad.

Yo quisiera acotar, por último, que la indagación de la Lógica filosófica y configuración de los principios lógicos en el pensar mitocrático no significa que existió una filosofía mitocrática única, sino que ésta se manifestó como diversas síntesis religiosas en continua tensión y dinamismo. Esto nos hace pensar sobre la tipología de las filosofías mitocráticas en el pensamiento ancestral. No voy a entrar, por razones de concisión, al problema previo sobre la diferencia entre la especulación mitocrática y la especulación racional. Según mi tesis la primera se mueve en el ámbito del pensamiento no identitario, pero no todas tienen una misma estructuración ni religiosa, ni cultual, ni ritual, ni política. Por qué. Creo que la respuesta está en una tipología del pensar mitocrático.

Así que diré que fenomenológicamente es posible establecer una diferencia entre el mundo mítico sumerio-babilónico, el mundo judío, el mundo chino, el mundo griego de Homero y Hesíodo, el hindú y el andino-mesoamericano. Y se puede decir que hay, por lo pronto y sin entrar al Africa, 6 grandes tipos míticos: 

-el teogónico del caos (sumerio-babilónico), donde se disocia el bien y el mal de lo divino, el cual se encarna en el Rey que representa al Hombre, el cual va a delinear un pronunciado despotismo político; 
-el creacionista (judeo-cristiano), donde la Creación, el hombre y la salvación se libran de la teogonía, el cual se define por la Alianza entre Dios y el pueblo elegido; 
-el trágico (griego), donde el bien y el mal se concentran en la divinidad suprema delineando el destino trágico del hombre, el cual se proyecta en las ciudades-estados que rigen su propio destino;
-el cosmogónico sin caos (chino), donde en el mundo no hay nada que no se atenga a su rumbo natural, el cual señala al príncipe real como responsable de cautelar el orden;
-el soteriológico (hindú), donde todo lo existente marcha hacia su unión espiritual con lo universal, el cual pone sobre los hombros de una aristocracia de castas el cautelar la espiritualización social;
-el teogónico de los opuestos complementarios (andino-mesoamericano), donde el cosmos se compone de partes complementarias, donde el Rey debe cautelar en el mundo. 

En otros términos, el mundo cultual-ritual, político y económico mitocrático está estrechamente ligado a sus mitos de origen. Incluso no creo que funcione una identidad entre los mayas y los incas, aunque éstos últimos abolieron los sacrificios humanos a gran escala, común entre los moches por ejemplo, sin embargo lo siguieron practicando en pequeña escala y en casos desesperados. El historiador peruano F. Pease ha expuesto la idea de que las guerras civiles no eran tales sino que se trataba de una lucha ritual entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Y de ahí que lucharan dos incas por el trono. No sé si va demasiado lejos en la interpretación política de los opuestos complementarios, pero creo que en el empeño por la Justicia se dió entre los incas el esfuerzo por realizar la armonía de los opuestos.


II. La pregunta mitocrática y la Preguntabilidad filosófica
La filosofía mitocrática es cosmogónica, iniciática, elitista, profética, esotérica y apocalíptica. Está obsedida por la pregunta “¿Cuándo se acabará el tiempo o el mundo?”. El acmé  de la filosofía ancestral es: “¿Cuándo vendrá el Ordenador del cosmos?”. Salvo la civilización judía que introduce la idea trascendente y de revelación de Dios, las demás filosofías indianas, hindúes, chinas, egipcias, mesopotámicas y griegas, que no son iguales, coinciden no sólo en la inmanencia de lo divino, sino cuando se atiende a la raíz última de la preocupación humana. En todas ellas el santo o el sabio alcanzan por meditación, reflexión o virtud personal el conocimiento último de los principios del universo.

Las altas culturas del neolítico superior expresan esta preocupación a través de una filosofía cosmogónica, donde el hombre pertenece a la tierra y la tierra pertenece al cosmos de los dioses. El cosmos mítico es legítima reflexión filosófica con categorías preconceptuales, intuitivas, porque su inteligibilidad radical reside en el establecimiento del principio de una realidad ejemplar que la conducta humana debe repetir. Aquellos filósofos asumían sus conocimientos como dones sapienciales de orden sobrenatural, los mismos que les permitían acceder a verdades divinas.

Los sabios mitocráticos eran a la vez místicos, religiosos y contemplativos, ejercían un tipo de “clarividencia astral” o forma de iluminación recibida de algún tipo de conexión espiritual que le permitía asumir el conocimiento como sagrado. Dicha clarividencia astral se adquiriría a través de alucinógenos, ofrendas, ritos, ejercicios de concentración y meditación, accediendo al mundo de los dioses, obtener profecías y realizar rituales oraculares.

En nuestro tiempo, esta mezcla de religión, ciencia y filosofía en una especie de sabiduría divina se llama teosofía, Pero lejos de confundir el contenido de la teosofía con la filosofía mitocrática de los sabios prehispánicos y filósofos no occidentales arcaicos, sin embargo, ésta brinda luces a través de su línea esencial: el carácter esotérico de la filosofía del mundo ancestral pre-griego. De allí que permanezca la misma estructura de la pregunta metafísica.

Postular la categoría de lo mitocrático y el tipo característica de su pregunta metafísica me puso en la senda que en ella debía estar la clave para llegar a una comprensión más profunda del logos humano. Mientras tanto, seguí desarrollando las ideas sobre lo mitocrático, la noción multívoca de la filosofía, sus distintos paradigmas epocales, la comprensión dualista emanatista encerrada en la idea de Pachacamac y la estimación del mito como algo esencialmente filosófico.

A partir de tales reflexiones, tan contrapuestas a nuestras convicciones occidentales más arraigadas, fui acercándome paulatinamente al extraño mundo de lo mitocrático. Un mundo aparentemente tan lejano de nuestra experiencia habitual que, si queremos representarlo gráficamente, no bastará con una sola de nuestras experiencias religiosas. Me vi obligado ha acercarme al pensamiento prehispánico, y luego ancestral, no como científico, tratando de probar cada afirmación que hacía, sino como pensador y hombre de fe, independientemente de que sea correcta o no, no estará demás examinar atentamente los contenidos de la presente teoría.

En conclusión, quiero decir que mientras Occidente ha filosofado, sobretodo, aunque no exclusivamente, bajo la égida del logos de la ratio, las culturas no occidentales lo hicieron bajo el logos del mito. Pero debo confesar, que los intrincados secretos humanos se vuelven a poner de manifiesto cuando se advierte que junto al logos de la ratio y al logos de la fe, subyace perdurando, muy profundamente, el arcaico logos participativo o empiriocrático, y paralelamente se pone de manifiesto un extraño “logos de la estupidez”, alimentado por los vicios humanos, que utiliza el instrumento de la razón, de la fe y del sentido con, y todo el resto de las pasividades humanas, para hacer lo necio y ruinoso, verdadera epidemia destructiva y devastadora en la historia de la misteriosa humanidad.

Por todo lo expuesto, mi filosofía en este punto, que tiene rasgos peculiares y no permiten reducirla a un conjunto final y bien dispuesto, puede ser denominada como “Mitocratología” o filosofía Mitocratológica, y cuyo principio metodológico fundamental consiste en plantear lo siguiente: que la filosofía está presente con el hombre mismo de todas las edades, por cuanto no es simple necesidad teórica o racional, sino primordialmente una necesidad existencial, y que en este sentido hubo una etapa en que la preguntabilidad filosófica se presenta no mezclado con el mito sino que él mismo es mito. Esto es, lenguaje cifrado que busca dar cuenta de una Realidad ante el cual el pensar fracasa, porque no es interpretable racionalmente, pero es sentida como su destino profundo por nuestra Existencialidad.

La hermenéutica gadameriana sostiene que la interpretación es la base de toda experiencia humana, todo entender y comprender consistirá siempre en un interpretar (Verdad y método, 1960). Y es un mérito indudable que haya señalado que la “comprensión” no es un método que puede disputar con la explicación, sino un modo fundamental de ser el hombre en el mundo. Sin embargo, y esto sería una limitación fundamental en el punto de vista de Gadamer, la “interpretación” misma tiene como base un tipo de experiencia humana radical que atraviesa toda su existencia y que implica toda interpretación. Pues se trata de la condición metafísica de vivenciar la “diferencia ontológica”, como aquel ser que puede hablar de los entes y de su ser a partir del experimentar su paradójico ser en el mundo como un oscilar entre el ser y la nada. Es esta experiencia fundamental, que llamaré experiencia del filosofare, la que produce la base de su ser interpretante y no a la inversa. De lo contrario se confundiría la experiencia histórico-lingüística como la única experiencia radical del hombre. Dicho de otra manera, la “comprensión” es un modo fundamental de ser el hombre en el mundo, porque ella misma nace de la experiencia única del filosofare.

Pero este aserto tiene todavía una consecuencia fundamental de largo alcance y es la siguiente: si el filosofare es un preguntar radical que posibilita al mismo tiempo el preguntar radical y la interpretación misma, entonces nos debería a llevar a reconocer que no es ni con el arte ni con la filosofía con lo que la historia humana comienza, sino que fue la condición ontológica del filosofare lo que hizo que ese homínido, entre los millones de especies que nacieron para extinguirse, diera el salto metafísico que designa el inicio de la historia en general. O dicho en una formulación fuerte: la fuerza motriz que llevó a la especie humana a ser tal no fue ni el sexo, la guerra, el clima, la caza, ni una forma especial de evolución o co-evolución de gene-cultura, sino la condición metafísica del filosofare, como posibilidad experiencial radical de vivir su desgarramiento existencial. Así lo decisivo en la historia universal es el filosofare universal.

De modo que mientras la Mitocratología es el estudio metafilosófico de la filosofía mitocrática, la filosofía mitocrática es el tratado diferenciado de las filosofías antiguas no-occidentales. Y este existir filosófico está continua y duraderamente allí, para mí, dado a mí existir en su más radical originalidad. Porque la existencia humana posee una propiedad fundamental, el filosofare, mejor dicho, nuestra existencia es filosofar, consistente en llevar consigo la conciencia de la tragedia del existir.

Dicho aspecto trágico no estaría presente si la existencia humana sólo estaría abierta a los entes y no al ser. Heidegger nos habla del ser-ahí (Dasein) como apertura en una estado de ánimo (Stimmung), el cual es un encontrarse (Befindlichkeit) como abandonado a sí mismo para ser. Pero en realidad, dicha apertura heideggeriana no es posible sin pensar la previa experimentación de nuestro desgarramiento existencial.

Nosotros diríamos, y he aquí nuestra distancia con Heidegger, que precisamente este estado de abandono  (Geworfenheit) desgarrado es su tragedia, que hace posible no sólo que el ser-ahí pueda dirigirse al ente como ente, sino que posibilita el horizonte mismo del preguntar filosófico, es decir, el preguntar por el ser del ente. El primer filósofo se pone frente a la pregunta precisamente al experimentar lo amenazante de su ser en el mundo, por eso el primer preguntar por lo que el ente es, equivale por lo que ese ente me puede hacer en mi existir frágil y mortal.

Esa pregunta se devela como physis o naturaleza, como totalidad de entes que aparecen amenazantes ante mí existir. De ahí que el inicial desocultamiento del ente ante mi existencia comience con la historia misma del hombre y no con la historia occidental. En el pensar arcaico del hombre originario, el cual estaba muy lejos de ser absorbido por su diario quehacer y dedicarse a la mera sobrevivencia, se pone en obra la verdad del ente, o, dicho de otro modo, el hombre comienza a participar en el dejar ser de la verdad. Y esto es posible porque la totalidad de los entes del mundo al estar lejos todavía de ser reducidos a mero un útil manipulable, le permiten la distancia contemplativa del preguntarse por el propio ser del ente.

Pero el hombre arcaico se siente partícipe del misterio del mundo porque siente su propio ser como un misterio, un co-suceder del ser común en el mundo. Esto es, la totalidad de los entes que aparecen amenazantes ante mí existir, y se desvela como physis, implica a mi propio ser que se pregunta por el ser de los entes. Pero en el horizonte de la pregunta se revela el carácter de religación del hombre con el mundo. Por eso desde un principio el hombre fue religioso y también filósofo, las cuales se imbrican en la experiencia originaria del preguntar filosófico y lo cual nos hace pensar que en el filosofar empiriocrático del paleolítico no había separación entre filosofía y religión, ni la religión era aquello que mata la fuente de la preguntabilidad, ni había posibilidad de que la filosofía se convirtiera en ancilla theologiae.

La relación dialéctica entre filosofía y religión va de la unidad, a la separación y de ésta a la contraposición. Son tres momentos distintos, donde primero ambas aparecen en unidad de forma y contenido, y hablan indistintamente en imágenes sensibles (filosofar empiriocrático); luego acontece la separación en la forma pero no en el contenido, pero la filosofía aun se basa en imágenes de lo suprasensible, aprovecha las imágenes de la religión (filosofar mitocrático); para sobrevenir luego, con el filosofar logocrático, la contraposición en forma y contenido, en la que la filosofía se basa en conceptos racionales, y es ahora la teología la que aprovecha los conceptos de la filosofía griega. Así, las ideas griegas recogidas por el cristianismo fueron: crítica contra el politeísmo (escépticos), metafísica de la voluntad (Plotino), mundo ideal, escatología, pureza ética, desprecio del mundo, preferencia por lo suprasensible (Platón, Filón), ley eterna, razones seminales, cuidad de Dios (estoicos).

Serán milenios más tarde, en lo que llamo el filosofar mitocrático, cuando el horizonte del preguntar filosófico se modifica, como resultado del dominio de un mayor dominio del mundo a través de la revolución agrícola, que la pregunta por el ser del ente se devela con la oposición del espíritu a la physis, con lo cual la trascendencia que en un primer momento se desvela como totalidad, ahora se muestra como principio superior y organizador de la naturaleza. Recién entonces madura la diferenciación entre filosofía y religión, pero no en el sentido de una incomunicación ni una relación vaga y sinuosa, sino como horizonte originario del filosofar, como trasfondo necesario de la preguntabilidad filosófica, y origen de la eterna verdad. Será sólo en el nuevo horizonte del filosofar logocrático occidental que la preguntabilidad filosófica se perfila en plena lucha contra la religión, se independiza y contrapone del nivel de la religión, para experimentar la trascendencia como idea, esencia o principio racional.

En este cambio la filosofía ya no necesita de la religión para formularse la pregunta por el ser de los entes, pero en el cambio así como está contenido un nuevo alcance del mismo modo está signado por una renuncia y limitación intrínseca. El dios idea de los filósofos, como ya lo destacó María Zambrano, fracasa porque no ama, ni puede ser amado, no responde y sólo ofrece la visión de las esencias. Con el Ser o la Unidad descubierta por la inteligencia, comienza el delirio de deificación humana. La piedad que era antiguamente la relación del hombre con lo divino, quedó convertido con el racionalismo en una virtud del ser humano. Lo sagrado es consustancial al hombre y ser enteramente humano es recuperar el Paraíso como simples hijos de Dios.
Constatación parecida a la que llega el último Heidegger en su conferencia La cosa (trad. De R. Gutiérrez Girardot, en: Ideas y valores. Bogotá, nº 7 y 8, 1953). El desocultar que deja la cosa como cosa es la alternativa al desocultar de la técnica, que trata del dominio de la naturaleza y de los demás. Se trata de alcanzar un nuevo modo de pensar opuesto al pensar cientificista objetivador, y cuya superación permite descubrir el cuarteto de: cielo, tierra, mortales y dioses, que se unifican en el ser de la cosa. El existir humano se entiende también fuera del propio ser mortal, y diferente del ser cielo y tierra, es un modo de ser  que se revela como digno de culto y ofrenda, es el modo de ser inmortal de los dioses.

El gran peligro intrínseco a la especulación heideggeriana, puesta en evidencia en la empresa de la desmitologización de Rudolf Bultmann, se refiere a tratar los temas existenciales como si fuesen objetos del mundo. Más fecunda, en este sentido, es la idea jasperiana de la trascención formal, cuyo principio básico, es: “es evidente que existe lo que no es evidente”. La trascención formal consiste, precisamente, en llegar al límite del pensamiento en donde se experimenta el fracaso del pensar. De modo que de la trascendencia sabemos que es, pero no sabemos qué es.

Bien decía Plutarco: “La barba no hace al filósofo”. Por tanto, el sentido de nuestro ser como trágico es el fundamento de nuestro existir filosofare. ¿Y si nuestra existencia no fuese trágica sino feliz y beatífica, persistiría el rasgo del filosofar? Creo que sí, que no depende de una vivencia psicológica y posee un carácter apodíctico del fenómeno del existir. Querer aprehender el universo del ser verdadero como algo de lo que se participa, no carece de sentido. Al contrario, así como en esta temporalidad es la conciencia de la tragedia del existir lo que impele a filosofar, en la eternidad no se descarta que la extrema felicidad nos  lleve a lo mismo. Porque en una u otra la filosofía siempre consistirá en la búsqueda de sentido del ser. Así, se reconoce con facilidad que en todo hombre hay un filósofo natural o un innatismo filosófico, también llamada actitud filosófica, pero casi nunca se ha intentado explicar por qué existe tal condición, que obviamente es distinta a la aptitud para filosofar. Yo lo explico radicándolo en la naturaleza de nuestra existencia.

Sin embargo, aun cuando sea el hombre empírico de todas las edades el que tenga la actitud filosófica, ello no quiere decir que haya sido éste el encargado de sacar adelante la filosofía, sino que siempre ha habido entre la grey humana individuos con mayor conciencia de sí, voluntad, tener ethos y llevar responsabilidad superior. Es decir, individuos capaces de convertirse en personas por la cualidad de su vida ascendente y justamente entre aquellos han estado siempre los filósofos, o los que demostraron la capacidad de elevar la actitud a aptitud para filosofar.

En otros términos, la filosofía nace en el espíritu personal y se objetiva en el espíritu objetivo, que está por encima de la vida y muerte de los hombres, pero su origen está latente en la actitud y se actualiza en la aptitud para el filosofar. Obviamente que sin la actitud no existiría la aptitud, pero desde la oscura prehistoria sólo el espíritu personal es el que ha sido capaz de desarrollar la aptitud filosofante. ¿Qué es la aptitud filosofante? Diríamos en jerga heideggeriana, que es el existir humano que se hace cargo de la desocultación del ente y de la ocultación del ser. Dicho de otra manera, el hombre es esencialmente filósofo, como criatura que siempre aspira pero nunca alcanza a consumar su conciencia espiritual, así su manifestación sólo ha sido posible por aquellos que han sentido en grado máximo el choque del conflicto entre lo real y lo ideal.

Por eso es que todo hombre experimenta la tendencia a filosofar, pero no todo hombre es filósofo. Ninguno que sea humano de verdad puede vivir sin filosofar, sin plantearse alguna vez las preguntas límites y fundamentales, pero sólo algunos son los que no pueden a lo largo de su vida sustraerse a ellas, y éstos son los filósofos, como aquella élite poseída por la propensión irresistible de dar sentido y llenar de significación vigorosa a la propia existencia.

El existir humano es un estar abierto al ser y es allí donde el filósofo se aboca a la tarea de su comprensión.  Para la filosofía intercultural el filósofo mitocrático no es aquel que elabora reflexivamente sino que presenta espontáneamente en sus personajes míticos y en forma poética una manera de comprender el mundo. Pero esto es seguir encadenado a los cánones de la racionalidad identitaria de origen griega. Por el contrario, hay que afirmar que el filósofo mitocrático es aquel que sí elabora reflexivamente en el mito una explicación poético-religiosa del mundo. Es decir, lo hace con otro ordenamiento de los principios lógicos. Filósofo es aquel que desde siempre ha sentido el llamado de los tres reinos de la realidad, a saber, y según la clasificación de la ontología hartmanniana, lo real (deviene, espacial, temporal, individual), lo ideal (objetivo, inespacial, autónomo, intemporal, y general) y lo irreal (inespacial, intemporal, dependientes) y aquí valga lo irreal, a pesar de la opinión de A. Salazar Bondy de que los objetos ideales e irreales forman un solo grupo: los no reales Cf. Irrealidad e Idealidad, UNMSM 1958).

Pero además, el filósofo es también aquel que ha sido sensible al reino de lo que llamaría, lo transreal, entendido como aquel paraje ontológico cuya trascendencia se configura en la posibilidad óntica de la realidad misma y que en último término es incognoscible e inobjetivable. Según la filosofía de Nicolai Hartmann, las capas superiores del ser dependen materialmente de las inferiores; la única excepción es la determinación final de la voluntad libre regida por valores. Pues bien, en nuestro caso hablar de lo transreal supone tomar distancia de la fenomenista ontología hipotética del empirismo hartmanniano, para admitir que lo transreal o la Divinidad es la única capa superior del ser que determina las inferiores por su libertad absoluta, y no relativa como es el caso del hombre. Y por eso es el único que puede llevar la Creación al grado máximo como ¡Fiat!

En otros términos, es el fundamento último de todos los reinos de lo real, sustancia, causa del mundo o persona divina. Ha sido especialmente la filosofía mitocrática la que ha estado más atenta al llamado de lo transreal y justamente dicha atención dio origen a las grandes tradiciones religiosas en el mundo. Sospecho que esta intuición estuvo detrás de K. Jaspers cuando publicó en 1956: Los grandes filósofos. Los hombres decisivos: Sócrates, Buda, Confucio y Jesús Tecnos, 1996).

De modo que no existe una figura del filósofo universalmente válido, hay una diversidad de formas en que los filósofos y la filosofía han existido.  Por lo demás, el filosofar humano, su más eminente privilegio, es también, el mayor de los misterios que nos ofrece su existencia.