sábado, 8 de agosto de 2026

UNA CRÍTICA Y SU RESPUESTA

UNA CRÍTICA Y SU RESPUESTA

CRÍTICA AL COLOFÓN DE FLORES QUELOPANA

Por: Eduardo Esquerre

Lo primero que llama la atención es el título que pone a su artículo: “Colofón demonológico sobre la movilidad aérea bíblica”.

De entrada nos damos cuenta que a Gustavo Flores Quelopana no le interesa el tema puntual en estudio, “IDENTIFICACIÓN CRÍTICA DE MOVILIDAD AÉREA EN LA BIBLIA”, al que se le ha invitado a opinar, y, por lo tanto, no asume la responsabilidad de mostrar su acuerdo o desacuerdo puntual con las cuatro conclusiones con que el autor termina su trabajo. “Se va por las ramas” dice un dicho popular.

¿Existe o no existe movilidad aérea en la Biblia? ¿Se muestran o no se muestran con claridad las evidencias textuales de que sí existen, en diversa modalidad en las historias de la Biblia, en las citas correspondientes? El libro que se estudia es la Biblia, no ningún otro libro especializado sobre demonios, ovnis o teologías o filosofías interesadas de Flores Quelopana. Es la Biblia. Si cree que los versículos citados de la Biblia no dicen lo que dicen, debe honestamente fundamentar, cada caso, puntualmente, sin evadir hacerlo, escudándose en generalidades no verificables, fuera de texto. Ejemplo:

En conjunto, estas citas muestran cómo la interpretación propuesta absolutiza el sentido literal frente a la riqueza simbólica, tecnifica los signos bíblicos transformándolos en vehículos voladores y se desconecta de la tradición hermenéutica eclesial que ha discernido en ellos manifestaciones de la gloria divina.”

El autor del libro en comentario no tecnifica nada, ni tiene algún poder, ¡qué atrevimiento al afirmar eso!, de transformar los signos bíblicos en vehículos voladores. Los responsables de lo que se dice en la Biblia son los autores que escribieron sus textos: Mateo, Lucas, Marcos, Juan, Pedro, Pablo de Tarso, el autor de los Hechos de los Apóstoles, el autor del Pentateuco, de Números, Isaías, Deuteronomio, Nehemías, Salmos, Ezequiel, Jeremías, Reyes, Job, Nahum, Zacarías, Habacuc, y Juan, el autor del Apocalipsis.  Citamos fielmente lo que escribieron, literalmente, tal como fue traducido. Consideramos que en la interpretación de los versículos se debe respetar siempre el sentido literal de lo que escribió el autor del texto y basar lo alegórico o simbólico sobre aquél sin tratar de sustituir lo literal por la interpretación alegórica, ocultando lo literal original. Como decía el padre jesuita Ben-Ezra (citado en las referencias bibliográficas) “La alegoría es buena cuando se usa con moderación y sin perjuicio de la letra, la cual se debe salvar en primer lugar. Asegurada ésta, alegorizad cuanto quisiereis, sacad figuras, moralidades, conceptos predicables que puedan dar edificación a los que leyeren, con tal que no se opongan a algún otro lugar de la escritura, según su propio y natural sentido”.

Se estudia, en el libro que se comenta, el tema de vehículos voladores en la Biblia, no el tema de los vehículos voladores en el mundo, sean estos moralmente buenos o malos, angélicos o demoniacos; si se mencionan a los ovnis son solo una referencia para mostrar el tema principal: los vehículos voladores en la Biblia.

¿Ha examinado realmente, Flores Quelopana, ¿el contenido del libro para criticarlo?  Solo comenta aspectos periféricos del mismo: ideas de la introducción y datos de la bibliografía final. Entre estos dos extremos, un vacío: no hay comentarios críticos o valorativos, no hay nada.

Sobre los subtemas 1, 2 y 3, del CAPÍTULO I, que trata sobre la abducción de Jesús, la abducción colectiva del arrebato, y el comentario detallado de la “nube” bíblica como vehículo volador, ¿qué comenta? NADA.

Sobre el subtema 4, que trata de nombres de vehículos voladores en el Perú y el mundo y otros utilizados en la Biblia, ¿qué opina? NADA.

Sobre el subtema 5, que se ocupa de vehículos voladores en la Biblia con clave “Gloria”, ¿qué manifiesta? NADA.

Sobre el subtema 6, que examina los vehículos “Torbellino”, “Caballos de fuego”, “Carros de fuego”, “Carros de Dios”, “Carros de victoria”, “Bronce refulgente”, “Rollo que vuela”, “Caballo blanco”, ¿qué dice? NADA.

Sobre el subtema 7, un vehículo volador en el “comienzo” del mundo, ¿qué analiza? NADA.

Sobre el subtema 8, la gran ciudad voladora que desciende del cielo, ¿qué aprecia? NADA.

Sobre el CAPÍTULO II, titulado Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, ¿qué compara? NADA.

Sobre el CAPÍTULO III, titulado Actividad psíquica paranormal en la Biblia similar a la de los ovnis, ¿qué identifica? NADA.

Sobre el CAPÍTULO IV, titulado Conclusiones, ¿qué discierne? NADA.

En la introducción del libro hemos escrito: “No olvidemos que mucho más importante que el vehículo es el pasajero o los pasajeros que lleva el vehículo, por la influencia profunda ejercida en la humanidad”. Por ello las conclusiones giran en torno a las dignidades y no en torno a los vehículos que son el tema en análisis.

ESTAS SON LAS CONCLUSIONES DEL LIBRO:

Teniendo en cuenta las evidencias textuales relatadas en los libros de la Biblia, debidamente citadas en el capítulo uno y tres de este volumen, para verificación de quien lo desee, concluimos lo siguiente: PRIMERA CONCLUSIÓN: Presencia de vehículos voladores al servicio de Jesús. Los vehículos voladores, con diversas menciones, están presentes en la vida de Jesús en su nacimiento, en el desarrollo de su vida, en su ascensión y hasta después de su ascensión. En el Nuevo Testamento se les alude con los términos “Estrella”, “Gloria del Señor”, “Gloria de Jesús”, “nube”, “nube de luz” y “la nueva Jerusalén” que desciende del cielo, y la simbólica mención como “Caballo blanco”. SEGUNDA CONCLUSIÓN: Presencia de vehículos voladores al servicio de Jehová. Los vehículos voladores tienen una importante presencia en el accionar de Jehová sobre el pueblo de Israel, en el control que ejerce sobre él, a través de los cuales regula su vivir y gestiona con ellos las guerras que emprende. En el Antiguo Testamento se les menciona como “Columna de nube”, “Columna de fuego”, “Nube”, “Torbellino”, “Carros de fuego”, “Caballos de fuego”, “Bronce refulgente”, “rollo volador”, “Gloria de Jehová” y con las distinciones alusivas de “Carros de Dios” y “Carros de victoria”. TERCERA CONCLUSIÓN: Presencia de vehículos voladores desde tiempos muy remotos sobre el mundo. La Biblia muestra la presencia de un vehículo volador en el inicio de una etapa de la historia del planeta tierra, desordenado, vacío y en tinieblas en sus orígenes, sobre el que sobrevuela con la mención “Espíritu de Dios” (Génesis 1, Vers.  1 y 2). Lo que indica que la presencia de estos vehículos viajeros es más antigua de lo que pudiéramos imaginar en el espacio-tiempo del universo.  CUARTA CONCLUSIÓN: Presencia de aspectos parapsicólogicos en la Biblia con diversa mención. Los vehículos voladores en la Biblia están asociados a hechos que hoy llamaríamos fenómenos parapsicológicos: clarividencia, visiones, telepatía, psicofonías, sueños visionarios, recepción de mensajes telepáticos, viaje astral, a través de los cuales se comunican profecías y órdenes que influyen profundamente en el psiquismo humano, individual y grupalmente. Parecidos fenómenos se registran en personas que han contactado con los tripulantes de determinados ovnis. Sobre el CAPÍTULO VI, titulado Referencias bibliográficas, ¿Qué especula Flores Quelopana? Se explaya sobre el tema bibliográfico, como si este fuera lo más importante del libro y no los temas de fondo al que no les ha dedicado espacio crítico valorativo alguno, como debió ser, si es que quiere que se le aprecie como alguien que opina con seriedad y con alguna autoridad de opinión sobre el contenido principal de un libro y no sobre su información periférica. Un párrafo ilustrativo de lo que escribe comentando la supuesta “bibliografía” del libro, dice:

El análisis de la bibliografía de Eduardo Paz Esquerre constituye otro indicador de la orientación sesgada de su obra. La selección de fuentes revela una marcada omisión de aquellas interpretaciones que no coinciden con su clave literalista y tecnológica. En lugar de dialogar con la tradición patrística, con la exégesis alegórica, con la hermenéutica simbólica o con la interpretación demonológica del fenómeno FANI, su aparato bibliográfico se limita a reforzar su propia postura, sin abrirse al contraste crítico. “  [¿?] Pareciera que Flores Quelopana no tiene claro, o circunstancialmente no lo recuerda, cuál es la diferencia entre poner “Referencias bibliográficas” y poner “Bibliografía” al final de un trabajo de investigación. “Referencias bibliográficas” significa que los libros que se listan a continuación de esta denominación, al final de un trabajo, están referidos, es decir, han sido utilizados como cita, paráfrasis o comentario dentro de los capítulos desarrollados, para lo cual se indica, en la mención, el apellido del autor, el año de publicación del libro y el número de página de donde se ha tomado la referencia, ya sea cita o paráfrasis.  Paz, el autor, usa el conocido sistema de referencias bibliográficas APA, y no tiene por qué mencionar otros libros, así los hubiera leído, si no están citados en la línea de desarrollo del tema que está escribiendo. 

En “Bibliografía”, en cambio, suelen colocarse, muchas veces, una gran cantidad de títulos de libros relacionados con el tema, pero no es garantía de que el autor de un libro siquiera los hubiera leído, si no los cita. Hay quienes ponen una gran cantidad de autores en “Bibliografía” sólo para impresionar. Pura vanidad intelectual. No lo estoy haciendo. Lo siento. No quiero impresionar a Gustavo Flores Quelopana. En mi biblioteca tengo muchos libros impresos y digitales relacionados con el tema y otros afines, acumulados desde hace muchos años, más de 50 años, que no me interesa mencionarlos en una Bibliografía si no los cito. Pero él, si quiere, puede citar y comentar a los autores que estime conveniente para reforzar su punto de vista, si considera que el suyo no es suficientemente sólido.

Una cita para finalizar este comentario:

“Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, señor. Él les dijo: por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”. (Mateo, 13: 51-52).

 

[Respuesta] Estimado Eduardo:

Agradezco la dedicación con la que has elaborado tu crítica. Es evidente tu esfuerzo por defender la literalidad de los textos bíblicos y por subrayar la importancia de las referencias explícitas. Permíteme, sin embargo, precisar algunos puntos con claridad, pues considero que tu lectura de mi colofón no refleja con justicia la intención de mi argumentación.

1. Sobre el objeto del estudio Mi propósito no fue evadir el tema de la movilidad aérea en la Biblia, sino situarlo en un horizonte hermenéutico más amplio. La pregunta no es únicamente si existen “vehículos voladores” en los textos, sino cómo se interpretan esos signos dentro de la tradición teológica y simbólica. Reducirlos a un registro técnico o literal es una opción legítima, pero no la única ni la más fecunda.

2.Sobre la literalidad y la alegoría Coincido contigo en que la letra debe ser salvada. Pero la tradición cristiana —desde los Padres de la Iglesia hasta la exégesis contemporánea— ha insistido en que la letra se abre a sentidos espirituales y simbólicos. No se trata de “ocultar lo literal”, sino de reconocer que la Escritura, como Palabra viva, desborda la mera descripción material.

3.Sobre la acusación de vacíos Dices que no he comentado los subtemas de tu libro. En realidad, mi crítica se dirigió a la clave interpretativa que los atraviesa: la absolutización del sentido literal y la tecnificación de los signos. No era necesario repetir cada capítulo para señalar que el problema está en el método. Mi silencio sobre cada subtema no es desinterés, sino concentración en lo que considero el núcleo del debate.

4.Sobre las referencias bibliográficas No cuestioné tu uso del sistema APA, sino la orientación de las fuentes. Señalé que tu aparato crítico refuerza tu postura sin dialogar con otras tradiciones hermenéuticas. Esto no es un reproche técnico, sino metodológico: toda investigación se enriquece cuando se abre al contraste.

5.Sobre la teología de la participación La diferencia entre tu enfoque y el mío es clara: tú defiendes que la literalidad basta para afirmar la existencia de vehículos voladores en la Biblia; yo sostengo que esos signos deben leerse como manifestaciones de la gloria divina, en continuidad con la tradición simbólica. No niego tu derecho a la literalidad, pero sí advierto que esa opción corre el riesgo de empobrecer la riqueza del texto.

En conclusión: mi crítica no pretendió descalificar tu trabajo, sino invitar a un diálogo más profundo sobre la hermenéutica bíblica. La caridad exige reconocer tu esfuerzo y tu convicción; la claridad exige señalar que la interpretación no puede reducirse a la letra sin abrirse al símbolo.

En una palabra, el núcleo de tu libro no está en las conclusiones que presentas, sino en el método literalista que empleas para desentrañar el sentido de las Escrituras. Ese método, además de ser reductivo, resulta abortivo, porque interrumpe la riqueza simbólica y espiritual del texto sagrado, impidiendo que se despliegue su sentido pleno en continuidad con la tradición hermenéutica. No es que ignore tus conclusiones, sino que considero que ellas derivan de ese presupuesto equivocado: la reducción del texto bíblico a un registro técnico-material, cuando su verdadera fecundidad exige apertura al símbolo y a la trascendencia.

Con estima y respeto

G.F.Q.


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