sábado, 4 de agosto de 2012

CESAR VALLEJO Y SU REVOLUCIONARISMO PROFÉTICO

CÉSAR VALLEJO Y SU
REVOLUCIONARISMO PROFÉTICO
Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
 

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios…
César Vallejo

Para nadie es un secreto que Vallejo era pobre de solemnidad. Esto es, que la pobreza y la orfandad en él jamás fue una pose literaria, sino una auténtica penuria real. Pero en su caso la indigencia no sólo era material, es decir del pan material, sino también del pan tantálico que en la puerta del horno se nos quema.

En otras palabras, su sed y hambre era no sólo física sino primordialmente espiritual. Y cuando digo espiritual no aludo simplemente a una sed psicológica de afecto, de amor materno y fraternal, no apunto simplemente a una aspiración hacia la justicia social y a la fraternidad humana, sino que fundamentalmente señalo una esperanza, necesidad y sed de Dios.

Sobre que su necesidad era real y no ficticia basta mencionar las Cartas. 114 cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero (Ed. Juan  Mejía Baca, Lima 1975). En este pequeño epistolario –digo pequeño porque la correspondencia completa de Vallejo aun espera su elaboración- no se habla de literatura pero sí de pura necesidad material a lo largo de la década que cubre 1924-1934. Sus líneas nos dejan ver que su estadía europea fue un verdadero exilio, lleno de penurias, tormentos y enfermedad. El propio Basadre afirma que “a partir de julio de 1923 empezó para Vallejo una existencia acechada por la miseria” (Peruanos del siglo XX, Lima, Ed. Rikchay Perú, Lima 1981, p.150).

Estas cartas permiten formarse una idea adecuada de ciertos hechos. Primero, existía una fraterna amistad con Pablo y su hermano Xavier. Segundo, su deseo permanente de volver al Perú y a su vez de permanecer en Europa, de ir a España pero de quedarse en París. Tercero, las dificultades del idioma y del alojamiento en Rusia. Cuarto, su miseria más miserable que lo hacía vivir como un paria. Quinto, su inestable situación periodística. Sexto, su carácter apasionado, aventurero y arredrado. Séptimo, la ayuda económica permanente por parte de los amigos. Octava, la renuncia a la beca española no por malquistarse con Primo de Rivera, sino por no cubrir ciertos requisitos exigidos por la universidad. Y noveno, el talante fatalista con el que apreciaba su propio destino y futuro económico. No queda claro por qué se interrumpe la correspondencia en 1934, a tan sólo cuatro años de su fallecimiento.

En una palabra este epistolario humaniza aun más a Vallejo y lo muestra en una posición material angustiante, delinea un carácter apasionado y de estado valetudinario.

No obstante, el cuarto y séptimo punto merece un breve comentario. Al respecto, a indicado Max Silva Tuesta (“Un máncer llamado Juan Larrea”, en: César Vallejo: muerte y resurrección, Lima 2003) que Juan Larrea como “vulgar sibila” que ultrajó la memoria del bardo, dejó circular la especie que Vallejo era un “mendigo consuetudinario” (Aula Vallejo, 3 p. 449) por el hecho de haberle pedido dinero en calidad de préstamo. Además, lo tildó de esquizofrénico (Aula Vallejo, 1, p. 79), disputó con Georgette, la esposa del vate, saber más sobre el Vallejo íntimo (razón por la cual el vallejista Coyné lo llama “el viudo mental de Vallejo”), y para colmo lo acusa de convenido (“Necesita apoyo y lo busca en el Partido” –comunista-) y vividor (“viaja con su compañera a la Unión Soviética y Europa, consumiendo prácticamente los ahorros acumulados por el sudor de la madre de Georgette Vallejo”).

Sobre este último punto, James Higgins, con más objetividad, sutileza y caballerosidad refiere que Vallejo en los años 1927-28 atravesaba por una “crisis moral” (“La revolución y la redención del hombre” en: César Vallejo: muerte y resurrección, p. 207, Lima 2003) y como consecuencia lo lleva a estudiar el marxismo y a viajar a Rusia. Y Basadre sostiene que “en 1928 atraído por el comunismo, hizo su primer viaje a la Unión Soviética. Junto con Georgette, que tenía algunos medios económicos y que la fue la esposa y compañera durante los últimos años de su vida, realizó en 1929 la segunda visita a Rusia” (op. cit., p. 150). Además, en 1930 aparece en Madrid la segunda edición de Trilce con Prólogo de José Bergamín y un poema-salutación de Gerardo Diego.

En otras palabras, Vallejo lejos de ser un “vividor” se caracterizaba más bien por su “arisquez temperamental y cierto libertarismo ingénito”, como lo llama Basadre, publicaba libros, hacía traducciones, enviaba crónicas a las revistas de Lima, escribía artículos para diarios europeos, y sin ningún enrolamiento sectario concluyó en 1931 su libroreportaje sobre Rusia. Esta labor intensa de periodista que complementa su labor biográfica y poética ha sido estudiada por Winston Orrillo (César Vallejo periodista paradigmático, UNMSM, Lima 1998) y Jorge Puccinelli (César Vallejo. Desde Europa. Crónicas y artículos 1923-1938, Ed. Fuente de Cultura Peruana, Lima 1987).

Por eso llama la atención que un investigador tan escrupuloso como Marco Aurelio Denegri, pero con raptos misoneístas, sostenga sin ninguna apreciación crítica y como “información que se da por primera vez a conocer y es por eso mismo una primicia”, la versión de oídas que le proporciona Antonio Torres Vallejo sobre su abuelo el General José Antonio Vallejo Carrillo, quien supuestamente habló con el poeta en París en 1936 y éste le confiesa: “Soy un mantenido” (“Vallejística”, pp. 101-102, en: César Vallejo: muerte y resurrección, Max Silva Tuesta editor, Lima 2003).

En cualquier caso esta frase debe ser entendida como dolor de un digno varón y dentro de la “crisis moral” que habla el ilustre vallejista inglés James Higgins. Sólo que yo añadiría que esta clase de dependencia fue sobrellevada por Vallejo como una penitencia de su sino existencial, tan bien comparado por Alain-Paul Mallard con el atormentado destino trágico y patético del conde Ugolino (“El atormentado tránsito de Vallejo” en: César Vallejo: muerte y resurrección, pp. 33-40, Lima 2003).

Ahora bien, volviendo a la pobreza y a la orfandad como una auténtica necesidad real que siempre sintió Vallejo, hay que reconocer que guarda una estrecha relación con las funciones de la reproducción y de la nutrición, pero estos dos polos no lo convierten en un lírico erótico o hedonista que se agota en el alimento físico, sexual y psicológico. Contra lo que afirma Jorge Cornejo Polar (“El símbolo del alimento en la poesía de Vallejo”, en: César Vallejo: muerte y resurrección, pp. 141-166, Lima 2003) no se trata sólo del alimento físico y psicológico, y menos son éstos su tema fundamental.

No, y por el contrario, aun cuando sea cierto lo que afirma Roberto Paoli (“Sugerencias para un itinerario vallejiano” en: César Vallejo: muerte y resurrección, pp. 167-182, Lima 2003) al señalar lo “biológico” como polo constante del poeta, sin embargo, hay que destacar que su excepcional capacidad para lo íntimo y subjetivo –cualidad que lo separará definitivamente de la poesía modernista y que constituye su giro copernicano estrófico- lo lleva descubrir en lo prosaico, concreto y popular la chispa sobrehumana, metafísica y divina que se oculta dentro de todo lo existente.

En otras palabras, los términos que denotan alimento en la poética de Vallejo contienen un haz de significaciones que llegan hasta lo metafórico. Es decir, no sólo se trata del alimento físico y del alimento psicológico, no se trata sólo de la necesidad estomacal, la nostalgia por el hermano fallecido y de la obsesión por la madre ausente, sino que las ecuaciones pan-satisfacción-alegría y madre-afecto-alegría son caminos para llegar a la ecuación cumbre de la lírica vallejiana, a saber, Dios-solidaridad-bienaventuranza.

No es otro el sentido que tienen las constantes alusiones bíblicas a lo largo de su obra. El profeta Isaías, los evangelistas Juan, Marcos, Lucas y Mateo nos asaltan en los versos más culminantes del poeta, así en el poema maduro de España aparta de mí este cáliz, dice en tono profético que quiere ser excusado de este cáliz de sufrimiento, recordando las palabras de Cristo en el huerto de Getsemaní (Mateo, 26, 39).

En el “Himno a los voluntarios de la República” Vallejo establece la semejanza entre el miliciano y Cristo basada en la oración del Padre Nuestro:

¡Obrero, salvador, redentor nuestro,
Perdónanos, hermano, nuestras deudas!

Cuando ve al miliciano que marcha hacia la muerte por la causa de la humanidad se siente como un Cristo en medio de una agonía universal (Marcos, 14, 32):

Voluntario de España, miliciano
de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón,
cuando marcha a matar con su agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer, dónde ponerme.

Vallejo, como bien señala el fino crítico italiano Roberto Paoli, se desespera como un santo y un místico al apreciar su imperfección y su inhabilidad para vivir a la imagen de Dios:

Desde mi piedra en blanco, déjame,
solo,
cuadrumano, más acá, mucho más lejos,
al no caber entre mis manos tu largo rato extático,
quiebro contra tu rapidez de doble filo
mi pequeñez en traje de grandeza!

La comparación entre el bolchevique y Cristo lo proporciona “Salutación angélica”, el cual es un poema basado en el Evangelio de San Lucas (1, 26,30) donde el ángel Gabriel saluda a María y le comunica que ha sido elegida entre todas las mujeres para traer al mundo al redentor.

Más sólo tú demuestras, descendiendo
O subiendo del pecho, bolchevique,
Tus trazos inconfundibles,
Tu gesto marital,
tu cara de padre,
tus piernas de amado,
tu cutis por teléfono,
tu alma perpendicular
a la mía,
tus codos de justo
y un pasaporte en blanco en tu sonrisa.

En una velada alusión al Monte Calvario donde fue colgado Cristo, Vallejo canta en “Al revés de las aves del monte” a una realidad del mundo en que la paz, la armonía y la unidad reinan universalmente entre todos los hombres reconciliados, en lugar de un mundo donde reina la ley de la selva.

Al revés de las aves del monte,
Que viven del valle…
Vino el sincero con sus nietos pérfidos.
Vino el Sincero, ciego, con sus lámparas.
se vio el Pálido, aquí bastar
al Encarnado;
nació de puro humilde el Grande…

Lo singular de este poema –y que puede ser vinculado al fracaso de las utopías sociales y del “socialismo real”- es que contiene un final poderoso y profundo que expresa su incuestionable escepticismo sobre el hombre y su relación con el mal radical que anida en su alma:

…fuera entonces
que vi que el hombre es malnacido,
mal vivo, mal muerto, mal moribundo.

La urgencia por conquistar el reino de Cristo –el genio descalzo- lo ve Vallejo en la revolución armada cuya meta suprema es crear una humanidad que viva en un mundo de paz y amor. Así en el”Himno” el poeta urge al combatiente a batir al enemigo por la conquista de un mundo donde todos serán libres:

¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado y del explotador…!
Y hacedlo, voy diciendo,
por el analfabeto a quien escribo
por el genio descalzo y su cordero.

Es inocultable que el “Himno” se inspira en el profeta Isaías (29, 18-35, 5-6: 25,8) para cantar un mundo pleno de alegría, sabiduría y realización personal:

¡Entrelazándose hablarán los mudos, lo tullidos
andarán!
¡Verán, ya de regreso, los ciegos
y palpitando escucharán los sordos!
¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios!

Para Paoli no hay duda de que Vallejo se inspira en la Biblia y emplea una terminología religiosa para cantar el paraíso que será conquistado en la tierra por la humanidad revolucionaria y unida. Pero no basta en su poética -como él supone- una lectura “revolucionaria” y otra “profética”, porque el profetismo de Vallejo como un Tomás de Kempis culmina en una Imitación de Cristo que reconoce que las fuerzas humanas no bastan, son insuficientes, deben seguir batallando por el bien colectivo, pero que es necio negar a Dios, que con Cristo demostró también la importancia de la vida terrestre. Por eso lo que hay en la tercera y última etapa de la poética vallejiana no es simplemente una poesía revolucionaria sino una poesía profética-revolucionaria, donde el bien terrenal es la realización del bien celestial.

Es decir, desde el Vallejo juvenil (1911-16) del romanticismo tardío, pasando por el modernismo de “Los Heraldos Negros” (1918), el vanguardismo de “Trilce” (1922) hasta llegar al revolucionarismo profético de los “Poemas humanos” (1923-38), existe el mismo anhelo por trascender la miseria de la condición humana y la singularidad de cada etapa es una acentuación de su percepción del sufrimiento y finitud humana a nivel individual primero, social después y ecuménica al final, que será superado en una conjunción activa de lo inmanente y lo trascendente. Esto no significa que el problema del prójimo o de la Otredad esté ausente en sus inicios, sino que se va acentuando y ampliando más.

Yo pienso que la culminación de su visión profética se torna en salvífica y escatológica en su poema”Masa”, la cual está basada en la resurrección de Lázaro (San Juan, 11, 43-44). Aquí no es la solidaridad humana la que realiza el milagro de la resurrección del cadáver sino la virtud sobrenatural de la fe. Lo que se condice con su escepticismo respecto a la naturaleza humana y se relaciona con sus últimas palabras dictadas a su esposa Georgette:

Cualquiera que sea la causa
 que tenga que defender ante Dios,
tengo un defensor: Dios.

Esta es la última nota del mundo armonioso y plenificado de la poética de Vallejo, donde se revela su condición de criatura, en lucha constante por la justicia y el sentido del mundo, justamente porque ha percibido con claridad meridiana la situación límite de la condición humana.

Por eso es que afirmo que su hambre no sólo era física ni psicológica, sino esencialmente espiritual, tenía una acendrada sed de Dios. Dicha sed de Dios no es idéntica a la “sensación de eternidad” (Romain Rolland) o al “sentimiento oceánico” (Denegri), porque ésta última calza a la perfección con el panteísmo o las religiones impersonales del hinduismo, en cambio la sed de Dios de Vallejo es equivalente a la divinidad personal, providente y omnipotente de las tres grandes religiones monoteístas y en su caso con el Dios uno y trino del cristianismo. Es por esto que la ecuación cumbre de la lírica vallejiana es Dios-solidaridad-bienaventuranza.

Ahora bien, qué tipo de Dios es éste tan comprometido con lo concreto, la justicia, la revolución y la solidaridad humana. No hay duda que si Vallejo hubiese conocido las teologías de la praxis y especialmente la teología de la liberación de padre Gustavo Gutiérrez hubiera aplaudido con gran contento. Las teologías de la praxis preconizaban una nueva imagen de dios, menos trascendente, más histórica y cercana a lo inmanente, empeñada en construir el Reino de Dios en la Tierra. Porque a Dios se le ama en el prójimo, la salvación es histórica.

El pecado no es optar por la revolución de las estructuras sociales, sino que el verdadero pecado es convivir con él y no combatir la injusticia. Roma denostó dichas teologías por apoyar la lucha de clases pero reivindicó la opción preferencial por los pobres. Desde entonces la Iglesia latinoamericana ha demostrado su compromiso y solidaridad por luchar contra el mal de la pobreza y la injusticia dentro de la utopía social por construir un nuevo hombre.

No hay duda que Vallejo vive en el corazón de la teología de la liberación, su estro poético atisbó el meollo de las teologías de la praxis y si hubiese visto su repliegue desde los años 90 a causa de la ofensiva del capitalismo salvaje –que tantos estragos humanos está causando en el albor del siglo veintiuno en Europa y los Estados Unidos- no hubiese dudado en respaldarlo con toda la unanimidad posible.

Obviamente que su postura y la de la teología de la praxis no estaría libre de observaciones críticas. Por ejemplo: es posible seguir asumiendo acríticamente el marxismo; está Dios enteramente en la historia o sólo en parte; por qué la superación de la pobreza tiene que ser anticapitalista; y, qué tipo de socialismo es capaz de superar con humanismo al capitalismo.

De cualquier forma, si la poética de Vallejo está viva no es solamente por razones estéticas y sociales, que increpa a los desafíos de la sociedad actual, sino porque hunde su colmillo lobuno en lo más recóndito de la condición humana, esto es, su situación límite de criatura finita y libre, ontológicamente menesterosa y sufriente hasta su plenificación en Dios.

Es más, estoy convencido que destacar la fe religiosa de Vallejo y su sed de Dios va a contrapelo con el actual desquiciamiento nihilista de la libertad humana que cabalga sobre el dimensionamiento de la racionalidad instrumental científico-técnica, el cual es resultado de una finitud que se ahonda en el olvido de la trascendencia, la misma que refleja el olvido de Dios. Esto es un fenómeno metafísico que tiene que ver no sólo con el olvido del ser y de los valores sino con la dejadez de las virtudes.

Es decir, el olvido religioso de Dios manifiesta un fenómeno antropológico de olvido de lo normativo del Bien trascendente. Y en esto Vallejo vio con claridad que habiéndose puesto demasiado énfasis en la dimensión trascendente de Dios se terminó por relegar y divorciar injustificadamente la dimensión inmanente del hombre respecto a Dios y de Dios respecto al hombre. Su lucha fue aproximar hasta el límite ambas dimensiones rectificando en la civilización cristiana occidental una imagen errónea de Dios, que terminó divorciando al hombre de la divinidad y convirtiendo su libertad en una necesidad vacía ineluctable.

Vallejo vio con clarividencia que lo que se requiere no es un nuevo Dios, sino una nueva imagen de Dios, unido a la libertad humana y a la historia, que sirva de base para la recuperación del sentido de la vida. Y esta nueva imagen de Dios no deberá ser demasiado teísta, como lo ha venido siendo, no deberá poner el énfasis solamente en su dimensión trascendente, sino, también, en su dimensión inmanente, en su nexo inextricable que tiene con el destino humano. Sólo así el hombre podrá recuperar la dimensión inmanente de Dios, su propia dimensión trascendente, unir su libertad a Dios, es decir, a ninguna necesidad inevitable, y dirigir responsable e inteligentemente su protagonismo histórico.

Aun cuando Vallejo sabe en última instancia de lo incomprensible que es la divinidad –recordemos las palabras dictadas a su esposa-, se subleva ante Dios, lo hace como lo hizo Job y le reclama que los hombres no somos sus instrumentos, sino que ante él todos somos sujetos y fines en sí mismos. Esta es la nueva imagen de Dios que hace falta para que el hombre una su inmanencia con su trascendencia. Por eso Dios es solidario con las situaciones humanas angustiosas y, por consiguiente, el sentido de la vida no es entregar nuestra libertad a él, sino, actuar con amor por el prójimo y recibir e implorar su auxilio, como de esa otra persona que tiernamente nos brinda su apoyo, disipando las tinieblas del absurdo de la vida. Este es el sentido último de su revolucionarismo profético.

Por último, subsiste un punto peliagudo que concierne a la relación del revolucionarismo profético del vate con la civilización de la máquina. En el Perú de los años 20 las máquinas eran ingenios foráneos y exóticos celebrados por Hidalgo, Parra del Riego, Bustamante y Ballivián, pero cuando el Presidente Pardo acabó reconociendo la jornada de las ocho horas, el país comenzó su tránsito social de la fase paleotécnica a la fase neotécnica de las máquinas automáticas. El cine, el fonógrafo, el teléfono, el automóvil, el avión, la electricidad son los símbolos tecnológicos de la nueva era, la psicología introspectiva del hombre de la literatura realista del siglo XIX y de la fase paleotécnica le sucede la psicología conductista de la pose para la fotografía del recuerdo de la fase neotécnica. A esto Vallejo reacciona con desdén y desconfianza, como Martín Adán y Fabio Xammar.   Fue un vanguardista que no soñó con el autómata ni con la libertad que proporcionaría la máquina. Si Monet y los impresionistas le pusieron exquisito color al mundo grisáceo del capitalismo carbonífero victoriano en el siglo XIX, Vallejo puso a comienzos del siglo XX fina sensibilidad y mayor inteligencia al capitalismo de la extraversión y de la inautenticidad de los medios masivos de estupidización social.

Lima, Salamanca 04 de agosto 2012

miércoles, 1 de agosto de 2012

BIOGRAFÍA Y OBRA

GUSTAVO FLORES QUELOPANA:

 BIOGRAFÍA Y OBRA

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Gustavo Flores Quelopana (Lima, 1959). Es una de las inteligencias filosóficas más activas de Perú y uno de los peruanos que hacen más sólidos y estrechos los vínculos entre su país y el extranjero. Ha sido invitado como profesor visitante en Colombia (2009), Panamá (2011) y México (2012). En Colombia (Escuela Normal de Bucaramanga) y México (Instituto de Estudios sobre la Universidad-IESU-Universidad Nacional de Toluca) dictó conferencias sobre su propuesta de filosofía mitocrática ancestral y crítica al eurocentrismo. En Panamá (Universidad Nacional de Chiriquí) disertó sobre sus categorías de "anetismo" e "hiperimperialismo" en la globalización neoliberal. Conferencista de palabra conceptuosa en diversas universidades del Perú. 
Fue presidente de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino-SITA Perú, Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía, Miembro Honorífico del Colegio de Profesores del Perú-Lambayeque, miembro fundador de SIFANDINA-Sociedad Internacional de Filosofía Andina, de SAEKANT-Sociedad Andina de Estudios Kantianos, de SIAO-Sociedad Internacional Antenor Orrego, presidente fundador de la única ONG peruana dedicada a la filosofía, IIPCIAL-Instituto de Investigación para la Paz Cultura e Integración de América Latina, ha escrito en diversas revistas académicas, y animador de diversos cenáculos de filosofía.
Filósofo, poeta y escritor peruano. Su prolífica obra alentó el debate sobre la filosofía ancestral y prehispánica (propuso la teoría de la filosofía mitocrática), los fundamentos de la crisis de la globalización neoliberal (plantea la teoría del hiperimperialismo), cuestionó la cultura posmoderna actual (creando la categoría del Deus in terris) y articuló su pensamiento crítico de la civilización actual en torno a la categoría del hombre anético. Desde el 2013 integra sus tres vías de investigación a través de una hermenéutica remitizante capaz de recuperar una filosofía del ser, la trascendencia y superar la división actual entre fe y razón frente a la hermenéutica desmitizante de la modernidad que desembocó en la increencia, escepticismo, inmanentismo, nihilismo y hedonismo. Sus diversos trabajos sobre historia de las ideas lo colocan como un pensador referente entre los garcilasistas, orregianos, kantianos y tomistas.
Desde los términos de la sociología de los intelectuales Gustavo Flores Quelopana se caracteriza por ser un intelectual disidente. Un intelectual disidente que marca una nítida distancia frente a la filosofía dominante, la Universidad, el Estado y la Nación. Y que no compromete sus convicciones a ningún otro poder que no sea el de su conciencia y pensamiento. Efectivamente, desde su alto mirador busca convertirse en un guía de la conciencia humana, orientado al ideal, a lo que debería ser, a rebelarse contra el statu quo. Así lo hace contra el empirismo y racionalismo de la filosofía moderna, el nihilismo de la postmodernidad, el Estado sometido al neoliberalismo de las megacorporaciones hiperimperialistas y la nación anatópica e imitativa. Se erige así como un rebelde y un guía que ilumina nuevos caminos para la civilización.
Gustavo Flores vino al mundo en un año crucial para la vida política de América Latina y del Perú, 1959, cuando los victoriosos barbudos castristas entran triunfantes en la ciudad de La Habana tras huir el dictador Batista. Nace en un hogar de clase media capitalina y su primera escuela es el colegio San Andrés o ex Anglo Peruano. En 1960 el maestro Raúl Porras Barrenechea desobedece al gobierno de Prado y da un memorable discurso en defensa de Cuba y contra EEUU en la Cumbre de San José de Costa Rica, negándose a la expulsión de la hermana república y defendiendo los principios de no intervención y libre determinación de los pueblos. En 1965 vendría el fracaso de la experiencia guerrillera del MIR, surgido de una separación radical en las entrañas del APRA que ya había empezado un proceso conservador. El MIR fue el inicio de una corriente llamada de la "nueva izquierda" que se proponía actuar sin las directivas de la burocracias externas. En 1967 fracasa el reformismo civil del presidente Belaunde Terry, lo que dará paso al reformismo militar cuyas reformas antimperialistas, tercermundistas y nacionalistas darían paso a un Perú postoligárquico. Pertenece a una generación convulsionada. Crece durante los años del nacionalista e izquierdista gobierno revolucionario de la Fuerza Armada encabezado por el General Velasco Alvarado (1968-1975). A los tres años de iniciar estudios universitarios en San Marcos se inicia en el país la violencia desatada por Sendero Luminoso (a partir de 1980). Cuando el líder de esta organización es capturado en 1992 ya Gustavo Flores había comenzado su carrera de escritor. Las siguientes etapas de su pensamiento (culturalista, realista, mitocrática y remitizante) acontecerán en los siguientes tres décadas de neoliberalismo mundial. 
A la generación de Gustavo Flores pertenecen otros distinguidos intelectuales peruanos, como Osmar Gonzáles Alvarado (1959), Teodoro Hampe Martínez (1959-2016), José Pancorvo (1952-2016), Miguel Polo Santillán (1963), entre otros. Esta generación debió remontar la tragedia del oscurantismo humanitario, cultural y político que devino de la cruenta guerra antisubversiva y del gobierno represivo del fujimorismo, para recuperar la verdad, la moral, el respeto por el ser humano y el sentido de una vida en común. Además debía de afrontar los problemas globales del cambio climático, el mito del desarrollo sostenible, el antropocenio destructivo, el crecimiento de la desigualdad social, la amenaza del terrorismo nuclear, la nueva guerra fría y el incremento de la cultura acientífica junto a la barbarización cultural. No se trata de una generación fundadora, pero sí de una generación que trata de dar respuestas a desafíos globales, sobre la base de tres generaciones paradigmáticas: la del Novecientos, la del Centenario y la de la Profesionalización. Esta generación del 21 es más consciente que sólo se puede ser original en tanto que los particularismos convivan al lado de lo universal, en vez anularse entre sí. La humanidad de lo propio sólo se sostiene dentro de la experiencia universal. Será por toda esa exigencia de respuestas nuevas que el género literario empleado resulte ser una combinación entre el ensayo y la monografía académica. 
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Es además poeta, narrador, novelista, conferencista y editor. Vive para escribir y se siente llamado a pensar sobre todas las cosas para dar testimonio y nueva luz reflexiva. Encarna en muchos aspectos la idea del “pensador” latinoamericano más que la del filósofo académico. Sus preocupaciones se extienden más allá de temas estrictamente filosóficos para abarcar toda la realidad política, social, económica, cultural, poética y religiosa. Es un exponente del humanismo radical.


Es un escritor serio y de estilo claro, que suele decir cuanto bulle en su interior, con carácter, apasionado de alma y desinteresado, de estilo claro, grandeza de propósito, variedad temática, grave pero no exento de gracia, atento tanto a las cosas reales pero más a las ideales, en este sentido no es un ser práctico inclinado a la retórica, sino que gusta extraer del concepto una plenitud interior y de la palabra el esplendor conceptual. Inclinado con especial entusiasmo al idealismo filosófico, el cual, en verdad, es apto para fines revolucionarios. Sabe escuchar y simpatiza con los que no opinan como él. Prefiere el ensayo, en el cual expresa un profundo golpe de vista y una singular penetración. Por ejemplo, sabe deducir y exponer claramente de asuntos aparentemente triviales consecuencias importantes (véase El Reloj, Kant gastronómico, ¿Arte sin belleza es arte?, Vallejo poeta de la condición límite). Como poeta tiene sentimiento sin ser sentimentalista, por eso, alejado de cualquier "poesía de hospital" y del dolor, cultiva una poesía que canta al amor y a la vida. Influyen sobre su pluma, especialmente, pensadores como Platón, Tomás de Aquino, Kant, Marx, Jaspers, Adorno, Fromm y Baudrillard.  


Su idea sobre el hombre anético, presentada en el artículo La agonía de Fausto: el impacto cultural de la globalización (Revista Sullul, año 1 nº 1, UNMSM, Lima 2003) y en su libro El imperio posmoderno del hombre anético (2004), ha sido altamente valorada en la tesis doctoral en Derecho y Ciencia Política de José Ñique de la Puente (El humanismo jurídico en San Marcos (1951-2003), Lima 2004). Del mismo modo es importante su contribución al pensamiento del Inca Garcilaso de la Vega en tres libros, sobre el cual afirma la existencia de una metafísica de la luz, ser el primer filósofo mestizo de América y asumir una personal visión del Perú. Sus dos libros sobre el filósofo chotano Antenor Orrego son muy estimados. Así, es ponderado por Germán Peralta Rivera en su obra Antenor Orregor y la Bohemia de Trujillo (Fondo Editorial del Congreso de la República, Lima 2011, pp.144-148). El filósofo cubano Carlos Alvarez de Sayas (El mito y la razón, PDF), el Instituto de Estudios sobre la Universidad (IESU-Universidad de Toluca-México) y el pensador peruano adjunto a la UNESCO Edgar Montiel, han destacado la importancia de la propuesta de Flores Quelopana sobre la filosofía mitocrática. No menos relevantes son sus trabajos dedicados al estudio del pensamiento kantiano y del pensamiento de Santo Tomás de Aquino. El joven filósofo Francisco Reluz Barturén ha valorado de Flores Quelopana su libro "Los Peruanos: por qué somos emprendedores sin ser innovadores" para emprender un estudio sobre la mentalidad extendida de los peruanos y clasificarlo dentro del grupo de los revolucionarios de las ideas ("Un enfoque sobre la mentalidad extendida del peruano contemporáneo", Revista Phainomenon, Unife, vol. 11, n°1, Dic. 2012, pp. 35-45).
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Pablo Macera elogió su seriedad científica (Prólogo al libro Deuda externa y revolución), Juan Abugattás destacó su sólida voluntad de seriedad intelectual (Prólogo al libro Kant y la revolución burguesa) y Oscar Marañon resaltó su vena polémica (Prólogo al libro Mito y realidad del cristianismo). El eminente y finado sociólogo Dr. Aníbal Ismodes Cairo escribe: "Debo confesar que me ha sorprendido la lectura del libro "Racionalidad y Metafísica para la Posmodernidad" escrito por Gustavo Flores Quelopana. No esperaba tal abundancia de reflexiones y manejo erudito de los temas que aborda en ese volunmen y, sobre todo, una vinculación casi directa entre los problemas filosóficos y las realidades vulgares de la vida social de nuestro país" (Reflexiones de un filósofo peruano, en: Racionalidad y Metafísica para la Postmodernidad, pp. I-IV). Por sus libros sobre Kant, David Sobrevilla lo incluye en su trabajo Sobre la recepción de Kant en el Perú (La filosofía contemporánea en el Perú, p. 126, 208, 395; 1996) y discrepa de su idea de que la filosofía pueda originarse en el mito (Repensando la tradición de nuestra América, pp. 67-70, 1999). También el politólogo Francisco Miró Quesada Rada ha destacado la importancia de la categoría del "hombre anético" para comprender el fenómeno del neoliberalismo (Filosofía del neoliberalsimo, El Comercio 29-12-03). El docente de epistemología, filósofo y politólogo, Dr. Marcial Abanto Florida, subrayó de Gustavo Flores su crítica del pensamiento único tecnocrático, su energía vital desde una poiesis argumentativa a partir de las honduras mismas del ser, que lo retrotrae a la insurgencia del "logos" en Kierkegaard (Panorama Cajamarquino, jueves 03 de octubre del 2013, p. 13).


Sobre su lírica el finado profesor Pedro Rafael González Alva dijo: "Excelsa la labor del espíritu cuando se sumerge en el insondable y misterioso mar de la meditación filosófica. Pero lo es aun más cuando es realizada con mística, no exenta de sentimiento, y cuando las musas inspiradoras han tocado las puertas del alma", (Reseña a "Madrigales Prometeicos", pp. 48-55). Y luego añade: "su obra nos anonada y nos sobrecoge por su original y misteriosa forma, elegancia y fuerza, con derroche de belleza y sabiduría" (Prólogo a "Horas sin tiempo", pp. 5-8). Antonio Belaunde Moreyra estimó sobre su poemática: "tiene el sello de la absoluta sinceridad, mérito notable de por si de la verdadera poesía cuando brota del corazón libre". Diana Maceda Sotomayor escribe sobre su estro: "labra las palabras hasta darles la belleza y la armonía que requieren" (Presentación de "Novsia", p. 11). Y Luis Enrique Alvizuri con ojo avizor cala diciendo: "se niega a viajar en el tren y, por el contrario, procura bajarnos de él para decirnos cosas que hoy a nadie interesan, que parecen inservibles, insustanciales y dilapidadoras" (Colofón a "Novsia, pp. 47-50).


En medio del hombre-especialista u hombre-máquina que domina nuestro tiempo resulta tranquilizador y tonificante el hecho que Flores Quelopana sea un filósofo y autor de obras literarias al mismo tiempo. Ese afán por encarnar al hombre-universalista no se puede reducir a un asunto psicológico, sino que responde a una visceral reacción contra el medio asfixiante del imperio de la razón instrumental. Es decir, que es un asunto cultural o mejor dicho de crítica cultural. Y por ello nos tranquiliza que sea capaz de realizar ambas tareas, porque no hay que ser muy esforzado para descubrir que el especialismo autómata arruina hoy a la persona.




En el fondo, el pensamiento de Flores Quelopana se centra alrededor de una argumentación neo-ontológica, esto es, una idea metafísica fundamental: la existencia es simultánea a la esencia. Es decir, el hombre se hace a sí mismo pero lejos de gozar de una libertad ilimitada, exclusiva y monista, tiene que proyectarse a sí mismo a partir de una esencia propia. El ser del hombre es una relación dialéctica entre su existencia y su esencia. Lo cual evita caer en la omnipotencia sartreana de la nada individual, en el pathos exclusivo de la libertad, y en la negación posmoderna de la realidad y la Divinidad. Se trata así, a contracorriente del subjetivismo imperante, de un realismo personalista, que intenta la síntesis entre la metafísica de las esencias y la metafísica de la existencia.


La admirable obra de Gustavo Flores, Filosofía mitocrática y mitocratología, lleva adelante el programa filosófico sugerido por Jaspers sobre la universalidad de la filosofía, por Iberico sobre el filosofar simbólico y por Wagner de Reyna sobre el logos del mito. Allí se desarrolla con profundidad la distinción entre filosofar conceptual y filosofía simbólica, amplia el horizonte de la filosofía hacia la protohistoria, insiste en la presencia de distintos tipos histórico-civilizaciones del filosofar y subraya que el filosofar como condición humana es la clave de la gnoseología y del conocimiento natural. Se demuestra que la demanda kantiana de "¿Qué puedo saber?" depende de interrogar previamente "¿Qué es la filosofía como condición de la existencia humana?". Y su respuesta es clara y directa: es preguntarse no sólo por lo que tiene una estructura lógica, verificable y refutable, sino también por lo impensable, inverificable e inexpresable. La filosofía, en este sentido, refleja la encrucijada ontológica de la condición humana, un ser finito con insaciable sed de infinito, criatura que abarca un orden lógico y no lógico de pensamiento, ser que vive en tensión metafísica entre el humus natural inmanente y el lumen espiritual trascendente. El hombre es un ser de vocación filosófica porque oscila entre la materia y la forma, lo temporal y lo eterno, lo natural y lo espiritual, lo lógico y lo supralógico. En consecuencia, las condiciones del filosofar arraigan hondamente en la condición humana, en nuestra capacidad de percibir y pensar.


En suma, la Filosofía no tendría su origen en el pensamiento teórico abstracto sino en el pensamiento analógico, simbólico y metafórico. La teoría general de la filosofía metafórica expuesta aquí supone que la metáfora es un símbolo y el símbolo es una analogía, por lo cual se admite la idea antropológica del hombre como criatura analógica. Lo cual tiene la gran ventaja de distinguir dos modos de filosofar en lugar de restringuir la filosofía a las formas discursivas y de relegar todas las otras concepciones a cierto ámbito irracional. De esta forma, asimila toda la actividad filosófica al ámbito de la racionalidad o logos, tanto el mito, los sueños, el rito, la magia, la religión, como la razón serían formas de la racionalidad humana.


En este sentido el pensamiento de Flores Quelopana en el debate del filosofar arcaico bebe de muy diversos pensadores, especialmente E. Cassirer, Karl Jaspers, Gustave Gusdorf, Lévy-Bruhl,Lévi-Strauss, Mircea Eliade y P. Ricoeur. Más tarde descubriría sus coincidencias con dos filósofos peruanos: Mariano Iberico y Alberto Wagner de Reyna. Iberico, en su tratamiento del filosfar simbólico (La Aparición, 1950), y Wagner de Reyna, en su exégesis del logos conceptual y el logos participativo (La Poca Fe, 1993). En este tema su pensamiento culmina en la idea de la filosofía mitocrática. La idea rectora es que el logos filosófico antes de quedar convertido con los griegos en ordenación de conceptos es arcaicamente comprensión de imágenes metafóricas, donde queda abolido el principio de no contradicción y prima la armonía de los contrarios. El filosofar arcaico se identifica con el mito, es simbólico, onírico, vital, sagrado, da que pensar en un principio y en un fin, relaciona lo ontológico y lo histórico y universaliza la experiencia. Su carácter metafórico y poético permite el acceso a un plano superior del conocimiento, de contenido espiritual, donde los entes metafóricos son vehículos de acceso a realidades que no pueden ser expresados mediante el lenguaje abstracto del concepto. Es más, para Flores la metáfora no sólo es expresión creadora del espíritu humano sino también del cosmos. El ser mismo sería metafórico, por cuanto es simultáneamente armonía de contrarios entre la unidad y simultaneidad. El mito queda concebido no como lo antifilosófico por excelencia, sino como una etapa del filosofar humano. Es más, Flores piensa que en la propia raíz ontológica de la realidad humana pulsa la filosofía, y no sólo como aptitud, sino como actitud ante la vida. A ello lo denomina "la condición del philosophare", como estructura ontológica permanente apriori de la condición humana. Es por ello que concibe tres etapas del reflexionar filosófico: filosofía empiriocrática, donde gobierna la percepción inmediata; filosofía mitocrática, donde impera el mito, y filosofía logocrática, donde reina el concepto. Con esta interpretación se distancia de la hermenéutica nativista (que identifica la filosofía con el mito sin explicar qué debe entenderse por filosofía), interculturalista (que identifica la filosofía con la cosmovisión), y la eurocéntrica (que identifica filosofía con pensar conceptual de origen griego).


En sus últimos trabajos donde medita sobre la encrucijada civilizatoria -"La Civilización contra lo humano" (2013)- considera que el filosofar simbólico propone ir más allá del hombre simbólico para enfocarse en el hombre como ser analógico, asumiendo que la operación analógica es lo que permite el pensar simbólico mismo. La filosofía mitocrática basada en la metáfora y en el símbolo se inscribe en un tipo de racionalidad distinta la racionalidad instrumental de la modernidad, y que la denomina racionalidad estética, donde lo que predomina no es lo que se dice del objeto sino el modo de aprehensión por el sujeto. La tarea civilizatoria, según Flores, sería recuperar y equilibrar la racionalidad estética frente a la racionalidad instrumental que deshumaniza al hombre.


Es particularmente interesante su diferenciación entre la racionalidad instrumental y la racionalidad científico-técnica, la primera es de índole estrictamente utilitaria y manipuladora, mientras que la segunda tiende a ser más orgánica, teleológica y subjetiva. Por paradójico que resulte tiende a ver una confluencia entre la fase neotécnica de la racionalidad científica y la racionalidad estética, en cuanto favorece un contacto con las zonas más profundas de lo real, tiende a liberar al hombre de las trabas convencionales de la vida social, favoreciendo la libertad, la soledad y la contemplación, como requisitos de la interioridad y la creatividad. En otros términos, para Flores la enemiga de la racionalidad estética, la metáfora, la cultura, la creación y la contemplación, no es la ciencia ni la tecnología, sino su manipulación por parte del consumismo capitalista inmerso en la racionalidad instrumental. De ahí que lige la necesidad de una profunda revolución política universal a un rotundo cambio de pensar.


La originalidad de su planteamiento consiste en que, de este modo, deriva hacia una hermenéutica remitizante o reconstrucción de la racionalidad sin transitar por la muerte de Dios. Efectivamente, es en otra obra importante -"La Hermenéutica Remitizante y la Filosofía Mitocrática" (2013)- donde se unen sus tres líneas de investigación y sus tres categorías (anetismo, hiperimperialismo y mitocratismo, para diferenciar las cincos grandes metafísicas que se han repartido la historia del pensamiento humanidad y que aun se distribuyen a la humanidad entera, a saber, la metafísica ancestral de la visión o de la alethéia, la metafísica griega de las esencias, las metafísica cristiana de la existencia, la metafísica moderna del percipi y la metafísica cibernética de lo virtual. Como Bergson y Platón, no del "Cratilo" sino de la "Carta VII", defiende una concepción en que el lenguaje no lleva hacia la realidad originaria, sino que para alcanzar lo real hay que trascender el lenguaje y alcanzar una visión mística e incomunicable. Esta visión es conocimiento en sentido negativo. Rescatar esta originaria metafísica sería el mecanismo para restaurar el perdido equilibrio metafísico de la civilización actual estragada en una orgía de pragmatismo, nihilismo cultural, barbarie científica y extravío espiritual. Plantea una síntesis jerarquizada entre las metafísicas existentes bajo la hegemonía de la metafísica de la visión. Piensa que el cosmos se expresa mediante un simbolismo no lingüístico ni conceptual, sino estético-intuitivo.

Con ello no le quita al hombre ni a la realidad ni un ápice de su importancia. El hombre de Flores, no se niega a remontarse al origen de todas las cosas en Dios, pero se trata de un Dios que subraya la importancia de la relación horizontal Dios-hombre en vez de la tradicional relación teológica vertical autoritaria Dios-hombre. En este sentido plantea una hermenéutica remitizante transmoderna frente a la hermenéutica desmitizante de la modernidad y posmodernidad. Considera que la modernidad tuvo el mérito de devolverle al hombre su dignidad pero el demérito de entregarlo en brazos de la increencia, la secularización, el racionalismo, escepticismo y el nihilismo. Mediante la hermenéutica remitizante cree posible la recuperación del enigma y misterio del mundo, lo cual implica una reestructuración metafísica de la civilización misma. Flores considera que no se trata de destruir la metafísica subjetiva del percipi, propia de la modernidad, ni de desmontar la metafísica de la realidad virtual -propia de la ontología de la máquina- de la posmodernidad, sino de lograr una jerarquerización que privilegie la arcaica metafísica de la luz o de la presencia combinada con la metafísica del eidos de los antiguos y la metafísica de la persona del cristianismo.

Por lo significativo de sus aportes, el filo crítico, rebelde y contestatario junto a la originalidad de sus planteamientos, ha concitado la atención y explica que no resulte sorprendente que a pesar del corto tiraje de sus ediciones y de la limitada difusión de sus escritos, haya sido invitado varias veces al extranjero, donde se enteran de sus escritos y planteamientos a través del internet y del portal de Libros Peruanos, de su amiga librera la señorita Virginia Vílchez. Con excepción de éste último medio sus obras no están en librerías, pero constan en la Biblioteca Nacional, en bibliotecas universitarias y particulares, y no parece sino que el autor no haya existido nunca.  

BIOGRAFÍA

Flores nació en 1959 en Lima. Su padre era el polígrafo, periodista y poeta Luis Flores Caballero, de quien recibió su influjo sobre las Humanidades. Su madre Teresa Quelopana era una mujer emprendedora, quien le legó perseverancia. Cursólos dos primeros años de sus estudios primarios en el colegio Anglo Peruano "San Andrés", tras el divorcio de sus padres lo prosiguió en el colegio "My Home and School", el segundo año de secundaria lo hizo como alumno externo en el Seminario "San Francisco de Sales", de padres norteamericanos ubicado en la ciudad de Huaraz, lugar a donde fue por razones laborales de su padre. Al año siguiente retorna al My Home y es Presidente del Consejo Estudiantil. Allí culminará en 1976 su secundaria.

A quien sería su esposa, Emma Aguirre y Girón, la conoce tempranamente, con la cual tuvo tres hijos y viven juntos hasta el fallecimiento de ella en el 2007. Entre 1979 y 1984 cursó estudios superiores de Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Allí fue educado bajo el magisterio de los filósofos José Russo Delgado, Sixto García y Juan Abugattás, de quienes recibió mayor influencia. No es posible soslayar en su tránsito hacia la etapa metafísica el influjo que ejerció sobre él la amistad con el Dr. Antonio Belaunde Moreyra, personaje de amplísima cultura y sincera fe cristiana. El filósofo, epistemólogo y politólogo Marcial Abanto Florida (Panorama, Diario cajamarquino,año 17, n° 5381, jueves 03.10.2013, Columna Invitada, p. 13)destacó sobre los libros de Flores Quelopana: "...al leerlos, descubrí la energía vital de un autor que ha optado con fecundidad por la racionalidad posmoderna; crítico incisivo del pensamiento único tecnocrático, desde una poiesis argumentativa en verdad desafiante, orectiácea e incitadora desde las honduras mismas del ser. Me hizo recordar a la bellísima insurgencia del "logos" en Kierkegaard."

Sobre sus maestros diría: "Mientras el Dr. Russo era un verdadero pozo de sabiduría, enérgico y erudito, su mirada torva y lejana asemejaba a la de un Nietzsche, en cuyas clases de filosofía antigua y filosofía moderna imperaba un silencio absoluto, el mismo silencio admirativo que él mismo bebió de las clases de su maestro, el Dr. Mariano Iberico; el Dr. Sixto García -que en la cátedra kantiana venía de una ilustre prosapia sanmarquina sucediendo a la Dra. Nelly Festini, la cual a su vez sucedió al Dr. Walter Pañaloza- era, por el contrario, calmado, escueto, lacónico, preciso, riguroso, humilde, más dado a absolver preguntas, en sus clases promovía la lectura directa de los textos kantianos y a través de una larga amistad que cultivé con él conocí la bibliografía de los grandes tratadistas kantianos como Vleeschauwer, Torreti, Heidegger, Kemp Smith, Goldmann,entre otros; por su parte el Dr. Juan Abugattás era de temperamento colérico-nervioso, gran polemista, locuaz, demostrativo, generoso, servicial, discolista y algo inscontante, gustaba estimular el pensamiento profundo, incluso el metafísico que él no compartía, pero su entusiasmo exhuberante por las ideas era contagiante y sin límites. Una mención especial merece el Dr. Oscar Marañon, con quien seguí el curso de filosofía oriental, especialmente del pensamiento de la India. Era ejemplo de seriedad y dedicación intelectual, de naturaleza simple y sencilla gustaba del diálogo, animoso y con fino sentido de humor. Estas eran la figuras sanmarquinas que dejaron una huella especial en mi espíritu, almas nobles y de sincera y humilde entrega a las ideas. Años más tarde conocería a otro gran espíritu, me refiero al Dr. Antonio Belaunde Moreyra, hombre ingenioso, calmo, reposado, diestro y exacto, de gran cultura humanística y sincera fe cristiana. El trato con él me ayudó significativamente a progresar en mis problemas de fe. Haciendo un esfuerzo de síntesis puedo afirmar que ingresé a San Marcos como un deísta y salí de allí como un agnóstico, para luego caer en el ateísmo y más tarde retornar lentamente al teísmo."

Su amplia producción temática y prolìfica producción intelectual lo caracteriza como un humanista, un pensador, antes que un filòsofo académico. Su evolución intelectual desde posiciones kantianas, marxistas, culturalistas, metafísicas, tomistas y posestructuralistas le hizo objeto de críticas desde la izquierda. Conferencista en diversas Universidades del país es consaiderado como un destacado orador de palabra conceptuosa.

A lo largo de su vida recibió la distinción de ser el primer filòsofo no acadèmico en ser incorporado a la Sociedad Peruana de Filosofía' (2001), a la 'Sociedad Internacional Tomás de Aquino (2006), de la cual fue Presidente (2007-2009), fue incorporado como Miembro Honorario del Colegio de Profesores del Perú (2010) y ser invitado a disertar en diversas universidades extranjeras (Colombia, Panamá y México).

Su ingreso a la Sociedad Peruana de Filosofía fue particularmente interesante y anedótica. Ocurrió en octubre del 2001, a través de la invitación de su Presidente el Dr. Francisco Miró Quesada Cantuarias. Terminada la ponencia y el debate, se procedió a votar a mano alzada su ingreso y al final el voto fue unánime, a pesar de la ácida discusión de sus ideas. La ponencia intitulada "Neohumanismo metafísico postmoderno" sería publicada en el nº VIII los Archivos de la Sociedad en el 2003. 

Además, fue animador de varios cenáculos de filosofía (Sanborjino, Yachaywiñay, La Serpiente de Oro, Frónesis). Y cofundador de varias instituciones filosóficas (Sociedad Internacional Antenor Orrego, Sociedad Andina de Estudios Kantianos, Sociedad Internacional de Filosofía Andina). En 1986 creó su propia institución cultural (Instituto de Investigación para la Paz, Cultura e Integración de América Latina-IIPCIAL), desde la cual realizó una ingente labor cultural. Con el Dr. Antonio Belaunde Moreyra impulsó desde 1999 el cenáculo de Filosofía sanborjino, que congregó a diversas figuras intelectuales y escritores. Con el himnólogo Julio Rivera Dávalos fundó en 2004 el cenáculo de filosofía Yachaywiñay ("Casa del Saber"). Junto al filósofo trujillano Víctor Baltodano fundó en febrero del 2013 el Instituto de Investigación del Pensamiento Conformacional (IIPECOM). Y en abril de ese mismo año funda con el filósofo Julio Chávez Rivera la Academia Peruana de Filosofía y Ciencia (APEFIC). Ju  Junto al filósofo ( Y en

En setiembre del 2009 fue invitado a Colombia por la Escuela Normal Superior de Bucaramanga para disertar sobre Filosofía mitocrática y pensamiento ancestral. En junio del 2010 fue incorporado como Miembro Honorario del Colegio de Profesores del Perú-Región Lambayeque. En setiembre del 2011 viajó invitado al Primer Encuentro de Intelectuales de Nuestra América por la Universidad Autónoma de Chiriquí en Panamá. En junio del 2012 viajó a México invitado por el Instituto de Estudios sobre la Universidad (IESU) de la Universidad Autónoma de México-Toluca para dictar un curso sobre Eurocentrismo.

PENSAMIENTO Y OBRA


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La primera etapa (1987-1996) se caracterizó por un pensamiento desde la filosofía marxista en su versión lukacsiana, pues sostenía que por medio de la categoría de la totalidad se podía recuperar su esencia humanista y obtener soluciones a la mayoría de las preguntas filosóficas. La primera publicación de Flores (1986) fue el ensayo Teoría y práctica del humanismo marxista. En ella examinaba los fundamentos humanísticos de la filosofía marxista. Otros trabajos en los que desarrolla dicho enfoque marxista son Imperialismo y deuda externa en América Latina (1987), La Deuda Externa y la Revolución (1989), Kant y la Revolución Burguesa (1990), Mito y realidad del cristianismo (1990), donde desde una hermenéutica historicista intenta demostrar la no historicidad de Jesús, Kantismo y Marxismo (1993), donde se extiende en una explicación de la raíz kantiana de la dialéctica marxista, y La leyenda del Sudario de Cristo (1996), en el que pretende erigir una explicación cientificista de la religión. Curiosamente sería la poesía la bisagra que lo liberó del pensamiento marxista. Otro dato interesante es que en la universidad atosigada de un clima izquierdista, nunca fue marxista, sino, más bien, kantiano-heideggeriano.

La segunda etapa (1997-2001) de su pensamiento es de índole culturalista y marca un vuelco completo en su postura filosófica. Se inicia con el poemario Madrigales Prometeicos (1997), abandona sus posturas cientistas y materialistas al compás del pensamiento crítico de la Escuela de Francfort, y asimilando las críticas postestructuralistas culmina con la ruptura con el eucocentrismo filosófico. Es la etapa del vislumbre, de la crítica al cientismo, al culturalismo tribalista, y de ataque al eurocentrismo.

Es particularmente notorio el papel que juega en este tránsito la racionalidad prejudicativa del estro poético. Se adscribe al pensamiento crítico de la Escuela de Francfort de Adorno y Horkheimer en su crítica de la racionalidad de la Ilustración, el historicismo progresista y el positivismo cientificista; y recibe también la influencia del pensamiento postestructuralista de Gilles Deleuze en El Anti-Edipo con su idea de que el enemigo mayor no sólo es el fascismo histórico sino el fascismo que todos llevamos dentro de nosotros mismos. J. Baudrillard también ha dejado su huella sobre Flores con su idea de que en el capitalismo cibernético los objetos ya no tienen como origen a la Naturaleza sino al Código.

Esta etapa, como se mencionó, fue posibilitada por el tránsito poético: Madrigales Prometeicos (1997), Lumbre de Intramuros y Versos ascéticos (1999), Cadencias Metafísicas (2000) y Horas sin tiempo (2002). No volverá a escribir poesía sino cuatro años después. Se caracterizó por un estudio de la cultura actual, por un lado, y de la cultura prehispánica, por el otro.

En el primer caso, la definición de cosificación juega un papel decisivo en su ensayo La Barbarie Civilizada (1998), la recuperación de lo lúdico, mítico e irracional en Humanismo de la Postmodernidad (2000), el vislumbre las categorías del hiperimperialismo, hombre anético y neohumanismo metafísico en Racionalidad y Metafísica de la postmodernidad (2001), la crítica del nacionalismo tribalista en Miseria del Culturalismo (2002), el rechazo del cientificismo racionalista en Miseria del Cientificismo (2003). Lo que atraería la antipatía de los partidarios del marxismo. En el segundo caso, jugó un papel crucial, al apartarse tanto del enfoque nativista como eurocéntrico, en la polémica sobre la filosofía prehispánica en sus obras: Eurocentrismo y Filosofía Prehispánica (1998) y Racionalidad Filosófica del Perú Antiguo (2001). Lo que provocaría el rechazo de la filosofía académica.


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antropológico-metafísico-cristiano, que reacciona contra la Posmodernidad no tanto por alterar la historia de la metafísica moderna, con lo cual está de acuerdo en parte, sino porque cree que el nihilismo de la era hermenéutica y la disolución de las razones fuertes crea un tipo humano sin absoluto que lo entrega al anetismo disolvente. Es la etapa en que se crean las categorías del "hiperimperialismo", del "hombre anético" y de la "filosofía mitocrática" al hilo de una crítica de la globalización, de la cultura posmoderna y de la filosofía eurocéntrica. También es la fase en que estudia el pensamiento de Antenor Orrego, el Inca Garcilaso y prosigue sus investigaciones sobre Kant.

Recibe la influencia de los pensadores postestructuralistas como G. Bataille, G. Deleuze, J. Derrida y E. Levinas quienes denuncian el pensamiento logocéntrico de Occidente. Sobre esta base postula el paradigma del pensamiento mitocrático, el cual se basa en un conocimiento sintiente en vez de visual, opone el pensamiento no figurativo al pensamiento de la identidad, denuncia a Occidente como dependiente de la lógica de la Identidad y descubre la alteridad en Dios.

Bajo estos presupuestos interpreta el pensamiento de Antenor Orrego y de Kant, en: El ontologismo Americanista de Orrego (2003), Orrego, teodicea, metafísica e historia (2003) y En torno al problema del Ser en Kant (2004). En El Placer del Mal (2004) examina la naturaleza lábil e inclinada al mal del ser humano, así como adelanta críticas a la llamada filosofía aplicada y a la filosofía práctica. En El Imperio postmoderno del Hombre Anético (2004) desarrolló un retrato antropológico de lo que él llamó “hombre anético posmoderno”, el individuo sin absoluto, despersonalizado e indiferente, cuya disolución metafísica no está vinculada a un exceso de racionalismo sino a la exacerbación de la libertad de la voluntad.

En La Metafísica de la Luz en el Inca Garcilaso (2005) reivindica al Inca como el primer filósofo de la tradición moderna peruana, a través de una metafísica de la luz como manifestación de la divinidad. En La Encrucijada de la Condición Andina (2005) resalta que la aculturación occidental unidireccional se agotó con la crisis del ideal universalista de la razón y que lo andino no es un nuevo proyecto de la sociedad indígena, sino, el último llamado de la nacionalidad continental de América.


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Otras obras de este periodo son: en el campo de la filosofía prehispánica Los Amautas filósofos (2006), donde recupera el logos del mito, lo metafórico, analógico y participativo; Filosofía mitocrática andina (2007), donde expone de modo sistemático su comprensión no occidental de la filosofía y distingue entre el logos de la ratio y el logos del mito; y Búsquedas actuales de la filosofía andina (2007), donde analiza las tendencias nativistas, comunitaristas y culturalistas en el debate de la filosofía andina.

Esta tercera etapa se cierra con la obra La Globalización delHiperimperialismo (2006) y una obra autobiográfica nacida de un casi fatal accidente automovilístico, Más acá de los anhelos (2006). La cuarta etapa (2006-2010) se caracteriza por su aproximación a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, la profundización de la crítica a la filosofía posmoderna, indaga el pensamiento peruano, y culmina con la fundamentación de la categoría de lo mitocrático.

Ocupó la Presidencia de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (2007-2009), escribió El realismo metafísico de Santo Tomás de Aquino (2006) y Sto Tomás de Aquino. Introducción a sus posiciones fundamentales (2008) en el que se subraya el terreno platónico en el que se desenvuelve el aristotelismo tomista.

En el área de la filosofía peruana: Indagaciones Peruanas sobre González Prada, Mariátegui, Belaunde, Haya y la idiosincrasia nacional (2006), El Inca Garcilaso como filósofo (2006), Visión del Perú del Inca Garcilaso (2006), Los Peruanos por qué somos emprendedores sin ser innovadores (2008). En el debate de la filosofía contemporánea publica: Hermenéutica Posmoderna del Hombre sin Absolutos (2007), La Erosión nihilista de la sociedad postmetafísica (2007), Nihilización del Deus in Terris (2008), La esclavitud de la mujer liberada (2008), La Filosofía ante la encrucijada del nihilismo (2009), La Educación ante la sociedad anética posmoderna (2009), El Universo sin sombra o metaciencia (2010). En el campo poético y de la narrativa literaria da a la luz: Madrigales prometeicos (1997), Lumbre de intramuros y versos ascéticos (1999), Cadencias metafisicas (2000), Horas sin tiempo (2002), Sonetos de esperanzas fustigadas (2006), Más acá de los anhelos. Autobiografía filosófica (2006), Dieciseis cuadros e historias inverosímiles (2007), la novela La Fufulla de los Perendeques (2010), Amatorium (2011) y Novsia (2012).


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En lo concerniente al desarrollo de su crítica al eurocentrismo escribe: Búsquedas actuales de la Filosofía andina (2007), Las Filosofías marginadas y fundamentos de la teoría mitocràtica de las filosofías no occidentales (2007), Ensayos de Filosofía mitocrática (2009) y su obra más sistemática Filosofía mitocrática y mitocratología (2010).

Además de las obras citadas, Flores Quelopana consignó una importante cantidad de opúsculos sobre temática filosófica en la Biblioteca Nacional del Perú.

En el año 2011, fecha de tránsito hacia una nueva postura, publica siete trabajos: "El Festín de la cosa", "Signos del Cielo. Meditaciones teológicas", "Alma mente cerebro y máquina o sobre la inmortalidad", "Educación Humanismo y trascendencia", "La Filosofía peruana en el final de los tiempos", el poemario "Amatorium" y el libro colectivo "Vida más allá de la muerte". En en 2012 ha publicado "Vida sin sentido y olvido de Dios", "Filosofía de la tecnociencia" y la novela lírica "Novsia". En el 2013 aparece "La civilización contra lo humano. La verdad bajo ataque" y el libro que sintetiza todo su pensamiento filosófico, a saber, "Hermenéutica remitizante y filosofía mitocrática". La idea nuclear de su planteamiento es que sólo una jerarquía nueva entre las metafísicas existentes (metafísica de la alétheia, metafísica de las esencias, metafísica de la existencia, metafísica del percipi y metafísica virtual)que ponga en primer lugar a la metafísica de la alethéia-esencia-existencia puede recuperar el misterio y el equilibrio perdido en la sabiduría humana. Esto implica la superación de la metafísica desmitizante de la modernidad en favor de la recuparación del misterio del mundo.

CITAS

"Y esta falta de control interno ha generado, en el consumismo globalizado, un tipo de hombre preso de sus deseos más elementales, que se construye una moral a la carta, relativista y hedonista, que termina constituyéndose en lo que denomino el "hombre anético".

"El consumismo y pragmatismo anético globalizado genera un tipo de hombre que no es precisamente inmoral, más bien es amoral, negador de la ética, anético; acorde con un sistema que valora a las personas con el mismo criterio de eficiencia con que valoramos a las máquinas".

"El humanismo luciferino revienta en el achatamiento de nuestro universo moral".

"El hombre de hoy padece de un nivel más profundo de alienación, está cosificado. El hombre cosificado es el producto legítimo de la civilización técnica, de la visión mecanizada del mundo, de una sociedad cuyo eje es el lucro y la ganancia y de la distorsión cultural de lo objetivo por lo cuantitativo, medible y calculable".

"Lo más grave de esta etapa hiperimperialista es que el organismo social se encuentra impedido de socializar los beneficios de la etapa neotécnica por los intereses mezquinos megacorporativos, lo que hace que se vaya descomponiendo en barbarie cultural y depravación moral".

"Lo que faltan son las instituciones políticas y sociales para el cumplimiento completo de la máquina, la cual después de un divorcio de siglos no vuelve a ofrecer la oportunidad de unirnos con la naturaleza y lo divino".

"Nos hace falta un héroe, un prototipo, un hombre, un líder espiritual, un Sócrates que nos interpele por la verdad de nuestra propia ignorancia".

"No hay duda de que el Perú de la prosperidad económica está enfermo, débil y postrado espiritualmente, sumido en una profunda debilidad y abatimiento. Nos sucede el peor de todos los males, a saber, la del espíritu sin energía ni grandes ideales. Hace falta que el Perú se repliegue sobre sí mismo, que emprenda la búsqueda de la verdad in interiorem Peruvianus. Lo que falta es la acción interior, la vida del espíritu, postular un gran ideal".

"De lo que no hay duda es de la necesidad de un nuevo tipo de mentalidad, sin lo cual no hay nueva civilización, que tenga en cuenta tanto lo inmanente como lo trascendente, que controle los inventos y la ciencia sin contenido moral, desmonte el capitalismo de la usura y la especulación, y restablezca el valor de lo vivo sobre la materia inerte".

"La esencia fáustica de la civilización técnica consiste en el inmenso empeño del hombre por entregar su libertad a poderes ajenos y extraños, ello es símbolo del infrahombre sin meta espiritual y revela que su aparente grandiosidad artificiosa es el culmen del fracaso consigo mismo, con la Naturaleza y con Dios".

"La civilización contra lo humano es antipoética por antonomasia, pragmática y reactiva ante lo espiritual, busca exacerbar la voluntad de poder y de dominio antes que la voluntad de ser y servir".

"El pensamiento simbólico es lo que está detrás de la explicación mítica, metafísica y prágmática. Pero el pensamiento simbólico contiene en su parte medular una filosofía simbólica, como aquella que lleva al pensar concreto no a cualquier pensar abstracto, sino al pensar abstracto por excelencia, tal como es pensar lo divino por analogía".

"No se puede hacer teología sin filosofía simbólica".

"La civilización contra lo humano ha destruido la voluntad de verdad y ha impuesto la voluntad de poder del sujeto individualista, monádico y sin solidaridad".

"El imperio posmoderno del hombre anético representa la fractura de la libertad con la justicia".

Vocablos y nociones fundamentalesEditar sección


Dentro del pensamiento del filósofo peruano G. Flores Quelopana destacan la creación de tres nuevos vocablos y nociones fundamentales: Hiperimperialismo, anetismo y mitocrático.

Hiperimperialismo es una noción utilizada en su libro La Globalización del Hiperimperialismo por el para explicar que la teoría leninista del imperialismo ha quedado anticuada y sin poder explicativo para dar cuenta de la actual globalización neoliberal de las postrimerías del siglo XX y de los albores del siglo XXI. El hiperimperialismo es una nueva mutación capitalista, que señala la nueva etapa del desarrollo imperialista. Se trata de una nueva metamorfosis del capitalismo monopólico en capitalismo de las megacorporaciones privadas, el cual se caracteriza por su carácter descentrado, desterritorializado y soberano frente a los mismos Estado-Nación, incluso respecto a las metrópolis del primer mundo. Su surgimiento ha sido posible gracias al desmoronamiento del socialismo autoritario y la conformación de un mundo unipolar, las cuales sirvieron de catalizador para precipitar el paso del capitalismo de su fase imperialista hacia la nueva fase hiperimperialista. El hiperimperialismo pone a la humanidad ante la disyuntiva de la robotización y la prescindencia del hombre, o de una rehumanización que ponga las cosas al servicio del hombre y no al hombre al servicio de la economía.

Mitocrático es el término empleado en su libro La Filosofía mitocràtica andina en el debate sobre la filosofía prehispánica, para sostener la existencia de una forma no occidental de hacer filosofía. Apartándose de las corrientes eurocéntricas que defienden el origen griego de la filosofía, y de las corrientes nativistas que identifican la filosofía con el mito pero sin esclarecer lo que se debe entender por filosofía, Flores sostiene que Occidente ha desarrollado preponderantemente una filosofía logocrática, donde domina el concepto y la razón; mientras que en otras tradiciones culturales, como la prehispánica, ha tenido lugar la aparición de un pensamiento filosófico mitocrático, donde domina el símbolo y la intuición. Para Flores, la explicación del mundo en las diversas culturas se ha venido dando no sólo a través de la razón, sino también a través Nuevo libro.jpg<img alt="Nuevo libro.jpg" src="http://static2.wikia.nocookie.net/__cb20130406001212/peru/es/images/thumb/e/ef/Nuevo_libro.jpg/116px-Nuevo_libro.jpg" width="116" height="190" class="thumbimage" data-image-name="Nuevo libro.jpg" data-image-key="Nuevo_libro.jpg" />

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de la fe y de la religión. Esto exige reconocer, por un lado, el vínculo que existe entre la razón filosófica y el mito, el logos racional crece sobre el suelo fértil del logos mítico, pero en ambos hay meditación filosófica; y por otro, no se puede negar la presencia de la conciencia intelectual en el seno mismo de lo mitocrático. En suma, por una parte, sólo aceptando un criterio multívoco y no unívoco de filosofía es posible reconocer que la filosofía es una creación sustancial del espíritu humano y no sólo propio de los griegos ni de la cultura occidental; y por otra, la filosofía americana no es una adaptación del estilo continental ni un producto heterogéneo, sino el rasgo fundamental de la América anterior a la Conquista. Anético es el término que se acuña por primera en la bibliografía filosófica peruana en el Imperio Postmoderno del Hombre Anético, para denominar al acto moral por medio del cual la mentalidad moderna convierte al hombre en una criatura sin absoluto. Este acto moral del hombre anético pertenece a una época en que se completa el proceso de extinción de lo divino y tras perder el nexo



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ontológico entre Dios y la Criatura, pierde también su propia condición de criatura. Lo anético no afecta la capacidad humana de sentir lo divino, sino su voluntad de lo divino. Por eso, remarca Flores que el lema del hombre anético ya no es “Dios ha muerto”, sino “El hombre ha muerto”. Con la muerte de Dios el hombre anético, que coincide con el “todo vale” de la época postmoderna, sepulta algo muy esencial de su ser, a saber, el contacto con lo Absoluto. El anetismo también señala el tránsito del pensamiento contemporáneo de la cultura de la increencia a la cultura del nihilismo, pero se trata de un nihilismo integral, como nunca antes visto en la historia universal. Tal nihilismo integral supone el nihilismo gnoseológico, que niega la posibilidad del conocimiento de modo radical; el nihilismo metafísico, que niega la posibilidad de algo permanente en el cambio y la multiplicidad; y el nihilismo moral, que afirma la desvalorización de los valores superiores. En una palabra concluye Flores que, el anetismo es resultado de una modernidad que al fracasar el ideal universalista de la razón se centra en lo cismundano para obviar completamente lo trasmundano.

Gustavo Flores Quelopana fundó en 1986 el Instituto de Investigación para la Paz, Cultura e Integración de América Latina (IIPCIAL), ONG única en su género al dedicarse a la edición de libros de jóvenes valores de la filosofía peruana (Luis Alvizuri, Víctor Samuel Rivera, Fidel Gutiérrez Vivanco, Odilón Guillén Fuentes, Nelson Paucca, J. Rafayle, Julio Rivera Dávalos, Ruth Romero Huamaní, Francisco Reluz Barturén). También fue el animador en la creación de cenáculos de filosofía (Sanborjino, Yachaywiñay, Serpiente de Oro. Cofundador con Luis Enrique Alvizuri de SIFANDINA (Sociedad Internacional de F'ilosofía Andi'na), con Odilón Guillén de SAEKANT (Sociedad Andina de Estudios Kantianos) , con Julio Rivera Dávalos del' Cen'áculo de Filosofía Yachaywiñay y fundador de SIAO (Socied'ad Internacional Antenor Orrego. Fue Presidente de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA-sección Perú).