viernes, 19 de junio de 2015

REVIVAL POSMODERNO POLITEÍSTA

EL REVIVAL POSMODERNO POLITEÍSTA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
(Reflexiones en torno al tema del cenáculo Yachaywiñay del viernes 19 de junio 2015)
 
Filosóficamente el politeísmo no es inconciliable con la filosofía, porque distingue entre la divinidad y Dios. Y el problema capital que plantea es si esta separación entre Dios y su esencia es legítima y por qué cobra auge en medio de la cultura posmoderna.

I. Origen del politeísmo.
Históricamente insurge en un número reducido de pueblos, llegados a un nivel cultural, con organización social diferenciada y estructuras políticas definidas (la India védica, el Japón anterior al budismo, Irán anterior a Zaratustra, Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, los pueblos germanos, en culturas meso y suramericanas anteriores a la conquista y en algunas pocas culturas de África occidental y de Polinesia). Esto muestra que es un fenómeno religioso reciente. De ahí, la tendencia a proponer teorías históricas para explicar su desarrollo:

A) Enfoques Evolucionistas.-
- Hume (Historia natural de la religión, 1757) y J. Rousseau (Émile, 1762), propusieron el politeísmo como primera forma de religión de la que se derivaría el monoteísmo intolerante y persecutorio.  
- E. Garrie, situa el politeísmo entre el polidemonismo y el monoteísmo.
- K. Goldammer propone una serie evolutiva que abarca: polidemonismo, politeísmo, henoteísmo y monoteísmo.

B) Enfoque Degradacionista.-
- Voltaire en el artículo “Religión” de su Diccionario filosófico (1764) propone al monoteísmo como primer estadio religioso.
- La escuela de historia de las religiones de Viena, siguiendo a W. Schmidt propone un proceso evolutivo del monoteísmo al politeísmo como una «degradación».

C) Enfoque Estructuralista y Fenomenológico
- G. van der Leew, R. Pettazzoni, sostienen que los datos históricos no justifican el evolucionismo religioso y que el politeísmo no es un momento histórico anterior al monoteísmo y sustituido por él, sino una forma religiosa independiente, una manifestación del fenómeno religioso, una estructura religiosa que debe ser estudiada como tal.

II. Rasgos principales del politeísmo

Ateniéndonos a esta consideración estructural y fenomenológica más que histórica, podemos señalar como rasgos principales del politeísmo:
- Forma religiosa con una representación «teísta» de la realidad superior, que distingue entre el poder superior encarnado en espíritus, antepasados,  genios, fantasmas, y los dioses como encarnaciones más precisas de esos poderes, dotadas de una mayor distancia en relación con la naturaleza, de perfiles personales y de una posibilidad de influencia sobre la vida de los hombres que entran en relación con ellos.
- Lo más característico es su rasgo sobrehumano y la condición de «totalmente otro» de la realidad, como afirmó R. Otto, pertenecen a otro orden de realidad, esta distinción es la inmortalidad.
- En algunos politeísmos, los dioses no son considerados eternos ni omnipotentes, estando lejos de la configuración monoteísta del mundo superior.
- Su representación «teísta» del orden de lo superior adquiere contornos cosmomórfico, zoomórfico o teriomórfico, dendromórfico y antropomórfico.
- Pluralidad de las figuras divinas ordenadas por genealogías y jerarquías (unos ochocientos mil kami en el shintoismo; 3.339 que se amplían hasta números ilimitados en el vedismo, parejas de dioses, tríadas, eneadas o una innumerable plebs deorum). En algunos casos se establece la monarquía de un dios supremo.
- Rasgo característico es su accesibilidad al hombre y su disposición para ejercer relación de protección y patronazgo para cada función de la vida humana. San Agustín señala que esto lleva al “deseo frenético de tener muchos dioses” y que no sean más que «epítetos cúlticos» de una misma divinidad.
- No todas las figuras divinas tienen el mismo grado de precisión. Existen dei certi y dei incerti y esta incertidumbre repercute sobre la posibilidad de invocación a los mismos.
- Todo esto parece haber conducido con frecuencia a diferentes formas de monolatría o de henoteísmo.
- Las religiones politeístas han desarrollado grandes sistemas mitologías, con complejas y confusas teogonías y cosmogonías.

III Explicación Cultural.

- F. Engels, G. Dumézil, A. Brelich: mero reflejo de determinadas infraestructuras socio-políticas y económicas.  
- R.J. Zwi Werblowsky: el conjunto de infraestructuras no son la causa sino sólo el humus que lo condiciona.
- Algunas «revalorizaciones» del politeísmo insertas en las actuales apologías del paganismo (W. Fr. Otto en relación con los dioses de Grecia y por A. Daniélou en relación con el politeísmo hindú) se basan en descalificaciones del monoteísmo.
- La consideración fenomenológica evita la valoración del fenómeno politeísta y estima que el politeísmo puede reaparecer en determinadas formas monoteístas bajo la forma de ángeles, santos u otros mediadores.

IV Problema Filosófico.

C) Exponentes
- Aristóteles es politeísta al distinguir claramente entre Dios y su esencia.
- En Leibniz su dios plotiniano depende de la esencia divina.
- Hume piensa que el monoteísmo es resultado de la adulación a la divinidad.
- Renouvier, James y Bergson insistieron en la superioridad del politeísmo.
- Max Weber estimó que el Politeísmo resulta de la lucha entre distintas esferas de valores en la cual no se impone un solo valor. Así, el mundo empírico no llega al monoteísmo sino que se detiene en el Politeísmo.
- En Heidegger se da un supraser del cual se derivaría incluso el ser de los dioses.

D) El problema metafísico
- El problema ontológico metafísico fundamental del Politeísmo es que si la esencia divina da lugar a los dioses, entonces no se trata de una creación fruto del amor y la voluntad sino de una emanación natural que necesita irradiar dicha esencia divina.
- De este modo una esencia divina que no necesita nada ni a nadie, no ama a nadie, ni mira a alguno, y está aislado en sí mismo (llámese Inteligencia en Aristóteles, o lo Uno en Plotino) nunca podrá ser superior a un principio divino omnipotente, omnisciente y omnisapiente, que ama y procede a voluntad.
- De manera que el Politeísmo con su pluralidad, hipóstasis y jerarquías resulta ontológica y metafísicamente inconsistente ante el monoteísmo donde toda la creación es obra libre de la iniciativa divina guiada por el amor.

E) El revival del paganismo
- La actual apología del politeísmo se da en el marco de la cultura posmoderna (hedonista, relativista y nihilista).
- En medio de la fragilidad del sujeto posmoderno la experiencia religiosa regresiona hacia la fragmentación politeísta de la divinidad.
- El revival del paganismo posmoderno, en el que se inscribe la apología del politeísmo, maltrata el misterio en el esoterismo, multiplicación de dioses y expresa la tiranía descontrolada del sentimiento religioso.
- Con el politeísmo el juega a ser dios mediante la instrumentalización de una religión por retribución.
- El revival del politeísmo posmoderno es parte de la desaparición civilizacional de Dios y del afán humano por su propia perfectibilidad infinita en plena era del auge robótico.


Lima, Salamanca 19 de Junio 2015

sábado, 23 de mayo de 2015

EL SUICIDIO EN LA SOCIEDAD ACTUAL

EL SUICIDIO EN LA SOCIEDAD ACTUAL
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
(Intervención del 21 de Mayo en la Asociación de Psicopatología y Psicoterapia Médica-Lima/Perú)
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Si el Universo es un cadáver de un Dios muerto, entonces se justifica el suicidio no sólo en la sociedad actual sino de todos los tiempos. Pero si el universo es una creación con sentido de un Dios vivo, entonces el suicidio pierde legitimidad. Este parece ser el dilema en que se debaten las dos posiciones antagónicas del pensamiento filosófico sobre el suicidio y que merece una especial atención en nuestro presente tiempo de muchedumbres inertes frente a fuerzas inmensas que lo constriñen y controlan.

Por eso agradezco la invitación de la Asociación de Psicopatología y Psicoterapia Médica cursada por intermedio del doctor Arturo Changana, médico psiquiatra de la Universidad Cayetano Heredia, para reflexionar sobre tan trascendental problemática.

En primer lugar debo decir que las posiciones filosóficas se dividen en dos grandes posiciones: las que tildan de ilícito al suicidio y las que lo reclaman como lícito. A las primeras llamaré posturas (I) tanatofóbicas y a la segundas (II) tanatofílicas.

Las posturas tanatofóbicas, a su vez, se subdivide en varias posiciones: (1) la que considera el suicidio como contrario a la voluntad divina (Platón, San Agustín, Santo Tomás de Aquino) y que fue refutado por David Hume (Ensayos sobre el suicidio) con el argumento que si nada escapa a la voluntad divina entonces el suicidio no puede serle contrario; (2) la que considera que el suicidio impide la completa separación del alma respecto al cuerpo, sostenida por Plotino y refutada por Schopenhauer al afirmar que en el suicidio el alma reafirma su voluntad independiente del cuerpo; (3) la que estima que el suicidio viola el deber contra uno mismo (Kant) y por tanto hay que conservar la vida, posición muy difundida en la modernidad y puesta en cuestión por los defensores de la eutanasia; (4) aquella que considera el suicidio como un acto vil y refutada por Fichte al estimarla como un acto de coraje; y, por último, (5) la que la considera como un acto de injusticia contra la comunidad (Aristóteles) y refutada por Hume al sostener que el suicidio no anula la obligación social.

Las posturas tanatofílicas se subdividen a su vez entre grandes posiciones: (1) el suicidio es un deber cuando impide el cumplimiento del deber (Cicerón) y encarnado por Sócrates al beber la cicuta; (2) es una afirmación de la libertad (Epicuro, Séneca, Nietzsche, Cioran); y (3) es una salida a una situación insoportable (Hume, Jaspers, Sartre) y llevada a la práctica por el filósofo estoico Zenón de Citio, que se estranguló a sí mismo, el filósofo austriaco Otto Weininger, que en la misma habitación que ocupó Beethoven se descerrajó un tiro en la sien, y los franceses Louis Althusser y Gilles Deleuze. En esta última postura reluce la idea que la vida no es el bien supremo sino la dignidad.

Como vemos, las interpretaciones filosóficas tanatofóbicas se basan en la consideración del suicidio como un acto desequilibrado y nada lúcido. Lo cual difícilmente se puede afirmar de Sócrates, de la filosofía jainista o del presocrático Empédocles que se arrojó al cráter Etna. En cambio, es apropiado aplicarlo al suicidio social de origen amoroso, económico, patológico o mórbido, donde la asistencia del Estado y sus instituciones se hace necesario para prevenirlo y mitigarlo.

En contraste, las posiciones tanatofílicas consideran el suicidio como un acto equilibrado para unirse con el absoluto, preservar el deber, la libertad y la dignidad, y cuyos valores se sobreponen al valor de la vida. Gran parte de la argumentación eutanásica extrae su justificación de esta postura.

Todo lo cual nos lleva hacia la culturología del suicidio. Aquí destacan dos importantes pensadores: E. Durkheim y V. Frankl.  En su libro sobre el suicidio Durkheim considera el suicidio como resultado de la falta de integración social, mientras que Frankl lo estima como falta de sentido de la vida.  Al respecto, no es difícil advertir que ambos casos se aplican al suicidio del hombre común o suicidio desequilibrado, más no al suicidio como búsqueda de absoluto donde no se puede hablar de falta de integración social o al suicidio equilibrado en general donde no hay falta de sentido.

Sobre el suicidio y la falta de sentido cabe contrastarlo con dos obras maestras de la literatura universal: el Fausto de J. W. Goethe y Romeo y Julieta de W. Shakespeare. En ambas obras sus protagonistas no optan por el suicidio por la falta de sentido de la vida, sino, por el contrario, justamente por haber descubierto el sentido de la vida (el amor en ambos casos). Es decir, que no siempre la falta de sentido puede conducir al suicidio y sí, más bien, hallarlo puede conducirnos hacia él.

O sea, no siempre es el desprecio, la desesperanza, el pesimismo, la indiferencia, el desdeño lo que lleva al suicidio, y se puede constatar fácilmente la presencia de los valores contrarios en la muerte de Jesús, los mártires cristianos, Juana de Arco, y los héroes epónimos de nuestra patria.

Pero el nihilismo cultural de la presente sociedad posmoderna acelera la lógica la muerte y el suicidio desequilibrado, al estar basado en la consideración de que el ser resulta insoportable desde que se opta por la nada. Nuestro siglo sin Dios, la caída de todas las certidumbres, el triunfo de lo contingente e instantáneo, el vampirismo de fuerzas inmensas que desde la revolución industrial oprimen al hombre para hundirlo en la apatía, el resentimiento, la depresión, la perplejidad, lo anético y la anomia, afectan a la totalidad de la persona especialmente del hombre común. Eso explica la cifra ofrecida por la OMS de un millón de suicidas anuales en el mundo, dígito considerada muy modesta por algunos.

A lo que vamos es que una sociedad donde reina el imperio del dinero, el tener, y el poder, se termina por descomponer la misma estructura valorativa superior del hombre para entregarlo a las fuerzas entrópicas de un individuo sin orientación y cada vez más manipulado por las fuerzas impersonales de un mundo creado no para vivir en función del ser sino del tener. Lamentablemente este espíritu de la posesión se ha difundido por todo el orbe a través del humanismo sin Dios, la racionalidad técnica y el capitalismo. Por lo cual ya no podemos decir junto con Walter Schubart que la profundidad metafísica del alma de Oriente y Occidente sea muy distinta porque, al contrario, actualmente tiende a uniformizarse.

En otras palabras, nunca como antes la humanidad se ha encontrado como ahora con tantos recursos a su mano y al mismo tiempo con tantas tendencias destructivas que lo cercan. Casi podemos decir que nuestra civilización del dinero ha arrinconado al hombre a vivir una apocalipsis moral, lo precipita hacia la desintegración de su personalidad, lo empuja al suicidio desequilibrado, en términos comparables a lo que sucedió en el Perú durante la Conquista española, donde –según las crónicas- los antiguos peruanos desesperados ante la hecatombe cultural optaban en masa por el suicidio.

Este perfil epocal nos pone ante la pregunta: ¿es lícito reivindicar el deseo de morir y el suicidio en la presente época del nihilismo? ¿Es el hombre una criatura atravesada por el deseo de muerte y el impulso hacia el suicidio? ¿Es el suicidio a la vez pasión y aversión por la vida? ¿Y si la opción del suicidio no se separa nunca de nosotros entonces qué define nuestra existencia: el deseo o la necesidad? Sin duda, el ser de una era puede resultar insoportable llevando a la persona hacia la opción por la nada.

Finalmente, una pregunta queda flotante: ¿Por qué la mujer prefiere el suicidio menos brutal que el varón? Ante esta interrogante podemos echar mano de los sentidos significativos de la semiótica para combinarlos con los resultados de la criminología forense que ratifica dicha tendencia general por género. Y la respuesta a nuestro alcance es que la mujer se suicida sin malquistar su belleza porque está asida por un sentido cósmico-estético de la vida, mientras que el hombre, asido por la eficacia, lo está por un sentido cósmico-instrumental de la vida.  

Concluyendo hay que considerar metafísicamente que en el suicidio el ser es visto en dos sentidos opuestos: (a) condición insoportable de la nada –tanatofobia-, y (b) condición insoportable del ser finito –tanatofilia-. Pero si consideramos que el ser finito es aquel que tiene dentro de sí el gusano de la nada, entonces cobra mayor relevancia el papel de la libertad, la acción y el optimismo, para hacer un mundo mejor.   


Lima, Salamanca 23 de Mayo 2015

lunes, 27 de abril de 2015

EL MANDALA DE PANTIGOSO

EL MANDALA DE PANTIGOSO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
(Intervención del 29 de abril en la Presentación del poemario “Los siete universos…” en el Mes de las Letras Peruanas en el Centro Cultural CcoriWasi de la Universidad Ricardo Palma)
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Los Siete Uni/versos del Jardín de Magdalena (Lima 2015) es la obra cumbre del poeta, filólogo y educador Manuel Pantigoso Pecero (Lima 1936). Debo confesar que la lectura de sus versos desde el primer universo me produjo un pasmo tal, un impacto espiritual tal, que me imponía detenerme hasta el día siguiente para proseguir con la leída. De modo que el poemario dio su propio ritmo, era imposible correr y había que seguir al poemario tomándole el pulso.

La reverberación iridiscente de una visión metafísica y estética que describe una experiencia de eternidad desde los extremos de la temporal, se plasma en una representación simbólico-poética donde se conjura el devenir para lograr la palingenesia espiritual del Ser. La anamnesis de la niñez y su jardín, hogaño desde la perspectiva de la edad provecta se convierte en un caleidoscopio, donde el macrocosmos y el microcosmos se juntan para describir un sistema de transliteración simbólica, donde se fusiona el espacio de lo profano y lo sagrado.

En este sentido, el lirismo visual de Pantigoso logra una poemática mandálica donde el verso se vuelve Mandala y el mandala deja de ser círculo geométrico encantado para volverse círculo verbal mágico. Y aquí no aludimos a lo mágico en el sentido de “ilusión”, sino en el sentido original de “numinoso”. Pues lo numinoso como algo que está más allá de la razón, no solamente es objeto de la religión, como pensaba el teólogo protestante alemán Otto Rudolf (Lo santo, 1917), sino que corresponde a toda experiencia estética en general.

Lo numinoso es lo santo porque justamente se identifica con el amor, la bondad y la belleza. En este sentido el artista y el poeta son los oficiantes de lo numinoso, que trasciende a la razón y que inspira pasmo, conciencia de lo sagrado y atisba las verdades eternas. Justamente es el mismo pasmo que me conmovió durante la lectura. En consecuencia, por el espíritu que respira el poema de Pantigoso se ubica en territorio de la mística.

Si esto es así, como creo que lo es, entonces estamos ante un poeta que pertenece a una especie en extinción. Efectivamente, actualmente la cultura crematística, hedonista, materialista, relativista y sexista está remitiendo al olvido los eternos valores de la cultura religiosa; y en cambio es territorio abonado para la novela, más contingente, azarosa y permisiva. Por eso, la poesía mística, como la de Pantigoso, es una avis rara, propia de una fauna que pertenece al orbis de lo eterno. Naturalmente su poemario tiene la apariencia de ser una rememoración familiar e infantil de sus amores filiales, pero eso es solamente la superficie, porque en el hondón donde se cuecen las verdades del alma relumbran como luceros los problemas cruciales de la existencia humana y del universo. En este sentido, estamos ante un poemario reactivo por su contenido subversivo y revolucionario ante el presente tiempo feble, venal y luciferino, opuesto a los antivalores del momento actual. Es una denuncia poética de todo el miasma putrefacto irrespirable que solamente el Jardín mandálico vuelve respirable y menos tóxico. Así, es una poesía que no inicia un nuevo periodo pero sí indica el camino del porvenir.

Pero si el mandala es conocido como una técnica de relajación oriental, en cambio aquí la poemática mandálica de Pantigoso es una técnica de develamiento del Ser por la palabra bien enhebrada, que no suprime la dialéctica entre lo inmanente y lo trascendente, ni la dualidad entre la vida y la muerte.

Efectivamente,  en la poesía no se trata del conocimiento lógico-abstracto de las cosas, del sujeto pensante ni de Dios, sino que se trata de algo más profundo. Se trata de dar testimonio de un salto ontológico-metafísico más allá de las limitaciones de nuestro intelecto, más allá de las fronteras del conocimiento nocional que sólo capta la esencia, para ir hacia el conocimiento estético que capta la existencia. La poemática mandálica de Pantigoso es una demostración ejemplar de que la verdad se funda más en el existir que en la esencia conceptual de la cosa.

Todo esto podría parecer extraño para un poeta perteneciente a la Generación del 60, que cancela la poesía pura y la poesía social por la poesía total. Pero esta discordancia es sólo aparente, porque en la poesía total la matriz dialéctica que la anima hace que la “utopía social” se vuelva “utopía intemporal”. En otras palabras, Pantigoso consuma las últimas posibilidades de la poesía total con una atmósfera mística, plagada de metáforas que se remontan al origen de la condición humana.

De ahí que su lira sea pródiga en imágenes tales como el Jardín Edénico, la Madre-Universo y el Mandala místico. La utopía intemporal como consumación de la poesía total se convierte en el presente poemario en una aventura de amor, que se embarca hacia un futuro utópico por un salto ontológico-metafísico sobre lo finito, es un trasuntar hacia lo ideal, hacia la arquetípica Edad de Oro y el jardín mítico, a través de la poesía visual.

Una visión de conjunto del poemario nos hace reparar que por su forma proteica y desmedida ratifica lo romántico y barroco que somos los peruanos, como lo señala Martín Adán. Por el estilo guarda un giro filosófico, sincrético, mitocrático, ancestral, dentro de una epifanía del Ser. Por el contenido el mandala resulta siendo un prisma que señala la simetría Madre-Magdalena y Jardín-Universo, como dos pares que reflejan simbólicamente la relación entre lo inmanente y lo trascendente. Se trata así de una obra que se mide por videncia del puro-ser, que está lleno de intuiciones primordiales, donde la emocionalidad poética es visión esencial. Esto es, que se alude a intuiciones de esencias y no a productos de la razón, es así que aquí se asiste a una relación cognoscitiva básica donde lo dado sobrepasa lo pensado.

El libro contiene siete partes o sea el número sagrado que representa la Creación y lo bueno, además porta una paleta de colores primarios y secundarios, que transportan hacia una metafísica de la luz, y se abre con los versos liminares “Madre Mandala Magdalena”. Aquí se establece dicha equivalencia enigmática como “eterno retorno del ser”.

En el primer Universo lleva el nombre de “Deshojadura en el Jardín del Ser” lleva el color marrón, aquí se delata con nitidez la poesía alquímica, casi chamánica, arquetípica, onírica, donde pululan seres mitológicos, el evangelista Juan, el sentimiento unamuniano de la vida, el Ser como madre viviente, el Jardín como nido del universo y la figura del jardinero que abona la salvación del mundo. Aquí escojo dentro del frondoso árbol lírico los versos siguientes:
“es el Jardín,
Desorillada palabra navegando,
Nube y nido desde el fondo único del universo”.

En el segundo Universo bautizado como “Floración del Aire” lleva el color violeta, allí se representa la floración del mundo, el brote de la infancia, el amor romántico y el aire como matriz del canto del bardo.
“no puedo sacarla más agua a las palabras”,
“¿Hay que enderezas la brújula escribiendo?”,
“hasta alcanzar el Jardín Primero”, ó
“Verde es el ocaso y la página que no vuelve”.

En el tercer Universo nombrado “Hacia la Mandala del tiempo” lleva el color verde oscuro, se retrotrae el poeta al antaño solar español donde se conocieron sus padres, Panti y Antonia, hasta su épica llegada al Perú. Es una sinfonía de Fuente del Maestre con un blasón en forma de sonata, un andante adagio, un scherzo, rondó y coda, y dicho universo concluye con el verso:
“¡huerto limpio sin farallones,
A la vista la proa amaneció!”.

En el cuarto Universo intitulado “El Santo Grial del Jardín” lleva el color amarillo, allí presenciamos la parte más emotiva por el recuerdo de la casa familiar, los pinceles y cuadros de su padre, el retrato de su hermano Josecito-Jesucito fallecido, los otros hermanos, la presencia impoluta y mágica del jardín familiar, la visita de la Muerte y se culmina en un hermoso poema a su Madre-Jardín. Aquí el vate nos embriaga con alegorías sorprendentes, dice:
“Todo lo que perdura ha quedado inmóvil, en el íntimo perfume de la infancia”,
“soy…tu pez, tu niño aferrado a la altura de tus senos”,
“¡Oh multiverso hacinado de memoria!”,
“pero plátanos pero con moscas, ¡porque también tienen hambre!”,
“supe entonces diferenciar lo desnudo de lo vacío”, ó
“inolvidable jardinera, sigo a tu lado como un recién nacido”.

En el quinto Universo designado “Resonancias y delicias de los Jardines del mundo” lleva el color violeta, es el más extenso de todos, allí resplandece la Utopía como Edén, Paraíso Perdido, Edad de Oro, cáliz sagrado e inmortalidad. Está lleno de imágenes sugestivas como éstas:
“oh Isla de Thule al borde del mundo”,
“y nació el Edén, el Jardín de la palabra”,
“el Jardín no es un lugar es un futuro”,
“¿es la anamnesis la memoria del Paraíso?”,
“vida después de la vida, tiempo después del tiempo”.

En el sexto Universo denominado “Las ramas del espejo” que porta el color verde tornasolado, se opera la proyección palingenésica de la Creación de Dios, el espejo-jardín, el jardín-biblioteca, la alusión al neutrovacío del amigo cosmólogo Enrique Alvarez Vita y la omnipresencia de su padre Panti. Así nos sorprende con metáforas que dicen:
“A vuelapluma Dios desde el neutrovacío crea la infinitud del cosmos”,
“Esa tarde se me infartó la vida”,
“Espera que se fatigue el corazón por la espalda”,
“Mi biblioteca era el mismo Jardín de Magdalena”.

En el séptimo Universo o “Urna donde reposa la Utopía” que se distinguen por el color magenta, se testimonia que se inventa la vida para salvar la felicidad, resalta la figura abnegada de la madre, su jardín, su magdalena, su mandala, su Panti, su Lúcia, todo lo cual es el recodo de una última fuente bautismal en la presente vida. En este sentido escribe nuestro bardo:
Yo respondo estremecido al aire…
Desde él me acerco más
A esa fuente bautismal
Del lejano Jardín de Magdalena

La Coda o “Esta Rosa de los Vientos” trata de la Rosa sempiterna que florece en la eternidad. Así nos dice el poeta:
Se escribe tan bella rosa
Y la vida ya no muere

En una palabra, Manuel Pantigoso en el señero poemario Los Siete Universos del Jardín de Magdalena despliega todo un conjunto de imágenes profundas, que son ascensiones del alma de lo inmanente hacia lo trascedente, de lo cual se infiere la infinita posibilidad de resurrección purificada de la condición humana.


Lima, Salamanca 29 de Abril 2015

miércoles, 22 de abril de 2015

EL ALMA VISTA BÍBLICAMENTE

EL ALMA VISTA BÍBLICAMENTE
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Ayer por la tarde en el Cenáculo Teológico “Ruthé” –apodado así por el nombre de la calle del distrito de Magdalena que lleva ese nombre- tuve el honor de asistir a una polémica entre mis amigos el historiador y biblicista Sebastián Ponce de León y el católico carismático Jorge Chávez Feijoó sobre el tema de la existencia del alma desde el punto de vista bíblico. Ambos muy versados en el conocimiento bíblico y cada uno con un estilo diferente –profesoral Sebastián y coloquial Jorge- esgrimieron diferentes argumentos contrapuestos durante noventa minutos en una interesante polémica que durante muchos años no se daba en el seno de dicho cenáculo.

Como suele suceder en las polémicas no se llega a conclusiones unánimes pero se exhibieron todo el arsenal discursivo desde cada postura interpretativa. Si hiciéramos una apretada síntesis de sus posiciones se tendría que decir que Sebastián niega la existencia del alma pre y post-mortem, mientras Jorge admite la existencia de la inmortalidad del alma y su diferencia con el espíritu, y todo ello dicho apoyándose cada uno en citas bíblicas.

Estas posiciones no son nuevas, aunque la de Sebastián exhibe mayor audacia arquitectónica. Como se sabe existen tres grandes tendencias interpretativas sobre el alma: 1. El alma es inmortal, 2. El alma existe pero se aniquila tras la muerte, y 3. El alma no existe ni antes ni después de la muerte, lo que existe es solamente el cuerpo.

La primera es común al acervo religioso tradicional, a la filosofía griega, al gnosticismo y a la tradición del cristianismo, cada una con sus obvias diferencias. La segunda es la postura llamada “aniquilacionista” de los Testigos de Jehová y de los Adventistas del Séptimo Día. Y la tercera es la interpretación “naturalista” que no sólo es sostenida por materialistas y cientificistas, sino que, como vemos con Sebastián, tiene una versión teológica.

El naturalismo teológico de Sebastián arguye que no existe en la Biblia nada semejante a la afirmación de que el “alma es inmortal” y que a lo sumo se hace referencia a un vago principio de vida que anima al cuerpo. Por lo demás, sostiene, que en el idioma arameo no existe la palabra “alma”. La Biblia no dice que tengamos un alma. La palabra hebrea “Nefesch” es la persona misma y no el alma. La posición contraria de Jorge, apoyada en numerosos textos bíblicos, menciona la palabra “alma” incluso en labios de Jesús, y en consecuencia, concluye, es consistente pensar que tal entidad existe y que es inmortal.

El intercambio dialéctico de citas e interpretaciones fue sumamente interesante y ardoroso, como pocas veces se ha visto, ante lo cual para los presentes dejó apenas unos minutos para verter algunas reflexiones. Aquí presento las mías.

Existe fundamento bíblico para argumentar la existencia del alma inmortal y la dualidad con el cuerpo en la connotación: “Duermen” (Daniel 12:2, Pablo Tsl. 4:13-16) y “Soplo” (Gn. 2:7). Efectivamente, la Sagrada Escritura hace alusión a las almas con la palabra “duermen”, pero si el cuerpo se destruye con la muerte entonces no es el cuerpo el que duerme sino algo inmaterial que subsiste, a ese algo se le llama “alma”. Acto seguido, el Génesis relata que Dios crea al hombre de barro y le insufla vida con un “soplo”. Ahora bien, si bastara el “barro” entonces seríamos meramente “cuerpo”, pero si hubo un “soplo” eso quiere decir que algo diferente entró al cuerpo para darle animación, ese algo inmaterial es la vida o el alma.

En otras palabras, en esta mínima citación bíblica se encuentra el basamento para sostener la doctrina de la inmortalidad del alma y la dualidad con el cuerpo. Por tanto, no es cierto que sea una creencia solamente platónica injertada al cristianismo como sostienen las huestes evangélicas. Y tampoco es acertado atribuir a Dios la inmortalidad citando a 1 Timoteo 1:17 –como hacen los Testigos de Jehová y Adventistas-.

Al respecto hay que decir, que la inmortalidad del alma no es una gran cosa, pues el destino del alma no es ser inmortal, sino volver a unirse al cuerpo para ser juzgado como persona –como lo destaca enfáticamente Santo Tomás de Aquino-. El alma es espíritu –y no algo diferente a éste como cree Jorge-, posee razón, voluntad e inmortalidad, pero su destino final es volver a unirse al cuerpo como persona.

Esta confusión entre “alma” y “vida eterna” se deja advertir en Sebastián cuando interpreta el episodio de la tentación en el Paraíso. Pues al alma no le corresponde la vida sino la inmortalidad. La vida eterna no es una característica del alma, sino que es una gracia concedida por Dios. Y parecido galimatías se da con Jorge cuando éste sobrepone al “alma” el “espíritu”. Pues la inmortalidad del alma no tiene que ver con los que son salvos por recibir el nuevo espíritu.

En síntesis, dicha polémica fue interesante para escuchar un naturalismo teológico (Sebastián), subrayar que la inmortalidad del alma y el dualismo con el cuerpo tiene sustento bíblico y destacar que la inmortalidad no es el destino del alma.


Lima, 22 de abril 2015

martes, 21 de abril de 2015

FALACIAS PLATILLISTAS

FALACIAS PLATILLISTAS SON PARTE
 DE LA CRISIS DEL PENSAR ACTUAL
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Por lo general, la mente humana es muy proclive a creer en ilusiones sin pruebas científicas. Y es así porque la ilusión surge de la propia percepción que engaña a la mente y la misma nos lleva hacia decisiones y creencias irracionales. Y el sentido común es la víctima predilecta de las ilusiones.

Algo no es real simplemente porque existe, las ilusiones también existen pero no son reales. Realidad y Existencia no son equivalentes y no distinguirlas es origen de muchas confusiones y ficciones. Lo que es Real tiene consistencia ontológica individual permanente, en cambio lo que es simplemente Existente le basta tener trascendencia a la conciencia sin poseer identidad permanente. No toda existencia tiene realidad, en cambio toda realidad tiene existencia[1]. Incluso ciertas psicopatologías hacen ver entidades, como la esquizofrenia, o escuchar voces, como la paranoia, como si fuesen reales pero que solamente existen en la mente del sujeto.

Como vemos no todo lo existente es real. Creer como real lo meramente existente es un trastorno cognoscitivo que tiene que ver con la alucinación, la psicopatología, el fraude, la manipulación mental y paradigmas epocales.

Al conversar con investigadores y creyentes ufológicos se observa generalmente la presencia de una similitud con los prejuicios cognitivos de la esquizofrenia: demasiada atención a posibles amenazas, el saltar a conclusiones precipitadas, hacer atribuciones externas, problemas de razonamiento acerca de situaciones lógicas y sociales, dificultad para diferenciar el discurso interior del de una fuente externa, déficit neurocognitivo global en la memoria, distorsión de la realidad, ideas delirantes, persistencia de experiencias psicóticas, problemas de funcionalidad social, procesamiento visual y para mantener la concentración. Muchas personas normales tienen experiencias psicóticas espontáneas sin ser esquizofrénicas.

 Así, la vida inteligente extraterrestre es una ilusión sin evidencia de su realidad y que se asocia al fenómeno ovni, pero como hemos visto esto no debe ser necesariamente así. El fenómeno ovni puede subsistir sin el nexo con la vida inteligente extraterrestre. Es decir, aun cuando la ciencia llegue a confirmar que estamos solos en el universo, como al parecer todos los indicios lo indican, el fenómeno ovni sobrevivirá como fenómeno atmosférico anómalo, como programa de aviónica secreto y, cuando no, como engaño sobrenatural del satán.

Así, sobre el fenómeno ovni hay que distinguir tres tipos de problemas, a saber:
·         El problema de la manifestación natural ovni (rayos globulares, nubes lenticulares, hologramas solares, sprites, meteoros, estrellas, planetas),
·         El problema de la manifestación artificial (tecnología ovni humana, aviones negros, misiles hipersónicos, satélites, globos, fraudes, engaños humanos y demoníacos), y
·         El problema de la inteligencia extraterrestre (civilizaciones en nuestra galaxia y fuera de ella).

Los dos primeros son objetivos, es decir, existen y son reales. El tercero no es real, existe como objeto hipotético. El fenómeno ovni justamente se convierte en mitoide de la modernidad tecnológica al confundirse con el tercer problema, a saber, el problema de la inteligencia extraterrestre, y al subsumir erróneamente los dos primeros al predominio ET.

A partir de esta confusión con la inteligencia ET surge la ufolatría (con líderes carismáticos, astutos, mitómanos y superficiales, y con adeptos sumisos, acríticos y sugestionables[2]), que curiosamente se encuentra ampliamente extendida en sociedades tecnológicamente avanzadas[3]. Lo cual no es extraño, dado que son en esas sociedades precisamente donde el “Reloj del Apocalipsis” termonuclear amenaza con la destrucción del planeta y aprisiona con más fuerza a las conciencias y acentúa la angustia del hombre común.

De este modo, la ufolatría llega al extremo delirante de confeccionar mapas estelares señalando de qué estrellas provienen los Reptilianos, los Sirianos, los Andromedianos, los Nórdicos, los Zetas, e incluso llegan al extremo de indicar otros lugares donde existe inteligencia desconocida[4].

Otros presentan otra clasificación morfológica: Humanoides (verdes, grises, nórdicos y gigantes), Zoomórficos (reptilianos insectoides, cefalopoides), Xenomórficos (figuras nebulosas, ameboides, minerales, vegetales, etc.). Ante esto la ciencia ha descartado la apariencia humana como dirección de la evolución convergente.

Abundan libros, películas, series de televisión, videojuegos sobre extraterrestres, incluso la creencia astrológica del New Age hablan de que Jesucristo fue un extraterrestre. La arqueología, la ciencia, la astronomía han ido derribando estas ficciones, pero la exoplanetología hizo que científicos, en número cada vez mayor, se mostraran optimistas sobre la posibilidad de encontrar planetas en torno a estrellas de nuestra galaxia y de otras galaxias que pueda albergar vida inteligente. Este último hecho resucitó nuevamente la ufolatría, que ya había caído en descrédito por tanto fraude y engaño[5].

Tanto la ufolatría popular, “científica” y teológica echan mano desde el punto de vista lógico a tres tipos de falacias, que se condicen con la degradación cultural de la civilización consumista y hedonista actual:
·           Falacia del Residuo (afirmación de la existencia de ET sobre un reducidísimo número de casos inexplicados).
·           Falacia de la Diversidad (afirmación de otras formas de vida sobre condiciones desconocidas e inexplicadas).
·           Falacia de la Vastedad (dado que el universo es tan vasto, debería ser cierto que haya un enorme número de civilizaciones extraterrestres en el Universo).

Especialmente la ufología teológica se sirve de esta última falacia, la cual como hemos visto se fundamenta en una comprensión errónea de la omnipotencia divina.

La agudización de las crisis de la modernidad (ecológica, política, alimentaria, seguridad mundial, sanitaria, económica, poblacional, educativa, moral y espiritual) hace prever la mayor difusión de las sectas ufolátricas a corto y mediano plazo en medio de una sociedad sumida en la increencia, el nihilismo, la religión a la carta, el relativismo, el hedonismo y la profunda secularización.

Es más, el avance de la sociedad cibernética aumenta el temor sobre el peligro del dominio de los robots sobre la humanidad. Se siente la amenaza de la era posthumana[6]. Lo más seguro es que los robots pensantes y autónomos no representen la evolución de la especie humana sino, más bien, su fin. Se avizora un futuro sombrío para el hombre en medio del auge de las máquinas.  La super inteligencia artificial introduce un nuevo elemento angustiante en la conciencia de la humanidad.

En otras palabras se vive una gigantesca crisis civilizacional en la era cibernética, que desborda el orbe occidental y que en una era globalizada involucra a todas las demás civilizaciones unidas por la racionalidad científico-técnica y la economía de mercado. Esta crisis civilizaciones está acompañada de una crisis del pensamiento, muy proclive a caer atrapado en falacias, y a una crisis del espíritu.

Es una dura prueba para las conciencias que perseveran en la fe trascendente y en la respuesta afirmativa que subyace en la interrogante filosófica de la problemática integral del fenómeno ovni: ¿Puede el hombre seguir siendo el centro metafísico-moral del cosmos?

Lima, Salamanca 21 de abril 2015



[1] Al respecto Nicolai Hartmann sostiene que sólo los objetos reales e ideales existen porque no son creaciones nuestras, en cambio los objetos irreales o creados por nuestra imaginación tienen consistencia pero no existencia. Esta teoría es errónea porque también se da la existencia irreal y porque subsume lo real a la existencia. Toda la confusión se origina porque identifica la Realidad con el ser real, cuando al contrario el primero trasciende al segundo y se da en todas las esferas del ser. Con esto tampoco identificamos la realidad y el ser.
[2] Es la astucia de la serpiente que ofrece ciencia sin obediencia a Dios (Génesis 3, 1).
[3] Una lista bastante completa y detallada se ofrece en el artículo “Religión Ovni” de Wikipedia. Todas son sectarias, milenaristas, y en su sincretismo introducen creencias cristianas y científicas. Su tecnofilia (fe ciega en la tecnología) se combina con su ETfilia (fe en las capacidades espirituales de los ET).
[4] Cfr. Ufo Giovanny Astra FB, post “lieu de nos visiteur”. Enero 24 2015.
[5] Entre los casos más sonados de fraudes estuvo el autor de “Yo visité Ganimedes” al reconocer que era pura ficción, y a mediado de 1990 José Luis Jordán Peña reconoció ser el instigador de la civilización extraterrestre ummita. Este último convencido de su inmoralidad confesó todo a la policía, tras haber desatado una ola sectaria que marcaba a fuego con su símbolo a niños. Mucho se habló que fueron experimentos del servicio secreto sobre el control mental. Todo lo cual demuestra lo frágil de establecer el criterio de verdad en simples “Testimonios”. Tampoco se puede omitir mencionar la sentencia en 2012 por el Tribunal de Apelaciones de Francia contra la iglesia de la Cienciología, que cree en seres galácticos, por fraude y ser una banda organizada con fines económicos. Muchos han descubierto que en el actual mundo anético y sin valores, la mejor manera de conseguir su primer millón de dólares es hacer su propia religión, y mejor si trata sobre extraterrestres.
[6] El fundador de Microsoft, Bill Gates, se unió a la carta abierta firmada a fines del 2014 por destacados pensadores, entre ellos el empresario tecnológico Elon Musk y el científico británico Stephen Hawking, en su preocupación acerca de cómo pueda ser utilizada la inteligencia artificial en el futuro. El astrofísico británico fue más radical al expresar que la inteligencia artificial acabaría con la especie humana. Pues lo humanos ya no podrán competir al estar limitados por la evolución biológica ante máquinas que se rediseñarán a un ritmo creciente. A comienzos de 2015 el MIT anunció el logro de Matrix o de un interfaz que permita conectar el cerebro humano a una computadora, y se calcula que en tan sólo una década estará listo el proyecto Avatar de la NASA y el Departamento de Defensa, con un cerebro humanoide y una consciencia transferida a un ordenador.