viernes, 28 de octubre de 2022

HORAS DECISIVAS

 HORAS DECISIVAS





Desde este momento hasta el ocho de noviembre, que son las elecciones a la cámara de representantes de los Estados Unidos, el mundo enfrenta horas decisivas. Los demócratas, encabezados por su senil líder, pueden intentar lo más descabellado para mantenerse en el poder y sacar adelante sus planes de destruir Rusia con un Armagedón nuclear. Por eso, antes de considerar el ingreso del mundo a una "década peligrosa y decisiva" -como lo expresó Putin en el foro de Valdai-, lo que enfrentamos son horas decisivas por el terremoto geopolítico que representa el hundimiento del mundo unipolar y su reemplazo por el mundo multipolar. Lo que se observa con preocupación es que, hasta las elecciones norteamericanas de noviembre, la demencial élite mundial del Reich Bilderberg puede intentar un ataque nuclear de falsa bandera, con la llamada "bomba sucia", desencadenando un infierno atómico. En un indeseable escenario de enfrentamiento nuclear los países europeos que serían borrados del mapa serían aquellos que tienen armas nucleares norteamericanas en su territorio. Serían destruidos los Países Bajos, Bélgica, Alemania, Italia y Turquía. Y ahora Polonia quiere armas nucleares y armas de la OTAN. Y la repercusión en el Oriente Medio escalaría inevitablemente. Europa es rehén nuclear del imperio yanqui. Si se logra pasar las horcas caudinas -una buena señal es la prudencia de Sunak, el nuevo primer ministro británico- y conjurar la provocación nuclear, podremos ver el desmontaje de la rusofobia y asistir a la firma de la paz en Ucrania. Lo cual significará la caída de varios liderazgos europeos, empezando por el que destruye actualmente Alemania: Olaf Scholz. Pero es incuestionable que es el imperio norteamericano es el primer país terrorista del mundo y sede de los planes desestabilizadores de la paz mundial. Dios nos guarde.

lunes, 17 de octubre de 2022

ENTREVISTA UNIVERSIDAD DE LONDRINA-BRASIL

 

CURSO DE EXTENSÃO: PERSPECTIVAS DE(S)COLONIAIS PARA A EDUCAÇÃO

SEGUNDO MÓDULO: DA RAZÃO MODERNA À RAZÃO DECOLONIAL

 

ENTREVISTA 15/10/2022

TEMA: APUNTES SOBRE LA RAZÓN DECOLONIAL

 


 

1. En la história de la filosofia, la Modernidad está relacionada al concepto kantiano de Ilustración (la «mayoría de edad» del individuo, que ejerce su razón de forma autónoma: el Sapere aude). En la modernidad mudan las reglas del orden social social y aparicem nuevos paradigmas científicos. Sobre estas mudanzas, encontramos hechos históricos como la conquista de América, la invención de la imprenta, el fortalecimiento de la burguesía, la escisión de la Iglesia a partir de la Reforma impulsada por Lutero, entre otros. 

Así observamos que, la secularización de los estados dió paso al poder republicano, la racionalidad administrativa y la democracia. La racionalidad administrativa permite el surgimiento de la burguesía. En este contexto, las leyes que muestran el poder del estado mediante el orden y el control, ejerciendo un poder democrático muy peculiar, no horizontal sino vertical, de arriba para abajo.

En la economia, la industrialización busca expandir su desarrollo y control. La industrialización, representó un cambio tecnológico y económico significativo para el Estado, con un precio muy alto para la población mundial, si llevamos en centa los daños culturales, sociales y naturales.

Puedes comentar algo de la razón moderna que nos trajo estas mudanzas como colonización, explotación, democracia, lacización del estado, progreso, desenvolvimiento  científico e industrial?

 

2. El proyecto de la modernidad tuvo una contundente crítica a través de los estudiosos de la Escuela de Frankfurt. Adorno y Horkheimer, miembros de la primera generación de Frankfurt, cuestionan un sistema donde se niega al hombre el derecho a la vida. Son muy duros cuando observan que la razón moderna es la razón instrumental, que nace cuando el sujeto de conocimiento toma la decisión de que conocer es dominar y controlar a la Naturaleza ya los seres humanos. La visión de la escuela de Frankfurt es pessimista y observam que, la razón occidental deve mudar completamente porque el projecto de la modernidad fracasó. La razón ocidental moderna caracterizada por su elaboración de los medios para la obtención de los fines, se encuentra hipertrofiada en su función de tratamiento de los medios, y no en el reflejo objetivo de los fines.

Por favor puedes decirnos si tenemos aun el riezgo de volver a la tan temida barbárie que apuntó Adorno, o si ya la razón instrumental es cosa del pasado, del siglo XX?

 

3. Jürgen Habermas, miembro de la Escuela de Frankfurt y teórico de segunda generación, cuestiona esta visión pesimista y concibe una teoría que busca preservar un proyecto de emancipación dentro de la modernidad. Busca identificar errores y señalar críticas respecto al concepto de razón, postulado y orientado por los pensadores de la Ilustración. Según su línea de pensamiento, la Razón se interpretaría de manera incompleta, a partir de un solo principio, llamado razón instrumental. Este concepto, entendido por Habermas como la razón típica del mundo sistémico, rige dos de las principales esferas de valor: el sistema capitalista y el Estado Moderno, contribuyendo a una cierta pérdida de sentido y libertad en la sociedad y, en consecuencia, al agotamiento de las fuentes emancipatorias.

 Habermas instituye dos conceptos que buscan ofrecer una contrapartida a la razón instrumental e impedir la colonización del mundo vivido. Desde esta perspectiva, prácticas y agentes mediadores como la crítica de arte, la enseñanza y el sistema jurídico dialogan con las esferas regidas por el mundo sistémico. Esto conduciría al fortalecimiento de las fuentes de emancipación de la modernidad.

Para que esto ocurra, la concepción de la modernidad defendida por Habermas presupone una determinada concepción de la democracia, precisamente la democracia deliberativa, que estimula la influencia discursiva de la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones políticas.

Estás de acuerdo com Habermas, que este projecto todavia puede ser rectificado y que no podemos abandonarlo, sino darle una continuación para finalmente conseguir construir una democracia respetuosa e una cidadania actuante?

 

4. Sobre la Filosofía de lo bello en el arte, para Kant, el juicio estético proviene del sentimiento y funciona en el ser humano como intermediario entre la razón y el intelecto. La función de la razón es práctica, mientras que la función del intelecto es elaborar teorías sobre los fenómenos. Un juicio estético no tiene valor cognitivo. Los sentimientos de placer y displacer en Kant están ligados a las sensaciones estéticas y pertenecen al sujeto, son estos sentimientos subjetivos, alógicos, los que emiten el concepto de belleza y forman el juicio de gusto. Kant afirmó que era imposible encontrar reglas teóricas para la construcción de objetos bellos. El placer es la principal conexión que hace Kant con lo bello, porque es un placer subjetivo, está desprovisto del sentido del conocimiento, no está ligado a la realidad de un objeto o fenómeno, el placer que proporciona lo bello proviene únicamente de representaciones aprehendidas sensiblemente.

Si Kant ha influenciado tanto a los intelectuales en relación al concepto del juicio estético, porque aún continuamos hablando del juicio de una manera jeráquica, como buen gusto, mal gusto, gusto refinado, gusto vulgar. Porque somos tan hegelianos en relación al gusto estético, e parece que creemos que el gusto es cosa de evolución espiritual, de y desenvolvimiento cultural jerárquico? Y reverenciamos el arte europeo y de alguna manera mitigamos el valor del arte no europeo, eso muestra nuestra colonización cultural?

 

 

5. La gran revolución ética moderna se realiza a través de Immanuel Kant, que rechaza una fundamentación de la ética en otra cosa que no sea imperativo moral mismo (deontologismo formal). Si la moral se orienta a la busqueda de la felicidad, desde los griegos, no podría dar ninguna norma categórica ni universal.

Kant pensó que la igualdad básica entre los hombres era fundamental para el desarrollo de una ética universal. Kant necesitaba llegar a una moral igual para todos, una moral racional, la única posible para todos y cada uno de los seres racionales. Su filosofía se dirige siempre, en primer lugar, al hombre, y se llama filosofía trascendental porque busca encontrar en el hombre las condiciones de posibilidad del verdadero conocimiento y de la libre acción.

Porque crees que Kant a pesar de su gran influencia en el derecho, en la práctica, su imperativo categórico no da resultados. Porque crees que el imperativo resulta una norma universal que se aplica al individuo y a su pequeño entorno, su universo es diseñado en escala minúscula. Que falta a la teoria kantiana, para que de una excelente formulación teorica, consiga un mínimo de resultado práctico?

 

6. Sobre la Filosofia andina. El canon de la filosofía occidental tiene sus raíces en la comprensión platónica de la verdad (la forma de la verdad), marcando el concepto de que es estable, inmutable y presente, sobre el cual se desarrollan las investigaciones filosóficas. Por otro lado, la filosofía de los nativos americanos sostiene que la estabilidad de la base de tal investigación en el mundo nativo no se encuentra en los absolutos, sino en las consistencias de la complejidad de un mundo. Este concepto de un punto de partida absoluto simplificado para encontrar similitudes en una matriz compleja se destaca, en particular, en las diferentes formas de ver cómo la filosofía nativa americana y la occidental analizan el espacio y el tiempo.

Quando se critica las formas de visión de mundo, o de filosofia, hay una fuerte discusión en relación a si America latina tenia filosofia o era una cosmovisión. Puedes ilustrarnos sobre estas discusiones? Te pregunto esto, por la fuerte relación que existe en la visión andina entre mito e realidade empírica.

 

7. La filosofía de los nativos americanos ve el espacio como un concepto que conecta todo con nuestro entorno global y el tiempo como un movimiento continuo. El universo se considera  en constante movimiento, y es equilibrado y estable. De la misma manera, el tiempo no pertenece a una categoría absoluta y limitada en la filosofía nativa americana, no es una cosa independiente del reconocimiento humano. El tiempo y el espacio siguem um movimiento cíclico. Y el sol, las estrellas, la luna a través del cielo, nos ayudan a observar estos movimientos e de cambios que son visibles y pueden predecirse.

El concepto de tiempo y espacio tiene una representación muy interesante y se critica a la modernidad su concepción de progreso, como una categoria excludente y linial. Es pertinente observar que, la noción imperante en la modernidad de história es linial, unidimencional con el progreso diseñando una línea ascendente. Posteriormente, Kuhn critica a noción de desenvolvimiento de la modernidad y diseña el desenvolvimento de la ciencia como una parábola, para esto necessita dos vectores o dos dimenciones para diseñar en un plano la idea de desenvolvimiento del conocimiento con paradigmas. E por último, observamos que los filósofos de la ciencia observan de modo dialéctico que el desenvolvimiento sigue uma forma tridimencional eliptica. 

Como observas esa visón de mundo en el cual tiempo espacio y ser humano no se separan, no quiero decir que la visión andina estaba más evoluída o menos, sino observar que la visión de la estructura relativa del espacio tiempo es una condición humana de percepción de la realidad, que no depende de geografia, academia o etnia.

 

8. Existe un fuerte vínculo entre la naturaleza y la interpretación del conocimiento en la cultura nativa americana. Se cree que la mente interactúa con el entorno de una manera muy activa y consciente. El proceso por el cual interactúan con la naturaleza es a través de la necesidad necesaria de supervivencia, pero también a través de un profundo respeto y comprensión de la tierra como una gran parte de su identidad. El conocimiento nativo americano se adapta continuamente a los cambios en el medio ambiente a medida que el ecosistema evoluciona y es así como se entiende que la epistemología tiene una raíz tan fuerte en la naturaleza.

La epistemología se refiere al estudio del conocimiento, las formas en que una persona adquiere y procesa la información. La epistemología de los nativos americanos se encuentra principalmente en teorías, filosofías, historias, ceremonias y la naturaleza como múltiples formas de conocimiento, está muy próxima a una Filosofia natural con fines prácticos y la astronomia y agricultura juegan un papel imprtante para su desenvolvimiento.

Que puedes explicarnos como estaban unidas las características de astronomia, mitos, rituales y filosofia nativa?

 

9. Debido a la falta de registros escritos descifrados, la historia andina registrada comienza en el borde de la memoria viva desde la época de la conquista española. La filosofía andina ha sido moldeada en gran medida por el concepto de dualismo, específicamente una forma de "dualismo de opuestos complementarios”. Este dualismo se manifestó en el arte andino, en las relaciones de género para la procreación e incluso en la organización político administrativa.

Que nos nos puedes decir sobre el problema de falta de registros escritos y la búsqueda por la filosofia andina?

Nos gustaría que nos menciones sobre el "Manuscrito de Huarochiri" y nos enfatices sobre las características de la razón andiana.

 

Muchas gracias, Gustavo!

domingo, 16 de octubre de 2022

LO QUE NOS AMENAZA

LO QUE NOS AMENAZA



Lo que nos amenaza actualmente no es un conflicto termonuclear, sino el nihilismo. 

Si el terremoto geopolítico que nos sacude logra sofocar el peligro de un enfrentamiento nuclear aún quedará como espada de Damocles la fuente desde la cual nace, a saber, el nihilismo. Veamos. Nuestra encrucijada tiene un nombre preciso, y es: NIHILISMO. Ahora bien, el nihilismo pensado en su esencia no es la historia fundamental de Occidente -como cierto prestigioso pensador afirmó-, sino el movimiento fundamental de la civilización misma. La civilización humana se inicia como un poderoso movimiento de voluntad de poderío a través del ropaje de las monarquías divinizadas. Esto no significa satanización alguna del proceso civilizatorio mismo, pues ésta puede tomar otro cariz bajo presupuestos distintos. De lo que se trata es de ver con claridad que el nihilismo como voluntad de poder, como negación y comienzo de la erosión del ser, tiene un principio acelerado con la invención de la civilización. La civilización humana ha sido desde su comienzo remoto hasta la actualidad, voluntad de poder en vez de voluntad de servir. Voluntad es deseo, pero el deseo no tiene que ser necesariamente vorágine sin término de acrecentamiento del dominio sobre los hombres, la naturaleza y las cosas, como ha venido siendo. También la Voluntad puede ser acrecentamiento del servir, dar y amar, como no lo ha sido sino en personajes excepcionales (santos, héroes y profetas). No obstante, nuestra encrucijada tiene perfiles singulares desde que está atravesada e identificada con la técnica moderna. Bien se ha señalado que la técnica es el predominio del ente y el olvido del ser. O sea, la médula de la técnica es el imperio nihilista del devenir. Si la cosa técnica es la tachadura del ser, si es el ámbito donde el ser se vuelve nada, ¿significa ello que el pathos de la técnica no pueda salir nunca de la ontología débil del nihilismo? Ello es dudoso. Si nihilismo es falta de sentido, decadencia civilizatoria, disolución de valores, imperio de la temporalidad, poder de la nada, poshistoria, secularización, utopía inmanente y estancamiento espiritual, ello no significa que el sentido unívoco del ser -el de las cosas finitas- tenga que imperar para siempre. Además, el devenir tampoco tiene que ser exclusivamente un ir del ser finito hacia el no-ser. Como la negatividad no puede consistir en un ir de la nada a la nada, entonces ni agota el ser finito ni niega definitivamente el ser absoluto. Ciertamente que el nihilismo es el malestar global de nuestro tiempo y el pensamiento científico-técnico es su factor acelerador, pero ello no significa que terminemos negando la posibilidad de la ontología positiva, pues partir del reconocimiento de la interrupción ontológica del tiempo lleva también al reconocimiento del ser infinito y eterno. Sin ello no hay posibilidad ni de salir del nihilismo, ni de poner término a la identificación entre ser y ente finito, ni de reconducir la técnica por la senda de una nueva historia de la metafísica. El paso temerario dado por la Modernidad de adentrarse en el abismo de lo finito está llegando a su término, y para evitar un desenlace catastrófico hay que ver que el problema de fondo es de naturaleza metafísica. Nuestra actualidad es nihilista, lo es la historia, por eso mismo es metafísica, pero no es la única metafísica posible -como no lo ha sido nunca-.

sábado, 8 de octubre de 2022

ENTRADA DE DICCIONARIO

 

ENTRADA DE DICCIONARIO

 


Gustavo Flores Quelopana (1959) nació en Lima (Perú), estudió filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fue presidente de la Sociedad de filosofía de su país, dos veces de la Sociedad Internacional Santo Tomás de Aquino (SITA-Perú), considerado uno de los más penetrantes intérpretes del pensamiento del filósofo cajamarquino Antenor Orrego, escritor fecundo, conferenciante conceptuoso; como también de las consideraciones filosóficas sobre el Inca Garcilaso de la Vega. Autor de una ingente obra filosófica. La velocidad en que publica sus obras hace difícil seguirlo y quizá cuando abandone este mundo sea posible ordenar su pensamiento. Lo más singular de su producción es que adoptando una postura metafísica lo haga imbricado con los problemas y temas de su tiempo.

El desarrollo de su pensamiento ha conocido varias etapas -pueden señalarse hasta cuatro (marxista, culturalista, mitocrática, metafísica)-, ha sido influido por Tomás de Aquino, Karl Marx y Karl Jaspers especialmente, aunque ha sabido seguir su propio camino, particularmente en su reconceptualización del origen de la filosofía y la crítica a la modernidad. En realidad, su pensamiento se ve asociado a una vasta tradición que va desde Heráclito, Platón, Agustín, Tomás de Aquino hasta Kant, Marx, Scheler, Stein, Heidegger, Jaspers y Derrida. Y en la tradición peruana reinterpreta al Inca Garcilaso de la Vega, Manuel González Prada, Víctor Andrés Belaunde y José Carlos Mariátegui. Su obra se inicia en el último tramo de la guerra fría -mitad de los años ochenta- adscribiéndose al marxismo, pero después elabora desde su propio camino el grueso de su obra, en contrapartida con la larga hegemonía del neoliberalismo y la filosofía posmoderna -años 90 en adelante-, para asistir luego al alumbramiento de un nuevo orden mundial y verlo como una oportunidad para la vuelta a la metafísica -años 20 del siglo veintiuno-.

Bajo esta premisa, su vuelta al problema del ser lo lleva a combatir el presupuesto nihilista de la filosofía posmoderna y a discrepar del divorcio heideggeriano entre lo ontológico y lo óntico. El ser se le aparece no sólo como lo anterior, sino como lo divino. Se trata de la clara y clásica distinción cristiana entre ser eterno y ser finito. Sólo sobre esta base es posible concebir el ser como fundamento, de lo contrario se desbarra en un supraser inaccesible. Todo lo cual implica creer que no sólo con el pensamiento se accede al ser, sino también con la fe. Con el pensar y el creer se deja que el ser sea. Es un pensador que tiene clara conciencia que ha llegado el momento final de una época -la moderna- que se basó en la razón y en la pérdida de la fe, y que la recuperación del ser en la nueva época que adviene va de la mano con la recuperación del creer junto al pensar.

Reivindica la intuición, la metafísica y el carácter de universalidad de la filosofía. Ha trabajado sobre todo en la exposición y crítica de la filosofía posmoderna, la metafilosofía, las filosofías ancestrales, y la crítica al pensamiento de la modernidad. Una de sus propuestas centrales es la consideración de la modernidad como la crisis y fracaso del pensamiento inmanentista o terrenalista. De ahí que postule su superación mediante una filosofía metafísica de la síntesis que supere las unilateralidades tanto del trascendentalismo antiguo y medieval como del inmanentismo de la modernidad. Elaboró una doctrina de la filosofía como necesidad existencial, influida por el existencialismo, el personalismo y el espiritualismo, desembocando en lo que llamó la naturaleza onto-ética del hombre, entendiendo por él una concepción de lo real presidida por el Dios personal y providencial, opuesta a todo materialismo, nihilismo y relativismo.    

Atendiendo solamente a su pensamiento expresado en sus recientes obras, y sin olvidar que es un pensador que prefiere el ágil ensayo al erudito tratado, se puede señalar lo siguiente.

Gustavo Flores en el campo de la metafilosofía es autor de una teoría general de la misma (Teoría general de la filosofía). Clasifica las teorías filosóficas en tres: la teoría restringida (origen griego), la teoría ampliada (incluye el mito, o filosofía mitocrática) y la teoría general (se extiende hasta la prehistoria, con la llamada filosofía numinocrática). Según él, la filosofía es una condición existencial del hombre y por ello es parte de su proceso de hominización (Filosofía como necesidad existencial). Filosofía es, en consecuencia, el proceso de despliegue no sólo de la razón, sino de su propia existencia asida por el misterio del mundo. En este sentido resulta muy peculiar que en su teoría de la razón (La razón en su laberinto) no excluya el tratamiento filosófico de la estupidez humana (Crítica de la razón estúpida).

Participando activamente en el debate de la filosofía ancestral y precolombina acuñó la categoría de la “filosofía mitocrática”, porque considera insuficiente su mera identificación con el mito para avanzar en la explicación de la filosofía mítica. El mito sería otra de las formas que tiene la razón de dar cuenta de los fundamentos del mundo de modo metafórico y simbólico. Más de diez libros son los que ha dedicado a este tema. Entre los más resaltantes: Eurocentrismo y filosofía prehispánica, Los amautas filósofos, Las filosofías marginadas, Filosofía mitocrática y mitocratología, Corpus filosófico andino, ¿Existió filosofía en nuestra América Andina?). Lugar relevante en este tema ocupa su libro Pensar sin fronteras. Conversaciones filosóficas, donde se rechaza la visión eurocéntrica de la filosofía sin incurrir en el etnocentrismo separatista.

Ha propuesto su propia teoría de la alteridad en polémica con Levinas. Considera que la ética ontológica no es una reducción del deber ser al ser, de lo ético a lo ontológico, sino que es la afirmación que lo ético no es una instancia por encima ni por debajo de lo ontológico, sino que es una manifestación superior de lo ontológico mismo en el hombre. Es decir, la manifestación ontológica del ser en lo humano es la ética. En el hombre la metafísica del ser y la metafísica de lo ético coinciden. Su ética de la alteridad es una defensa de la unidad entre ética y ontología, y por lo mismo no puede desligarse de cuestiones de religión, estética, política y economía.

Su teoría de la alteridad está unida a su teoría de la filosofía como onto-ética (Filosofía como onto-ética). Considera que lo humano filosofa porque su ser es una interrogación abierta. Discrepando de la ontología de Heidegger afirma que la ontología humana no es un simple estar abierto al mundo, sino que es un estar abierto con “responsabilidad” en el mundo. El hombre es un ser cuyo conocer y hacer responde a su estructura onto-ética. Su estructura ontológica es ética, da cuenta de su peculiaridad y dignidad, pues sin ello retorna a la animalidad, a la naturaleza, a lo biológico y material. El hombre es un ser cargado de asombro y desconcierto, que siente su responsabilidad de existir, conocer y hacer. Esta responsabilidad ontológica es el detonante del filosofar.

Esta concepción onto-ética de lo humano también lo llevó a discrepar con la teoría de la justicia de John Rawls basada en la equidad. Para Gustavo Flores, en su obra Igualdad sin lágrimas. Justicia como copertenencia, la justicia no sólo es equidad sino también gratuidad. Lo que indica que la esencia de la justicia es la copertenencia. El perfeccionamiento de la justicia es la clave para la obtención de la libertad, bienestar y felicidad. Por ende, los ideales del saber están enlazados con la justicia global, para conseguir la unión universal en una totalidad armónica. La filosofía de la justicia tiene una fundamentación ético-política, porque un mundo de libertad sin igualdad engendra daño al estar reñido con el bien.

Es un filósofo que también ha prestado atención a la filosofía de la tecnología. Especialmente al capitalismo digital. Lejos de considerarla como la panacea de nuestro tiempo tecnológico afirma la miseria del capitalismo digital porque engendra tecno-utopismos consoladores, que postulan la resurrección del universo adánico a partir de un entusiasmo acrítico y descontrolado ante los avances de la ciencia y del dataísmo imperante. El tecnoutopismo es la ideología que genera el capitalismo digital basado en la creencia de que los avances de la ciencia y la tecnología conducen a la realización del ideal de la felicidad humana y la eliminación de todos los males sociales. Se trata de una ideología inmovilista, evolucionista y conservadora, por parte de un sistema que confía en sus mecanismos de adaptación social, pensándose eterna en la historia (Miseria del capitalismo digital y de la tecnoutopía). En su obra Ideas ante el capitalismo digital enfatiza la idea que estamos viviendo el tránsito histórico desde el capitalismo neoliberal al capitalismo digital.

Su reflexión sobre el capitalismo digital lo condujo hacia la meditación sobre la razón burguesa. En su obra Apocalipsis de la razón burguesa. Capitalismo digital, cibercracia y ciber deus sostiene que la razón burguesa es la episteme desontológica del mundo llevada adelante por la modernidad capitalista. Es el hombre epistémico de la modernidad el que ha llevado adelante la desrealidad de lo real. Y bajo el capitalismo digital del capitalismo cibernético se consuma el giro epistémico cumbre sin objetivo humano. Ya no es el hombre el centro de la subjetividad, ahora lo es el algoritmo del computador. De manera que el nihilismo y la des-subjetividad del hombre es consecuencia de este giro metafísico que representa la desrealización de lo real por la desontologización del mundo. La desontologización del mundo es el ápice del imperio del ente y el olvido consumado del ser. Este es un proceso que saca adelante el capitalismo cibernético con el metaverso. Sin la desontologización del mundo no puede triunfar ni el cibermundo, la cibercracia ni el ciber deus. Constituye su prerrequisito. Sin humanismo se abren las compuertas de la franca decadencia cultural y el peligro de la extinción civilizatoria en pleno auge cibernético.

Esta reflexión sobre la razón burguesa apocalíptica se aúna a sus ideas sobre la modernidad última. En su libro La modernidad envejecida. Cómo la era deshonesta lleva al mundo a su final, afirma que vivimos la modernidad decadente y final, donde el aumento vertiginoso de la desigualdad, el hiperconsumo, el relativismo y el hedonismo es inversamente proporcional al incremento de los medios tecnológicos y científicos para superarla.

Esta idea es ahondada en su obra Sentido metafísico del mundo multipolar. Considera que el presente enloquecimiento que sacude a la humanidad y que la pone al borde de una apocalíptica Tercera Guerra Mundial, está relacionada íntimamente con el hundimiento del capitalismo tardío o de la modernidad envejecida. Vivimos el ocaso de la razón burguesa y el surgimiento del mundo multipolar. Detrás de todo este gran cambio histórico está como trasfondo una idea metafísica del mundo. Entrever su sentido y significado es la tarea filosófica central de nuestro tiempo asediado de incertidumbre, amenazas y extravío del sentido de la vida. El mundo multipolar es portador de una nueva idea del mundo, de hondas repercusiones para el derrotero futuro de la humanidad. De su resultado depende la salvación o perdición de la humanidad en la historia. No sólo se llega al final del capitalismo neoliberal, sino que se abre camino a un nuevo sentido metafísico que supere las unilateralidades inmanentistas de la modernidad atea y nihilista. Considera que sin superar la visión secularizada del ser no se abrirán las compuertas para la superación efectiva de la crisis de nuestro tiempo.

El tema de la metafísica y su conexión con nuestro tiempo es tratado en el libro Carta sobre la metafísica. Aquí se plantea la interrogante sobre la responsabilidad del inmanentismo de la cultura occidental moderna en la catástrofe moral y climática que nos amenaza.  Su programa plantea una filosofía de la síntesis que integra inmanencia y trascendencia.

Penetra en la raíz antimetafísica de la modernidad en su obra La paradoja antrópica. Hecatombe de la crisis ambiental. La raíz metafísica de la modernidad antiecológica es un antropocentrismo pragmático, un racionalismo subjetivo-objetivo, un empirismo fáctico, la razón autónoma, el imperio del deus in terris o diosecillo terrestre, el imperio del inmanentismo, el humanismo sin Dios, la secularización radical, la desontologización de la realidad, la imagen desacralizada del mundo, la supresión del sentido del ser, lo divino y la vida, la negación de los valores absolutos, el historicismo relativista, al ateísmo, hedonismo, individualismo y el nihilismo. Todo lo cual desemboca en la imagen metafísica desrealizadora del mundo, presidida por la razón funcional en desmedro de la razón substancial, la trascendencia divina y la metafísica, donde las cosas, incluido el hombre, devienen en entes manipulables e instrumentales. Dejan de ser fines en sí mismos. Ese es el marco espiritual de la modernidad, a través de la cual, y desde la Revolución Industrial, se envenenó el aire, el agua, la tierra, y se contaminó el planeta entero. La modernidad empirista y nominalista no respetó el equilibrio de la vida y llevó al mundo al borde la extinción masiva de las especies. La modernidad capitalista representa el ápice de la paradoja antrópica.

Refrendando su postura de pensador, poseedor de una pluma ágil y vigorosa, conectada con los problemas actuales de nuestro tiempo, ha publicado en el 2023: "Ser y Realidad"; "Nietzsche y la metafísica inmanente"; "Filosofía, Ser, Historia"; "Prometeo liquidado: Inteligencia Artificial y Juicio Final"; "Ufología: el gran fraude"; "Humanidad en peligro: Tercera guerra mundial". 

jueves, 29 de septiembre de 2022

EL MUNDO EN VILO

 EL MUNDO EN VILO


¡Qué insensatez! ¡Pensar que quieren la paz los que han hecho la guerra! Al insensato le es posible pensar que puede salir indemne y victorioso de una guerra con armas nucleares. Eso es justamente lo que es y piensa el decadente Occidente guerrerista e insensato. ¿Pensar que al gran promotor de guerras en nuestro siglo le interesa la paz? ¡Qué insensatez! Querer la paz sin abandonar el pecado, ¡es una locura! ¿Será que estamos al borde del cumplimiento del tercer secreto de Fátima de ver el mundo reducido a cenizas en un mar de llamas, por no haber oído su llamado a la conversión?

No se necesitan dos dedos de frente para darnos cuenta que el mundo está en vilo por la amenaza de una catastrófica guerra mundial en Europa, Norteamérica y el Sudeste Asiático. El orden geopolítico mundial se está desmoronando. Nos deslizamos hacia una gran conflagración mundial. Contra la cínica y nefanda propaganda que pregonan los medios de desinformación del imperio y sus ciegos aliados, la realidad es que es el INJERENCISMO de Washington, Londres, la OTAN y los serviles países de Europa Occidental, es lo que ha impedido la paz entre Ucrania y Rusia. Europa luce totalmente sometida a la política imperial de Washington, sus medios de comunicación son cajas de resonancia de la embajada norteamericana. Europa ha perdido vergonzosamente su soberanía. Y en su pusilanimidad se pliegan incondicionalmente al atropello del Derecho Internacional por la prepotencia imperial. Y así la Satanocracia se expande y trata de perpetuarse en el viejo Orden Unipolar Mundial.

Si estos son los prolegómenos de la Tercera Guerra Mundial, pues todos los hombres de buena voluntad tienen el deber de impedirla. El demonio anda suelto y es menester atajarlo con la fuerza de la espiritualidad. Todas las iglesias y religiones del mundo, todos las instituciones culturales y centros de enseñanza, todos los creyentes y no creyentes deben alzar su voz para exigir la paz, en un mundo que da señas de desbocarse hacia el infierno atómico. 

Es más, fueron ocho años de incumplimiento de los acuerdos de Minsk, la masacre y el bombardeo sistemático a la población rusa en el Donbás por los nazis de Kiev, y la negativa a proporcionar a Rusia garantías de seguridad ante la expansión de la OTAN hacia el este, lo que obligaron a Rusia a implementar el Operativo Militar Especial. 

Se dice que la distancia más grande entre dos personas, es un malentendido. Pero aquí lo que espectamos es el reino de la confusión. El mundo ve atónito como los necios políticos europeos prefieren caer en la inflación, devaluación, crisis energética, destruir el empleo y su economía, por seguir sumisamente a pie juntillas las descabelladas diatribas rusofóbicas del imperio anglosajón. Aún a sabiendas que era el imperio del Norte el que siempre se mostró contrario al abastecimiento de gas por Rusia a Europa, y era el primer interesado en apartar a Europa de Rusia. Francia tuvo la oportunidad de reaccionar en las recientes elecciones y no lo hizo. Ahora Italia con Giorgia Meloni se yergue insumisa con el reciente triunfo electoral del nacionalismo ultraderechista que se muestra claramente anti-OTAN. Pero una golondrina no hace verano, y, al parecer, Biden y Londres aceleran los motores de la guerra hasta el límite demencial de empujar a Rusia y China hacia un enfrentamiento nuclear. Todavía está por verse si el canciller alemán Olaf Scholz tendrá el coraje de escuchar a Merkel y desafiar al amo imperial para debilitar de las acciones de la OTAN en Ucrania.

Un viejo proverbio reza: Lo que no es útil para la colmena, no es el útil para la abeja. Pero desde el neoliberalismo global la élite mundial se acostumbró a imponer su criterio sobre la colmena. Y así, el conflicto sigue escalando peligrosamente en Ucrania y las tensiones no cesan de crecer en Taiwán. Primero fue el atentado terrorista a la hija del filósofo ruso Dugin, luego el desafiante viaje de Nancy Pelosi a Taiwán, y ahora el sabotaje a las líneas suministro de gas ruso para Europa, Nord Stream I y II. Destrucción que el senil Biden había prometido. Washington y Londres enceguecidos de ambición imperial continúan con las provocaciones a Rusia y a China, arrastrando al mundo hacia un conflicto nuclear donde no habrá ganadores. 

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Tal cosa no nos debería llamar a la atención, porque cuando un imperio llega a su decadencia y decrepitud hace cosas descabelladas, imprudentes y desatinadas. Ya lo decía Erasmo de Rotterdam cuando afirmaba que la paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. Pero ante esto es completamente sordo la mezquina ambición imperial. Han sido precisamente los bajos intereses de la élite mundial la que provocó la presente guerra en Ucrania y también la incorporación a Rusia de las repúblicas populares de Donetsk, Lugansk, Jerson y Zaporozhye.

Los 50 millones de muertos durante la Segunda Guerra Mundial quedarán como niño de pecho ante lo que se viene. En un escenario de guerra termonuclear tan sólo en las primeras 48 horas más de 100 millones de personas habrán muerto en el conflicto apocalíptico. Europa, Rusia y América del Norte quedarán devastadas. Y en las siguientes 72 horas se habrán sumado otras 500 millones de víctimas del Sudeste Asiático y Oceanía. Hay quienes piensan que Occidente no llevará las cosas tan lejos a sabiendas que Rusia con 6 mil cabezas nucleares y sus misiles hipersónicos los supera. Quisiera tener el mismo optimismo, pero las acciones descabelladas de las provocaciones injerencistas de Occidente desvanecen las más optimistas expectativas.

El imperio estadounidense y británico lucen extraviados y enloquecidos en su declive histórico. Y en su desvarío es seguido por una desorientada Europa satélite y sin altura, para responder al desafío del momento crítico. No obstante, para impedir el desastre se necesitan urgente tres cosas:

1. Defenestrar del poder a Biden, cabeza visible del guerrerismo actual.

2. Disolución de la OTAN

3. Nuevo Orden Mundial Multipolar. 

Como los dos primeros puntos se ven más remotos que el tercero, lo que se espera para evitar el apocalipsis nuclear es un milagro del Señor. Así San Jorge y el Dragón Rojo acabarán con el dragón negro del mal. La felicidad es amar y no otra cosa. El que sabe amar es feliz, pero el que sólo sabe odiar sólo produce infelicidad y guerra. ¿Podrá la humanidad superar la presente crisis de caridad?

domingo, 11 de septiembre de 2022

ENSAYO/COMUNAS DEL LITORAL-CORRIENTES-ARGENTINA

 FILOSOFÍA

9 de septiembre de 2022

CAMINO A LA CIBERCRACIA por Gustavo Flores Quelopana

El hombre es la criatura más inventiva y curiosa por antonomasia. Es creador de cultura antes que de artefactos materiales. Y es creador de cultura porque es una oquedad ontológica, una carencia metafísica que lo separa de la naturaleza. Es la propia condición metafísica de su ser lo que lo lleva a crear cultura.

El punto de arranque del hombre es su condición de animal metafísico. Ese profundo desnivel entre lo óntico y lo ontológico en su propio ser, lo lleva hacia el disparador del ingenio. Fruto de su ingenio, gran capacidad de análisis y observación, es su propia humanización. Primeramente, que un homo faber es un homo sapiens y un homo ludens. Un animal simbólico, como afirma Cassirer. Pero es una criatura simbólica porque es un ser metafísico, en su ser finito se hace presente lo intemporal y lo eterno

Sus artefactos no lo caracterizan, sino su capacidad para crearse un mundo simbólico. Jugando, como lo resalta Huizinga, descubría e inventaba. Antes de un consumado cazador fue un experimentado recolector. Lo cual requería mucha paciencia y pensamiento. Su hominismo está unido a su humanización y es indesligable de la técnica. La técnica es resultado de su propia inventiva. Pero la técnica desde un inicio estuvo ligado a la vida. Técnica no sólo son los artefactos materiales, sino también los artefactos simbólicos. Incluso las técnicas simbólicas precedieron a las técnicas materiales. Técnica, en una palabra, es la cultura y los instrumentos materiales. Concebirla como algo enfrentado a la vida es consecuencia de un largo proceso de alienación que se dio con la aparición de la civilización.

Con la civilización -o sea, hace cinco mil años aproximadamente- aparece la megamáquina de la monarquía divinizada, con su clase privilegiada, aparato sacerdotal y burocrático especializado, enorme fuerza laboral disciplinada, organizada y ordenada. Es la primera racionalización de la vida a gran escala social. Sólo así son posibles los Zigurat mesopotámicos, las pirámides egipcias, mayas, aztecas, mochicas, y las construcciones megalíticas incas. Es el comienzo de la alienación del hombre respecto a sus propias creaciones. Allí empieza la separación del artefacto respecto a la vida y su contraposición. La razón calculadora no alumbra en Grecia, como sostiene Heidegger, sino con el inicio de la civilización misma. Y es una potencia bifronte: constructora y destructora a la vez.

La megamáquina en nuestro tiempo tiene un nombre específico y se llama hiperimperialismo, es decir, dictadura de las megacorporaciones privadas a nivel global. La primera forma de esta dictadura fue el capitalismo neoliberal, hoy en crisis y en pleno hundimiento. Y su última novedosa mutación cobra la forma de capitalismo digital. El capitalismo digital comanda, direcciona el desarrollo de las tecnologías digitales y es responsable de sus avances como de sus amenazas para la evolución humana. En una palabra, la megamáquina de nuestro tiempo se denomina hiperimperialismo del capitalismo digital.

La megamáquina de nuestro tiempo conserva intacta la principal patología de la megamáquina que alumbró con la civilización hace cinco mil años, esto es, la patología del poder. Esta es una especie de paranoia prometeica que acompaña al hombre desde que la política se identificó con el poder y el Estado. El primero que llamó la atención en las sociedades de cazadores-recolectores sobre la existencia de política no identificada con el poder ni con Estado fue el antropólogo francés Pierre Clastres, en su magistral obra La sociedad contra el Estado. El punto es que desde que se operó dicha identificación con la civilización entre poder y política comenzaron a emerger las paranoias, neurosis y psicosis a gran escala. Freud en su obra El malestar en la cultura, habla de que la propia estructura libidinal condena al hombre al peligro de autodestrucción. El principal yerro del vienés es que concibe a Eros y Tánatos como eternos enemigos y ello lo conduce a una concepción hedonista de la felicidad. Su visión nihilista y desgarrada del hombre lo conduce a no distinguir entre cultura y civilización. En buena cuenta, y contra Freud, no es la cultura sino la civilización la que divorcia a Eros de Tánatos. Y prueba de ello es la vida armoniosa que llevan las personas en las comunidades primitivas que sobreviven hasta la actualidad.

Claro, nuestra discrepancia con Freud y el apunte de Clastres nos lleva a otro tema que excede el del presente libro, el cual es: ¿Es posible erigir una civilización no alienante, opresiva y represiva? Lo es, aunque superando los marcos de la civilización capitalista de la racionalidad burguesa.

En la megamáquina del mundo moderno, dicho poder político ya no es sagrado, sino secular, pero sigue siendo sacrificial -ya sea en el trabajo o en las guerras- y militar -el indetenible armamentismo mundial-. Desde la civilización las guerras y la carrera armamentista siguen siendo la fuente de los inventos. Si la contrapartida antigua fue el surgimiento de las religiones y filosofía para contener el aparato coercitivo de la megamáquina, hoy nos hemos quedado sin contrapartida al quedar el mundo posmoderno despoblado de certezas. Ni la ética ni el saber se muestran capaces de poner equilibrio en la balanza civilizatoria. En consecuencia, el camino apocalíptico queda expedito para el predominio absoluto de la razón técnica en manos de la razón burguesa.

Pero ¿por qué sería apocalíptico? Porque una civilización sin humanismo es una civilización degradante, que está impedida en cumplir con el principio de su propia salvación, a saber, la conversión de su enorme riqueza material en riqueza espiritual. Y con ello, tiene asegurada su franca decadencia, cuando no su inevitable extinción. Lo que la megamáquina de hoy se enfrenta es a un apocalipsis civilizatorio de una racionalidad particular y no abstracta, a saber, la razón burguesa de la civilización capitalista moderna. Ese es el tema neurálgico del presente libro.

El mundo actual se desliza insensiblemente hacia la Cibercracia -gobierno totalitario de las máquinas- del Ciberdeus –Inteligencia artificial ubicua, perfecta, omnipotente- y no nos damos cuenta. El hombre moderno no lo percibe porque está acostumbrado a la preminencia de las cosas sobre el ser. El reino de la información no deja de ser el reino de las cosas, esta vez de la cosa intangible, pero cosa, al fin y al cabo, y así prolonga la tiranía de los entes. La chatura inmanentista de la cosmovisión moderna ha llegado a tal punto de desarrollo con la inteligencia artificial, que el yo autónomo siente la tentación de dejar las riendas de la historia en manos de su creación “perfecta”, a saber, la inteligencia artificial.

El imperio lúdico del internet no nos permite darnos cuenta de la amenaza que cierne sobre la cabeza de la humanidad, pero marchamos silenciosamente hacia la abolición de la individualidad, la libertad y la democracia. Y la vía regia para llevarnos a ese pronóstico de pesadilla es el caleidoscópico capitalismo digital. Sería de lo más absurdo pensar que la presente obra resulta obscurantista y reaccionaria al criticar la cultura narcisista de la razón tecnológica moderna. No es así, porque una cosa es el capitalismo digital y otra la tecnología digital, la cual está siendo objeto de un uso perverso por la primera. Darnos cuenta de este detalle es importante para advertir los peligros que acechan a la persona humana y la creciente pérdida de sentido de la vida.

Mi primera obra sobre el tema de la inteligencia artificial data del 2017, Crítica de la razón cibernética, aunque fue precedida por una crítica de la razón cosificante de la razón técnica en mi libro Filosofía de la Tecnociencia (2012), y una reflexión sobre el estatus ontológico de la máquina en El Universo sin sombra o límites metafísicos de la ciencia (2010).

No obstante, la lectura especialmente de dos obras me devolvió al tema. Me refiero al abordaje neurocientífico de Nicholas Carr en ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales (2016), y a la perspectiva económico-filosófica de Jean-Paul Lafrance en Malestar en la civilización digital (2020). Lo que provocó que mis meditaciones se profundizaran en ms obras Miseria del capitalismo digital y de la tecnoutopía (2021) y en Ideas ante el capitalismo digital (2022).

Pero ahí no quedó la cosa porque nuevas reflexiones provocaron al llegar a mis manos el libro politológico de Shoshana Zuboff, La Era del Capitalismo de la Vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (2019) y la obra informática de James Bridle, La nueva Edad Oscura. La tecnología y el fin del futuro (2020).

Con la primera discrepo en un punto que considero sustancial, a saber, llamar al capitalismo digital “capitalismo de la vigilancia” y no considerarlo totalitario sino “instrumentario” es descaminador por dos motivos. Primero, porque la vigilancia es un derivado de la capacidad holística de la tecnología computacional, y, segundo, porque el totalitarismo no se identifica necesariamente con la violencia, dado que existe el “totalitarismo blando” que emplea la persuasión y la manipulación. Es decir, no sólo hay totalitarismo “duro”, sino también “blando”. Lo que caracteriza al totalitarismo es, en consecuencia, la aspiración al control, total. Con el segundo disiento en que no basta con señalar que el pensar computacional asfixia el pensar creativo, sino que vinculo lo primero con la culminación del inmanentismo metafísico de la modernidad. La desaparición de la realidad y destrucción de su representación referencial y significativa, del que ya nos habló Baudrillard en Cultura y simulacro (1981), llega a su cúspide al volver lo real totalmente falsificable bajo el capitalismo digital.

Es indudable que hubo otras obras que se cruzaron directa e indirectamente en el camino de mis preocupaciones sobre el capitalismo digital. Me refiero, sobre todo, a Homo videns. La sociedad teledirigida (1997) de Giovanni Sartori, y a Homo Deus (2015) de Yuval Noah Harari. Para el primero la revolución multimedia representa la muerte del homo sapiens y su reemplazo por el homo videns, mientras que para el segundo la revolución del dataísmo transhumanista lleva a la transformación del homo sapiens en homo deus. Inevitable fue encontrarme con la obra de Byung-Chul Han, No-cosas (2021), que considera que vivimos en el reino de la información o mundo de las no cosas. Lo que a mi parecer es un profundo error ontológico, pues simplemente las cosas intangibles, como la información, no dejan de ser cosas o entes. Además, ello lleva a un error politológico que pierde de vista el desafío de cómo equilibrar el superdesarrollo tecnológico y el subdesarrollo social y moral. Pues su criterio no distingue entre información y lo informacional, distinción introducida por el sociólogo Manuel Castells (La sociedad red, 2006). La información es comunicación de conocimiento, mientras que lo informacional buscar subsumir el aparato social a lo informático, concentrando el poder en unos pocos que manejan los códigos. También la obra de Marc Auge, Los “No lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad (1992), que subraya los espacios de confluencia anónima como algo especialmente contemporáneo.

Por mi parte discrepo de ambos. Pues el actual capitalismo digital está demostrando el progresivo envilecimiento del pensar humano en la colmena de las máquinas, y el crecimiento exponencial de las redes digitales del conocimiento maquinal. Lo que significa que nos encaminamos no hacia el homo videns de Sartori ni hacia homo deus de Harari, ni hacia el homo imitans de Zuboff, sino hacia el Reino del Cibersapiens o Ciberdeus del capitalismo digital y su desiderátum hacia la gobernanza computacional. Es más, pienso que la sexta extinción del antropoceno dará lugar a la séptima extinción del ciberceno si no se le arranca de sus garras la tecnología computacional al capitalismo digital.

Sin embargo, el presente libro también está relacionado con el tema del “hiperimperialismo”, el cual vengo tratando en dos obras anteriores: La globalización del Hiperimperialismo (2006) e Hiperimperialismo global en llamas (2020). Allí presté atención a Ulrich Beck, Samir Amin, Alain Touraine, Hans-Peter Martin, Harald Schumann, Michael Hardt, Antonio Negri, Joseph Stiglitz, Viviane Forrester. No obstante, en mis obras me limitaba a circunscribir el hiperimperialismo al neoliberalismo.

En cambio, en la presente obra, como en las últimas mencionadas sobre el capitalismo cibernético, extiendo la categoría del hiperimperialismo para comprender la nueva mutación capitalista en capitalismo digital. Nadie lo había hecho. Así, el hiperimperialismo comprende la primera fase neoliberal y la segunda fase digital. Dos autores han sido relevantes en este avance, a saber, Naomi Klein con su obra La doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre (2007), y Thomas Piketty con su libro El capital en el siglo XXI (2013). En realidad, ninguno habla de este tránsito, pero los hechos que muestran y argumentos que exponen abonan a favor de mi tesis de la mutación hiperimperialista desde el capitalismo neoliberal al capitalismo digital. Y todos los especialistas financieros occidentales quedaron atónitos al no dar resultado contra Rusia la aplicación del capitalismo del desastre a pesar de las extraordinarias sanciones aplicadas tras su guerra en Ucrania. Aunque a largo plazo está por verse si el panorama más negro podrá evitarse. Todo dependerá de que tenga éxito un sistema de pago internacional independiente del dólar con sus dos principales socios -China e India-. Y recién se verá si podrá seguir esquivando las sanciones o caerá en un déficit traumático.

En todos mis libros no sigo a ninguno de los autores mencionados, pero recojo de ellos la inspiración fundamental, ya sea para desarrollarla o para rechazarla. Sin duda que resulta valioso la conjugación de las consideraciones neurocientíficas, económico-filosóficas, politológicas e informáticas sobre la problemática de la tecnología digital y el capitalismo computacional. Así, igualmente sopeso la apreciación catastrofista y de la desigualdad consustancial en el tema del capitalismo actual.

Pero mis consideraciones en la presente obra tienen como eje lo que representa el capitalismo digital para la filosofía de la cultura, la filosofía de la economía y la filosofía política. Y su tendencia hacia la barbarie cultural, la economía del saqueo de la privacidad y el totalitarismo blando es lo más preocupante que he hallado.

Llevo gran parte de mi vida como escritor publicando mis ensayos filosóficos en prosa. Pero aquí, una vez más, he insistido en el estilo aforístico por disciplina mental, no por un deseo oculto de llegar a las masas y volver sencillo lo que de por sí es complicado, sino, más bien, porque el aforismo exige una concisión y precisión conceptual que muchas veces se extravía en la prosa. La economía de las palabras, la parquedad, la austeridad verbal, obviamente tiene sus riesgos, y muy grandes. Ahí tenemos el caso de Nietzsche y todas las limitaciones que se le reprochan. La principal objeción es que deja inexplicable muchos matices, está expuesta a la imprecisión, diversas interpretaciones y a la ambigüedad. Además, hay también aforismos tajantes. Por eso, también tiene su encanto, y es que no agota lo tratado y deja ver la realidad en su devenir cambiante. El laconismo de la palabra justa corre pareja con la rauda actualidad del presente.

Al lector no le será difícil colegir tras la lectura de la obra que estamos entrando hacia la civilización digital dentro del contexto de la razón burguesa en su fase terminal. Su verdadera utopía no es transhumanista, sino netamente cibernética. Se encamina hacia una “Cibercracia”. Una super red global sistémica constituida en un Ciber Deus, la cual gobernará computacionalmente el mundo. Manipulará a las personas desde dentro y desde fuera, hasta que decida su exterminio. Su sueño es lograr el control total mediante la hegemonía completa del mercado. De ahí que el futuro de la humanidad dependerá de arrancar la tecnología digital de las garras del capitalismo computacional para darle un uso justo y humano.

El “Ciber Deus” lejos de ser el esplendor de la modernidad es en realidad su ocaso, porque constituye la plasmación del delirio prometeico del deus in terris o diosecillo terrenal -entrevisto por Paul Hazard en su obra fundamental La crisis de la conciencia europea- en una era postmetafísica y nihilista, que lejos de materializar el regnum hominis es la materialización del canto de cisne de la humanidad, para dejar paso al protagonismo de las máquinas inteligentes autónomas.

El Prometeo digital ya redujo nuestras vidas a datos inteligentes computacionales, por la cual los jóvenes sólo desean vivir en la colmena cibernética. Se trata de una realidad que supera las novelas de ficción distópicas 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y de la utopía Más allá de la libertad y la dignidad del psicólogo conductista Skinner.

Aquí, en Apocalipsis de la Razón Burguesa, no se trata de ver simplemente la manipulación del hombre por la ciencia. Lo que entreveo es que el capitalismo digital, como última mutación capitalista, si no se la detiene a tiempo, nos conducirá más allá de la contradicción entre la persecución de la verdad y la persecución del poder -ya señalada por Bertrand Russell-, para instaurar el imperio de la eficacia maquinal por la propia inteligencia artificial. Lo que implicará el exterminio o dominio completo sobre el hombre, o sea la supresión de su individualidad y libertad.

Esto es justamente lo que representa el neologismo del “Ciber Deus”. Es decir, el poder de lo tecnológico sobre lo humano como triunfo sobre la persona humana de la ciber-política y de la Cibercracia o gobierno de las máquinas. La “muerte del individuo” foucaultiana se profundizó en la dimensión digital, porque aquí no se trata de la perfección del poder de una sociedad panóptica de la vigilancia para controlar el cuerpo y el alma, sino de otra que explota los datos de la privacidad sin interesarle el alma o el cuerpo del internauta. Por ello, nuestra época no se corresponde con la biopolítica de la sociedad disciplinaria de Foucault, ni con la sociedad del cansancio, la transparencia y la psicopolítica de Byung-Chul Han, porque en vez de la coerción y la seducción se emplea la adicción ludopática y misoneísta. Si Foucault capta bien la dinámica del capitalismo industrial de bienestar, y Han hace lo mismo con el capitalismo neoliberal, aquí vemos lo específico del capitalismo computacional. Por ello, hemos transitado de la biopolítica a la psicopolítica, y de ésta a la tecnopolítica. La tecnopolítica es en la práctica la clausura del yo autónomo y de la identidad moderna, tan caro a Charles Taylor (Fuentes del yo). Sencillamente la persona deja de ser asumida como portadora de valor moral para reducirla a valor de mercado en sus datos personales. Todo este proceso dataísta da lugar a la reversión del proceso de interiorización, al yo vinculado a la red, a la negación de la vida cotidiana en la familia y los amigos, y al sentido de egoísmo hacia los demás.

La tecnopolítica del capitalismo digital no es en primer lugar una técnica de poder, sino una técnica de acumulación originaria de capital, basada en el engaño, secuestro y tráfico de datos privados de los internautas por las gigantescas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft). Como el poder de tener como rehenes a los internautas depende de la entrega de la libertad, la muerte de la individualidad y la conformidad de la vida de rebaño, dentro de la colmena de las máquinas, lo que se tiene es una Cibercracia, donde la revolución digital es puesta al servicio del mercado, la misma que se antepone a la sociedad, democracia y a las personas. La Cibercracia es así el hiperimperialismo de las megacorporaciones computacionales de la élite plutocrática occidental. ¿Impera la seducción en la Cibercracia? No, lo que impera, por el lado del internauta, es el narcisismo exhibicionista y la envidia del Otro, y, por lado del plutócrata megacorporativo, el afán de lucro.

Esta nueva forma de autonomía de la razón instrumental del capital representa la profundización capitalista-burguesa de la irracionalidad social y humana en su curva terminal. Esta senda histórico-social que colisiona con la razón humana y los grandes ideales de la Ilustración es la expresión pervertida de la diferencia o no coincidencia del ser con el pensar. Al menos con el pensar humano, pero no con la antihumana racionalidad capitalista ni la ahumana racionalidad de la máquina. Fue Deleuze en Diferencia y repetición quien buscó la manifestación de la diferencia sin el yugo de la identidad parmenídea. Una diferencia que no esté hipotecada a la identidad entre el ser y el pensar. Se trata de un rechazo a la Identidad que desemboca en el motivo nietzscheano del eterno retorno de lo mismo en la repetición. Pensar el ser como una diferencia sin identidad fue su objetivo. Más allá de la contradicción, la analogía, la semejanza, la contrariedad y la oposición, lo que se encuentra es la irracionalidad de la diferencia. Es curioso ver cómo la diferencia de la irracionalidad digital burguesa guarda parentesco con la diferencia deleuzeana. Después de todo la senda del ser bajo el capitalismo digital se torna cada vez más irracional y liberada de cualquier identidad humana. Lo que se dejaba advertir en la colisión de dos líneas enfrentadas: el ilustrado consensualismo habermasiano y la tecnocracia nihilista de Luhmann; y una tercera línea lyotardiana que puso el énfasis en la imposibilidad de legitimación del lazo social, una sociedad justa, en los criterios de optimización, control, discontinuidad, informatización general de la legitimidad de la ciencia.

También resulta significativo de una época nihilista como la nuestra, cómo los capitanes de la industria del internet llevan a cabo intensas campañas cuasiderridianas para poner en cuestión o deconstruir cualquier toma de posición contra su derecho a no respetar la privacidad. Muy propio del hermenéutico credo relativista posmoderno: “no hay hechos sino interpretaciones”. Ya decía Derrida -el cual estaba muy influido por Saussure, con su principio de que la lengua no es cosa del hombre, sino que el hombre es cosa de la lengua- en sus crípticos libros De la Gramatología y en La escritura y la diferencia, que el sentido no pertenece a la cosa, sino al signo. Esta era la crítica que le hacía Derrida a la fenomenología, sosteniendo que estaba equivocada porque estimaba que el sentido precede al signo. Pero para el gramatólogo no es así, porque el sentido es resultado del juego de los signos. Hay un lazo esencialista entre la palabra o logos con la voz o foné. Con esto vuelve a cobrar la vieja cuestión del ser de la escritura. Lo cual provocó que Foucault lo atacara diciendo de Derrida que era un simple comentarista de texto. Derrida se defendió afirmando que su logocentrismo antifalocéntrico era una denuncia del imperio de la metafísica sobre la escritura. El sentido es un juego de la escritura. Foucault contraatacó sosteniendo que la sacralización del texto sin contacto con la realidad exterior era testimonio que Derrida se había convertido en un Husserl enloquecido. La primera mitad del siglo veinte la filosofía francesa estaba dominada por el vitalismo de Bergson y el formalismo de Brunschwig, y sorprende ver la reacción hacia el nihilismo y el escepticismo, rechazando la realidad estable y el conocimiento confiable, con el existencialismo, la fenomenología, y culminar con la etnología interna de Foucault y la deconstrucción de Derrida. Ellos junto a Artaud, Lacan Deleuze, Guattari, Blanchot, Bataille y Barthes, hicieron que el pensamiento francés de la segunda mitad del siglo veinte consumara la ruina de Occidente, mediante la consumación de la negatividad radical y la empresa de la des-subjetivación.

Valga esta digresión para advertir que el pathos escéptico y el ethos nihilista también es una forma de liberarse del logocentrismo para defender el cibercentrismo. En el fondo estamos viendo cómo bebe la Modernidad hasta sus últimas gotas su giro inmanentista iniciado desde Descartes. Bajo el digitalismo de la infoesfera se profundiza el proceso de des-subjetivación humana. Al visionario Marshall Berman -Todo lo sólido se desvanece en el aire- caracterizó la modernidad como algo que se evapora, Zygmunt Baumann -La modernidad líquida- le parece que la modernidad es líquida, y a Byung-Chul Han -La sociedad de la transparencia- le resulta transparente, obscena, desnuda, pornográfica. Por mi parte, la llamo modernidad anética -El imperio posmoderno del hombre anético-. Vemos así cómo el imperio de la era digital ha sido precedido por un cambio cultural donde el capitalismo neoliberal profundizó la aceleración y dispersión de la vida en una apertura totalitaria.

Pero hay algo más, y es fundamental. Se trata de la episteme desontológica del mundo llevada a cabo desde la modernidad capitalista. Es el hombre epistémico de la modernidad el que ha llevado adelante la desrealidad de lo real. Y bajo la tecnología digital del capitalismo cibernético se consuma el giro epistémico cumbre sin objetivo humano. Ya no es el hombre el centro de la subjetividad, ahora lo es el algoritmo del computador. De manera que el nihilismo y la des-subjetividad del hombre es consecuencia de este giro metafísico que representa la desrealización de lo real por la desontologización del mundo. Ya la hegemonía de la economía dineraria lo anunciaba, porque la esencia del dinero -como lo destaca Simmel en su Filosofía del dinero- es la negación de todo valor y la cuantificación del mundo. En su aprendiz de brujo el hombre creó el dinero y bajo el capitalismo descubrió que es la única forma de poder que no tiene límites. De la Caja de Pandora escapó un verdadero demonio que amenaza con destruirlo todo. La desontologización del mundo es al ápice de su entificación, el imperio del ente y el olvido consumado del ser. Este es un proceso que saca adelante el capitalismo cibernético con el metaverso. Sin la desontologización del mundo no puede triunfar ni el cibermundo, la cibercracia ni el ciber deus. Constituye su prerrequisito.

Es decir, la Cibercracia es la manifestación de la irracionalidad de la razón burguesa en su marcha histórica final, que se sirve de un pensar computacional éticamente neutro, pero que produce algoritmos canallas, ya sean aleatorios o intencionados (potencias, corporaciones, hackers, etc.). En realidad, el propio pensar computacional se vuelve opaco e impredecible, y privilegia la eficacia como primer objetivo inhumano. La utopía social de la Cibercracia no es el transhumanismo, sino un mundo gobernado por máquinas eficaces e infalibles.

De manera que, si el hombre no supera esta grave coyuntura de su historia tecnológica, será porque se exterminó en una guerra nuclear o porque el capitalismo hiperimperialista cibernético unipolar venció toda oposición del mundo multipolar. De lo contrario, la razón humana habrá demostrado su capacidad de autocrítica y rectificación.

En realidad, el mundo hiperimperialista cibernético unipolar tiene confianza en el poder de la megamáquina para lograr el poder total y declarar el fin de la historia sobre la base de su victoria cibernética. Aquí es donde cobra actualidad Lewis Mumford con su libro El mito de la máquina. Establecía una distinción entre tecnologías autoritarias, contra los valores humanos, y tecnologías democráticas, acorde a la naturaleza humana. Pero lo que ahora vemos es que, con la sedicente negación de la existencia de la naturaleza humana, han quedado abiertas las compuertas contra los valores del hombre y el triunfo de una tecnología sin miramientos por lo humano. Y lo único que puede representar el avance de esta tendencia es una civilización contra lo humano, la barbarie cultural y la hegemonía sistémica de los valores de la máquina.

Al hablar de Apocalipsis no se me puede culpar de lenguaje superlativamente innecesario. Hay algo en el ambiente que indica que así es. Las especulaciones apocalípticas son algo frecuente en la historia y no sólo bíblica. En 1500 Leonardo da Vinci hizo profecías aterradoras sobre diluvios, grandes catástrofes y desastres cósmicos. Lo mismo sucede con Durero que plasmó en uno de sus grabados de 1525 una catástrofe apocalíptica. Me inclino a pensar que estas tempranas proyecciones inconscientes y sueños apocalípticos nacen del temor a la desmesurada expansión de la megamáquina y sus poderosos artilugios técnicos. Se presiente que el poder ilimitado de la máquina es una amenaza para la humanidad.