lunes, 20 de mayo de 2024

CRITICA A LA FILOSOFÍA MITOCRATICA Y DUALISMO METAFÍSICO PREHISPÁNICO

 

MARIO MEJÍA HUAMÁN-Filósofo/URP

 

CRITICA A LA FILOSOFÍA MITOCRATICA

 Y DUALISMO METAFÍSICO PREHISPÁNICO

(Editorial Académica Española, 3 Septiembre 2019. Existe otra versión del 2008)


 


 

PRESENTACIÓN

Gustavo Flores Quelopana, ha puesto en el Internet el artículo arriba señalado; como el tema es importante para una gran parte de los americanos, sobre todo para indígenas como nosotros interesados en la construcción de una Filosofía Andina, en aras de que del diálogo y la reflexión que se hacen sobre nuestra realidad surja lo correcto, pretendemos contribuir con nuestra crítica a la construcción de una Filosofía Andina, a la fecha ya iniciada. Realizaremos la exposición de acuerdo con los subtítulos propuestos por el autor.

1. EN TORNO A LA FILOSOFÍA NATURAL DE LOS INKAS.

 Informe del Inka Garcilaso de la Vega: En los Comentarios Reales de los Incas, Garcilaso, el mestizo qosqoruna sostiene:

“La astrología y la Filosofía natural que los Incas alcanzaron fue muy poca, porque, como no tuvieron letras, aunque entre ellos hubo hombres de buenos ingenios que llamaron amautas, que filosofaron cosas sutiles, como muchas que en su república platicaron, no pudiendo dejarlas escritas para que los sucesores las llevaran adelante, perecieron con los mismos inventores. Y así quedaron cortos en todas ciencias o no las tuvieron, sino algunos principios rastreados con la lumbre natural, y ésos dejaron señalados con señales toscas y groseras para que las gentes las viesen y notasen, … La filosofía moral alcanzó bien, y en práctica la dejaron escrita en sus leyes, vida y costumbres, …”

 

 “De la filosofía natural alcanzaron poco o nada, porque no trataron Della.  Que como para su vida simple y natural no tuviesen necesidad que les forzase a investigar y rastrear los secretos de naturaleza, pasábanse sin saberlos ni procurarlos. Y así no tuvieron ninguna práctica Della, ni aun de las calidades de los elementos, para decir que la tierra es fría y seca y el fuego caliente y seco, sino era por la experiencia de que les calentaba y quemaba, más no por vía de ciencia de filosofía; solamente alcanzaron la virtud de algunas yerbas y plantas medicinales con que se curaban en sus enfermedades, … Pero esto lo alcanzaron más por experiencia (enseñados de su necesidad), que no por filosofía natural, porque fueron poco especulativos de lo que no tocaban con sus manos.”

 b. Opiniones de Gustavo Flores Quelopana:

Gustavo Flores Quelopana en su artículo publicado por Internet manifiesta:

“Sobre la sabiduría de los Incas se dedica en la primera parte de los Comentarios Reales los ocho capítulos últimos del libro segundo; allí habla de las ciencias que los incas alcanzaron primero en la astrología, la medicina, la filosofía natural, luego la geometría, la geografía, la aritmética y la música, por último, sobre la filosofía moral e instrumentos técnicos”.  “No obstante a lo largo de toda la obra el Inca Garcilaso repite la fórmula sobre los ‘amautas que fueron filósofos’”

A partir de estos comentarios Flores Quelopana, formula las siguientes “conclusiones preliminares”:

(i)                 Los amautas fueron filósofos por reflexionar sutil y profundamente sobre realidades sublimes.

(ii)               (ii)        Su gran inteligencia y raciocinio se explayaron en el diálogo, no requirieron de la escritura como modo privilegiado del discurso filosófico, y

(iii)             (iii)       Estos hombres sabios, perspicaces e ingeniosos individualmente desfilaron desapercibidos porque su preocupación no era buscar el recalque de su personalidad.

Ahora bien, comparemos lo escrito por ambos autores:

  1. Primera comparación:

 Garcilaso de la Vega

Flores Quelopana

“…entre los Incas ‘hubo hombres de buenos ingenios’, esto es, de mucha inteligencia y raciocinio… que los amautas “filosofaron cosas sutiles”.

“…equivale a afirmar que expresaron razonamientos agudos, perspicaces y finos sobre realidades naturales y sobrenaturales.”

 

Para nosotros no hay equivalencia entre lo que sostiene el Inka y Flores Quelopana.

  1. Segunda comparación:

 

Inka Garcilaso

Flores Quelopana

1.

“La Filosofía natural que los Incas alcanzaron fue muy poca, …”

“Los amautas fueron filósofos por reflexionar sutil y profundamente sobre realidades sublimes.”

2.

“De la filosofía natural alcanzaron poco o nada, porque no trataron della.  Que como para su vida simple y natural no tuviesen necesidad que les forzase a investigar y rastrear los secretos de naturaleza, pasábanse sin saberlos ni procurarlos.”

“…equivale a afirmar que expresaron razonamientos agudos, perspicaces y finos sobre realidades naturales y sobrenaturales.”

 

 

Pero, como dice el refrán chino, más vale un ejemplo que diez mil palabras, quisiéramos que Flores Quelopana nos demostrara con algún documento, la sutileza y profundidad de esas realidades sublimes, así como la agudeza, la perspicacia de sus razonamientos sobre las realidades naturales y sobrenaturales, que él supone filosofaron los hamawt’as.

2. EN TORNO A LA ASTROLOGÍA DE LOS INKAS.

     Opinión del Inca Garcilaso de la Vega.

 El mestizo qosqoruna, entre las ciencias que alcanzaron los incas, cita la Astrología, y sostiene:

“La astrología… que los Incas alcanzaron fue muy poca, …” “De la Astrología tuvieron alguna más prá(c)tica que, de la filosofía natural, porque tuvieron más incitativos que le despertaron a la especulación della, …las miraron tan materialmente que no pasaron de la vista.”   “…como la Filosofía natural y la Astrología, supieron menos…”

Con la intención de precisar los términos astrología y astronomía hemos recurrido al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y respecto a la astrología hemos encontrado que esta es más sabiduría que ciencia, veamos:

 “…a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres.”

Francisco Miró Quesada Cantuarias sostiene que la primera vez que se predijo un eclipse en la antigua Grecia se hizo mediante la aplicación de cálculos matemáticos. Este descubrimiento, de Tales de Mileto, cambio el curso del saber, significó el tránsito del mito al logos; desde entonces se ha afirmado que el conocimiento racional tiene las características de universal y necesario. Este descubrimiento objetivo, entra en conflicto con la interpretación. En el conocimiento racional el sujeto es determinado por el objeto; mientras que en la interpretación el sujeto determina al objeto.

 

3. EN TORNO A LA MEDICINA

El Inka Garcilaso de la Vega, respecto a la medicina, sostiene:

 “Alcanzaron la virtud de la leche y resina de un árbol que llaman mulli (molle)… Es cosa de grande admiración el efecto que hace en las heridas frescas, que parece obra sobrenatural”.

 Respecto de la chillca manifiesta:

 

“La yerba… calentada en una cazuela de barro, hace maravillosos efectos en las coyunturas donde ha entrado frío y en los caballos desortijados de pie o mano.”

 “Una raíz… servía para fortificar y encarnar los dientes y muelas. Calentábanla al rescoldo y, cuando estaba asada, muy bien caliente, la partían a la larga con los dientes y, así hirviendo, ponían la una mitad en la una encía y la otra mitad en la otra y allí la dejaban estar hasta que se enfriaba, y desde manera andaban por todas las encías, con gran pena del paciente, porque se le asaba la boca”.

Garcilaso hace una conclusión respecto a la medicina y dice:

 “Esta fue la medicina que comúnmente alcanzaron los indios Incas del Perú, que fue usar de yerbas simples y no de medicinas compuestas, y no pasaron adelante. Y pues en cosas de tanta importancia como la salud estudiaron y supieron tan poco, de creer es que en cosas que les iba menos…”

Consideramos que el mensaje del Inca Garcilaso es claro y preciso y no requiere de más comentarios.

 

4.     INFORME DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA RESPECTO AL MÉTODO DE FILOSOFAR

 En el siguiente cuadro hacemos un paralelo entre los Comentarios del Inka Garcilaso y los de Flores Quelopana, respecto al método del filosofar, para demostrar de manera irrefutable la diferencia entre ambos autores:

 

Garcilaso

Flores Quelopana

1

“… la Filosofía natural que los Incas alcanzaron fue muy poca, porque, … como no tuvieron letras, aunque entre ellos hubo hombres de buenos ingenios que llamaron amautas, que filosofaron cosas sutiles, …”

 

“Su gran inteligencia y raciocinio se explayó en el diálogo, no requirieron de la escritura como modo privilegiado del discurso filosófico…”.

 

2

“…que filosofaron cosas sutiles, como muchas que en su república platicaron, no pudiendo dejarlas escritas para que los sucesores las llevaran adelante, perecieron con los mismos inventores”.

 

“Esta forma de pensar discutiendo, conversando, preguntando y respondiendo entre personas unidas por el mismo interés de investigación, fue común no sólo entre ellos sino también para buena parte del pensamiento antiguo hasta Aristóteles.”

 

 Garcilaso hace notar, la falta de escritura, por ello sostiene que: “… la filosofía natural que los Incas alcanzaron fue muy poca, porque no tuvieron letras”. “aunque entre ellos hubo hombre de buenos ingenios…no pudiendo dejarlas escritas para que los sucesores las llevaran adelante, perecieron con los mismos inventores”. Contrariamente el articulista afirma, “…no requirieron de la escritura como modo privilegiado del discurso filosófico”.

Flores Quelopana reafirma su punto de vista y dice:

“Havelock, es un autor que insiste en la tesis de que la filosofía surge cuando se pasa de la oralidad a la escritura y a ojos vista, es toda una exageración.” “A su pesar Sócrates diariamente desarrollaba oralmente sus ideas y conceptos sin necesidad de recurrir a la escritura, él es un caso palmario de que los conceptos filosóficos pueden encontrar libre cauce meramente dialogando sin hacer uso del escribir y que los pueblos orales de alta cultura fueron grandes dialogadores que pudieron pensar filosóficamente sin necesidad de fijarlo en escritura alguna”.

 

Sería interesante también aquí que el autor comentado nos diera un ejemplo del “libre cauce de los conceptos filosóficos en el diálogo en los pueblos orales de alta cultura”, pero él no lo hace.

Flores Quelopana añade:

“…la práctica del diálogo implica una importancia normativa eminente, la cual radica en que exige el principio de tolerancia filosófica y religiosa, un reconocimiento de una igual legitimidad y de una buena voluntad de entender otras razones.”   “Más bien, lo que aquí hace destaca es que el ejercicio dialogado del pensamiento profundo no requiere de la escritura y justamente los Incas, como dice el mestizo “no tuvieron letras, pero tuvieron filósofos.”

 A nuestra manera de ver esto no es posible en una sociedad teocrática, donde el gobernante se considera hijo de Dios y sus órdenes voluntad de Dios, era imposible que se pusiera en tela de juicio el conocimiento de los sabios o los mandatos del gobernante. Por otro lado, tampoco es concebible que en las sociedades teocráticas se haya dado la tolerancia religiosa como principio, bástenos como ejemplos la Santa Inquisición de la religión católica y del fundamentalismo musulmán. Nosotros consideramos que la democracia fue un requisito indispensable para que se gestara y naciera la filosofía en la Grecia Clásica puesto que ella permitía discutir todo saber. Sin embargo, debemos advertir que, una vez nacida la filosofía muestra su poder, no en épocas de democracia sino en épocas de dictadura. Es el momento en que se demuestra que uno es amigo de la verdad y no del dictador de turno. Consideramos que no es difícil apoyar al sistema vigente, lo difícil está en señalar los errores del sistema vigente y plantear formas alternativas al discurso establecido u oponerse a ella. Volviendo a nuestro tema, justamente porque Sócrates no dejó escrito alguno, hoy no es posible tener una apreciación objetiva de su pensamiento. A Sócrates, apenas se le conoce por los testimonios de Platón y Aristóteles, o como sostiene José Ferrater Mora: “La figura de Sócrates es muy compleja; tanto ella como sus doctrinas han sido objeto de numerosos debates. Las fuentes directas por las cuales conocemos a ambas (la comedia ática, Platón y Jenofonte) no permiten formarse una imagen completamente clara del filósofo”.  Fernando Savater en su artículo: El porqué de la filosofía, Las preguntas de la Vida, escribe refiriéndose al dicho de Sócrates “sólo sé que no sé nada”:

“… Si no sabe nada, ¿para qué vamos a escucharle…? Lo que tenemos que hacer es aprender de los que saben, no de los que no saben.”

Ahora bien, creemos que el momento es oportuno para hacer una diferencia entre el sabio y el filósofo y, entre el científico. Flores Quelopana manifiesta: “Los incas no tuvieron letras, pero tuvieron filósofos”, para nosotros es lo contrario, los inkas conocieron la escritura que es la qelqa o el sistema alfanumérico del khipu, pero no tuvieron filósofos en el sentido estricto de la palabra. Respecto de si conocieron o no la escritura, bástenos la experiencia vivida por el cronista Pedro Cieza de León en Jauja. Para nosotros, la sabiduría andina, es el conocimiento ligado al mundo amanual, si se quiere, al mundo del hombre espaciotemporal, de eso que se llama, saber de vida, que en quechua se expresa como yachay y se traduce al castellano como: saber, vivir; saber de vida. Mientras que la ciencia es una conocer preciso, exacto sistemático, objetivo y verificable, en quechua se puede expresar con el término reqsiy. La sabiduría es más amplia y profunda, mientras que la ciencia es precisa, exacta, como sostienen Aristóteles y Garcilaso de la Vega, para quienes la ciencia es un conocimiento “por su principios y causas”. En cambio, el saber filosófico, como sabemos, no es el saber de los sabios (σοφος) sino de los amantes de la sabiduría, que aplicado a los Andes no sería saber de los hamawt’as, sino de yachay-wayllukuqkunaq: amantes de la sabiduría, los mismos que no existieron en el mundo andino prehispánico. En este punto debemos responder a Flores Quelopana que la escritura y la democracia fueron importantes e indispensables para el nacimiento de la filosofía. Puesto que en filosofía se enseña y se discuten proposiciones, no expresiones emotivas, directivas, expresiones librescas y sin sentido.

 5. LA TEOLOGÍA DE LA LUZ DE FLORES QUELOPANA

 Para continuar nuestro diálogo veamos la siguiente afirmación del autor:

“…los amautas filósofos si supieron levantar el entendimiento a cosas invisibles, lo cual es coherente además en una sociedad teocéntrica y en un gobierno teocrático”.

En este punto es necesario precisar qué entiende el autor por cosas invisibles, ya que, si bien para el conocer es importante el órgano de la vista, como el mismo Aristóteles sostiene en la primera página de su Filosofía Primera o Metafísica, para el andino lo es también el tacto, el olfato y los demás sentidos, puesto que este, percibe la naturaleza, lo siente, oye, huele y hasta conversa con ella.

 Continúa Flores Quelopana y sostiene:

“Todo esto nos lleva hacia un enriquecimiento de la idea misma de sabiduría, según la cual además del aspecto intelectual y práctico, el concepto de sabiduría inca implica un rico contenido religioso que absorbe y subordina a los otros. Pues, la divinidad solar incaica representa un acercamiento de la noción de sabiduría a la luz o conocimiento perfecto de lo divino.”

Nosotros consideramos que la sabiduría indígena es una sabiduría de vida, pero ello no indica que ésta se absorba y subordine a lo religioso. Al padre el Sol, Inti Tayta, se le rindió culto por su luz, por su calor y por hacer posible la agricultura para el sustento de los hombres, pero de esto no se puede inferir que la sabiduría inka estaba relacionada a la luz y al conocimiento de lo perfecto. Para nuestra apreciación, la sabiduría inka estaba relacionada a la vida real.

 A continuación, el filósofo mitocrático sostiene que:

“La teología incaica está transida por una metafísica pagana de la Luz del cristianismo católico. En esta teología inca no hay el drama metafísico de los gnósticos, ni hay revelación como en los hebreos, pero si hay aproximación a través de la razón natural con el principio plotiniano que concibe a la sabiduría como el conocimiento supremo que el sabio posee de lo Uno y de sus hipóstasis.”

 Este comentario, que la teología incaica esté transida por una metafísica pagana de la luz del cristianismo nos parece una apreciación equivoca. Para ser cristiana tendría que estar transida no por la metafísica de la luz sino por la metafísica del amor (άγαπη). Por otro lado, el concepto quechua wiraqocha o pachakamaq no está relacionado con la luz. Para Flores Quelopana los filósofos inkas habrían partido de:

   “… una sabiduría superior que permite reconocer el principio del universo, rendirle adoración y señalar el destino del alma individual más allá de la muerte.”

Nosotros podríamos sostener, a partir del análisis de la racionalidad andina, sustentado en el yuyay, es inductiva, por lo que no podría sostenerse que los supuestos filósofos hayan partido del “principio del universo”, esto es del teqse. Además, nos parece que esto del “destino del alma individual más allá de la muerte”, es una concepción que se ha injertado al pensamiento andino como consecuencia de la influencia de la religión católica.

 Flores Quelopana sostiene:

“La sabiduría de lo divino se convierte debido al cosmos, en cuyo marco es tan inaceptable la separación entre lo teórico y lo práctico, como la separación del individuo respecto al universo.  A este aspecto de totalidad en filósofo alemán Estermann lo denomina el principio de la complementariedad, como categoría dominante en la racionalidad andina.”

 No comprendemos cómo la sabiduría de lo divino puede convertirse debido al cosmos. ¿Querrá decir en objetivo o finalidad del universo? Tampoco le encontramos sentido a que, en ese marco sea aceptable la separación entre lo teórico y lo práctico. En runasimi, no es lo mismo yuyay (pensar, teoría) que ruway (hacer, realizar) por tanto son dos situaciones o dominios distintos, pero que los hombres los unen cuando transforman la naturaleza. Por otro lado, los indígenas americanos se consideraron parte de la naturaleza, pero no la naturaleza misma; por tanto, hay diferencia entre individuo y universo, como hay diferencia entre yo (noqa) y eso (chay), sin embargo, en la concepción indígena, que hoy podríamos llamar sistémica, el hombre necesita de eso, del mundo o pacha para ubicarse y realizarse. Como se puede apreciar por las citas, un poco más, y podría pensarse, según Flores Quelopana, que los teólogos inkas igualaron o superaron a los teólogos medievales católicos.

 Seguidamente el autor presenta otras conclusiones preliminares:

vii.      Por sabiduría entendieron los amautas preponderantemente el conocimiento de lo divino.

viii.     Esta sabiduría absorbe y subordina a los otros saberes (incluso la arquitectura del Cusco imperial en forma de puma revela este precepto)

ix.        Y permite reconocer el principio del mundo, así como el destino del alma.”

Los mismos que analizaremos a continuación.

 

6.  El SABER INKA Y EL CONOCIMIENTO DE LO DIVINO

Gustavo Flores Quelopana sostiene que los amautas entendieron por sabiduría preponderantemente el conocimiento divino. Para nosotros, si ello es correcto, las categorías: yachay, reqsiy o rikuy, que expresan algunas formas de saber o conocimientos andinos tendrían alguna relación con: lo divino, con la teodicea o la teología; pero esto no ocurre en quechua.

Así mismo el articulista sostiene que la sabiduría inka absorbe y subordina a los saberes.  Consideramos que, el hecho de que se hayan construido templos o que la ciudad del Cusco tenga la forma de un puma, no significa que la ciudad del Cusco era un gran templo, esto sería caer en una Falacia de Distribución.

No sabemos de dónde infiere Flores Quelopana que la sabiduría de los hamawt’as signifique el conocimiento de lo divino. No da referencias como para poder analizar y discutir tal afirmación.

Respecto al sentido de la filosofía prehispánica Flores sostiene:

“Tampoco es cierto que este vínculo de la filosofía con lo religioso haya producido el rebajamiento de la filosofía, ese es un prejuicio intelectualista de la ilustración atea y del positivismo cientificista decimonónico, al contrario, la filosofía se empobreció cada vez que perdió su problemática religiosa.”

Como sostuvimos recurriendo a la posición de Miró Quesada, con el descubrimiento del saber racional, en la Grecia presocrática, se inicia, como sostuvimos, con el divorcio entre la filosofía, el mito y la religión. Con ello no queremos sostener que el conocimiento religioso es inferior, de ninguna manera. El conocimiento religioso que se da por la fe o por la vivencia mística, es otra forma o nivel de conocimiento que no debe o confundirse con el saber racional. Para nosotros ha sido un error serio querer entender a Dios mediante la filosofía, y hacer de la filosofía una esclava de la teología o de la religión. El catolicismo equivocadamente en el medioevo pensó que se debía creer para entender y entender para creer, (intellige ut creas- crede ut intelliges). De tal manera que la creación de las universidades con esta finalidad fue un acierto cultural, pero un error religioso. Por otro lado, volviendo a nuestro diálogo, pensar que lo religioso haya significado un rebajamiento de la filosofía, sea un prejuicio intelectualista de la ilustración ateo y del positivismo cientificista decimonónico, no es del todo cierto, Los primeros filósofos como Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxágoras, Heráclito, etc., no son de la época positivista decimonónica, sino de unos XXV siglos anteriores al siglo XIX y, ya habían sentado las bases racionales como para guardar distancia de lo religioso. No negamos que se puede hacer filosofía de la religión o de dios, pero los fines de estos son diferentes. La una satisface nuestro conocimiento racional y hasta es posible que nos lleve a la soberbia; mientras que la fe nos lleva a la humildad y, a reconocer que por encima de las fuerzas naturales del mundo a-manual, existen otras fuerzas sobre o por encima-de-lo natural. De todo esto tampoco es lógico sostener, como piensa Flores Quelopana, que:

 

“El carácter de la filosofía de los amautas esta condicionado por una fuerza arquetípica espiritual propio, a saber, lo mesiánico que santifica al mundo, requerido por una necesidad de armonía con lo celeste.”

 Sostener que el saber de los hamawt’as o amautas, como se dice en castellano peruano, es mesiánico y santificador es un disparate; con este tipo de apreciaciones, no le hacemos ningún favor a las investigaciones del pensamiento andino prehispánico, ni a la filosofía andina que se va formando; ellos no reflejan nuestra visión ancestral. Sus argumentos nos hacen pensar que no se está reflexionando sobre nuestra pacha, (nuestra realidad).  Si no sobre uno diferente.

Continúa Gustavo Flores y escribe:

“Finalmente al hablar sobre el sentido del filosofar prehispánico estamos haciéndolo sobre lo que lo distingue respecto del filosofar occidental: su sentido mitocrático –tradición religiosa como base principal de su reflexionar filosófico- frente al sentido logocrático de Occidente, atención al empirismo circundante y el desarrollo de la idea de ciencia como infinidad de tareas-.”

“El asombro filosófico puede tener un sentido racional-discursivo, pero también otro intuitivo-poético-religioso. Ambas son legítimamente filosóficas, su contenido de asombro ante el misterio es el mismo, varía en su forma conceptual o intuitiva.”

“En fin, Garcilaso al final del siglo XVI se encontró en el Perú con un filosofar que estaba unido a la teología y religión, lo que percibió como una base común entre los filósofos europeos de entonces con los amautas filósofos del incario, no sin dejar se señalar sus diferencias. Las diferencias serán más culturales y espirituales que propiamente filosóficas entre los distintos orbes civilizacionales.”

Una vez más, insistiríamos en estas tesis se demostrarán con un documento que la teología y la religión inkas estaban unidas a la filosofía.

 7.  LA REALIDAD EMANATISTA DEL INCARIO.

 a. Pachakamaq “vivificador y no “creador”

 En adelante cambiaremos nuestro procedimiento de exposición, en tal sentido presentaremos primero nuestra apreciación para luego contrastar con las concepciones de Gustavo Flores Quelopana y demostrar su error. Pensamos que el autor se deja llevar por la imaginación y la fantasía; elucubra sin consignar documentos, como decíamos líneas arriba, un poco más y lo único que les habría faltado a las inkas es haber esperado a los españoles bautizados y confesados. En primer lugar, a pie juntillas admite los comentarios de Garcilaso de la Vega respecto a Dios. El mestizo qosqoruna tiene más de un error de apreciación, cosa que puede ser distinguido por cualquier quechua hablante medio.  La obra de Garcilaso no debe ser tomada de manera fundamentalista. Probablemente sus conocimientos del quechua tampoco hayan superado el de un ciudadano medio, por tanto, sus opiniones no son acabadas y absolutas.

b.            En quechua:

 Pachakamaq: es un término compuesto de: pacha y kamaq. Pacha, significa: espacio, tiempo, mundo y naturaleza. Kamaq: es participio activo del verbo quechua kamay que significa: crear. Por tanto, la palabra significa creador, el que crea. La conjunción de ambos términos tendría el significado de: creador del espacio del tiempo, del mundo y de la naturaleza.  Quelopana, como vamos a observar líneas abajo interpreta kamay como vivificar, o dar vida; esto es absolutamente erróneo.  En todo caso, vivificar en quechua se podría traducir por: kawsachiy o kawsay qoy, o como aparece en la oración de Juan Santa Cruz Pachakuti Salqamaywa, el mismo que entre otras cosas dice:

 

Runasimi

Traducción al Castellano

1

¡Ah teqse wiraqocha!

¡Oh! Señor del Universo

2

Pachayachachi

Vivificador del mundo

 

Como Ud., podrá apreciar, la diferencia es total:

 

 

Creador

Vivificador

1

Pachakamaq

Pachayachachi

En el quechua ayacuchano yachay, significa saber, vivir. Si quisiéramos preguntar a un ayacuchano y a un qosqoruna, respectivamente debíamos preguntas con las siguientes palabras:

 

Al ayacuchano

Al qosqoruna

1

Maypi yachanki (¿Dónde vives?)

Maypi tiyanki (¿Dónde vives?)

 

El desconocimiento de esta distinción hace decir a Flores Quelopana todo lo que sigue de Garcilaso:

“Como clérigo cristiano sabía que el espíritu “vivificador” es, según San Pablo, el Hombre–Dios, la fuerza posee de homo coelis.  Conocía también, por sus largas conversaciones con el amigo jesuita el padre Prado y el agustino Agustín de Zárate, así como por el estudio de la filosofía y de las obras del neoplatonismo florentino, que solamente el Hombre-Dios posee en si la naturaleza divina entitativamente y en su plenitud sobreabundante, y que, por naturaleza, por su origen celestial, es un hombre coelesis o también spiritus vivificans.  Por ello, su mencionada discrepancia con Pedro Cieza sobre la traducción de la palabra Pachacamac no es solamente un asunto etimológico, sino eminente teológico-filosófico.

 Por otro lado, Pacha-kamaq no significa animar el mundo, ni siquiera en sentido figurativo porque animar en quechua, como ya lo señalamos es kawsachiy, o kawsay qoy, y en la variante ayacuchana: yachachiq o pachayachachiq. Como sabemos, el término animar castellano proviene de la palabra ánima (del latín ánima) que significa: alma. En quechua no se puede decir que Pachakamaq, sea un dador de vida, un animador, un vivificador en el sentido como interpreta Flores Quelopana. Es más, en quechua alma significa nuna. Por tanto, en quechua dios animador sería: nunachaq apu, o nuna qoq apu y no Pachakamaq. Así mismo en una parte de la oración a Wiraqocha, de Santa Cruz Pachakuti, dice: runa ruraq, esto es, hacedor del hombre. Con estas advertencias, veamos manera incorrecta de la apreciación de Flores Quelopana, él dice:

“No es pacharurac porque rura quiere decir “hace”, es Pachacamac porque Camac significa “animar”. No es “hacer” el mundo, es “animar” el mundo, dar vida al universo, …”.

Luego, el autor a quien comentamos sostiene que, el Espíritu Santo es la Persona del amor, es decir, la Persona que corresponde a la fecundidad del amor divino, su naturaleza es vida. De este modo, lo que Flores Quelopana afirma, es que los amautas vislumbraron el Espíritu Santo en Pachamama como animador del mundo. Para Flores, Garcilaso al introducir esta precisión no sólo hace justicia al término lexical, sino que se subraya la presencia del Espíritu Santo, calor verbi, entre los incas.  Por el momento bástenos con estas aclaraciones. Sobre la relación del Inti (Sol), “calor verbi” o Espíritu Santo, Flores Quelopana manifiesta que: su reino justo y civilizador estuvo animado por el espíritu que guio por la senda de lo moralmente bueno, que lo dirige hacia Dios; y siendo la “vida” la naturaleza del Espíritu Santo, ella corresponde a la fecundidad del amor divino entrevisto en Pachakamaq; que el espíritu Santo como santificador de las criaturas en general es la comunicación de la naturaleza  divina al mundo, pero, que esta comunicación no procede de Dios por el camino de la naturaleza –panteísmo-, sino por vía del amor –cristianismo- , cuya Persona es el Espíritu Santo. Textualmente Gustavo Flores escribe:

“Esto, representa tanto como decir que Garcilaso sugiere, puesto que no lo podía afirmar taxativamente por no ser teólogo y el libro aparecía con la censura de la Inquisición, que a los incas les faltó concebir Dios-amor cuya comunicación no es vía naturaleza. Pero si concibieron que la vida y dicha natural de los seres o criaturas sean una expresión y un efluvio del amor divino, un soplo que emana del mismo, amor inefable e incomprensible, fundamento y raíz de todos los misterios, es la gratia increata que inunda a las criaturas de vida divina.”

“Para Garcilaso, … en Pachacamac no hay actos de Creación, no es “hacedor”, hay actos de emanación, es “vivificador”; en todo caso es primera causa ontológica de “animación, pero no de “creación”.”

Respecto a la siguiente cita, el autor ubica a Garcilaso como sigue:

“En buena cuenta, él está contra los elementos desfiguradores del quechua que introdujeron los españoles, quienes crearon nuevas palabras quechuas, y a otras les dieron una significación diferente para amoldarlas a su pensamiento y al pensamiento cristiano”. “… lo que Garcilaso de la Vega hace es corregir estos groseros errores y alteraciones introducidas por la abrumadora crónica española, e incluso india.

Seguidamente veremos otro error de Flores Quelopana, que consiste en sostener que en quechua no existen pronombres. Quien está refutando en este artículo a Gustavo Flores Quelopana es quechua hablante, autor de textos para el aprendizaje del idioma inka: el runasimi o quechua, como tal manifiesta que el quechua es un idioma vivo, y tiene los siguientes pronombres.

 

Quechua

Castellano

1.

Noqa

yo

2.

Qan

Tú

3.

Pay

El, ella.

4.

Noqanchis

Nosotros (incluyente)

5.

Noqayku

Nosotros (excluyente)

6.

Qankuna

Vosotros

7.

Paykuna

Ellos, ellas.

Pero como hemos leído, el autor afirma que: “El quechua es un idioma… sin pronombres…”

 En el idioma andino ocurre como en cualquier idioma en que no todos los hablantes son cultos, por tanto, en su conversación cotidiana no utilizan sino un número reducido de términos. Respecto a sus apreciaciones del quechua, la situación es aún peor, porque si bien el quechua floreció después de la conquista, al haberse convertido en el idioma general de la evangelización y al ser escrita a la manera occidental, el quechua devino a menos, después del levantamiento de Thupa Amaro, entonces el ímpetu de la alfabetización a los nativos disminuyó considerablemente. Bástenos citar las palabras de José Carlos Mariátegui, quien al referirse al nacimiento de la república peruana sostiene que la república se formó sin el indio y contra el indio. Pero, veamos la cita de Flores Quelopana:

“en la actualidad muchas palabras están en desuso, el indio del presente ni siquiera habla bien el quechua, sin escritura fonética carece de control y precisión, …”

 El autor no está informado de la existencia de la Academia Mayor de la Lengua Quechua creada por Ley, la misma que norma el alfabeto quechua y reconoce ciertas particularidades para cada una de sus variantes. En la actualidad, no sólo en quechua sino también junto con otros idiomas minoritarios de nuestra selva, los dialectos superan los 80, de los cuales ya se escriben 65, algunos cuentan con la Biblia completa traducida a su idioma y, en otros dialectos se está en proceso de traducción. Por su puesto, previamente se alfabetiza a los usuarios y se realizan investigaciones lingüísticas de los idiomas minoritarios, y su concepción del mundo. Entre otros textos traducidos podemos manifestar que últimamente se ha Traducido al quechua El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel Cervantes Saavedra. También se han traducido La Constitución Política del 79 (Editado por la Municipalidad del Cusco), y La Constitución Política del 93. En los últimos 50 años se han escrito más diccionarios, gramáticas, e investigaciones del quechua. Actualmente, existe una bibliografía mayor que en los siglos pasados. Sin embargo, debemos manifestar que en la colonia se tradujeron sermonarios y catecismo de la doctrina cristiana al quechua. El primer documento impreso en Lima, por la recién llegada imprenta en la colonia fue de un catecismo en quechua. Sin embargo, veamos la cita:

“… en quechua de una región a otra varía en su alfabeto, así el cuzqueño tiene 23 letras mientras e chanca 20, todo lo cual impide formular un alfabeto quechua único. Es un idioma que da la impresión de estar en proceso de desintegración.”

 Lo que sigue no se puede afirmar con absoluta certeza ni siquiera de Israel “el pueblo escogido por Dios”; veamos lo que el autor a quien refutamos escribe:

“Para Garcilaso la civilización incaica fue dirigida por un pueblo cuyos hombres estaban vivificados y penetrados por el Espíritu de Dios, eran hombres espirituales cuya finalidad última era lograr para todos los hombres su disposición por la santidad –que no excluye sino exige el trabajo según la condición social-, como participación de las criaturas en la nobleza de la vida divina”.

“Esta santidad de los hombres sin ayuda de la revelación significa el reconocimiento de la intención y ánimos piadosos, que convergen haciendo del hombre una criatura verdaderamente buena.  La vocación civilizadora del incario era, en buena cuenta, una obra de santidad en la justicia divina de una conversión de las almas a Dios”.

 En lo que continúa nuestra discrepancia con Garcilaso de la Vega, vemos lo que escribe respecto a Teqse Wiraqocha o Ticiviracocha:

“… que ni él ni los indios saben lo que significa. Fue un invento de los cristianos españoles, que como vieron que en el tempo de Pachacamac el demonio hablaba en su nombre, se dieron por inventar el término de Viracocha. “pero si a mí, que soy indio cristiano católico, me preguntasen ¿cómo se llama Dios en tu lengua? Diría: Pachacamac, porque en aquel general lenguaje del Perú no hay otro nombre para nombrar a Dios, sino éste, y todos los demás que los historiadores dicen son generalmente impropios” (op. Cit., lib. 2, cap. II)

 Efectivamente, Garcilaso manifiesta no saber nada de Teqse Wiraqocha; es más, afirma en otras palabras, que es un invento de los cronistas como Pedro Cieza de León. Nosotros nos preguntamos si Garcilaso no habría sabido del Templo de Wiraqocha en Raqch’i, del departamento del Cusco, provincia de Canchas, refundada en la colonia con el nombre de San Pedro de Raqch’i, donde existía y actualmente existe, una imponente ciudadela religiosa. Ante tremenda realidad, ¿cómo sostener que Wiraqocha es un invento de los conquistadores, cronistas o sacerdotes católicos? Por otro lado, debemos manifestar que Pachakamaq es el nombre con que se conoce a Wiraqocha creador. Para nosotros Wiraqocha es el nombre verdadero de Pachakamaq. Flores Quelopana sostiene que:

“Esos nombres compuestos son inapropiados para dárselos al dios de los incas, pues considera que estos cambios de significación del nombre o verbo en la composición son de suma importancia para que los indios admitan correctamente la enseñanza de la doctrina cristiana.”

 

8. DEL DUALISMO EMANATISTA Y LA NADA ABSOLUTA:

 En lo que sigue, se argumenta que Pachakamaq es un dios vivificador y no creador, por tanto, lo que continúa no son sino elucubraciones arbitrarias del autor, por ejemplo, sostener que Pachakamaq es una sustancia espiritual que actúa sobre una sustancia material. En quechua prehispánico no existía la categoría materia, por tanto, no era posible reflexionar de este modo. Hoy podría reflexionarse lo que Flores Quelopana supone, pero esto ya no sería filosofía ni teología inkayka, menos una ontología inkayka.

Veamos lo que el autor sostiene:

“Una concepción dualista se deriva del dios vivificador incaico, Pachacamac es la sustancia espiritual y actúa sobre una sustancia material que no nombra Garcilaso.”

 “¿Por qué lo dejó sin mentar, le bastó acaso subrayar el carácter no creador del dios que anima el mundo, no se contaba con la palabra en quechua que designara alguna materia primordial, a aquella materia sin vida o sin ánima, los conceptos metafísicos se encontraban aun en pleno desarrollo por los incas-amautas, el término ya existía, pero no llegó a conocerlo – Garcilaso- por su temprana ida el del Perú? Es probable que ésta última sea la causa de su incompleta información metafísica-conceptual.

Respecto al dualismo, debemos manifestar que esta concepción no es exclusiva de la cultura andina, sino de toda cultura desde sus inicios; para ello no necesitamos reflexionar mucho, sino vivir en el mundo y experimentar los acontecimientos que ocurren en ella. Así, todo grupo humano ha constatado lo que es el día, la noche; el sol, la luna; el calor, el frío; la vida, la muerte; el ser y el no ser; lo bueno y lo malo; lo bello y lo feo; lo grande y lo chico, lo digno y lo indigno; lo que es alto y bajo; arriba y abajo; derecha e izquierda, etc. Sin embargo, para hacer una reflexión filosófica sobre los contrarios, o el ser y la nada, se de mayor reflexión a manera de los griegos o a manera que la propone Francisco Miró Quesada Cantuarias: de manera racional, crítica, objetiva; divorciada del mito y de la religión. La abstracción y la generalización hacen posible que los hombres alcancen el nivel de unidad. Así los inkas alcanzaron el nivel de unidad en Wiraqocha, y no tendría un contrario real que sea la nada.  Otra prueba de unidad alcanzada en el Estado inka es que el gobernante era un solo inka, consideramos que, equivocadamente los defensores de la teoría de “los binarios opuestos” sembraron la idea de que el Estado inka tenía dos gobernantes al mismo tiempo; uno de la parte superior y otro de la parte baja; esto es un desconocimiento de la concepción andina del mundo. A pesar de que Garcilaso sostiene que los inkas conocían al demonio como supay, debemos decir que ello no es exacto. El concepto de supay como diablo es invención española. Supay para Fray Domingo de Santo Tomás, quien confeccionó el primer vocabulario quechua, es “ángel”, como genio en griego. De manera que para expresar diablo y ángel occidental dice: allin supay, para lo que llamamos simplemente ángel, y millay supay para lo que llamamos demonio. Para la concepción griega, todas las personas llevaban un genio internamente; unos tenían un genio bueno, y otros, un genio malo; pero, ello no debe significar que los que llevaban al millay supay, dentro Satanás, llevaban un Satanás. Consideramos que, es una superación del dualismo, la concepción de que en la concepción andina no se conocía los conceptos de bueno y malo, sino, de bueno y no bueno. Esto es de: Alli y su negación, mana alli.  En quechua lo contrario de alli es mana alli. En castellano lo contrario de bueno es malo. Los inkas trascendieron el nivel de la concepción dualista del mundo, llegando a concebir lo uno. Como esta reflexión nunca se ha hecho en quechua, por el momento, todavía nadie ha podido decir en quechua, la “nada absoluta”, “dualismo metafísico”, “negación de lo existente”. Pero leamos lo que Flores Quelopana elucubra:

 “En el dualismo que supone la idea de Pachacamaq está en su base, como en todo dualismo metafísico, la presencia de la idea de la negación radical de la totalidad de lo existente, es decir está presente la idea de la Nada Absoluta”.

“Pero como Dios es la Nada que es algo. Esto es, que en el cristianismo está inherentemente presente las dos ideas de la Nada, como absoluta en la Creación y como algo en la Generación. Esta deducción, en vez de contradecir nuestra afirmación anterior, según la cual al dualismo le corresponde como idea básica la idea de la Nada como algo y al monoteísmo la idea de la Nada absoluta, la confirma puesto que la Nada absoluta del monoteísmo creacionista cristiano es con respecto a la Creación, y Nada como algo es con respecto a la Generación”.

“La idea del dios Pachacamaq, cuyo ser es vida auto desplegada en el mundo-universo, supone un dualismo emanatista, una sustancia espiritual ante una sustancia material, esta última es como el no-ser que es algo, aquello que carece de la vida, encarna la Nada como algo, y por consiguiente no asume, ya sea por desconocida o rechazada, la idea de la nada como absoluto”.

 

9. LA ARMONÍA DE LOS CONTRARIOS Y LA FILOSOFÍA MITOCRATICA.

 Respecto a este punto, quienes medianamente conocen de la cultura inka, saben que los incas eran prácticos. Tuvieron como prioridad la solución de problemas reales, esto es del mundo de las cosas, la solución de los problemas vitales inmediatos; justamente por ello, alguien ha opinado, que los inkas pensaban con las manos. De acuerdo con la filosofía occidental, bien podríamos denominarlos pragmáticos. Por tanto, nuestra discrepancia es total con la cita de Flores Quelopana que podemos leer a continuación:

“El hombre prehispánico no es un hombre que se plantee sólo vivir con el uso de la pura inteligencia, instaurando como en los griegos- una pura fe en la razón, sino que, por el contrario, no perder contacto con lo numinoso y desrealizador del pensamiento metafórico.”

Sin embargo, los inkas no se agotaron solo en la explicación, como sostiene Flores Quelopana en el pensamiento mitocrático, sino que su racionalidad fue empirista, esto es su concepto de la racionalidad se enmarca en el pensamiento inductivo y no del deductivo, como el racionalismo idealista lo hizo Occidente. El racionalismo andino, que es empirista o pragmático, se sustenta en la categoría yuyay que significa: memoria entendimiento, voluntad, conciencia.  Esta forma de racionalidad sustentada en la experiencia no es el “imperio del plurisigno” como vamos a leer abajo: Su horizonte mental no es el imperio logocrático del concepto, muy propio de la civilización occidental, sino el imperio mitocrática del plurisigno.

Cuanto más se estudie el mundo andino inka, más cierto se está de que fueron grandes planificadores; precisamente para evitar los efectos del azar, de lo contingente, del enigma, los inkas construyeron los grandes almacenes, tanpus, que eran además centros de provisión descanso, de gobierno, de fiscalización. Para evitar los aluviones, la erosión, construyeron sus ciudades en las laderas de los Andes. Como sostuvimos en algún punto. Los inkas antes de habitar un determinado lugar, lo habilitaban como para que una determinada cantidad de habitantes poblaran el espacio habilitado. La organización social de división de las personas por edades, habilidades, en decenas, centenas y millares, es muestra de tal planificación. En consecuencia, discrepamos de las apreciaciones de Flores Quelopana que sostiene:

“… aquí no se da un racionalismo que reduzca el conocimiento a la razón, antes bien, la vida prehispánica está rodeada de misterio, enigma, alteridad y contradicción.”

 

10. CONCLUSIONES:

 Seguidamente haremos algunas conclusiones para terminar el comentario, desde luego, estos no agotan el tema, pues como el lector puede constatar si entra a la dirección electrónica que hemos citado se informará por sus propios medios. Además, podrá dar su propia interpretación. Por supuesto el tema de ninguna manera queda agotado, contrariamente recién se inicia la Filosofía Andina, con diálogos como el presente.

El artículo a nuestra manera de ver es muy optimista, sostiene que existió una filosofía inka; a lo que nosotros interrogamos, ¿qué filosofía? ¿Podría demostrarse objetivamente su existencia con pruebas, citas e interpretaciones racionales lógicas? Ya sostuvimos que si se demostrara la existencia una Filosofía Inka a la manera de cómo presentan sus defensores, ¿modificaría de alguna manera nuestra realidad?

De ninguna manera nos convence injertar en el pensamiento andino, ideas católicas de mesianismo, salvación o santidad. El desconocimiento del quechua permite elucubrar apreciaciones ilógicas como la equivocada concepción de kamay como vivificador. Pensamos que todo el artículo parte de este error de apreciación. Es un error atribuir al Inca Garcilaso una tesis que nunca ha sostenido, y al mismo tiempo tomar como un absoluto sus Comentarios, pues hay necesidad de contrastar con la realidad de su tiempo y con la concepción andina y su idioma que se mantiene viva. No se puede tipificar el pensamiento andino de emanatista y mitocrática, esto es una falacia de falsa generalización.

ANTENOR ORREGO Y LA BOHEMIA DE TRUJILLO

 

GERMÁN PERALTA RIVERA-Historiador/École des hautes Études en sciences sociales de París

 

ANTENOR ORREGO Y LA BOHEMIA DE TRUJILLO

[Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú-UPAO, 2011, pp. 144-147]

 



 

Coincidiendo con Gustavo Flores Quelopana, señalaremos que desde sus inicios su pensamiento expresa las calidades de un pensador de quilates, cuyas líneas principales están sustentadas en una concepción de lo místico, de lo divino y de la antropología trascendente (Antenor Orrego, Teodicea, metafísica e historia, 2003, pp. 47-48), de la teodicea y del humanismo integral; envuelto en una visión esteticista y pragmática o, como bien lo señala, en “un conocimiento del espíritu humano que se eleva a Dios, antes que una filosofía que hace del hombre, acorde con el viejo pensamiento de Protágoras, la medida de todas las cosas (50). Es decir, “en Orrego aparecen en su teodicea los tres temas fundamentales de la filosofía: Dios, el hombre y el mundo, en una unidad peculiar”, lo que a su juicio determina que “el hombre como tal queda envuelto en el problema de la existencia de Dios, es menester imbricar la existencia del mundo visible a lo invisible como el fundamento de sus posibilidades ontológicas. Orrego renovó el interés por el estudio de la metafísica, comprendió el sentido profundo de la historia de la filosofía, se volvió contra el cientificismo y el racionalismo, valoró la unidad entre teología y metafísica, y planteó los problemas radicales implicados en la teodicea, a saber, Dios, el hombre y el mundo (50-51).

Flores Quelopana, uno de los filósofos que más ha destacado la importancia del Amauta, consideró que Antenor Orrego sentía la relación de hombre-universo como una unidad, “con una especial intensidad, pero concebía el destino humano, como una partícula de esta potencia universal, como un proceso de crecimiento de la conciencia a través de los pensamientos y las acciones” (31-32). Por ello, más adelante manifiesta con absoluta claridad: “Si quisiéramos apresar en una fórmula lo que concebía Orrego por realidad, habría que comenzar por señalar que, para él, la realidad consiste en la actividad del espíritu humano y de la naturaleza, en un dinamismo que aspira a un Dios que lo trasciende: Dios es la fuente de toda realidad, sólo por Dios y con Dios es dado el concepto de realidad, pues conciencia y naturaleza son, en buena cuenta, vehículos de esta eternidad” (Ibidem). Flores Quelopana se plantea una serie de interrogantes. La reflexión que tempranamente hace Orrego lo lleva a considerar si es un realista; si lo es, en qué sentido, para posteriormente preguntarse: no es acaso el significado del término demasiado ambiguo. No se sirvieron de este: existencialistas, instrumentalistas, marxistas, tomistas, etc. Orrego, como Kant, reconoce la existencia de las cosas independientemente del conocer, pero lo que le diferencia de la filosofía contemporánea es que no considera el pensamiento científico como punto de partida, por tanto, rebasa el realismo empírico. En este sentido, para Flores Quelopana hay un aporte en cuanto a los fundamentos de su teodicea. (146-147)

LAS DOS VERTIENTES DEL FILOSOFAR LATINOAMERICANO

 

LADISLAO CUÉLLAR-Filósofo/UNMSM


LAS DOS VERTIENTES DEL FILOSOFAR

LATINOAMERICANO

[Lima, edición personal, 2006, pp. 71-72]

 


Complementando nuestro punto de vista que abona a favor de una existencia de la filosofía precolombina, Gustavo Flores Quelopana, un intelectual joven, en su libro Eurocentrismo y filosofía prehispánica. 1999, pp. 9-11), nos dice: “El problema de la posibilidad de la filosofía prehispánica gira alrededor de tres círculos de ideas, que casi siempre rivalizan entre sí. Primero, el círculo de ideas de la tradición racionalista occidental, que concibe la filosofía como un saber basado en la razón y según la cual en la América Precolombina no hubo filosofía porque no rebasó los límites de una cosmovisión mítico-religiosa. Segundo, el círculo de ideas de la tradición nativista, que concibe la filosofía como una sabiduría de la vida y método de reflexión, y según la cual en la América Precolombina sí hubo especulación filosófica, aunque alegórica y asistemática. Tercero, el círculo de ideas de la tradición culturalista, que concibe a la filosofía como un saber que se manifiesta en una multiformidad de sentidos, y que lo fundamental del dilema no se circunscribe a que, si una probable filosofía prehispánica no presentó las notas características del pensar occidental, sino que, previa crítica de la absolutización del criterio eurocéntrico, se manifiesta como una sabiduría práctica y a la vez teórica, comprometida con el hombre concreto” (9-11).

Más adelante, Flores Quelopana señala: “La interpretación racionalista concibe como una vía muerta el pretender que el pensamiento inca o andino (quechua o aymara) constituye por sí una filosofía (…) El enfoque nativista afirma, por el contrario, que sí hubo pensamiento filosófico prehispánico, y como prueba se tienen ideas de moral, religión, teogonía y política del Antiguo Perú. Suponer lo contrario es negar su deseo natural de saber.

REPENSANDO LA TRADICIÓN DE NUESTRA AMÉRICA

 

DAVID SOBREVILLA--Filósofo/UNMSM

 

REPENSANDO LA TRADICIÓN DE NUESTRA AMÉRICA

(Lima, BCR, 1999)

 



 

ANEXO 3: SOBRE DOS RÉPLICAS (pp. 68-69-70)

 

Gustavo Flores Quelopana afirma por su parte que es una muestra de etnocentrismo sostener que sólo la filosofía occidental es filosofía. En realidad, el saber “filosófico puede adoptar diversas formas, y esto sin borrar las concordancias fundamentales acorde con las específicas manifestaciones culturales” (Etnocentrismo y filosofía prehispánica, 1999, p. 22; [pero mi libro no se titula Etnocentrismo sino Eurocentrismo]). De otro lado, “la filosofía puede darse también como un saber vinculado a la tradición religiosa central, que tiende a la integración del individuo con el cosmos o Dios y encarnado en un sabio que busca resaltar la originalidad individual, sino que se desvanece en la colectividad” (23).

“La filosofía China e India por ejemplo sin bien busca una explicación total del universo no comparten ni la tendencia, ni el tipo humano, ni el propósito del filosofar occidental. Incluso dentro de éste la escolástica medieval concibió un filosofar que estaba al servicio de un orden trascendente y cuya fundamentación última estaría en la voluntad divina” (23-24).

Sería demás problemático calificar el pensamiento precolombino como un saber tradicional sin más, e ilegítimo compararlo con la cosmovisión religiosa griega dado que no se tiene en cuenta las distintas condiciones políticas (25).

Finalmente sería irreal pensar que otras civilizaciones si lograron crear una filosofía, mientras que sería inconcebible que no lo haya concebido “una civilización tan antigua como la andina” (27). Para Flores Quelopana en el mundo andino habría habido una forma distinta de filosofar no sólo como ciencia de lo universal (Husserl), “sino como sabiduría de lo particular, de la vida y de la existencia, que por ello es un saber vinculado a la reflexión ética, cosmológica y teológica. Por lo demás, la vinculación entre filosofía y religión no es desconocida en Occidente y los ejemplos van desde Platón, Pascal, Kierkegaard hasta Marcel” (27).

Flores Quelopana omite tomar en cuenta la distinción que hago inicialmente entre filosofía en sentido amplio y en sentido estricto. Y que yo afirmo que en el primer sentido la filosofía se ha dado en numerosas culturas o en casi todas ellas; en cambio en sentido estricto sólo se originó en Grecia por las razones que ofrezco.

A continuación, comete una petitio principii: suponer aquello que habría que demostrar previamente: que la filosofía admite diferentes formas o modalidades y que sería una muestra de etnocentrismo reducirlas todas ellas a la forma griega. El hecho es que históricamente y entendiendo la filosofía en sentido estricto ella surgió de la crisis del mundo griego y de las características de su tránsito de lo oral a lo escrito que permitió el nacimiento de los conceptos.

Es verdad que a menudo se habla de filosofía china e india. Pero somos del parecer de que aquí se trata de orientaciones del mundo basadas más bien en el mito o la religión, en la tradición, en formulaciones oraculares y no de filosofía en el sentido de una orientación del mundo que problematiza lo recibido, que se basa en la razón y es universal, y que es fruto del esfuerzo individual. René Guénon acentuaba por ello el carácter tradicional de las doctrinas orientales en general (Cf. “La enseñanza tradicional” en, Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes. Bs. As.: Perseo, 1988: 251-254).

Es verdad asimismo que en el Occidente se ha dado a veces una vinculación entre filosofía y religión. Pero aquí se debe tener en cuenta: primero, que ello ha sucedido en figuras (como Pascal, Kierkegaard, Marcel) o corrientes más bien marginales; segundo, que cuando se quiso hacer de la filosofía una ancilla theologiae se produjo su rebajamiento; y tercero, que hay que distinguir -como casi siempre se ha hecho- entre el Dios de los filósofos y el del simple hombre religioso y entre la teología racional y la que no lo es, de modo que aun aquí las diferencias entre filosofía y religión no se han simplemente borrado.

En realidad, no es problemático calificar al pensamiento precolombino de tradicional; lo es en tanto no cuestiona los saberes recibidos; y tampoco es ilegítimo compararlo con la cosmovisión griega prefilosófica ignorando las distintas condiciones políticas que para el caso son irrelevantes. Irreal me parece no lo que sostengo sino exigir que nuestra cultura precolombina haya tenido que tener filosofía sólo por razón de su antigüedad o del prestigio -real o no- de la palabra filosofía.

Finalmente, no entiendo la propuesta de Flores Quelopana de la filosofía como un saber vinculado a lo particular y a lo religioso. Estoy más en la línea de Aristóteles o de Husserl para quienes el conocimiento filosófico se da vinculado a lo universal; y de Descartes cuando sostenía que toda evidencia recibida (por ej. La religiosa) debía someterse al tribunal de la razón. Concibo también, aunque es una actividad que me queda muy lejana, que puede hacerse una teología racional desde la filosofía -y asimismo una teología no racional, aunque fuera de ella. Pero me resulta inevitablemente sospechoso, confuso y algo patético este saber filosófico que parte de “una yuxtaposición entre logos y mythos” (?) (42), que se presenta como una “necesidad radical del espíritu”, y que encuentra en historiador Heródoto a un primer filósofo (46).

LA METAFÍSICA DE LA LUZ EN EL INCA GARCILASO

 

ANTONIO BELAUNDE MOREYRA-Diplomático/PUCP

 

 

LA METAFÍSICA DE LA LUZ EN EL INCA GARCILASO

(Lima, IIPCIAL, 2005)

 



 

Desde que Mariano Iberico insistió en el carácter platónico de las ideas del Inca Garcilaso nadie se detuvo, hasta ahora, a tratar tan interesante tema filosófico. Aurelio Miró Quesada Sosa destacó que a Garcilaso no es posible juzgarlo únicamente desde un punto de vista literario o como historiador, sino que hay que apreciarlo con mayor amplitud como humanista.

El historiador David A. Brading en su afamado Orbe Indiano subrayó la poderosa influencia sobre el pensamiento del Inca de la filosofía de León Hebreo, con su esfuerzo sincrético de reconciliar la teología judía con Platón, Aristóteles, la Cábala y la Hermética.

En el rescate y valorización del pensamiento colonial peruano, efectuado por investigadores independientes nacionales y extranjeros, y por académicos de la PUCP y sobre todo de la UNMSM, se ha centrado la atención en Acosta, Avendaño, Valera, Peñafiel, entre otros, pero la importancia de la figura de Garcilaso ha seguido siendo omitida injustamente.

Por ello, este libro del joven filósofo Flores Quelopana sobre la metafísica de la luz del Inca Garcilaso llena un clamoroso vacío, y lo incorpora a la tradición filosófica con todo derecho. Yo recomiendo este ensayo por estos méritos y por otros que tienen que ver con la actividad creadora de Gustavo Flores, como por su estilo ágil e imaginativo.

EL IMPERIO POSMODERNO DEL HOMBRE ANÉTICO

 

ANTONIO BELAUNDE MOREYRA-Diplomático/PUCP

 

EL IMPERIO POSMODERNO DEL HOMBRE ANÉTICO

(Lima, IIPCIAL, 2004)

 


 

El fundamento de este libro [El Imperio posmoderno del hombre anético, 2004] de Flores Quelopana es igualmente preocupante e inquietante.

Su autor es un joven pensador que nos brinda con dramática claridad sustanciales significados sobre la disolvente era posmoderna y el preocupante tipo humano que le corresponde. El cual es certeramente denominado como “hombre anético”.

Este ensayo va más allá de la mera alerta intelectual, develando con profundidad el rumbo del hombre, la cultura y de la filosofía en plena posmodernidad.

Con la exaltación propia del que busca grandes verdades, Flores Quelopana prueba la estrecha interconexión existente entre la ideología neoliberal y la posmodernidad. Y también demuestra la trágica desvinculación en este proceso entre la Libertad y la Justicia.

Yo recomiendo vigorosamente este libro porque con ahíta brevedad lleva hacia una nueva visión del fenómeno de la posmodernidad. La claridad expresiva y riqueza de matices lo convierten en un libro indispensable para la comprensión de nuestro tiempo.

EL HUMANISMO JURÍDICO EN SAN MARCOS

 

JOSÉ ANTONIO ÑIQUE DE LA PUENTE--Jurista/UNMSM

 

EL HUMANISMO JURÍDICO EN SAN MARCOS

Parte I: Capítulo V: ANÉTICA VS HUMANISMO DEL SIGLO XXI

(Tesis de doctor en Derecho, Lima, UNMSM, 2004)

 


 

Nuestros futuros abogados, si renuncian al humanismo jurídico, llegarán vía el pragmatismo a la “competencia global” la cual genera una vida vacía, sin objetivos trascendentes, donde se sobrevalora lo liviano, lo light, lo superficial. No hay metas heroicas, ni grandes ideales, es el triunfo del hombre masa interesado sólo en la comodidad material y el predominio ominoso del saber práctico, como lo dice el filósofo Flores Quelopana.

A tal cultura Flores Quelopana lo denomina “humanismo luciferino” producido por el ultraliberalismo, el cual ofrece una sociedad de la sensación, del hedonismo, de la idolatría, del instante, de la abolición de la historia y asiste a la preparación de las exequias de los valores permanentes. Frente a ello requerimos de un Neohumanismo de síntesis “basado en un personalismo trascendente”, el cual devuelva su desarrollo vertiginoso a la racionalidad de fines y así regresa al hombre el olvidado lenguaje del amor “que revienta el achatamiento de nuestro universo moral” (Gustavo Flores Quelopana. La agonía de Fausto: Impacto cultural de la globalización. En: SULLUL. Revista de Filosofía UNMSM. Año1. Número 1, agosto 2003, página 38).

La crisis de valores o descenso ético genera entre los Profesionales del derecho peruano la necesidad de no abandonar las enseñanzas de nuestros maestros que, como Manuel Vicente Villarán, José León Barandiarán y todos los forjadores de San Marcos, prepararon los fundamentos de una ética superior para nuestra formación de abogados con el espíritu de los requisitos que indica Ulpiano: “Sacerdotes de la justicia, el bien, la verdad y la belleza”.

REFLEXIONES DE UN FILÓSOFO PERUANO

 

ANÍBAL ISMODES CAIRO-Sociólogo/UNMSM

 

REFLEXIONES DE UN FILÓSOFO PERUANO

(Racionalidad y metafísica para la posmodernidad, Lima, IIPCIAL, 2003)

 



Debo confesar que me ha sorprendido la lectura del libro Racionalidad y metafísica para la posmodernidad escrito por Gustavo Flores Quelopana. No esperaba tal abundancia de reflexiones y manejo erudito de los temas que aborda en este volumen y, sobre todo, una vinculación casi directa entre los problemas filosóficos y las realidades vulgares de la vida social de nuestro país. No estamos ante un centón de páginas que traducen las elucubraciones especializadas de los grandes representantes de la filosofía contemporánea la que, a fuerza de sutilezas se ha convertido se ha convertido en un conocimiento radicalmente abstracto y, a veces, ininteligible. Filosofía de academias y aulas universitarias, encerrada en campanas herméticas, franqueables sólo para especialistas. No; el libro de Flores Quelopana, que, por el contrario, nos avienta a la discusión agónica, a la que compromete nuestro destino y pretende una explicación de nuestro ser. Lo forman diez ensayos que actúan a manera de prismas reflejando los diversos tonos del conflicto entre modernidad y posmodernidad, debate en el que, según el autor, participamos de muy distintas maneras, pues, a pesar de estar en la periferia de las decisiones empíricas, no dejamos de estar afectados por cuanto ocurre en el centro de ellas. No por razones de humanidad; pero sí por los impulsos de la expansión histórica.

Es bien sabido que la idea de modernidad la inventaron los filósofos racionalistas europeos para darle un punto de partida y la ubicaron en la rendición de Constantinopla a los turcos musulmanes, en 1453, fecha hito. El tiempo anterior era medio entre ese presente moderno y el pagano pasado. ¿Por qué se llamó moderno a ese nuevo tiempo? Sin duda, hubo un tratamiento metafísico forzado porque el pasado de ese nuevo tiempo se reconocía, en su momento, como moderno. De otro lado, en la desacreditada Edad Media hubo corrientes de pensamiento actuales. El tomismo era la actualidad frente al franciscanismo, al agustinismo y hasta al averroísmo. La modernidad de los siglos XVI-XVII en Europa occidental se tipificaba claramente como una oposición ideológica animada por un humor distante del influjo cristiano. Es bastante probable que las nuevas condiciones sociales generalizadas en esa zona geográfica impulsaran y animaran el reclamo diferenciador de la modernidad más como un eslogan, puesto que, de esta manera, los descubrimientos e invenciones tenían sus cunas en la inteligencia humana y no en la revelación divina. La inteligencia humana se servía de la razón ya no para elaborar silogismos, sino para aceptar o rechazar los hechos en su desnuda autenticidad.

La modernidad pronto fue consigna y una bandera. Se le aventó como una lanza mortal contra el pasado. Sobre todo, contra el que aparecía amurallado en instituciones que coincidían con las religiones en el mundo occidental. Por cierto, que adoptó el simplismo revolucionario y, prácticamente, careció de ideas. Se era moderno impugnando el ayer y pronto sus predicadores quedaron arrinconados en ese monstruoso pretérito que devora incansable el tiempo. El espectáculo literario y artístico es impresionante. A comienzos del siglo XX Picasso y los cubistas, Dadá, Bretón y los existencialistas de Sartre parecían los portaestandartes de un glorioso modernismo capaz de sepultar en la frialdad de los museos a los creadores del Renacimiento. Hoy también son salas de museos, páginas de la historia literaria o filosófica. Hay otros ídolos de la modernidad. Además, la batalla sobre su influencia ocupó los campos de la cultura occidental. En el resto del mundo la mentada modernidad no superó la información que recibían los componentes de sus memorias cultas. En el Perú, por ejemplo, lo tradicional sigue siendo lo presente y no se anquilosa en las sociedades rurales, sino que invade lo urbano sin impresionarse por la capacidad deformadora de la metrópoli. Lima es actualmente una aldea provinciana, en gran parte serrana distante de la ficticia modernidad.

Gustavo Flores Quelopana en Racionalidad y metafísica de la posmodernidad nos da una versión de esa premisa: la versión del filósofo y usa la experiencia peruana como eje de sus reflexiones. Sostiene que “la cultura actual no se ha deshumanizado por rechazar a la razón como instrumento de humanización, sino justamente por emplear un tipo de racionalidad surgida con la modernidad como el instrumento privilegiado para tal fin”. La razón no queda desprestigiada por el abuso que se ha hecho de ella en la especulación racionalista. Descartes, Hobbes, Spinoza, Hume y Kant la llevaron por el camino de la autonomía. Cada vez menos lucía lo trascendente y el individualismo inmanentista asumía el horroroso rostro del capitalismo que generaría el marxismo y la hecatombe contemporánea. El tomismo en el cristianismo y el averroísmo en el Corán resucitando a Aristóteles, habían colocado a la razón en el “justo medio”. Con la pretensión cartesiana de una sacralización de la razón irrumpe la modernidad con su caudal de tragedias y frustraciones. La razón se ha desacreditado hasta llegar a ser conocida como “la estúpida razón”, frase absurda por demás; pero significativa de cuantos hechos se han producido en el Occidente desde los siglos XVI y XVII sin que podamos avizorar su futura conclusión.

El autor de este pequeño libro propone una cuestión fundamental: relacionar la temática de la identidad nacional con la posmodernidad. El tema no es prescindible como lo son las preocupaciones filosóficas a pesar de sus apariencias funambulescas. Es que, como lo venimos advirtiendo en los párrafos anteriores: “la propia modernidad descompone el modelo racionalista con el desarrollo separado de la lógica de la acción hedonista, lucrativa y arribista” por lo que importa “interrogarse por el destino que le aguarda a la identidad nacional en este recomponer el mundo”. A partir de esta inquietante comprobación se teje una madeja de juicios expresados con pasión y que retratan una biografía intelectual que viajaba por senderos ideológicos polémicos. Flores propone interpretaciones novedosas empelando el acarreo de los paradigmas cognoscitivos ultramodernos (Gadamer, Feyerabend). Su ensayo sobre un presupuesto filosófico de la identidad nos podría abrir las puertas de comunicación entre filosofía, lingüística y sociología. Lo siento paradójico y esta calificación no es peyorativa. Las paradojas son siempre inductoras y cuando suscitan polémicas son bienvenidas.

El libro que leerás, apreciado amigo, es una suma de buenos ensayos. No se trata de un espeso centón filosófico elaborado en realidades europeas. La filosofía empieza a manifestar su identidad en el planteo teórico de una diferenciación. Los conceptos que amanecieron en el horizonte europeo adquieren una luz propia cuando son leídos por mentes americanas. Saludemos la publicación de Gustavo Flores Quelopana como un avance en ese camino. Además, nos ha librado de la jerga con la cual algunos pretenden contrabandear el pensamiento confuso burlando las aduanas del buen decir.

 

MITO Y REALIDAD DEL CRISTIANISMO

 

OSCAR MARAÑON VENTURA-Filósofo/UNMSM

 

 

MITO Y REALIDAD DEL CRISTIANISMO

(CONCYTEC, Lima, 1990)

 


 

Presentación

Mito y realidad del cristianismo, es un nuevo y polémico trabajo de Gustavo Flores Quelopana, desarrollado en el campo de la filosofía de la religión; libro que sucede a otros, interesante en su temática económica dentro de su inquietante producción intelectual.

Esta obra incluye conclusiones que me han suscitado discrepancias razonables, acomete la ardua tarea de estudiar el cristianismo desde la percepción de lo que podría denominarse la crítica histórica. Óptica que desde hace tiempo ha sido estimulada por los resultados positivos que produjo la tremenda expansión del conocimiento científico en la época moderna, y que tuvo una influencia profunda sobre creencias religiosas, principalmente en grado mayor, dentro de la tradición judeo-cristiana.

Es sabido que desde el Renacimiento la información científica acerca del mundo se ha extendido constantemente en campos tales como la astronomía, geología, zoología, química y física. Este desarrollo científico ha conducido a contradecir muchas afirmaciones, en los mismos campos, derivadas de la Biblia, antes que de la observación directa y el experimento. Por los resultados obtenidos, no cabe la menor duda que desde entonces la aplicación con rigor y la validez del método científico han sido reivindicados debido a su fructuosidad práctica.  

Dentro de este gran marco de referencia, el autor, desde un punto de vista estrictamente coherente, busca las razones y causas sociales que expliquen principalmente la figura de Cristo; pues ella representa el punto cardinal sobre el que emerge, evoluciona y se consolida la doctrina y práctica del cristianismo. El análisis que recorre toda esta obra buscar cuestionar y descartar los argumentos que sustentan la imagen histórica de Jesús.  Mito y realidad del cristianismo, empieza con una comparación sugerente entre lo que representa en el mundo actual el progreso y la religión.

Al respecto, el progreso está vinculado al socialismo, la revolución, la ciencia y la tecnología; la religión aparece más bien como una “fuerza conservadora y reaccionaria de la sociedad”. Sigue un estudio detallado de diversas dicotomías e incongruencias que se pueden encontrar en los Evangelios tanto referentes a la genealogía de Cristo, bautismo, resurrección, doctrina, como a otros importantes aspectos tales como la alusión al apóstol décimo segundo, a Pilatos, a Herodes, a los censos de la época, costumbres, referencias geográficas, todo lo cual revela una serie de incoherencias que plantean dudas lógicas acerca de lo expresado en los Evangelios.

Luego, prosigue el estudio de la Escuela histórica, a cuyo postulado sobre la existencia histórica de Jesús el autor expone sustentadas observaciones y objeciones vinculadas con temas como el Dios-hombre, el Cristo vesánico, el Cristo revolucionario, el Cristo moral, el Cristo judaico, el Cristo indio y Cristo como un oscuro profeta.

Toda esta parte de la obra apunta a sustentar que la existencia de Jesús es una fantasía. En lo que sigue se desarrolla una secuencia de asuntos relacionados, de modo reiterado, con el mismo problema. Así, el Silencia del Siglo I, se refiere a observaciones de importantes investigadores en los cuales se evidencia que este siglo no se habrían hecho referencias directas sobre Cristo.

En la evolución de la imagen del Mesías se explica que ella habría aparecido en condiciones sociohistóricas especiales, en un momento de crisis generalizada cuando se requiere la presencia de una figura especial para sustentar, difundir y consolidar una creencia religiosa que permita superar semejante coyuntura.

El Origen Histórico-Social del Cristianismo que es uno de los capítulos más extensos del libro, está destinado a fundamentar con argumentos bien sostenidos y referencias bibliográficas adecuadas, la tesis de este trabajo: que se puede sostener que Cristo no es un personaje histórico real. El libro culmina con los capítulos referidos al Reconocimiento Tardío de la imagen de Jesús, las maniobras de los cristólogos y la búsqueda de nuevos fundamentos para sustentar, reconocer y afirmar la historicidad de Cristo.

El objetivo central este libro es demostrar que la existencia de Jesús constituye una creación mitológica, una leyenda cristiana. Mito que probablemente surgió en condiciones históricas críticas, “de completa descomposición y desintegración económica, política y cultural de las formas tradicionales del mundo antiguo durante el Imperio romano”. Cristo fue, sin duda, una promesa para salir y superar una situación muy desesperada.

En cuanto al carácter social y revolucionario implícito en la doctrina cristiana, no se debe dejar al margen la idea de que semejante característica podría responder al hecho de que algunos miembros de la jerarquía religiosa podrían “haber extraído de los Evangelios aquello que concordaba con sus intereses de clase o con los objetivos de su lucha”.

Pero tampoco se debe olvidar que el denominado socialismo cristiano “jamás persiguió abolir las clases sociales sino solamente conciliarlas”, No cabe duda que el aspecto histórico y social del cristianismo contiene muchas facetas importantes que ameritarán probablemente otras investigaciones posteriores.

Finalmente, si la tendencia general de esta investigación es la de reconocer que, de algún modo, es la sociedad la que modela las divinidades, según sus necesidades, entonces podemos afirmar que el enfoque del autor se aproxima, en cierto modo, al punto de vista de Durkheim quien en su libro Las Formas Elementales de la Vida Religiosa, sostiene el poder de la sociedad para moldear lo bueno o lo malo en la mente de sus miembros.

Sin embargo, metodológicamente, el mayor énfasis está puesto en la noción de que las tesis de la religión cada vez resisten menos una investigación rigurosamente científica; por lo cual podría afirmarse que ella es un fenómeno históricamente condicionado cuya naturaleza se esclarecerá a medida en que se desarrolle la ciencia.

 

Acotación personal. –

Nunca me cansaré de repetir lo arrepentido que me siento de haber escrito este libro que niega la historicidad de Jesucristo, aún cuando entiendo que fue parte de mi evolución intelectual y de la superación respectiva de aquel erróneo punto de partida historicista, materialista, ateo y cientificista. El equívoco fundamental de este libro mío es asumir una hermenéutica histórico cientificista en vez de otro metafísico realista. Sencillamente con tal enfoque era inevitable derivar hacia la disociación del Jesús histórico con el Cristo de la fe postpascual. Simplemente el enfoque historicista y positivista no es adecuado para abordar el problema, resulta enormemente limitante, no toma en cuenta la síntesis del Nuevo Testamento. Cada región de la realidad exige un tratamiento especial con sus categorías propias. En una palabra, estrechándonos al Jesús histórico no se puede alcanzar una verdadera cristología. No en vano el Evangelio no es un libro científico, histórico o biográfico, sino un testimonio de fe. Esto no niega que el análisis histórico social sea valioso para comprender el contexto histórico en que se dieron los acontecimientos de la revelación cristiana, pero jamás pueden constituirse en la piedra basal y menos única para comprender dicho fenómeno. Si Cristo fuera un mero mito socio histórico no sólo no se entenderían muchos hechos extraordinarios de los santos y milagros comprobados, sino que la propia historia estaría desprovista de profundidad y significado mayúsculo.  Por lo demás, si algo me salvó de quedar estancado en la perspectiva positivista historicista fue mi curiosidad filosófica. Según mis registros bibliográficos, ya para 1999 estaba curado de tal limitación de la hermenéutica meramente historicista.

KANT Y LA REVOLUCIÓN BURGUESA

 

JUAN ABUGATTAS-Filósofo/UNMSM

 

KANT Y LA REVOLUCIÓN BURGUESA

(Lima, CONCYTEC, 1990)

 



Presentación*

No es casual ni arbitrario el hecho fácilmente constatable en cuanto foro se desarrolla de un tiempo a esta parte sobre el tema de la modernidad y sobre el sentido de las revoluciones políticas que las discusiones terminen centrándose en torno al viejo filósofo de Königsberg. Lo que estuvo esbozado en Rousseau terminó siendo nítidamente diseñado en Kant y es allí que remitirse para visualizar el mito rector de la modernidad: la sociedad de hombres dignos y libres.

Ciertamente, como lo sostiene profusamente, Gustavo Flores, ese mito jugó un papel central en los movimientos políticos protagonizados por la burguesía, aunque fueran finalmente el proletariado y los grupos marginados de la sociedad burguesa contemporánea insistiendo, por ejemplo, en la necesidad de universalizar el voto y los derechos ciudadanos en general. Pero sobre todo en tiempos como los que vivimos, no es conveniente pasar por alto el hecho que el mito kantiano fuera también el elemento constitutivo central de las aspiraciones socialistas. ¿No buscaba Marx acaso también promover la constitución de una sociedad de ciudadanos libres? ¿No fue el ímpetu libertario la chispa del movimiento social europeo durante varias décadas? Quien eso recuerde no se extrañará que justamente ahora se replantean las categorías con las que se construyeron los llamados socialismos reales se tienda naturalmente a volver la vista a Kant.

Es importante en ese sentido notar que es a Kant a quien se vuelve y no, por ejemplo, a Hume. Y es que el individuo del reino de la libertad de Kant no es el que ha servido de referencia al liberalismo más desatado, que ahora pretende imponerse a través del discurso neoliberal. El individuo autolegislador de Kant se vale, para fijar sus reglas de conveniencia, de un instrumento que naturalmente tiende a compatibilizar y unificar: la razón. Su deseo natural es encontrar coincidencias. Mientras que el individuo de Hume, dominado por la pasión, encuentra coincidencias solamente por azar, y solamente de manera ocasional en el mercado y en las tiras y aflojas propios de la negociación. La revolución típicamente burguesa tiene pues como norte no al individuo kantiano, sino al humeano, mientras que el kantiano es compatible con el sueño socialista.

El problema de los socialismos reales con el ideal kantiano se origina más bien en otra dimensión, a saber, en la que se discute la primacía de los diversos posibles actores de un proceso de cambios, de una revolución. En los países del socialismo real, contrariamente a lo que se deriva como un postulado práctico de las tesis y posturas kantianas, se ha privilegiado al Estado como actor central. Al afirmarse a sí mismo e imponer sus propios términos, el Estado terminó por aplastar al individuo. Algunos de los impulsores de esta opción creyeron seguramente que el aplastado era el individuo más propio del proyecto burgués, cuando la realidad, según se la percibe con absoluta nitidez ahora, es que se aplastó toda individualidad.

El problema actual en las sociedades hasta hace poco escenario de los socialismos reales es precisamente determinar qué tipo de individualidad terminará por imponerse. Más que en ninguna otra parte del mundo en Europa central las opciones están abiertas. Si vence la desesperación y prima la presión por resultados inmediatos en términos de un mejoramiento de las condiciones materiales de vida, probablemente marchen esas sociedades a una suerte de restauración de la primacía del individuo liberal. Si prima empero el buen criterio no es imposible que veamos en un futuro más o menos próximo florecer allí el viejo ideal kantiano.

Es sobre todo en ese sentido que hay que destacar el esfuerzo de Gustavo Flores Quelopana. Su libro es, antes que nada, oportuno, y más allá de los puntos de controversia que seguramente suscitará, viene a alimentar un debate muy necesario nuestro medio. Curiosamente, a pesar de la gran actividad política que caracteriza nuestra vida colectiva últimamente, y a pesar de que en otros campos de la vida espiritual hay en marcha un importante movimiento renovador, los términos del debate político siguen siendo los mismos de hace años. La iniciativa ha quedado en manos de una derecha que apenas si sabe balbucear teoría política y que, sin embargo, se ha ingeniado para silenciar a una izquierda que no hace mucho era hasta vociferante.

Es pues indispensable retomar el debate serio, la discusión profunda de las opciones políticas que nos están abiertas y, para ese fin, obras como la que tengo la satisfacción de presentar ahora son aportes significativos.

De otro lado, Gustavo Flores Quelopana con este libro se confirma como uno de nuestros autores jóvenes más prolíficos. Su interés por comprender su entorno social y político lo ha llevado a ocuparse de temas tan diversos co0mo la deuda externa y las modalidades actuales de dominación imperial. Pero lo que destaca en todas sus obras es una sólida voluntad de seriedad intelectual y académica que también se muestra en cada una de las páginas de este ensayo sobre Kant.

 

*Esta fue la presentación que provocó un enfrentamiento entre Abugattás y Sobrevilla. Me lo contó el propio Dr. Abugattás en una de mis acostumbradas visitas que le hacía en la Universidad de Lima, pues solía adquirir gentilmente mis libros. Sobrevilla llevado por su petulante complejo de censor de la filosofía peruana le reprochó a Abugattás el haber escrito dicha presentación a mi libro por dos razones. La primera por considerar que debía basarme en su filosofía de la historia y no en la Crítica de la razón pura; y la segunda, por considerar como “intento fallido” al asentarme en lo gnoseológico y no en lo político. Abugattás reaccionó y rechazó tajantemente sus consideraciones por absurdas y pretensiosas. En conversación telefónica con Sobrevilla me ratificó sus impresiones añadiendo que sólo lo había revisado más no leído. No hay que hacer gran esfuerzo para advertir que con su autosuficiencia característica hizo gala de su “comprensión fallida”.

DEUDA EXTERNA Y REVOLUCIÓN

 

PABLO MACERA-Historiador/UNMSM

 

 

DEUDA EXTERNA Y REVOLUCIÓN

(Lima, IIPCIAL, 1988)

 


Presentación

Este tercer libro de Gustavo Flores Quelopana mantiene igual orientación que dos obras suyas anteriores. Una misma metodología y un mismo objetivo político.

No es indispensable estar de acuerdo con Flores Quelopana (y de hecho no lo estoy en muchos aspectos) para apreciar la seriedad con que ha trabajado. Ninguna de sus afirmaciones es gratuita, imaginativa o sobredimensionada. Son afirmaciones que derivan de pacientes investigaciones para hacer prevalecer los hechos. Pero, felizmente el autor no es un positivista que simplifica y reduce la realidad. La piensa y representa en términos conceptuales desde la óptica de su propio compromiso ideológico marxista.

Para Flores Quelopana la crisis de la deuda externa en el llamado Tercer Mundo está conectada con una red de factores muy diversos. Entre ellos los siguientes:

a) envejecimiento final de la economía capitalista (a partir de los años 80);

b) contradicciones globales a escala planetaria (guerra nuclear, contaminación, “sobrepoblación”, etc.);

c) contradicciones al interior del subsistema capitalista (trabajo vs capital, países dependientes vs metrópolis);

d) características específicas de las economías latinoamericanas (dependencia tecnológica, subdesarrollo relativo, exportación inmediata de capitales, dictaduras como prerrequisitos de ciertos tipos de crecimiento económico, etc.).

Sólo en función de este complejo esquema, es posible comprender los planteamientos y las conclusiones de Flores Quelopana. Está él convencido de que esta crisis es, posiblemente, la última crisis no porque sea en sí misma la causa determinante sino porque no obstante su carácter catalítico, la crisis de la deuda expresa y es consecuencia de otras crisis más profundas del capitalismo.

Si “los gobiernos burgueses están viviendo bajo un volcán”, si “la crisis de la deuda ha generado una situación revolucionaria” es porque el capitalismo (como todo) está jugando sus últimas cartas (entre ellas el endeudamiento y las compañías transnacionales).

El capitalismo no puede desarrollar a los países subdesarrollados porque dejaría de ser capitalismo. El sueño japonés de un capitalismo ampliado no tiene por eso seguidores muy entusiastas entre las demás potencias del capitalismo. El crecimiento, el desarrollo y hasta la simple estabilidad de los países capitalistas metropolitanos tienen como prerrequisito la existencia de países capitalistas dependientes. Esa dependencia puede expresarse en algunos casos en el saqueo directo y brutal del atesoramiento más primitivo. O por la vía más sofisticada de un intercambio desigual de materias primas y manufacturas. A lo cual añadiremos la distribución injusta del comercio mundial, el monopolio de patentes, el drenaje de cerebros, etc. La deuda puede ser inscrita entre esos instrumentos de colonización y recolonización de expansión o intentos de expansión común y acentuada dependencia. Como bien lo dice Flores Quelopana el saqueo crediticio ha remplazado al tosco saqueo de materias primas.

Una de las consecuencias inmediatas de esta crisis de la deuda es que los países más pobres del mundo y no sólo exportan materias primas o manufacturas mal pagadas (hechas en base a patentes y regalías onerosas) sino que estos países pobres además resultan ahora, en aparente paradoja, exportadores de capital por la vía de los intereses acumulados.

Y el peso de esa exportación de la pobreza no tiene por contrapartida un buen uso interno de los capitales recibidos a préstamo. Gran parte de la deuda ha quedado en manos de empresarios y funcionarios corruptos del Tercer mundo. Así los capitales prestados regresan rápidamente al banco original que acordó el crédito. Pero esta vez en cuentas cifradas y ahorros secretos. Se ha calculado por ejemplo que mexicanos y peruanos cada uno por su lado tienen depósitos en el extranjero que equivalen al monto total de cada una de sus respectivas deudas. Hablamos por su puesto de “mexicanos” y “peruanos” entre comillas.

Pero al capitalismo no le basta haber invertido los roles tradicionales (el país pobre como exportador de capital); ni beneficiarse de la inmoralidad de los grupos dirigentes locales del Tercer Mundo, de la burguesía cómplice o del semifeudal cómplice.

Todavía quiere ir más allá: utilizar la deuda como vía para profundizar la transnacionalización capitalista de las economías dependientes. Este es el significado de las recetas del banco mundial cuando recomendó convertir la deuda en inversión privada y alienta la formación de compañías mixtas donde intervengan el empresario local al lado (aunque por debajo) del capitalista externo.

Estas y muchas otras son las sugerencias que incentiva el apasionante libro de Flores Quelopana cuya arquitectura es un buen ejemplo de la asociación entre la seriedad científica y el rigor del compromiso político.

domingo, 19 de mayo de 2024

TEORÍA GENERAL DE LA FILOSOFÍA

 

JAPHET TORREBLANCA-Filósofo/UNSA

 

TEORÍA GENERAL DE LA FILOSOFÍA

 



Teoría General de la Filosofía (Lima, 2021) obra innovadora y en cierto sentido revolucionaria, escrita por el filósofo y amigo, Gustavo Flores Quelopana, contiene varios tópicos y problematizaciones de los que me gustaría destacar estos tres aspectos fundamentales: 1° El  intento de descolonizar de modo definitivo la comprensión de la filosofía misma, 2° Una búsqueda por sistematizar la misma comprensión de la filosofía dividiéndola a su vez en tres partes, a saber, la Teoría Restringida (origen griego), la Teoría Ampliada (filosofía en el Mito) y por último la Teoría General (filosofía como condición existencial del hombre). 3° Y, por último, aunque no menos importante, además de sorpresiva, la ampliación de lo filosófico como estructura existencial, más allá de los límites marcados por el homo sapiens, hacia lo que define como la especie homínida, afirmación que abre la posibilidad de una reflexión sobre una posible filosofía prehistórica.

Este enfoque innovador en el tratamiento del tema que convoca su reflexión en el libro tiene por otra parte el mérito de ahondar de manera clara y concisa, en el misterio de lo que se puede entender por filosofía, otorgándole una profundidad metafísico-existencial que repercute en la comprensión de lo que entendemos como logos filosófico.

Así, en esta sugerente obra, la filosofía no sólo es el despliegue de la estructura lógica de la razón sino de la estructura existencial de la propia especie homínida. De esta manera Flores Quelopana no sólo arremete contra los esquemas eurocéntricos y colonialistas, reivindica el Mito, y se adentra en los misterios de la Razón, sino que da un paso mucho más allá de Radin, Tempels o León Portilla y también de toda la filosofía de liberación, la cual nunca supo librarse de la concepción eurocéntrica de la filosofía, acercándose a autores más contemporáneos como Viveiros de Castro y Danowski por mencionar un caso entre otros.

Y si la academia local, no ha reaccionado al aporte de Gustavo, es porque aún masculla, mientras duerme, cubierta de plumas efímeras, del mimetismo y el anatopismo del magisterio occidental, como diría en otro de sus libros nuestro autor.  Este pensamiento singular en nuestro medio sobre la filosofía, nos insta a acompañarlo en su devenir, con la esperanza de verlo quizás, echar raíces en el suelo fértil, pero por ahora infecundo del pensamiento nacional. Saludemos sus aportes en bien de la filosofía misma.

miércoles, 15 de mayo de 2024

UNA APRECIACIÓN DE CONJUNTO

 

DHAVIT SATYA*-Willka Qawaq/U. de Lima

 

 

[UNA APRECIACIÓN DE CONJUNTO]

(mayo 2024)


Cæplluehpæn significa en lengua Muchik "para entre las dos luces". No sé si esta expresión esté relacionada con el apellido materno de Gustavo Flores Quelopana, pero de lo que no me cabe la menor duda es que bien representa su dedicada y fructífera labor filosófica.

Su obra personifica el yanantin intelectual entre la filosofía andina que con tan claros argumentos él rescata, simboliza y defiende y la denominada filosofía occidental en la que con tanta agudeza y audacia se sumerge, explora, interpreta, comunica y cuestiona.

La versatilidad, facilidad y contundencia con las que contrasta las ideas más destacadas e impactantes de los mayores representantes de la filosofía, para comprender la problemática actual, sin temor a adentrarse en temas de vanguardia tecnológica, es otra característica muy particular de su campo de pensamiento; cualidad que unida a la de su ágil y elegante pluma, constituye una lectura necesaria tanto para los amantes de la filosofía atemporal como de la contemporánea.

Pero lo que más aprecio y valoro en él, son sus espacios de desapegada y aventurera capacidad de autocuestionamiento y de autocrítica, digna no de un filósofo, sino de quien aspira a encarnar nada más ni nada menos que a la filosofía misma.

 

* Dhavit Satya es el creador del método Tawa Pukllay que permite decodificar la Yupana andina y la matemática precolombina sin seguir el pensamiento arábigo y llegando hasta decimales y un aproximado al número pi. Se trata de un pensamiento no lineal, una matemática intuitiva y no deductiva. Por esta lucidez lo he llamado Willka Qawaq o vidente de lo divino.