El Espejismo del Determinismo Tecnológico: Harari y la Narrativa de Confort para las Élites
Introducción
¿Qué significa realmente “ser humano” en una era donde se promete la inmortalidad técnica, la felicidad perpetua y el dominio absoluto de la evolución? ¿Es la muerte un defecto que debe ser eliminado o el fundamento mismo de nuestra dignidad? ¿Estamos ante un destino inevitable escrito por algoritmos y corporaciones, o aún existe espacio para la resistencia política y la afirmación de lo vulnerable? Estas preguntas capitales marcan el umbral de la reflexión que sigue.
En su célebre obra Homo Deus, el historiador israelí Yuval Noah Harari plantea una tesis audaz: habiendo domesticado históricamente las tres grandes plagas de la humanidad —el hambre, la peste y la guerra—, el Homo sapiens se encuentra en el umbral de una mutación sin precedentes. El nuevo horizonte de nuestra especie ya no es la mera supervivencia, sino la adquisición de capacidades divinas: la inmortalidad biológica, la felicidad perpetua mediante el rediseño bioquímico y el control absoluto de la evolución a través de la inteligencia artificial y la ingeniería genética.
Sin embargo, bajo la apariencia de una advertencia secular y objetiva, la arquitectura conceptual de Harari adolece de una profunda ceguera sociológica, geopolítica y filosófica. Al universalizar las ambiciones de un puñado de corporaciones hiperconectadas de Silicon Valley y presentarlas como el destino inevitable de la humanidad, su obra incurre en un peligroso doble juego. Lejos de operar como una crítica incómoda, el discurso de Harari funciona como la mitología fundacional y la racionalización ideológica que las élites globales necesitaban para justificar la desigualdad más extrema de la historia humana. Frente a este determinismo tecnológico totalizante, la ontología kenótica emerge no solo como una refutación metafísica, sino como un acto de resistencia política que rescata la dignidad de lo vulnerable.
I. La falacia del progreso universal: Estadísticas vs. Realidades Materiales
El punto de partida de Harari se sostiene sobre una generalización metodológica que violenta la realidad material de la mayor parte del planeta. Al afirmar que las hambrunas, las epidemias y los conflictos armados han sido degradados de "tragedias inevitables" a simples "problemas de gestión política", el autor adopta una perspectiva estadística global que diluye las asimetrías del sistema-mundo.
Para Harari, el hecho de que hoy muera estadísticamente más gente por enfermedades asociadas a la obesidad que por desnutrición, o que el suicidio cobre más vidas que los conflictos armados, es prueba de un éxito evolutivo. No obstante, esta mirada ignora que el hambre y la precariedad no son anomalías técnicas del pasado en vías de resolución, sino subproductos estructurales y necesarios del modelo económico actual. En vastas regiones del Sur Global, las enfermedades curables y la escasez de recursos esenciales como el agua potable no persisten por "errores de cálculo", sino por la lógica de acumulación y desposesión de los mercados globales. Hablar del Homo Deus como el "siguiente paso de la humanidad" es un ejercicio de provincianismo intelectual que confunde la agenda de una minoría plutocrática con el destino de toda la especie.
II. El determinismo tecnológico y la disolución de la agencia política
Uno de los aspectos más problemáticos de la narrativa de Harari es su adopción de un estricto determinismo tecnológico. En sus textos, la Inteligencia Artificial, la biotecnología y el flujo masivo de datos (lo que él denomina Dataísmo) aparecen como fuerzas históricas autónomas, dotadas de una inercia propia que se despliega de manera casi metafísica sobre las sociedades.
Esta conceptualización despolitiza el debate de raíz:
- Inexistencia de responsables: Si la tecnología avanza por una fuerza evolutiva ineludible, se borra el rastro de las corporaciones, los fondos de inversión de riesgo y los Estados que financian y dirigen activamente estas investigaciones con fines de control y rentabilidad.
- Desmovilización ciudadana: Al plantear que el ser humano común se encamina a convertirse en un "humano hackeable" o a formar parte de una inevitable "clase inútil" desplazada por los algoritmos, se genera un sentimiento de resignación fatalista.
- Conversión de la soberanía: La política tradicional, la lucha de clases y los movimientos sociales quedan reducidos a meros anacronismos frente al poder absoluto del código y los flujos de información.
Al presentar el futuro como un libreto ya escrito por las fuerzas del mercado tecnológico, Harari neutraliza la capacidad de resistencia del ciudadano común, transmitiendo la idea de que cualquier intento de regulación o soberanía tecnológica es una batalla perdida contra la evolución.
III. El intelectual en la corte de Davos: El transhumanismo como religión de clase
Esta sintonía ideológica explica de manera diáfana por qué Harari se ha convertido en el filósofo de cabecera y el conferencista estrella del Foro Económico Mundial de Davos y de las juntas directivas de Silicon Valley. Existe una contradicción insostenible entre vender distopías de exclusión biológica al gran público y, al mismo tiempo, ser aplaudido y financiado por las mismas élites que tienen el poder material para construirlas.
Las élites globales no se sienten incómodas con las advertencias de Harari; por el contrario, encuentran en ellas un profundo confort intelectual. En primer lugar, la noción de que la riqueza se traducirá en una mejora biológica definitiva (una división genética entre una casta de "dioses" mejorados y una masa de desposeídos prescindibles) valida moralmente su estatus actual. Su posición de poder ya no se percibe como el resultado de una explotación económica o de asimetrías fiscales, sino como la vanguardia legítima del siguiente paso evolutivo de la vida en la Tierra.
En segundo lugar, el enfoque de Harari desvía la atención de las reformas estructurales e inmediatas que el sistema económico global requiere de manera urgente. Mientras los líderes globales debaten en foros cerrados sobre los dilemas filosóficos del posthumanismo y el hackeo de la mente humana a cien años vista, se clausura el debate sobre la justicia fiscal, la precarización laboral en la era de las plataformas digitales, los monopolios tecnológicos y la devastación ecológica del presente.
IV. La respuesta de la Ontología Kenótica: El valor del vaciamiento frente a la hibris tecnológica
Es aquí donde la ontología kenótica ofrece la demolición filosófica más contundente al determinismo de Harari. El concepto de kénosis —derivado de la teología del "vaciamiento" o "abajamiento" voluntario de lo divino para hacerse humano y vulnerable— fue trasladado a la ontología contemporánea por pensadores como Gianni Vattimo bajo el marco del "pensamiento débil". La ontología kenótica postula que la verdad y el ser no se realizan mediante la acumulación de poder, la estructura rígida o la dominación metafísica, sino a través del debilitamiento, la autolimitación y la apertura hospitalaria al otro.
Desde esta perspectiva, el Homo Deus de Harari no representa una evolución, sino una regresión hacia la forma más primitiva de la metafísica violenta: la búsqueda del "Absoluto" absoluto, encarnado ahora en el algoritmo omnipresente y en la omnipotencia biológica de las élites. La ontología kenótica desmonta este delirio transhumanista en tres niveles fundamentales:
- La sacralidad de la finitud contra la inmortalidad técnica: Para la kénosis, la dignidad humana y la posibilidad del amor, la empatía y la solidaridad nacen precisamente de nuestra vulnerabilidad compartida y de nuestra finitud. El proyecto del Homo Deus pretende extirpar la muerte y el dolor tratándolos como "defectos técnicos". Al hacerlo, destruye el tejido mismo de la experiencia humana y la ética, reemplazándolo por un utilitarismo gélido donde solo lo "optimizado" tiene derecho a existir.
- El pensamiento débil frente a la dictadura del algoritmo: Mientras Harari predica el advenimiento del Dataísmo —una religión donde el ser humano se rinde ante la superioridad de los sistemas predictivos de datos—, la ontología kenótica defiende el debilitamiento de las verdades absolutas. El algoritmo reclama una verdad objetiva, impositiva y totalitaria; la kénosis contrapone una ontología de la interpretación (hermenéutica), donde la existencia no se computa, sino que se dialoga y se habita desde la fragilidad.
- Autolimitación política contra expansión ilimitada: El transhumanismo de Davos justifica la expansión colonial infinita del capital sobre el cuerpo y la mente humana. La ontología kenótica, en cambio, erige la autolimitación como la máxima expresión de la libertad y la ética. La verdadera trascendencia no consiste en acumular poder tecnológico para devenir dioses dominadores, sino en el acto kenótico de "bajarse" y autolimitarse para evitar la violencia y permitir que el desposeído, el débil y la biosfera tengan un lugar en el mundo.
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│ CHOQUE ONTOLÓGICO CENTRAL │
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│ Determinismo de Harari │ Ontología Kenótica │
│ (Homo Deus) │ (Pensamiento Débil) │
├──────────────────────────────┼───────────────────────────────┤
│ • Llenado de poder técnico │ • Vaciamiento (Kénosis) │
│ • El algoritmo como absoluto │ • Debilitamiento de dogmas │
│ • Exclusión del vulnerable │ • Sacralización del débil │
│ • Inmortalidad biológica │ • Ética de la finitud humana │
└──────────────────────────────┴───────────────────────────────┘
Conclusión
En última instancia, el valor de Homo Deus no reside en su capacidad profética, sino en su función sintomática: es el reflejo de la ideología dominante de nuestra época. El doble juego de Yuval Noah Harari radica en empaquetar una alarmante distopía de exclusión biológica y deshumanización para el consumo masivo, mientras proporciona a los arquitectos del capitalismo de la vigilancia una narrativa que naturaliza y legitima sus ambiciones de control total.
El verdadero peligro que enfrenta la humanidad contemporánea no proviene de la autonomía de algoritmos omnipotentes ni de la rebelión de las máquinas. El peligro real reside en la aceptación sumisa de un discurso intelectual que reduce la condición humana a meros datos procesables y transforma la desigualdad social en un destino biológico inevitable.
Frente a la arrogancia tecnocrática aplaudida en Davos, la ontología kenótica nos recuerda que el camino hacia una humanidad liberada no consiste en escalar peldaños hacia una divinidad cibernética artificial, sino en el acto radical de abrazar nuestra finitud, autolimitar nuestro poder de dominación y construir estructuras políticas basadas en el cuidado del vulnerable. La tecnología no es un vector divino que opera en el vacío; es una herramienta de poder y, como tal, debe ser disputada, politizada y democratizada, en lugar de ser adorada como el nuevo dios de un futuro clausurado.
La conclusión que se impone es clara y radical: el espejismo del Homo Deus no es un destino inevitable de la humanidad, sino la narrativa ideológica que legitima la concentración obscena de poder en manos de unas élites tecnocráticas. Harari convierte la desigualdad en biología y la dominación en evolución, clausurando la política bajo el mito del algoritmo absoluto. Frente a ello, la ontología kenótica recuerda que la verdadera trascendencia no consiste en acumular poder ni abolir la finitud, sino en el acto de autolimitarse, abrir espacio al vulnerable y disputar democráticamente el sentido de la técnica. Solo abrazando nuestra fragilidad compartida podremos resistir la arrogancia tecnocrática y construir un futuro donde la dignidad humana no sea sacrificada en el altar de la inmortalidad artificial.
Bibliografía
Harari, Y. N. (2017). Homo Deus: Breve historia del mañana (J. Ros, Trad.). Barcelona: Debate.
Flores Quelopana, G. (2026) Ontología kenótica. Lima, IIPCIAL
Oñate y Zubía, T., & Toro Murillo, A. (Coords.). (2024). El pensamiento kenótico: perspectivas de la Kénosis desde Vattimo, Nishida y Nishitani. En La fuerza del pensamiento débil. Madrid: Dykinson.
Vattimo, G., & Rovatti, P. A. (Eds.). (1990). El pensamiento débil. Madrid: Cátedra.
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