domingo, 21 de febrero de 2016

CLASIFICACIÓN DE LA VIDA

UNA CLASIFICACIÓN DE LA VIDA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Sobre el término Vida se habla desde los más disímiles puntos de vista. La vida eterna de Dios, la vida de los entes finitos, la vida del ciclo de las estrellas, como estructura de los seres biológicos, sentimiento apreciativo, vida de las máquinas, etc.

En el presente ensayo intentamos una clasificación de la complejidad de la Vida según tres criterios: Ámbitos (vida eterna, vida eviterna, vida temporal, vida evitemporal, vida eterna escatológica) Mundos (divino, microcosmos, macrocosmos, mesocosmos ultracosmos), Nivel Estructural de Sistema Vivo (NESV) y Ciencia que lo Estudia (CE).

I. Ámbito de la Vida Eterna
1.       Mundo Divino Eterno (Vida de Dios que por amor da lugar a la creación)
1.1 NESV (Vida intratrinitaria de Dios) / CE (cristianismo)
1.2 NESV (Vida eviterna o angélica) /CE (angelología)
1.3 NESV (Vida temporal del ser contingente)
1.4 NESV (Vida escatológica) / CE (escatología, teodicea)

II. Ámbito de la Vida Eviterna
2.      Mundo Divino Eviterno (Vida de los ángeles o espíritus puros que crea por amor la creación)
2.1 NESV (Vida del Empíreo, ángeles)/CE (religión, teología, mito)
2.2 NESV (Paraíso perdido, caída de ángeles) / CE (mito, religión, teología)

III. Ámbito de la Vida Temporal (niveles del ser contingente)
3.      Mundo Microcósmico (Vida temporal que trasciende la nada hacia lo físico)
3.1 NESV (Partículas elementales)/CE (Física cuántica, Física de partículas)
3.2 NESV (Átomos) / CE (Química, Física)
3.3 NESV (Moléculas) / CE (Física, Química, Bioquímica, Biología molecular)

4.      Mundo Macrocósmico (Vida que trasciende lo físico hacia lo biológico)
4.1 NESV (Estrellas, galaxias, planetas, agujeros negros, materia oscura, energía oscura) / CE (Cosmología física, astronomía)
4.2 NESV (Orgánulos) / CE (Biología molecular, biología celular)
4.3  NESV (Células) / CE (Biología celular, citología)
4.4  NESV (Tejidos) / CE (Histología)
4.5  NESV (Órganos) / CE (Histología, fisiología)
4.6  NESV (Sistema) / CE (Fisiología, Anatomía)
4.7 NESV (Organismo) / CE (Anatomía, etología, psicología)
4.8 NESV (Población) / CE (Etología, sociología)
4.9NESV (Comunidad, Ecosistema, biósfera)/ CE (Ecología)

IV. Ámbito de la Vida Evitemporal (espíritu contingente humano hacia lo eterno)
5.      Mundo Mesocósmico (Vida que trasciende lo biológico hacia lo espiritual)
5.1 NESV (Dios, creación, hombre) / CE (Religión, teología, mito, cosmología religiosa)
5.2 NESV (Ser, existencia, realidad, apariencia, nada) / CE (filosofía, metafísica, ontología, cosmología filosófica)
5.3 NESV (Bien, Valor, Ideal) / CE (Axiología, ética, moral)
5.4 NESC (vida inteligente artificial espiritual)/ CE (cibernética)

V. Ámbito de la Vida Eterna escatológica (tiempo cumplido hacia lo espiritual eterno)
6.      Mundo Ultracósmico (Vida espiritual contingente que trasciende hacia lo eterno)
6.1 NESV (salvación, condenación)/CE (mito, religión, filosofía)

Es decir, no es posible hablar de la vida en un solo sentido sin menoscabar el amplio significado y sentido que proporciona. La Vida no sólo es un fenómeno biológico sino también espiritual, y por ello, su más amplio significado se halla en la consideración de lo finito e infinito, temporal y eterno, relativo y absoluto, lo inmanente y lo trascendente.


Lima, Salamanca 21 de Febrero 2016

sábado, 20 de febrero de 2016

CHAMANISMO Y FILOSOFÍA ARCAICA

CHAMANISMO COMO FILOSOFÍA ARCAICA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Chamanismo significa “saber”, pero no es un saber de oídas, ni un mero conjeturar mental, sino de un “saber ver”. Esto es, se trata de un “saber ver” peculiar, no de índole sensorial, antes bien, espiritual.

Pero este “saber ver espiritual” no es accesible a todas las personas, por el contrario, sólo aquellas que son escogidas por seres celestes a través de sueños, señales o alguna enfermedad transitoria, por lo general mental.

De modo que se trata de un “saber ver espiritual escogido vía sobrenatural” pero que dentro de la historia de las religiones se muestra como un especialista en el trance místico, y esto lo ha hecho ver concienzudamente el destacado filósofo rumano Mircea Eliade (El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, 1951). Eliade justamente nos hizo explícito que el chamanismo es el “saber ver espiritual escogido vía sobrenatural y especialista en el trance místico”.

Nosotros queremos incidir en otro aspecto de este tipo de saber y asociarlo con la filosofía arcaica. En otras palabras, el chamanismo es la forma arcaica del filosofar, entendiendo siempre la filosofía como la búsqueda de respuestas últimas de la realidad, ya sea mediante el mito de la tradición ancestral o mediante la razón a partir de Grecia clásica. Es decir, la filosofía es universal y multiforme, cambió de forma pero no de contenido. Lo que significa que el logos humano no sólo es conceptual sino también participativo, el cual es un oír y ver por encima de la conceptuación.

Karl Jaspers, a diferencia de los criterios eurocéntricos de Heidegger, es un defensor del universalismo filosófico y defiende su tesis en el libro, Los grandes filósofos. Los hombres decisivos: Sócrates, Buda, Confucio, Jesús (1956). En su magistral y última obra del filósofo peruano Alberto Wagner de Reyna, La poca fe (1993), insta a restaurar lo mítico en su dignidad lógica. Y en la segunda encíclica papal Fides et Ratio (1998) dedicada a la filosofía –después de Aeterni Patris de León XIII-, se cataloga de “soberbia filosófica” pensar que la filosofía como búsqueda de sentido es “sólo atributo de una época y cultura determinada”, pues “la especulación filosófica se dio tanto en Oriente como en Occidente”, porque “el asombro es una capacidad fundamentalmente humana y no exclusivamente europea”.

Nosotros nos ponemos sobre los hombros de todas estas contribuciones para negar el criterio eurocéntrico de filosofía y exigir recuperar para el mito su dignidad filosófica. En este sentido el pensar mítico del mundo arcaico es la forma ancestral de la filosofía, como afán de trascender la condición humana para conocer y realizar el ser personal uniéndose con el absoluto o lo divino. Todo lo cual remite a la estructura ontológica de la existencia humana (véase mi libro Filosofía mitocrática y mitocratología, 2010, y Hermenéutica remitizante y filosofar mitocrático, 2013).

Ese impulso humano hacia lo eterno está tanto en la filosofía mítica como en la filosofía conceptual. Sólo que en el filosofar arcaico tiene una triple connotación: teogónico-cosmogónica (dioses venciendo la nada relativa del caos original), ontológico-metafísica (plantea la ruptura entre lo ontológico y lo histórico), y moral (la finitud humana se percibe como una nada relativa especial destinada por los dioses a optar a la eternidad por la vida virtuosa).

Razón no le faltaba a Paul Ricoeur cuando habla de la triple función del mito: universaliza la experiencia, establece la tensión entre el principio y el fin, e investiga las relaciones entre lo original y lo histórico (Finitud y culpabilidad, 1960). Pero atento como estaba al lenguaje metafórico también tuvo el mérito de indicar que todo símbolo es una hierofanía, un lazo que une al hombre con lo sagrado. Por eso el símbolo tiene una función ontológica, sitúa al hombre en el corazón del ser.

Y precisamente la filosofía arcaica es básicamente un saber metafórico y simbólico. El fenómeno del chamanismo total arcaico –a diferencia del chamanismo actual que presenta un estado de desintegración y decadencia- se especializa en el trance místico para ascender a los cielos y descender a los infiernos, recoger el alma del enfermo, guiar al difundo, incorporar el espíritu, lidiar con demonios y semidioses, y lograr la visión del mundo paradisíaco, pero no con un fin pedagógico sino principalmente salvífico.

El filosofar arcaico es un saber de salvación, porque lleva a la situación límite del hombre para revelarle lo sagrado y lo transhistórico. De ahí la repetición de los arquetipos en el horizonte del eterno retorno. Pero fue en el cristianismo donde verdaderamente se supera este horizonte temporal de la repetición del arquetipo celeste del saber arcaico chamánico, mediante la teología de la encarnación que instaura un tiempo histórico lineal y de libertad personal.

En ambos hay una valorización metafísica de la existencia humana, pero de distinta índole, porque mientras en una es por vía natural y en la otra por vía revelada. Además, el retorno al modelo transhistórico también es distinto, porque mientras en la metafísica arcaica se trata de un retorno a la Edad de Oro que paulatinamente se vuelve en Edad de Hierro; en la metafísica cristiana se trata no de un retorno al Edén, sino del ingreso a la Nueva Jerusalén, donde lo histórico y el tiempo no queda suprimido sino redimido.

La intuición de esta dimensión salvífica de la mentalidad arcaica es expresada con nitidez por el filósofo peruano Mariano Iberico cuando interpreta el aparecer como totalidad viviente, simbólica y poética, que contiene el lenguaje del destino (La Aparición. Ensayos sobre el ser y el aparecer, 1950).

Esto nos permite intentar trazar un cuadro esquemático sobre las articulaciones estructurales del filosofar arcaico como sigue:
1.- Conceptos
Concepto imagen del filosofar arcaico vs el concepto puro de la lógica parmenídea-aristotélica.
2.- Comunicación
Alegórica, poética, metafísica viviente, analógica, simbólica, figurativa.
3.- Interpretación del cosmos
Como totalidad viviente o animada y los fenómenos revelan el destino.
4.- Formas conceptuales
 No son lógica sino estético-salvíficas
5.-Formas de sabiduría
Mántica, mítica, profética, mágica, poética, horoscópica.
6.-Sentido de sabiduría
Oracular, iniciática, intuitiva, escatológica, revelada.
7.- Esfera ontológica
Onírica, pática, cósmica, vida superior divina.
8.- Propósito del saber
Pensamiento simbólico (lo que la cosa “quiere decir”) vs pensamiento conceptual (lo que la cosa “es”).
9.- Filosofía simbólica
Es especulación e intuición del destino.
10.- Principal enemigo
Orgía historicista, pragmática y tecnicista.

Con esto no estamos afirmando que el saber humano se basa en la doxa y no en la episteme, en la fe y no en la ciencia. Ambas cosas no pueden ser confundidas. El rigor, el método y los testimonios de la Fe son distintos de los de la Razón, pero esto no quiere decir que una suprime ni invalida a la otra. La Fe trasciende a la Razón y a su lógica formal, también a la lógica de la razón natural. Pero esto no significa que el logos del hombre deba vivir una vida reñida entre el logos participativo y el logos conceptual. Ambos son necesarios y valiosos para elevarse a la trascendencia y comprender la inmanencia.

De modo que nuestro interés por reivindicar el carácter filosófico del saber chamánico no está relacionado con tendencias irracionalistas y fideístas, sino con la percepción del carácter filosófico de la condición humana en todas las épocas y en todas las culturas.  


Lima, Salamanca 20 de Febrero 2016 

viernes, 19 de febrero de 2016

PLATILLISMO COMO DELIRIO MENTAL

“PLATILLISMO” COMO DELIRIO PSICOPATOLÓGICO DEL PENSAMIENTO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Se podría pensar que sobre este tema ya se ha escrito lo suficiente, pero no es así. El escaso número en el mundo de especialistas en la ciencia de mente y el hecho de estar abocados a problemas clínicos concretos ha retrasado su perspectiva sobre el tema del “platillismo” (creencia que luces vistas en el cielo son platillos de inteligencias extraterrestres).

Sin embargo, la psiquiatría con Carl Jung advirtió que el fenómeno Ovni era una proyección epocal de la mente con el fenómeno de la Gestalt, pero hoy, esta ciencia ha dejado entrever que el platillismo es otra variante del trastorno esquizofrénico paranoide del pensamiento.

  La psiquiatría actual nos advierte que este síndrome tiene que ser visto como un trastorno antes que como una enfermedad. Esto es, personas aparentemente sanas y normales pueden padecer este trastorno de manera espontánea y pasajera, a diferencia de otros que lo convierten en un modus vivendi. Entonces en el trastorno platillista el síndrome paranoide puede hacer que una persona se sienta gobernado por ideas delirantes relacionada con extraterrestres y en el síndrome esquizofrénico escucha voces y tiene visiones de inexistentes seres alienígenas. En este punto la filosofía es la más indicada para explicarnos por qué no todo lo que existe es real y la psicología para dilucidar cómo los sentidos y la mente humana es presa de la más amplia gama de alucinaciones.

Todo esto es muy posible que suceda y que pululen las sectas platillistas con sus gurús respectivos, si tenemos en cuenta la ideología técnico-científica como predominante en el mundo actual, sumado a un promedio de gente con la salud mental deteriorada por el estrés, los traumas y las enfermedades mentales congénitas, que oscila entre el 1 al 5% de la población mundial.   

Considerar esta variante psicopatológica es sumamente importante y urgente debido a que en el estudio del fenómeno Ovni se suele confundir la ufología –abordamiento metódico y científico- con la ufolatría –asunción dogmático y religioso- y, además, es necesario insertarla en las variantes explicativas de dicho fenómeno.

Generalmente, el tratamiento del problema Ovni se ha diversificado en las siguientes variantes explicativas:
(1) teológica
(2) científica
(3) filosófica
(4) psicológica
(5) militar

La (1) se subdivide en: 1.1 son demonios –Dios es orden y no desorden, por tanto no puede estar creando y desperdigando civilizaciones por el todo el cosmos-, 1.2 son ángeles –es la tesis del monseñor Corrado Balducci-, 1.3 no son demonios ni ángeles sino vigilantes intergalácticos de civilizaciones hiper avanzadas –es la tesis predilecta de los gurús platillistas, que extrañamente siempre traen un nuevo evangelio religioso-.

La variante (2)  es más homogénea: 2.1 se trata de fenómenos naturales (sprites, hologramas solares, nubes lenticulares, rayos esféricos, satélites, basura espacial, etc.), 2.2 la búsqueda de vida inteligente en el espacio exterior prosigue (exobiología, exoplanetología, etc.) sin resultados concretos.

La variante (3) incide en: 3.1  tesis metafísico-ontológica (no todo lo que existe es real, los ovnis existen pero no son reales).

La variante (4): 4.1 fenómeno de la Gestalt (el psiquiatra psicoanalista C. Jung sostiene la tesis de que los Ovnis son proyecciones inconscientes de la imaginación epocal).

Y por último la variante (5): 5.1 se trata de un mitoide psicosocial en la era tecnológica para encubrir la multibillonaria carrera de armamentos.

En toda esta frondosa variedad de interpretaciones nosotros consideramos indispensable incluir en la variante psicológica una segunda tesis, a saber, (4.2) la de considerar el platillismo como una delusión esquizofrénico-paranoide del pensamiento.

Esta interpretación, que por la alta frecuencia de casos ya está siendo considerada por los psiquiatras actuales, no sólo viene a enriquecer el cuadro explicativo sino que además refuerza la tesis de lo frágil de los sentidos y la mente humana.

Pero además, pone énfasis en un elemento lateral, pero real, interesado en alimentar este delirio del pensamiento actual. Nos referimos al factor militar.

Ante las prioritarias necesidades mundiales –agua, alimentos, salud, educación, energía, etc.-, los escandalosos e inmorales presupuestos que devoran millardos de recursos para conseguir la superioridad tecnológico-militar entre las potencias, requieren como cobertura psicosocial el encubrimiento de dichos “programas negros” alimentando el mitoide de los ovnis y la supuesta existencia de seres alienígenos.

Por ejemplo, desde el 2015 ya no es un secreto que EEUU, Rusia y China disponen de tecnología láser no sólo en cañones sino en dispositivos para crear imágenes holográficas falsas de misiles o de lo que sea necesario. Esta tecnología recién dada a conocer supone décadas de investigación con el empleo del mejor señuelo disponible, a saber, la imagen de un ovni. También se conoce en el arsenal militar la creación de aerosoles que crean nubes artificiales para cubrir cualquier equipo militar, y de pintura de absorción de ondas de radio para aviones y misiles capaz de volverlos invisibles a las frecuencias disponibles del radar. Esta pintura con reflexión casi completa en el espectro de luz y en el espectro infrarrojo también lleva años de investigación química en supuestos ovnis. Lo mismo sucede con los hoy populares drones, como el Aguila Divina chino con esfera electromagnética protectora contra misiles aire-aire. Este encubrimiento militar de modernísima tecnología sigilosa y furtiva retroalimenta el platillismo como delusión psicopatológica.

Hemos considerado necesario escribir estos párrafos porque dicha variante psicológica no había sido considerada en mis libros anteriores (Ovni como mitoide militar, Los platillistas en su laberinto, y Lógica ufológica). Y creo que sin considerar el platillismo como delusión mental la explicación del fenómeno Ovni estaría incompleta.

La conclusión, dolorosa al platillismo que busca sucedáneos religiosos, es que la humanidad está sola en el cosmos y sigue siendo el centro metafísico moral del universo. Mi posición que quede bien clara. Los Ovnis y los ET son una coartada bien planeada para disimular la costosa e ilegal militarización del espacio por parte de las potencias.  


Lima, Salamanca 19 de Febrero 2016 

jueves, 18 de febrero de 2016

LOS PROBLEMAS DE LA REALIDAD

LOS PROBLEMAS DE LA REALIDAD
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Tres son los problemas filosóficos centrales de la Realidad, a saber, cuál es su relación con: la conciencia, la apariencia y la posibilidad.

Por lo pronto, la metafísica de las esencias clásico-cristiana concibió la Realidad como cosa en sí, en relación a su condición independiente de la conciencia o en cuanto existe fuera de la mente humana –actualmente, por ejemplo, se puede decir que testimonio de ello son los 15 mil millones de años de existencia del Universo al margen de la existencia de la conciencia humana pensante-. La filosofía moderna con su metafísica empirista del percipi y del racionalista yo pienso puso énfasis en que la Realidad es fenómeno o manifestación respecto a la conciencia del Existente que la evoca –se presenta como dato, aunque de espesor infinito e inabarcable para el conocimiento-. Y la filosofía del romanticismo subrayó que la Realidad es, a su vez, apariencia respecto al ser que la sobrepasa como fuente y suficiencia perfecta –a la vez oculta y revelada-.

Lo primero y lo tercero tiene que ver con la verdad ontológica –versa sobre la realidad como algo distinto a la apariencia y al conocer- y es un tema metafísico, mientras lo segundo concierne a la verdad epistemológica –adecuación del entendimiento con la realidad-. El primado de la verdad ontológica ha sido preeminente en la filosofía clásica, cristiana y romántica, y el de la verdad epistémica ha sido relevante desde la modernidad. Hay quienes piensan que la verdad ontológica no es tema científico sino, más bien, la verdad epistemológica –marcos pragmáticos a nivel fenoménico (Kuhn)-. Con ello la verdad metafísica requiere ser entendida desde una previa teoría del ser, no así la verdad epistemológica, que funciona sobre la base de las posibilidades del conocer.

Ahora bien, cuando se aborda la relación entre la Realidad y la conciencia es inevitable afrontar a la vez temas ontológicos y epistemológicos. En primer lugar, la Realidad nos afecta con carácter de cosa –no necesariamente física-, esto es, tiene universalidad –pues se presenta a todos- y es individual –es un ente concreto-. A esto último Duns Scoto le llamó haecceitas, que los escolásticos llamaron esse in re.

Esta doble dimensión de la Realidad se pone de manifiesto en la famosa disputa medieval sobre los Universales (géneros y especies). Para la solución realista, esto es, para la tradición lógica platónico-aristotélica, es además de conceptus mentis, la esencia necesaria o la sustancia de las cosas. Para la solución nominalista, esto es, para la tradición anti-aristotélica estoica, el Universal es solamente un signo de las cosas mismas.

No obstante, la solución realista presenta mayor variedad. Así, Abelardo atribuye a Guillermo de Champeaux un realismo platonizante, según el cual el Universal es sustancia y los individuos son accidentes de la sustancia. Santo tomás de Aquino expone un realismo aristotélico, en donde el Universal es in re, como forma o sustancia de las cosas, post rem como concepto en el entendimiento y ante rem como idea o modelo de las cosas creadas en la mente divina. La tercera solución semi-aristotélica la brinda Duns Scoto, para quien el Universal existe sólo en el entendimiento, pero en las cosas existe formalmente una naturaleza común de la individualidad de las cosas.

En cambio el nominalismo presenta una mayor uniformidad en su solución. De Abelardo a Occam el nominalismo sostiene que el Universal se reduce a la función lógica de la predicabilidad, pero si uno pone énfasis en su realidad psíquica el otro lo hace en su realidad semántica. Esta solución de la lógica terminista fue la que siguió el empirismo inglés a partir de Locke, Berkeley y Hume, y la que posteriormente asumió la filosofía analítica con su estudio de las cosas o los hechos como gramáticas o presuposiciones subyacentes. La tesis capital del Regnum hominis de la filosofía moderna es que la mente humana imprime su sello al mundo.

Pasar de la realidad del concepto a la existencia de las cosas o del mundo externo, ha sido precisamente el tema fundamental de la filosofía desde Descartes, pues al enunciar que el objeto del conocimiento humano es sólo la idea resultó dudosa la existencia del mundo. Pero el Cartesio mediante la reelaboración de la prueba ontológica admite la realidad de las cosas recurriendo a la veracidad de Dios y al principio de que debe existir en la causa eficiente tanta realidad como existe en el efecto. El racionalismo de Leibniz al disolver la realidad de las cosas a mónadas de naturaleza espiritual desembocó en un inmaterialismo que negó el carácter propio de la Realidad.

No obstante, es el empirismo inglés, con Berkeley y Hume, el que reduce la realidad de las cosas a su ser percibidas, con ello negó la realidad autónoma del mundo y se instaura con fuerza la metafísica subjetiva del ser percipi. Es decir, la negación consecuente de la metafísica de las esencias clásico-cristiana es llevada adelante no por la corriente racionalista moderna sino por la empirista.

El idealismo trascendental kantiano busca una solución intermedia en su “Refutación del idealismo”, oponiendo a la conciencia de la propia existencia la conciencia de las cosas. Esto es, Kant considera válida la primacía cartesiana de la conciencia, pero la extiende a la conciencia inmediata de la existencia de otras cosas fuera de mí. Sin embargo, esta solución resultó ser sumamente insatisfactoria porque no explicaba el modo de ser específico de las cosas. La solución kantiana pretendía dar cuenta de la existencia de las cosas sin atender a su modo específico de realidad.

Así lo vio Fichte al postular que la fuente de toda Realidad es el Yo en su actividad, porque sólo con el Yo es dado el concepto de realidad. En Hegel la realidad es la actividad de la idea absoluta que se despliega en la naturaleza y en la historia. Y Schopenhauer afirma que la esencia de lo objetos intuibles es su acción. Y si el romanticismo definía la Realidad por la acción el sensualismo lo hacía por la resistencia.

En la filosofía del siglo veinte el problema de la Realidad en la filosofía existencialista dejó de ser la de su existencia para enfocarse en el modo específico de las cosas mismas. Para Heidegger la existencia es el modo de ser reservado al ser-ahí o Dasein, mientras que la “simple presencia” corresponde al ser de las cosas. Su énfasis en el carácter instrumental del ser de las cosas determina que valen como medio para el hombre. No hay realidad exterior a la conciencia porque no hay sujeto sin mundo. Sea o no válida esta demostración, es claro que Heidegger ofrece una solución insatisfactoria al problema de la existencia de las cosas. Casi paralelamente el Círculo de Viena, con Carnap y Schlick, se pronunciaban rechazando tanto la irrealidad como la realidad del mundo externo porque son seudo-afirmaciones sin verificación experimental. Sus continuadores se remitieron a la tesis de Mach que sostiene que las sensaciones son neutrales, o sea, ni subjetivos ni objetivos.

El estructuralismo reduce la Realidad a actividad social, el posestructuralismo la concibe como diferencia y pensamiento no figurativo frente al pensamiento logocrático de la identidad, la semiótica como una lucha de signos y significados, el postmarxismo como racionalidad instrumental que debe ser desmontada, y la postmodernidad a la Voluntad libre, la Realidad es interpretación, el mundo es lo que decidimos acerca de él.

Y así el derrotero nihilista y relativista de la filosofía moderna ha sido desembocar hacia la doble negación subjetivista de la Realidad como existencia y modo de ser específico de las cosas, para reducirla a actividad de la voluntad interpretativa. Con ello la Realidad ya no es el ser parmenídeo en cuanto manifiesto, sino que es mero evento actual de la voluntad interpretativa individual.  Hay tantas realidades cuantos individuos existen. La realidad ha perdido espesor esencial y exterior, no es más allá del Yo, y se la redujo a la multiplicidad de mónadas subjetivas, en una hemorragia de subjetivismo sin profundidad sustancial. Es el triunfo del para-mí y la renuncia-olvido del ser. No hay verdad extramundana, sólo hay voluntad de verdad.

El carácter profundamente insatisfactorio e ideológica de esta solución nihilista hermenéutica subjetivista de la Realidad, que termina destronando la Razón, la Ciencia y la Fe en lo trascendente, es lo característico de la culminación del Regnum hominis puramente inmanente que comienza desde la modernidad. La prueba de esta aseveración es que la Realidad, indiferente a las consideraciones escépticas, persiste mostrando el problema de su existencia y el modo de ser específico de las cosas.

Todo lo cual exige superar la esterilidad metafísica en que culmina la historia de Occidente y emprender un giro copernicano para renunciar al para-mí y volver al ser. En este giro ha de enfatizarse que lo ontológico es previo y condiciona lo epistemológico, el ser rebasa el pensar y por eso será siempre fuente inagotable de conocimiento.  

El segundo problema de la Realidad concierne a su relación con la apariencia. El neohegeliano F. H. Bradley hizo hincapié en la diferencia que existe entre apariencia y realidad. En su metafísica de la experiencia de lo Absoluto lo real es lo fenoménico sustentado en un absoluto concreto. En cambio la apariencia no es sino una parte o momento de la realidad. Dewey dio el mismo sentido a la diferencia entre ambos.

Para nosotros la diferencia lo establecemos en relación a tres categorías metafísicas: el ser, la realidad y la apariencia. El ser es la fuente de toda realidad y apariencia; lo real es lo que posee existencia y realidad; y la apariencia es lo que se muestra en la existencia sin realidad. Así, por ejemplo, los sueños, las alucinaciones, las fantasías, los espejismos, los trucos, etc., existen pero no son reales. Una sugestión puede producir un efecto real sin una causa que sea real. No todo lo que existe es real, la apariencia existe pero no es real. De manera que mientras la Realidad posee existencia y universalidad, en cambio la Apariencia posee existencia sin universalidad, por eso no es real. La Apariencia no se opone al Ser sino a la Realidad, esto es, la apariencia es una forma de ser. El devenir no es aparente es real, pero hay apariencias que devienen pero no son reales –los sueños, los espejismos, etc.-. La Realidad es subsistente por sí misma, la Apariencia no. La Apariencia es una forma de ser, donde la existencia no es subsistente por sí misma. La ontología de la apariencia no se resuelve en su realidad sino en su inconsistencia real. Por ello, es equivocado pensar que no tenga sentido preguntar si una realidad es verdadera o aparente (Whitehead), pues hay seres ilusorios que no tienen realidad y ese modo de ser se llama apariencia.

Por último, abordamos el tercer problema concerniente a la relación entre Realidad y Posibilidad. Hegel definía la Realidad como la esencia que se ha realizado en la existencia o lo interno manifestado en lo externo. Por ende, la esencia o lo interno no manifestado es lo posible. Nicolai Hartmann también destaca que el sentido primario del ser es la efectividad frente a la posibilidad. Al respecto, se puede decir que siendo lo posible lo aun no real no obstante tiene ser. El ser de lo posible es lo que puede ser, lo potencial, mientras que el ser de lo real es lo que es. La posibilidad real o posibilidad objetiva no es de naturaleza lógica sino ontológica, y por eso Aristóteles distingue en metafísica lo que puede ser verdadero.

Este criterio de lo contingente es recogido por Santo Tomás de Aquino para defenderlo contra el necesarismo árabe. Y Kierkegaard defiende la indeterminación objetiva de las posibilidades en las nociones de angustia y desesperación. Para Wittgenstein la posibilidad es lo que se expresa en una proposición sensata y es distinta de la tautología, lógica o matemática, que no dice nada. Por último, Reichenbach diferencia entre posibilidad lógica, física y técnica, para sostener que la posibilidad física es fundamento de la probabilidad.

Por nuestra parte, sostenemos que la diferencia esencial entre Realidad y Posibilidad es que mientras el primero es lo que es verdadero, el segundo es lo que puede ser verdadero en sentido lógico, físico o técnico. Es decir, lo imposible (por ejemplo, la cuadratura del círculo) carece de posibilidad lógica, física y técnica, pero es real. Mientras la realidad de lo posible reside en su probabilidad, la realidad de lo imposible estriba en su improbabilidad. Probabilidad e improbabilidad, lo contingente y lo necesario, pertenecen al dominio de la Realidad, pero mientras lo real es actual, lo posible es contingente. Asimismo, la probabilidad de lo posible (por ejemplo, mediante la genética volver a hacer que existan los dinosaurios) y la improbabilidad de lo imposible (por ejemplo, del huevo de un caracol salga un camello) responden a su estatus lógico, físico o técnico.

En suma, la Realidad es el ser manifestado, que goza de existencia-subsistencia y es actual. La filosofía posmoderna con la ontología débil ha negado nihilistamente la existencia y la consistencia de la realidad del mundo externo a favor de la subjetivista hermenéutica interpretante. Para salir del atolladero filosófico hace falta un giro metafísico que coloque el ser sobre el conocer, lo ontológico sobre lo epistemológico, recuperando así un sano sentido realista del mundo y de los valores.


Lima, Salamanca 18 de Febrero 2016