LA FILOSOFÍA DE LOS NIÑOS SON SUS PADRES
Gustavo Flores Quelopana
Revista peruana de Filosofía dedicada a los temas de metafísica, ontología, antropología filosófica, ética y política con especial énfasis en las categorías de lo anético, mitocrático, hermenéutica remitizante e hiperimperialismo. Contacto: gus_floque@yahoo.com
LA FILOSOFÍA DE LOS NIÑOS SON SUS PADRES
Gustavo Flores Quelopana
ASPERGER Y GENIALIDAD
Gustavo Flores Quelopana
LEGADO PARADÓJICO CARTESIANO
Gustavo Flores Quelopana
LEGADO DE ROUSSEAU
Gustavo Flores Quelopana
Rousseau era desconcertante. En vez de defender y elogiar a las ciencias y las artes sostuvo que éstas habían pervertido las costumbres originarias del hombre. Voltaire es el responsable de caricaturizar a Rousseau afirmando que al leer el segundo Discurso le daban ganas de gatear y ponerse en cuatro patas. En realidad, el estado de naturaleza era un recurso metodológico del ginebrino. Tampoco abominaba la civilización y la cultura, porque consideró que sólo en sociedad nos volvemos ciudadanos y seres morales. Los dos primeros Discursos y la Nueva Eloísa defendiendo el estado de naturaleza es sólo hilo conductor a El Contrato Social, al Emilio y al Vicario Saboyano. No busca retrocedernos a la prehistoria, sino busca una nueva conciliación entre moral y política. El corazón humano es bueno por naturaleza y la razón debe saber escucharla. La política hace al hombre y hay que saber hacerlo con el corazón, que contiene una sabiduría más profunda que las mismas leyes. Por eso opone al giro epistémico cartesiano -pienso, luego existo- el giro sentimental -siento, luego existo- . No es moral, bueno, civilizado ni humano, que exista la opulencia ni la miseria. Las grandes fortunas deben ser gravadas y la clase media fortalecida. Por eso Rousseau es actual, porque hay que sacar a la política de las garras de la corrupción. No hay que ser apolítico, hay que hacer política. Las luces de la razón han sido insuficientes. El neoliberalismo que exacerba el capitalismo salvaje y el feroz individualismo ha destruido la elemental empatía. Pero sin empatía se destruye el tejido social. Por eso la política no es cálculo, sino velar por el bien común haciendo que la razón oiga al corazón. Fue un pensador paradójico y contradictorio. Elogiaba la amistad y pensó la política pero renunció a sinecuras, se describió como un paseante solitario y se volvió un misántropo.
PAPELES PANAMA Y PAPELES PANDORA
Gustavo Flores Quelopana
LA FILOSOFÍA NO ES ESOTÉRICA
Gustavo Flores Quelopana
Alejandro Magno y Aristóteles mantuvieron correspondencia durante años.
En una de las cartas Alejandro le recrimina a su antiguo maestro por haber
hecho público sus escritos esotéricos y le dice “¿en qué nos vamos a
diferenciar de los demás?”. El maestro le responde en el sentido de que la
información no es nada si no se la sabe interpretar correctamente.
Esto me hizo recordar un comentario que llegó a mis oídos al promover la
creación de diversas plataformas virtuales de filosofía. “¿Qué está haciendo? ¿Nosotros
los académicos en qué nos vamos a diferenciar de los demás si todos van a
conocer de filosofía?”. Sería bueno no sólo reiterar la respuesta de Aristóteles,
sino remarcar el carácter democrático que tiene el saber y el conocimiento en
general.
Por lo demás, la difusión del conocimiento filosófico como búsqueda de
la verdad, sólo puede constituir una amenaza para la ideología totalitaria que
no quiere diálogo ni crítica, sino silencio y dogma.
A PROPÓSITO DEL 12 DE OCTUBRE
A PROPÓSITO DEL 12 DE OCTUBRE (I)
EL INTELECTUAL Y EL ACADÉMICO
Gustavo Flores Quelopana
En los tiempos nihilistas que vivimos casi no se escucha la palabra “Intelectual” y en su lugar se oye hasta la saciedad y de una manera espumosa y gris el término “Académico”. Yo sospecho que esta sustitución tiene ver con un profundo cambio cultural, asociado precisamente a la decadencia del espíritu y al colapso de la razón burguesa en el capitalismo tardío.
Este hecho no cuesta trabajo constatarlo no sólo en eventos humanísticos de filosofía, supuestamente el más intelectual de todos los saberes, sino que se ha llegado al colmo de oírlo hasta en celebraciones poético-literarias. Vemos el extremo ridículo de enlazar todo lo que no es académico con lo popular, entendido éste como sinónimo de improvisación, mala formación, empirismo y cuando no ignorancia. En pocas palabras, se volvió común entender que todo lo que no es académico es sospechoso de incultura, subcultura o seudocultural.
Hasta mediados del siglo veinte la palabra intelectual gozaba de un prestigio incomparable frente a la condición de académico. Eran considerados intelectuales los pensadores, los creadores de cultura y no los eruditos que impartían cátedra en las universidades. El intelectual participaba en el debate público, dejaba oír su voz y era un faro espiritual en el discernimiento de las situaciones abstractas y concretas. El académico era un erudito sin par en su materia, digno de crédito en el área de su especialidad, pero no participaba con protagonismo en el debate público.
Los intelectuales y artistas eran hombres de partido, apasionados, perseguidos por sus ideas, no temían exponer sus convicciones, defendían ideales y grandes causas. En cambio, hoy los académicos son expertos de opinión, neutrales, apartidistas, predicadores de la tolerancia, febles citomaníacos, obsesionados con obtener poder en la estructura universitaria, escriben de mala gana y publican obligados por los requisitos de la academia. Pero sobre todo, no son creadores. Sin duda que en su descargo hay que decir que han sido proletarizados por el sistema universitario, han sido fagocitados en cuerpo y alma a cambio de un buen salario, se han vuelto presupuestíveros y ya no responden a su vocación e intereses profundos, sino al dictado y necesidades exteriores de su institución. Sus venas ya no son jardines que perfuman el prado de las ideas, sino invernaderos malolientes que reproducen el rechinar maquinal de la cultura instrumental.
Tampoco en la era de los intelectuales todo fue color de rosas. Ahí tenemos el célebre libro de Julien Benda, La traición de los intelectuales, donde desfilan grandes figuras de las letras y las ciencias que no supieron oponerse al militarismo, la xenofobia y el fascismo europeo, y al contrario apoyaron su vesania y maldad. Lo contrario vemos en María Zambrano que, en su libro Los intelectuales y el drama de España, cuenta que el estallido de la Guerra Civil la había sorprendido lejos de su patria, y al volver a mitad de la contienda, le preguntaron por qué regresaba, si sabía muy bien que su causa estaba perdida. «Pues por esto, por esto mismo», respondió ella. Ahí vemos el compromiso ético fundamental que es el sustrato de todo intelectual orgánico, que se niega a mantenerse al margen en la lucha contra el fascismo y la barbarie. Lo que permite acotar que hay académicos con altura intelectual que saben abrazar y defender causas universales. Dos ejemplos bastan, a saber, Bertrand Russel y Albert Einstein.
En cambio, ahora los que se sienten intelectuales proclaman en medio de la cultura light de la posmodernidad el “adiós a la verdad” (Vattimo) y el “adiós a la razón” (Rorty). Esos son los ejemplos sombríos que como pálidas lamparitas de bufete grisácea la atmósfera del soberbio académico. Sin duda que algo profundo ha sucedido, algo huele muy mal, un espíritu hediondo y de catafalco subyace en toda esta carcomida mueca de cultura.
El académico es el producto auténtico de la universidad. Entonces, qué pasa con ella. La Universidad vive sus horas más tristes. En todas partes crece la convicción de que la universidad en el mundo está en declive. Se piensa que ello es atribuible a la desaparición del humanista, del pensador, del erudito, de la libre cátedra, y su reemplazo por el unidimensional especialista académico. Lo que sucede es el empobrecimiento especializado. Es cierto que el académico especialista encabeza el empobrecimiento de la universidad, pero también no hay que olvidar que la universidad con todo su ritualismo apostólico académico es una fuerza conservadora que no favorece la innovación. Recibe siempre las nuevas ideas de mala gana y el innovador no es bien recibido por el académico engreído. También se ha pensado que su agostamiento es culpa de la intromisión del Estado o del Mercado, ante los cuales la Universidad ha sucumbido. Además, ante la extinción del trabajo a nivel global, los costos de la formación universitaria ni la investigación justifican los beneficios que se obtienen de ella.
Es la tragedia de la Universidad funcional. Pero todo esto son las consecuencias y no es la causa fundamental. La causa real es la esencia misma de la racionalidad moderna: funcional, calculadora e instrumental. La cual no favorece al humanista sino al especialista. La salida no es la interdisciplinariedad, sino una nueva jerarquización del saber, donde lo espiritual esté sobre lo material e instrumental. Pero esto ya no es posible en los marcos de la presente civilización, sino en una nueva y quizá venidera. La Universidad ha muerto y los académicos del presente son sus sepultureros. En la modernidad decadente la universidad ha muerto porque ha dejado de ser un saber educarse para el saber, para convertirse en marioneta de las descoyuntadas especialidades. En la decadente modernidad tardía la universidad monopoliza la intelectualidad a tal grado que lo confunde con lo académico, hasta el punto de hacerlo desaparecer. Pero lo peor de todo es que impone un tipo de intelectual conformista y conservador. La universidad ya no forma simplemente informa. Su colaboración con la ciencia es su nueva servidumbre. Lejos de proporcionar orientación ética al saber científico se subsume a la lógica instrumental científico-técnico.
Ahora se entiende que un autor como Enzo Traverso en su libro ¿Qué fue de los intelectuales? Se plantee su ausencia en la escena contemporánea. Y ciertamente que se refiere a los académicos de nuestro escrito. Porque en su neoconservadurismo tibio e insípido, mantienen una neutralidad engañosa, y una ferocidad de salón que defienden las “mentiras ambientes”. Yo prefiero llamarlas las mentiras de la agenda global de la élite mundial. En su engañoso humanismo defienden la eutanasia, el aborto, la ideología de género, el control de la población, el lenguaje inclusivo, la punición de la masculinidad, y otras lindezas del sistema imperante, y con ello se sienten como los grandes voceros de la humanidad libre. La hinchazón de tanta mentira ya comenzó a explotar ensuciándolo todo.
Con semejantes luciferinos corifeos del anetismo y del “todo vale”, no es extraño que la cultura colapse. En compensación los benditos académicos se han vuelto “hermeneutas", o sea en descifradores alquimistas de lo que otros dijeron, pero esta vez expresado en un lenguaje esotérico y rebuscado. Los académicos tienen trabada la lengua por tecnicismos más indescifrables que los quipus. Se convierten en los sumos sacerdotes de lo indefinido, a lo Derrida. Su gusto por la oscuridad refleja el tiempo del cansancio, agotamiento y decrepitud. Todos estos hombres inteligentes, y, por supuesto, cultos, tendrán que convenir en que no conocen el mundo.
Realmente produce estupor constatar cómo la cultura instrumental de mercado al destruir las humanidades aniquila el espíritu crítico, destruye la educación, introduce el gusano de las competencias en el ámbito donde no debe existir, a saber, la cultura. Y es la hegemonía de la nueva cultura de la máquina, con la potenciada inteligencia artificial, vuelve superfluo el saber, instaura la barbarie civilizada del mal gusto, la obscenidad de la citomanía, el supremo valor de grados y títulos, opinar con originalidad e ideas propias pasa a muy segundo plano, eso ya no interesa, al contrario, es visto como un peligro. Vivimos en un ambiente cultural donde se entroniza el saber técnico-científico y se denosta el saber espiritual. A ello también contribuye el sistema de los Premios Nobel.
Pero lo que no se advierte es que cuando una cultura entra en su fase civilizatoria y se torna decadente -como la actual- se tiende a disolver el saber humanístico y la figura del intelectual es reemplazada por la del burócrata del saber, el catedrático erudito, repetidor y mero transmisor de conocimientos ajenos. La confianza es ahora depositada en el técnico, el ingeniero, el burócrata y el saber mecánico. El especialista tomó el lugar del generalista. La cultura dejó de ser causa espiritual para convertirse en un espectáculo más del entretenimiento de las masas.
Contaré una pequeña anécdota personal vivida hace muy poco, precisamente durante el proceso electoral. Generalmente siguiendo el consejo de los ingleses no suelo hablar de política ni de religión con mis amistades, incluso intelectuales. Mis convicciones íntimas las reservo para mis libros. Pero un apreciado amigo filósofo me asediaba con la propaganda anticomunista electoral de la ultraderecha de mi país. Yo no respondía. Preferí dirigir, como filósofo, mi atención al tema de la justicia. Y de ahí salió mi libro "Igualdad sin lágrimas. Justicia como copertenencia". Hasta llegó el ingrato momento del intercambio de pareceres con este amigo, que incluso es cristiano como yo. Pero fue una lástima comprobar cómo una persona tan inteligente y creyente repetía los tabloides derechistas, racistas y despreciativos hacia un gobierno de autoridades de extracción andina. El susodicho académico amigo no mostraba ningún razonamiento original, ninguna piedad cristiana, fue una desilusión. Incluso le recordé que Cristo no buscó a sabios ni doctores, sino a gente ignara, a simples pescadores. Pero el académico en sus trece seguía repitiendo los mostrencos titulares de la prensa derechista. La amistad ya no es la misma, y dejo al tiempo que la restaure.
Lo que se comprueba aquí es cómo la hegemonía de las ideas conservadores pueden paralizar el razonamiento hasta de las personas más inteligentes. Me alegro que eso no haya sucedido con el modesto pueblo del Perú. Y esto lo subrayo contra quienes se refieren al pueblo humilde en términos peyorativos. Pero hay algo más. Quedó demostrado en las recientes elecciones peruanas, que el auge de la izquierda en América Latina y en el mundo -los países escandinavos tienen todos recientemente gobiernos socialistas y en Alemania también ganó la izquierda- no fue resultado de la hegemonía intelectual de los académicos, siempre a la zaga del cambio social, sino del instinto político del pueblo humilde de Dios.
Efectivamente, el relevo del intelectual por el académico responde a las necesidades de la sociedad de masas, la cual está más urgida de soluciones que de reflexiones. Su hegemonía responde al imperio del hombre anónimo. El hombre anónimo es un ser desvalido, que sólo tiene confianza en las recetas del mercado. Carece de opinión propia. En el caso del académico repite a Heidegger, Wittgenstein, Gadamer, Vattimo, Rorty, etc. La consecuencia es que su orden valorativo se vuelve tan delgado que termina eximirse de su propia libertad y responsabilidad. Son los gurús de los nuevos campos de concentración del pensamiento: las universidades entregadas en alma al mercado. Viene a mi memoria que esto último ya lo habían señalado cuatro connotados autores: Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, José Ingenieros, El hombre mediocre, Oswald Spengler, Decadencia de Occidente y Herbert Marcuse, El hombre unidimensional.
La novedad de nuestro tiempo es el protagonismo cobrado por el nihilismo, el cual dejó de ser moda de intelectuales para convertirse en fenómeno cultural narcisista y hedonista de las masas. Sin duda que este auge nihilista se dio de la mano con el fenómeno político-económico del neoliberalismo y últimamente del capitalismo digital. Los cuales son dos mutaciones que se han sucedido sin pausa en la estructura misma del capitalismo imperialista. Si el neoliberalismo global es el neo-totalitarismo de las megacorporaciones privadas, el capitalismo digital es lo mismo, pero de las megacorporaciones cibernéticas globales, las llamadas GAFAM -Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft-.
Los tiempos nihilistas que vivimos son dantescos y como muestra tenemos la desaparición de los intelectuales por los académicos. Se podría pensar que era natural esperar después de la separación del hombre respecto a Dios, viniera la siguiente fase de separación del hombre respecto del pensar. Ciertamente, nunca como hoy ha sido tan difícil cultivar el pensamiento. Se dice que estamos en la era del conocimiento. Yo digo que esto es mentira. Vivimos la era del desconocimiento y la imbecilidad. La estupidización del hombre avanza a pasos agigantados, cabalgando sobre los medios masivos de estupidización social, que con sus mentiras diarias intoxican y embotan la verdad. Si a esto le sumamos el nuevo imperio del internet, las redes sociales y la web, lo que se tiene al final es una completa ofensiva contra el pensar.
Tristeza y congoja da ver las kilométricas horas que dedican los jóvenes a estos medios tecnológicos que atrofian su memoria, debilitan el pensamiento, anestesian la concentración, adormecen la sensibilidad y superficializan la mente. El daño cerebral que se está produciendo es inmenso. Pero los rozagantes académicos siguen en su sosiego sin alarmarse en lo más mínimo.
No quiero abrazar falsas ilusiones cerrando la presente reflexión con manidas esperanzas consoladoras. Tampoco soy pesimista para pensar que esto no tiene remedio. Tendrá que venir un aluvión para que tape el gran foso excavado por la presente hora tenebrosa. Entonces gotitas del inmenso regalo solar volverán a cubrir con nuevos brotes los verdes prados del pensamiento. Será el momento en que los intelectuales volverán a levantar vuelo para hacer fulgurar el relámpago de la verdad.
SENTIDO HISTÓRICO DE LA REVOLUCIÓN PERUANA
Gustavo Flores Quelopana
Joven peruano, tú no sabes cómo era el Perú antes de la Revolución
velasquista. Pero yo te lo diré. Por un lado, estaban los humanos y por el otro
los subhumanos. Por casualidad, los primeros eran blancos y mestizos, y los
segundos eran indios y campesinos. No se trataba de una distinción establecida
por la naturaleza, sino de una perversa discriminación racista de herencia
colonial impuesta por siglos por una egoísta clase social llamada oligarquía.
La emergencia de las masas y de las clases medias en la vida política, con
figuras como Mariátegui, Haya de la Torre, y con intelectuales como Luis Valcárcel
y José Uriel García, habían hecho bastante para sensibilizar a la sociedad sobre
la condición del indio. Pero mientras no triunfara un cambio estructural en el
país, todo seguía igual, y el latifundista seguía siendo señor de horca y
cuchillo, con derecho de pernada sobre las indias en sus haciendas. Y en las urbes
imperaba el derecho de paso, por el cual el indígena tenía que salir de la acera
para no cruzarse con el blanco. A todas luces imperaba un orden social
perverso, cruel y discriminador, nada cristiano y por contrario un espíritu lleno
de odio y desprecio por el ser humano cuanto más humilde era.
Pero quiso Dios que un 3 de octubre de 1968 el General Juan Velasco
Alvarado diera comienzo a la Revolución militar de izquierda y antimperialista
que cambió para siempre el rostro del Perú. Heredero del mensaje humanista y
libertario de Fray Bartolomé de las Casas, Túpac Amaru II y Ramón Castilla, el
general Velasco sepultó para siempre a la oligarquía terrateniente y su
colonialista racismo que mantenía en el ignominioso servilismo al campesino
peruano. Reivindicó la dignidad humana del indio peruano. Muchos fueron sus
aciertos y también sus errores. Pero ninguna gran obra se lleva a cabo sin
correr riesgos. Como ejemplo de su honradez murió pobre en bienes materiales,
pero muy rico en el legado espiritual que dejó a la Patria.
Yo recuerdo que era un niño de nueve años cuando salieron los tanques de la Revolución. Y me dirigía caminando unas pocas cuadras a mi Colegio San Andrés -ex Anglo Peruano- cuando tuve que pasar por delante de la maquinaria bélica. Pero se respiraba una atmósfera nueva de dignidad y una alegría difícil de describir en el ambiente social. Pensé que algo grande y hermoso estaba sucediendo, como si los muertos martirizados por la libertad de nuestra Patria se hubiesen levantado de sus tumbas para saludar una nueva etapa de nuestra historia. Aun lo recuerdo y me emociona. Nunca como en ese momento me sentí tan orgulloso de pertenecer a esta tierra milenaria, hermosa y generosa. ¡Era mi Perú!
El General Velasco cumplió el gran ideal de nuestros cronistas indios y
mestizos. El Inca Garcilaso, Guamán Poma de Ayala, Juan Santacruz Pachacuti
eran reivindicados en espíritu y en verdad. El Perú de todas las sangres del
gran Arguedas, comenzó a fluir por las venas sarmentosas del Perú profundo. Y
por eso estimado joven, no permitamos que la incuria y la inquina de ayer se
instale en la gran Patria de hoy. Que ninguna distinción económica, política,
racial o cultural nos separe. Cristo vino por todos, y sobre todo por el más
humilde y desvalido. Y es aquí donde reside el sentido histórico de la Revolución
Peruana de 1968 que siempre se proclamó Humanista, Antimperialita y Cristiana.
ACTUALIDAD DE RODÓ
EN SU SESQUICENTENARIO
Gustavo Flores Quelopana
El
uruguayo José Enrique Rodó es el primer gran filósofo de la cultura
latinoamericana. Cosa que aún está por reconocerse en el elefantiásico magisterio
universitario. Antimperialismo y Espiritualismo son los principales cañonazos certeros
que mantienen la vigencia de su pensamiento a 150 años del natalicio de José
Enrique Rodó.
Hay
quienes pretendiendo limar el filo revolucionario de sus ideas ponen énfasis en
el individualismo y en el esteticismo de su arielismo. Pero éstos jamás
entenderán que a fines del siglo diecinueve el idealismo latinoamericano era la
forma de oponerse a los potros salvajes de la derruida hegemonía del positivismo
sobre el que cabalgaba el dominio imperialista europeo y estadounidense.
En este
sentido, el arielismo de Rodó es heredero del pensamiento integracionista del
libertador Simón Bolívar. “Ariel”, escrita al nacer el el nuevo siglo veinte (1900)
con apenas veintinueve años, es el testimonio de una generación juvenil que se
hizo madura con celeridad espiritual, seriedad cultural y responsabilidad
social.
Ariel es
un ensayo moral en el que se contrapone el idealismo latinoamericano al
materialismo utilitarista europeo y anglosajón. Rodó, influido por el gran vate
nicaragüense Rubén Darío, es el autor de la primera gran teoría de la filosofía
de la cultura latinoamericana.
Ariel es
el símbolo de la razón, mientras Calibán es el símbolo de la sensualidad. Son
representantes antitéticos. Son la oposición entre el Espíritu y la Materia. ¡Con
cuánta clarividencia pudo entrever Rodó la decadencia cultural y espiritual de
Occidente! Hoy cuando vemos cómo la cultura occidental luce anegada de nihilismo,
hedonismo y narcisismo es cuando el mensaje rodoniano impacta por su lucidez y
veracidad descarnada.
Entre la
civilización idealista y la civilización materialista hay un hiato profundo, el
cual no es tanto de índole económico, político y científico, sino de estirpe
espiritual. Efectivamente, Rodó despliega una filosofía de la cultura latinoamericana
para que esté en guardia contra la decadencia moral que pende en la punta de la
adarga de la racionalidad científico-técnica. Es un adelantado de las reflexiones
sobre las consecuencias deshumanizadoras de la esencia de la técnica y del
pensamiento científico. Pero también es un recio hoplita que se bate
denunciando la dominación imperialista estadounidense.
Rodó siempre
opuso la razón y el sentimiento a la desintegración moral que está ínsita en el
evangelio del frio positivismo. Rodó representó el evangelio de los valores
espirituales que tenía que oponer la intelectualidad latinoamericana entre 1900
y 1915 al avasallador avance de la cultura materialista y sin alma de la
racionalidad imperialista científico-técnica. ¿Es acaso esto una exageración? No lo es, y como demostración en la actualidad hasta en el propio Uruguay no se estudia a Rodó ni en las aulas universitarias y su mención ha desparecido en la educación básica y regular. ¿De quién fue ese logro? Sin duda, de las imperiales reformas neoliberales que se introdujeron en los sistemas educativos latinoamericanos, para extirpar a todo aquel prócer del pensamiento que hiciera recordar el espíritu libertario latinoamericano.
Ariel
fue la obra que marcó a la generación del 900, que lanzó a los latinoamericanos
a la búsqueda de su propio destino cultural, político y económico, fue el
precursor de la filosofía y la teología de la liberación, de la filosofía
inculturada, de la Revolución cubana y nicaragüense. Despertó el nacionalismo
latinoamericano del Che Guevara, Omar Torrijos, Juan Velasco Alvarado y que se prolonga hasta Hugo Chávez, López
Obrador y Castillo.
Rodó fue
hijo de su tiempo y así defendió los fueros del espíritu contra las
degeneraciones utilitaristas del positivismo. No fue perfecto, y, en ese
sentido, estamos maduros para asociar a su humanismo idealista la profundidad
de la trascendencia divina. Cosa parecido hizo en los años treinta José Carlos Mariátegui al precisar el antimperialismo mediante el anticapitalismo. Pero el arielismo de Rodó, que perteneció a la
tercera generación modernista, no fue reaccionario, oligárquico, retórico y
académico, sino todo lo contrario. Su verbalismo eurítmico defendía los fueros espirituales
de la libertad ante el avance incontenible de la civilización secularizada y utilitaria
que hasta el presente va desintegrado la vida espiritual.
La
esencia del espíritu rodoniano mantiene su actualidad sobre todo porque la
cultura latinoamericana no cesa de luchar por librarse de la hegemonía del Calibán
político y tecnológico de nuestro tiempo. Ese es el mensaje sempiterno de su
filosofía de la cultura latinoamericana.
APUNTE SOBRE EL NIHILISMO
Gustavo Flores Quelopana
El nihilismo no es consecuencia de la muerte de Dios, como pensaba Nietzsche, ni es consecuencia de que el mundo suprasensible haya perdido fuerza activa siendo ese el destino de la metafísica del platonismo, como sostiene Heidegger, sino que es efecto de la hegemonía de la racionalidad científico-técnica, que con la secularización convirtió lo trascendente en inmanente.
La revuelta o giro antropológico acontecido desde la muerte de Hegel culminó sumiendo a la filosofía y al espíritu de nuestra época de la modernidad tardía en el ateísmo, el anticristianismo y el nihilismo. Este naturalismo arrasador eliminó la temática religiosa y el fundamento metafísico del mundo, para poner al hombre como piedra basal de su propio ser y del cosmos en lugar de Dios. Dios quedó reducido a mera idea subjetiva, que ya no tiene origen en la autoconciencia (Fichte), la totalidad de lo finito (Schleiermacher) ni es la Idea Absoluta (Hegel), sino que nace de la neurosis religiosa (Nietzsche, Freud). Desde entonces la liberación es concebida a partir del ateísmo.
Pero este giro antropológico no sólo conocería su fracaso, sino su mayor desastre en el Holocausto. Acontecimiento del cual aún no se repone nuestro tiempo y, por el contrario, va pautando nuestra época. Efectivamente, Auschwitz no sólo representa el mayor fracaso del giro antropológico de la filosofía contemporánea, sino la demostración palmaria del desastre al que conduce convertir al hombre en el soberano absoluto.
Ni Descartes, Spinoza, Leibniz, Locke, Kant, Fichte, Schelling ni Hegel fueron ateos, ni pretendieron nunca destronar a Dios para poner al ser humano en su lugar. El ateísmo como clima espiritual histórico es propio de la modernidad tardía o después de la muerte de Hegel. Y encuentra a sus héroes en cuatro pensadores: Feuerbach, Stirner, Nietzsche y Marx. Estos son los pensadores de la finitud humana. Por ello resulta excesivo el juicio de Heidegger e impreciso el de Nietzsche. Particularmente éste último nunca puso su desconfianza en los argumentos y condicionamientos sociales de los maestros del ateísmo moderno (Feuerbach, David F. Strauss, Schopenhauer).
Y en lo que concierne a Heidegger si bien en su "Carta sobre el humanismo" (1947) se defendió de su inclusión por Sartre en el grupo de los existencialistas ateos y afirmar en su conferencia pronunciada en 1927-1928, aunque publicada en 1969, "Fenomenología y teología", que la filosofía no es teísta ni atea y caracterizar a la teología como "enemigo mortal" de la filosofía por oponerse a la "autoasunción libre del ser-ahí total", no obstante su deslinde de las cuestiones ontológicas de la idea de Dios es un planteamiento esencialmente ateo, producto del giro antropológico de la filosofía posthegeliana en la gnoseología neokantiana y la fenomenología de Husserl. No por casualidad el método fenomenológico husserliano y el de Heidegger descartaban desde un principio la pregunta por el ser de Dios.
Dios no ha muerto sino la fe en él, y la metafísica perdió vigencia ante el avance arrollador y hegemonía cultural de la racionalidad científico-técnica, instrumental y calculadora, ante la cual está sucumbiendo la propia realidad humana. La racionalidad científico-técnica ha llevado a su epítome a la racionalidad instrumental con la aterradora consecuencia de la hegemonía imperial del nihilismo. Y es aterradora porque en definitiva el nihilismo es sólo una cosa: la desmalignización del mal y la malignización del bien. Pero cómo ha ocurrido semejante desvarío. En parte, el mismo Heidegger había señalado que la técnica es un saber del ente y un olvido del ser. Y si a esto le añadimos la lógica dineraria -tan bien descrita por Simmel en su "Filosofía del dinero"-, que convierte los valores en mercancías y disuelve lo cualitativo en lo cuantitativo, entonces lo que obtenemos es el cóctel letal del desarrollo práctico del nihilismo en todos los planos de la vida. Es cierto que el abandono de lo cualitativo está en la base y en origen de la ciencia moderna, determinando el avance arrollador del pensar funcional sobre el pensar substancial. En una palabra, el ser y el valor ha sido reducido a objeto, sin alma, sin espíritu, sin profundidad. Así quedaron asfaltadas las anchas avenidas luciferinas para el nihilista práctico.
Bajo el clima nihilista imperante el hombre se desprecia a sí mismo, toma partido por la cultura de la muerte, exalta la nada, y desespera escépticamente del conocimiento. La siniestra y tanática agenda global de la élite mundial o Cuarto Reich Bilderberg -cultura posmoderna, posverdad, ataque a la razón, eutanasia, aborto, ideología de género, lenguaje inclusivo, matrimonio igualitario, empoderamiento de la mujer, volver punitiva la masculinidad, promover la procreación genética y artificial de la humanidad, libre consumo de drogas, destrucción la familia tradicional, guerra contra la población-, es de profundo espíritu nihilista. Es el diseño de un mundo perverso en beneficio del gran capital imperial. No es difícil advertir quién promueve y a quién beneficia la ideología del nihilismo, si no es a otro sector como el de la luciferina, egoísta y avara gran burguesía planetaria. Y a este sector le hacen el juego la legión de filósofos e intelectuales, que como "tontos útiles" se suman a la danza dionisíaca y disolvente del nihilismo. ¡Nunca como en ninguna otra etapa de la historia, ha sido tan evidente y vergonzosa la traición de los intelectuales!
Contra el poder de la nada, la secularización, el inmanentismo y el estancamiento espiritual propios del nihilismo no hay más que un sólo camino, a saber, esforzarse en recuperar el supuesto de la fe en Dios. El nihilismo es la nueva neurosis espiritual mortal de nuestro tiempo y la liberación sólo es posible a través de la superación del ateísmo. En la hora presente de apoteosis del nihilismo y del último hombre, la Modernidad desnuda su verdadero rostro vernal, decadente, y depravada de una auténtica barbarie civilizada. No es el ideal de la libertad humana la que se debe abolir, sino su asunción dentro de un chato y estrecho marco inmanentista. Lo que demuestra que el hombre moderno sólo podrá realizar su mayoría de edad aunando su inmanencia con su trascendencia. No se trata solamente de repetir el lema: ¡sapere aude! o ¡atrévete a saber!, sino de enlazarlo con el otro lema indispensable: ¡atrévete a creer! Pues, el derrotero moderno es la demostración más elocuente del fracaso de una razón que se niega a reconocer las verdades suprarracionales que rodean al hombre y al mundo.
¡Despierta, hombre de nuestro tiempo! El giro antropológico de la modernidad se ha convertido en un profundo fracaso. El hombre como enemigo de Dios, a lo único que arribó es a la construcción de un orden satanocrático más nefando que Sodoma y Gomorra. Estamos a tiempo de desmontar las estructuras siniestras de la presente barbarie civilizada que se enseñorea. Recobremos la fe en Dios, la profundidad metafísica, la esencia de las cosas, reconciliémonos con la naturaleza y asumamos un nuevo ascetismo contemplativo. Hagámoslo porque la humanidad es capaz de reencontrarse con su elevada misión como criatura espiritual en la Creación.
ÚLTIMA LECCIÓN DEL MAESTRO
Gustavo Flores Quelopana
Los grandes maestros lo son más fuera que dentro del aula. Son maestros de la vida. Y hacen comprender que el tiempo no es sino puente y paso hacia la eternidad. Esto lo constaté con el filósofo José Russo Delgado.
Por entonces yo era un atrevido alevín que se estrenaba como escritor. Érase un frío día del invierno limeño del año 1990 cuando me dirigía a donde vivía mi dilecto maestro sanmarquino José Antonio Russo Delgado. Recuerdo bien hasta ahora la dirección que me dio: Pasaje Ocharán, en Miraflores. Por entonces, él ya había dejado de ser profesor y yo de ser alumno de dicha casa de estudios. Previamente ya le había obsequiado algunos de mis libros y esperaba con emoción lo que me diría de ellos. Era una larga, distinguida y tranquila quinta miraflorina, ubicada frente a un umbroso parque de antiguos robles. Los trinos de los pájaros me anunciaban una sorpresa. Yo avanzaba a paso lento y emocionado.
Era mi gran y admirado maestro. Temido por todos y venerado por mí. Su palabra sonaba como un trueno en el aula, su sabiduría iluminaba como un rayo en la obscuridad y su recia humanidad te recordaba la gran misión que uno tenía al venir a este mundo. Cuando me abrió la puerta de su departamento, vestía su severo terno y corbata negra. Nunca sonreía. Pero mis ojos atónitos debieron abrirse tanto, que él mismo me dijo:
"Mire no tengo ni muebles para hacerlo pasar a sentarnos a conversar..."
Efectivamente, su casa lucía vacía, excepto de libros. Nada de sillones napoleónicos, espejos versallescos, lámparas belgas, ni talladas bibliotecas. Ni siquiera una mesa de comedor. Sin duda que era frugal. Nada de lujos y excesos. Al contrario, todo lucía como la celda de un contrito cenobita. La situación amenazaba con volverse incómoda, así que ambos abreviamos las palabras, recibí cumplidos de su parte y correspondiéndole me despedí.
¿Cuál fue la última gran lección que me dio mi maestro fuera de las aulas? Su pobreza franciscana me impresionó tan hondamente que en los últimos treinta años no he dejado de pensar en ello. Recientemente leí sus gruesos volúmenes sobre "El logos: Heráclito" y "Lo que es" dedicado al gran Parménides. Y se acaba de cruzar por mis ojos este enorme pensamiento del gran ácrata H. D. Thoreau:
"Cada uno de nosotros es rico en proporción al número de cosas que puede prescindir."
Ese fue su mensaje profundo que me dejó. El mismo que Cristo enseñó:
"No acumuléis tesoros en la Tierra donde el orín y la polilla corrompe, y donde ladrones penetran y hurtan, sino acumulaos tesoros en el Cielo".
Ahora que ya tengo sesenta y dos años, y transito cuesta abajo el trajinar de la vida, ahora que he salido indemne de la segunda ola del mortal covid, comprendo con más intensidad ese ejemplo que me dio el maestro José Antonio Russo Delgado. Él que escribió párrafos tan luminosos y verdaderos sobre los grandes maestros espirituales de la vida, Indudablemente él no era hombre pobre, sino muy rico espiritualmente. Y Dios lo debe estar premiando por tal ejemplo.
Vivimos tiempos nihilistas, por eso todo está teñido de decadencia. En medio de la recia tormenta de la presente civilización materialista y sin alma que nos asola, el ejemplo que nos legó es un reto y desafío para todos los hombres que no han perdido la fe y tenemos esperanza en un mundo espiritual antes que mendazmente ventral.
Russo tenía alma de profeta, de guía espiritual. Justo lo que hace falta hoy en día. Jamás fue un simple profesor, nunca un simple dispensador de conocimientos. Era una lámpara de Diógenes que refulgía donde se encontrara. Consciente de ello, siempre buscaba no llamar la atención, casi se ocultaba, eludía a los demás. No quería enceguecer. Mientras que los demás se arremolinaban buscando los necios aplausos, nadie como él había comprendido mejor la paz del silencio y de la soledad. El fuego de su espíritu lo consumía. Gran conocedor de Nietzsche, al que dedicó su luminoso libro "Nietzsche, la moral y la vida", jamás sucumbió a los argumentos de los defensores del ateísmo moderno y, al contrario, se esforzó en recuperar la fe en Dios. Siempre tuvo una fe inquebrantable en que el hombre podía conocer los valores absolutos.
Pero tú, que te llamas su discípulo, mírate al espejo y di cuánto te has alejado en lo esencial de tu maestro, escupiendo sobre el hombre colgado del madero como fruta silvestre por dar su vida por la humanidad. Russo no temió poner por escrito que Heráclito, San Juan y Justino hablan del mismo Logos -Cristo generado por el Padre Creador- y dirigir un ataque demoledor contra el nazi Heidegger por negar que el Dios-unidad de Heráclito es el mismo Dios-amor del cristianismo (El Logos, p. 62).
¡Descansa en paz, maestro Russo Delgado, que tu ejemplo vivirá entre nosotros inmarcesiblemente!
NI PANTEÍSMO NI MONOTEÍSMO SINO HENOTEÍSMO PRECOLOMBINO
Gustavo Flores
Quelopana
DÍA 1
¿Cuál es el criterio para medir al valor de una religión?
El criterio último para medir el valor de una religión no es su beneficio cultural, ni los límites con la razón humana, ni sus ritos y dogmas, sino de la realización plena de lo santo.
¿O sea, se
mide por el grado de realización de lo santo?
Una religión
no se puede comprender partiendo de fundamentos morales ni conceptuales, sino por el grado de realización de lo santo.
¿Entonces no
hay religión sin la idea de lo sagrado?
Puede haber
piedad sin creer en Dios, pero no puede haberlo sin la idea de lo sagrado. Por
eso, la esencia de la religión es la diferencia entre lo sagrado y lo profano.
Ahora bien, lo sagrado implica lo demoniaco y lo divino. Lo demoníaco es lo
terrible destructor, y lo divino lo santo pleno.
¿La palabra
quechua “Waka” alude a lo sagrado o a lo divino?
Lo divino y
lo demoníaco son sagrados, pero sólo es divino el primero. En quechua Huaca
significa sagrado (material o inmaterial). Huaca sería el equivalente a Holy en
inglés y a Heilig en alemán. Su significado involucra tanto lo divino como lo
demoníaco porque amboas son sagrados. Saqra o supay se suele traducir por
diablillo, y W´aka por divino. Pero en realidad w´aka, guaca o huaca significa
sagrado y no parece distinguir entre lo demoníaco y lo divino. Por eso alude,
más bien, a lo numinoso o sagrado.
Pero solemos
asociar lo demoníaco a lo terrible, más no a lo divino. Y sin embargo la deidad
Pachacamac está relacionada con lo terrible de los terremotos. ¿Cómo se explica
esta aparente contradicción?
No hay
contradicción. Lo terrible de lo demoníaco es el mal, mientras que lo terrible
de lo divino es la justicia divina. Es por eso que Pachacamac no se referiría
solamente a una deidad telúrica -terremotos-, sino que es referido como deidad
Ordenadora. Pachacamac Ordenador es supracósmico y no meramente deidad atmosférica
ni telúrica. Esto hace pensar que es algo numinoso en su fase superior a lo
demoníaco. Esto es, es lo sagrado divino. Lo que sucede es que, tal como
enfatizó Rudolf Otto, lo divino también tiene algo de terrible, lo cual no es patrimonio
de lo demoníaco. Con la Pachamama sucede algo similar. Es una deidad tectónica,
relacionada exclusivamente con la Tierra. Puede producir bienes como males. Es
una entidad sagrada que contiene lo demoníaco y lo divino. En cambio,
Pachacamac es supracósmico, divino, muy superior a lo demoniaco
El Padre
Acosta decía que los indios no tenían palabra equivalente a Dios, lo cual no
significa que no percibieran a Dios. ¿Es correcto?
Diospa
Reinonqa maqanakuykunata, unquyta, yarqhayta, wañuyta ima chinkachinqa, sería
Dios en quechua. Pero quiénes estarían en capacidad de decir semejante frase en
quechua, solamente los Amautas. En aymara Tunupa significa el nombre de una
deidad, pero no de Dios propiamente. Dios en aymara sería: Ukhamasti, kunjamtï
Diosax siskänxa ukarjam juchañchataw uñjasipxäna. Lo cual sólo estarían en
capacidad de decirlo los sacerdotes. Que no se tuviera en quechua ni en aymara
un nombre para “Dios” es indicador que conocieron muchos dioses, pero no un
Dios monoteista. De lo contrario su nombre se hubiera conocido.
¿Entonces, no
llegaron los antiguos peruanos a concebir una deidad monoteísta?
No, no lo
concibieron. Incluso concibieron un gran dios, superior a todos, pero no era
monoteísta, simplemente superior a los demás. El judaísmo y el islamismo son un
monoteísmo estricto, en cambio el cristianismo es un monoteísmo trinitarista. Al
esquema de un gran dios con dioses menores lo llamó Max Müller "henoteísmo",
pero no monoteísmo polimórfico.
¿Quiere decir
que no es acertado el concepto de “monoteísmo polimórfico”?
No lo es, sobre todo porque ello implica una determinada idea de la substancia divina y sus relaciones internas que no se dio en el mundo precolombino. Al parecer los antiguos peruanos no tuvieron algo parecido al Tao chino. El estudioso de las religiones orientales Max Müller empleó henoteísmo para describir al Brahma hindú rodeado de toda una serie de divinidades menores. O sea, no tuvieron un dios absoluto. Dios supremo no significa deidad absoluta. La deidad absoluta del monoteísmo no tolera dioses menores. En cambio, la deidad suprema del henoteísmo sí. El henoteísmo comparte con el politeísmo la creencia en varios dioses, y con el monoteísmo la creencia en uno principal. El henoteísmo tiene la forma de ser la instancia previa al surgimiento del monoteísmo. Y esta diferenciación se hace por razones organológicas y sistemáticas. Por esto, es más exacto hablar de henoteísmo que de monoteísmo polimórfico. Al contrario, el término "monoteísmo polimórfico" tiene la apariencia de una incomprensión del desarrollo de la conciencia religiosa y de la historia de las religiones, cuando no de un forzamiento de dar un rango equiparable a las grandes religiones monoteístas a formas religiosas previas, ya sea por razones etnocéntricas o culturales, pero no científicas. Es decir, tras ello hay una intención subalterna de índole ideológica. En otras palabras, en el mundo precolombino no se tuvo nada parecido al monoteísmo, pero sí al henoteísmo.
¿Cuál sería
otro signo de la falta de una concepción monoteísta?
Otro signo de
la falta de una concepción monoteísta era su tolerancia con otras religiones.
El monoteísmo donde aparece genera proselitismo y combate con otras religiones.
Lo que en el mundo precolombino no se dio. Al contrario, hasta se convivió con
una de las formas primeras y más toscas de la religión, como fue el chamanismo,
con hechiceros y poseídos. Un ejemplo es el famoso chamán Antarqui al que recurrió
Túpac Inca Yupanqui para emprender su viaje a Oceanía.
¿Etimológicamente
no hay sustento para sugerir un monoteísmo precolombino?
El Inca
Garcilaso sí lo supuso al decir que se vislumbró el Dios único cristiano. Pero
lo más seguro es que se refiriera a la existencia de una deidad suprema y no a
una deidad absoluta. Los catequizadores y misioneros se sorprendían de lo bien
que entendían al único Dios cristiano, pero no pensaron que el alma humana
siempre piensa en una deidad suprema. Al parecer, el hombre de todos los
tiempos siempre ha pensado en una deidad suprema, pero el pensar en una
absoluta es otro estadio superior en el desarrollo del pensamiento religioso. Y
a eso no se llegó ni con los Incas.
¿De modo que
ni el ídolo Pachacamac era deidad absoluta, pero sí podía ser deidad suprema?
Así es. Aún
cuando el Inca Garcilaso nos habla de una deidad Pachacamac irrepresentable, Hernando
Pizarro se sorprende al ver el ídolo de madera, por cuanto creía que estaría
hecho de oro. Los españoles asociaron el ídolo y su culto a rituales satánicos,
por lo cual Hernando Pizarro lo derriba de su pedestal y quema todo el templo.
Después de la destrucción del templo se pierde el rastro del ídolo de
Pachacamac, hasta que, en 1938, arqueólogos que realizaban excavaciones en el
sitio descubrieron un ídolo de madera, en el templo pintado. El ídolo de
Pachacamac, que durante mucho tiempo se pensó que fue destruido por los
conquistadores españoles en 1533, fue descubierto en 1938. Los arqueólogos
hicieron un análisis de carbono 14 del ídolo y descubrieron que databa de
aproximadamente 760 a 876 d. C. Al parecer dicho ídolo comenzó como deidad
tectónica y terminó en el Inca Garcilaso como deidad supracósmica, pero nunca
fue dios único. No hubo monoteísmo
¿Pero hay
diferencia entre la deidad del Lanzón Chavín y el ídolo de Pachacamac?
Aún cuando
muchos expertos ven a ambos como una continuación de una misma deidad llamada
Viracocha, lo peculiar de dicho ídolo que quiso destruir Hernando Pizarro es
que aparece totalmente antropomorfizado y no como los de Chavín con rasgos
zoomórficos. Su antropomorfización es un avance espiritual indudable, pero no como
dios único. Por lo demás ese ídolo ya tiene 1,200 años, pero en él tampoco
habría rastro arqueológico del monoteísmo.
¿Ni el dios
solar inca era monoteísmo?
No, no lo
era. El Coricancha era templo dorado donde reposaba la imagen de la deidad
solar es una deidad superior, pero otra deidad más, y no es prueba de
monoteísmo. Un poco más allá, en Tambomachay, se rendía culto al agua, otra
deidad más. De ahí que no faltase la imagen para dios illapa Illapa, el dios de
la lluvia, el rayo y el trueno. Llamado también Chuqilla, Catuilla o Libiac.
Era el dios del clima y uno de los dioses más populares. En tiempos de sequía,
los incas acostumbraban a atar perros negros hasta que sufrieran hambre para
que se compadeciera de ellos y enviara la lluvia. O sea, Illapa era una deidad
atmosférica, pero otra deidad más. E incluso ahora se sabe que nunca
abandonaron los incas los sacrificios humanos, por supuesto, sin el carácter
sanguinario y masivo de los moches.
¿Y que se
puede decir de las deidades de los Apus?
Los apus (del
quechua apu, "señor(a)") son montañas tenidas por vivientes desde
épocas preincaicas en varios pueblos de los Andes (Ecuador, Chile, Perú y
Bolivia principalmente), a los cuales se les atribuye influencia directa sobre
los ciclos vitales de la región que dominan. Es decir, los Apus son
manifestación de lo sagrado en la naturaleza, es una deidad tectónica. pero es
una deidad más, no es muestra de monoteísmo
¿Y Wiracocha?
Wiracocha, es
el gran dios, el creador de la mitología pre-Inca e Inca en la región andina de
América del Sur. Se dice que su nombre completo es Apu Qun Tiqsi Wiraqucha y
Con-Tici. Se atribuye como dios principal de los incas, pero es un gran dios,
pero no un dios monoteísta
¿Y Pariacaca?
Otra deidad
atmosférica es Pariacaca. Pariacaca (en quechua: Pariaqaqa) fue, en la
mitología Huanca, y posteriormente en la incaica, el dios del agua y de las
lluvias torrenciales. Nació de un pájaro y se convirtió luego en Kolash. El
dios Pariacaca fue muy importante en la zona centroandina, era un dios
regional. La deidad principal de la religión Wari es el Dios de los Báculos o
Dios de las Varas como lo llamó Rowe. Parecería que se trata de la deidad
principal o suprema, pero no absoluta, del mundo andino que sobrevive hasta el
imperio Inca cambiando de aspecto, pero inalterable en esencia.
¿Pero en el
mundo precolombino por qué no surgió la desconfianza religiosa ante la
multiplicidad de deidades?
Es interesante
observar cómo el hombre griego antiguo por razones políticas pudo incubar una
creciente desconfianza religiosa debido a la multiplicidad de dioses. Eso no
ocurrió en Oriente, sus filósofos como Buda, Lao Tsé y Zaratustra hicieron
filosofía religiosa, y Confucio suspendió el juicio sobre esos temas como
Sócrates. En el Perú antiguo por su fuerte tradición teocrática también ocurrió
lo segundo antes que lo primero. Sus pensadores no desconfiaron de la religión
ante la multiplicidad de religiones, el conocimiento de otros pueblos, culturas
y dioses no los condujo hacia la desconfianza de la tradición religiosa, sino
hacia la creación de una nueva religión. Quizá el emperador Pachacútec sea lo
más cercano al predominio de lo moral como Confucio, pero al atribuírsele la
edificación de Machu Picchu no se puede descartar su conformidad con la
importancia de las creencias religiosas. La desconfianza de los helenos hacia
la religión no tiene equivalente en el mundo precolombino. Lo que hace pensar
que la filosofía precolombina fue religiosa y mitocrática. Ningún cronista
indio ni mestizo registra a algún personaje que haya tenido desconfianza ante
la tradición mítica. Quizá se puede mencionar al inca Atahualpa, que osó matar
orejones, amautas, y mandar a violar acllas
¿Es decir, el
politeísmo no lleva necesariamente al escepticismo religioso?
No, no lleva.
Lo cierto es que la aparición de una nueva religión es en el fondo una
reflexión sobre las nuevas funciones atribuidas al nuevo dios, es un pensar
sobre el origen de las cosas, sobre algo similar al arjé griego. Pero sobre todo
es la percepción en el sentimiento religioso de una nueva revelación de lo
numinoso. El escepticismo religioso es ínsito en la creación de una nueva
religión, pero ello no necesariamente lleva hacia la desconfianza en la religión
misma
¿Quizá la más
radical revolución religiosa era la incaica con su idea de un dios invisible?
Pues adorar
al Sol era romper con la antropomorfización imperante hasta en los Wari y
Tiahuanaco. Pero ni eso los llevó al monoteísmo ni a la intolerancia propia del
monoteísmo. Seguían creyendo en la validez de muchos dioses. El dios Sol
equivale a la nueva versión de Tunupa y Viracocha pero en su mayor abstracción.
Ahora el que engendra la unidad del cosmos no es antropomorfo.
¿Pero con eso
los incas responden a la vieja pregunta: cuál es el origen de todo?
Sí, es una
interrogante común a la religión y a la filosofía. Es decir, la reflexión
crítica no falta y los lleva hacia nuevos dioses no por la razón ni el
concepto, sino por el sentimiento religioso que recibe una nueva revelación. Los
dioses siguen siendo el origen de la realidad del mundo en el Perú precolombino.
La deidad solar se impone sobre el politeísmo sin suprimirlo, por eso en vez de
monoteísmo hay henoteísmo. No hay Dios único, como en los judíos, el Inca Garcilaso
cree que se lo vislumbró, pero si ello hubiera ocurrido el proceso monoteísta
se hubiera desatado incontenible arrasando los demás dioses. La creencia
monoteísta impone la convicción de que dicho nombre a nadie más se le puede adjudicar
y todos los demás dioses deben ser desterrados por ofender la majestad del
único y verdadero dios.
¿La deidad
solar inca pudo llevar hacia el monoteísmo?
Es una
pregunta contrafáctica muy interesante. Un monoteísmo deduce que su dios es el
dios de todos los hombres y por ello los dioses falsos deben ser desterrados. Otra
cosa es ver que el desarrollo de la deidad solar podía llevar hacia el
monoteísmo si hubiera tenido tiempo histórico, cosa que no ocurrió. En el
Egipsoto Antiguo el emperador Akenatón impuso el culto solar, pero al morir
asesinado fue borrado de la historia de Egipto por considerársele un hereje. Al
parecer tuvo intención monoteísta, pero el culto solar inca no lo tuvo. Por
todo ello, el mundo religioso precolombino llegó al henoteísmo más abstracto
con los incas, pero no al monoteísmo.
¿Cuál es el
motivo que está detrás del supuesto monoteísmo precolombino?
Hay
innegablemente motivos culturales de resentimiento contra la invasión europea española
que impuso la nueva religión con la guerra. Pero al ver serenamente el problema
hay que advertir que el monoteísmo es indesligable del monismo metafísico. Lo
cual no cual no significa que que todo monismo debe llevar hacia un monoteísmo
creacionista, porque de hecho también llevó hacia un monoteísmo emanatista de
tipo plotiniano. En otras palabras, no sólo el nuevo principio metafísico
introducido por el cristianismo del creatum ex nihilo o creación desde
la nada conduce hacia el monoteísmo, sino que también puede hacerlo el viejo
principio griego nihil ex nihilo o nada viene de la nada. Pero la
diferencia principal entre ambos es que mientras el monoteísmo creacionista
lleva hacia un Dios absoluto y omnipotente, el monoteísmo emanatista sólo
arriba a una deidad como suprema como Demiurgo u Ordenadora del mundo, porque
sencillamente no saca de sí a la materia, sino que la enfrenta como otro
principio metafísico opuesto a él. Es por eso que en el mundo se llega a
concebir una deidad suprema ordenadora, más no una deidad creadora.
¿Entonces se
puede hablar de monismo emanatista entre los antiguos peruanos con su deidad
ordenadora?
Eso equivale
a preguntarnos si el monismo emanatista es incompatible con el politeísmo. Y es
fácil admitirlo. No, no es incompatible. Pero hay que hacer la salvedad que el
monismo emanatista no lleva hacia un monoteísmo creacionista, a lo sumo puede
llegar hacia un monoteísmo emanativo de la necesidad cósmica. Pero ese no es el
caso de las religiones precolombinas. Sus deidades son providentes. O sea,
dejan espacio a la libertad del devoto. Todo indica que alcanzaron un
politeísmo organizado en un esquema henoteísta o con una deidad principal,
suprema pero no absoluta.
DÍA 2
¿Se puede pensar la
religión precolombina es un esquema neoplatónico y emanagtista?
Si sostuve la peregrina
idea del parecido de Wiracocha con el Uno, el Camac con el alma del mundo y
Pachamama con el cosmos, dentro de un monoteísmo plotiniano emanatista, ahora
se me ocurre la pregunta: ¿Y quién mantiene unido a los opuestos, las dualidades
andinas? Y respondo que no podría ser otro que Wiracocha. Tuvo que haber
amautas que se hicieran esta pregunta. Wiracocha sería quien mantiene unidos
los opuestos, como fundamento del orden cósmico, tal como pensaban los estoicos.
Y, además, dicho orden sería eterno, increado, ordenado sí, pero increado, tal
como lo pensó el filósofo del Logos: Heráclito. Pero aquí introducimos otra
idea: lo “eterno”. La verdad es que ambas cosas me parecen improbables. Primero,
porque es injustificado equiparar el esquema emanatista plotiniano con el
precolombino, y segundo, porque en el mundo agrocéntrico precolombino la idea
idea del espacio no es infinito y del tiempo no es eterno. Por el contraio,
espacio implica lo ilimitado pero finito y lo temporal lo que tiene un
comienzo. Así, la idea de Pachacute como cataclismo cada 500 años involucra
esta idea temporal de nuevo comienzo del mundo.
Pero esta concepción tiene
una repercusión sobre la vida humana, muy parecida a lo que se observa en el
mundo andino. ¿La misión del hombre es conservar la armonía del Logos en el
cosmos?
Así es, tal como es arriba
debe ser en abajo. El hombre debe reproducir la esencia del universo, vivir
conforme a la naturaleza, todos tienen su lugar. Este ideario estoico se
acomoda muy bien al mundo agrocéntrico andino. Todo debe ser conforme al orden
del cosmos. Hay otro aspecto interesante: la divinidad estoica es inmanente, el
Logos es inmanente y no trascendente al cosmos, y lo mismo que en el mundo
andino dicho Logos conduce periódicamente a dicho cosmos a su aniquilación. Esto
ya es plantear un esquema filosófico religioso distinto al mundo eidético
puramente espiritual de la doctrina platónica. En el estoicicismo el logos es
inmanente al mundo, en el platonismo la idea suprema de bien es trascendente al
mundo.
¿A cuál de los dos fue más
parecido el andino? ¿Al trascendente platónico o al inmanente estoico?
Hay quienes piensan que el
pensamiento andino se acomoda mejor al panteísmo de Spinoza. Sobre esto hay que
decir que tanto en el platonismo como en el estoicismo no hay deidad creadora
ex nihilo, porque tienen frente a sí a la materia increada. O sea, se mantiene
el esquema metafísico dualista. Spinoza es un actualizador del estoicismo, pero
en dicha equiparación se olvida que la materia espinosista no es increada. Es más,
la única sustancia es Dios, la cual se identifica con la naturaleza. En
realidad, él fue el único cartesiano consecuente con la defición de sustancia (“que
no necesita de ninguna otra cosa para existir”). Pero Spinoza identifica las
cosas finitas con Dios infinito, porque los concibe como modos finitos de la
sustancia única infinita. Y todo acontece por la necesidad cósmica de la
sustancia infinita. Spinoza rechazó los milagros y cualquier intervención de
Dios en el curso de los fenómenos. Todo debe acontecer según el orden natural. Por
eso su filosofía fue concebida como panteísta y atea. Bueno pues, nada de esto
está presente en la religiosidad precolombina. La divinización de las fuerzas
naturales es una fase primitiva de la religión que no tiene relación con el
panteísmo filosófico. Y es por eso por lo que en el mundo religioso precolombino
encontramos en los cronistas y hasta el presente: invocación, oración, ruegos,
ritos, o sea, creencia en el carácter providente de la divinidad. Lo cual es
eliminado en el panteísmo. Pero hay quienes asocian la idea spinosista de la
materia como energía imperecedera con la idea de Camac concibiéndola también como
energía. Y de esto concluyen que su religión fue panteísta. Pero esto no es más
que una interpretación forzada. En la religiosidad precolombina hay deidades,
no energías.
¿Los cronistas abonan en
favor de la creencia en la inmortalidad del alma, no están desmintiendo el
supuesto panteísmo precolobino?
Sí, lo desmienten. O sea,
los antiguos peruanos no eran materialistas como los estoicos. Y si admitieron
la inmortalidad del alma, entonces su logos o Wiracocha no era inmanente al
mundo sino trascendente. Un alma inmaterial no puede existir sin un logos
inmaterial. Y ello nos remite hacia la proximidad a la filosofía del platonismo
trascendente y nos aleja del inmanentismo estoico. Al no ser materialistas no
eran panteístas como Spinoza y los estoicos. Su interpretación no fue
inmanentista sino trascendente
¿Es un elemento muy
problemático en todo el esquema andino: el Uccu Pacha? Si el universo se somete
a los ciclos cósmicos qué pasa con los muertos, ¿vuelven a la vida? ¿el Uccu
Pacha se vacía para volverse a llenar? ¿O es que el ciclo cósmico sólo compete
al mundo de acá pero no al mundo de arriba ni al mundo de abajo?
La idea de la inmortalidad
del alma lleva directamente hacia la trascendente de la deidad superior. Lo
cual no significa que todas las deidades sean trascendentes, de hecho, hay en
el mundo andino divinidades inmanentes.
¿Hubo algún otro factor que
impidiera el escepticismo religioso en el mundo precolombino?
Sí, lo hubo y fue muy
poderoso. Los estados teocráticos andinos, no estoy seguro de los costeños,
eran muy centralizados y controlistas. Como lo indica Hegel en el mundo antiguo
la libertad era patrimonio del Rey, en el mundo clásico griego lo será de los
aristos y en el mundo moderno será de todos. Lo que lleva a plantearse la
cuestión en qué grado los amautas eran libres para discurrir en disquisiciones
filosóficas a su antojo. Realmente lo dudo. No tenían libertad de pensamiento,
sino que se sometían al rígido controlo imperante. Lo que debió haber limitado
bastante el desarrollo de las teorías y disquisiciones. Los Mochicas dan otra
impresión por su cerámica sexual, que en realidad no era erótico sino ritual. Pero
el hecho de la frecuencia ritual de sangrientos y masivos sacrificios humanos
pone en duda que allí pudiera darse libertad de pensamiento. Menos aún en los
Chimúes, cuya rigidez teocrática es más notoria. Sin duda, los moches tuvieron
una astronomía muy superior a los chimúes, fueron mejores observadores de los
astros, pero por razones religiosas se trató de una astronomía oracular,
religiosa y mántica. Y así desaparecieron del firmamento abandonando las
monumentales pirámides del Sol y de la Luna. Y lo chimúes se volcaron hacia
deidades marinas.
Volviendo al mundo andino y
dejando la costa, ¿se puede ver que el Camac como Vivificador o Alma del mundo
podría ser de índole inmanente?
Hay un detalle con el
materialismo. No todo materialismo niega la inmortalidad del alma. Por lo menos
el democriteano no lo hace. El propio Spinoza admite algo eterno en el alma. ¿Pudieron
los antiguos peruanos ser materialistas y creer en la inmortalidad del alma? ¿Acaso
la aceptación de dioses providentes es incompatible con el materialismo?
Tampoco lo es. ¿Pero Wiracocha sería producto de la materia o al contrario el
organizador de la materia? Si Wiracocha es producto de la materia, entonces
todo en la naturaleza es materia y se deriva hacia un monismo materialista. Pero
si Wiracocha es el Organizador de la materia, entonces lo que hay es un
principio espiritual opuesto al material, un dualismo metafísico, producto del
cual el caos es reducido al orden. O sea, la idea misma de una deidad
Ordenadora del mundo es incompatible con el panteísmo. Porque si la energía
material es la organizadora del mundo qué necesidad tendría de un Ordenador. Ninguna.
¿Si es el esquema
metafísico de la religiosidad andina no fue monista, entonces fue dualista?
Esa es mi idea. El dualismo
metafísico no implica una trascendencia monista sino una trascendencia
dualista, porque son dos principios -uno material y otro inmaterial- los que
dan lugar al universo. La conocida oración a Wiracocha o a Pachacamac revela
una idea de deidad que fue llevada lo más lejos posible de la materialidad. Es
decir, es incorporal, no material, sino material. Esto abona en favor de la
tesis de un esquema metafísico dualista, con dos principios supremos. Tanto el
principio inmaterial y el principio material darían lugar a la naturaleza, a la
pachamama. Y quizá ello a través de Camac, concebida como la inteligencia o el
alma en acción de Wiracocha. La oración religiosa mencionada es importante
porque registra la doctrina de la providencia divina. Providencia que gobierna
la marcha del universo
¿Eso revelaría que en el
Perú antiguo no habría nada parecido al epicureísmo con sus dioses
bienaventurados que no se ocupan de los asuntos humanos, ni del panteísmo de
Spinoza con su púnica substancia?
Efectivamente. Todas las
deidades precolombinas tienen que ver con los asuntos del hombre, por eso es
posible pensar que existió también una doctrina teleológica o del fin sobre la
marcha del universo. No obstante, el espíritu andino como el griego y otros
ancestrales -excepto el judío- no es antropomórfico, el hombre no es la meta exclusiva
de la providencia divina. Los ciclos cósmicos responden al plan de la
providencia divina en el cosmos. Pero la doctrina de la providencia plantea el
problema de la teodicea, o sea cómo se concilia la divinidad buena con tantos
males. Este asunto no debió haber pasado desapercibido para los agudos Amautas.
¿Teodicea en los antiguos
peruanos?
La respuesta no es difícil
encontrarla hasta en los Nazca y sus gigantescos geoglifos. La culpa por los
males no es de la divinidad o divinidades buenas, sino que el responsable es el
libre albedrío del hombre, concebida como una falta de piedad traducida como
mal moral la causante del mal tanto entre los hombres como en la naturaleza. Este
punto es importante en un territorio tan asolado por calamidades naturales que
hicieron desparecer a moches, nascas, tiahuanacos, entre otros, no es raro que
se desarrollara una doctrina de la providencia, de la piedad, de la teodicea. No
hay duda que la gran responsabilidad moral ante los dioses y el curso del
cosmos no recaía en la libertad individual del simple runa, sino en la élite
dominante y dirigente, en el emperador, el rey, el inca, el curaca, como
intermediario entre los hombres y los dioses, junto a su parafernalia de
sacerdotes y sabios
¿Quién se comunicaba con
las deidades?
En regímenes teocráticos
centralizados si había alguien con quien los dioses se comunicaban eran con sus
reyes en sueños, visiones, oráculos, presagios, que debían sewr descifrados por
los arúspices. De manera que aquí no hay teología o derecho naturales, sino
teología y derecho aristocrático y monárquico, exclusivamente es el rey quien
decreta y quien recibe las revelaciones de las divinidades, aun cuando sean sus
arúspices quienes los guien en esa labor. La jurisprudencia precolombina basada
en su teología imponía las reglas de convivencia social según el entendimiento
del intermediario entre los dioses y los hombres, o sea el monarca. Es por eso
que la libertad y los derechos no eran los mismo para todos los runas. Aquí la
única voz de la conciencia que valía para la conciencia social era la del
gobernante. La conciencia de las normas éticas común a todos los hombres eran
las dictadas por el gobernante
¿Pero debió suceder lo
mismo en los pueblos amazónicos?
No, eso no debió haber
sucedido así en las etnias amazónicas. Éstas sin estados centralizados ni
sociedades fuertemente jerarquizadas, debieron haber tenido una relación muy
distinta con la voz de la conciencia de las normas éticas. Aquí destaca el
libro clásico de Pierre Clastres "La sociedad contra el Estado",
donde se afirma que en las sociedades primitivas economía y política
evolucionan en razón inversa una a la otra. O sea, cuanto más rudimentaria es
la economía, menos coercitivo es el poder. Una sociedad con clase se rige por
la racionalidad de la rentabilidad máxima de los recursos, en cambio una
sociedad sin clases se rige por la racionalidad del gozo máximo. Esto significa
que en medio de una naturaleza ubérrima como la selvática, las sociedades
primitivas sin estado conocen el poder, pero no la política, son sociedades con
una estructura de poder mínimo y sin política. En otras palabras, no todo der
implica la existencia de la política. Hay poder sin política, pero no política
sin poder.
¿Por eso que las religiones
selváticas no conocieron los sacrificios humanos de índole ritualístico-estatal?
Los jíbaros como otros
pueblos primitivos consumen partes del derrotado e incluso familiares muertos
para adquirir su poder, ingieren la fuerza sagrada del “mana”. Marcel Mauss lo
estudia bien en su obra "Ensayo sobre el don", también lo hacen Levi
Strauss y Mircea Eliade. Lo curioso es que no lo hacen para persuadir a sus
dioses a cambio de favores, como ocurre en los estados centralistas y con
clases sociales. Para ello tienen a los poderosos chamanes, que existian en
tiempos precolombinos en los pueblos del Amazonas con su dominio de las plantas
alucinógenas y eran el medio del mayor enriquecimiento de la teología primitiva
amazónica. Su piedad religiosa es operativa, se realiza con medios que se
encuentran en la naturaleza, por ejemplo, en el tratamiento de las enfermedades
con las plantas, y por ello concebían a las divinidades en las plantas,
animales, lugares, otros humanos, demonios, semidioses y dioses, pero todos
ellos en la naturaleza, en el cielo y la tierra, su inmanentismo es más
evidente. Pero no en vano los historiadores de las religiones han destacado que
la religión de los demonios fue la primera forma de lo sagrado entre los
pueblos primitivos.
Volviendo a los estados
teocráticos ¿fueron un dique para un mayor desarrollo de la filosofía
mitocrática?
Tengo la impresión de que sí.
El férreo control estatal teocrático no permitió que surgiera un Sócrates, un
Platón o un Aristóteles. Aunque es muy probable que los Amautas muy en secreto
pudieran tener opiniones como de los presocáticos.
Hay quienes buscan revivir
la religión precolombina con sus tiempos ciclos e incluso asumiéndolos como
compatibles con la ciencia. ¿Es verdad y posible acaso esto?
No lo es. Hay una
observación de fondo que hacer sobre el tiempo cíclico. Este es de carácter
mítico y tiene que ver con la vinculación con el mundo agrocéntrico con los
ciclos naturales. Por lo demás, por la segunda ley de la entropía el tiempo
pasa irreversiblemente sin posibilidad de repetición. Esto es, que cualquier
proceso regular inclusive -como el de las leyes naturales- tiene como
característica fundamental el de ser contingente y no necesario. El tiempo
cíclico no tiene fundamento científico, aún cuando pueda haber modelos
cosmológicos cíclicos, pero son de carácter hipotético y especulativo.
¿Y cómo queda la percepción
del hombre en el mundo precolombino, especialmente la idea de individuo?
Desde Caral hasta el
Incario hay una constante: el ser humano participa de la divinidad a través del
monarca, el elegido. No existe la idea de la dignidad del individuo en cuanto
tal. Hasta donde se conoce el alma precolombina no estaba sujeta al ciclo de
las reencarnaciones. El alma moría para ir a vivir al Uccu Pacha. Pero el alma
del individuo humano iba a vivir en el más allá con las demás cosas. O sea, la
inmortalidad no le era exclusiva a su ser. Entre los moches los grandes reyes
morían junto a su corte que le seguía sirviendo en el otro mundo. Algo parecido
se ve en el mundo de la China antigua y otras civilizaciones. Es decir, el
valor del resto de los individuos se subsumía al valor del rey. Este
infradesarrollo de la idea de individualidad es común en el mundo antiguo, y se
dio entre los egipcios, chinos y mayas. Sólo con el cristianismo el individuo
adquiere una dignidad muy superior a la razón, para unirse a los designios del
Creador. El hombre será concebido como creado a imagen y semejanza de Dios.
Mientras en el mundo precolombino no se dio la concepción del individuo como
sustancia individual con naturaleza racional. Y justamente como no se concibió
la persona como libertad, por eso sólo el rey tenía la representación de la
humanidad ante los dioses. A esto se puede objetar la existencia de la
penitencia, la oración y el culto personal en la religión incaica. Pero ello no
representaba que el individuo sea concebido como ser libre. La subjetividad es
todavía parte de la naturaleza y por eso no reconocible como autonomía personal.
¿Pero si hubo teodicea
entonces hubo parusía?
La irreversibilidad del
tiempo de la ciencia confirmó el tiempo lineal del cristianismo y no el tiempo
cíclico de las civilizaciones míticas. Eliade también subraya que los hebreos
fueron los primeros en descubrir la significación de la historia como epifanía
de Dios. Lo más interesante es preguntarnos si el mito del dios blanco
empuñando sus dos varas y venido del mar, constituye una parusía o espera
inminente inserta en la teología andina. Este hombre-dios civilizador que luego
desapareció por el mar, aparece el Chavín, Paracas, Tiahuanaco, Huari e Incas.
En el ideario teológico andino se esperaba su próxima llegada. La inminencia de
esta parusía niega alguna oposición entre historia y escatología en los andes
precolombinos. Al parecer nada de esto hay en los mitos amazónicos, porque las
plantas alucinógenas son puertas hacia las deidades del inframundo y
atmosféricas
¿Pero pudo se Viracocha un
personaje histórico?
Es probable. Si lo de
Viracocha alude a un acontecimiento histórico éste debió suceder por lo menos
hace 2, 500 años. Expertos en historia marítima afirman que los chinos llegaron
a América 700 años antes que Colón, pero apenas nos deja en el año 792. ¿Si
Viracocha no fue chino, entonces de dónde vino ese personaje? No puede ser un
náufrago, porque de lo contrario no se hubiera aventurado a retornar al mar. ¿Vino
de la India, de Egipto, de Fenicia? Pudo haber sido cualquiera de éstos, porque
su historia se remonta antes de Cristo, pero todos tenían alfabeto y escritura.
Entonces por qué no dejaron huella de ello. Los hindúes en el año mil antes de
Cristo ya tenían un gran desarrollo civilizatorio, pero ¿por qué no dejarían su
escritura? Incluso su florecimiento cultural data del 3,300 a.d.C. Los persas
mismos se remontan a 2,800 años A.D.C. Pero si Viracocha era blanco, no pudo
ser de la India ni de Egipto, pero sí de Persia o de Fenicia.
¿Piensa que hay
antropomorfismo en el Señor de las Varas?
La representación artística
del Señor de la Varas es interesante en su iconografía. Se remonta a Chavín. Veamos.
Caral se remonta 5 mil años, Chavín a 2 mil 500 años. Si la más antigua
inconografía de Viracocha se registra en Chavín, entonces dicha deidad debió
venir 2,500 años después de Caral. Pero la iconografía nos dice que su
parafernalia responde a una visión sobrenatural, que tuvieron los chamanes de
su persona. Es decir, las antiguas culturas buscaron comunicarse con Viracocha
a través de sus chamanes y esta es la visión que obtuvieron. La representación
responde indiscutiblemente al mundo de lo sagrado, pero no de lo divino, más
bien su iconografía representa a un demonio. Y esto lejos de ser un juicio
cristiano se remonta a iconografías de demonios existente4s en las culturas
antiguas de China, India, Mesopotamia, etc. Ya hemos dicho antes que lo primero
que se consolidó como religión fue el culto demoníaco, y luego éste fue superado.
No digo que necesariamente Viracocha en persona haya sido un demonio, sino que
en los trances chamánicos se pudo infiltrar el demonio y hacerlo aparecer tal
como se lo representa en las iconografías.
¿La imagen del cosmos
surgiendo del caos es patrimonio del mito?
No, no lo es. Es
interesante constatar que la imagen del cosmos surgiendo del caos no sólo es
propio del mito, también está presente en un pensador mecanicista y creyente
como Descartes. Descartes creía en Dios, personal, omnipotente e inmutable, era
cristiano, pero su idea del universo era mecanicista y por ello concibe que
Dios creó un universo caótico, en torbellino y sus leyes naturales le fueron
dando forma, dándole orden. Mientras que el Dios de Spinoza defiende la
simplicidad de la esencia divina, donde no existe diferencia alguna entre
entendimiento y voluntad, ello lo llevaría a criticar la idea de un Dios
personal. La imagen cartesiana del mundo escandalizó a Newton, por excluir a
Dios en los procesos dinámicos del universo. Por eso no falta quien acusa a
Descartes de precursar el deísmo filosófico de los ilustrados franceses y de
los ingleses. Curioso destino el de Descartes, él nunca se concibió como el
fundador del idealismo subjetivo, ni el siglo XVII ni de comienzos del XVIII lo
vio así, sino como un renovador de la teología filosófica. Esa teología
filosófica de carácter mítico que hubo en el mundo precolombino admite el caos,
pero está muy lejos del monoteísmo creador de Descartes.
¿Y también lejos del
panteísmo de Spinoza?
Sí. Estas consideraciones
ayudan a darse cuenta de que en el mundo precolombino no hay algo parecido a la
substancia única de Spinoza. Para Spinoza la substancia es aquello que no
necesita de otra cosa para existir. Pero para Descartes la substancia no se
predica lo mismo en lo infinito que en lo finito. No los iguala, por eso
mantiene el Dios personal. Si los antiguos peruanos oraron, creían en la providencia
y en la inmortalidad del alma, entonces no tenían una deidad inmanente sino
trascendente, la deidad suprema no se identificaba con su ordenamiento del
mundo, no hay lugar para el panteísmo. Desde Caral hasta los Incas no hay
panteísmo en la teología filosófico-mítica precolombina.
¿Podemos tomar en cuenta a
otro gran mitólogo?
Claro que sí. Es
interesante en nuestra reflexión tener en cuenta la obra de Joseph Campbell, tiene
obras monumentales sobre el mito y religión comparada y dice cosas muy
interesantes, por ejemplo, sobre la religión de los poderes animales de los
cazadores recolectores. Lo curioso es que Chavín tiene mucho de eso y sin
embargo ya es agricultor. Tello tuvo razón, era gente de la selva que
colonizaba la sierra. Lo mejor de Tello es haber reconocido las complejas
influencias entre la Amazonía y los andes. La sacralización de motivos felinos,
lagartos y serpientes hablan de su procedencia selvática.
¿Se puede
presentar el derrotero de la religiosidad precolombina?
Pienso que sí.
Y lo haría en cinco puntos:
1. La
religión andina desde Caral hasta los Incas parece no haber sido politeísta,
sino henoteísta, por admitir una divinidad superior a todas las demás.
2. A partir
de Chavín con el dios Viracocha de apariencia humana, se busca superar la
contradicción entre lo humano y lo divino.
3. Pero dicha
unión de lo humano y lo divino se rompe con la divinidad más abstracta de
Pachacamac, que resulta una divinidad abstracta opuesta a lo finito.
4. Si la
esencia de la religión es resolver la contradicción entre lo finito y lo
absoluto, la religión andina precolombina con los incas fracasó en el intento,
al no poder dar por superada la contradicción entre lo finito y lo absoluto.
5. La
religión absoluta recién llegó a los peruleros con el cristianismo, con su idea
central de encarnación como unión del ser humano con la divinidad en Cristo.