¿HACIA DÓNDE VA EL PENSAR?
1. Siempre resulta
fascinante pensar lo impensable y Schelling lo intentó planteando al tiempo
antes del tiempo, o sea el tiempo de Dios. Me refiero a Las edades del mundo. Los
textos de esta obra inacabada y póstuma, que se propone pensar el tiempo desde
la eternidad, van de 1811 a 1815. Busca pensar el salir del Absoluto y el
comienzo de las cosas. No duda del tiempo, pero su genealogía corre el riesgo
de convertir lo eterno en hija del tiempo.
2. Para entonces ya
había roto la amistad con Hegel tras recibir el impacto contundente de sus
críticas en la Fenomenología del Espíritu de 1809 ("el
absoluto no sólo es sustancia sino también sujeto").
3. La clave teológica
de Schelling aquí es sólo aparentemente cristiana, en realidad es neoplatónica
porque termina separando a Dios de su esencia, la cual sería la fuente de Dios,
una supradivinidad.
4. A ello agrega otro
error. Añadir la contradicción dialéctica en la esencia divina. Entonces, Dios
deja de ser simple y se convierte en un despliegue de diversas voluntades Con
ello cree superar la visión inmóvil de Dios, tan criticada por Hegel. Por ello,
cree que Dios tienen un fondo oscuro por el que toma conciencia por un egoísmo
personalizante.
5. Así, Schelling finalmente
se tiene un Dios que no sólo es Unidad, sino también una dualidad. En otras
palabras, en Dios habría necesidad y libertad, tal como en el neoplatonismo. La
eternidad contiene al tiempo, pero hay un tiempo eterno y hay una naturaleza
eterna. La divinidad no es el ser, sino la libertad eterna.
6. En esta obra
Schelling está en su segunda etapa, ha dejado atrás la filosofía de la
identidad para proponer una filosofía del espíritu, pero de diferente calibre
que la de Hegel. De su inicial idealismo objetivo vira hacia un idealismo más
subjetivo, artístico y religioso. Lo que se mantiene es el primado de la intuición
intelectual. Se desvincula de Spinoza al terminar concibiendo a la libertad
divina como el verdadero motor de la creación. En su anterior Sistema del
idealismo trascendental identificaba la libertad absoluta con la necesidad
absoluta. Ambas cosas quedan ahora desvinculadas.
7. Para Lukács Schelling
recula en lo místico porque evadió el desarrollo de la dialéctica y se detuvo
en los umbrales de la dialéctica objetiva. Cosa contraria hacen Marx y Engels
hasta desembocar en el materialismo histórico y dialéctico. Y sociológicamente
su posición puede ser vista como una proyección ideológica hacia la divinidad
de la libertad absoluta que se irrogaba el egoísmo connatural de la burguesía
cuando culminaba su lucha política ofensiva después de la Revolución francesa.
Considero acertado ver en Schelling el comienzo de la tendencia antidialéctica
que se desarrollará luego con Schopenhauer, Nietzsche y Kierkegaard, y que
volverá dominante en la filosofía occidental burguesa.
8. Con Marx la
filosofía desciende del cielo a la tierra, para convertirse en un arma de la
revolución. Esto tuvo dos inconvenientes. Primero, hizo descender demasiado la
filosofía a la tierra acentuando el giro finitista e inmanente de la
modernidad. Y, segundo, la filosofía quedó reducida en ancilla de la
revolución.
9. El marxismo con el
materialismo dialéctico forma parte de la filosofía de la materia junto al
neorrealismo inglés y el neopositivismo. Todos al destacar la objetividad del
ser concreto contrarrestaron eficazmente el irracionalismo y subjetivismo del
siglo diecinueve, pero cayeron en el inmanentismo, el culto de la ciencia y la
glorificación de la razón humana.
10. La reacción a la
filosofía de la materia, que exageró la dialéctica objetiva, fue el surgimiento
de la filosofía de la vida (Croce, Brunschvicg, neokantismo) que destacó la
singularidad del espíritu. Pero tuvo el defecto de derivar hacia el logicismo e
incomprensión de lo real y concreto. Se encalló en la dialéctica subjetiva.
11. La filosofía de la
vida (Bergson, pragmatismo, historicismo) intentó reconciliar lo subjetivo y lo
objetivo, pero fue muy biologizante, psicologista y anti intelectualista. En
respuesta llegó la Fenomenología, la cual le devolvió al espíritu la capacidad
de penetrar las esencias dadas, pero le faltó avanzar hacia el ser real. Fue
otro fracaso más en el desarrollo de la dialéctica.
12. El Existencialismo
defendió la irreductibilidad del ser humano y la prioridad del ser frente al
pensar, pero descuidó lo científico y lo real. Otro aborto más.
13. La filosofía del
ser llega a continuación (espiritualismo, ontologismo, cientificismo, tomismo)
para superar el antropologismo y ofrecer una filosofía del ser unida a una
filosofía de la persona. Con ello parecía que la filosofía contemporánea se
encaminaba hacia una concepción totalista del ser y del hombre, que no descuida
lo científico (el ser concreto), ni glorifique la ciencia (reconociendo el ser espiritual
y absoluto), ni ignore la peculiaridad del ser humano, ni niega la posibilidad
de una nueva metafísica.
14. Pero esta
tendencia no tarda en acusar un franco retroceso ante la filosofía del
lenguaje, estructuralismo, semiótica, feminismo, postmarxismo, modernidad y
postmodernidad. Todo desemboca en la prioridad de lo cultural sobre el ser y el
pensar, todo se vuelve en constructo subjetivo sobre la objetividad, predomina
un mundo sin certezas, ni la Razón ni Dios ni la Verdad son referentes, lo cual
termina liquidando al propio sujeto. El resultado es la degeneración de la
dialéctica subjetiva en el solipsismo cultural. El desarrollo de la dialéctica
se truncó en subjetivismo.
15. En una palabra,
desde la filosofía lingüística hasta la filosofía posmoderna se extravía la
concepción totalista del ser y del hombre. Y con ello se frustra el desarrollo
consecuente de la dialéctica en lo subjetivo y objetivo.
16. Este retroceso es parte
del fenómeno cultural del imperialismo capitalista, cada vez más desigual,
inhumano, irracional y políticamente fascistoide. Resulta inevitable concluir,
en primer lugar, que el capitalismo debe ser abolido porque condena al hombre a
una vida sin esencia tanto en el ser como en el pensar. Y, en segundo lugar, la
razón completamente autónoma es un mito, sólo lo es de modo relativo, porque
tiene su fuente en condicionamientos fácticos materiales y espirituales que no
elige y tiene que asumir.
17. Entonces, ¿en qué
ha de consistir el desarrollo consecuente de la dialéctica? En la superación del nihilismo actual. Que la
contradicción es el movimiento mismo de lo real, pero no describe a la realidad
entera. Mientras la realidad finita responde a la lógica de la contradicción,
no es así con la realidad infinita, la cual responde a la lógica de la identidad.
La recuperación de la posibilidad de la metafísica ha de reconocer la
complejidad de esta dicotomía. Ni lo finito ni lo infinito necesitan ser
negados ni privilegiados, cada dimensión tiene su lógica y son parte de la
realidad del ser. Obviamente, marchar hacia esta concepción totalista de la
realidad requiere superar las condiciones materiales y culturales del decadente
imperialismo capitalista.